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3 de octubre de 2011

Inglés, ¿idioma universal?

Cuando uno sale fuera de casa, y creo que no exageraría mucho si dijera que al dar la vuelta a la esquina, necesita los idiomas. O al menos una sensibilidad especial para comunicarse. Mi madre, sin ir más lejos, que trabaja a un paso de casa, necesita el lenguaje universal de los gestos y las sonrisas y siempre consigue comunicarse. Es cierto que los extranjeros con los que trata mi madre son inmigrantes. Ellos le piden una fotocopia, un sobre, ayuda para rellenar las solicitudes del colegio de los hijos, y lo hacen con respeto, con paciencia y con una sonrisa. Y ella, que también es del tipo respetuoso, paciente y sonriente, consigue entenderse siempre con ellos. Aunque acaben de llegar de sus países de origen y no sean capaces de balbucir siquiera un "buenos días".

Aquí, en Londres, me topo con la barrera idiomática a diario. A pesar de los años estudiando el idioma, todavía ayer aprendí a diferenciar "ciruela" de "ciruela pasa" en dos palabras que ya conocía pero que siempre asocié a realidades diferentes. Pero el problema de Londres, o mejor dicho -y seré más honesta y más justa-, el problema con el inglés, es que es un idioma que se sabe el centro del universo, el soberano absoluto, la lingua franca universal. El estilo anglosajón no es, en general, del tipo respetuoso, paciente y sonriente. Suele ser alguna de estas tres, pero no siempre las tres van en el mismo bloque. Por lo que nos encontramos, los no nativos, con la lucha diaria del idioma, soportando el desprecio de algunos cuando a la tercera vez que nos repiten algo que aprendimos con la pronunciación española, seguimos sin entender ni papa. Aquí falta mucha paciencia, diría yo. 

Sin embargo, las cosas del idioma no son tan horribles en Londres. Estamos rodeados de inglés por todas partes, pero también de español. Cuando los españoles hablamos entre nosotros, ya tenemos la jerga propia que incluye palabras en inglés. Es divertido, aunque yo soy más de las de: "por favor, háblame en inglés, que estamos en Inglaterra". Luego también está el hecho de que mi casa, una especie de pequeña Naciones Unidas, es una torre de Babel, el paraíso de todo filólogo. Una casa que me ha devuelto el interés por el francés y me lo ha despertado por el italiano. También esta casa me ha recordado lo difícil que es el alemán y lo extendido que está el español por el mundo, aunque la gente no sea capaz más que de chapurrearlo un poco y a duras penas. Y en esos momentos de intercambio lingüístico, de dudas idiomáticas, de lucha contra el francés que aprendí hace años o el italiano que empiezo a articular, siempre aparece el inglés como vehículo salvador, siempre está ahí de apoyo, de guía, de modelo. Y aunque los hablantes nativos de inglés se alcen victoriosos ante la soberanía de su lengua, yo respiro aliviada y agradecida por disponer de ese recurso. Me alegra saberme poseedora de tres idiomas y de seguir en mi camino lento hacia el multilingüismo, y alzarme victoriosa ante la soberanía del conocimiento, que no es dominar la lengua mundial, sino estar abierto a la comunicación y poder abrir el cajón genético donde están el respeto, la paciencia y las sonrisas que mis padres me enseñaron a usar siempre. Y esos, esos sí que conforman una lengua universal.

28 de abril de 2011

El regalo de las lenguas

Que los niños sepan la importancia de las lenguas. Que aprendamos a valorar lo que significa que cada uno mantenga su cultura, su libertad, su idiosincrasia a través de su lengua. Y que aprendamos lo bonito que es compartir las lenguas, aprender a hablar lo que otros hablan, querernos a través de ellas.

23 de enero de 2011

Lenguas indo-europeas

Como sabrás, los lingüistas clasifican las lenguas igual que los botánicos clasifican las flores. Los lingüistas buscan los rasgos característicos de las lenguas e intentan agruparlas por familias y a veces, incluso, tratan de buscarle el antepasado común a ese grupo de lenguas: la madre de la que proceden. El caso de la española es sencillo. Sus hermanas están próximas a ella geográficamente, y se conoce la madre de todas ellas: el latín. Hay otras lenguas, como la inglesa o la alemana, también emparentadas entre sí, de cuya madre no quedan testimonios escritos, por lo que se tiene que reconstruir a base de textos muy antiguos en inglés, en alemán o en holandés (entre otras). Así ocurre con todas las lenguas que se hablan en Europa. Todas están agrupadas en familias que proceden de otra lengua común. A la lengua "abuela" de la mayoría de lenguas europeas y de Asia occidental se le ha llamado protoindoeuropeo y es una reconstrucción ficticia de lo que se hablaría al principio de la historia hablada de Europa.

Sin embargo, ocurre algo muy curioso con tres lenguas europeas: el euskera, el finés y el húngaro (y variedades afines de éstas últimas) no pertenecen a la familia indo-europea. El finés y el húngaro están emparentadas entre sí, pero el euskera campa independiente, solo, a sus anchas, por el amplio campo de las familias lingüísticas. No se conoce con certeza el parentesco del euskera, aunque hay muchas hipótesis sobre su origen, pero sigue siendo el gran misterio de la clasificación lingüística europea.

Así que nos encontramos con que un país como España, tan pequeñito, considerado como el fin del mundo conocido hace no demasiados siglos, es una joya lingüística. No solo por contar con tres lenguas diferentes de la familia latina, sino por haber mantenido, en un rinconcito del Cantábrico, un idioma que es un misterio, un tesoro lingüístico. Lo triste es que haya personas que no sepan esto y que no acepten el uso público de estas lenguas y se dediquen a criticar las medidas del gobierno por dar cabida a todas ellas en el Senado. ¿Es que no se dan cuenta de que si no se lucha por el idioma propio puede terminar perdiéndose? Habrá quien piense que es ridículo el plurilingüismo del Senado, es posible que se considere ridícula a la persona que habla en euskera y a quien hay que traducir al castellano, pero esa persona está luchando por un bien cultural, igual que todos los que salieron a la calle este verano para luchar por el "bien cultural" de la tauromaquia. La diferencia es que las lenguas nos enriquecen, mientras que la tauromaquia... no.

Considerémonos afortunados, como nación, por la riqueza lingüística que parece que no sabemos apreciar. Enorgullezcámonos por nuestro patrimonio cultural inmaterial. Abracemos la comunión de las lenguas y aceptemos, con tolerancia, que nuestro país es un país muy heterogéneo, un mosaico cultural plural. Sin rivalidades. Dejando al margen la política y la economía por un segundo. Centrándonos en lo que, por ser diferente, nos hace ricos.

A veces está bien dejar de racionalizarlo todo, dejar de entenderlo todo y dejarnos llevar por la belleza de las lenguas, nuestra herramienta primera para enfrentar la realidad que nos rodea:

15 de noviembre de 2010

Amables colegas:

El lenguaje no es sexista. Los sexistas somos los hablantes. Posiblemente ya hubieras caído en ello hace tiempo, pero es importante plasmarlo por escrito -verba volant scripta manent- para ver la repercusión que tiene esto. El lenguaje es una herramienta potentísima que utilizamos como queremos. La mayoría de las veces la usamos simplemente para comunicarnos, pero en esos usos prácticos, la cargamos de elementos que nos permiten, a la vez que nos comunicamos, manejar a nuestro interlocutor. Hasta ahí todo claro.

El idioma, el lenguaje, la palabra se ha utilizado per saecula saeculorum como fuente de autoridad. Sobre todo desde los púlpitos. Y siempre se le dio mayor importancia a la palabra escrita -infalibilidad de las Escrituras- que a la palabra oral en ciertos ámbitos. Pero llegaron la radio y la televisión y la oralidad recuperó su valor, su estatus. Siempre he creído que oralmente uno comunica y que por escrito adoctrina. No sé, no sé... Ese no era el tema de la entrada de hoy. El caso es que a través de la oralidad, a través del uso real del idioma, a través de su manejo como herramienta eficaz de comunicación es por donde se empiezan a colar el sexismo o la intolerancia.

Esto es un "coñazo" y lo otro "cojonudo", "tu puta madre", "¡qué zorra la tía esa!", ese chaval es un "machote" y algunas expresiones más demuestran que el lenguaje es sexista. Pero ojo, que el discurso de izquierdas no nos lleve a engaño y empecemos a creer que decir "los alumnos", a secas, es sexismo del lenguaje. Eso forma parte de nuestra gramática universal. En español siempre se ha formado así el plural: masculino + femenino = masculino plural. Pero eso no quiere decir que el lenguaje sea sexista. Simplemente que seguimos el patrón latino de la formación del plural. Pero además hay que tener cuidado con los singulares no marcados genéricamente (esto es, los que no terminan en -a u -o, que en español son los morfemas flexivos que marcan género), para que no caigamos en la creación absurda de palabras que no tienen mucho sentido, como "miembra" o "policío". Igual que los adjetivos "amable", "alegre" o "feliz" no hacen concordancia de género, porque directamente no tienen marca para este valor gramatical, los sustantivos anteriores no tienen que hacerla.

Pero vivimos en la era de lo políticamente correcto y dirigirse públicamente a una audiencia mixta como "estimados oyentes" es síntoma de machismo lingüístico y ahora se recurre en la oralidad al "estimados y estimadas" y en el lenguaje escrito a cosas como "estimados/as" o incluso "estimad@s". Para evitar las barras y las arrobas y mantener la corrección política, tengo una profesora que cuando envía e-mails a sus compañeros de departamento, en los que se encuentran varones y mujeres, opta por la selección de vocabulario no marcada genéricamente. Así, con un "amables colegas" nadie se ofende, y todos y todas tan contentos y contentas.

23 de mayo de 2010

Wikipedia y los enlaces infinitos

Hace apenas una década, o un par de años más, habríamos creído impensable ser conocedores, en tan sólo unos pocos minutos, de todo aquello que nos produjera curiosidad.

Existen los milagros. El hombre hace milagros. Wikipedia es uno de esos milagros producto del ser humano. Sé que hay que andar con mil ojos cuando estamos navegando por la red, ya que la cantidad de información imprecisa o falsa es muy grande. Tan grande como la cantidad de información fiable que podemos encontrar. Aunque bien es cierto que cada vez más, el grado de precisión y fiabilidad de la gran fuente que es Wikipedia, está más asegurado.

Por eso, yo hoy he conocido, gracias a Wikipedia, la leyenda de Gilgamés, cuya epopeya publica ahora Alianza Editorial. Y de la referencia de Gilgamés, he pasado a la de la escritura cuneiforme, que ha avivado mis recuerdos de conversaciones lingüísticas en un piso de estudiantes, frente a la escultura al maestro Salinas, en Salamanca. Y he recordado los alfabetos acadio y copto, que me han llevado a Aitor, estudiante de Filología Clásica que me enseñó a cantar el "Zorionak Zuri", que me ha hecho relacionar la idea con las lenguas prerromanas y de entre ellas rescatar el celtíbero, origen de nuestra actual "vega". Y así hasta el infinito, con sinapsis de nuestros recuerdos y conocimientos, y con enlaces virtuales: pinchando en hipervínculos como si estuviéramos lanzando dados en el juego de la oca. Alimentando conocimientos propios con los adquiridos en cada uno de los clicks de ratón.

Con un panorama del conocimiento como hay ahora, con todas las posibilidades de hoy en día, ¿crees que Sócrates repetiría, no sin antes pensárselo unos segundos, su famosa cita del "sólo sé que no sé nada"?

5 de octubre de 2009

Cambiar de aires



Oficialmente (lo dice la RAE), cambiar de aires es 'cambiar de residencia'. Entre tú y yo, cambiar de aires puede ser muchas otras cosas. Cambia de aires el que se escapa un fin de semana a la sierra para descansar de toda la semana. Cambia de aires el que, harto del lujo de su vida, decide entrar de voluntario en cualquier asociación que requiera de sus servicios. Cambia de aires el que estructura su mente de otra manera. Yo hoy comienzo un cambio de aires incorporando a mi organización mental un nuevo idioma. Tras meses de dudas, incentivos internos y externos, un estupendo viaje y un pequeño cambio de mentalidad gracias al desfase cultural de hace unos meses, he decidido apuntarme a estudiar alemán. Un cambio de aires.

Desconectar de la vida de aquí. Descubrir la versatilidad de los músculos fonadores. Aprender que uno es capaz de hacer lo que se proponga, incluido pronunciar tres consonantes juntas al inicio de palabra. Y lo más importante, tener la certeza de que en una vida hay cientos de vidas.

Hoy he aprendido algo esencial (y no han sido los números en alemán): todos somos capaces de todo. Si he podido pronunciar zwei, podré sacar adelante a mis chicos de apoyo de segundo. Aunque ello requiera tiempo. No hemos nacido aprendidos.

24 de febrero de 2009

Do you speak English?



Esa fue la pregunta recurrente en Alemania. Porque yo no podía comunicarme allí más que en inglés. Y la mayoría de la gente sabía. Mejor o peor, pero sabían. Y quizás no fueran las conversaciones más fluidas que he mantenido en la vida, pero lo suficientemente claras como para comprar un billete de tren, explicar cómo es el sistema educativo español y el alemán o comprar un delicioso croissant con mantequilla.

Ellos, aquí, hacen la misma pregunta. Y se encuentran con la expresión sorprendida de quienes les escuchan y no saben qué decir porque no, no hablan inglés. Y algunos de ellos, dominando cuatro lenguas, son incapaces de comunicarse aquí. Porque no, lo nuestro no son las lenguas.

¿Cuándo aprenderemos la importancia de las lenguas en este país? Aunque no sé de qué me sorprendo, si incluso hablar las lenguas cooficiales está mal visto y es penalizable por algunos...

Estos días, más que nunca, me maravillo con Babel...