Pienso en Portugal como ese gran desconocido.
En la era de los vuelos baratos, se ha creado entre los jóvenes españoles la sanísima costumbre de viajar. Y es raro el amigo que no conozca ya media Europa, incluidos los países escandinavos y hasta Rusia, hasta hace unos pocos años destinos inconcebibles para la mente peninsular. Muchos de ellos, también han cruzado ya el charco. Mis amigos y yo, que rondamos la década de nuestros veinte, somos unos privilegiados, conocedores de ciudades que a nuestros padres les costó la boda conocer o que ni siquiera han llegado a imaginar. Sin embargo, parece que hemos dado la espalda a Portugal. Españoles que han viajado a Canadá antes de darse un paseo por Lisboa. Me sorprende. Y me entristece.
Porque Portugal es luz. Para mí también fue un descubrimiento tardío y muy parcial. Sin embargo, fue el gran descubrimiento europeo. Portugal es nuestro vecino más cercano, con el que más parcelas compartimos, y tengo la sensación de que en lugar de crearnos fascinación, solo nos produce lástima o compasión ("los pobres europeos"). Una compasión tan solo comparable a la que nos produce Grecia. Pero a Grecia vamos ansiando encontrar nuestras raíces, la esencia de nuestra filosofía mediterránea, de nuestro estilo de vida, las bases de la inteligencia de nuestra civilización. A Portugal vamos -o íbamos, discúlpame el anacronismo- a comprar toallas. Las comparaciones son odiosas, pero aunque esté generalizando, creo que esa es la imagen que tenemos de Portugal. Y eso que Portugal es luz y poesía. Es música, es mar, es Pessoa, es Saramago -cultura-, es color, es calidez, es fado, es dulzura. Compartimos historia y la raíz de nuestro idioma, pero le damos la espalda. ¿Por qué?
Quiero aquí reivindicar una mayor presencia en nuestras vidas del país vecino. Portugal no es para hacer turismo y volver con la memoria de la cámara repleta de fotografías. Portugal, como cualquier destino que elijamos, por supuesto, es para pasearla, para escucharla, para sentirla y que su magia nos inunde. La fuerza de Portugal nos llena y, cuando estamos lejos de ella, hasta los que no somos portugueses sentimos saudade.
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28 de febrero de 2011
Saudade
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21 de marzo de 2010
Poesía-Pessoa
21 de marzo, día Internacional de la Poesía. Y como vengo de Lisboa, ¿qué mejor que Pessoa?
El viento, el viento alto
El viento, alto en su elemento
me hace más solo -no me estoy
lamentando, él se tiene que lamentar.
Es un sonido abstracto, insondable
venido del elusivo fin del mundo.
Profundo es su significado.
Me habla el todo inexistente en él,
cómo la virtud no es un escudo, y
cómo la mejor es estar en silencio.
(27.12.33)
Versión de Rafael Díaz Borbón
Foto de Flickr
El viento, el viento alto
El viento, alto en su elemento
me hace más solo -no me estoy
lamentando, él se tiene que lamentar.
Es un sonido abstracto, insondable
venido del elusivo fin del mundo.
Profundo es su significado.
Me habla el todo inexistente en él,
cómo la virtud no es un escudo, y
cómo la mejor es estar en silencio.
(27.12.33)
Versión de Rafael Díaz Borbón
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