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22 de septiembre de 2012

¿La radio o el tren?


Hay varias cosas que me gustan mucho. Entre esas cosas que me gustan mucho están la radio y el tren. Prescindir del tren en mis desplazamientos diarios ahora que tengo vehículo propio ha sido muy duro. El tren es un modo de vida. El tren da para mucho: soñar, dormir, leer, mirar, pensar, no hacer nada, enamorarse, conocer actores y músicos ambulantes, escuchar otras músicas, oír otros idiomas, preparar clases, corregir exámenes... El tiempo del tren es tiempo que la vida te regala. Cambiar el tren por el coche es deshacerse de ese tiempo porque la mente tiene que estar concentrada en la conducción.

La llegada del automóvil precipitó mucho las cosas y me abocó a la no-lectura. Porque el tren, igual que el baño y la cama, es uno de los lugares predilectos de lectura para muchos. Abandonar el tren significó sacrificar horas a la lectura.

Sin embargo, el coche trajo otra cosa maravillosa: la radio. La radio es uno de los inventos más maravillosos que alguien pudo imaginar. Sobre todo la radio tal y como la entendemos hoy en día: esos programas de entretenimiento, esas voces míticas que nos acompañaron durante años en el desayuno y ahora nos acompañan a la salida del trabajo. Hoy he escuchado a Nancho Novo y a Aitana Sánchez-Gijón. Hablaban de teatro, otro de mis favoritos. Hablaban de la situación actual del teatro y la cultura españoles en general. La cosa está muy fea. Y yo me alegraba de ir en el coche y le encontraba una de las pocas ventajas: poder escuchar la radio sin pérdidas de conexión constantes. 

El teatro, la radio y las noticias, que llegan menos distorsionadas y más rápido que a la televisión, y las voces, sobre todo las voces. De las voces que he escuchado hoy, me quedo con una, y te la regalo. 

Echo de menos el tren con sus personajes, pero la radio y sus voces también ofrecen un reposo al alma cuando comienza o termina la jornada y el mundo parece o muy pequeño o muy inabarcable.



12 de noviembre de 2011

Presente o lo que hace un día diferente.

Otra vez el tren. Esta vez en inglés. En realidad, otra vez el metro.

La línea es la verde, District Line. Ocupamos seis asientos. Enfrente de mí un señor lee Big Woods, de Faulkner. Está concentrado y nervioso al mismo tiempo y posiblemente a causa del barullo que armamos con nuestra conversación se cambia de asiento para seguir leyendo tranquilamente. Nunca antes había visto a alguien leer a Faulkner en el metro. Faulkner me recuerda a M., y no creo que M. lea a menudo en el metro, quizás por eso no asocio al escritor con el medio de transporte. Nosotros, mientras el señor de mirada concentrada lee a Faulkner, vamos a un mercado de alimentos en el centro de Londres. Es el lugar favorito de E. El mismo E. que me enseñó al compositor inglés Adès y con quien he compartido un verso de TS Eliot. E. es un E. diferente al de hace siete años, pero ama la música tanto como él. Ama la música y se entusiasma con Londres igual que se entusiasma con la izquierda política, la comida de Borough Market o la forma en que K. le dice que le quiere. La visita al centro es diferente a las anteriores visitas al centro. En el metro solo escucho inglés, aunque hay alemanes, una italiana y yo. Es un día diferente. Es noviembre pero no hace frío. Por la mañana el sol parecía la luna, posiblemente porque anoche hubo luna llena y al mirar al sol por primera vez una capa espesa de neblina y nubles lo ha convertido en una esfera de color blanco. El recuerdo de la luna de ayer ha pintado de blanco el sol. Es un día diferente porque he vuelto a leer a TS Eliot, porque ahora conozco a un compositor más y porque sé, con una certeza empírica, que en Londres se pueden comer el mejor paté de trufa y el mejor queso del mundo. Es un día diferente porque hemos sobrevivido al 11/11/11. Yo sobreviví a él en Hyde Park igual que Faulkner ha sobrevivido al metro. Es un día diferente porque por fin me he dado cuenta de que pasado y futuro no existen, de que solo existe el presente y hay tres formas de llamarlo según si se trata del presente de hace un segundo, el presente de ahora mismo o el de dentro de un segundo. Me lo ha dicho TS Eliot otra vez, con su poesía genial. No es que Londres, o la comida, o el metro, o E., o hablar en inglés, o el otoño hayan hecho de hoy un día diferente. Lo que hace que hoy sea un día diferente es la certeza de saber que vivimos en un constante presente. Y eso es un regalo.

24 de mayo de 2011

Ella y él (VIII)

Para Sara, lectora reciente pero fiel.



El tren cantaba por ellos "The more I see you, the more I love you".
Y ella recitaba mentalmente cada una de las palabras de la canción, las hacía suyas, porque el mensaje les correspondía a ellos. 
Se miraron las pantorrillas, fue un acto reflejo de los dos, su secreto de enamorados. Como los que en las películas usan como código secreto la palabra "París". Sonrieron ante las pantorrillas del otro, tan anhelantes ambos, y dejaron que terminara la melodía. El tren fue su refugio y su sueño durante dos minutos. Fuera les esperaba la realidad.

2 de diciembre de 2010

Las prisas

He estado fuera unos días y se me ha olvidado que Madrid es una ciudad de prisas. O quizás es la sociedad madrileña la apresurada. He pasado días de agobios continuos en los que me hacía falta pararme y disfrutar un poco de lo que tengo alrededor. Necesitaba cambiar de aires; desconectar. He estado en una ciudad y con una compañía que me han facilitado la tarea. También el clima frío de nieve espesa me ha ayudado a cambiar un poquito por dentro. A veces el lugar sí influye para cambiarnos el ánimo. Al volver, veo que todo sigue igual: mis compañeros son los mismos, los trabajos y libros que aguardan a ser terminados o leídos tampoco cambian, mi ambiente es el de siempre. Pero siento que hay algo distinto. Me relaciono sin prisas y miro la montaña de libros con apetito. He vuelto a recordar a los amigos de siempre y ellos también me han recordado a mí. Ahora vuelvo a escribir largos e-mails y aquí estoy, también dedicándole unos minutos a este rinconcito que había abandonado un poco.

Las prisas de Madrid me estaban haciendo un agujero dentro que me impedía ver las cosas de fuera. Y aunque sé que volver a la rutina es solo cuestión de días, me encantaría permanecer en este estado de calma dulce post-viaje para siempre. Un amigo dice que en el principio estaba el viaje: que el viaje es el origen de todo. Yo cada vez pienso más en su idea e intento ponerle nombre de ciudad. De momento, miro con asombro a la viajera que en un tren de corto recorrido y en un viaje de veinte minutos, saca su ordenador del maletín y comienza a aporrear sus teclas a la vez que lee un libro sobre prehistoria, o me asombro cuando veo a un niño de primaria haciendo sus deberes también en el tren. ¿Por qué las prisas? Si no hay nada como llegar a casa y, con toda la calma del mundo, sentarse en la mesa de estudio y dejar que sean nuestros dedos los que trabajen por nosotros.

20 de octubre de 2010

Cuando todo es uno y uno lo es todo.

Si me fuera posible, escribiría más. No tengo que darle explicaciones a nadie, pero se me escapa el tiempo de las manos y la recurrencia constante de las clases y los trenes no me deja un hueco para pararme y escribir algo nuevo.

Aún así, tengo ideas, quiero hablar sobre el libro de Javi, ¿Cómo le explico esto a un extraterrestre?, que leí hace meses y del que quería hacer una alabanza. Sobre todo, a alguna de las preguntas que se hace el extraterrestre de la portada. Es cierto que actuamos, muchas veces, de forma irracional y no nos damos cuenta de ello. No se nos ocurriría hacernos esas preguntas, pero las leemos y cobran sentido en nuestra realidad. Y es que siempre hay alguien que, a pesar de todo su trabajo, puede reflexionar esas cosas y nos las pone delante, para que también nosotros pensemos en ellas.

También quería hablar de la obra de teatro La vida por delante, en la que actúa Concha Velasco y que me apasionó cuando la vi. Además de los actores y el texto en sí mismos, que son extraordinarios, me gustó encontrarme a una persona ciega a mi lado que pudo disfrutar de toda la obra más que muchos otros lograron hacerlo. Porque él usó sus cuatro sentidos y quienes los tenemos todos, a veces somos incapaces de emplearlos eficazmente.

Y por supuesto, llevo queriendo decir algo fundamental sobre Luis Tosar mucho tiempo. Quien me conozca sabrá que le he seguido desde que empezó. Me encanta por muchas razones y una de ellas es que es un actor sin parangón en el panorama del cine español actual. Dicen que está de moda porque empieza y termina el año con éxitos. Parece que ahora todos creen que España está de moda en cuanto a lo que a actores se refiere. Woody Allen afirmaba recientemente que los mejores actores de nuestro tiempo son españoles, y claro, él no podía ser tan bobo de dejarlos escapar, por eso crea una galería de personajes que adapta a nuestra Cruz y nuestros Bardem y Banderas. Pero Tosar no cruza aún el charco a lo grande. Porque como todos los buenos, es humilde y en su humildad protagoniza papeles para ennoblecer el tan denostado cine patrio. Y lo hace tan bien, que se sale. Y por eso dicen que está de moda. Pero, como todos los genios, no es que ahora Tosar esté de moda. No. Él siempre crea tendencia. Por, como decían en El País Semanal de este domingo, su mirada modulada y pensada para llegar al alma. Tosar habla con la voz y con los ojos. Eso lo convierte en un genio que llega a lo más profundo de nosotros y nos deja una huella imborrable de todos los papeles que encarna. Es un genio y, como genio, estará siempre de moda.

Todas estas cosas quería contaros en estos días. Acabo de cubrir tres entradas en una. Y aún me queda la sensación de que tengo muchas cosas por decir. Todo se vuelve uno, aunque de cada uno podría decir cientos de cosas más.

Iré soltando más gotitas poco a poco. Entre trenes y clases.

2 de octubre de 2010

El tren me lleva a Lorca

Harold Bloom, el crítico literario, habla de esos textos que no necesitan una relectura. Son los textos grandes en sí mismos y por sus personajes. En algún punto de la obra de Bloom, El canon occidental, se nos dice que los autores canónicos crean personajes que sirven de referentes e influyen en obras posteriores -personalmente, creo que acaban influyendo no sólo a obras literarias posteriores, sino a cualquier obra humana; ¿con qué palabra, si no, definir a los donjuanes?- .

Pero no hace falta leer un tratado de crítica literaria o de teoría de la literatura para darse cuenta de cómo hay personajes recurrentes que acaban logrando ser tan importantes o más que sus creadores. Básicamente porque los sobreviven. Y no sólo eso, sino que a veces nos los encontramos en la vida diaria y los convertimos en metáforas de las personas que nos rodean.

Cuando leía a Bloom, eché de menos que mencionara a Celestina como uno de estos personajes. Sin embargo, él habla de Ulises, Otelo o Hamlet. Al hablar del canon se centra más en la literatura inglesa que en el resto de literaturas europeas y se olvida de nuestra Celestina. Pero también se olvida de las mujeres de Lorca. Y ahí era donde quería llegar yo en esta reflexión de blog.

Ayer viajaba en tren, como siempre. Y aquí no puedo más que hacer un guiño a mi amigo Manuel, que dice que me paso la vida en los trenes. En ese ir y venir de vida en trenes de cercanías; en ese leer y mirar el microcosmos de los vagones donde el azar me lleva cada día, me he topado con tres mujeres de una fuerza increíble. Parecía que se escapaban de una tragedia de Lorca y se diluían en la realidad. Mujeres de la edad de Bernarda pero con la rebeldía de Adela. Mujeres andaluzas con pelo negro recogido en moños que defienden a sus hijos como la Madre de Bodas de sangre. Entre Sol y Parla he visto todo el repertorio de mujeres de garra de Lorca sentado frente a mí. Y me ha dado por pensar en las palabras de Harold Bloom. Y he sentido orgullo de pertenecer al universo lingüístico lorquiano y pensar que también sus personajes son individuos, pero son universos. Universos de sentimientos, de llantos y de ideas.

He pensado todo esto y finalmente me ha quedado en vilo una pregunta para la que no voy a tener respuesta ahora ni nunca, ¿qué fue primero, Lorca o estas mujeres que viajaban ayer por la tarde en el tren? ¿Quién fue primero, Fernando de Rojas o la Celestina? Para Harold Bloom hay una respuesta a esto: el primero y el único es Shakespeare. Solo existe Shakespeare, y de ahí, el mundo. No sé aún si estar de acuerdo o no.

13 de marzo de 2009

La vida de los otros



La vida de los otros es una excelente película que vi hace tiempo y que te recomiendo vivamente.

La entrada de hoy, aunque comparte título con esa película, no tiene que ver con espías, aunque el tema esté de moda.

Estos días, el sintagma "La vida de los otros" se me ha venido a la cabeza decenas de veces en el tren. Porque parece que a la gente le gusta publicar su vida a los cuatro vientos. Hablar a voces de sus vidas para que se entere su interlocutor y todo el que esté sentado a su alrededor. Lo peor es cuando esas vidas son contadas a través del teléfono móvil. Cuando la gente hace llamadas larguísimas de las que se entera todo el mundo. Yo me pregunto, ¿esa gente que llama y habla a voces no teme perder su intimidad? Porque aunque no quieran, los que están alrededor escuchan. ¿Y este problema no va más allá de la simple exposición de la vida propia? ¿No tiene, más bien, que ver con la necesidad de sentirse uno menos solo en el viaje a casa o al trabajo? Todavía no llego a entender las razones de este fenómeno que he observado esta semana, pero lo cierto es que no me gusta salir de mi historia para meterme en la vida de los otros.

3 de marzo de 2009

Canciones. 11

There are many things
that I would like to say to you
but I don't know how.




No recuerdo muy bien si era de noche o de día, esas nubes eternas siempre me confundían. Creo que iba en tren. Creo que nevaba. Y de repente, desde un rinconcito del recuerdo, la música y la letra de esta canción. Desde entonces la canté durante días. Hoy la he vuelto a recordar y te la dedico.

29 de enero de 2009

Recuerdo

Es un buen título para esta entrada. Porque hace referencia a la canción que te voy a presentar, del mismo nombre, y porque se refiere también a lo que siento cada vez que la escucho.

A Ismael Serrano lo escucho cuando estoy estudiando o trabajando. No sé muy bien por qué. Adquirí esa costumbre cuando estaba en segundo de carrera, cargaba con una historia de desamor al hombro y trataba de evadirme escuchando otras historias tan semejantes a la mía y que a la vez no tenían nada que ver. Como me dio por escuchar a Ismael Serrano en esa época, cada vez que lo reescucho en esta época, me vienen recuerdos de aquel año extraño, de aquellas evocaciones que entonces tenía.

Hoy (aunque esto lo leerás después, porque es una entrada programada) estoy ante el mismo ordenador de entonces, las mismas gafas, distintos conceptos y un bolígrafo (dejé atrás la pluma) nuevo. La música es la misma; pero ya nada es igual. Entonces, iba andando a clase. Ahora tomo el tren. El de la canción, el metro. Las noticias siguen siendo asesinas, el desayuno sigue siendo el mismo; pero sigue sin haber asientos de enfrente, ni ojos de otra época.
Aquella historia no me ocurrió a mí, sólo la evoqué. Y hoy, la recuerdo.


Recuerdo, Ismael Serrano.

31 de diciembre de 2008

O derradeiro tren

Cando escribo sobre trenes, fágoo en galego. Por que será?

A miña derradeira entrada deste ano quero que teña como protagonista un tren, e como lingua, o galego. O tren non é un tren calquera, e o significado tén que ver cos camiños que andamos, co 2008 que percorrimos e o 2009 que está a uns poucos minutos deste momento, a poucos pasos destes pés.

Este tren fai que lembre -con un anaco de amargura- que eu quizais debería estar percorrendo agora eses camiños verdes galegos. Fai que lembre imaxes e cores doutro tempo, ou quizáis de nunca; doutro lugar, ou quizais de ningures.

Dentro de uns minutos, eu debería facer unha chamada que non vou facer (mellor as no-palabras). E debería desexar felicidade para un ano que agardo con moito cariño e moita superstición, por aquelo de que remata en 9, e a mín o 9 dame boa sorte.

Unha porta máis que se pecha, unha porta máis que se abre. Juan Cruz decía hai uns días no seu blogue que o 28 non foi moi bon ano, eu agardo que o 29 si que o sexa, e que o poda seguir compartindo con todos vós que me ledes e me descubrides en cada palabra, en cada tren...


[vídeo cortesía de iagoiaguete]

Feliz e máxica noite.

11 de diciembre de 2008

O tren e as linguas

Eu son das que fan dúas horas de viaxe en tren ao día. Si, éme moito. Aínda sí, tento mitigar a soidade do tren, lendo moito. Antes tamén escoitaba música, até que comprendín a cantidade de cousas importantes que se perden os sordos, e decidín deixar de selo.

Hoxe, pola mañá, no tren, escoitei a un home falando en galego por teléfono. Lémbrovos que os meus traxectos en tren fágoos en Madrid. A cousa é esta: alguén, nun tren madrileño, falando en galego. Pero en galego do bo. [Que ledicia de decisión, esa de deixar a música para outro momento!]

Nese momento, co home dos lentes escuros e a lingua galega sentado unhas cadeiras por diante de mín, sentínme un anaco mellor. Non cho sei expresar doutro xeito. Ademais, o sol penetraba polo vidrio da xanela, e unhas cadeiras máis preto, dous africanos regalaban ao vagón o dulzor da súa lingua tribal. O sentimento é algo indescriptible.

Hoxe, a música das linguas espertoume nestes días de frío madrileño e soidade de tren.

12 de noviembre de 2008

El tedio y esas casualidades de la vida (o los misterios de la mano de dios)

Tedio es lo que se siente cuando existe un fuerte rechazo de algo.

Y las casualidades de la vida son aquellas combinaciones de circunstancias que no se pueden prever ni evitar (RAE: 2001).

Lo hermoso es cuando huyendo del tedio, uno se topa con un mensaje, no se sabe si divino o fruto azaroso de estas combinaciones de las que hablábamos antes. El mensaje es el siguiente, y está sacado del último y maravilloso disco de Celtas Cortos, 40 de abril:

Hay esperanza para lo imposible
Callan las bocas que sienten temor
Por todos lados la idea corre, vuela
Vamos a hacer un tremendo apagón
Vamos a apagar toda la basura en la televisión
Vamos a cortar las alambradas entre seres humanos
Vamos a apagar las ciberchorradas, al cibermamón
Vamos a cortar: con un solo dedo, pon el on en off

(De "On-Off")

[escúchala aquí]

Y el apagón ocurre de verdad. Al menos a mí me ha ocurrido esta tarde. En el tren. Cifuentes, el cantante de los Celtas Cortos ha pronunciado la palabra apagón y en ese momento exacto el tren ha quedado a oscuras. Casualidades de la vida, o la mano de un dios -supongo que celta, por aquello de trasmitir el mensaje a través de estos pucelanos- que ata hilos desde alguna parte, que hace que despertemos, que evitemos ese horrible tedio que nos produce el cibermamón. El dios de nuestra conciencia.

25 de septiembre de 2008

Las clases

Hoy ha sido mi primer día de clase en la universidad. En Madrid. La verdad es que después de la experiencia maravillosa de estos últimos años en Salamanca, volver a Madrid me daba más miedo que otra cosa. Las cosas aquí son muy diferentes. Para empezar, el camino a la facultad. Antes, en menos de cinco minutos y caminando, llegaba a clase. Ahora tengo que tomar un tren y viajar durante una hora -momento estupendo para hacer amigos, leer o dormir (el caso es aprovechar el tiempo)- hasta la facultad, lo cual no es peor que lo de antes pero sí un poco más engorroso. El caso es que las clases hoy han ido bien. Bueno, es que eran las presentaciones de las asignaturas, y el primer día siempre está lleno de expectativas. Así que bien. Lo que me ha costado un poco más ha sido el viaje...



...lo de leer ha estado bien durante un rato, pero no he conseguido engancharme la hora entera, y eso que iba leyendo un texto muy divertido. Lo de hacer amigos... mmm... hoy de momento, no. Y dormir tampoco, porque creo que se me va a pasar la parada y me pongo nerviosa y tengo pesadillas o... ¡yo qué sé! Así que me ha dado por pensar en el blog. En hacerlo más activo. No sé. Se me ha ocurrido -seguro que esto ya existe, pero hagamos como que la inventora de esto soy yo, que me hace ilusión- poner cada día una imagen en mi blog. Esa imagen corresponde a la silueta de un país del mundo. Y a través de la silueta deberéis adivinar de qué país se trata. Yo esto ya lo había visto con piezas de música, pequeños fragmentos de textos o fotogramas de películas, pero no con siluetas de países. El objetivo es que de una vez por todas me aprenda los países de los distintos continentes, y la mejor forma de hacerlo es trabajar con mapas continuamente.

La imagen de hoy es la que tenéis ahí encima de este texto. Parece una lágrima, o una pera, o... no sé, se admiten sugerencias.

Si quieres jugar, ya sabes. Deja tus respuestas en un comentario. ¡A ver qué tal sale el invento!