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11 de agosto de 2011

La sabiduría del cuento popular

"El gallito Lozano" es el cuento que mi abuelo le contó a todos sus nietos. Yo se lo oí alguna vez, cuando era muy pequeña y él ya no tenía la memoría de antes o el humor para contarlo. Sin embargo, recuerdo con cariño el ritmo del estribillo igual que la canción que cada Nochebuena nos cantaba y que siempre me arrancaba una lágrima de nostalgia.

Cuando Marta y yo decidimos poner en marcha este blog lo hicimos con la función básica de contar cuentos y de encontrarnos en ellos, de estrechar lazos con nosotras mismas y con otras culturas. Esas ficciones de un principio se fueron transformando, igual que el blog, en historias, anécdotas, pensamientos, música, poesía o lo que surgía. Y hoy, tras haber visto un documental de la serie Imprescindibles, de la 2 de TVE, he vuelto a pensar en la importancia del relato. Sobre todo del cuento popular, de la sabiduría que trae consigo y el brillo que le lleva a los ojos de quien lo recibe.

La cultura audiovisual parece que está matando poco a poco la cultura tradicional del cuento popular. La televisión, el cine e internet están dejando de lado la oralidad de las noches de invierno al calor del hogar y la de las noches de verano a la fresca, en la puerta de las casas. Los padres les leen cuentos a sus niños o ellos mismos los leen en los libros del colegio, pero cada vez hay menos contadores anónimos, individuales. Cada vez hay menos personas como los abuelos de antes, que se rodeaban de sus nietos las tardes frías de los sábados y los domingos para contarles el cuento del gallito Lozano.

El documental de la 2 recoge un pellizco de esa cultura popular tan enraizada en los pueblos de todo el mundo y que parece que se va desvaneciendo poco a poco. Este documental rescata cuentos en todos los idiomas, rescata las versiones de los cuentos europeos a la moda española y trae un poquito del brillo que mis primos, mi hermano y yo teníamos en los ojos cuando el abuelo nos contaba la historia del gallito Lozano, que iba a la boda de su hermano tan contento y tan galano.

No te lo pierdas, si quieres verlo, pincha aquí.

29 de abril de 2011

Ella y él (II)

A él un día le entraron ganas de llorar, pero apretó los puños para ahuyentar la pena.

5 de abril de 2010

Cuentos medievales

En la universidad me enseñaron a no desdeñar la Edad Media y su arte. Me enseñaron a no simplificar la mente medieval y a disfrutar de su literatura, historia y artes múltiples.

A pesar de todo, simplificamos la Edad Media. La simplificamos porque metemos en un saco que puede estudiarse en un año, un periodo de diez siglos. ¡Diez! Nada menos. Necesitaríamos otros diez siglos para comprender la mente medieval. Aún nos quedan cinco.

Este fin de semana he estado en una ciudad medieval. Un cuento. A Ávila he ido muchas veces, pero nunca me he detenido a mirarla con ojos ingenuos de niño pequeño. Le pregunto a mi amiga: "¿Y tú de pequeña no te sentías un poco princesa viviendo dentro de unas murallas?". La pregunta es ingenua. Igual que lo que conocemos (los poco conocedores) de la Edad Media.

Entre las murallas, o más bien yendo hacia las murallas, descubrí una melodía preciosa interpretada por Carlos Núñez (¡cómo no!) y Jordi Savall (siempre que descubro algo de Savall, lo guardo en mi baúl de los tesoros). Una flauta dulce y una viola de gamba son las culpables de que el viaje de vuelta no lo hiciera en tren, sino en camino medieval, con capa, capucha, a caballo. Soñando con los finisterrae europeos.



Una vez de vuelta en la ciudad, sin mamotretos, sin plumas y tinteros; con las teclas blancas y la pantalla brillante antirreflejos del ordenador, me encuentro con un precioso cuento medieval. El de Ponthus y Sidoine, escrito en el siglo XIV por un bretón para entretenimiento de la corte. La historia acerca dos finisterrae a través de grabados y versos breves que narran los avatares del príncipe Ponthus, hijo de un rey suevo de Galicia que debe vengar la muerte de su padre asesinado en combate. Ponthus consigue huir en barco y llega a las costas de Bretaña, región donde adquiere renombre pero que también le acarrea contratiempos. Un miembro de su séquito lo traiciona y éste tiene que escapar al bosque de Brocéliande, emulando a los caballeros del ciclo artúrico. Allí adquirirá fama de caballero justiciero. Lucha contra los sarracenos que asolan Bretaña e Inglaterra y los vence. Se enamora de Sidoine, la hija del rey de Bretaña y, tras matar a su esposo, se casa con ella. Vuelve a Galicia a reconquistar y pacificar su reino. Entonces, con el reino en paz y casado con su bella enamorada, retorna a Bretaña y, junto con su esposa, vuelve a Galicia a través del Camino de Santiago.

Así de simple. Así de complejo. Con la narración de ciclo artúrico de fondo, el bosque de Brocéliande, los finisterrae europeos, la idea del exilio, el desarraigo, la vuelta al hogar, el Camino de Santiago, la religiosidad, la lucha contra el invasor. El cuento contiene todos los ingredientes del relato medieval. La banda sonora la ponen Carlos Núñez y Jordi Savall. A los personajes dibújalos tú en la imaginación, desde una muralla, desde un tren, o desde tu propio exilio.

13 de enero de 2010

La vida en cuento

El último recuerdo nítido que tengo de Iorgeus es un balcón con pimientos y helado de dulce de leche. Bueno, también un árbol de Navidad hecho con botellas de cerveza. Esa fue, creo, la última vez que le vi. Y como siempre que me despido de él, pensé: "¡Qué gusto da ver a este chico!". Desde entonces, sólo una llamada para pedirle un favor, creo que un sms y varios mensajes en FB para quedar. Sin quedar, claro.

Él no lo sabe, y yo tampoco hasta hace muy poco, pero Iorgeus y yo nos parecemos mucho. Quizá nuestra amiga en común nos eligió porque teníamos cualidades similares que comparten todos sus amigos. No lo sé. El caso es que Iorgeus y yo somos parecidos. Parecidos hasta el punto de que también él tiene un blog (otro blog, mejor dicho). Su segundo blog contiene en su título la palabra cuentos, como este. Y es que Iorgeus es un cuentista. Conocía algo de su faceta de escritor, y hoy he tenido la grata oportunidad de ver sus textos escritos. Ahí los tiene, todos apiladitos en un rincón del espacio tecnológico, entre su código binario particular y su sonrisa imperecedera.

Iorgeus vive en el mundo real, pero seguro que tiene la cabeza en otra parte, allí donde están, también, los personajes de sus cuentos. Será por eso que siempre sonríe. Porque siempre tiene un lugar mejor al que ir.

Seguro que ahora que ya tengo la dirección de su blog de cuentos, empiezo a criar, yo también, un esbozo de sonrisa perenne.

Si tienes curiosidad, entra a verlo en Poniendo los cuentos sobre las ies.

29 de noviembre de 2009

O mellor oficio do mundo

Di o meu amigo F. que o mellor oficio do mundo é un que coñeceu onte. El di que quere ser contacontos; que qué boa profesión esa de contarlle historias á xente, de escoitar historias e transmitilas.

Todo esto vén porque onte fumos ver contar historias a un contador profesional, a un destes dos que exercen o mellor oficio do mundo: Celso Fernández Sanmartín.

Dentro do ciclo de Cuentos que organizou a Comunidade de Madrid, estaban as súas actuacións por diversas bibliotecas madrileñas. Nós, onte, tivemos a oportunidade de velo pola tarde na BNE e disfrutamos como nenos das súas historias, e máis que delas, disfrutamos da súa maneira de contalas: co cariño e a paixón propias de a xente que parece que so vive para iso. Despois da función falamos con el, e ademáis de bo contador de historias é moi bo escoitador de persoas. Da gusto con xente coma el.

Déixote cun video que atopei en youtube co conto dunha emigrante galega. Disfrútao:



Entrada traducida ao castelán:


Dice mi amigo F. que el mejor oficio del mundo es el que conoció ayer. Dice que quiere ser cuentacuentos; que qué buena profesión esa de contarle historias a la gente, de escuchar historias y trasmitirlas.

Todo esto viene porque ayer fuimos a ver contar historias a un contador profesional, a uno de estos de los que ejercen el mejor oficio del mundo: Celso Fernández Sanmartín.

Dentro del ciclo de Cuentos que organizo la Comunidad de Madrid, se encontraban sus actuaciones por diversas bibliotecas madrileñas. Nosotros, ayer, tuvimos la oportunidad de verlo por la tarde en la BNE y disfrutamos como niños de sus historias, pero sobre todo, disfrutamos de su manera de contarlas: con el cariño y la pasión propias de la gente que parece que solo vive para eso. Después de la función fuimos a hablar con él, y además de buen contador de historias es muy buen escucuchador de personas. Da gusto con gente así.

24 de noviembre de 2009

Den Lille Havfrue


(La pequeña señora del mar)

Había vivido siempre con los pies en la tierra. Ni un rastro de magia o superchería se asomaba ante sus ojos o sus cabellos rizados. Al iniciar su viaje, un viaje de idas y cuyo retorno se le antojaba lejano pero era real, comenzó a creer en hadas, leprechauns, duendes, mouros, tesoros y tierras encantadas. Comenzó a encontrar hadas convertidas en viejas a la vuelta de cada esquina. Comenzó a escuchar duendes bajo las camas de recintos que parecían castillos. Sintió cerca la presencia de Rapunzel; y en su vida de dioses desterrados, de ideologías caídas, comenzó a brotar la sombra irracional de los seres iluminados. Se sintió más feliz en el mundo de la magia donde todo era posible. Se sintió tan bien, que a veces olvidaba lo que era la vida.

En su andadura por las tierras de la literatura fantástica de ogros, animales parlantes y fantasmas habladores, llegó a creer en la existencia de sirenas. La historia de una sirena salmantina le llenó de gozo, asombro y duda. Pidió explicaciones. Y con el corazón lleno de teorías científicas que pudieran probar la existencia de alguno de todos aquellos seres míticos, comenzó de nuevo a descreer supercherías. La magia que había sido tan real en su vida, dejaba de serlo cuando lo era realmente.

Ahora, vuelve a tener los pies en la tiera. De vez en cuando lee historias de Cunqueiro sobre tesouros, meigas y mouros. También lee a Wilde, que esconde en su Retrato, la magia diabólica de los alter egos.

Para posar de nuevo su breve vida en la realidad, sólo tuvo que entrar a una clase de secundaria y esperar que le robaran, definitivamente, la inocencia. Habría deseado permanecer siempre como una pequeña señora del mar.

28 de mayo de 2009

Empieza la cuenta atrás

Doce, once, diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno...

Esa cuenta atrás sólo se puede celebrar con Luis Ramiro y su "Cuenta conmigo". Reminiscencias de Sabina y de Benedetti. ¿Qué mejor homenaje para el final de nuestras vidas?

14 de diciembre de 2008

La metamorfosis

Hay un texto de lectura ineludible de la literatura universal del siglo XX. Se trata del cuento de Franz Kafka La metamorfosis. Un amigo me habló del corto que se ha hecho basándose en esta historia y me parece de una calidad extraordinaria. El exacto tono de la voz en off, la elección de imágenes o el buen gusto, son algunas de las cualidades de esta pequeña película, que puede ayudar a entender un poco mejor la historia de Kafka.