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8 de noviembre de 2011

Todo cambia

Todo cambia.

Creo que esto ya lo he dicho antes, además utilizando las palabras de Mercedes Sosa. Y es verdad, todo cambia. Y lo bonito es darse cuenta de ello, ser conscientes de que dejamos de ser un poco nosotros para convertirnos en unas versiones, posiblemente mejoradas, de nosotros mismos pero del futuro. Nosotros más nosotros que nunca.

Digo que todo cambia porque últimamente me he dado cuenta de que me gustan cosas que antes no me gustaban, que empiezan a dejar de gustarme otras y que las cosas malas que estaban atrás y de las que quedaban aún remanentes, comienzan a perder interés y fuerza, por lo que suelto lastre y vacío la maleta para lo nuevo que viene pegando fuerte. El cambio es siempre un alivio. Ayer me dijo una amiga que consideraba que yo era "refreshing", y posiblemente sea por esa capacidad que tengo de adaptarme al cambio o por lo cambiante que soy yo misma. No sé si ser refreshing debo tomarlo como un cumplido, pero me gustó que me definiera así, porque en cierto modo así es también como yo me siento últimamente.

Ha habido en mi vida pequeños y grandes cambios. Como anécdota diré que ahora, tras años renegando de ellos, me gustan el italiano y los musicales. Vivir para creer.

23 de junio de 2011

La delgada línea de los grises

Todos conocemos la vida de los grises. No de las personas grises, aburridas, solitarias y sociópatas. Sino de los grises como el espacio intermedio entre los opuestos. "La vida no solo se divide entre lo blanco y lo negro, hay una amplia gama de grises entre medias". Hemos oído esa frase o alguna parecida cientos de veces. Es cierto, no todo es blanco o negro. El espacio de los grises existe y es necesario porque enriquece y abre las mentes.

Pero ese espacio de los grises no es tan grande como nosotros podríamos imaginar. Es una delgada línea. La delgada línea que separa el amor del odio, al amigo del enemigo, al odio del amor, lo moralmente bueno de lo moralmente malo, al ateo del creyente... Nunca me ha gustado pensar que el espacio entre los contrarios fuera tan estrecho. Siempre pensé que había un proceso mayor entre lo uno y lo otro, pero con el tiempo, me voy dando cuenta de que algunas cosas sí necesitan un pequeño cruce de calle, un salto de escalón o una pasada de página para acabar convirtiéndose en lo contrario de sí mismas. Supongo, aún así, que debe de haber internamente un proceso previo que va limando las esquinas de nuestra opinión poco a poco, que moldea al bueno para hacerlo malo, que despoja el cariño para acabar odiando lo que un día amábamos y endulza lo feo para que lo veamos con la belleza del día nuevo. Pero solo lo supongo. No tengo certezas con respecto a esto. Solo sé que un día odio y al día siguiente amo. Solo sé que la opinión cambia, que evolucionamos también en nuestra forma de pensar y lo que alguna vez se nos antojó impensable acaba convirtiéndose en algo probable y factible.

Y como la línea que separa lo blanco de lo negro es tan fina, fluctuar es normal. Cambiar de decisiones, disfrutar de lo que ayer no nos gustaba y cantar las canciones que en la adolescencia habíamos repudiado es normal. Lo que no es normal es la fijación por la permanencia, la negación del proceso, creer que todo está aquí y es así porque nació aquí y es así desde siempre y así seguirá siendo para el resto del tiempo. Lo que no es normal es la gente "de ideas fijas", que acaban tiranizando a quienes tienen alrededor. Lo que no es normal es organizarse la vida con veinte años e ir cumpliendo punto por punto lo que siempre hemos dicho que haríamos, aunque los gustos hayan cambiado, y las circunstancias, y nosotros. 

El espacio entre el blanco y el negro es una línea de entrada y salida abierta. Un lugar de paso, igual que el blanco o el negro. Porque todo cambia. Y en la mezcla de colores que es el cambio, aprendemos.

19 de junio de 2011

Limpieza general

Junio es el mes de las limpiezas generales por excelencia. Junto con diciembre. Cada medio año uno se despoja de lo que ya no sirve, de lo que le ha hecho mal o no le ha hecho crecer como persona. Hay limpiezas necesarias pero imposibles de hacer. Más de una limpieza haría yo en la televisión, en el sistema político español, en el sistema educativo español -o mejor, madrileño-, en el sistema sanitario español, en la lengua de algunos personajes públicos que parece que sólo están hechos para insultar y criticar con malas artes...

Otras limpiezas son posibles y purifican. Con el fin del curso uno limpia y recoge sus apuntes, ordena los libros que ha leído, desde los más placenteros a los más aburridos. Con el fin del curso uno llega a conclusiones, hace una lista de la gente increíble, los que siempre quedarán en la memoria del 2010-11 -y en el corazón, claro- y los que acabarán perdiéndose porque nunca merecieron la pena. Limpiar significa borrar constancia de lo que un día existió. No quiere eso decir que eso deje de existir, sino simplemente que eso no nos hará crecer en un futuro y queremos soltar lastre, seguir avanzando con la maleta más llena, pero solo de aquellas cosas que realmente son importantes. 

Me gustaría hacer aquí una lista de esas cosas que me llevo a Londres en la maleta del próximo curso, las que sin duda han superado la limpieza literal y la metafórica; pero las cosas que uno lleva en su maleta son demasiado personales e íntimas -ya me lo enseñó Celia una vez- y es mejor dejarlas ahí dentro y mirarlas con los ojos de la nostalgia y el sentido común. Esas pequeñas cosas, y sobre todo esas personas, irán asomando por las páginas de este blog a lo largo del futuro igual que han asomado a lo largo del pasado: música, momentos, amigos, fotografías, símbolos, sonrisas,... Todo lo que merece la pena sigue en la maleta e iré desprendiéndome poco a poco de lo que ahora parece imposible pero que puede retrasar mi camino.

De la limpieza general de este junio os habéis salvado vosotros, los que me leéis, los que me queréis y me lo habéis dicho y me lo habéis demostrado. Se salvan poetas y dramaturgos, se salvan generaciones enteras de escritores, os salváis los que me habéis enseñado a hacer fotos -es decir, a aprender a mirar el mundo con otros ojos-, os salváis los que me habéis enseñado palabras en otras lenguas, os salváis los que habéis compartido conmigo. Te salvas tú, cuya vida cambia a partir de ahora de forma radical, y no sabes qué hacer. Pero confío en que tú y yo sabremos encontrar un nuevo camino que siga dando sentido a esta vida que ahora empezamos. Lejos o cerca, estás en mi maleta de las cosas que siempre superan la limpieza.


31 de octubre de 2010

Volver

Citando el tango y a Almodóvar, vuelvo.

Hay cafés que se hacen esperar años, pero llegan y llenan tardes enteras. Hay cafés que en realidad son personas que te hacen pensar que sí, que no lo intuías, que de verdad el tiempo ha pasado por ti y has cambiado, pero que sin embargo sigue quedando algo imperturbable. Porque aunque la conversación quedó atrapada en la cadena de una bici a la entrada de la biblioteca hace siete años, la retomamos como si nada hubiera pasado. Como si hiciera un ratito nos hubieran enseñado a escribir haikus. En el fondo somos los mismos. En el fondo ayer nos redescubrimos. Al menos yo. Aparté unas horas a Steinbeck y dejé fluir la conversación de antaño. Soy la misma. Quizás con el barniz de Steinbeck y tantos otros que vinieron después de aquel Blas de Otero recomendado en las escaleras de la biblioteca. Ese verano aprendí a decir "desarraigo" y me regalaron un poema sobre Penélope. Después vinieron los grandes maestros: la literatura de canon. Y yo me fui haciendo entre Salamanca, Madrid y otros recovecos. Volvemos a Parla y nos nutrimos con el café de los años. Somos diferentes. Pero nada ha cambiado.


Gólgota

Dani Cerrato | Myspace Music Videos

21 de junio de 2010

Ciudad de cristal

No sé por qué extraña razón hay libros que se nos privan desde dentro de nosotros mismos. Me explico. Hace exactamente dos años y medio, recibí como regalo el libro Ciudad de cristal, primero de la trilogía de Nueva York, del escritor Paul Auster. Por caprichos neuronales, cerebrales, sentimentales o ve tú a saber, los primeros intentos de acercamiento a esta novela fueron frustrados. No conseguía pasar de la segunda o tercera páginas.

Hay un sentimiento, que seguro que tú habrás sentido alguna vez, que es algo así como el remordimiento al no ser capaz de leer un libro que te han regalado. Además, cuando los intentos de lectura no son satisfactorios, piensas con rabia que el 'regalante' no te conoce nada y te enfadas mentalmente por ese motivo.

Yo creo que si el regalo te lo hace alguien que te quiere, acertará seguro, de alguna u otra manera. Y estoy convencida de que en algún momento siempre estarás preparado para leer cualquier libro. Bueno, siempre que el libro merezca la pena.

Y todo esto lo digo porque este fin de semana, tras una semana de lectura científica (¿Cómo le explico esto a un extraterrestre?) de la que os hablaré en breve, me apetecía desempolvar algo de lo antiguo que tengo aguardando a ser leído. Cogí este libro de Auster porque es finito y pretendía acabarlo en el fin de semana. El resultado del experimento de meter la mano en el baúl de los recuerdos literarios ha sido impresionante. Empecé a leerla como reto personal y la he terminado con pena. Y hacía mucho tiempo que no sentía esa nostalgia al terminar de leer algo realmente delicioso. Me consuela saber que de la trilogía tengo aún pendientes dos tercios más.

Ciudad de cristal es un experimento en sí misma. Es un juego de identidades y personajes, de nombres que se repiten. Es un juego quijotesco que no deja de mencionar la obra cervantina como una mera anécdota, pero que no es más que una autorreferencia maravillosa. Leer Ciudad de cristal es pasear por Nueva York con Cervantes de un brazo y Milton de otro. Es sentirse encerrado en un habitáculo oscuro y al mismo tiempo llenarse de la luz del cielo neoyorquino. Es toparse cara a cara con la soledad y, supongo que según los estados de ánimo, desear desesperadamente salir de ella.

Esto me habla de lo imprevisible que es la mente humana. Esa que un día no soporta algo y al día siguiente lo adora con locura. Siempre se ha dicho que del amor al odio va un paso. Y supongo que igual ocurre con el camino a la inversa. No hay que desechar lo que un día desechamos, sino estar abiertos al cambio. Eduard Punset (que también me tiene enganchada últimamente) siempre habla de que el ser humano es muy poco susceptible al cambio. Y que los animales o incluso la materia, cambian de estado sin perturbarse por ello. Habrá que practicar un poco y aprender del agua, que de los glaciares es capaz de volver a la atmósfera.

26 de mayo de 2010

Good bye Lenin!

Era primavera y por entonces ni se me pasaba por la cabeza un viaje a Alemania. Menos aún aprender alemán. Aunque sí empezaba a despuntar en mí un interés por Europa, por la historia reciente europea. Un interés que perdí enseguida, y poco a poco voy retomando ahora que las aguas universitarias se han calmado del todo.

Era la primavera de 2004. Seis años después vuelvo a escuchar la banda sonora como si ayer mismo hubiera visto la película por primera vez. Recuerdo que entonces aún visitaba a menudo el videoclub de mi barrio. Ahora que el alquiler de películas se ha convertido en la descarga de películas, la tienda se ha adaptado a los tiempos modernos y se ha convertido en un locutorio. Echo de menos las visitas al videoclub. Ahora parece sacrílego pagar por ver una película, pudiendo pedirla al señor de la mula que la trae en unos pocos minutos.

El hecho es que los acontecimientos han ocurrido rapidísimo en los últimos años. No reconozco nada de lo de entonces, aunque todo sea, a simple vista, igual. Yo no soy la misma, ni los libros que ocupan las estanterías de mi habitación. También el color es diferente, la lámpara de la mesa, la decoración, las fotos. De mi ropa de entonces quedarán unos vestigios casi inservibles que conservo porque soy nostálgica. Si tuviera la posibilidad de contraponer a la Patricia que veía Good bye Lenin! con diecisiete años y a mí misma, a la Patricia de ahora, creo que le daría algunos consejos. Me comportaría como la hermana mayor que nunca he tenido, para decirle cosas que quizás a los hermanos mayores nunca se les ocurre decir.

Me siento ahora, seis años después, como el personaje de la madre en la película. He sufrido un golpe, he despertado y lo encuentro todo diferente. Todo eso sin golpes, sin cambios aparentemente bruscos en la vida diaria; pero con una crisis que asola el país, con una población envejecida, sólo rejuvenecida gracias a las migraciones (riqueza humana dentro de un país viejo). Con más experiencia, pero casi las mismas inseguridades. Con incertidumbres, también como entonces, con las tardes de miércoles llenas de alemán y sin la urgencia del estudio. Con la misma melodía: la banda sonora de una película con la que empecé a comprender un poco lo que había sido Europa. Una Europa que tan solo quince años antes había sufrido una revolución. Cayó el muro y parece que cayeron las barreras. Aún quedan barreras por tirar. Y ésas no se ven a simple vista.

10 de abril de 2010

Todo cambia

Últimamente leo y escucho mucho a Eduard Punset. Me encanta su tesis acerca del cambio, de la capacidad que tienen las personas (y todo en la naturaleza) de cambiar de opinión. Sin llegar a ser contradictorios, me gustan las personas que saben cambiar su forma de pensar y no tienen miedo a decirlo abiertamente. Punset siempre cuenta una anécdota que le ocurrió con su nieta y unos hielos un día de verano. Tomando una bebida que llevaba hielo, la niña se dio cuenta de que el hielo había "desaparecido" misteriosamente. Punset le explicó a su nieta cómo la materia cambia de estado. Y bromeaba con la idea de que si incluso la materia cambia de estado, por qué las personas no eran capaces de cambiar y reconocer sus cambios.

A mis alumnos les digo que deben evitar que les encasillen por lo que fueron antes. Que tienen todo el presente y el futuro para atreverse a cambiar lo que no les gustaba de ellos. Que no pasa nada por cambiar, que el cambio es natural.

También lo decía Mercedes Sosa con las palabras del poeta Julio Numhauser.



Todo cambia

Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo
Cambia el clima con los años
Cambia el pastor su rebaño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

Cambia el mas fino brillante
De mano en mano su brillo
Cambia el nido el pajarillo
Cambia el sentir un amante
Cambia el rumbo el caminante
Aúnque esto le cause daño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Cambia todo cambia

Cambia el sol en su carrera
Cuando la noche subsiste
Cambia la planta y se viste
De verde en la primavera
Cambia el pelaje la fiera
Cambia el cabello el anciano
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

Pero no cambia mi amor
Por más lejos que me encuentre
Ni el recuerdo ni el dolor
De mi pueblo y de mi gente
Lo que cambió ayer
Tendrá que cambiar mañana
Así como cambio yo
En esta tierra lejana

Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Pero no cambia mi amor...


En la última entrada hablaba del vaciado. De vaciarse. A veces necesitamos vaciarnos para que los cambios que llevamos a cabo se aprecien más por nosotros mismos y por quienes nos rodean. A veces siento nostalgia por lo que fuimos antes, pero siempre es positivo evolucionar. Nosotros, que somos producto de la evolución, lo somos también del cambio.

5 de octubre de 2009

Cambiar de aires



Oficialmente (lo dice la RAE), cambiar de aires es 'cambiar de residencia'. Entre tú y yo, cambiar de aires puede ser muchas otras cosas. Cambia de aires el que se escapa un fin de semana a la sierra para descansar de toda la semana. Cambia de aires el que, harto del lujo de su vida, decide entrar de voluntario en cualquier asociación que requiera de sus servicios. Cambia de aires el que estructura su mente de otra manera. Yo hoy comienzo un cambio de aires incorporando a mi organización mental un nuevo idioma. Tras meses de dudas, incentivos internos y externos, un estupendo viaje y un pequeño cambio de mentalidad gracias al desfase cultural de hace unos meses, he decidido apuntarme a estudiar alemán. Un cambio de aires.

Desconectar de la vida de aquí. Descubrir la versatilidad de los músculos fonadores. Aprender que uno es capaz de hacer lo que se proponga, incluido pronunciar tres consonantes juntas al inicio de palabra. Y lo más importante, tener la certeza de que en una vida hay cientos de vidas.

Hoy he aprendido algo esencial (y no han sido los números en alemán): todos somos capaces de todo. Si he podido pronunciar zwei, podré sacar adelante a mis chicos de apoyo de segundo. Aunque ello requiera tiempo. No hemos nacido aprendidos.

21 de enero de 2009

Canciones. 9 (bis)



Wind of change, Scorpions.

La anterior entrada estaba programada. Esta no. Esta es un impulso al que me ha llevado mi mente tarareante. Toda la tarde de ayer, masificada de estadounidenses, me hizo recordar esta hermosa canción. Hoy, todo el día, recito:

The future's in the air
I can feel it everywhere
blowing with the wind of change.

Porque verdaderamente hoy es un día con vientos de cambio, y puedo sentirlo por todas partes.

* **
Añadido posterior:

Anoche me dormí mecida en las palabras del discurso inaugural de Obama. Si, como yo, no pudiste verlo en directo, puedes encontrar el documento transcrito aquí. Obama en estado puro.

En youtube también puedes encontrarlo:
1ª parte y 2ª parte

19 de enero de 2009

Cambio de look

A mis lectores habituales o simplemente a los que habéis entrado aquí por casualidad quería deciros que siento este vaivén continuo en el diseño del blog. Me ocurre una cosa: cuando tengo los nervios agarrados en alguna parte del cuerpo los combato a base de cambios. Cambio el mobiliario y la decoración de mi habitación, me corto el pelo, reorganizo las estanterías de mis libros o pruebo nuevos perfumes. El blog también me da la posibilidad del cambio, y como habréis visto, en los últimos meses ha pasado por varios diseños. Al principio del todo fue negro, después pasó a naranja, luego a verde y ahora a blanco. He vuelto a cambiar la plantilla y espero que esta vez sea la definitiva.

Creo que sigo con los nervios agarrados en alguna parte del cuerpo. Y esta vez los nervios son producto del cambio. Los exámenes, el viaje a Alemania, la solicitud de otras becas,...

En fin, espero que la nueva imagen os guste.