En mi colegio a los hombres se les obliga a llevar chaqueta y corbata.
Algunas de las mujeres que trabajan en mi colegio llevan vaqueros y zapatillas.
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1 de febrero de 2012
6 de marzo de 2011
Machismo en internet
Supuestamente, internet es la herramienta más democratizadora de todos los tiempos. Internet es de todos y para todos -salvo excepciones deshonrosas como la de China y algún otro país- e internet nos globaliza, nos acerca, hace posible el encuentro entre culturas, generaciones, ideologías...
Sin embargo, internet también ha sido definido cientos de veces como "un arma de doble filo". Y es que en internet, como en la mayoría de las sociedades occidentales últimamente, existe la norma básica y fundamental del "todo vale". Y dentro del "todo vale" hay un altísimo porcentaje de machismo. Desde anuncios indiscriminados en los que aparecen mujeres desnudas de las que se pondera ante todo el tamaño de sus "atributos" hasta juegos como el que me he encontrado esta tarde en una página de series:

Lo que nuestras mentes tecnologizadas han aprendido a ver como "normal", no tiene ni pizca de normalidad. Estos anuncios son insultantes, abusivos y tienen un grado de machismo intolerable. Ahora que nos acercamos al 8 de marzo y festejamos todos la liberación de la mujer y la igualdad de esta con respecto al varón no solo en el ámbito profesional, sino en todos los ámbitos de la vida, es justo y muy necesario que alcemos nuestra voz para denunciar estos casos.
No quiero aquí hacer un discurso anti Ley Sinde porque no quiero pronunciarme aquí sobre ese asunto, pero me pregunto por qué no se atacan estos casos de machismo en internet igual que se ataca la "piratería". A veces tengo la sensación de que nos preocupamos por asuntos un poco superficiales y damos de lado a lo realmente importante: la integridad de todos los seres humanos. ¿Terminamos antes con las descargas ilegales o con el machismo en internet?, ¿qué es más importante para crear una sociedad igualitaria y tolerante? Creo que este es un pensamiento sobre el que reflexionar con conciencia.
Sin embargo, internet también ha sido definido cientos de veces como "un arma de doble filo". Y es que en internet, como en la mayoría de las sociedades occidentales últimamente, existe la norma básica y fundamental del "todo vale". Y dentro del "todo vale" hay un altísimo porcentaje de machismo. Desde anuncios indiscriminados en los que aparecen mujeres desnudas de las que se pondera ante todo el tamaño de sus "atributos" hasta juegos como el que me he encontrado esta tarde en una página de series:

Lo que nuestras mentes tecnologizadas han aprendido a ver como "normal", no tiene ni pizca de normalidad. Estos anuncios son insultantes, abusivos y tienen un grado de machismo intolerable. Ahora que nos acercamos al 8 de marzo y festejamos todos la liberación de la mujer y la igualdad de esta con respecto al varón no solo en el ámbito profesional, sino en todos los ámbitos de la vida, es justo y muy necesario que alcemos nuestra voz para denunciar estos casos.
No quiero aquí hacer un discurso anti Ley Sinde porque no quiero pronunciarme aquí sobre ese asunto, pero me pregunto por qué no se atacan estos casos de machismo en internet igual que se ataca la "piratería". A veces tengo la sensación de que nos preocupamos por asuntos un poco superficiales y damos de lado a lo realmente importante: la integridad de todos los seres humanos. ¿Terminamos antes con las descargas ilegales o con el machismo en internet?, ¿qué es más importante para crear una sociedad igualitaria y tolerante? Creo que este es un pensamiento sobre el que reflexionar con conciencia.
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15 de noviembre de 2010
Amables colegas:
El lenguaje no es sexista. Los sexistas somos los hablantes. Posiblemente ya hubieras caído en ello hace tiempo, pero es importante plasmarlo por escrito -verba volant scripta manent- para ver la repercusión que tiene esto. El lenguaje es una herramienta potentísima que utilizamos como queremos. La mayoría de las veces la usamos simplemente para comunicarnos, pero en esos usos prácticos, la cargamos de elementos que nos permiten, a la vez que nos comunicamos, manejar a nuestro interlocutor. Hasta ahí todo claro.
El idioma, el lenguaje, la palabra se ha utilizado per saecula saeculorum como fuente de autoridad. Sobre todo desde los púlpitos. Y siempre se le dio mayor importancia a la palabra escrita -infalibilidad de las Escrituras- que a la palabra oral en ciertos ámbitos. Pero llegaron la radio y la televisión y la oralidad recuperó su valor, su estatus. Siempre he creído que oralmente uno comunica y que por escrito adoctrina. No sé, no sé... Ese no era el tema de la entrada de hoy. El caso es que a través de la oralidad, a través del uso real del idioma, a través de su manejo como herramienta eficaz de comunicación es por donde se empiezan a colar el sexismo o la intolerancia.
Esto es un "coñazo" y lo otro "cojonudo", "tu puta madre", "¡qué zorra la tía esa!", ese chaval es un "machote" y algunas expresiones más demuestran que el lenguaje es sexista. Pero ojo, que el discurso de izquierdas no nos lleve a engaño y empecemos a creer que decir "los alumnos", a secas, es sexismo del lenguaje. Eso forma parte de nuestra gramática universal. En español siempre se ha formado así el plural: masculino + femenino = masculino plural. Pero eso no quiere decir que el lenguaje sea sexista. Simplemente que seguimos el patrón latino de la formación del plural. Pero además hay que tener cuidado con los singulares no marcados genéricamente (esto es, los que no terminan en -a u -o, que en español son los morfemas flexivos que marcan género), para que no caigamos en la creación absurda de palabras que no tienen mucho sentido, como "miembra" o "policío". Igual que los adjetivos "amable", "alegre" o "feliz" no hacen concordancia de género, porque directamente no tienen marca para este valor gramatical, los sustantivos anteriores no tienen que hacerla.
Pero vivimos en la era de lo políticamente correcto y dirigirse públicamente a una audiencia mixta como "estimados oyentes" es síntoma de machismo lingüístico y ahora se recurre en la oralidad al "estimados y estimadas" y en el lenguaje escrito a cosas como "estimados/as" o incluso "estimad@s". Para evitar las barras y las arrobas y mantener la corrección política, tengo una profesora que cuando envía e-mails a sus compañeros de departamento, en los que se encuentran varones y mujeres, opta por la selección de vocabulario no marcada genéricamente. Así, con un "amables colegas" nadie se ofende, y todos y todas tan contentos y contentas.
El idioma, el lenguaje, la palabra se ha utilizado per saecula saeculorum como fuente de autoridad. Sobre todo desde los púlpitos. Y siempre se le dio mayor importancia a la palabra escrita -infalibilidad de las Escrituras- que a la palabra oral en ciertos ámbitos. Pero llegaron la radio y la televisión y la oralidad recuperó su valor, su estatus. Siempre he creído que oralmente uno comunica y que por escrito adoctrina. No sé, no sé... Ese no era el tema de la entrada de hoy. El caso es que a través de la oralidad, a través del uso real del idioma, a través de su manejo como herramienta eficaz de comunicación es por donde se empiezan a colar el sexismo o la intolerancia.
Esto es un "coñazo" y lo otro "cojonudo", "tu puta madre", "¡qué zorra la tía esa!", ese chaval es un "machote" y algunas expresiones más demuestran que el lenguaje es sexista. Pero ojo, que el discurso de izquierdas no nos lleve a engaño y empecemos a creer que decir "los alumnos", a secas, es sexismo del lenguaje. Eso forma parte de nuestra gramática universal. En español siempre se ha formado así el plural: masculino + femenino = masculino plural. Pero eso no quiere decir que el lenguaje sea sexista. Simplemente que seguimos el patrón latino de la formación del plural. Pero además hay que tener cuidado con los singulares no marcados genéricamente (esto es, los que no terminan en -a u -o, que en español son los morfemas flexivos que marcan género), para que no caigamos en la creación absurda de palabras que no tienen mucho sentido, como "miembra" o "policío". Igual que los adjetivos "amable", "alegre" o "feliz" no hacen concordancia de género, porque directamente no tienen marca para este valor gramatical, los sustantivos anteriores no tienen que hacerla.
Pero vivimos en la era de lo políticamente correcto y dirigirse públicamente a una audiencia mixta como "estimados oyentes" es síntoma de machismo lingüístico y ahora se recurre en la oralidad al "estimados y estimadas" y en el lenguaje escrito a cosas como "estimados/as" o incluso "estimad@s". Para evitar las barras y las arrobas y mantener la corrección política, tengo una profesora que cuando envía e-mails a sus compañeros de departamento, en los que se encuentran varones y mujeres, opta por la selección de vocabulario no marcada genéricamente. Así, con un "amables colegas" nadie se ofende, y todos y todas tan contentos y contentas.
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