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5 de abril de 2010

Cuentos medievales

En la universidad me enseñaron a no desdeñar la Edad Media y su arte. Me enseñaron a no simplificar la mente medieval y a disfrutar de su literatura, historia y artes múltiples.

A pesar de todo, simplificamos la Edad Media. La simplificamos porque metemos en un saco que puede estudiarse en un año, un periodo de diez siglos. ¡Diez! Nada menos. Necesitaríamos otros diez siglos para comprender la mente medieval. Aún nos quedan cinco.

Este fin de semana he estado en una ciudad medieval. Un cuento. A Ávila he ido muchas veces, pero nunca me he detenido a mirarla con ojos ingenuos de niño pequeño. Le pregunto a mi amiga: "¿Y tú de pequeña no te sentías un poco princesa viviendo dentro de unas murallas?". La pregunta es ingenua. Igual que lo que conocemos (los poco conocedores) de la Edad Media.

Entre las murallas, o más bien yendo hacia las murallas, descubrí una melodía preciosa interpretada por Carlos Núñez (¡cómo no!) y Jordi Savall (siempre que descubro algo de Savall, lo guardo en mi baúl de los tesoros). Una flauta dulce y una viola de gamba son las culpables de que el viaje de vuelta no lo hiciera en tren, sino en camino medieval, con capa, capucha, a caballo. Soñando con los finisterrae europeos.



Una vez de vuelta en la ciudad, sin mamotretos, sin plumas y tinteros; con las teclas blancas y la pantalla brillante antirreflejos del ordenador, me encuentro con un precioso cuento medieval. El de Ponthus y Sidoine, escrito en el siglo XIV por un bretón para entretenimiento de la corte. La historia acerca dos finisterrae a través de grabados y versos breves que narran los avatares del príncipe Ponthus, hijo de un rey suevo de Galicia que debe vengar la muerte de su padre asesinado en combate. Ponthus consigue huir en barco y llega a las costas de Bretaña, región donde adquiere renombre pero que también le acarrea contratiempos. Un miembro de su séquito lo traiciona y éste tiene que escapar al bosque de Brocéliande, emulando a los caballeros del ciclo artúrico. Allí adquirirá fama de caballero justiciero. Lucha contra los sarracenos que asolan Bretaña e Inglaterra y los vence. Se enamora de Sidoine, la hija del rey de Bretaña y, tras matar a su esposo, se casa con ella. Vuelve a Galicia a reconquistar y pacificar su reino. Entonces, con el reino en paz y casado con su bella enamorada, retorna a Bretaña y, junto con su esposa, vuelve a Galicia a través del Camino de Santiago.

Así de simple. Así de complejo. Con la narración de ciclo artúrico de fondo, el bosque de Brocéliande, los finisterrae europeos, la idea del exilio, el desarraigo, la vuelta al hogar, el Camino de Santiago, la religiosidad, la lucha contra el invasor. El cuento contiene todos los ingredientes del relato medieval. La banda sonora la ponen Carlos Núñez y Jordi Savall. A los personajes dibújalos tú en la imaginación, desde una muralla, desde un tren, o desde tu propio exilio.

31 de octubre de 2008

Jamoncito y gambas

No, no. No hablo ahora de aperitivos, de la tapita de tu bar favorito. Hoy hablo de cosas bonitas (más aún que el aperitivo): de palabras y de música.

Si me dieran a elegir entre todos los períodos de la historia que se han ido definiendo a lo largo de ella misma, sin duda me quedo con el fin de la Edad Media. Con el primer renacimiento cultural europeo, y dejando atrás las grandes epidemias. Mi época favorita de la historia coincide con el descubrimiento de América, o con la expulsión de los judíos del espacio geográfico que hoy es España. Pero también coincide con la publicación de la primera gramática de la lengua española, la de Nebrija. Además, coincide con el florecimiento, en Europa, de un instrumento musical, madre o padre (o ambos a la vez) del actual violoncelo. Se trata de la viola da gamba

Este instrumento de nombre simpático ha sido estudiado intensamente por el musicólogo catalán Jordi Savall, uno de los más importantes intérpretes de música antigua y un defensor incansable de este maravilloso instrumento. Para aquellos a los que les guste la música antigua, les resultará familiar el conjunto Hespèrion XX, de quien Savall fue fundador.

Como yo no tengo los conocimientos teóricos suficientes para daros una clase de viola de gamba o de música, os dejo con las palabras del maestro, que con total acierto y la serenidad de un músico explica mucho mejor el arte de la música a través de su instrumento favorito.




Si os habéis dado cuenta, Savall explica que la viola de gamba se diferencia de la viola de braccio, en que esta última se sostenía entre los brazos, resultando en el violín actual, mientras que la viola de gamba se tocaba sujetándola entre las piernas (¡¡no conozco instrumento musical más sensual que éste!!). Pues bien, aquí viene la explicación de palabras. Viola de gamba significa literalmente 'viola de pierna'. El nombre procede del italino, lengua en la que gamba hace referencia a las extremidades inferiores. Y este "gamba" italiano, procede -retrotrayéndonos mucho- del griego: καμπή (kampé). Pues bien, este es el origen también de la palabra francesa jambe ('pierna') y de su derivado jambon, nuestro jamón. De ahí viene también la palabra jamba como 'pierna de las puertas' y una expresión que decimos constantemente: meter la gamba, que es lo mismo que meter la pata. Hay alguna palabra más interesante procedente de esta palabra griega que triunfó en algunas lenguas románicas y no en otras. Gracias a que se conservó en italiano y a que no hemos querido o no supimos traducirlo, tenemos en español una palabra tan exótica para nombrar a un instrumento tan completo e interesante como éste.