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6 de marzo de 2012

Vacaciones, twitter y sexismo lingüístico

Se pasaron las vacaciones y yo me creé una cuenta en Twitter. Mi cuenta en Twitter me ha tenido completamente out del blog, pero absolutamente in de las noticias de España. La verdad es que en los meses anteriores estaba empezando a sentirme completamente alejada de lo que durante hace algo más de 24 años había sido mi vida real, la de ciudadana española.

Vuelvo a la realidad con más radicalismo que nunca. ¿Más feminista? Quizás, no lo sé. En realidad nunca, en ningún ámbito de mi vida anterior a Londres, había sentido la necesidad de defender los derechos de las personas, por el hecho de ser personas. O... no sé muy bien cómo expresarlo. Creo que nunca he "necesitado" expresar mis ideas feministas porque me he movido en ámbitos muy igualitarios. Hace poco leí en un blog feminista que una vez que se pone uno el 'chip del feminismo', encuentra machismo en todas partes. Quizás también sea eso lo que me pasa ahora, que no paro de ver actitudes sexistas en todas partes.

El caso es que aquí estoy, recién terminada mi última clase con un alumno especial al que no le enseño español propiamente dicho. Vemos vídeos del programa "Redes para la ciencia" y los comentamos. En español. Punset habla de que "la felicidad está en la antesala de la felicidad" y su interlocutor habla de un experimento con ratas a las que se les estimula el núcleo Accumbens, que controla la dopamina, una hormona que regula, entre otras cosas, las emociones, y tras el estímulo, dicha rata no tiene necesidad de conseguir el placer por otros medios (alimento, sexo, sueño). Interesantísimo. Aquí estoy, pensando en la dopamina y que la felicidad está en la antesala de la felicidad, y de repente escucho a mi colega italiana que sigue dando su clase. Capisco algo de lo que habla: el papel de la mujer en los gobiernos, la relevancia de la visibilidad de la mujer en los gobiernos y otros ámbitos públicos. Es su forma de homenajear el 8M. Y su forma de oponerse a lo que sucedió ayer en el colegio. Asamblea. 8 de la mañana. Uno de los profesores más populares del centro da una conferencia a los chavales bajo el título: "How to treat a woman". Exito rotundo generalizado. Críticas feroces desde los puestos más liberales/feministas del centro. ¿Pero qué es eso de hablar de cómo tratar a una mujer? Somos seres humanos. A mí me gustaría que me tratasen como un ser humano y rechazar lugares comunes como: respétalas y recuérdales los bonitas que están. Señores, ¿estamos locos? El respeto es universal. No quiero ser respetada por mujer, sino por persona. Y hasta que eso no nos entre en la cabeza a todos, no vamos a avanzar hacia la igualdad total entre los sexos.

Esto de la igualdad entre los sexos es algo que se logra mediante la educación. Mercedes Bengoechea afirma que esa educación debe darse, sobre todo, en las escuelas de periodismo, núcleos de formación de los profesionales que distribuirán noticias en el futuro. Las noticias, la actualidad, igual que cualquier otro ámbito verbalizado, se dan a través del lenguaje, y si no se educa en lenguaje no sexista, el cambio será lento. Por eso existen los manuales de lenguaje no sexista. Y por eso es triste ver cómo la propia Real Academia de la Lengua Española se opone a estos manuales e incluso cómo alguno de sus miembros tilda de "feminazis" a las voces críticas que se levantaron en contra del texto que la Academia publicó en respuesta a los manuales de lenguaje no sexista.

Así que aquí estoy, tras mi clase sobre dopaminas y felicidad regulada por hormonas; escuchando a F. hablar de las donas con poder, reflexionando sobre la importancia de la educación para erradicar cualquier tipo de discriminación y dominación; e indignada, sobre todo indignada porque se tache de radical al que busca la igualdad. Indignada porque parece que la búsqueda de la igualdad es una cosa de unos pocos, de unos locos idealistas. Pero feliz porque he descubierto que Twitter puede ser una herramienta increíble para extender nuestros mensajes.

Se acabaron las vacaciones, pero la vida siempre está en plena ebullición.


15 de noviembre de 2010

Amables colegas:

El lenguaje no es sexista. Los sexistas somos los hablantes. Posiblemente ya hubieras caído en ello hace tiempo, pero es importante plasmarlo por escrito -verba volant scripta manent- para ver la repercusión que tiene esto. El lenguaje es una herramienta potentísima que utilizamos como queremos. La mayoría de las veces la usamos simplemente para comunicarnos, pero en esos usos prácticos, la cargamos de elementos que nos permiten, a la vez que nos comunicamos, manejar a nuestro interlocutor. Hasta ahí todo claro.

El idioma, el lenguaje, la palabra se ha utilizado per saecula saeculorum como fuente de autoridad. Sobre todo desde los púlpitos. Y siempre se le dio mayor importancia a la palabra escrita -infalibilidad de las Escrituras- que a la palabra oral en ciertos ámbitos. Pero llegaron la radio y la televisión y la oralidad recuperó su valor, su estatus. Siempre he creído que oralmente uno comunica y que por escrito adoctrina. No sé, no sé... Ese no era el tema de la entrada de hoy. El caso es que a través de la oralidad, a través del uso real del idioma, a través de su manejo como herramienta eficaz de comunicación es por donde se empiezan a colar el sexismo o la intolerancia.

Esto es un "coñazo" y lo otro "cojonudo", "tu puta madre", "¡qué zorra la tía esa!", ese chaval es un "machote" y algunas expresiones más demuestran que el lenguaje es sexista. Pero ojo, que el discurso de izquierdas no nos lleve a engaño y empecemos a creer que decir "los alumnos", a secas, es sexismo del lenguaje. Eso forma parte de nuestra gramática universal. En español siempre se ha formado así el plural: masculino + femenino = masculino plural. Pero eso no quiere decir que el lenguaje sea sexista. Simplemente que seguimos el patrón latino de la formación del plural. Pero además hay que tener cuidado con los singulares no marcados genéricamente (esto es, los que no terminan en -a u -o, que en español son los morfemas flexivos que marcan género), para que no caigamos en la creación absurda de palabras que no tienen mucho sentido, como "miembra" o "policío". Igual que los adjetivos "amable", "alegre" o "feliz" no hacen concordancia de género, porque directamente no tienen marca para este valor gramatical, los sustantivos anteriores no tienen que hacerla.

Pero vivimos en la era de lo políticamente correcto y dirigirse públicamente a una audiencia mixta como "estimados oyentes" es síntoma de machismo lingüístico y ahora se recurre en la oralidad al "estimados y estimadas" y en el lenguaje escrito a cosas como "estimados/as" o incluso "estimad@s". Para evitar las barras y las arrobas y mantener la corrección política, tengo una profesora que cuando envía e-mails a sus compañeros de departamento, en los que se encuentran varones y mujeres, opta por la selección de vocabulario no marcada genéricamente. Así, con un "amables colegas" nadie se ofende, y todos y todas tan contentos y contentas.