Mostrando entradas con la etiqueta enamoramiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta enamoramiento. Mostrar todas las entradas

1 de marzo de 2009

A veces nos figuramos que estamos enamorados

A veces creemos que estamos enamorados, y eso nos lleva al mundo de los mortales. Creernos enamorados nos hace descender de cualquier pedestal en donde algún día creímos estar, y nos pone los pies en el suelo.

Me gusta figurarme que estoy enamorada.

Y me gusta este poema de Gabriel Celaya que ahora te regalo. Para que te enamores, bajes los pies a la tierra y sonrías en los últimos versos.


A VECES ME FIGURO QUE ESTOY ENAMORADO

A veces me figuro que estoy enamorado,
y es dulce, y es extraño,
aunque, visto por fuera, es estúpido, absurdo.

Las canciones de moda me parecen bonitas,
y me siento tan solo
que por las noches bebo más que de costumbre.

Me ha enamorado Adela, me ha enamorado Marta,
y, alternativamente, Susanita y Carmen,
y, alternativamente, soy feliz y lloro.

No soy muy inteligente, como se comprende,
pero me complace saberme uno de tantos
y en ser vulgarcillo hallo cierto descanso.

14 de febrero de 2009

Estar fuera, estar dentro

Es una sensación inexplicable con palabras. Como la mayoría de las sensaciones. Uno se siente parte de algo o no. Se siente fuera o dentro. Lo extraño es que en los últimos días, paradójicamente, me he sentido fuera como si estuviera dentro, y dentro como si estuviera fuera.

No quiero complicarte la lectura de esta entrada. Porque simplemente es una reflexión de última hora, después de haber pasado el viernes y hoy entre Kiel y Husom, con toda la gente del programa de intercambio, hablando en más de cinco lenguas diferentes, o al menos intentándolo. Han sido dos días fantásticos en los que he descubierto la maravillosa conciencia ecológica de los alemanes, su pasión por las cosas bien hechas, el orden y también la importancia que para algunos tiene sentirse europeos. Sentirse dentro. Estar con todos.

Hasta ahora, aunque me sabía dentro de Europa, nunca tuve ese sentimiento intenso de pertenencia a una comunidad mayor que la de mi propia familia y amigos, quizá mi barrio, e incluso a veces mi país. Estos días me he dado cuenta de la importancia de formar parte de una nación de naciones. De lo bonito de sentirse dentro entre gente tan diferente. Porque los corazones, al fin y al cabo, buscan llenarse de lo mismo.

Me he enamorado en Alemania. De muchas cosas. De mucha gente. De mi gente de casa, por estar lejos, y de la gente de aquí por estar lejos. Uno, fuera, echa de menos algunas cosas, pero también aprende a hacer su hogar en todas partes.

22 de octubre de 2008

Universalizando la poesía.

Voy a confesar algo: soy una persona enamoradiza. O quizás esa no sea la palabra. Lo cierto es que me he enamorado varias veces, de varias y de la misma persona. Y soy consciente de ello. No es el mío un enamoramiento pasajero, de ésos poco intensos que se pasan al mes. Yo lo vivo con intensidad.

Pues bien, relacionado con esto del enamoramiento y de la intensidad con que lo vivo hay un poema imprescindible en mi vida. Hay un poema que hasta hace nada sólo me evocaba a una persona. Significaba algo así como el mayor vínculo y el más fuerte que yo he creado con nadie. Yo estaba enamorada de él y él de mí, y el poema parecía que florecía solo, sólo para nosotros.

Hoy he recibido una carta larga y preciosa de una amiga a la que quiero de una manera especial, de una amiga que traspasó los límites de la simple amistad hace mucho tiempo, de una amiga que en realidad es como la mitad de mí. Después de haber leído su carta, han venido a mi mente unos versos que he recitado de memoria miles de veces. Eran unos versos de ese poema, aquel poema que pensé que sólo me uniría a él.

Hoy, después de mucho tiempo, he vuelto a sentir la universalidad de la poesía. No hay canciones que podamos llamar "nuestra canción", no hay poemas que podamos llamar "nuestro poema". Lo que hay es arte que hacemos nuestro, pero nuestro no de dos personas, sino de una, de mí. Cuando hago ese poema mío, entonces las circunstancias de la evocación variarán según mi circunstancia. No quedarán unidos a un momento, a una persona del pasado, sino que forman ya parte de lo que soy ahora, de lo que siento ahora. Yo soy ese poema y ese poema es yo. Ya no existe un nosotros para ese poema. El poema es el universo. Creo que este pensamiento me ha hecho hoy más madura. Darme cuenta de eso es el mayor regalo que he recibido hoy, junto con la carta de mi amiga.