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30 de marzo de 2013

Mujeres de Chagall y Delaunay


Vidrieras de la iglesia de San Esteban, Mainz.
En Mainz (Maguncia en español) hay una iglesia cuyas vidrieras son obra de Marc Chagall. Las vi hace unos días y el azul intenso de los cristales nos invadió a todos como una luz pálida que se metía hasta dentro. Me había olvidado de esas vidrieras de Chagall hasta hoy, que he vuelto al museo Thyssen, en Madrid. 

"El aniversario", Marc Chagall.
He visto pocas obras originales de Chagall en mi vida, pero siempre me sobrecogen, se me clavan profundamente, como cuando Carmen me lo enseñó por primera vez, o como cuando se lo oí cantar a Silvio Rodríguez en su "Óleo de una mujer con sombrero". Sus enamorados que flotan en paisajes inverosímiles con cabras y torres Eiffel son como un sueño en donde todo es posible, con sus tonos intensos o sus pasteles maravillosos.

Hoy, me he deleitado contemplando "La virgen de la aldea", cuyos colores ocres y cálidos, al contrario de los azules de Mainz, no invadían, sino que envolvían, quedándose como rodeándonos y transmitiendo una calma como solo el arte o la música pueden hacerlo. La imagen, que de nuevo aportaba figuras flotantes y cabras violinistas, se convertía en la visión más dulce para una Semana Santa que sigue manteniendo regustos rancios de un pasado ultraconservador.

"La virgen de la aldea", Marc Chagall.

Además de Chagall, he vuelto a ver a la portuguesa de Delaunay, una obra maestra, maravillosa, que tantas visitas al Thyssen suscita. Una mujer que podría contraponerse a la virgen de Chagall y que, en cierto modo, a mí me recuerda a ella. En mi memoria está la primera vez que tuve conocimiento de Robert Delaunay, a quien descubrí a través de la obra de su mujer, Sonia Delaunay, también pintora, y que estudié dentro de una serie de mujeres pintoras que fueron influyentes a lo largo de la Historia. 

"Mujer portuguesa", Robert Delaunay.


Entre estas dos obras existen veintidós años de diferencia. La virgen francesa de Chagall y la portuguesa orfista de Delaunay, sin embargo, se me antojan una sola mujer. En realidad, siempre me da por pensar si todas las mujeres y todos los hombres que se han representado a lo largo de la historia del arte no son en realidad el mismo. La mujer ideal, tantas veces retratada en música, poesía, pintura o escultura, es una y son todas. En la virgen y la portuguesa están también Eva, Lilit, Venus, María Magdalena, y todas las diosas de la fertilidad y la vida, estoy yo y todas las mujeres que me precedieron y me sucederán. Ahí reside la magia del arte, en representar, desde la diversidad, lo universal.

Mi deseo es que esa universalidad que soy capaz de encontrar en el arte, todos esos puntos en común, logremos encontrarlos todos en la vida diaria. Que no solo sepamos ver lo que nos separa, el abismo que se encuentra entre muchos de nosotros, sino que logremos encontrar el toque de humanidad que debe hacer claros los puntos de encuentro. Que estas mujeres, este arte, nos devuelvan la humanidad que hay dentro de todos nosotros.

25 de abril de 2012

En-cuent[r]os (4), 4 años encontrándonos



Si me hubieran preguntado hace cuatro años qué estaría haciendo cuatro años después, ni por asomo se me habría ocurrido pensar que estaría pensando en la misma persona, emocionándome con los mismos claveles y hablando en otro idioma. 

Joven madrileño haciéndose conocedor del mundo
Estoy en el laboratorio de idiomas del colegio donde trabajo, vigilando que los chicos preparen sus orales de francés. Nos sonreímos. Ellos quizás no sepan que yo soy la lectora de español y que en ese idioma le escribo al mundo, al pequeño mundo creado y recreado en este rincón de la web durante cuatro años. Aquí nadie dice ni mú en portugués, ¡ese gran olvidado! No se recuerdan revoluciones pacíficas y, por supuesto, nadie celebra el aniversario de este rincón. Ese es solo un lujo -un en-cuent[r]o, de los nuestros- que sólo reservo para ti. Aquí la única revolución que funciona es la del conocimiento. Lo digo porque los chavales estudian agobiadísimos para sus exámenes, en estos días. Un conocimiento que es parcial, claro. Hoy me estreno como profesora de historia de España en inglés; el gran reto. En mi mano está hacerles también a ellos conocedores de nuestro pasado y que el conocimiento se globalice un poco, que no quede anclado a lo estrictamente anglosajón.

Así que aquí estoy, cuatro años más tarde, encontrándome con mi pasado, con el pasado de mi país y con el futuro del mundo: internet y estos alumnos que se van haciendo conocedores, espero que también de revoluciones no violentas, de claveles voladores. Casi cuarenta años después. 

Anciano inglés divisando el futuro
Creo que eso es lo que el mundo vuelve a necesitar, más primaveras árabes, más 15Ms, más claveles, más cuentos, más historias que nos ilusionen, el cambio que todos esperamos.

El año que viene cumpliremos cinco años. Estoy segura de que aquí seguiremos, tú quizás vengas a leerme por primera vez, otros serán los de siempre, pero estaremos, sin duda, encontrándonos, en lo esencial y en lo que cambia, en la verdad, en la esperanza, en la libertad... en las palabras.

Gracias por hacer posible las cuarenta y ocho mil y pico visitas. 
Gracias por hacerme crecer.
Gracias, simplemente, por seguir ahí.




21 de abril de 2012

En-cuent[r]os (2)






Abre o cierra las puertas que quedaron entreabiertas, pero procura no mantenerlas mucho tiempo así.

18 de febrero de 2010

Encuentro

EL ENCUENTRO


Este encuentro no pertenece a los creyentes ni a los ateos, a ninguna religión o creencia en particular.
Este encuentro se produce simplemente entre humanos, entre personas que creemos en el
bien.
Por esto, hombres y mujeres de distintas razas y creencias estamos leyendo estas palabras al mismo tiempo, lo que ya es un motivo de alegría.
Pero hoy no vamos a centrarnos en lo que nos separa, sino en lo que nos une.
Quizás algunos piensen que nos parecemos poco, que hay pocas semejanzas. Muchas o pocas son tan importantes que puede que sean suficientes para empezar un camino juntos.
Imaginemos algo: ¿Qué pasaría si se encontraran Jesús de Nazareth y Mahoma?, ¿o si se encontraran con Buda?, ¿qué harían?, ¿discutirían?...
Yo creo que no, creo que se mirarían, se sonreirían, y charlarían amigablemente. Me imagino que, al mirarse, se reconocerían mutuamente como seres que trabajan para el Bien, hermanados por una labor común.
¿Qué se hubieran dicho Gandhi y Teresa de Calcuta?, ¿cómo os imagináis un encuentro entre ellos? Podría haber sido bastante parecido, son personas que ayudaron a sus semejantes con sus pensamientos, oraciones y con sus propias manos.
En aquellos lugares donde se sufre, ¿no colaboran religiosos de distintas confesiones entre ellos?, ¿no colaboran creyentes con no creyentes?, ¿no son todos gente de buena voluntad tratando de ayudar a los demás?
Muchos de los leéis esto tenéis unas creencias religiosas concretas, y otros muchos no. Pero hay algo muy importante que nos une a todos, y es la Buena Voluntad.
Esta fe que tenemos en el Bien, en la búsqueda de nuestro bien y del bien del otro. Esta fe en que hay un Bien dentro de cada ser humano, que hay un Bien dentro de las cosas es probablemente uno de los pilares fundamentales de todas las religiones y de las convicciones morales de tantas buenas personas no religiosas.
¿No nos hace este Bien en nosotros, esta intención de hacernos el Bien unos a otros, no nos hace Hermanos?
¿Seguimos a los fundadores de las religiones, a nuestros maestros, a las buenas personas que admiramos cuando olvidamos esto?
Aunque pudiera ser atrevido por mi parte, si quisiéramos resumir cuál es el propósito de nuestras religiones, yo diría que es uno doble: El desarrollo de ese Principio del Bien que hay en nosotros, y la expresión de esa Bondad hacia nuestros semejantes y al mundo en que vivimos.
Dos únicos puntos en común no parecen muchos... pero, ¿no son importantes?, ¿no son... lo más importante?... ¿no definen nuestro modo de vida?
Más aún, este mejorarse uno mismo y hacer el Bien a los demás, ¿no son compartidos por tantísimas personas que no están en ningún credo en particular?, ¿no son así nuestros vecinos, nuestros amigos, los que nos sonríen en el mercado?... ¿no somos la mayoría?
Y aún más... también aquellos que no creyendo en que hay un Bien dentro de las personas, ni en que la humanidad progrese... aquellos que sin esperar nada más... ni una mejor vida más allá, ni más acá... aquellos que algunas veces caen en la desesperación... aquellos que incluso con esta visión del mundo... toman partido, escogen un lado y también eligen hacer el bien que pueden... Aquellos que quizá demostrando más fe en el Bien o más valor que los demás, incluso en contra del mundo que ven, son incapaces de ignorar ese buen sentimiento dentro de sí mismos. Aquellos... son parte de esa misma hermandad.
El objetivo de este Encuentro es que recordemos esta Hermandad entre nosotros, que no nos centremos tanto en las cosas que nos separan, porque... estamos unidos en lo fundamental.
No queremos decir que no haya diferencias, ni que haya que evitarlas pero, igual que convivimos con personas que ejercen otras profesiones, con otras ideas políticas o con otros gustos; igual que hemos encontrado una base común de convivencia con ellos mientras seguimos nuestro propio camino; nosotros que somos creyentes y no creyentes, pero gente de bien, debemos ser los primeros en buscar esa base común para que, cuando enfrentemos problemas y sufrimientos comunes, podamos reunirnos todos hermanados por nuestra buena voluntad y trabajar juntos para encontrar el camino.
No olvidemos nunca esta Hermandad formada por todas las personas que, de una manera u otra, hacemos el bien en el mundo. Trabajemos juntos... estamos todos en el mismo barco.

Texto de Javier Fernández Panadero.

8 de mayo de 2009

Días de en-cuent[r]os

Hoy, más que nunca, siento que estamos hechos/llenos de en-cuent[r]os. Estoy, ahora mismo, en la biblioteca de Filología Inglesa de Salamanca (nuestra querida Placentinos) y acabo de hablar hace un momento con Jorge, Diego para algunas amigas. Ese ha sido el último de los encuentros de estos dos días que no suman aún veinticuatro horas.

Es maravilloso lo felices y plenos que nos resultan algunos encuentros. Vas paseando por una calle que has andado tantas veces y encuentras fantasmas del pasado que, verdaderamente, de fantasmas no tienen nada. Es en ese momento, justo cuando a tu alrededor se condensan cuatro años en siete caras diferentes, cuando sientes que estás hecho de los otros. Los extraordinarios límites de Cata que te unen (¿o separan?) más a la realidad, te golpean el rostro y te erizan el alma. Esos límites te reconvierten, moldean la materia de la que estás hecho. Los cuentos de un gallego zamorano al que le brillan los ojos hablando de Carlos Casares y su encuentro con él, cuando tenía la edad que tengo yo ahora. Eso también te va construyendo. El no abrazo de Xandra y el novísimo vocabulario noruego que tiene Marta, un "te quiero" en escandinavo. Johannes y el encuentro con Liepzig, ciudad de Bach, que me encuentra también con la música, con el oboe de Enrique y el nacimiento de Celia. Una mesa de Caballerizas con un informático que confiesa que me lee a diario, tras la misma confesión de ayer de Diego (¡qué alegría saberse leída por amigos!). Clara y su regreso a Salamanca, que también es un cuento (un hermoso cuento de hadas buenas). Como a veces lo son la vida de Roi, Fran, Elena o Patry. Y de vuelta a Salamanca, a la ciudad donde el cielo es más melancólico. A la ciudad en la que encerrarse para ver el cielo. Y una música antigua entra en el cuerpo y te llena de barroco el día. Como las sonrisas de Marta entre la multitud.

Dos días. Pero aún menos de veinticuatro horas. Personas que son fantasmas, de las que me hago a base de sus cuentos; palabras que igual caen en el vacío de la distancia. Pero que ahora viven como hago yo en mi mente que me inventa. El barroco ha entrado en mi cuerpo de viernes ocho. Y mañana, de nuevo, sábado nueve, y quizás otro poema de terraza cerrada.

Me voy a sacudir de encima el barroco de estas horas, con los estudios angloindios que han hecho a Jorge dejar de ser un chico de polos. Ahora, un encuentro de India en Occidente, un final feliz para este cuento.

22 de noviembre de 2008

Encuentros

Concebimos este blog como un lugar donde encontrarnos. Como la cafetería que nos iba a faltar este año para comunicarnos, frente a una taza humeante de café de los que hacen agujero.

Sospechaba, desde el principio, que la pretensión de utilizar dos lenguas duraría poco, que al final nos hacemos a nuestra primera lengua y las iniciativas se las lleva el tiempo y la pereza, o la incertidumbre de no estar expresándonos como queremos, que nos falta el matiz que sólo nuestra lengua nos ofrece.

Con el tiempo (y con la distancia) me he dado cuenta de que podemos encontrarnos a través de otras cosas que no sean la lengua. Podemos encontrarnos a través de la música (que también es un lenguaje, sí, pero universal), a través de los paisajes, a través del cine (sea en el idioma que sea, esta vez es el lenguaje no verbal el que nos suscita el encuentro), a través de la naturaleza y sobre todo a través del arte. Hace unos días me encontré mentalmente con una "niñita hispano-belga", a través de un Desnudo femenino de Rosales, y tampoco hace mucho me encontré con un capitán de los de antes a través de Patinir. No dejo de encontrarme con Clara en cada uno de los personajitos de El jardín de las delicias, de El Bosco; ni tampoco puedo evitar encontrarme con Carmen cada vez que veo a los amantes voladores de Chagall.

Con ella, con mi compañera de blog, me encuentro cada vez que veo una escena que ha compartido ya con todo el mundo. Con una escena que hizo suya, que universalizó. Porque ya decía yo que la poesía se universaliza, pero también la pintura. La chica de Edimburgo hizo suya a una mujer ausente, sentada en una habitación de hotel. Y desde el momento en que la hizo suya, soy consciente de que a mí no me pertenece de la misma manera.

Hoy me voy a encontrar con M. a través de Hooper.


¿A través de qué cuadro te encuentras tú con tu gente?

8 de octubre de 2008

Canciones. 7



Chove en Santiago, LUAR NA LUBRE

Tengo una pura necesidad psicológica y corporal de Galicia. Sé que las necesidades sensitivas sólo se curan yendo al lugar culpable de que broten, pero las psicológicas se pasan de forma más llevadera con Luar na lubre. Y con esta canción en especial, porque es una versión preciosa del poema de Federico García Lorca "Madrigal â cibdá de Santiago", recogido en su joyita-libro Seis poemas galegos. Resultado de un "leve contacto con Galicia" como dicen algunos críticos. Yo creo que no debió ser tan leve, cuando le salieron unos textos tan maravillosamente contextualizados. Algunos dicen que estaba enamorado de Eduardo Blanco Amor, el amigo gallego -también escritor- que le ayudó con el léxico y la lengua para escribir estos poemas, y que de ahí esos versos:
"Chove en Santiago
meu doce amor"


Sea como sea, "Chove en Santiago" me traspasa de parte a parte, me hace llorar y me recuerda por qué nos dio por crear Falsirego, que no es más que eso: un punto de encuentro de dos culturas, de dos lenguas, y de miles de formas de sentir.