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4 de marzo de 2009

Optimismo

El lunes y ayer no fueron muy buenos días, académicamente hablando. Cuando uno llega al tedio y al hastío en las clases, es difícil encontrar algo que lo motive a continuar con ganas y fuerzas. Además, si el cansancio es grande, la cosa se complica y acaba convirtiéndose en un verdadero esfuerzo el acudir a clases.

En eso pensaba hoy, mientras estaba en el instituto. En eso y en los problemas de la educación, y en la necesidad que tenemos de que exista el valor del aprendizaje y el valor de la enseñanza y que éstos se tengan en cuenta. Que la educación se convierta en una preocupación para toda la sociedad y no sólo para los cuatro que se arman de tiza y paciencia para tratar de cambiar un poco el mundo.



Y enconces aparecen ellos. Profesores jóvenes, vivos, alegres, con ganas, fuerza e interés. Y esos profesores nuevos me han inoculado esa misma fuerza; me han alentado, me han dicho: "os necesitamos, transmite este mensaje". Y desde aquí, con más optimismo que hace un par de horas, con más fuerza aunque el mismo cansancio, y con dos nuevos amigos profesores te digo: "La educación [como valor] te necesita, transmite el mensaje".

28 de noviembre de 2008

Eva Armisén

Conocí la obra de Eva Armisén el año pasado, mientras preparaba una exposición sobre mujeres pintoras. La sensación que experimenté la primera vez que ví uno de sus dibujos fue de dicha incontenida. De alegría pura, de esa que es tan pura que te deja con una sonrisa en los labios que no te quita ni la peor noticia.


Hace unas pocas semanas asistí a ESTAMPA la feria internacional de arte múltiple contemporáneo. El primer "stand" (si es que se me permite llamarlo así) que ví fue el de Eva Armisén. Y me invadió una alegría inmensa que mantuve durante toda la mañana. Tenía frente a mí los originales de Armisén en todo tipo de soporte: había una vajilla y unos jarrones con sus motivos que también me encantaron.

A mi acompañante, Armisén no le gustó nada. Quizás sea por su apariencia infantil. Pero bueno, el mismísimo Picasso decía algo así como que le había costado toda una vida de aprendizaje pintar como un niño. Sí. También es verdad que a mí el primer arte, el primitivo, me fascina, y la pintura de los niños, al igual que la pintura de tipo infantil hecha por adultos, no es sino una demostración del innatismo artístico que todos llevamos dentro. De nuestro primitivismo plástico. Lo que nos permite comunicarnos antes incluso de poder articular un mensaje coherente a través de las palabras. Lo que permitió a los primeros hombres demostrar su fascinación por las bestias o por la figura de la mujer (de la madre, de la tierra).


Pero Armisén va más allá. La pintura de Armisén es puro optimismo y es eso lo que acaba de conseguir que me desprenda de todo convencionalismo para quedarme embelesada ante una de sus mujeres con pájaros en la cabeza, en las nubes o felices, por el simple hecho de vivir. Aunque sea en este mundo que a veces parece tan insoportable.
Es que con Armisén es todo más llevadero.

17 de septiembre de 2008

Pintarse el ojo



Hoy me siento bien. Hoy me he sentido bien. Sentirse bien o mal depende de la actitud inicial con la que afrontemos el día, claro. Y de las circunstancias que lo acompañen. Las circunstancias que han acompañado y curtido a este día han sido normalitas. Alguna mala, incluso; pero yo hoy me he sentido bien. A veces uno se siente bien porque está enamorado, porque se siente útil, porque se sabe vivo y lo celebra, porque le han salido bien los exámenes o lo ha hecho muy bien en su trabajo, porque ha recibido tres sonrisas seguidas en el mercado, en la calle o en el quiosco de la esquina, porque su equipo de fútbol ha ganado un partido o, ¡qué se yo!, porque hoy en El Jueves sale Aznar en la portada. Yo hoy me he sentido bien porque por la mañana me he mirado al espejo y me he pintado los ojos. Sí. Sólo la raya, hoy en azul, y un poquito de máscara para las pestañas. Eso ha sido todo. Y he vuelto a mirarme y me he sentido bien.

Quizás suene algo frívolo lo que acabo de escribir. Pero, de verdad ¡es tan importante verse guapo frente al espejo! Uno se quiere más, se siente más fuerte y con más ganas de derrochar besos y abrazos con la gente, de regalar sonrisas a diestro y siniestro. Eso me ha pasado a mí hoy: que me he pintado el ojo.