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19 de abril de 2012

En-cuent[r]os (1)

Hay encuentros que duran menos de veinticuatro horas, y que recordarás toda tu vida.

13 de diciembre de 2009

Recuerdos olfativos

La memoria nos juega siempre malas pasadas. Evocamos recuerdos, de memoria, que son la mayoría de las veces engañosos. Tenemos memoria de sensaciones que creemos que sentimos en un momento, pero que en realidad hemos fantaseado tiempo después. Recuerdas el sabor de una comida deliciosa que no lo era tanto, recuerdas la intensidad de un amor que a veces no fue ni siquiera amor...

De todos los recuerdos, los más fieles son los recuerdos auditivos y los olfativos. Sobre todo estos últimos. Es difícil evocarlos. Hay algo similar a ellos que se puede intentar reproducir sin mucho éxito. Se piensa en un olor concreto y a veces puede sentirse de nuevo, pero con matices diferentes, con carencias. Lo milagroso, sin embargo, es cuando revolotea en el ambiente un olor exactamente igual a otro que percibiste en el pasado. Entonces, el olor y todo lo que conllevaba ese olor se aparecen en tu presente y te transportan a lugares y épocas remotos. Hubo un olor, el olor de un perfume, que asocié a un mes. Podía ser cualquier otra época del año, podía estar lejos del depositario del perfume y, sin embargo, yo sentía que estaba viviendo en ese mes lejano. Las mismas sensaciones se manifestaban en contacto con ese aroma. Era algo increíble.

Estos días me está ocurriendo algo curioso, parecido a mi historia con el olor de aquel mes. Quizás es que hacía tiempo que no prestaba atención a mi glándula olfativa (si es que esa glándula existe); pero lo cierto es que vuelve a haber un olor evocador del pasado. En estos últimos días, cada tren al que subo huele a los trenes de Hamburgo en los que me subí hace casi un año.

Es extraño. En esta época del año alguien esperaría reencontrarme con el olor invernal del humo de chimeneas y el asar de castañas y, sin embargo, yo evoco un olor a trenes germanos... ¿Por qué será? ¿Es que la memoria olfativa también nos juega malas pasadas? Ahora, en cada tren, siento estar haciendo un viaje mucho más largo, más civilizado. Y espero que mi recuerdo auditivo también me regale las palabras mágicas: "Nächster Bahnhof: Dammtor".

22 de agosto de 2009

Música y mensajes

Siempre me ha encantado escribir. Ayer hablaba con una amiga que me dijo que se arrepentía de no haber escrito más en lo que lleva de vida, porque ahora le cuesta rememorar el pasado sintiéndolo como entonces. Si escribimos desde la perspectiva del presente y leemos esos mensajes algún tiempo después, tendremos la oportunidad de desmentir nuestros sentimientos, ya sean presentes o pasados, y además, seremos capaces de revivir algunos acontecimientos con mayor lujo de detalles. Esta amiga mía me dijo también que para eso está el arte. La literatura, el cine, la fotografía, la pintura o la escultura son sólo un modo bello de dejar mensajes del presente para el futuro. Será por eso que aún me cuesta entender ese arte contemporáneo de las performances, jam sessions o improvisaciones. De todas éstas, las que no quedan grabadas en ningún lugar alcanzan el nivel de magia, tan solo rememorable con una eficiente área del cerebro ocupada a la memoria (¿era el hipocampo? ya no me acuerdo).

Estos días en los que, después de haber caminado mucho, estoy escribiendo poco, necesito los mensajes de otros para organizar un poco el semi-caos que uno trae tras un largo viaje. Y esos mensajes me vienen a través de la música. Parece que sólo a través de la música soy capaz de entenderme, de entender el mundo y de comunicarme. Parece como si no me apeteciese mucho contar mis experiencias, sino más bien soltar algunas citas de canciones, regalar los compases de alguna melodía y esperar que seas tú el que descifre (a tu manera) el arte que quizás se compuso cientos de años atrás y que a mí hoy me mueve el alma más que nunca. Quizá la composición que mejor describa nuestro estado de ánimo de hoy no esté aún ni siquiera inventada. Pues bien, es el tiempo de los artistas.

7 de septiembre de 2008

Hoy va de música. Memorias.



Una habanera. Una película. Un escritor gallego. Manuel Rivas siempre de fondo. Y la memoria. La memoria que ahora se quiere volver a rescatar. La que algunos no dejan que se rescate. Agradezco el interés de aquellos que trabajan por hacer un mundo un poquito más justo. Y el de aquellos que ponen su literatura, su música, su arte... al servicio de la libertad.

El fragmento que habéis visto corresponde a la película El lápiz del carpintero, basada en el libro del mismo nombre de Manuel Rivas. Existe la versión en gallego y la versión en castellano. Para que no os de pereza leerlo.