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6 de enero de 2013

2013, cerrar los ojos


Sin las palabras,
dime qué nos queda.



A veces, solo se necesita cerrar fuerte los ojos, evocar un sabor, un olor, un paisaje y una melodía. Y, de repente, estás ahí.

Para que 2013 sea tan fácil como cerrar los ojos y alcanzar todo lo que, de corazón, desees.


31 de diciembre de 2012

Listas, deseos y un bizcocho que por fin salió rico


Quedan unas horas para que termine el día, y con él el mes y el año. Un año cargado para mí de cosas muy variopintas. Un año raro donde los haya, pero como todo lo raro, interesante.

Víctor, que me había enseñado a hacer listas, ha vuelto a enseñarme, sin darse cuenta, una cosa aún más interesante: a no hacerlas. ¿Por qué escribir la lista con los deseos para 2013? Está claro que por mucho que deseemos ciertas cosas, no las vamos a lograr, puesto que deben de darse las circunstancias para ello. Y, desafortunadamente, no siempre contamos con todos los ingredientes para lograr el éxito. ¿Qué hacer, entonces? Buscarlos. Poner empeño en lograr lo que deseamos, pero ponerlo de verdad. Si la vida está en decirnos que no, tarea nuestra es el asumirlo y a otra cosa, mariposa.

Por poner un ejemplo de la vida cotidiana, te diré que llevo meses intentando hacer de repostera exitosa. Es decir, que llevo muchos intentos de bizcochos poco cochos (participio fuerte del castellano antiguo del verbo cocer, lo que hoy en día se dice cocido), muy enharinados, demasiado dulces, poco dulces, sin espíritu, poco esponjosos... en fin, desastres varios. Hasta que por fin, y muy cerquita del final del año, lo logré, encontré el ingrediente secreto del bizcocho y tuve éxito con ello.

La vida está llena de bizcochos poco hechos o sin sabor y nuestra función no es simplemente desear que el siguiente salga bien, sino poner remedio, cambiar la receta, intentarlo de todas las formas posibles, no tirar la toalla hasta que no veamos que de verdad no hay remedio.

Por eso, me niego a escribir un año más en mi lista de propósitos de año nuevo aquello de "ir a Berlín", "conseguir un trabajo mejor" o "terminar la filología inglesa". Si yo me empeño en ello lo lograré. No hay que desear con los ojos cerrados, sino con ellos bien abiertos. Y como dice mi amigo Javi, hay que tener mucho cuidado con aquello que se desea, porque puede cumplirse.

Por eso, este final de año no habrá listas con deseos. Habrá un deseo universal que no solo pido para mí, sino también para ti, un deseo en el que se engloban todos los deseos del mundo porque en ti está el significado de esta frase: 

Que en 2013 encuentres la felicidad.

Y que podamos decir adiós al 2012 con alegría, igual que cuando le dijimos hola. Bebiendo cava con familiares y amigos, cantando, bailando, sonriendo, bañándonos de una felicidad momentánea con cuyo recuerdo deberemos seguirnos bañando cada uno de los siguientes días de este nuevo año que promete, como siempre, ser el mejor.



24 de diciembre de 2009

Te deseo unas felices fiestas

Aunque haga tiempo que no escribo para ti, no me he olvidado de ti.

Te deseo una noche entrañable y agradable rodeado de todo aquello que te hace feliz. Ojalá sea así.

5 de octubre de 2008

¿Existen las casualidades?

La casualidad, las casualidades, es algo que siempre me ha intrigado. ¿Por qué ocurren? O, mejor dicho, ¿en realidad ocurren? Nunca he querido decantarme hacia uno u otro extremo cuando se hace la distinción entre aquellos que creen en el destino y los que creen que cada uno es dueño de su camino, de su vida, y que aquello que hace es simplemente el resultado de un deseo o una necesidad presente, que no atiende a llamadas previas y exteriores que han decidido ya la vida de uno. Me parece algo tan fascinante, que prefiero seguir pensando y reflexionando, a decidirme ya por algo y afirmarlo categóricamente, con lo que ello supone: zanjar el tema y dejar de pensar en él.

Con algunas películas de Medem (¡y vuelta a Julio Medem!) tengo que pensar y repensar sobre las casualidades. Me ocurre eso con "Los amantes del Círculo Polar" o con "Lucía y el Sexo". Pero esta vez, la reflexión me ha venido de la mano de un escritor. Hermann Hesse escribe en su libro Demian lo siguiente:

Por estos días, la "casualidad", según el dicho corriente, me hizo encontrar un singular refugio. Pero no hay tales casualidades. Cuando alguien, que de verdad necesita algo, lo encuentra, no es la casualidad quien se lo procura, sino él mismo. Su propio deseo y su propia necesidad le conducen a ello"