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2 de abril de 2013

Mis poemas de abril (II)


Poema del día segundo

Mil


Tengo algo importante que decir
ahora que venimos de despedirnos
para siempre.
Te quiero.
Clávame las uñas,
pero has de saber que también fui sincero
las otras mil veces.


Ella me acusa de no tener sentimientos
porque hablo y hablo
o no hablo.
Va a comerse todas las uñas,
sus altivas uñas escarlata.
Pero me iré.
Se lo dije y rio indiferente,
pero me iré
o no me iré.
Llegaré a una de esas ciudades,
no tan grandes como una ciudad,
donde se para el tren y ya no hay más tren,
con monjas que se sientan en un barril de cerveza en la estación,
y miles de cuervos que esperan con sorna al Rey
o una cámara de cine.
De esa ciudad sale un autobús
tan viejo
que tiene un conductor que fuma
y que habla con los viajeros,
justo en cada curva,
cuando llueve,

y lo hace cada día desde siempre,
limpia el cristal con la mano,
como si estuviéramos cayendo,
y llueve también dentro.
Y no pasa nada,
pues llegamos cuando escampa,
y sólo gotea en el autobús,
todos mojados menos los paisanos
que se ríen
o no se ríen.
Esta ya no es ciudad ni nada,
pero hay un barco panza arriba
y una playa de arena negra.
Y hay también una cabina de teléfono.

¿Me escuchas? Estoy en una cabina.
Sí, bien.
No, nada.
Llovía en el autobús.
Sólo hay un bar.
Sí, tengo monedas.
¿De verdad? También yo. No, aún no se corta.


Sí, sigo aquí.
No, no estaba pensando.
Escuchaba, eso es todo.
No sé qué decías. Escuchaba.
No, no es un libro.
Son las hojas de la guía.
¿Sabes cuál es el prefijo de Ras-Al-Khaimah?
Marcas el 07, más 971 y luego el 77
y ya puedes hablar con alguien en Ras-Al-Khaimah.
No, no es que no te escuche.
Escucho, sólo quiero escuchartarte.
Pero no me preguntes qué dices.
No puedo hacer dos cosas al mismo tiempo,
entender y pensar en ti.
Qué fácil es hablar con cualquier parte.
No, no cortes por favor.
Si cuelgas,


llamaré a Ras-Al_Khaimah
o a cualquier parte.
Mientras tu hablas, no tengo frío.


Él era fuerte y débil
como un marine yanqui.
Ella, frágil e invencible,
como una guerilleira del Vietcong


(Ningún cisne, Manuel Rivas)

6 de noviembre de 2012

Manuel Rivas


Tengo tres días. Tres días para leer sobre el silencio. Tres días antes del estreno. Me explico. Manuel Rivas, de quien he sido ferviente lectora hasta hace unos pocos años, escribió hace algunos una novela titulada Todo es silencio. Esa novela ha pasado de mano en mano por casa y aún no se ha detenido en las mías. A veces, no sé muy bien por qué motivaciones, nos apetece menos leer unas u otras cosas. A mí, de repente, se me quitaron las ganas de leer a Rivas, y ni leí Los libros arden mal, ni este Todo es silencio. No tengo ninguna razón para ello. 

A estas dos novelas se me acumula el estreno reciente, Las voces bajas, cuyo título me trae reminiscencias de la Premio Nobel Müller. Y esta sí, de nuevo no sé muy bien por qué, tengo muchas ganas de leer.

A pesar de todas estas ganas esfumadas de Rivas, de repente hoy me ha entrado una necesidad imperiosa de dar cuenta de Todo es silencio. Para ello sí hay una razón: el propio Manuel Rivas. He vuelto a escuchar su voz esta tarde. Yo conducía hacia casa y él respondía a las preguntas de Carles Francino, en la Ventana, de la Ser, un magazin de entretenimiento radiofónico que me encantaría que me inyectaran por los oídos a todas horas, para ser un poquito más persona y disfrutar más de la vida con los regalos que tiene que ofrecernos. Lo que iba diciendo: yo venía conduciendo y él hablaba sobre esta novela del silencio a propósito del estreno de la película homónima, basada en su texto, y dirigida -supongo que magistralmente, como siempre- por otro de los grandes del panorama cultural español: José Luis Cuerda.

Quiero leer la novela y ver la película. Y seguir escuchando a Francino.

Porque en un momento triste de la cultura de este país, aún los artistas siguen creando, siguen dando lo mejor de sí mismos -sin subvenciones- para que su público siga comprometiéndose con los problemas fundamentales de la vida: el amor y la supervivencia. Dicen que a todas las crisis, a todos los desastres siempre sobrevive el más fuerte. Yo añadiría que también el más formado, el más sensible, el que más fácilmente puede comprender las realidades que se le presentan frente a sí porque ha sido cultivado para ello. La cultura es el motor de nuestros cerebros y nuestros corazones. La cultura es el motor de nuestra existencia como homininos; en ella reside el origen de las civilizaciones. No dejemos que nos la quiten. Como dice un personaje de la película de Cuerda, probablemente pensado por Rivas, NO TODO TIENE PRECIO.

#NOSINCULTURA

27 de mayo de 2010

Los libros y los árboles

Dice Manuel Rivas en Los libros arden mal:

"Sabía que los libros tenían que ver con los árboles. Que había una relación. Que en cierta forma se podría decir, y a medida que caminaba hacia las hogueras avanzaba en precisión, podríamos decir, sí, que los libros procedían de la naturaleza. Incluso no sería incorrecto decir, ni decir una exageración, que los libros eran un injerto. Ésa era una manera de hablar en metáfora."


Lo que me recuerda al cartel de Noemí Villamuza que este año ha sido el encargado de presentar el Día Mundial del Libro Infantil y Juvenil y que te presenté aquí hace algunos días.

También me recuerda a ese sueño de verano: la tarde cargada de moscas y calor refrescada bajo los brazos robustos de un olivo.

Los libros son prolongaciones reales de los árboles, prolongaciones metafóricas del ser humano.

30 de noviembre de 2009

"Mil" por fin en youtube


Mientras tú hablas,
yo no tengo frío.




de Manuel Rivas.

4 de marzo de 2009

Pésame

Si introduces en google la palabra "pésame" te aparecerán cientos de enlaces con sugerencias de pésame para dar a las familias.

El pésame, literalmente "me pesa", es la expresión de dolor y lamento que una persona hace saber a otra sobre su tristeza. Conocido comúnmente sólo como la expresión de dolor que se transmite a los familiares tras la muerte de un ser querido, es uno de los momentos más duros a los que uno se tiene que enfrentar cuando acude a un funeral o un entierro.

Otras frases relacionadas con la muerte son los epitafios, de índole más poética, desde mi punto de vista, y que han sido objeto hasta de concursos nacionales radiofónicos. [Indagando un poquillo por la red, puedes encontrar cosas curiosas]

Pero a mí hoy lo que me interesan son los pésames, que es a lo que iba al principio. Me interesan porque hoy he leído uno fantástico que quiero transmitirte aquí:

A los muertos hay que dejarlos ir. No hay que tirar de ellos hacia abajo. Hay que abrir una teja en el tejado. Y que el alma busque su sitio.


Es de Manuel Rivas, al que no me canso de redescubrir cada poco tiempo. Puedes leerlo en un relato llamado "La barra de pan" en Cuentos de invierno.

9 de enero de 2009

Manuel Rivas (2ª parte)

Madrid a 12. VI. 2004




"A Patricia.

Contra corriente
va
río arriba
vive
si
va

Manuel Rivas"

2004 fue un año extraño. En plena resaca de chapapote, con una guerra horrible desarrollándose en Irak, un atentado injusto y espantoso en Madrid, y también el fin (o eso pensamos) de la era Aznar. Mientras tanto, yo pensando en selectividad, filología y oboes. 2004 no fue un gran año para la humanidad, pero sí lo fue para mí. ¡En 2004 ocurrieron tantas cosas! Un 12 de junio, Manuel Rivas escribía en la primera página de una antología de su poesía lo que habéis leído más arriba. Ese día lloré de emoción. Y lo evoco a veces con una sonrisa tontorrona en los labios. Porque yo estaba enamorada de su literatura, pero creía firmemente que de quien estaba enamorada era de él, ¡qué ingenua!.

En el verano de 2004 tampoco vería Galicia. Poco importaba teniendo entre manos esto:

DEUS FRATESQUE GALLAECIAE

En la casa, sostenida apenas
por esa desgana en morir
que tienen las ruinas,
se escucha el otoño
descalzo por las losas.

21 de noviembre de 2008

Abrirse en canal.


O para ser menos explícitos A cuerpo abierto. Es el último libro de Manuel Rivas. Esta vez (otra vez) desde su faceta de periodista, no de la de contador de historias.

Conozco tres facetas escritoras de Manuel Rivas: la de narrador, la de poeta y la de ensayista-periodista. De la de poeta rescato prácticamente todo, eso sí, en lengua original: en gallego. De su faceta de narrador, me autodenomino consumidora voraz (y pertinaz) de toda su cuentística, sin excepción. Lo de las novelas es otra historia. En cuanto a su tarea de ensayista o de escritor de textos periodísticos, Una espía en el reino de Galicia, una reflexión divertidísima sobre la
idiosincrasia gallega, es la que más me enganchó, por eso de que el lenguaje humorístico se lee con más "facilidad" que el puramente argumentativo o expositivo.
Pues eso, otro texto periodístico más de Manuel Rivas. Nos seguirá suscitando y provocando, como siempre, con esa prosa suya tan cohesionada, tan fluida y tan agradable a la lectura.

Para empezar, un adelanto que puedes encontrar en la web de la editorial que lo publica. Conociendo sus anteriores libros y viendo el inicio de éste, seguro que se abre en canal públicamente. Que se nos entrega. Y yo se lo agradezco.

7 de septiembre de 2008

Hoy va de música. Memorias.



Una habanera. Una película. Un escritor gallego. Manuel Rivas siempre de fondo. Y la memoria. La memoria que ahora se quiere volver a rescatar. La que algunos no dejan que se rescate. Agradezco el interés de aquellos que trabajan por hacer un mundo un poquito más justo. Y el de aquellos que ponen su literatura, su música, su arte... al servicio de la libertad.

El fragmento que habéis visto corresponde a la película El lápiz del carpintero, basada en el libro del mismo nombre de Manuel Rivas. Existe la versión en gallego y la versión en castellano. Para que no os de pereza leerlo.