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6 de mayo de 2011

La biblioteca y los auriculares

Ayer fui a la biblioteca a leer. Cansada del murmullo constante, decidí escuchar con los auriculares música desde el ordenador. Quería violoncellos, así que busqué algo de música de cámara con instrumentos de cuerda y me topé con Dominico Gabrielli. Mientras esperaba que comenzara la música, empecé a observar los rostros que me rodeaban. Y de repente una nota grave comenzó a llenar el silencio de los murmullos. No me daba cuenta de que solo la estaba escuchando yo, me sorprendí al ver la indiferencia en los rostros ajenos. Hasta que por fin lo entendí, eran los auriculares.

Entonces empecé a mirarlos a todos: gente de todas partes, chicos, chicas, hombres, mujeres, apuntes llenos de fórmulas, en francés, español o inglés, subrayadores, botellas de agua, ordenadores, caras de tedio, desidia y aburrimiento, rostros iluminados o apagados, miradas concentradas en el papel o los libros, ojos incrédulos, las risitas incontenibles de los funerales, los tacones, los amantes, todo un universo propio el de las bibliotecas. Eso fuera de mí. Y dentro de mí un violoncello, un violín, música de cámara ante los ojos incrédulos del resto, la risa furtiva de mis compañeras de mesa. Y yo sorprendida de que la música que a mí me movía a pensar en esta entrada no les conmoviera a ellos. Ellos, que estaban lejos de mí, a tan solo unos centímetros de aislamiento auricular.

14 de noviembre de 2010

La mandolina del compositor Vivaldi

Se me hace difícil entender una mañana de domingo sin varias cosas: tostadas calientes con mermelada de frambuesa, un café grande, la limpieza apresurada de la capa de polvo que se ha reposado tras días de trabajo en la mesa de estudio, el artículo de Elvira Lindo en El País, la resolución del crucigrama del mismo periódico, un vistazo por la ventana para sentir caer las gotitas de lluvia y -siempre, siempre- una pieza de música clásica que me recuerde los domingos de la infancia en los que la casa se llenaba del Amor Brujo de Falla.

Hoy la mandolina de Vivaldi, para mantener las costumbres de las mañanas de domingo. En el fondo, el domingo no es tan mal día como lo pintan:

5 de junio de 2010

Der Ring des Nibelungen



Para continuar con mis estudios de las últimas semanas sobre mitología nórdica y leyendas escandinavas, no hay mejor descanso del guerrero y toma de aire que la música de Wagner con su cabalgata de Valquirias.

17 de febrero de 2010

Vivaldi

Música para los días lluviosos con arcoiris.
Música para hacer memoria, recordar y desrecordar.

Música de espera.