El maestro le dice al discípulo -cuando lo ve por primera vez-: "sé que voy a aprender mucho de ti".
Ese tipo de cosas ennoblecen a quien las dice. Ese tipo de cosas hacen ver que el aprendizaje nos está rodeando continuamente. Somos víctimas inconscientes del aprendizaje y ello nos lleva muchas veces al puro placer intelectual. O al puro placer de vivir. O a la felicidad más plena.
Deseo no cerrar nunca los ojos al aprendizaje que me llega por las vías que no son las canónicas: libros de texto, clases magistrales, etc. Deseo aprender de mis maestros, de los hombres más sabios, pero también de los niños, de los hombres más incultos o de todo lo inerte. De las piedras aprendo la quietud. De ti aprendo a escribir.