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15 de abril de 2009

Sonetos corporales / y 12

XII

Cuerpo entre yerba y pólvora soñado,
amor de brizna helada y explosiones,
sólo me diste un haz de exhalaciones
sobre un temblor de césped graneado.

Ya que mi sangre armaste de humo helado
y grama ardida en mis entrañas pones,
prende treguas, congela mediaciones,
volviendo a yerba y pólvora mi estado.

Verde pie en el desastre, desafío
de estallada pasión y lumbre fiera
contra el helor quemado de tu empeño.

Mas ¿cómo arder, si el humo ya está frío,
si el césped ya es ceniza barredera
y fue tan sólo pólvora de mi sueño?

13 de abril de 2009

Sonetos corporales /11

XI

Rubios, esbeltos mimbres, afilados
de luz, líquidos juncos siempre erectos,
persistencia en los chorros más perfectos
de las fuentes, a esgrima levantados.

Fustes de chopos nunca doblegados,
columnas de cipreses arquitectos,
redondos, duros, rígidos conceptos
de los viriles cactus comparados.

Se siente el hombre vértice y techumbre.
Mira abajo la mar y enfurecida
la espuma virgen que lo incita, huyendo.

¡Bajar de un salto, sí, mientras se encumbre
entre los poros esta espada urdida
de savia verde para herir ardiendo!

12 de abril de 2009

Sonetos corporales /10

X

Luna mía de ayer, hoy de mi olvido,
ven esta noche a mí, baja a la tierra,
y en vez de ser hoy luna de la guerra,
sélo tan solo de mi amor dormido.

Dale en tu luz el reno perseguido
que por los yelos de tus ojos yerra,
y dile, si tu lumbre lo destierra,
que será lana su destierro y nido.

Tiempos de horror en que la sangre habita
obligatoriamente separada
de la linde natal de su terreno.

¡Ay luna de mi olvido, tu visita
no me despierte el labio de la espada,
sí el de mi amor, guardado por tu reno!

11 de abril de 2009

Sonetos corporales /9

XIX

(Guerra a la guerra por la guerra.) Vente.
Vuelve la espalda. El mar. Abre la boca.
Contra una mina una sirena choca
y un arcángel se hunde, indiferente.

Tiempo de fuego. Adiós. Urgentemente.
Cierra los ojos. Es el monte. Toca.
Saltan las cumbres salpicando roca
y se asesina un bosque, inútilmente.

¿Dinamita a la luna también? Vamos.
Muerte a la muerte por la muerte: guerra.
En verdad, piensa el toro, el mundo es bello.

Encendidos están, amor, los ramos.
Abre la boca. (El mar. El monte.) Cierra
los ojos y desátate el cabello.

10 de abril de 2009

Sonetos corporales /8

VIII

Vuela la noche antigua de erecciones,
muertas, como las manos, a la aurora.
Un clavel prolongado desmejora,
hasta empalidecerlos, los limones.

Contra lo oscuro cimbran esquilones,
y émbolos de una azul desnatadora
mueven entre la sangre batidora
un vertido rodar de cangilones.

Cuando el cielo se arranca su armadura
y en un errante nido de basura
le grita un ojo al sol recién abierto,

futuro en las entrañas sueña el trigo,
llamando al hombre para ser testigo...
Mas ya el hombre a su lado duerme muerto.

9 de abril de 2009

Sonetos corporales /7

VII

Nace en las ingles un calor callado,
como un rumor de espuma silencioso.
Su dura mimbre el tulipán precioso
dobla sin agua, vivo y agotado.

Crece en la sangre un desasosegado,
urgente pensamiento belicoso.
La exhausta flor perdida en su reposo
rompe su sueño en la raíz mojado.

Salta la tierra y de su entraña pierde
savia, venero y alameda verde.
Palpita, cruje, azota, empuja, estalla.

La vida hiende vida en plena vida.
Y aunque la muerte gane la partida,
todo es un campo alegre de batalla.

RAFAEL ALBERTI

vs.

Llegó todo el lugar, y despedido,
casta Venus, que el lecho ha prevenido
de las plumas que baten más süaves
en su volante carro blancas aves,
los novios entra en dura no estacada:
que, siendo Amor una Deidad alada,
bien previno la hija de la espuma
a batallas de amor campo de pluma.


LUIS DE GÓNGORA (Soledad Primera)

Éste me lo enseñó Javier San José tres años después, y yo hoy uno el tiempo que los separa y te muestro la forma más bella de hacer la guerra.

7 de abril de 2009

Sonetos corporales /6

VI

Cúbreme, amor, el cielo de la boca
con esa arrebatada espuma extrema,
que es jazmín del que sabe y del que quema,
brotado en punta de coral de roca.

Alóquemelo, amor, su sal, aloca
Tu lancinante aguda flor suprema,
Doblando su furor en la diadema
del mordiente clavel que la desboca.

¡Oh ceñido fluir, amor, oh bello
borbotar temperado de la nieve
por tan estrecha gruta en carne viva,

para mirar cómo tu fino cuello
se te resbala, amor, y se te llueve
de jazmines y estrellas de saliva!

6 de abril de 2009

Sonetos corporales /5

V

Por allí hondo, una humedad ardiente;
blando, un calor oscuro el que allí hervía;
sofocado anhelar el que se hundía,
doblándose y muriendo largamente.

Labios en labios que no ataca diente
lengua en garganta que se corta, umbría;
áspero alrededor, fiera porfía
por morder lo imposible de la fuente.

Fiera porfía, ya que ni a la hembra
más hembra ni al varón más varón dieron
otra cumbre que ser sembrado y siembra,

pues lo demás, ¡oh cuerpos desvelados!
son fulgores que al alba se perdieron
en un súbito arder, desesperados.

5 de abril de 2009

Sonetos corporales /4

IV

Un papel desvelado en su blancura.
La hoja blanca de un álamo intachable.
El revés de un jazmín insobornable.
Una azucena virgen de escritura.

El albo viso de una córnea pura.
La piel del agua impúber e impecable.
El dorso de una estrella invulnerable
sobre lo opuesto a una paloma oscura.

Lo blanco a lo más blanco desafía.
Se asesinan de cal los carmesíes
y el pelo rubio de la luz es cano.

Nada se atreve a desdecir al día.
Mas todo se me mancha de alhelíes
por la movida nieve de una mano.

4 de abril de 2009

Sonetos corporales /3

III

Huele a sangre mezclada con espliego,
venida entre un olor de resplandores.
A sangre huelen las quemadas flores
y a súbito ciprés de sangre el fuego.

Del aire baja un repentino riego
de astro y sangre resueltos en olores,
y un tornado de aromas y colores
al mundo deja por la sangre ciego.

Fría y enferma y sin dormir y aullando,
desatada la fiebre va saltando,
como un temblor, por las terrazas solas.

Coagulada la luna en la cornisa,
mira la adolescente sin camisa
poblársele las ingles de amapolas.

3 de abril de 2009

Sonetos corporales /2

II

Asombro de la estrella ante el destello
de su cardada lumbre en alborozo.
Sueña el melocotón en que su bozo
al aire pueda amanecer cabello.

Atónito el limón y agriado el cuello,
sufre en la greña del membrillo mozo,
y no hay para la rosa mayor gozo
que ver sus piernas de espinado vello.

Ensombrecida entre las lajas, triste
de sufrirlas tan duras y tan solas,
lisas para el desnudo de sus manos,

ante el crinado mar que las embiste,
mira la adolescente por las olas
poblársele las ingles de vilanos.

2 de abril de 2009

Sonetos corporales /1

Esto me lo enseñó Antonio Sánchez Zamarreño. A Enrique le picó la curiosidad y la Casa de las Conchas nos la satisfizo a ambos.

I

Lloraba recio, golpeando, oscuro,
las humanas paredes sin salida.
Para marcarlo de una sacudida,
lo esperaba la luz fuera del muro.

Grito en la entraña que lo hincó, futuro,
desventuradamente y resistida
por la misma cerdada, abierta herida
que ha de exponerlo al primer golpe duro.

¡Qué desconsolación y qué ventura!
Monstruo batido en sangre, descuajado
de la cueva carnal del sufrimiento.

Mama la luz y agótala, criatura,
tabícala en tu ser iluminado,
que mamas con la leche el pensamiento.

RAFAEL ALBERTI

15 de enero de 2009

En la distancia...

La distancia puede ser geográfica o temporal. La peor distancia es la temporal. Es esa que te separa de algo o alguien en el tiempo, pero no en el espacio, porque lo tienes ahí mismo. La distancia temporal es la que me separa de mí misma, de la persona que fui este verano o hace dos o tres veranos, e incluso de la persona que fui el 1 de enero y que ya no soy. Cuando pienso en mí y en esta distancia no me preocupo mucho porque a pesar de la distancia temporal, yo me sigo reconociendo a mí misma en las actividades de cada día.

Lo malo, o lo triste, o lo que me preocupa, es esa distancia que me separa de algunos amigos. Esa distancia absurda que consiste en irte alejando de ellos (manteniéndote en el mismo lugar, o incluso estando más cerca) conforme va pasando el tiempo. Hay veces que el tiempo deja huellas tan profundas, que uno se olvida de rescatar a sus amigos del vagón del pasado. Hay otras veces que el destino (o el azar, o yoquesé) te los pone delante de nuevo.

Hoy me he encontrado a un amigo de estos de los que me separó primero la distancia, y después, el tiempo. Nacho. Ha sido en el tren, un lugar donde normalmente me ocurren cosas mágicas y que me está ayudando a vivir en esta desconsolada Madrid. Nacho, el tren y yo. Un abrazo breve e intenso. Tres, cuatro palabras. Y yo en una dirección, él en la contraria. Un sabor dulce y amargo al mismo tiempo. Por haber vuelto y no haber llamado; por haber dejado que la distancia del tiempo nos separase. Y de repente, de la memoria he rescatado un poema que yo misma escribí y que le dediqué a él, porque esa noche estaba ahí, escuchándome. Esa noche en la que le enseñé los Sonetos Corporales de Alberti y aproveché para que leyera un poema mío.

Otra vez el tren, otra vez la poesía, otra vez la amistad. Y siempre el tiempo trayendo y llevándose a las personas.

Aquel poema pervive aún hoy en una carpeta de mi escritorio. Yo espero que él retenga en la memoria alguno de los versos. Para Nacho van hoy de nuevo:

Es una rueda que arrolla lentamente, de parte a parte.
Siempre comienza en la rodilla
con aires de mudanza, de vuelo tostado en noches tristes.
Siempre termina en la garganta
fascinada de todo, quizás siempre por nada.
Y el bucle azul de los párpados susurra tediosamente
cosas que no entiendo, lo que soy
sin inmutarme. Lo que puedo y
lo que no quiero.

Otra vez la rueda. La espantosa rueda de
los muslos. De piel de leche y estómago vacío.
La rueda que gira, que siente que no es nada
sin él. La rueda que amenaza con saltarse
los 'stops' del cuerpo. Una rueda invisible
que muta. Que es rueda y ojos a la vez.
Que es rueda y risa de cristal. Que miente
a mis caderas. Que derrama recuerdos en cada curva,
en cada centímetro al que alguien
un día se asomó. Otra vez la rueda
engaña.

Cuando llega a la garganta las aguas
de los cuerpos se han secado, la rueda retoma
su camino de silencios jadeantes. Hacia atrás
mieles que hoy son afluentes, párpados rojos
de besos que se borran. Y la rueda
gira, y la rueda trae lo que no soy,
me devuelve lo que quiero.


Lo rescato de entre la adolescencia y la certeza de hacerse adulto. Con la torpeza de los que desean pero no saben. Con la inseguridad de los que empiezan a andar solos. Hoy este poema de otro tiempo que vuelve a nuestro tiempo.