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1 de febrero de 2013

Hay vida más allá



En esta ciudad 
me siento pequeña
me siento perdida
y, cada noche, sueño
con volver a casa.

 ("Volver a casa", María Monjas)


Leo mucho.
Y escucho.
Y miro.

Leo a María Monjas en su poemario exquisito, Háblame de la lluvia, en el que afirma verdades inmensas como océanos, como lluvias gallegas de diluvios infinitos. O lloviznas infinitesimales. María Monjas me ha curado un poco la soledad de poemas del día a día, de la vida que yo busco, que yo espero, de la vida del más acá y del más allá. Hay un poema que dice:


El Otro Lado

(Cuando hayas desaprendido a esperar,
te enseñaré a querer.
SÉNECA)

Espero.

Te espero con furia, con urgencia, con ardor, con recelo.

Espero tus manos, tu sonrisa, tu deseo de viento.

Espero verte llegar con tus besos, con tus enigmas,
con tus palabras.

Te espero tanto,
tanto y tanto

Que olvidé por completo
caminar hacia ese otro lado
en el que tú,
quizá,
me estés esperando.


No estoy segura de que haya un "otro lado", pero sí hay un sueño, un querer volver a casa, un querer mirar atrás, con mucho miedo, pero también adelante, con una suerte de certezas que lo dicen todo.

Mientras recito mentalmente que "quizá me estés esperando", conduzco, y miro el cielo rosado, liláceo y de un azul anaranjado maravilloso que se me aparece cuando vuelvo a la rutina. Abro las ventanas del coche, pienso en dejar de esperar y, una brisa fuerte, de corriente, caracolea entre mi cabello largo que vuelve a ser el de entonces, el de siempre. Subo el volumen de la música, la que escucho tanto últimamente. Quiero que el sonido de la voz de Drexler o de Xoel López arranque a manotazos los versos de María, esos que me prometen que "quizá me estés esperando" y así, al azar, escucho decir a Jorge que nada se pierde, que todo se transforma. ¿Y en qué se ha transformado todo? También le escucho decir que estamos cantando una canción que dice que uno solo conserva lo que no amarra. Y yo, cansada de no amarrar, de no conservar, de esperar (o no), de contenerme las palabras, de contenerme el sentimiento, de quedarme encerrada lejos de esas nubes lilas y rosáceas que me dicen a voces, con sus colores, que hay vida más allá. Más allá de las puertas de mi coche, del parabrisas, de la verja del colegio, de esta ventana que corta la llovizna y el arcoiris, más allá del miedo. 

Entonces, leo más, escucho más, leo todo, lo escucho todo. Quiero convertirme en María Monjas para escribir un poema que diga cómo me siento. Quiero, también, tener la sensibilidad de Lorca. Esa con la que compuso textos maravillosos, universales, inmortales como es Yerma, que fui a ver hace dos días, para ir más allá y salir de la claustrofóbica caja de cerillas que es la rutina en esta ciudad. Miro a Lorca en los movimientos exagerados de Silvia Marsó. Miro la vida delante de mí, la desesperación de esa mujer casada con Juan pero que ama en secreto a Víctor, aunque no lo crea. Yerma espera sin darse cuenta de que también a ella la están esperando. Y se cumple la profecía de María Monjas ochenta años antes de que ella lo escriba.

Menos mal que hay vida más allá de esta vida. Hay mucha vida en un estribillo de Drexler, en cualquier rima de Lorca, en la sonrisa tierna de mis alumnos que, cada día, me enseñan a ser más yo, en la poesía de María, en la lluvia que ella evoca, en las nubes que cada día esconden un sol más rojo, ¡tan (pre)primaveral!

Después de esta vida, nos espera aún más vida. Aprendamos a vivirla sin olvidarnos que es ella la que espera a que nosotros lleguemos.




28 de abril de 2012

Espera


A veces la espera cansa, oprime, nos desvela. También la espera, como el propio nombre dice, contiene dosis de positividad, de cambio y evolución. Dicen los viejos dichos que "quien espera, desespera", pero yo no estoy del todo de acuerdo con ese refrán. Quien espera, aprende, está atenta a otras realidades, vive con los ojos más abiertos, más expectantes, hace fotos que dicen más acerca de la persona misma, contempla a los demás de otra manera, ve la belleza en todo, porque está en el camino hasta el encuentro.

Mientras espero, Londres me regala visitas, flores, soles, lluvias, nubes, arcoiris, tardes de risas, tardes de pub en buena compañía, momentos de lectura y de reflexión, sonrisas, llantos. En la espera está la vida. Después de la espera, sigue estando la vida. 


Que la espera no te impida vivir.







26 de febrero de 2011

Impaciencia

"Eres muy impaciente, P., debes aprender a esperar, a tomarte tu tiempo".

Si no es esa exactamente, algo así me han dicho en los últimos días varias personas. Siempre había pensado que era una persona bastante paciente en general, al menos así me contemplaba yo a mí misma, pero parece ser que proyecto otra imagen diferente. Eso me ha hecho pensar en mi amiga C., a la que le preocupan mucho "los componentes de su ser", las perspectivas y los puntos de vista desde los que se define y desde los que la gente que la rodeamos la entendemos, la apreciamos y la queremos.

Es cierto que la propia identidad es un concepto difícil de entender, asimilar, explicar. Mientras yo nunca me habría definido como alguien impaciente, ahora me encuentro con que es la idea que tienen algunos amigos de mí. Soy impaciente. Me cuesta esperar. Formo parte inherente de la sociedad de las prisas y he entrado en la dinámica de la impaciencia. Si me paro a pensarlo más, puedo confirmar esto que dicen de mí mis amigos. Parece que hay veces que vivo más en el futuro que en el presente. Y eso es un tipo de impaciencia. Me muevo por impulsos, decisiones precipitadas, impresiones. Es posible que también eso sea una forma de impaciencia.

Si lo pienso más en profundidad, me doy cuenta de que no sé ser de otra forma. Y me pregunto si la paciencia se aprende o es algo genético. En seguida me respondo que no, que la paciencia es una virtud adquirida. Pero, ¿cómo se adquiere la paciencia? He pensado en prescindir de todos los medios tecnológicos que nos ofrecen las cosas "aquí y ahora". También se me ha ocurrido hacer un diario en el que anotar las cosas que quiero -no solo las materiales, por supuesto- e ir disfrutando día a día del proceso que me lleva a alcanzarlas. Esa es una forma de darle valor al presente sin obsesionarse con los resultados, las metas. Tengo la sensación de que la impaciencia es un vicio que nos roba muchos momentos. Es una ladrona de tiempos que solo a nosotros nos pertenecen.


También pienso que la impaciencia va un poco ligada al sistema capitalista: en un mundo en el que prácticamente todo se puede comprar, ¿por qué esperar más? En los países más empobrecidos seguro que no existe esa ansia por alcanzar las cosas, ese sentimiento de no sentirse "realizado" hasta no obtener los resultados...

Creo que mi impaciencia es una especie de impaciencia cósmica. No tiene que ver con mi capacidad de tolerancia, aguante, resistencia. Es una impaciencia fundada en la base de que la espera es agotadora. Pero, ¿no es eso el mundo, la vida, lo que conocemos en las culturas occidentales -influidas por siglos de religión-? Una gran espera -¿qué esperamos, a quién?- en la que se ponderan más los fines que los medios.

20 de febrero de 2010

Esperar

En un mundo de prisas continuas, del aquí y ahora, donde todo tiene que ser dicho y hecho, dejemos un hueco para la espera.

Quien espera, desespera, dice el refranero español. Yo creo que esa afirmación no se cumple en todos los casos. Quien espera tiene esperanza, piensa que lo que viene puede ser mejor. Creo que si evitamos la obsesión de la espera, ésta puede ser un momento bonito. Inflexión entre lo de ayer y ahora y lo que llegará.

Espero que el segundo detrás de este segundo en el que escribo me traiga lucidez y paciencia para seguir esperando.

17 de febrero de 2010

Vivaldi

Música para los días lluviosos con arcoiris.
Música para hacer memoria, recordar y desrecordar.

Música de espera.

25 de noviembre de 2009

Waiting for news



Parece que el tiempo no termina de pasar cuando esperas, ansioso, los resultados o las respuestas de algo.

17 de diciembre de 2008

Mutismo

Cuando las fuerzas flaquean, y no está permitido desaparecer, la única solución es la espera y el silencio.