Mostrando entradas con la etiqueta Hamburgo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hamburgo. Mostrar todas las entradas

28 de febrero de 2009

La guerra

Francis Bacon. Ahora en el Museo del Prado.


La guerra [¿Qué guerra? - Todas las guerras] atravesó las vidas de muchas personas. De ella, cada individuo obtuvo una conclusión distinta. Hubo quienes se aislaron pensando en la desgracia de la condición humana. Y hubo quienes decidieron que el desastre se convertiría en elemento de la vida cotidiana para evitar así caer de nuevo en sus errores.

Hamburgo. Iglesia de San Nikolai. Monumento al ser humano. Bajo estas manos (y de las manos siempre la idea de ofrenda) el lema:

20 de febrero de 2009

Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar

Hace unos días, una profesora alemana de español me dijo cuáles eran los libros en español que leía con sus alumnos. Me recomendó algunos que yo no había leído y los olvidé cinco minutos después. Varios días más tarde, en Hamburgo, paseando por una librería interesante con postales de Käte Kollwitz, vi un título que me recordó a aquéllos que me había recomendado. Estaba en español con anotaciones en alemán. Bien, pensé, así podré aprender algunas palabras en alemán. Lo compré. Y no empecé a leerlo hasta ayer.

Luis Sepúlveda escribió este fantástico relato para sus tres hijos Sebastián, Max y León. Un día, hablando con Yolanda sobre literatura infantil, ella me dijo que no estaba muy interesada en este tipo de género. Le di la razón en algunos aspectos, pero no en otros, porque creo que hay muy buena literatura infantil: la que va dirigida a toda la humanidad. Las fábulas son el mejor ejemplo de literatura infantil, y también el mejor ejemplo de literatura universal. Esta Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar, es la fábula más bella que he leído en años. Creada para convertir en héroe a un gato agonizante, narra la importancia de la amistad, el apego a la tierra donde uno nace o vive, la necesidad de encontrar el lugar propio de cada uno y también la posibilidad de sentirse un igual entre diferentes. Habla sobre la vida, sobre la muerte, sobre la imaginación, sobre las relaciones entre humanos y animales, sobre el respeto y la tolerancia. Habla sobre el mar, la tierra, el cielo y la poesía. ¡Habla de tantas cosas en tan pocas páginas!

Leer es encontrarse, y yo me he encontrado en las páginas de este libro finito y desapercibido. Leer es entrar en contacto con el mundo y sentirse más libre. Yo, estos días en Hamburgo, me he sentido en contacto con el universo entero leyendo estas páginas. He pensado en generaciones de niños leyendo este relato maravilloso y he sonreído imaginando el bien que les haría.

Intuyo, lector, que ahora estarás interesado en leerlo. Te recomiendo Hamburgo para hacerlo, o cualquier asiento cómodo desde el que dibujar mentalmente el puerto, San Miguel y todas las gaviotas que, sin darse cuenta, te narran su historia y la de Afortunada.

Ahora dos citas para ir abriendo el apetito de lectura:

“En tu vida tendrás muchos motivos para ser feliz, uno de ellos se llama agua, otro se llama viento, otro se llama sol y siempre llega como una recompensa luego de la lluvia. Siente la lluvia. Abre las alas”.

“El humano acarició el lomo del gato.

- Bueno, gato, lo hemos conseguido –dijo suspirando.
- Sí, al borde del vacío comprendió lo más importante –maulló Zorbas.
- ¿Ah, sí? ¿Y qué es lo que comprendió? –preguntó el humano.
-Que sólo vuela el que se atreve a hacerlo –maulló Zorbas.”

[Es el mejor final para una historia como esta. Es el mejor final para este viaje].

Münsterdorf, 19 de febrero de 2009.

16 de febrero de 2009

Maskenzauber, 2009

Hamburgo, 15 de febrero de 2009.



Pasearse por las calles de Hamburgo es un placer cualquier día. Ayer, sin embargo, el frío no nos dejaba apenas respirar. Siempre dentro de algún sitio, para evitar los pies de hielo y la nariz de Rudolf. Aun así, una escucha el Canon de Pachelbel en plena plaza del Ayuntamiento, y por puro disfrute sensorial se acerca más hasta el centro de la música. Y del centro de la música surge un maravilloso plantel de actores disfrazados con trajes fantásticos, bailando y sonriendo, a pesar de los pies de hielo y la nariz de Rudolf. La música nos invitó a bailar, y el frío se nos olvidó por un momento.

[la foto está tomada de Flickr, porque las que hice yo no salieron tan bien]

9 de febrero de 2009

¿Hay vida después de la poesía?

Se me ha ocurrido pensar en eso hoy, recordando que hace muchos días que no leo un poema. Y sin duda sí que hay vida después de la poesía. Porque hay poesía en todas partes. En este aire frío con gotas de hielo hay poesía. En los ojos azules de cada alemán y de cada alemana con los que me cruzo por la calle. Hay poesía en la solidaridad con que te acogen y te preguntan si estás bien, si necesitas algo, si eres feliz en su país. Hay poesía cuando, después de una semana, sientes ganas de llorar al despedirte de una persona con la que has compartido tan poco y en realidad tanto. Hay poesía cuando existe el idioma común de las miradas y uno se olvida de cómo hay que conjugar ese condicional tan difícil que combina varios tiempos verbales. Hay poesía cuando de noche recibes un mensaje de España deseándote lo mejor. Hay poesía en tus ojos de lector que hoy lees esto e intentas imaginar alguna de las cosas que hoy te cuento aquí.

Hay poesía después de la vida.

5 de febrero de 2009

Hamburgo. Carlos Núñez.



Ayer me llevaron a ver Hamburgo. Una ciudad preciosa, sin duda. Las dos próximas semanas viviré allí, así que tendré tiempo de conocerla mejor, de sentirla un poco mía.

Hamburgo, a partir de ahora, estará ligada a Carlos Núñez. Porque ayer tocaba Carlos Núñez en un local que se llama Fabrik en Hamburgo, y no dudé en pedir que me llevaran. Fue extraño estar allí, rodeada de alemanes (a algún español oí también, claro) y escuchándolo a él hablar en inglés. Fue un sentimiento nunca antes vivido tan intensamente de pertenencia a una tierra, de sentirme fuera de casa, pero cerca por un momento. Quizás porque estaba sola. Porque no había amigos con los que bailar y con los que pensar que esto solo es una aventura de unos días. Me vi a mí misma ahí, escuchando tocar melodías hermosas en flautas mágicas, escuchando cantos tradicionales gallegos que me desgarraron el alma por un momento. Y los ojos llenos de agua que soltar. Y ni una lágrima en este país de personas duras y fuertes, aunque mis ojos lo necesitaran. La última, la mejor recompensa fue el abrazo de Carlos. Un abrazo universal, sí; pero absolutamente español. Con sonrisa, con buenos deseos.

Mi primer día en Hamburgo y el abrazo de Carlos Núñez. ¿Qué más se le podía pedir al día de ayer?
Ayer necesitaba que tiraran un poco de mí. Y An Dro tiró de mí, desde un dedo meñique.