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8 de octubre de 2009

Volver a Sabines

O volver a la poesía como punto de encuentro con uno mismo.
Sabines me reencuentra con muchas partes de mí y dice, a los nuevos, muchas cosas que yo todavía callo.


He aquí que tú estás sola y que yo estoy solo.
Haces cosas diariamente y piensas
y yo pienso y recuerdo y estoy solo.
A la misma hora nos recordamos algo
y nos sufrimos. Como una droga mía y tuya
somos, y una locura celular nos recorre
y una sangre rebelde y sin cansancio.
Se me va a hacer llagas este cuerpo solo,
se me caerá la carne trozo a trozo.
Esto es lejía y muerte.
El corrosivo estar, el malestar
muriendo es nuestra muerte.

Yo no sé dónde estás. Yo ya he olvidado
quién eres, dónde estás, cómo te llamas.
Yo soy sólo una parte, sólo un brazo,
una mitad apenas, sólo un brazo.
Te recuerdo en mi boca y en mis manos.
Con mi lengua y mis ojos y mis manos
te sé, sabes a amor, a dulce amor, a carne,
a siembra, a flor, hueles a amor, y a mí.
En mis labios te sé, te reconozco,
y giras y eres y miras incansable
y toda tu me suenas
dentro del corazón como mi sangre.
Te digo que estoy solo y que me faltas.
Nos faltamos, amor, y nos morimos
y nada haremos ya sino morirnos.
Esto lo sé, amor, esto sabemos.
Hoy y mañana, así, y cuando estemos
en estos brazos simples y cansados,
me faltarás, amor, nos faltaremos.

2 de enero de 2009

La luna 2



Otra vez la luna. Siempre la luna.
Esta vez, por Sabines:

LA LUNA

La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía.
Un pedazo de luna en el bolsillo
es mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
para ser rico sin que lo sepa nadie
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir.

Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas.


De Otros poemas sueltos, Jaime Sabines, que hoy vuelve a mi lista.

2 de septiembre de 2008

Jaime Sabines también quiere

Un querido amigo bloguero hablaba ayer sobre la importancia y el significado que para nosotros tiene la expresión "te quiero". Me acordaba ayer de la cantidad de poemas que se han escrito haciendo mención a la tan sobada expresión y también me preguntaba si no ha perdido algo de su significación primera. Me acordé de Benedetti, que en la lucha política e ideológica quería porque las manos de su amada "saben gritar rebeldía", también me acordaba de Cernuda, que quería y lo expresaba con el sol, con el viento, con las nubes... es decir con la naturaleza, y aún así pretendía traspasar la vida y querer en la muerte.

Pero me olvidaba de Jaime Sabines, un poeta al que leo y releo y no me canso de leer, porque en sus palabras hay vida, porque en su tenue voz de hombre octogenario sigue habiendo la fuerza de un muchacho. No me canso de leerlo porque lo leí por primera vez en 2003, casualmente, y me imaginé cómo sería, de dónde sería: me imaginaba a un joven cuarentón, quizás catalán. Tras una mínima investigación, descubrí que el que se había convertido en mi poeta favorito, había muerto en 1999 y era mexicano. Desde entonces sigo leyéndolo frenéticamente, sin descanso. Porque también supo llenar su mito mi gran amigo mexicano Diego.

Hoy mismo, he vuelto a toparme con él y con un nuevo "te quiero":

TE QUIERO A LAS DIEZ DE LA MAÑANA



Te quiero a las diez de la mañana
y a las once y a las doce del día.

Te quiero con toda mi alma
y con todo mi cuerpo a veces en las tardes de lluvia.

Pero a las dos de la tarde
o a las tres...
cuando me pongo a pensar en nosotros dos,
y tu piensas en la comida o en el trabajo diario,
o en las diversiones que no tienes,
me pongo a odiarte sordamente
con la mitad del odio que guardo para mi.

Luego vuelvo a quererte,
cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mi,
que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre,
que mis manos me convencen de ello,
y que no hay otro lugar en donde yo me venga,
a dónde yo vaya mejor que tu cuerpo.

Tu vienes toda entera a mi encuentro,
y los dos desaparecemos un instante,
nos metemos en la boca de dios,
hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño.

Todos los días te quiero y te odio irremediablemente,
y hay días también hay horas en que no te conozco,
en que me eres ajena como la mujer de otro.

Me preocupan los hombres,
me preocupo yo, me distraen mis penas,
es propable que no piense en ti durante mucho tiempo.

Ya ves , ¿quién podría quererte menos que yo?
Amor mío.

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La voz es la del propio poeta, en un homenaje que le hicieron en México, cuando cumplía 80 años. Este poema me gusta porque es absolutamente humano, en él se mencionan el amor y el odio, se compaginan, como en la vida misma. Y también se habla de sexo en uno de los versos que creo que más me gustan de la literatura en español: "nos metemos en la boca de dios", y dios con minúsculas. ¡¡Qué preciosa metáfora para hablar de sexo!! No dejéis de leer a Jaime Sabines, porque merece la pena. Un poemario suyo que no necesita excusas para ser leído: Yuria