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11 de septiembre de 2012

Ir a lo básico


Odio las programaciones curriculares.

Las odio porque dan muchas vueltas e impiden ir a lo básico. Lo básico en Lengua y Literatura es leer y escribir. Me encantaría pasarme las clases leyéndoles y que me leyeran, haciéndoles escribir sin parar.  Sobre todo en los niveles más bajos de la ESO. Y esa era mi idea. Hasta que llegó el fantasma de la programación con listas interminables de conceptos que enseñar, aunque sus mentes, aún no maduradas, de la infancia, no sean capaces de comprender qué es eso de complemento predicativo. 

Como trabajo para una empresa, tengo que seguir sus estatutos, entre los cuales consta el seguimiento de la programación de manera estricta. Y da igual que lo que se enseña en 1º vuelva a enseñarse los siguientes tres años. Da igual. El programa es dios y hay que seguir el programa a pies juntillas. Pero hay algo que me dice que ese no es el camino, así que quizás desvíe el programa y me lo traiga a mi territorio, el de la fantasía, los bolígrafos, el folio en blanco y cientos de páginas por delante. Quizás algún día ellos mismos me pidan que les enseñe qué es el complemento predicativo.

Esther Havens. La alegría de leer



11 de febrero de 2011

¿Cómo estudiar la literatura?

Para responder a la pregunta del título, deberíamos hacernos antes otra pregunta fundamental: "¿Qué es literatura?". Ante esa pregunta, catedráticos, críticos y estudiosos de las letras tendrán mucho que decir. Porque en general a las personas nos gusta mucho establecer verdades absolutas y canónicas sobre lo que nosotros creemos que son las cosas. A mí antes me interesaba mucho esta discusión acerca de la literatura como arte, como estudio, su historia, las corrientes de crítica y teoría literarias y todas estas cosas que siguen hirviendo en muchos círculos de la intelectualidad de algunas ciudades y universidades españolas. Pero ahora yo todo esto "me lo paso por el forro de la chamarra", como dice Marwan, un cantante que me gusta mucho. Y es que creo que la literatura no se puede describir, no se puede estudiar, no se debería sufrir. La literatura se disfruta y te hace feliz. Y una vez que tenemos eso claro, uno empieza a entender mejor las cosas. Para mí el mejor profesor de literatura es aquel que te descubre los secretos que él mismo ha descubierto en una obra que considera maestra, genial, universal. Si no reconozco ese brillo en los ojos, si no encuentro ese punto de pasión literaria ni percibo la motivación del enseñante, entonces estoy perdida. Y ahí es donde comienza toda la retahíla de pensamientos tristes sobre por qué estudio literatura, por qué tengo que sufrir la literatura o por qué hay que soportar a profesores que autodefinen mentalmente la labor de profesor de literatura como aquella persona que pide que leamos mucho pero que no nos transmite nada. ¿Y qué es al fin y al cabo la literatura sino la comunicación de algo -lo que sea- a través de las palabras, los ritmos, los silencios...?

Tras este durísimo periodo de exámenes en el que he tenido que 'estudiar' cinco literaturas diferentes (como si la literatura pudiera fragmentarse así, tan alegremente), he sacado en claro varias cosas. Primero, que uno sólo puede acercarse de lleno a un texto que ama y que ha conseguido pasar por el filtro de su propia subjetividad, es decir, a un texto que ha hecho suyo de algún modo. Segundo, que aunque es cierto que la literatura va siempre de la mano de la historia, de la pintura, de otras artes plásticas o visuales, de la sociología o de la economía -según el periodo en el que se concibiera cada texto-, lo central es lo que el texto te cuenta de todas estas cosas, lo que te mueve por dentro. Por eso, yo prescindiría de etiquetas. Por eso disfruto tanto de la literatura medieval, porque se mete toda dentro de un saco, se olvida uno de etiquetar el estilo o la corriente a la que pertenece cada obra y uno se pierde tratando de averiguar qué quisieron transmitir los escritores de aquel momento. Con la literatura de los siglos XIX y XX, por ejemplo, uno tiene que tener muy claras todas las etiquetas y colocar cada pieza en un cajón. Y cuidado con confundir realismo con naturalismo, la técnica cubista con la del collage. Por último, la literatura no se estudia. La literatura se la lees a un amigo en voz alta, la literatura imprime en tu subconsciente impresiones que acaban conformando un poco tu forma de ser, la literatura se bebe con los ojos y con la mente... Pero la literatura no se estudia. Así que, tras el momento epifánico de este final de exámenes, estoy perdida ante el próximo junio. Si la literatura no se estudia pero me examinan de ella, ¿qué voy a hacer?

Lo único que me otorga un poco de paz es saber que con exámenes o sin ellos, con filologías o sin ellas, siempre habrá literatura, siempre habrá un poeta o un escritor creando para mí, siempre estarán los poetas o los escritores que llevan siglos creando para mí. Y, al igual que estos últimos días me he apasionado con la lectura sosegada de Kirmen Uribe por el puro placer de la lectura, espero que me sigan llegando textos tan magníficos -dentro o fuera del curriculum de Filología Inglesa de la UAM- y disfrutarlos. Y si algún día vuelvo a ser profesora, ya me buscaré el modo de transmitir literatura.

25 de octubre de 2010

Traductor, ¿traidor?

Nunca pensé que la vuelta a la universidad fuese a ser como está siendo. Yo me las deseaba felices, con poquito trabajo, aprovechándome de la sabiduría de mis eruditos profesores, relacionándome con mis pequeños compañeros de clase y jugando al mus en los descansos. Todo esto con la experiencia de quien ya ha pasado por esto antes. Pero no. Tener que hacer tantísimas asignaturas implica dedicarle muchísimo tiempo al estudio. Así que los descansos con naipes se han convertido en escapadas fugaces a la biblioteca para aprovechar los ratos muertos, la sabiduría de mis profesores eruditos deja un poco que desear en algunos de ellos y el trabajo se me amontona implacable con el consiguiente amontonamiento de estrés. Uff.

Una de las asignaturas que más trabajo me están dando es la de traducción de inglés al español. Pensé, en un principio, que sería un paseo. Pero estoy comprobando que es de las más duras. Requiere disciplina y trabajo diario. Hay que interpretar perfectamente los textos y modelar una versión de ellos en nuestro idioma. Pero a veces, para que suene más bonito y la sintaxis no sea un calco literal del inglés, uno tiene que saltarse palabras, desechar los chistes y juegos de palabras (o inventar otros) y darle mil vueltas a alguna palabrita que no tiene equivalente en español. Así que, aunque a veces el traductor mejore el texto original, sigo teniendo la sensación de que traiciona la idea del autor, que lo pasa por su filtro interpretativo y que otras posibles lecturas quedan ancladas al olvido. M. y Y. no opinan que el traductor sea un traidor, hablamos de esto hace poco tiempo, pero yo lo paso fatal cada vez que me pongo ante un nuevo texto -que siempre es un nuevo reto- y trato de desentrañar líos semánticos y gramaticales que el escritor o la escritora original plantó ahí para complicarnos un poco más el trabajo... Porque hay veces en las que uno conoce todas las palabras, pero no es capaz de entender un texto.

Estos son los intrincados caminos de la lengua..
Eso sí, aunque intrincados, siempre terminan siendo satisfactorios.

20 de octubre de 2010

Cuando todo es uno y uno lo es todo.

Si me fuera posible, escribiría más. No tengo que darle explicaciones a nadie, pero se me escapa el tiempo de las manos y la recurrencia constante de las clases y los trenes no me deja un hueco para pararme y escribir algo nuevo.

Aún así, tengo ideas, quiero hablar sobre el libro de Javi, ¿Cómo le explico esto a un extraterrestre?, que leí hace meses y del que quería hacer una alabanza. Sobre todo, a alguna de las preguntas que se hace el extraterrestre de la portada. Es cierto que actuamos, muchas veces, de forma irracional y no nos damos cuenta de ello. No se nos ocurriría hacernos esas preguntas, pero las leemos y cobran sentido en nuestra realidad. Y es que siempre hay alguien que, a pesar de todo su trabajo, puede reflexionar esas cosas y nos las pone delante, para que también nosotros pensemos en ellas.

También quería hablar de la obra de teatro La vida por delante, en la que actúa Concha Velasco y que me apasionó cuando la vi. Además de los actores y el texto en sí mismos, que son extraordinarios, me gustó encontrarme a una persona ciega a mi lado que pudo disfrutar de toda la obra más que muchos otros lograron hacerlo. Porque él usó sus cuatro sentidos y quienes los tenemos todos, a veces somos incapaces de emplearlos eficazmente.

Y por supuesto, llevo queriendo decir algo fundamental sobre Luis Tosar mucho tiempo. Quien me conozca sabrá que le he seguido desde que empezó. Me encanta por muchas razones y una de ellas es que es un actor sin parangón en el panorama del cine español actual. Dicen que está de moda porque empieza y termina el año con éxitos. Parece que ahora todos creen que España está de moda en cuanto a lo que a actores se refiere. Woody Allen afirmaba recientemente que los mejores actores de nuestro tiempo son españoles, y claro, él no podía ser tan bobo de dejarlos escapar, por eso crea una galería de personajes que adapta a nuestra Cruz y nuestros Bardem y Banderas. Pero Tosar no cruza aún el charco a lo grande. Porque como todos los buenos, es humilde y en su humildad protagoniza papeles para ennoblecer el tan denostado cine patrio. Y lo hace tan bien, que se sale. Y por eso dicen que está de moda. Pero, como todos los genios, no es que ahora Tosar esté de moda. No. Él siempre crea tendencia. Por, como decían en El País Semanal de este domingo, su mirada modulada y pensada para llegar al alma. Tosar habla con la voz y con los ojos. Eso lo convierte en un genio que llega a lo más profundo de nosotros y nos deja una huella imborrable de todos los papeles que encarna. Es un genio y, como genio, estará siempre de moda.

Todas estas cosas quería contaros en estos días. Acabo de cubrir tres entradas en una. Y aún me queda la sensación de que tengo muchas cosas por decir. Todo se vuelve uno, aunque de cada uno podría decir cientos de cosas más.

Iré soltando más gotitas poco a poco. Entre trenes y clases.

24 de septiembre de 2010

Profesiones sin profesionales

Existió una vez, en Parla, un profesor de autoescuela tan malo que sus alumnos llegaron a sospechar si realmente era el profesor u otro usurpador de personalidades y profesiones de estos que proliferan tanto actualmente. Porque los políticos ya no son políticos, algunos enfermeros tampoco parece que efectivamente lo sean y muchos profesores se pavonean de su labor (como si en esta época se reconociera como es debido la docencia) y sin embargo no saben ni siquiera por qué han acabado en un aula, frente a una recua de alumnos con el reto, a veces irrealizable, de enseñar. Para ser sincera, a estas alturas del curso de conducción, ya me da igual lo que me enseñen con tal de aprender algo. Pero parece ser que mis necesidades de aprendizaje no se corresponden con las necesidades laborales del profesor de autoescuela que me ha tocado en gracia. Me mortifico diariamente (ni que esperase alguna recompensa celestial) acudiendo puntual a mi cita con ese noble profesional que no hace más que leer (y mal leída) la pantalla de la fabulosa pizarra digital que muchos institutos públicos madrileños ansían. En la pizarra él lee lo mismo que leo yo en el libro. Hasta ahí la cosa no va mal, visto el panorama actual de enseñantes en el que el profesor se limita a leer el texto mientras que el alumnado subraya alguna idea y espera, con una esperanza que no es real, a que ese mismo profesor explique algo que el autor del texto dio por sabido. Algunas veces hay suerte y ocurre que el enseñante explica. Otras veces, como en el caso de mi maestro de circulación, ni siquiera se me otorga la gracia de escuchar de su boca explicaciones que correspondan a la normativa actual de circulación. Este señor nada más que insulta a la Guardia Civil por multar a los conductores "por tonterías", recibe llamadas en plena clase para quedar a tomar café o unas cañitas cuando salga o mantiene largas charlas acerca de la normativa anterior con un alumno campechano que parece llevar toda la vida intentando sacarse el preciado carné.

Si quieres sigo, pero puede que esto te aburra. A mí, además de aburrimiento por sufrir la ineptitud de este personaje, me da miedo esto que vivo a diario. Porque sé que no es un caso aislado. Sé que hay profesionales que no están preparados, médicos residentes que se paralizan ante la parada de un paciente; ex-ministras de cultura que confunden premios Nobel de literatura con bailaoras de flamenco; profesores de lengua de 3º de ESO que se niegan a enseñar a hacer resúmenes a sus alumnos porque "eso debieron enseñárselo el año pasado y no es mi problema"; autobuseros que conducen superando el límite de velocidad e invitan a sus amigos a darse el paseo Madrid-Parla en el nocturno, porque ellos solos, frente a su carretera y su responsabilidad, se aburren y prefieren descalificar, acompañados de su recua, a los clientes extranjeros...

Todo esto es denunciable. Pero, ¿quién enseñará a todos estos profesiones a ejercer con sinceridad, esfuerzo y profesionalidad su labor diaria? ¿Dónde ha quedado la vocación laboral o, al menos, el respeto a la persona a quien estás dando el trato?

17 de junio de 2010

Finale

Finale es el término empleado en las composiciones musicales para hacer referencia a la pieza final de la misma.

Como toda buena obra musical que se precie, las obras que acometemos las personas tienen sus particulares finales. Hay algunos alegres, cargados de flautas dulces y percusión y otros finales lentos, tristes, llenos de pianos en tonos bajos. El compositor de cada obra es quien supongo (porque tampoco soy una experta en estos temas), resume la esencia de la obra compuesta en unos minutos que nos dejan el sabor dulce o amargo y que nos harán recordar para siempre una melodía. Al igual que el compositor, nosotros debemos componer el finale de nuestras pequeñas obras y hacerlo para que nos dejen un sabor dulce o amargo cuando las evoquemos en el futuro.

Yo ya estoy empezando a dar por finalizado este curso 2009-2010 que estrené con créditos iniciales de película. La impresión general de estos meses es positiva, de aprendizaje, de caer en la cuenta de lo incompletos que estamos. La vida, al igual que las composiciones musicales, es imperfecta. Creo que la esencia está en encontrar los instrumentos adecuados para que en la alegría o en la nostalgia nos sintamos bien dentro de ella. Para sentirme bien en mi vida yo necesito un violonchelo. Un violonchelo es la naturaleza de la madera, la resonancia (el eco de las montañas) de su caja, la sensualidad de las formas, el cariño de quien se deja querer y abrazar, la nostalgia de sus notas y la precisión en su elaboración. Y con mi violonchelo a la espalda, caminaré hasta encontrar, primero mi grupo de cámara y, finalmente la orquesta de nuestras vidas.

Feliz fin de concierto.

17 de febrero de 2010

Personajes reales* /6

* Aunque los personajes presentados en esta serie son reales, he distorsionado o cambiado sus nombres para proteger su identidad.

ALEXANDER

La bondad viene desde Bulgaria y está personificada en él.

No es ni rubio del todo ni tiene los ojos azules. Tampoco sé si todos los búlgaros responden a ese canon, pero siempre los imaginé así.

Procede de una ciudad con nombre de reina y que evoca sabiduría, la que él parece ignorar, pero que conoce bien. Porque Alexander es un sabio. A su manera. Suspende un examen tras otro (aunque parece que ahora la cosa va mejorando) porque no domina el español y según él, en España, los profesores son muy exigentes. Lo cierto es que se esfuerza y creo que su esfuerzo va a merecer mucho la pena. Sabe analizar sintácticamente a la perfección la oración: "Quiero que Alexander venga hoy a clase", y eso que es una subordinada, y ésas, profe, son más difíciles. Alexander es un sabio porque sabe de la vida. Ha vivido con muchas carencias y aprecia lo que tiene aquí. Los fines de semana va a entrenar al rugby, con su cuerpo robusto de chico del este. Siempre está con gente, aunque su mundo interior es tan grande que parece que no le hace falta nadie. Tampoco echa de menos no salir con amigos búlgaros o con españoles. No tiene tiempo. Es que entrena mucho, profe.

Juega al rugby y estudia lengua, su talón de Aquiles. Pero es que su profe es muy exigente, como todos los profes españoles. Me alegra no tener que ser yo su profe de lengua, porque no podría suspender a alguien tan trabajador y esforzado.

De Alexander me gusta su forma tierna y respetuosa de disculparse cuando sabe que ha hecho algo mal. Cabeza gacha, mirada hacia el suelo, media sonrisa y un "Lo siento, profe" con su erre de frenillo tan inconfundible y ese acento duro de la gente de su tierra.

También me conmueve. Un día, un compañero había olvidado su lápiz de dibujo en casa y gritó en medio de la clase que no lo tenía allí. Alexander levantó la cabeza, se levantó del sitio y agarró su lápiz amarillo de dibujo (el que cuidaba desde principio de curso) entre las dos manos. Lo rompió por la mitad y le dio la parte que tenía punta a su compañero. Él se quedó con la parte más pequeña del lápiz y se acercó a la papelera, para sacar punta a su mitad. Dos semanas después, Alexander dibujaba con menos de tres centímetros de lápiz, mientras que su compañero, al que le prestó el lápiz amarillo, volvía a perder u olvidar el material de clase.

Tras esta historia, solo me quedan sonrisas para Alexander. Solo me quedan palmadas en la espalda, ánimos y enhorabuenas. Porque la semana pasada, por fin, aprobó su primer examen de inglés.

7 de septiembre de 2009

Temporada 2009-2010

Hoy ya es oficial. Comienzo una nueva temporada, ¿una nueva etapa de nuestras vidas? Sí. Cuando he puesto el pie por primera vez en el colegio que me enseñará tantas cosas durante este curso, ha sido como recibir de golpe un chorro de luz de alguna parte. Ya es oficial, comienzo a trabajar como profesora. Me han enseñado las instalaciones del que será durante unos meses mi segundo hogar. Ha sido extraño, pero me he sentido satisfecha. He pensado en los kilómetros que anduve en Galicia, esos que supusieron un reto para mí, y los he colocado en paralelo con los kilómetros que recorreré este nuevo año. Kilómetros de trenes y metro, kilómetros de aprendizaje, empatía, paciencia, socialización. Kilómetros de vida que se abre ante nosotros y nos llega a las entradas de un colegio como un chorro de luz.

Queda oficialmente inaugurada la temporada 2009-2010 de este blog. Un blog que intentará seguir la línea de lo que ha sido hasta ahora, pero que estará lleno, esta temporada, de más vida. Al menos de más vidas, todas las que conformen lo que seré, lo que aprenderé.

Para empezar, música de créditos iniciales.


Por Yann Tiersen.

29 de enero de 2009

Recuerdo

Es un buen título para esta entrada. Porque hace referencia a la canción que te voy a presentar, del mismo nombre, y porque se refiere también a lo que siento cada vez que la escucho.

A Ismael Serrano lo escucho cuando estoy estudiando o trabajando. No sé muy bien por qué. Adquirí esa costumbre cuando estaba en segundo de carrera, cargaba con una historia de desamor al hombro y trataba de evadirme escuchando otras historias tan semejantes a la mía y que a la vez no tenían nada que ver. Como me dio por escuchar a Ismael Serrano en esa época, cada vez que lo reescucho en esta época, me vienen recuerdos de aquel año extraño, de aquellas evocaciones que entonces tenía.

Hoy (aunque esto lo leerás después, porque es una entrada programada) estoy ante el mismo ordenador de entonces, las mismas gafas, distintos conceptos y un bolígrafo (dejé atrás la pluma) nuevo. La música es la misma; pero ya nada es igual. Entonces, iba andando a clase. Ahora tomo el tren. El de la canción, el metro. Las noticias siguen siendo asesinas, el desayuno sigue siendo el mismo; pero sigue sin haber asientos de enfrente, ni ojos de otra época.
Aquella historia no me ocurrió a mí, sólo la evoqué. Y hoy, la recuerdo.


Recuerdo, Ismael Serrano.

11 de enero de 2009

Poema de terraza cerrada

Hay veces que la vida te pone delante de situaciones desagradables y que para compensar, permite que las pases acompañado. Así ha sido hoy. Día de hielo resbaladizo por los trenes y las calles de Madrid, y día de trabajos de esos que no le interesan a nadie pero que hay que hacer porque si no, no te dan el título... ¡Hay que ver!

Menos mal que quedaba un poco de nieve por las calles y nos la hemos lanzado, jugando a volver a los diez años. Y menos mal que la compañía merecía la pena, de verdad.

De este día extraño entre papeles y rayos de sol desheladores ha salido este poema improvisado en 5 minutos:

Terraza Cerrada

A I. y a M. J.

Tres en sexto:
sexto día, sexta planta
y la sexta hora de la inapetencia,
del fulgor atómico de un texto ilegible.

Terraza cerrada y plantas de la suerte,
la luz intermitente de nuestra extraña lucidez;
cuando tres piensan por seis,
cuando hay seis ojos, seis manos,
tres cerebros
y aún
seis gramos de esperanza, doce de impaciencia.

Tres en sexto:
sexta planta y
(al final...)

domingo.

De mí misma en Poema único de sábado nueve.

25 de septiembre de 2008

Las clases

Hoy ha sido mi primer día de clase en la universidad. En Madrid. La verdad es que después de la experiencia maravillosa de estos últimos años en Salamanca, volver a Madrid me daba más miedo que otra cosa. Las cosas aquí son muy diferentes. Para empezar, el camino a la facultad. Antes, en menos de cinco minutos y caminando, llegaba a clase. Ahora tengo que tomar un tren y viajar durante una hora -momento estupendo para hacer amigos, leer o dormir (el caso es aprovechar el tiempo)- hasta la facultad, lo cual no es peor que lo de antes pero sí un poco más engorroso. El caso es que las clases hoy han ido bien. Bueno, es que eran las presentaciones de las asignaturas, y el primer día siempre está lleno de expectativas. Así que bien. Lo que me ha costado un poco más ha sido el viaje...



...lo de leer ha estado bien durante un rato, pero no he conseguido engancharme la hora entera, y eso que iba leyendo un texto muy divertido. Lo de hacer amigos... mmm... hoy de momento, no. Y dormir tampoco, porque creo que se me va a pasar la parada y me pongo nerviosa y tengo pesadillas o... ¡yo qué sé! Así que me ha dado por pensar en el blog. En hacerlo más activo. No sé. Se me ha ocurrido -seguro que esto ya existe, pero hagamos como que la inventora de esto soy yo, que me hace ilusión- poner cada día una imagen en mi blog. Esa imagen corresponde a la silueta de un país del mundo. Y a través de la silueta deberéis adivinar de qué país se trata. Yo esto ya lo había visto con piezas de música, pequeños fragmentos de textos o fotogramas de películas, pero no con siluetas de países. El objetivo es que de una vez por todas me aprenda los países de los distintos continentes, y la mejor forma de hacerlo es trabajar con mapas continuamente.

La imagen de hoy es la que tenéis ahí encima de este texto. Parece una lágrima, o una pera, o... no sé, se admiten sugerencias.

Si quieres jugar, ya sabes. Deja tus respuestas en un comentario. ¡A ver qué tal sale el invento!