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31 de diciembre de 2010

Fare thee well, friend

El fin de año no es una despedida. Tampoco es una bienvenida. Es una ligera pausa en la que la noche del día 31 se convierte en una fiesta, un motivo de celebración. Es un fin de acto: una escena nueva para representar. Aunque muchos de mis amigos dicen que el año -casi como ellos lo conocen- avanza por cursos académicos, yo sigo haciendo mis listas en estas fechas. Pienso en todo lo que me han traído los doce meses que ya agonizan, pienso en las personas que han ido de la mano conmigo en este camino, pienso en dos trozos de curso académico diferentes que corresponden al mismo año, pienso en los viajes que he hecho -los interiores y los exteriores-, pienso en las pequeñas peleas, en los reencuentros, en la gente que aparece y desaparece, en las marcas que el año nos hace sobre el cuerpo. Y me doy cuenta de que, aunque me niegue a aceptarlo, hay gente imprescindible y gente que no lo es tanto. Me doy cuenta de que hay sufrimiento real y sufrimiento relativo. Me doy cuenta de muchas cosas y solo lo hago en diciembre, nunca en junio, cuando acaba el curso académico. Diciembre es el mes más alegre de todos, frío, prefacio de muchas cosas y también despedida de muchas otras. Como casi todos los finales, está cargado de sorpresas, de vuelcos de corazón, y yo siempre lo lleno de mucha felicidad. Que mi felicidad del mes de diciembre sea nuestra felicidad de 2011: redonda, completa, plena, pura. Pero una felicidad que pueda compartir contigo, que me acompañas de la mano, que apareces y desapareces, que peleas o te reencuentras conmigo. Contigo, con quien viajo, a quien beso, a quien abrazo, con quien canto, con quien comparto. Felicidad.
Y, por supuesto, mucha vida.

23 de diciembre de 2008

Canciones. 8

Tengo una amiga a la que un mal entendido se le está convirtiendo en la peor de sus pesadillas. El problema en cuestión la está "intoxicando" de tal manera que reconoce que está perdiendo un poco las riendas de su vida, la está cambiando y no la deja ser ella misma.

Hablar con ella nos vino muy bien a las dos. A mí me ayudó a salir de mi mutismo y a aplicar para mi vida los consejos que le di a ella. Ella me agradeció el consejo y me dijo que lo pondría en práctica, que pensaría todo lo que le dije. Y lo está pensando.

Después, por cambiar un poco de tema, reflexionamos sobre esas cosas que nos hacen sentir bien: las lecturas, la música, los paseos, los amigos, el chocolate, el café, la cerveza, el arte en general...

Hoy, escuchando el último de Celtas Cortos, he encontrado una de esas joyitas que hace que nos sintamos bien, una de esas canciones típicas de los Celtas que parece que te miran a los ojos y te gritan al alma para que desempolves los rincones que tú misma te has empeñado en ensuciar. La canción se llama "Tú eres el mejor" y ahora es toda tuya:



(Letra: Jesús H. Cifuentes/Música:Jesús H. Cifuentes, Alberto García)

De todo un tiempo curándome heridas, he rescatado todo lo mejor.
Y el sentimiento me ha dado palabras que he convertido en esta canción.
Y pese a todo, ¡qué hermosa es la vida!, aunque regale a veces dolor.
Aunque sea a veces cabrona perdida, siempre hay un sitio para el amor.
No te rindas nunca a la depresión. Saca algo de fuerza de esta canción.
No abandones nunca, hay un lugar mejor, y lo llevas dentro de tu corazón.
De todo malo siempre hay algo bueno. Del lado bueno hay algo mejor,
y del mejor, saca lo que tú puedas, y gástalo con los de alrededor.
Date una fiesta en un día cualquiera. Un homenaje: tú eres el mejor.
Deja que pasen esos nubarrones. Tras la tormenta siempre sale el sol.
Porque está claro, la vida es jodida, pero tú puedes darle un subidón.
Un subidón que cierre las heridas y las convierta en acorde mayor.
Cómete al mundo mirando sus ojos, verás qué rico que sabe el cabrón.
Y que la vida tiene muchas vidas, y es verdadera esta canción.

17 de septiembre de 2008

Pintarse el ojo



Hoy me siento bien. Hoy me he sentido bien. Sentirse bien o mal depende de la actitud inicial con la que afrontemos el día, claro. Y de las circunstancias que lo acompañen. Las circunstancias que han acompañado y curtido a este día han sido normalitas. Alguna mala, incluso; pero yo hoy me he sentido bien. A veces uno se siente bien porque está enamorado, porque se siente útil, porque se sabe vivo y lo celebra, porque le han salido bien los exámenes o lo ha hecho muy bien en su trabajo, porque ha recibido tres sonrisas seguidas en el mercado, en la calle o en el quiosco de la esquina, porque su equipo de fútbol ha ganado un partido o, ¡qué se yo!, porque hoy en El Jueves sale Aznar en la portada. Yo hoy me he sentido bien porque por la mañana me he mirado al espejo y me he pintado los ojos. Sí. Sólo la raya, hoy en azul, y un poquito de máscara para las pestañas. Eso ha sido todo. Y he vuelto a mirarme y me he sentido bien.

Quizás suene algo frívolo lo que acabo de escribir. Pero, de verdad ¡es tan importante verse guapo frente al espejo! Uno se quiere más, se siente más fuerte y con más ganas de derrochar besos y abrazos con la gente, de regalar sonrisas a diestro y siniestro. Eso me ha pasado a mí hoy: que me he pintado el ojo.