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10 de agosto de 2012

Esther Havens, Carson McCullers y el equipo español de sincro

Es agosto y el calor aprieta. Dicen de combatirlo con agua, abanicos y a la sombra, resguardados de ese aire norafricano que nos está dejando molidos a los españoles, poco acostumbrados a los 40º de temperatura que se alargan hasta casi las siete de la tarde. 

En casa hemos decidido bajar las persianas casi al máximo, dejando solo entrar la claridad necesaria para seguir con nuestras lecturas estivales. También hemos activado el aire acondicionado, ese aparato anclado a la pared que raras veces se enciende por aquello de que el aire que desprende no es nada beneficioso para el organismo y el aire que sale a la calle es bastante perjudicial para la capa de ozono. Hoy ha podido más la necesidad de respirar.

Yo leo en Kindle una traducción bastante aceptable de The Heart Is a Lovely Hunter, de Carson McCullers, de cuya prosa y personajes me enamoré esta primavera cuando preparaba mi examen de Literatura Norteamericana. Leo la novela traducida porque he acumulado una serie de textos en el Kindle que quiero agotar antes de septiembre y, a pesar de que mi ritmo de lectura es en general bastante lento, leer en español siempre es más rápido.

Además de esta escritora, estos días me tienen enganchadas otras mujeres: las nadadoras/artistas del equipo español de natación sincronizada (en general todas las y los deportistas olímpicos que están cosechando tantísimos éxitos) y Esther Havens, que se autodefine como fotógrafa humanitaria y cuyas imágenes han conseguido, junto con McCullers, sacarme del estado de depresión al que la recesión nos empuja en cada factura y cada noticia del telediario.

fotografía por Esther Havens

fotografía por Esther Havens

fotografía por Esther Havens

Mi decisión ha sido esta: voy a colocar estas tres imágenes en lugares estratégicos de casa para que me sorprendan cada día y me saquen una sonrisa. Me encantará despertar con el café que tanto me espabila estos días y estas fotografías que gritan a pleno color que sigue habiendo esperanza y esa esperanza está en la educación y en los jóvenes y niños de todo el mundo.

Quizás también cuelgue esta fotografía. No será tan efectiva como el aparato de aire acondicionado, pero conseguirá refrescarme un poco y me recordará el ejercicio impecable de las españolas que se traen la medalla de bronce representando el mar.

Foto tomada de lavanguardia.com (Ejercicio por equipos, natación sincronizada. Equipo español, 10 de agosto de 2012)    



2 de febrero de 2012

La poesía es un arma cargada de...

... vida.
... furia.
... futuro.
... paz.

20 de noviembre de 2010

"Las ecuaciones se me dan mejor que la felicidad"

Ayer vi a Elvira en la biblioteca. Me hizo ilusión encontrarla. Hacía un par de días que me había encontrado a Jorge y le había preguntado por ella. Ahí va, con su Magisterio a distancia, sus congresos de traducción y las clases en un colegio de secundaria. En los reencuentros breves uno intenta condensar la información para compartir lo máximo posible en el tiempo que los horarios de la rutina nos permiten. Así que en quince minutos tratamos de ponernos al día de nuestras vidas. Me habló de sus clases de inglés y de sus pequeños de primero de la ESO. Se emocionaba al hablar de uno de ellos, alumno con autismo que está muy interesado en los idiomas. Este niño aprende holandés por su cuenta y trata de traducir sus ideas a otros idiomas. Elvira me contaba que un día, de repente, le preguntó: "Profe, ¿y yo cómo puedo ser feliz?". Unos días más tarde, volvió al tema: "Las ecuaciones se me dan mejor que la felicidad". Emotivo y dramático al mismo tiempo. Parece que es una condición intrínseca de la infancia la felicidad. ¿Por qué un niño de doce años plantea en voz alta la pregunta que nosotros nos hacemos interiormente cada noche? ¿Las personas que padecen autismo son infelices?

Mi compañera Jasha, checa, dice que en su idioma hay un refrán que dice algo así: "La felicidad es como una mosca dorada. Nunca la ves, y no existe. Pero puede que un día la veas, entonces sí existe".

Espero que este niño y todos los niños del mundo encuentren alguna vez la mosca dorada. Todo el mundo tiene derecho a verla alguna vez en su vida.

(20 de noviembre. Día internacional de la Infancia)

26 de agosto de 2008

Rafael Alberti, Rosa León y El corazón helado

Parece mucha información y muy densa la que se acumula en el título de esta entrada. Sin embargo, está todo relacionado.

1) De Rafael Alberti me encanta su poemario Sobre los ángeles, aquel a través del cual descubrí al Alberti vanguardista del que me enamoraría (filológicamente hablando) al comienzo de mis años universitarios. Poco sabía entonces del Rafael Alberti social, del exiliado.


2) A Rosa León la conocí de pequeña. Tengo una amiga a la que sus padres la llevaban de pequeña a las fiestas del PC y a los mítines de IU, de ahí su pasión por Anguita, quien parece ser que le dio algún caramelito de propaganda y le regaló la mejor de las sonrisas que ella recuerda (quizás esté exagerando -yo-). A mí, mis padres me llevaban a la Feria del Libro de mi ciudad y uno de aquellos años conocí en persona a la mujer que había alimentado mis oídos infantiles con canciones tan típicas como la del ratón del señor Martín.



1 + 2) Años después de aquel "concierto-recital" de Rosa León, descubrí que además de cantar canciones infantiles, Rosa se dedicaba a cantar poemas de algunos de los escritores más leídos de las últimas décadas. Entre ellos Rafael Alberti. Conseguí un disco que se llama Paloma desesperada en el que además de poemas de Alberti cantados por Rosa León, había poemas de Alberti recitados por él mismo.



3) Y aquí viene El corazón helado: Este verano he leído con ganas la última novela de Almudena Grandes que lleva por título este sintagma homenaje a Antonio Machado. Es cierto que "una de las dos Españas" ha de helarnos el corazón. No sé si a mí desde la distancia se me llegó a enfriar algo el músculo de la vida, pero desde la cercanía de los hechos narrados por Grandes sí sentí por primera vez algo así como un escozor lento y profundo. Un escozor frío. Una de las dos Españas me estaba helando el corazón a través de los personajes de Almudena Grandes.



Eso, y un poema de Rafael Alberti que me resulta desgarrador. Ahí va:

"Ese General"

-Aquí está el general.
¿Qué quiere el general?
- Una espada desea el general.
-Ya no existen espadas, general.
¿Qué quiere el general?
-Un caballo desea el general.
-Ya no existen caballos, general.
¿Qué quiere el general?
-Otra batalla quiere el general.
-Ya no existen batallas, general.
¿Qué quiere el general?
-Una amante desea el general.
-Ya no existen amantes, general.
¿Qué quiere el general?
-Un gran tonel de vino desea el general.
Ya no hay tonel ni vino, general.
¿Qué quiere el general?
-Un buen trozo de carne desea el general.
-Ya no existen ganados, general.
¿Qué quiere el general?
-Comer yerbas desea el general.
-Ya no existen los pastos, general.
¿Qué quiere el general?
-Beber agua desea el general.
-Ya no existe más agua general.
¿Qué quiere el general?
-Dormir en una cama desea el general.
-Ya no hay cama ni sueño, general.
¿Qué quiere el general?
-Perderse por la tierra desea el general.
-Ya no existe la tierra, general.
¿Qué quiere el general?
-Morirse como un perro desea el general.
-Ya no existen los perros, general.
¿Qué quiere el general?
¿Qué quiere el general?
Parece que está mudo el general.
Parece que no existe el general.
Parece que se ha muerto el general
que ya, ni como un perro, se ha muerto el general,
que el mundo destruido, ya sin el general,
va a empezar nuevamente, sin ese general.

24 de agosto de 2008

José Saramago y los niños



Hablaba yo un día con una amiga filósofa y apasionada de Saramago y con otro muy buen amigo, el que me enseñó el cuento que os enseño yo ahora, sobre el escritor portugués y su literatura, y también sobre la literatura infantil, que no debemos dejar de apreciar, porque puede sorprendernos con historias fabulosas. A mi amiga la filósofa no le convencía aquello de la literatura infantil y tuvimos que recurrir a esta historia de Saramago y su flor gigante. Espero que ahora, cuando escuche el cuento en la voz de su autor y vea las imágenes, empiece a disfrutar de la buena literatura infantil, la que es tan difícil de escribir incluso para un genio como el que tenemos entre manos.