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20 de abril de 2012

No estudies
No te alimentes
No salgas al campo -que queda poco-
No eduques a tus hijos en valores positivos
No enfermes
No busques trabajo
No vayas al cine
No leas
No aprendas de los errores del pasado
No seas elegante
No viajes
No te ilusiones
No seas un visionario
No seas utópico
No creas en un futuro mejor

Estas son las consignas del gobierno de españa. 

Y así, poco a poco, españa se vuelve chiquita, chiquita, chiquita... hasta que desaparezca devorada por un águila bicéfala o una bandada de gaviotas asesinas.

11 de febrero de 2012

"10. Escribir en el blog"


Esta mañana he escrito un decálogo de lo que haré esta semana que se me presenta por delante: tenemos vacaciones de invierno en el colegio, la semana blanca inglesa. El último punto es "escribir en el blog". He añadido ese punto porque me siento muy escritora en los últimos días y porque estoy fascinada con el blog de Isabel Núñez, a la que leía a veces desde el blog de Manuel, pero que ya he añadido a mi propia lista de blogs favoritos.

Me gusta el estilo que tiene su blog, y de tanto leerla, quiero contagiar un poco mi blog con su manera de escribir. Últimamente me he sentido muy atraída por la brillantez de diferentes mujeres que me están haciendo cambiar la perspectiva pesimista de la vida con la que las mujeres-florero de mi entorno me estaban cubriendo. He vuelto a pensar en mi mantra de principio de año: "pasa de todo lo que no te conviene o gusta". Pero F. ha vuelto a coger nuestra comida sin pedir permiso, y eso me pone nerviosa y desequilibra mi estabilidad casera de las últimas semanas.

A parte de F. y los huevos de menos, la semana se presenta feliz y tranquila, con algunos viajes y visitas a varios museos. Es curioso el hecho de vivir en Londres y no saber nada de esta ciudad. Tengo la sensación de que siempre paseo por las mismas calles y visito los mismos museos. Es como mi obsesión con escuchar a Tracy. Tengo obsesión por algunos lugares de Londres igual que por pisar la National Gallery solo para ver la Venus de Velázquez. Isabel Núñez ha estado la última semana aquí, y a través de su blog he descubierto maravillas londinenses que nunca me había planteado, así que mi lista de lugares para visitar se va abriendo, como mis horizontes filosóficos y vitales. Creo que ayuda el hecho de que se inauguren las vacaciones y que haga un espléndido sol. Un sol de estos londinenses que a mí me gusta tanto.

Ayer le dije adiós a Fr., a B., a Daniel y a David. M. se va en media hora a Francia y compartiré esta gran casa con la ladrona de huevos y con L. durante una semana. Para no acabar hecha una furia al final de cada día he escrito mi decálogo de la semana blanca: una lista de normas de convivencia conmigo misma y con mi entorno. Seguiré leyendo a Isabel Núñez y a Javier Marías, con quien estoy ahora. Luego quiero volver a las feministas, que me están aportando esa nueva perspectiva que había estado esperando meses atrás.

Seguiré escribiendo e-mails para M. y L. Y mientras el tiempo y los viajes me lo permitan, seguiré con el blog y la indignación por el caso Garzón y los otros casos que traen a muchos de mis amigos españoles de cabeza. España se desmorona y en Londres nieva. Yo me aislo de los pesimismos encerrándome en algún nuevo proyecto, los libros y los museos. Sé que es una actitud escapista y huidiza, pero también es autoprotectora. No puedo evitar los pequeños fracasos caseros, las desilusiones, pero sí puedo cerrarle los ojos a la actualidad de ese país al sur de Europa que es mi país.

Feliz semana blanca
espero que no sea en blanco.

18 de noviembre de 2011

Reflexión post-electoral

Algunos de mis amigos de Londres me lo han notado. Ayer uno de ellos me lo dijo directamente: "Se te nota preocupada, puedo notar la tensión". A F., mi compañera italiana, y a mí la prensa nos golpea cada mañana desde hace varias semanas. Pero estos últimos días a mí se me nota especialmente tensa. "Son las elecciones en España", les explico. Resumo rápidamente cómo están las cosas y cómo estarán a partir del domingo. Aunque aquí nadie es oráculo para adivinar quién ganará, las apuestas están hechas y hay un partido que tiene más papeletas para ganar que el otro, y nunca mejor utilizada la metáfora de las papeletas.

Cada mañana me levanto un poquito más angustiada y cuando hablo de la situación de desempleo, de las revueltas por los problemas en educación, de la falta de buenos políticos y de programas visibles y reales que ayuden a España a convertirse en un país de presente y de futuro; cuando hablo de estas cosas, se me llenan los ojos de lágrimas. "Se te nota preocupada". Las palabras de E. resuenan una y otra vez en mi mente. Es cierto que soy una persona sensible y que expreso abiertamente mis emociones, pero nunca habría podido llegar a imaginar que la situación de mi país me iba a tener con el alma en un puño, con el rostro preocupado y la mirada perdida. Mis amigos españoles me dicen que no vuelva, que me quede aquí. Y creo que es una buena opción, pero yo quiero a mi gente y a mi país como la que más y también quiero volver. Echo de menos muchas cosas. Pero aquí vivo sin incertidumbres. Me siento entre dos tierras, y nunca mejor dicho. Pero esta de ahora no es mi tierra, ni siquiera esto se parece a Inglaterra. Esto es una burbuja inventada por un grupo de personas interesadas en una educación de prestigio para las elites. Esto es un oasis boscoso en medio de la ciudad. Un oasis donde me enseñan a hablar inglés, donde me están dando todas las oportunidades del mundo y donde me sigo haciendo una mujer. Pero a veces sospecho que esto no es la vida tal y como yo la había conocido hasta ahora y como tendré que afrontarla cuando acabe el año.

Quedan tan solo dos días para las elecciones. Mañana no será jornada de reflexión para mí, porque mi voto voló hace ya varios días hasta la mesa electoral de mi colegio de Parla. En mi familia, que el día de elecciones siempre ha sido un motivo de regocijo, de fiesta, de democracia e ilusión, el próximo domingo puede que se plantee como un día triste. El lunes seguirá habiendo paro y puede que el banco europeo tenga que rescatar a España de su deuda. Para mí el domingo será otro día londinense más, con frío, con patos y con paseos. No habrá el vermú de los domingos de elección, no habrá regocijo, fiesta, democracia e ilusión. Estaré lejos de casa y casa estará lejos de mí. El domingo echaré de menos a mi país de charanga y pandereta. Y a las personas que me enseñaron a pensar y a creer en la democracia hablando durante las comidas de la gran diferencia entre el rojo y el azul.

9 de octubre de 2011

Estar fuera

Cuando uno está dentro, no se da cuenta de todo lo suyo. No aprecia igual el sabor de las patatas fritas en aceite de oliva, ni el del jamón, encuentra los abrazos y muestras de cariño como algo común, empieza a leer novelas y poesía en otros idiomas, por no decir que le cambia el idioma a su colección de música. Porque lo que está dentro siempre estará ahí.

Pero cuando uno está fuera, aprecia lo suyo con un sentimiento diferente. Uno se vuelve defensor de lo suyo a costa de todo: el idioma, la comida, el clima, el paisaje, la música, el cine... Yo esta semana he descubierto a Penélope Cruz y me he sentido orgullosa de tener a Almodóvar, he cocinado tortilla de patatas y he empezado a escuchar con un poquito de nostalgia esto:


Estar fuera está muy bien. Pero también está bien echar de menos lo propio.

28 de agosto de 2011

Deshacer maletas


Cuando uno viaja para quedarse, hay un momento crucial que debe superar, el de deshacer las maletas. Cuando alguien comienza a hacer su habitación suya y llena con su ropa los armarios, y pone fotos de su gente cerca de sí, comienza a preocuparse por si hará frío en invierno y necesitará una manta o no, entonces uno se da cuenta de que el viaje ha terminado y empieza el momento de echar raíces en el nuevo lugar. Da igual si será para uno o dos meses o durará para siempre, pero el momento de deshacer las maletas aparece y llena de miedos al que las deshace. Creo que son unos miedos comunes y básicos: el miedo a saber si se llegará a integrar bien en el nuevo espacio, el miedo a la soledad, el miedo al fracaso, el miedo, a veces, al idioma. Los miedos siempre son irracionales, por eso aparecen de vez en cuando sin que nosotros queramos que estén ahí.

Estos días de viaje y maletas vaciadas, no he parado de pensar en las generaciones de españoles emigrantes a cualquier parte de Sudamérica y Europa, desde el comienzo de la Guerra Civil hasta el final del franquismo. Más que en los expatriados o exiliados, pienso en los desarraigados, en aquellos que buscaron fuera de las fronteras lo que España no pudo, quiso o supo darles. Pienso en esas generaciones de personas mucho menos preparadas académicamente (aunque sí mental y moralmente) que viajaban con una sola maleta en la que llevaban un par de camisetas, un vestido o un pantalón de pana y poco más. Conocían tan solo su lengua, pero tenían ganas de salir adelante y triunfar. Comparo el sueño americano con el sueño español y me avergüenza un poco el hecho de que todos aquellos españoles tuvieran que haberse ido de España para cumplir el sueño español. Es cierto que muchos regresaron e hicieron su vida en su tierra, se trajeron la riqueza de los países que los acogieron y vivieron después, o viven ahora, mejor que los que se quedaron. Pero tuvieron que escapar porque el país no satisfacía sus necesidades de vivienda digna, trabajo y comida. ¿Ocurre ahora lo mismo? ¿Se está convirtiendo el sueño español en el sueño europeo/americano o internacional? ¿Por qué permite el país que sus jóvenes echen a volar?

Las últimas reflexiones quizás producen más temores que el deshacer maletas y sentirse fuera de casa por unos meses. Porque al fin y al cabo, los tiempos han cambiado, y ahora podemos vernos las caras aunque estemos a miles de kilómetros de distancia, tú puedes saber de mí sin esperar que el cartero aparezca con una carta, porque esta es mi carta, pero, ¿se preocupa el país por todas las cartas que los nuevos emigrantes les enviamos a nuestras familias y amigos? No, porque no las ven. Ahora el país se va vaciando poco a poco, y llega el tiempo de que todos los movimientos sociales les hagan ver a los que tienen el poder, que el poder real, el de la juventud, se les escapa poco a poco de las manos.

Algunas de estas reflexiones se han ido gestando después de ver esto. (Pincha encima del enlace para acceder al vídeo)