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1 de octubre de 2010

Infancia

Para los que están en Madrid, recomiendo una exposición maravillosa de fotografías de Isabel Muñoz sobre infancia y derechos de los niños. Ante todo, como dice ella, tienen el derecho a existir. Y sobre todo, a ser vistos y respetados. El otro día mi médica, mientras me hacía un chequeo rutinario, me habló de su hija pequeña y de cómo consideraba ella que se ha perdido el respeto a los niños. Me recordó la exposición de Isabel Muñoz y que no había hecho referencia a ella aquí. Hoy he vuelto a la infancia y a las imágenes excepcionales de esta fotógrafa y creo que tengo el deber de recomendar que vayas a verla. Porque la autora es una artista, pero sobre todo porque esos -y todos los- niños merecen ser mirados con cariño. Con el cariño de quien observa una obra de arte.

23 de noviembre de 2009

Celebraciones '2


¿Es verdad que te gusta verte hundida
en el mar de la música; dejarte
llevar por esas alas, abismarte
en esa luz tan honda y escondida?
Música tuya, Blas de Otero.


A Miwe, al que nunca llamo, pero del que me acuerdo. Y a Enrique, verdadero sagitario. A los dos, por músicos.


Me encanta celebrar cualquier cosa. Estoy deseando que haya algún acontecimiento para celebrarlo. Cada uno celebra cada cosa de una manera diferente. A mí hubo un año que me dio por celebrar el cumpleaños de un amigo escribiendo poemas. Otras veces celebro llorando o riendo. Es común también que las personas celebremos los acontecimientos brindando (¡qué alegría da la palabra mágica "chinchín"!) o comiendo. Sí, en esta cultura somos muy propensos a celebrar comiendo. En otros tiempos, en otras culturas, las celebraciones se llevan a cabo ayunando. Otra forma curiosa de celebrar.

A mí, entre acontecimientos diversos, se me pasó ayer celebrar el Día de la Música contigo. Fue un despiste. Pensando en cómo subsanarlo, se me ha ocurrido que la mejor forma de celebrar este día (aunque venga con unas horas de retraso) es con música. Estaba claro, ¿no? Dándole vueltas al regalo de este post-día de fiesta, he creído que lo más conveniente es unir celebraciones y, aprovechando que la cosa va de músicos, festejar este día escuchando la música de dos compositores que también hoy celebran.



Manuel de Falla, de estar vivo, celebraría hoy su cumpleaños. La mejor forma que tengo de celebrar un cumpleaños así es escuchando una pieza como ésta de "El amor brujo". A Falla y Albéniz no podía cansarme de escucharlos de pequeña las mañanas de domingo, mientras mis padres hacían las tareas de la casa o leían el periódico. Entonces, creo que empecé a apreciar la música. Aunque no fue hasta la aparición de Enrique, que empecé a disfrutarla y a veces incluso a amarla. Manuel de Falla está entre uno de los recuerdos más bellos de los domingos soleados de mis primaveras pueriles.

También celebra hoy su cumpleaños, y éste sí que está vivo, Ludovico Einaudi, pianista italiano que me dio a conocer Miwe, a quien le dedico estas palabras de hoy. Einaudi es el reposo de los días fríos y poco amables, es una tabla en el naufragio de los días cotidianos. Verdaderamente agradable cuando lo de fuera no acompaña.



Creo que estas dos piezas son para ti que hoy has caído aquí por casualidad, pero sobre todo son para Enrique y para Miwe, que alguna vez hicieron que me hundiera en el mar de la música. Para ellos, auténticos náufragos del vilín y del oboe. Amantes de la música por encima de todo. Amantes, también, de la poesía. A Enrique, destinatario de muchas celebraciones, que en un día 24, cumplirá 23.

20 de febrero de 2009

Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar

Hace unos días, una profesora alemana de español me dijo cuáles eran los libros en español que leía con sus alumnos. Me recomendó algunos que yo no había leído y los olvidé cinco minutos después. Varios días más tarde, en Hamburgo, paseando por una librería interesante con postales de Käte Kollwitz, vi un título que me recordó a aquéllos que me había recomendado. Estaba en español con anotaciones en alemán. Bien, pensé, así podré aprender algunas palabras en alemán. Lo compré. Y no empecé a leerlo hasta ayer.

Luis Sepúlveda escribió este fantástico relato para sus tres hijos Sebastián, Max y León. Un día, hablando con Yolanda sobre literatura infantil, ella me dijo que no estaba muy interesada en este tipo de género. Le di la razón en algunos aspectos, pero no en otros, porque creo que hay muy buena literatura infantil: la que va dirigida a toda la humanidad. Las fábulas son el mejor ejemplo de literatura infantil, y también el mejor ejemplo de literatura universal. Esta Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar, es la fábula más bella que he leído en años. Creada para convertir en héroe a un gato agonizante, narra la importancia de la amistad, el apego a la tierra donde uno nace o vive, la necesidad de encontrar el lugar propio de cada uno y también la posibilidad de sentirse un igual entre diferentes. Habla sobre la vida, sobre la muerte, sobre la imaginación, sobre las relaciones entre humanos y animales, sobre el respeto y la tolerancia. Habla sobre el mar, la tierra, el cielo y la poesía. ¡Habla de tantas cosas en tan pocas páginas!

Leer es encontrarse, y yo me he encontrado en las páginas de este libro finito y desapercibido. Leer es entrar en contacto con el mundo y sentirse más libre. Yo, estos días en Hamburgo, me he sentido en contacto con el universo entero leyendo estas páginas. He pensado en generaciones de niños leyendo este relato maravilloso y he sonreído imaginando el bien que les haría.

Intuyo, lector, que ahora estarás interesado en leerlo. Te recomiendo Hamburgo para hacerlo, o cualquier asiento cómodo desde el que dibujar mentalmente el puerto, San Miguel y todas las gaviotas que, sin darse cuenta, te narran su historia y la de Afortunada.

Ahora dos citas para ir abriendo el apetito de lectura:

“En tu vida tendrás muchos motivos para ser feliz, uno de ellos se llama agua, otro se llama viento, otro se llama sol y siempre llega como una recompensa luego de la lluvia. Siente la lluvia. Abre las alas”.

“El humano acarició el lomo del gato.

- Bueno, gato, lo hemos conseguido –dijo suspirando.
- Sí, al borde del vacío comprendió lo más importante –maulló Zorbas.
- ¿Ah, sí? ¿Y qué es lo que comprendió? –preguntó el humano.
-Que sólo vuela el que se atreve a hacerlo –maulló Zorbas.”

[Es el mejor final para una historia como esta. Es el mejor final para este viaje].

Münsterdorf, 19 de febrero de 2009.