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25 de agosto de 2012

Peregrinos (III): Higinio

He consultado el significado de este nombre de procedencia griega y significa, literalmente, "aquel que está sano" o "aquel que es vigoroso". Y esa es una descripción muy acertada del peregrino Higinio. A pesar de su edad -era el mayor de todos los peregrinos con los que me crucé en el Camino, sin contar Frits-, se mantenía fresco, activo y sano y nos ofrecía a los jóvenes el modelo del caminante tranquilo, fuerte y vigoroso.

Hay una leyenda del camino que asegura que el propio Santiago se aparece en forma de peregrino para protegerte y acompañarte en el camino. Mi Santiago particular en este trayecto fue, sin ningún lugar a dudas, Higinio. Su persistencia y ganas de caminar contigo constantemente no eran, sin embargo, algo muy agradable. Uno camina solo porque necesita la soledad para pensar, escucharse y escuchar las pisadas de las propias botas sobre la tierra seca castellana o el prado gallego. A pesar de ese estar constante, uno sabía que Higinio siempre lo hacía con la mejor intención, como aparecerse desde detrás de los árboles cuando sabía que al compañero le faltaban las fuerzas. Siempre sonriente, siempre locuaz y muy campechano, Higinio se convirtió en una institución de mi camino y del camino de todos los peregrinos amigos que hice en mi viaje. A algunos les faltaba la paciencia para aceptar horas de su compañía, y yo me retaba a mí misma a seguir a su lado sin desfallecer, aunque alguna vez le tuve que pedir que me devolviera mi tiempo y mi espacio, que la decisión de ser una peregrina solitaria había sido mía. Al final, todos tan amigos. Tan peregrinos.

Supe de Higinio una vez terminamos los dos el peregrinaje. Él me había adelantado y llegó antes a la meta, pero mantuvo la promesa tácita de protegerme, incluso en la distancia. Así que nos llamó varios días después de perderle el paso, y ya una vez fuera del recorrido. Su voz seguía fuerte, su seguridad en sí mismo seguía débil, pero sus ganas de proteger y de querernos a los pequeños seguían intactas.

A Higinio lo recordaré siempre. Creo que veía en sus ojos, también, los ojos pequeñines de un ave que anda un poco perdida pero no ceja su empeño en seguir buscando el camino y volar libre a pesar de todo.


10 de mayo de 2011

Mujeres, República y Fortaleza

La muerte se viene, tan callando, y la vida, que es un torbellino de palabras y de sonido rescata la memoria de los que se quedaron atrás, en el silencio.

Javi Larrauri ha grabado un documental hermoso sobre la fortaleza de las mujeres republicanas. Algunas, ya con noventa años, siguen teniendo el espíritu humanista, democrático y liberal de aquella época. Sus palabras rescatan del silencio a las que perecieron y sacuden el presente de las que como yo, tenemos esperanza en el cambio.

21 de febrero de 2010

Personajes reales* /8

* Aunque los personajes presentados en esta serie son reales, he distorsionado o cambiado sus nombres para proteger su identidad.

ELVIRA

No debe tener aún los cincuenta años. Es profesora de matemáticas y está retirada porque tiene, desde hace unos diez años, una enfermedad degenerativa de los músculos que le impide vivir con normalidad.

Ha decidido, ahora que está retirada a la fuerza, dedicarse a hacer encaje de bolillos, estudiar matemáticas, aprender euskera y leer, leer, leer. Siempre está leyendo. Dice que lo del encaje de bolillos es por ejercitar un poco los músculos de la mano, por liberarse un poco de la actividad intelectual que realiza a diario durante tantas horas.

A veces quedamos para hablar. Es una especie de guía para mí. Me dijo, cuando le conté que había decidido estudiar filología hispánica, que esa era una carrera de maripuris. A ella le gustaba mucho más mi opción anterior, la de ambientóloga. Pero le encantó la idea de que fuera a estudiar fuera de Madrid, y por eso acabó apoyando mi decisión. Ahora me ayuda en la tarea de enseñar. Me cuenta anécdotas de sus años de jefa de estudios. Noto que es una mujer de armas tomar. Y no es para menos. Los dolores que le causa la enfermedad son insoportables, pero ella sigue adelante. Siempre está riendo. Nunca sé cuándo está mal y cuándo está bien de veras. A veces, pienso si es posible que esté bien estando así. Toma medicamentos muy fuertes y hay días que debe permanecerlos completos en la cama. Sale a la calle con su mini motocicleta adaptada y sonríe. Me encuentro con ella por la calle y me invita a que vaya a visitarla a casa.

Aprecio mucho a Elvira y creo que es la mujer más valiente que he conocido nunca. Luego me doy cuenta de que no, de que como ella hay muchas otras y me siento orgullosa de tenerla como amiga. Es un ejemplo de vitalidad. Me inunda su esperanza. Pensar en ella es pensar en la superación, darse cuenta de que hay que aprovechar la vida venga como venga, aunque nos postre durante días a una cama. Hay que seguir aprendiendo. Hay que seguir viviendo.