Mostrando entradas con la etiqueta estudiar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta estudiar. Mostrar todas las entradas

11 de septiembre de 2012

Ir a lo básico


Odio las programaciones curriculares.

Las odio porque dan muchas vueltas e impiden ir a lo básico. Lo básico en Lengua y Literatura es leer y escribir. Me encantaría pasarme las clases leyéndoles y que me leyeran, haciéndoles escribir sin parar.  Sobre todo en los niveles más bajos de la ESO. Y esa era mi idea. Hasta que llegó el fantasma de la programación con listas interminables de conceptos que enseñar, aunque sus mentes, aún no maduradas, de la infancia, no sean capaces de comprender qué es eso de complemento predicativo. 

Como trabajo para una empresa, tengo que seguir sus estatutos, entre los cuales consta el seguimiento de la programación de manera estricta. Y da igual que lo que se enseña en 1º vuelva a enseñarse los siguientes tres años. Da igual. El programa es dios y hay que seguir el programa a pies juntillas. Pero hay algo que me dice que ese no es el camino, así que quizás desvíe el programa y me lo traiga a mi territorio, el de la fantasía, los bolígrafos, el folio en blanco y cientos de páginas por delante. Quizás algún día ellos mismos me pidan que les enseñe qué es el complemento predicativo.

Esther Havens. La alegría de leer



25 de mayo de 2011

25 de mayo

El día de hoy suena a fecha redonda. Me gustan los cincos en el calendario. Y aunque suene a fetichista siempre he creído que daban suerte, como el nueve.

Que se inaugure con suerte esta etapa de exámenes. Como dice el refrán, al mal tiempo, buena cara.
Y Sol siempre arriba, junto con la esperanza del cambio.

9 de mayo de 2011

El refugio del estudiante

¿Cuál es el Eden del estudiante cuando llega la época de exámenes?
Su mente, que es como decir el universo.

Por eso, los estudiantes, en periodos de exámenes, viven en un mundo paralelo compuesto de fórmulas indescifrables y angustias, miedos o nervios. El refugio del estudiante tiene a veces la forma de una melodía musical, una caña de cerveza furtiva con sus amigos, una mirada intensa al cielo. El estudiante estudia, a veces, sin placer. Y eso es una pena. Me refiero al común proceso de memorizar y reproducir sin interiorizar, sin aprender. Pero seamos sensatos y lo aceptemos. Los estudios oficiales siempre tienen algo de eso, la urgencia del examen y la obligatoriedad del ejercicio memorístico. Pero quien se sabe a sí mismo estudiante, pero un estudiante eterno, que estudia y aprende por el mero placer del conocimiento, encuentra su refugio en el simple estudio. Y lo que va aprendiendo se convierte en su Edén particular. Y da lo mismo que sea febrero, mayo o septiembre, porque siempre en él hay un hueco para el descanso, que no es más que el estudio pausado, el aprendizaje inteligente y la belleza del arte en sí misma.

3 de abril de 2011

Música para estudiar

Ya pensaba que había perdido las ganas y las fuerzas para estudiar. Pensaba que la primavera había arrasado con todo. Pensaba que el tsunami lo había barrido.

Hasta que reaparecieron Bach, un violoncello y Rostropovich.

11 de febrero de 2011

¿Cómo estudiar la literatura?

Para responder a la pregunta del título, deberíamos hacernos antes otra pregunta fundamental: "¿Qué es literatura?". Ante esa pregunta, catedráticos, críticos y estudiosos de las letras tendrán mucho que decir. Porque en general a las personas nos gusta mucho establecer verdades absolutas y canónicas sobre lo que nosotros creemos que son las cosas. A mí antes me interesaba mucho esta discusión acerca de la literatura como arte, como estudio, su historia, las corrientes de crítica y teoría literarias y todas estas cosas que siguen hirviendo en muchos círculos de la intelectualidad de algunas ciudades y universidades españolas. Pero ahora yo todo esto "me lo paso por el forro de la chamarra", como dice Marwan, un cantante que me gusta mucho. Y es que creo que la literatura no se puede describir, no se puede estudiar, no se debería sufrir. La literatura se disfruta y te hace feliz. Y una vez que tenemos eso claro, uno empieza a entender mejor las cosas. Para mí el mejor profesor de literatura es aquel que te descubre los secretos que él mismo ha descubierto en una obra que considera maestra, genial, universal. Si no reconozco ese brillo en los ojos, si no encuentro ese punto de pasión literaria ni percibo la motivación del enseñante, entonces estoy perdida. Y ahí es donde comienza toda la retahíla de pensamientos tristes sobre por qué estudio literatura, por qué tengo que sufrir la literatura o por qué hay que soportar a profesores que autodefinen mentalmente la labor de profesor de literatura como aquella persona que pide que leamos mucho pero que no nos transmite nada. ¿Y qué es al fin y al cabo la literatura sino la comunicación de algo -lo que sea- a través de las palabras, los ritmos, los silencios...?

Tras este durísimo periodo de exámenes en el que he tenido que 'estudiar' cinco literaturas diferentes (como si la literatura pudiera fragmentarse así, tan alegremente), he sacado en claro varias cosas. Primero, que uno sólo puede acercarse de lleno a un texto que ama y que ha conseguido pasar por el filtro de su propia subjetividad, es decir, a un texto que ha hecho suyo de algún modo. Segundo, que aunque es cierto que la literatura va siempre de la mano de la historia, de la pintura, de otras artes plásticas o visuales, de la sociología o de la economía -según el periodo en el que se concibiera cada texto-, lo central es lo que el texto te cuenta de todas estas cosas, lo que te mueve por dentro. Por eso, yo prescindiría de etiquetas. Por eso disfruto tanto de la literatura medieval, porque se mete toda dentro de un saco, se olvida uno de etiquetar el estilo o la corriente a la que pertenece cada obra y uno se pierde tratando de averiguar qué quisieron transmitir los escritores de aquel momento. Con la literatura de los siglos XIX y XX, por ejemplo, uno tiene que tener muy claras todas las etiquetas y colocar cada pieza en un cajón. Y cuidado con confundir realismo con naturalismo, la técnica cubista con la del collage. Por último, la literatura no se estudia. La literatura se la lees a un amigo en voz alta, la literatura imprime en tu subconsciente impresiones que acaban conformando un poco tu forma de ser, la literatura se bebe con los ojos y con la mente... Pero la literatura no se estudia. Así que, tras el momento epifánico de este final de exámenes, estoy perdida ante el próximo junio. Si la literatura no se estudia pero me examinan de ella, ¿qué voy a hacer?

Lo único que me otorga un poco de paz es saber que con exámenes o sin ellos, con filologías o sin ellas, siempre habrá literatura, siempre habrá un poeta o un escritor creando para mí, siempre estarán los poetas o los escritores que llevan siglos creando para mí. Y, al igual que estos últimos días me he apasionado con la lectura sosegada de Kirmen Uribe por el puro placer de la lectura, espero que me sigan llegando textos tan magníficos -dentro o fuera del curriculum de Filología Inglesa de la UAM- y disfrutarlos. Y si algún día vuelvo a ser profesora, ya me buscaré el modo de transmitir literatura.

9 de enero de 2011

Aprender (6)

"Aprender es algo muy agradable no sólo para los filósofos, sino también para el resto de las personas por igual"

Aristóteles, Poética, IV



(Kandinsky, Composition VII, 1913)

30 de enero de 2010

Estudiar

Este año en el que he pasado al otro lado siento una ausencia de algo. Desde los cinco años he ido diariamente a clase para aprender lo que gente sabia y cualificada tenía que enseñarme. Los últimos años en los que recibí clases, me di cuenta de que esto no siempre es así. No siempre son sabios y personas cualificadas los que enseñan, sino simplemente personas que pasaban por allí y se les dio bien un examen de acceso. Pero no quiero criticar ahora los sistemas de selección del profesorado. Porque yo también he entrado en esa dinámica y la he aceptado.

Ahora que soy yo la que enseña, siento el vacío de la que aprende. He dicho muchas veces aquí, que aprendo a diario de los estudiantes, que el simple hecho de trabajar con personas es una fuente riquísima de adquisición de valores y conocimientos. Pero yo me refiero a aprender asistiendo a clase, a aprender de forma consciente, a aprender con libros de texto. Tengo necesidad de seguir aprendiendo. Es algo que me pide el cuerpo. Ahora me arrepiento de no haberme matriculado en Filología Inglesa para terminar mis estudios y prolongar un año más el dulce placer del estudio. Un placer que sólo disfruto de verdad cuando alguien "por encima de mí" está pendiente de mis pasos, de si aprendo o no. Porque, pensarás (y con razón) que si quiero, puedo estudiar por mi cuenta. Puedo hacerme con un manual de, pongamos, sociolingüística, y puedo continuar estudiando; o de historia de la lengua inglesa, o de literatura de cualquier lengua. Sí, claro. Yo puedo seguir estudiando por mi cuenta, pero no es igual. Recuerdo con total claridad, por ejemplo, las clases de literatura medieval en Salamanca. Escuchar, embobada, las controversias que surgieron a propósito de la autoría de la Celestina, o leer durante horas versiones distintas de un mismo romance medieval. Recuerdo estudiar el teatro norteamericano del siglo XX a base de "Cabras", "Deseos bajo los olmos", o "Buenas Noches, Madre" y qué decir de la evolución de la lengua española, esa yod indomable que tanto me costó aprender. De esos momentos de estudio me queda el recuerdo.

Supongo que por todo esto decidí estudiar un idioma nuevo este año. Voy dando mis primeros pasos con el alemán con la supervisión de un profesor que examina mis conocimientos y guía mi estudio de alguna manera. El año pasado escuché decenas de veces un audiocurso de alemán del que aprendí una sola expresión. Este año, de ese curso en audio entiendo ya la mitad. Avanzo. Creo que ese es el mejor sentimiento que alguien que estudia puede tener: el de avanzar. Aunque echo de menos las diez asignaturas por cuatrimestre, voy llenándome con las cuatro horas semanales de alemán. Y siento un placer indescriptible cuando, escuchando una canción, puedo entender uno de los versos.

Und die Vögel singen nicht mehr
(Y las aves ya no cantan más)


A veces siento que las aves ya no cantan más, pero me doy cuenta de que sí lo hacen. Las aves siempre cantan. Hay que estar atentos para saber escucharlas.

9 de marzo de 2009

Estudiar

Para Clara, que no estudia, simplemente relaciona.



Uno termina oficialmente sus estudios y cree que deja de estudiar. Lo cree porque ya no tiene un taco de cien páginas que estudiar para la semana próxima, y se le olvida lo que es memorizar. Uno termina los estudios por los que recibe un título o un certificado (y dios mío, sólo es un papel firmado por el rey) y cierra la puertecita del cerebro en la que ponía "Estudiar".

Bueno, eso piensan muchos. Yo no lo creo. Porque nunca creí que estudiar fuera memorizar el taco de cien folios para la semana próxima. Si hay un poco de interés, estudiar es el mero acto de saciarlo. Pienso que estoy estudiando cuando sobre mi escritorio hay folios garabateados con ideas, un subrayador o lápiz amarillo y el flexo encendido. Sin necesidad de que haya apuntes de Fonética y Fonología o Historia de la Lengua Española. Sobre la mesa, simplemente una programación, un texto de Neruda y las tres mejores redacciones de unos alumnos a los que creía incapaces de escribir así. Luego, miro a la izquierda en el montón de hojas de apuntes atrasados, en la Gramática Histórica de Penny, en el Lenguaje de Yule, en todas las novelas y poemarios en edición de Cátedra que se amontonan en la estantería, llenos de marcadores de colores para no olvidar "la mejor aliteración nunca antes leída", "importancia del acto VIII",... Miro a la izquierda, vuelvo a mirar sobre la mesa. Y me alegro de mantener la puertecita abierta.