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4 de diciembre de 2012

¿Recuerdas...?


Recuerdo que durante bastante tiempo me gustaba empezar los poemas que escribía con esta palabra: recuerdo. Quizás estaba influida por la poesía maravillosa de Alberti, esa que habla de los "tres recuerdos del cielo", uno de mis poemas favoritos. Sin duda. Ese que habla de la edad de la rosa y el arcángel.

Entonces yo recuerdo que, una vez, en el cielo...

Y aparece otra vez el mundo del gallego, Galicia y los acentos del norte. Me llega con un rumor de pasado, de recuerdos, desde el oeste, esta canción estupenda. Y la rabia de haber silenciado mi voz en gallego, la voz que resuena por dentro algunas veces, así, como de pasada. Una voz que se nutre del recuerdo, de cuando, una vez, en el cielo...

19 de abril de 2012

En-cuent[r]os (1)

Hay encuentros que duran menos de veinticuatro horas, y que recordarás toda tu vida.

27 de octubre de 2011

Norwegian Wood

Que es como decir Tokyo Blues, de Murakami.

Lo leí hace ya casi un mes, pero la melodía resuena en mi cabeza y me tropiezo con ella en rincones insospechados. Como con la trama. Es apasionante la manera en que algunas novelas te atrapan y no te sueltan. Te agarran fuerte de la mano y te van guiando por un trocito de la senda de tu vida. Tokyo Blues no me suelta de la mano en Londres. Sus personajes, marcados todos por la muerte y el suicido, se parecen tanto a mí y a la gente que me rodea, que tengo miedo de que alguno de nosotros nos convirtamos en ellos. Los llamo personajes porque siempre olvido el nombre de los seres que habitan los libros, pero todos tienen un rostro, y todo tiene su música, su luz y sus paisajes. Todos tienen entidad aunque los personajes hayan perdido sus nombres.

La melodía que abraza a todas las personas que aparecen en el libro -y perdónenme los críticos literarios por llamarlas personas, pero los siento tan de carne y hueso y tengo tan claro que me los cruzo a diario en el metro, que no puedo evitarlo- es de los Beatles. Siempre me han gustado los Beatles y siempre los he escuchado muy poco. Porque mi hermano, que es el maestro musical de mi infancia y adolescencia, nunca los escuchaba. Ahora vivo en el país de los Beatles y sigo sin escucharlos. Y tuve que descubrir Norwegian Wood de la mano de un escritor japonés. Me alegro de haberlo hecho en Londres. Aquí tiene más sentido. Aún así, los Beatles quedan borrosos, como la marca de agua de una fotografía, en el panorama inmenso que está siendo Londres. Hasta ayer.

Covent Garden y un cantante callejero. Eran las siete de la tarde y la ciudad estaba fría y oscura. Ahí estaba él, en mi mente lo llamé Matt. Tocaba la guitarra y cantaba, y a veces se atrevía con la armónica. El frío era intenso, pero la música me atrapó, como la historia de Tokyo Blues. Y escuché y escuché hasta que sonó Norwegian Wood y se me quedó enganchada en el rincón secreto donde se guardan las melodías que reaparecen horas, días o meses después. Esta mañana, cuando he salido a mirar cómo las hojas de los árboles ya han caído o se han teñido de rojo, como mi pelo, de repente ha salido a pasear también la melodía. Y durante horas la he tarareado sin saber qué tarareaba, dudando entre varios de los grupos y cantantes que ando descubriendo últimamente -¿Tracy Chapman?, ¿Neil Young?, ¿Counting Crows?-. Ha sido ahora, hace apenas media hora, cuando al escuchar las notas de la guitarra que Daniel ha comprado para amenizar -más aún- la vida en West House, cuando he pensado en ese personaje maravilloso de Murakami que toca Norwegian Woods. Y entonces todo ha vuelto a tener sentido: la melodía, los paisajes de esta mañana, las personas que pueblan Tokyo Blues, la vida en Londres, los Beatles, el otoño. La vida es una espiral. No dejaré nunca de pensarlo.

19 de junio de 2011

Limpieza general

Junio es el mes de las limpiezas generales por excelencia. Junto con diciembre. Cada medio año uno se despoja de lo que ya no sirve, de lo que le ha hecho mal o no le ha hecho crecer como persona. Hay limpiezas necesarias pero imposibles de hacer. Más de una limpieza haría yo en la televisión, en el sistema político español, en el sistema educativo español -o mejor, madrileño-, en el sistema sanitario español, en la lengua de algunos personajes públicos que parece que sólo están hechos para insultar y criticar con malas artes...

Otras limpiezas son posibles y purifican. Con el fin del curso uno limpia y recoge sus apuntes, ordena los libros que ha leído, desde los más placenteros a los más aburridos. Con el fin del curso uno llega a conclusiones, hace una lista de la gente increíble, los que siempre quedarán en la memoria del 2010-11 -y en el corazón, claro- y los que acabarán perdiéndose porque nunca merecieron la pena. Limpiar significa borrar constancia de lo que un día existió. No quiere eso decir que eso deje de existir, sino simplemente que eso no nos hará crecer en un futuro y queremos soltar lastre, seguir avanzando con la maleta más llena, pero solo de aquellas cosas que realmente son importantes. 

Me gustaría hacer aquí una lista de esas cosas que me llevo a Londres en la maleta del próximo curso, las que sin duda han superado la limpieza literal y la metafórica; pero las cosas que uno lleva en su maleta son demasiado personales e íntimas -ya me lo enseñó Celia una vez- y es mejor dejarlas ahí dentro y mirarlas con los ojos de la nostalgia y el sentido común. Esas pequeñas cosas, y sobre todo esas personas, irán asomando por las páginas de este blog a lo largo del futuro igual que han asomado a lo largo del pasado: música, momentos, amigos, fotografías, símbolos, sonrisas,... Todo lo que merece la pena sigue en la maleta e iré desprendiéndome poco a poco de lo que ahora parece imposible pero que puede retrasar mi camino.

De la limpieza general de este junio os habéis salvado vosotros, los que me leéis, los que me queréis y me lo habéis dicho y me lo habéis demostrado. Se salvan poetas y dramaturgos, se salvan generaciones enteras de escritores, os salváis los que me habéis enseñado a hacer fotos -es decir, a aprender a mirar el mundo con otros ojos-, os salváis los que me habéis enseñado palabras en otras lenguas, os salváis los que habéis compartido conmigo. Te salvas tú, cuya vida cambia a partir de ahora de forma radical, y no sabes qué hacer. Pero confío en que tú y yo sabremos encontrar un nuevo camino que siga dando sentido a esta vida que ahora empezamos. Lejos o cerca, estás en mi maleta de las cosas que siempre superan la limpieza.


6 de enero de 2011

Imágenes

La vida puede mirarse con muchos ojos. Y está claro que las personas, individualmente, tenemos unos ojos diferentes para cada ocasión y vemos el mundo con una luz distinta en cada momento. Atrapar los instantes y grabarlos en nuestra memoria con la luz que nosotros llevamos dentro en ese segundo es el mejor ejercicio para ir creando nuestro álbum interno de recuerdos. Luego, uno puede comparar sus imágenes del recuerdo con las fotografías que alguien le hizo mientras experimentaba ese trocito de vida. Entonces, las imágenes "reales" y las "imaginadas" se unen y nos enseñan a ver la vida de forma más amplia y más abierta. Eso sí, ¿cómo saber cuál es la imagen real y cuál la imaginada?

31 de octubre de 2010

Volver

Citando el tango y a Almodóvar, vuelvo.

Hay cafés que se hacen esperar años, pero llegan y llenan tardes enteras. Hay cafés que en realidad son personas que te hacen pensar que sí, que no lo intuías, que de verdad el tiempo ha pasado por ti y has cambiado, pero que sin embargo sigue quedando algo imperturbable. Porque aunque la conversación quedó atrapada en la cadena de una bici a la entrada de la biblioteca hace siete años, la retomamos como si nada hubiera pasado. Como si hiciera un ratito nos hubieran enseñado a escribir haikus. En el fondo somos los mismos. En el fondo ayer nos redescubrimos. Al menos yo. Aparté unas horas a Steinbeck y dejé fluir la conversación de antaño. Soy la misma. Quizás con el barniz de Steinbeck y tantos otros que vinieron después de aquel Blas de Otero recomendado en las escaleras de la biblioteca. Ese verano aprendí a decir "desarraigo" y me regalaron un poema sobre Penélope. Después vinieron los grandes maestros: la literatura de canon. Y yo me fui haciendo entre Salamanca, Madrid y otros recovecos. Volvemos a Parla y nos nutrimos con el café de los años. Somos diferentes. Pero nada ha cambiado.


Gólgota

Dani Cerrato | Myspace Music Videos

29 de mayo de 2010

Pensar en você

Hace tiempo pensaba en un "você". Ya traje a este blog la canción de Daniela Mercury; una canción que por la dulzura del portugués, el desgarro de la voz de la cantante y la letra intensa, siempre me gustó. Me gustó tanto, que entró a formar parte de mi carpeta de canciones favoritas.

Las carpetas de canciones favoritas son peligrosas. Hay veces que las canciones no dejan de escucharse durante días y adquieren esa categoría suprema de favorita. Entonces, llega el momento crítico de añadirlas a la carpeta consabida. Pero... ¡cuidado! Esas canciones las cargan los recuerdos. O se cargan de recuerdos. Y eso significa que la carpeta de nuestras canciones no acaba siendo más que la carpeta de los recuerdos. Menos mal que los recuerdos cambian con el tiempo, se van transformando, van adquiriendo otros colores, otros olores y comienzan a llamarse con otros nombres.

Eso del cambio del nombre es lo que le ha pasado a este você de la canción. Ha perdido la esencia de sí mismo para transformarse en otra cosa. Sigue en la carpeta de las canciones favoritas, pero tiene otro nombre, o hay otro nombre que lucha por convertirse en ella. O ni siquiera se me pasa por la cabeza identificarla con nadie. Porque hay veces que necesitamos llenar la carpeta de los "vocês" y otras que, simplemente, dejamos que el tiempo los moldee. De cualquier manera, para você va hoy este .

10 de mayo de 2010

Nunca más demiurgo

Vuelvo otra vez a pensar en los poetas.

Vuelvo otra vez a pensar en mí como escribiente.

Recuerdo aquella época en la que los dedos ansiaban el descanso del día sobre las teclas del ordenador que aguardaba la poesía. La poesía que nacía de los viajes en tren, del día a día, de una lectura, una canción, una sonrisa, el eterno desamor... Y me lamento, hoy, de haber caído en la indiferencia de quien un día creyó hacer algo con sus palabras y hoy sólo las mira con nostalgia.

Recorro el blog de arriba abajo. Busco. Husmeo. Trato de encontrarme hoy entre los versos de antaño, entre los comentarios, la falsirego de los comienzos. No me reconozco. No me reconozco ahora. Yo soy la falsirego de entonces: con la vida teatralizada por la universidad, el estudio nocturno y los cafés vespertinos; una suerte de nerviosismo acechando el día a día en Salamanca, o en Madrid, o quién sabe, quizás el día a día de la hora en tren a la facultad. Yo me hice de Ismael Serrano, Sabina, Sabines, Salamanca, Santander, Santiago... siempre hubo eses en esa vida mía que inventaba, tratando de moldearme. Quise ser demiurgo. Demiurgo porque siempre amé esa palabra. Me la enseñó Yolanda; creo. Y yo siempre la escribía en mis exámenes. Me propuse incluirla en todos ellos. Porque entonces, demiurgo definía.

Hoy recorro mi vida de arriba abajo. Como si de un blog se tratase. Porque en blog he vivido mi vida de los últimos años. Porque en blog estoy dejando de vivirla para ti ahora. Y tengo la sensación de que nunca más seré demiurgo. Y eso, por supuesto, me humaniza.

Los que siempre me leyeron se han cansado de esperar palabras sueltas, absurdas, sin sentido. Falsirego quedó atrás y hoy sólo es un vestigio.

Como tantas otras veces, tendré esperanza en el renacer de falsirego, de la Palabra, de la Poesía, de nuestro vínculo, lector, de cada día. Como "falso yo" (Falsirego) te invito a que continúes cerca de mí, a que nos sigamos amando en silencio a través del arte. Pero con un amor real. El amor que nace de la Belleza y sólo con ella muere. Ahora que ha muerto el demiurgo, que viva la poesía. Que viva la vida.

8 de abril de 2010

Vaciarse

¿Has pensado alguna vez en la capacidad que tiene el ser humano para vaciarse?

Es como la papelera de reciclaje del ordenador, aunque no tan sencillo como presionar un botón y esperar que suene ese ruidito tan característico de papel arrugándose.

Nos vaciamos cuando de repente, después de mucho tiempo "cargando" con una molestia, una culpa, un asunto espinoso,... lo solucionamos. Nos liberamos.
Nos vaciamos también en los exámenes. Soltamos todo lo que llevamos dentro y si la materia no nos interesaba mucho, nos olvidamos del asunto hasta -quizás- la eternidad.
Nos vaciamos en el llanto.
Nos vaciamos cuando leemos. Hay que dejar espacio dentro de nosotros para recibir lo que nos está entrando. Por eso, vaciamos para ampliar nuestra capacidad de absorción. Si uno no vacía antes y se pone a leer a Kant, Spinoza o Aristóteles, seguro que le es muy difícil enterarse del tema.
Nos vaciamos al hablar con nuestros amigos. A la vez nos llenamos con sus palabras.
Nos vaciamos al desnudarnos. Queda solo el cuerpo, sin artificios. Prescindir de artificios es, en cierto modo, vaciarse.
Nos vaciamos en los viajes. Igual que con la lectura, uno antes de viajar debe lanzar hacia fuera lo superfluo para captar todo lo necesario: una brisa en un mirador, la roca húmeda de una ciudad del norte, el olor a salitre, la arena blanca y blanda de playas soleadas,...
Nos vaciamos al olvidar.
Porque nos vaciamos es preciso que el ser humano se llene de las mismas cosas de forma cíclica. Si acaso perdió algo de lo obtenido en uno de los vaciados de papelera, debe recuperarlo de alguna forma. Creo que para la mayoría, la ilusión y la esperanza es lo que más se recarga. ¿O realmente es reciclaje?





Si no fuéramos capaces de vaciarnos paulatinamente, algo iría mal dentro de nosotros. La sobrecarga de material impediría el buen funcionamiento de nuestros mecanismos internos, retrasaría mucho nuestros actos. Pero, ¿hasta dónde es prudente vaciarse? ¿Debemos despojarnos de todo lo superfluo o a veces es necesario mantener algo de ello dentro de nosotros? Y, lo más inquietante, ¿ese vaciado es consciente o inconsciente?

30 de marzo de 2010

Volver a Galicia

Cuando uno no abandona del todo un lugar donde ha estado y ha vivido cosas maravillosas, retorna a él continuamente.

Uno no sólo vuelve a un lugar, sino a un momento, a una persona, a un aroma, a una asignatura, a un poema, a un poeta, a una canción, a un instrumento, a una ideología, a un color (o a tres), a un sabor, a una calle, a una lluvia concreta, a una piedra, a una luz, a un lenguaje poético o científico, a una lengua, a Caballerizas, a una cita, a una muralla, a un café, a la hoja de un roble, a un vino, a un mes de abril concreto, a una bahía, a un colegio, a un bar, a un disfraz.

Uno vuelve, incluso, a aquellos lugares y a aquellas personas que nunca le pertenecieron. Eso hace aún más hermosos los retornos. Porque siempre hay en ellos una pizca de incertidumbre, de misterio, de esperanza y de inquietud.

Estos días estoy de vuelta de muchos lugares y personas. Nunca Jamás es mi destino más cercano.

17 de febrero de 2010

Vivaldi

Música para los días lluviosos con arcoiris.
Música para hacer memoria, recordar y desrecordar.

Música de espera.

19 de enero de 2010

Time

Este fue mi regalo de despedida. Yo pensaba que volvería a verte, y todavía el tiempo no me ha devuelto tu rostro.



Kroke para esta semana.

Aparco en segunda fila el ritmo de Matt Nathanson.

13 de diciembre de 2009

Recuerdos olfativos

La memoria nos juega siempre malas pasadas. Evocamos recuerdos, de memoria, que son la mayoría de las veces engañosos. Tenemos memoria de sensaciones que creemos que sentimos en un momento, pero que en realidad hemos fantaseado tiempo después. Recuerdas el sabor de una comida deliciosa que no lo era tanto, recuerdas la intensidad de un amor que a veces no fue ni siquiera amor...

De todos los recuerdos, los más fieles son los recuerdos auditivos y los olfativos. Sobre todo estos últimos. Es difícil evocarlos. Hay algo similar a ellos que se puede intentar reproducir sin mucho éxito. Se piensa en un olor concreto y a veces puede sentirse de nuevo, pero con matices diferentes, con carencias. Lo milagroso, sin embargo, es cuando revolotea en el ambiente un olor exactamente igual a otro que percibiste en el pasado. Entonces, el olor y todo lo que conllevaba ese olor se aparecen en tu presente y te transportan a lugares y épocas remotos. Hubo un olor, el olor de un perfume, que asocié a un mes. Podía ser cualquier otra época del año, podía estar lejos del depositario del perfume y, sin embargo, yo sentía que estaba viviendo en ese mes lejano. Las mismas sensaciones se manifestaban en contacto con ese aroma. Era algo increíble.

Estos días me está ocurriendo algo curioso, parecido a mi historia con el olor de aquel mes. Quizás es que hacía tiempo que no prestaba atención a mi glándula olfativa (si es que esa glándula existe); pero lo cierto es que vuelve a haber un olor evocador del pasado. En estos últimos días, cada tren al que subo huele a los trenes de Hamburgo en los que me subí hace casi un año.

Es extraño. En esta época del año alguien esperaría reencontrarme con el olor invernal del humo de chimeneas y el asar de castañas y, sin embargo, yo evoco un olor a trenes germanos... ¿Por qué será? ¿Es que la memoria olfativa también nos juega malas pasadas? Ahora, en cada tren, siento estar haciendo un viaje mucho más largo, más civilizado. Y espero que mi recuerdo auditivo también me regale las palabras mágicas: "Nächster Bahnhof: Dammtor".

9 de noviembre de 2009

9 de noviembre: día de fiesta (en el mundo)

Da la casualidad de que trabajo en Madrid y de que en Madrid hoy es un día de fiesta. En la capital, no en la comunidad. Eso significa que hoy no trabajo, que estoy ociosa y que pienso en otros nueves de noviembre. Concretamente pienso en cómo debió de ser el nueve de noviembre de hace veinte años. Les he preguntado a mis padres. Dicen que parece que fue ayer. Yo no recuerdo nada, claro. Alguna imagen perdida de un señor con una mancha en la cabeza; miles de personas apoyadas en una pared llena de pintadas en un idioma desconocido para mí (supongo que entonces, todos los idiomas me eran desconocidos; ¿sabría yo acaso qué era un idioma? Ni siquiera podía intuir yo que existiesen tantos idiomas y que yo acabaría, finalmente, estudiando aquel con el que se escribían las pintadas sobre el muro),... Eso es todo lo que recuerdo del nueve de noviembre de hace veinte años. O ni siquiera. Eso es el recuerdo que he creado en mi mente de aquel día perdido en la memoria de tantos y tan recordado por otros.



Hoy celebro una festividad religiosa en Madrid: la Almudena. Y ni siquiera sé quién fue esa Almudena. No tengo ni idea de qué hizo, de por qué es la patrona de Madrid, de por qué seguimos descansando los días que el gobierno y la tradición consideran "días santos". Para mí hoy es un día de fiesta por otro motivo. Un día de fiesta en el que trato de imaginar qué sintieron todos aquellos alemanes, checos y austriacos cuando finalmente pudieron pasar de su mundo, al mundo real. Porque creo que el mundo real era el de la RFA y que en la RDA sólo algunos trataron de vivir en un sueño de democracia que era de todo menos democrático. No sé. Miro hacia atrás con los ojos de ahora. Miro hacia atrás después de haber leído muchas historias y después de haber escuchado a muchas personas narrar su vida de esos días. Nunca seré objetiva con respecto a este tema porque la opinión pública nos ha vendido siempre la caída del muro como la liberación de un país. Y así lo siento yo. Pero claro, yo sólo tenía tres años entonces. Yo no entendía nada de la vida, y sólo ahora voy comprendiendo algunas cosas. Aún así, sólo tengo la imaginación para tratar de sentir lo que ellos sintieron; sólo parto de mi moral para juzgar lo que ocurrió entonces.



Con los recuerdos, los vídeos, las historias, las imágenes, las canciones y mis veintitrés años, siento que hoy es un día de fiesta. Me emociona pensarlo. Es un día de homenajes. Siento que Berlín merece más el día de fiesta, que esta Almudena que me es más extraña que la historia reciente alemana.

25 de junio de 2009

Resaca de emociones

Para Jorge Diego


Hay días en los que uno sufre resaca de recuerdos, de emociones por los acontecimientos que han ocurrido los días previos. Se acercan los finales, se acercan nuevos principios y eso causa una especie de angustia extraña en la que uno comienza a mirar atrás para recordar lo que le hizo bien. Es una forma de asegurarse de cuáles son los pasos que tiene que andar.

Tras el cierre de las grandes puertas del pasado, a uno siempre se le olvida cerrar algunas ventanas. En esas ventanas se cuela la esperanza, los amigos de antaño que te sacaron una sonrisa. Con las puertas cerradas y algunas ventanas entreabiertas se me ha colado el recuerdo de MAVE 2008 y con él la polaridad extraordinaria de un chico de aire, la dulzura de una cántabra en Londres y la fuerza intelectual de un leo leonés.

Creo que este mensaje es demasiado encriptado. Es mejor terminar con él recordando una melodía que me atrapó en ese MAVE. Como siempre, la elección, al igual que las buenas ideas, vino de la mano de Jorge.

27 de mayo de 2009

Sueños



Esta noche he soñado con Marta. En realidad no recuerdo el sueño. Sólo sé que Marta campaba por él a sus anchas con su sonrisa permanente y su abrazo de dulzura. Acabo de acordarme ahora, justo cuando pensaba en todas las películas que he visto acompañada por amigos. Curiosamente, no he recordado ninguna de las que he visto con ella. Se me ha venido a la cabeza La vida secreta de las palabras, que vi en Santiago de Compostela, en la habitación de un hostal en el portátil de un amigo. Esa película parece el sueño que Marta nunca tendrá. Esa película es el océano en sí misma, una mirada rubia y un amor que atraviesa la realidad. Una de las canciones que componen la banda sonora de esta película es "Hope there's someone" y la cantan Antony and the Johnsons. Siempre que la escucho me acuerdo de todos menos de esa tarde en Santiago, del barco y de la falda roja que llevaba puesta.

24 de abril de 2009

Síndrome de Diógenes



Siempre me he reído de Marta porque lo guarda todo. Tiene sus "altares" de libros, velas y fotos de Bruce Springsteen y almacena, incansable, recuerdos de todos sus viajes, de todas las veces que hemos salido a comer fuera, de todos los cines, teatros, museos y conciertos a los que ha ido. Es increíble. En el mínimo espacio que habita, conserva miles de papeles y vive bien allí.

Yo hoy me he dado cuenta de que soy un poco así. Uno se da cuenta de que es así cuando, al abrir cajones, se encuentra con cajas de cartas, mensajitos en botellas, decenas de cds grabados, y dentro de la cartera, varias entradas de conciertos en las que ni siquiera se ven ya las letras que decían quién tocaba. En esos momentos; quiero decir cuando uno se da cuenta de que está viviendo de pasados, entran unos sudores fríos, unas ganas incontrolables de tirarlo todo y dejarle el trabajo de recordar sólo a la memoria. Entonces, es cuando los movimientos se hacen lentos. Se empiezan a leer esas cartas, a mirar esas fotos, a escuchar esos cds. Son parte de uno mismo. Cientos de imágenes comienzan a revolotear alrededor de la cabeza. Una gota de nostalgia asoma a los ojos. Las manos ya están dispuestas a rasgar el papel. La papelera ha sido vaciada para esta tarea. Pero es imposible.

Será por eso que aún conservo el marcapáginas de tortuga que coloreamos y plastificamos el Día del Libro de hace ¿trece? años. En el colegio. Ya entonces devoraba libros. Ya entonces empecé a almacenar recuerdos.

3 de marzo de 2009

Canciones. 11

There are many things
that I would like to say to you
but I don't know how.




No recuerdo muy bien si era de noche o de día, esas nubes eternas siempre me confundían. Creo que iba en tren. Creo que nevaba. Y de repente, desde un rinconcito del recuerdo, la música y la letra de esta canción. Desde entonces la canté durante días. Hoy la he vuelto a recordar y te la dedico.

29 de enero de 2009

Recuerdo

Es un buen título para esta entrada. Porque hace referencia a la canción que te voy a presentar, del mismo nombre, y porque se refiere también a lo que siento cada vez que la escucho.

A Ismael Serrano lo escucho cuando estoy estudiando o trabajando. No sé muy bien por qué. Adquirí esa costumbre cuando estaba en segundo de carrera, cargaba con una historia de desamor al hombro y trataba de evadirme escuchando otras historias tan semejantes a la mía y que a la vez no tenían nada que ver. Como me dio por escuchar a Ismael Serrano en esa época, cada vez que lo reescucho en esta época, me vienen recuerdos de aquel año extraño, de aquellas evocaciones que entonces tenía.

Hoy (aunque esto lo leerás después, porque es una entrada programada) estoy ante el mismo ordenador de entonces, las mismas gafas, distintos conceptos y un bolígrafo (dejé atrás la pluma) nuevo. La música es la misma; pero ya nada es igual. Entonces, iba andando a clase. Ahora tomo el tren. El de la canción, el metro. Las noticias siguen siendo asesinas, el desayuno sigue siendo el mismo; pero sigue sin haber asientos de enfrente, ni ojos de otra época.
Aquella historia no me ocurrió a mí, sólo la evoqué. Y hoy, la recuerdo.


Recuerdo, Ismael Serrano.

28 de septiembre de 2008

EVOCACIONES

El ser humano no está hecho de presente, sólo de pasado y de futuro. De recuerdos, de ilusiones y expectativas.

Hoy ha llovido. Y yo que estoy hecha de lluvia y de tierra mojada he recordado el pasado con nostalgia. Yo, que estoy hecha de recuerdos y evocaciones, tengo que tener cuidado al salir a la calle porque miles de olores, visiones y melodías me acechan amenazándome con un viaje al pasado del que siempre tardo en regresar.

Me evocan el pasado el olor a diciembre, algunas canciones, unos ojos humedecidos, ciertas películas, la lluvia, Santander, Salamanca, Santiago de Compostela (las 3 eses de mi vida), un poema de Cernuda, una sudadera verde de las excursiones al campo, las hojas secas de otoño, un bolígrafo del Principito, Taoas, Sonata Arctica, las fotos que escondo en el fondo de algunos cajones…
Y yo, que estoy hecha de evocaciones, te pregunto ¿qué te lleva al pasado?