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21 de abril de 2013

Mis poemas de abril (XVIII)


      AUSENCIA

Se va de ti mi cuerpo gota a gota.
Se va mi cara en un óleo sordo;
se van mis manos en azogue suelto;
se van mis pies en dos tiempos de polvo.

¡Se te va todo, se nos va todo!

Se va mi voz, que te hacía campana 
cerrada a cuanto no somos nosotros.
Se van mis gestos que se devanaban,
en lanzaderas, debajo tus ojos.
Y se te va la mirada que entrega,
cuando te mira, el enebro y el olmo.


Me voy de ti con tus mismos alientos:
como humedad de tu cuerpo evaporo.
Me voy de ti con vigilia y con sueño,
y en tu recuerdo más fiel ya me borro.
Y en tu memoria me vuelvo como esos
que no nacieron ni en llanos ni en sotos.

Sangre sería y me fuese en las palmas
de tu labor, y en tu boca de mosto.
Tu entraña fuese, y sería quemada
en marchas tuyas que nunca más oigo,
¡y en tu pasión que retumba en la noche
como demencia de mares solos!

¡Se nos va todo, se nos va todo!

(De Gabriela Mistral, en Tala)

17 de abril de 2013

Mis poemas de abril (XVI)


Poema del día decimosexto


Claudia en la Biblioteca
                                                               Para Rafael Espejo
Rebuscas en los libros
con un extraño afán de jardinera.
Delicada y ansiosa, de perfil me pareces
distinta cuando curvas las rodillas
y se tensan tus muslos
debajo del vaquero. Muerte lenta 


contemplar, sin tocado,
el pequeño tatuaje en tu cintura.
Será mejor sufrir que describir los pechos:
¿quién se atreve a cruzar los toboganes
que unen la palabra con su tema?

Así que huyo
y finjo distracción.
Si volvieras la vista a quien te escribe
desaparecerías, y es demasiado pronto.
Sigue leyendo, Claudia.
Haces bien en amarte.


(Andrés Neuman, en El Tobogán)

16 de abril de 2013

La primavera, el sol...


Cuando de repente sale el primer rayo de sol claro de la primavera, la vida toda se revoluciona. No es solo que la ropa se aligera, no es que sonríamos más, es que todos estamos más ligeros, la vida toda es pura ligereza.

A mí la primavera me gusta por lo que tiene de poesía. Todo en primavera me lleva a la poesía. Las luces son más brillantes, es como si quisieran atravesar los cuerpos, como arañazos de calor que entraran de repente. Hasta que todo se apacigua otra vez, la primavera solo es revolución. Los niños y adolescentes revolotean, y florecen árboles, amores y otras alergias diversas. Florecen también algunas penas, las de siempre, las eternas.

La primavera es un poema al que le sobran algunos versos, por lo que tiene esta estación de desbordante. En primavera leemos más, salimos más, besamos más, queremos más, es como si el tiempo se reprodujera infinitamente, en una voluta sin fin. En primavera escucho más música y querría leer todos los libros del mundo, no solo las novelas, no solo los poemarios, sino también un estudio aislado sobre la conjunción disyuntiva en Aleixandre.

Cuando la primavera se apacigua, todo vuelve como a la normalidad. Mientras dura la revolución del polen, seamos todavía más felices.

14 de abril de 2013

Para la libertad... los valores de la II República Española.



... porque aún tengo la vida



II

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.


Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,  
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.


Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.


Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.


Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.


MIGUEL HERNÁNDEZ, El hombre acecha, (1938-39)

10 de abril de 2013

"Tenemos el deber de vivir la vida"


Nos educan mal empezando por introducir en nosotros en la infancia, inmediatamente sembrando dogmas que es lo contrario de la libertad de pensamiento. 
Estamos viviendo en la barbarie.
La mala educación y el desprecio a los de abajo ha crecido, porque los de arriba se han ensoberbecido. 
Tenemos el deber de vivir la vida, es decir, tenemos el deber de ser nosotros mismos lo más que podamos en compañía de los demás. Porque solos somos muy poca cosa.


Se ha ido José Luis Sampedro, un ser humano excepcional, una mente lúcida hasta el final, alguien de quien aprender a vivir, a ser. Alguien cuyas palabras deben empaparnos, calarnos hasta lo más profundo y acompañarnos en nuestra vida. Una gran pérdida.


9 de abril de 2013

Mis poemas de abril (IX)



PRECIOSA Y EL AIRE

A Dámaso Alonso

Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene
por un anfibio sendero
de cristales y laureles.
El silencio sin estrellas,
huyendo del sonsonete,
cae donde el mar bate y canta
su noche llena de peces.
En los picos de la sierra
los carabineros duermen
guardando las blancas torres donde viven los ingleses.
Y los gitanos del agua
levantan por distraerse,
glorietas de caracolas
y ramas de pino verde.

          
*

Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene.
Al verla se ha levantado
el viento que nunca duerme.
San Cristobalón desnudo,
lleno de lenguas celestes,
mira la niña tocando
una dulce gaita ausente.
Niña, deja que levante
tu vestido para verte.
Abre en mis dedos antiguos
la rosa azul de tu vientre.

*

Preciosa tira el pandero
y corre sin detenerse.
El viento-hombrón la persigue
con una espada caliente.
Frunce su rumor el mar.
Los olivos palidecen.
Cantan las flautas de umbría
y el liso gong de la nieve.
¡Preciosa, corre, Preciosa,
que te coge el viento verde!
¡Preciosa, corre, Preciosa!
¡Míralo por dónde viene!
Sátiro de estrellas bajas
con sus lenguas relucientes.

*

Preciosa, llena de miedo,
entra en la casa que tiene,
más arriba de los pinos,
el cónsul de los ingleses.
Asustados por los gritos
tres carabineros vienen,
sus negras capas ceñidas
y los gorros en las sienes.
El inglés da a la gitana
un vaso de tibia leche,
y una copa de ginebra
que Preciosa no se bebe.
Y mientras cuenta, llorando,
su aventura a aquella gente,
en las tejas de pizarra
el viento, furioso, muerde.

(En Romancero Gitano, Federico García Lorca)

7 de abril de 2013

Mis poemas de abril (VII)


Te amo


Te amo por todas las mujeres que no he conocido.
Te amo por todos los tiempos que no he vivido.
Por el olor del mar inmenso y el olor del pan caliente.
Por la nieve que se funde por las primeras flores.
Por los animales puros que el hombre no persigue.
Te amo por amar.
Te amo por todas las mujeres que no amo.

Quién me refleja sino tú misma me veo tan pocosin ti no veo más que una planicie desierta.
Entre antes y ahora
están todas estas muertes que he sorteado sobre paja.
No he podido atravesar el muro de mi espejo.
Tuve que aprender la vida como se olvida
palabra por palabra

Te amo por tu sabiduría que no me pertenece.
Te amo contra todo lo que no es más que ilusión.
Por el corazón inmortal que no poseo
crees ser la duda y no eres sino razón.
Eres el sol que me sube a la cabeza
cuando estoy seguro de mí.


(De Paul Éluard)

3 de abril de 2013

Hoy...


Hoy la vida parecía una fotografía en blanco y negro con toques de color. Lo pensaba cuando venía del trabajo. El cielo, de un gris intenso, solo soltaba gotas de a poquito. Bajo el cielo, un horizonte puro, limpio, verdísimo, el más primaveral que yo pueda recordar. A lo lejos, el arcoiris. Siempre que veo el arcoiris pienso en otro tiempo, en otros lugares, en algo lejano. Recuerdo la ilusión con que lo observaba de pequeña, corriendo como loca por la casa, saltando de alegría, asomada a las ventanas. El agua, la luna y el arcoiris son los fenómenos de la naturaleza que más me gustan. En ese orden.

Hoy, el arcoiris y el pradito que han dado color al día me han hecho sentirme como cuando era pequeña y estas visiones me producían una paz y una calma extrañas. 

Hoy ha sido un día con más horas que cualquier otro, un día en que he sentido la pesadez del tiempo ir cayendo, cansino, sobre mí. Un día que me robaba oportunidades, pero que ofrecía otras.

Hoy ha sido un día como otro cualquiera, pero ha sido un día único, como todos los otros días cualquieras.

El color sobre el gris ha difuminado pesares antiguos. Y las nuevas amistades que nacen. Y los regalos. Y las sonrisas. Y la música que surge de repente y nos hace tanto bien.

Todos los días podían ser hoy. Y hoy podía ser todos los días.

1 de febrero de 2013

Hay vida más allá



En esta ciudad 
me siento pequeña
me siento perdida
y, cada noche, sueño
con volver a casa.

 ("Volver a casa", María Monjas)


Leo mucho.
Y escucho.
Y miro.

Leo a María Monjas en su poemario exquisito, Háblame de la lluvia, en el que afirma verdades inmensas como océanos, como lluvias gallegas de diluvios infinitos. O lloviznas infinitesimales. María Monjas me ha curado un poco la soledad de poemas del día a día, de la vida que yo busco, que yo espero, de la vida del más acá y del más allá. Hay un poema que dice:


El Otro Lado

(Cuando hayas desaprendido a esperar,
te enseñaré a querer.
SÉNECA)

Espero.

Te espero con furia, con urgencia, con ardor, con recelo.

Espero tus manos, tu sonrisa, tu deseo de viento.

Espero verte llegar con tus besos, con tus enigmas,
con tus palabras.

Te espero tanto,
tanto y tanto

Que olvidé por completo
caminar hacia ese otro lado
en el que tú,
quizá,
me estés esperando.


No estoy segura de que haya un "otro lado", pero sí hay un sueño, un querer volver a casa, un querer mirar atrás, con mucho miedo, pero también adelante, con una suerte de certezas que lo dicen todo.

Mientras recito mentalmente que "quizá me estés esperando", conduzco, y miro el cielo rosado, liláceo y de un azul anaranjado maravilloso que se me aparece cuando vuelvo a la rutina. Abro las ventanas del coche, pienso en dejar de esperar y, una brisa fuerte, de corriente, caracolea entre mi cabello largo que vuelve a ser el de entonces, el de siempre. Subo el volumen de la música, la que escucho tanto últimamente. Quiero que el sonido de la voz de Drexler o de Xoel López arranque a manotazos los versos de María, esos que me prometen que "quizá me estés esperando" y así, al azar, escucho decir a Jorge que nada se pierde, que todo se transforma. ¿Y en qué se ha transformado todo? También le escucho decir que estamos cantando una canción que dice que uno solo conserva lo que no amarra. Y yo, cansada de no amarrar, de no conservar, de esperar (o no), de contenerme las palabras, de contenerme el sentimiento, de quedarme encerrada lejos de esas nubes lilas y rosáceas que me dicen a voces, con sus colores, que hay vida más allá. Más allá de las puertas de mi coche, del parabrisas, de la verja del colegio, de esta ventana que corta la llovizna y el arcoiris, más allá del miedo. 

Entonces, leo más, escucho más, leo todo, lo escucho todo. Quiero convertirme en María Monjas para escribir un poema que diga cómo me siento. Quiero, también, tener la sensibilidad de Lorca. Esa con la que compuso textos maravillosos, universales, inmortales como es Yerma, que fui a ver hace dos días, para ir más allá y salir de la claustrofóbica caja de cerillas que es la rutina en esta ciudad. Miro a Lorca en los movimientos exagerados de Silvia Marsó. Miro la vida delante de mí, la desesperación de esa mujer casada con Juan pero que ama en secreto a Víctor, aunque no lo crea. Yerma espera sin darse cuenta de que también a ella la están esperando. Y se cumple la profecía de María Monjas ochenta años antes de que ella lo escriba.

Menos mal que hay vida más allá de esta vida. Hay mucha vida en un estribillo de Drexler, en cualquier rima de Lorca, en la sonrisa tierna de mis alumnos que, cada día, me enseñan a ser más yo, en la poesía de María, en la lluvia que ella evoca, en las nubes que cada día esconden un sol más rojo, ¡tan (pre)primaveral!

Después de esta vida, nos espera aún más vida. Aprendamos a vivirla sin olvidarnos que es ella la que espera a que nosotros lleguemos.




2 de diciembre de 2012

Una sirena, un faro y un buen librero


El viernes se conmemoraba el día de las librerías, coincidiendo con la festividad de San Andrés. No sabía que el 30 de noviembre se homenajeara a los libreros. Creo que mi pasión por estos rincones del placer es igual de intensa todos los días del año.

Hace dos años viví un St. Andrew escocés, rodeada más que de librerías, de bibliotecas, y el año pasado, en París, recorría las calles y las librerías de viejo soñando con una bohemia de comienzos del siglo XX. Este año, el día de las librerías lo celebraba en Madrid, leyendo. Como celebro cada día del año.

Las librerías son lugares que tienen un encanto especial. Siempre lo he sabido, porque desde pequeña me crié rodeada de libros, de historias que querían ser leídas y de autores que querían sacar al papel lo que llevaban dentro y necesitaban contar al mundo. En mis viajes siempre he procurado poner un pie en una librería, porque para mí las librerías son la vida de una ciudad, al igual que sus cafeterías. Y Madrid es algo así como un pequeño paraíso para esos paseos de la imaginación.

La semana pasada, sin ir más lejos, entré en La Buena Vida, situada en la calle Vergara, un espacio pequeño pero muy acogedor por el que me gusta pasearme de vez en cuando, siempre que estoy cerca del Palacio Real. Es así como un lugar entre la realidad y la ficción. Allí estaba, buscando El arte de amar, de Fromm, y otro libro para regalar. Empecé buscando algo de Macanudo, pensé en alguna novela gráfica y luego me di cuenta de que buscaba algo alegre, una lecturita para pasar un poco los malos tragos de este otoño largo y algo desafortunado. Jesús, el librero, puso en mis manos a Fromm y comenzó conmigo la tarea de buscar algo de gráfica para regalar. Al final, simplemente me dejé llevar por él. Con una montaña de posibilidades maravillosas entre las manos, cuando le insinué que necesitaba algo para desconectar un poco de una mala racha, él lo tuvo claro: Una ola con sabor a pez. Me prometió que me gustaría y me transmitió un poquito de la curiosidad de lector que todos llevamos dentro. Así que me llevé dos, uno para mí y otro para el regalo de E. 

Empecé a leerlo justo el viernes, que se conmemoraba el día de las librerías, mi homenaje particular para Jesús y todos los buenos libreros que hacen una labor fundamental en la sociedad: la de darnos la posibilidad de soñar con los ojos abiertos y entender que, en los libros, todo es posible.

Me adentré en el mundo de Mamen, la protagonista de Una ola con sabor a pez, en la página dos, cuando todo lo increíble empezaba a ser creíble. Una sirena varada, un pulpo parlanchín, un ogro bueno y un faro se convirtieron en los ingredientes perfectos de este cuento sobre el autodescubrimiento. Recuerdo que Jesús mencionó que la novela era muy positiva, algo así como un relato casi de autoayuda pero sin serlo. Me hizo gracia y aunque soy yo poco partidaria de lecturas pedagógicas que ayudan a curar las almas, me lancé a ella con toda la inocencia del mundo. Mamen e Isla, otro de sus personajes, me atraparon enseguida con su ternura y buen humor y empecé con ellas a ver que la vida está llena de magia, que el ser humano está en continuo proceso de aprendizaje, y que aprende de todo si tiene los ojos abiertos y los sentidos receptivos al cambio. Nos transformamos, y pasamos de ser seres solitarios a ser seres amados y amantes, pasamos de ser maestros a ser aprendices, de ser criaturas marinas a ser criaturas terrestres, sin perder en la transformación alguno de los rasgos de nuestro yo anterior. Una ola con sabor a pez es una novela de transformaciones, escrita en un estilo de cuento fácil pero que da mucho pie a la reflexión. La deformación profesional hace que me chirríen algunas líneas que me suenan algo agramaticales, como si la urgencia de plasmar los contenidos hubiera empobrecido el texto. Obviando esto, la novela, de la escritora novel Núria Riera, es una delicia para los sentidos, la imaginación y la vida.

Los libros siempre regalándonos placeres prohibidos, como los del "Soliloquio del farero" que me ha traído de nuevo al recuerdo el faro de esta novela. Y los buenos libreros, facilitándonos a los lectores el disfrute de este placer tierno y goloso.

Aquí puedes encontrar una crítica y sinopsis de la novela, por si quieres saber más: Una ola con sabor a pez, crítica de Javier, del blog "La librería de Javier".

Felices lecturas.



9 de noviembre de 2012

La bolsa o la vida


Fotografía de Wolfgang Suschitzky
Este ya no es el lema de los atracadores de bancos. Parece que es el lema de los bancos y la sociedad que está permitiendo los "atracos" a los ciudadanos de a pie. 

Ha habido ya dos suicidios a causa de la crisis. Siempre me ha parecido el suicidio algo incomprensible que no entraba en mi razonamiento del mundo ni de la vida. Ahora, parece que a algunas personas ya no les queda nada en sus vidas, solo la muerte. No voy a entrar en debates morales sobre si está bien o mal el suicidio ni de las razones que las personas que lo cometen tienen para ello, pero reflexiono sobre el hecho de que hemos creado una sociedad de consumo tal, que parece imposible que se pueda concebir en ella la vida sin lo material. En contraargumento contra mi argumento anterior, he de decir que hay ciertos bienes materiales que deberían ser innegables a cualquier ser humano, entre ellos vivienda, alimentación, sanidad y educación. Cuando esos cuatro pilares fundamentales de la vida fallan, la vida misma va perdiendo el aliento hasta convertirse en una anécdota del pasado.

De esta mujer que se ha suicidado hoy en el País Vasco se llevaron la bolsa y la vida.


2 de septiembre de 2012

Septiembre

El significado denotativo de septiembre es: "noveno mes del año", el connotativo, para el común de los mortales es algo así como: "depresión post-vacacional, vuelta al colegio, trabajo, frío, fin de fiestas, pagos". Ahora, también, septiembre connota subida del IVA. Nadie habla de otra cosa. Es lógico. 

Para mí, septiembre siempre ha sido uno de mis meses favoritos. Significa "otoño, renovarse, empezar de nuevo, trabajo, reencuentros..." Todo positivo. Este año, septiembre me llega, más que nunca, cargado de cosas muy bonitas, aunque teñido con la tristeza de la situación económica en España y la enfermedad de una amiga.  La vida no es nunca ni blanca ni negra. Hay un espectro de grises -de todos los colores, diría yo- que la equilibran y la hacen más interesante.

Te invito a vivir este septiembre buscando lo bonito que se esconde detrás de los grandes problemas, que siempre parece que nos impiden ver la vida. Vívelo. Encuentra el color entre el blanco y el negro.

8 de agosto de 2012

Lecturas de agosto (I)


Por primera vez en mi vida, me propongo hacer un inventario de mis lecturas del mes. Lo decidí hacer en FB, donde anuncié que mi primera lectura del mes era Compostela y su ángel, de Torrente Ballester. Sin embargo, por esas cosas que de repente ocurren, por esos libros que se te cruzan en el camino y te sueltan de la mano de los anteriores, dejé sin finalizar el libro de uno de mis escritores gallegos favoritos para adentrarme en una historia de amistad, culpa, reconciliación y amor. Había oído hablar de la novela y de la película, y nunca me habían dado ganas de leerla, pero por esos misterios de los libros y la literatura, esta vez, con el comodísimo formato Kindle me lancé a ella como quien solo espera un poco de entretenimiento estival. El resultado ha sido muy positivo. Me he enganchado a la novela y la he llorado casi página a página -si me permites el anacronismo-, pero con un llanto casi purificador, como si yo misma fuera el protagonista de la historia y quisiera así redimir los pecados.

La novela en cuestión es Cometas en el cielo, de Khaled Hosseini, escritor afgano que ha cosechado un éxito arrollador tanto por esta novela, llevada al cine en 2007, como por Mis soles espléndidos, su siguiente éxito de público. Hace unos meses la habría definido como lectura de verano, pero creo que es una lectura indispensable para aquellos que no conozcan nada de la historia reciente de Afganistán, el régimen soviético en el país y el posterior régimen taliban. Es una forma bella de empezar a entender la historia y una introducción muy interesante a los acontecimientos que llevaron a Afganistán a ser durante años el centro del mundo, cuando durante tanto tiempo había sido uno de tantos otros países desconocidos de Oriente Próximo.

Una de las citas que más me gusta de toda la novela y que imagino que es un proverbio afgano es la siguiente, aplicable a todos los países y todas las circunstancias:

"Las malas hierbas del desierto siguen con vida, pero la flor de primavera florece y se marchita"
Una verdad cruel y dolorosa. Trabajemos por transformar ese proverbio e intentar lograr un mundo más bonito. Un mundo en donde los niños puedan seguir volando sus cometas.


Fotograma de la película "Cometas en el cielo", basada en la novela homónima de Khaled Hosseini.
 

7 de agosto de 2012

Peregrinos (II): Frits

Frits no caminaba, por lo que no puede afirmarse de él que fuera un peregrino al uso. Pero para mí es un peregrino excepcional.

Ataviado con calzado de senda, sombrero de aventuras y camisa color caqui, disfrutaba a sus 76 años recién cumplidos, de un físico extraordinario que le permitió conducirse todo el norte de la península esperando a su querida H. en cada pueblo al que habían planeado llegar cada día.  H., su hija, pensaba en él en cada curva que hacía el camino, en cada cuesta, respiraba hondo aliviada ante la idea de que su padre, Frits, estuviese librándose de ese esfuerzo que solo los más jóvenes lográbamos superar, no sin mucho sudor y resoplidos de victoria.

Me gusta pensar en Frits como un peregrino, porque él, holandés de nacimiento y afincado en Canadá donde ha criado a sus hijos, había viajado mucho a lo largo de su vida. Y a los 76 años seguía buscando, seguía buscándose, al lado de su hija H. por tierras leonesas y unas semanas más tarde en Madrid, con M. ¿Quién es Frits? Años vividos en Canadá, caminos andados en todo el globo, y de repente la vejez que no le deja caminar el norte de España con su hija, sino conducirlo en coche. Una vejez de peregrino cíclico. 

Frits estará ya en Victoria de nuevo. Y allí pensará en todos los caminos que ha andado en su vida. Y que el camino no termina nunca...


2 de agosto de 2012

Peregrinos (I): Nacho


Conocí a Nacho en un tramo del camino entre Astorga y Foncebadón. Le hablaba a Álex de una chica del pueblo que le gustaba. Al pasarme, saludé a Álex, el chico de mirada y rostro radiantes al que había visto por primera vez en el albergue de San Martín del Camino y que me enamoraría a través de los ojos en los días siguientes. Álex era tímido, pero Nacho no. Me dijo algo así como que ahora el grupo llevaba muy buen ritmo porque "traían refuerzos". Me encantó su voz y seguí riéndome interiormente recordando la breve conversación sobre la chica del pueblo a quien había pedido salir en las fiestas de verano.

Más adelante, en los días y en los pueblos, Nacho me confesó que le habría encantado estudiar Filología Hispánica, que era un filólogo en ciernes. Hablamos durante un largo rato sobre poesía y otras ficciones. Y de repente, como en un vuelco, volví a vivir poemas que creía ya olvidados y a sentirme muy orgullosa de mi profesión. De nuevo cobraba sentido el sintagma filóloga hispánica, quedaba otra vez inmaculado de cualquier distorsión anglosajona. Discutimos sobre Galeano, Benedetti y el Gabo, pero también de los de este lado del océano, Goytisolo, Cernuda y los olvidados.

Entre Nacho y yo se creó el vínculo hermoso de las palabras y llegamos a acuñar juntos expresiones como "hace lluvia", ante las que los compañeros peregrinos nos miraban con asombro y quizás con envidia porque también ellos habrían deseado compartir el código secreto de quien ama las palabras. Nos explicamos etimologías y le descubrí que Santiago, Iago y Jaime son, al final, lo mismo. 

Ya al final, Nacho me habló del Papa, de la Iglesia, de Cristo. Lo quise aún más por esa convicción con que defendía lo que para él era sagrado y porque a pesar de su vehemencia, sabía que no me convencería, aunque creo que intuyó en mí un hilito de curiosidad, de quien desea conocer lo que le es oculto. La religión para mí lo será siempre. Esa sensación del que no sabe si hay o no hay nada superior a todo, pero sigue empeñado en buscar, por si acaso. Juntos vivimos el episodio de los scouts italianos, que nos dieron muestra de humildad y humanidad y creo que eso nos unió aún más.

El el último tramo del camino, se sinceró para decirme que había sido una persona importante para él en el itinerario jacobeo, que se había sincerado y había compartido mucho conmigo. Y se apresuró a decirme que no creía que mantendríamos la amistad en Madrid, que eso ya es otra vida. Me gustó. Porque me gusta imaginarlo con su tobillo izquierdo hinchado, la mochila antigua cargada a la espalda, su gorro verde. No sabría ubicarlo en Madrid, su paraíso particular, no sabría imaginarlo en camisa de cuadros, zapatos náuticos y bebiendo un cubata. Nacho será siempre el chico de la cruz, los poemas de Neruda, los versos de Sabina y la botella con calimocho.

Todo un amigo peregrino. De los de la amistad fraguada en diez días, que perdurará siempre. Si alguna vez le veo en Madrid, no será a él a quien vea, sino a una pequeña parte del joven filólogo en ciernes que me habló por primera vez a unos kilómetros de Foncebadón.


15 de julio de 2012

Galicia


Galicia


Mañana vuelvo a hacerlo.

No sé qué me atrapa del Camino. Si la leyenda que yo misma creé en torno a él o la sensación de libertad cuando uno camina etapa a etapa hasta llegar a Santiago, sin duda una de mis ciudades favoritas.

El Camino de Santiago, para mí, no está envuelto de misticismo cristiano, es algo más profundo, es como una llamada de la tierra y la naturaleza, una llamada de esa Galicia legendaria que yo he creado en mi mente y me hace volver allí año tras año, con la misma ilusión, las mismas ganas, aunque ya no haya una llama que mantener o un curso que realizar.

Quizás lo más bello del Camino es el hecho de acercarse a esa tierra caminando. La vez anterior, recuerdo que lloré de emoción al atravesar Lugo y entrar en la provincia de A Coruña caminando. A Celia y a mí se nos iluminó el rostro y ese paso de una a otra provincia fue uno de los momentos clave de todo el recorrido. Significaba que el esfuerzo de los días y del cuerpo daba sus frutos. Esta vez empiezo en una provincia que no es gallega y la ilusión de pasar de una región a otra ya me inunda, incluso varios días antes del momento.

Sé que llevaba semanas sin escribir y no he dado ninguna explicación. Quizá dejé de escribir porque no me apetecía hablar de la pena de dejar Londres y volver a un país cuyos máximos representantes odian a los ciudadanos, a los que no les votaron y a los que sí. Ese sentimiento tan desolador quita las ganas hasta de escribir, porque no quiero que mi blog se llene de crispación, quiero que sea un oasis en donde seguir hablando de cosas "más dulces". 

Ahora sí, me despido de ti por unos días. Porque me voy a Galicia, al reencuentro de esa tierra que me produce tanta alegría. Al encuentro con la naturaleza, los caminos, los rostros desconocidos que acabarán haciéndose compañeros de aventuras.

¡Buen Camino! (aunque no te vayas a andar al monte) 
Pensaré en vosotros ante las impresionantes vistas del bosque leonés y lucense.

14 de julio de 2012

De Manolito a Ramón Fortuna


Asocio a Elvira Lindo con el verano, por sus "Tintos de verano" de El País leídos bajo la sombrilla en la playa o en la terraza del comedor, suplicando clemencia ante la torridez de los veranos madrileños. Pero también por Manolito Gafotas, ese ídolo de la infancia del que recuerdo anécdotas sueltas por haberlo visto años más tarde en el cine. Sin embargo, Elvira Lindo escribe siempre, no solo en verano. Estoy enganchada a su "Don de gentes" y leo todo lo que tiene que decir, porque creo que es una periodista y escritora inteligente, con sentido de la responsabilidad, educada y con un estilo que siempre acaba emocionando.

De Lindo me gusta la forma en que elabora a sus personajes. Me gusta ese Manolito que creó para los niños de la generación de los noventa, pero creo que su maestría se sobrepasa a sí misma en la figura de Ramón Fortuna, el protagonista de El otro barrio, un Holden Caulfield a la vallecana, también con un muerto a sus espaldas y un colegio, unos amigos y unas experiencias que lo harán hacerse mayor de golpe. La genialidad de Elvira Lindo reside en escribir historias del día a día con un toque gore humorístico que te enganchan de tal forma que cuando las has terminado de leer, sus personajes ya te han atrapado y no te soltarán en años. Como el calor del verano de Manolito Gafotas en su Carabanchel Alto natal, un calor que es tan real como el que siento escribiendo estas líneas. Elvira Lindo es la maestra en crear personajes legendarios, personajes inocentes, apocados, melancólicos, pero legendarios. 

Tras haberme leído El otro barrio en un suspiro, con una necesidad irrefrenable por conocer el destino de ese personaje adolescente que se hace adulto en unos meses, no hay duda de que este verano va a volver a estar lleno de Lindo otra vez. En esta ocasión me voy a hacer con todas sus novelas y las voy a exprimir al máximo, porque con Elvira Lindo no sólo se disfruta leyendo, sino que se aprende, se aprende mucho de la vida de barrio, que es una vida muy intensa. Tanto como nuestra vida interior:

No hay estudios, no hay familia cerca, estamos en un territorio no amenazado por las cosas que nos provocan miedo, ¿a quién no le hubiera gustado en cualquier época de su vida tomarse unas vacaciones, no ya para descansar del trabajo, sino para descansar de la propia vida? Es algo así como quitarse el traje de uno mismo.
Elvira Lindo, El otro barrio.

Yo me tomo unas vacaciones para leer a Elvira Lindo, descansar mi propia vida leyendo sobre los que están en otros barrios, en el otro barrio. Y estoy segura de que a la vuelta seré otra persona completamente diferente.

31 de mayo de 2012

The End of the Road

Kiran, uno de mis alumnos mayores, lo definía así: "the end of the road". La semana pasada tuvieron su última clase. Celebraron la marcha del colegio bailando la conga por los pasillos del edificio. Cantaron, irradiaban la felicidad de eso que ellos llaman libertad, lo que creen que les espera ahora, una vez terminan su etapa escolar.

Esta mañana pensaba que yo también estoy en una especie de final de camino, aunque prefiero imaginarlo más como una encrucijada. Hoy es el último día de mayo, lo que significa que queda solo un mes para decir adiós definitivamente a este año. Este también es mi final de camino particular. Un final de camino que por mi naturaleza ritualística y supersticiosa tiene más connotaciones que el mero hecho del fin por el fin. En un mes y unos días habré alcanzado una "pequeña cumbre" vital, habré vivido un cuarto de siglo completo. En un análisis rápido de mi cuarto de siglo, puedo confesar que he vivido, robándole las palabras a Neruda. He vivido muchas cosas, he vivido con muchas personas y estoy muy satisfecha de las cosas que he hecho. En un mes, si todo sale bien, habré finalizado filología inglesa -por cierto, deséame suerte, hoy hago uno de los últimos exámenes, la literatura renacentista inglesa de los poetas metafísicos-; lo que supondrá mi fin como estudiante. Relativamente, por supuesto. Nos pasamos la vida aprendiendo, somos estudiantes imperfectos hasta el fin de nuestros días y ni siquiera el cambio de rol, el paso del pupitre al encerado significa un cambio de nomenclatura. Estudiantes somos todos. Y lo somos de por vida. Sin embargo, que el paso sea oficial, saber que no hay exámenes pendientes, que no hay que correr por terminar de leer esa novela y analizarla o que no hay perspectivas ni a corto ni a largo plazo de escribir un trabajo, supone un alivio intelectual interesante. Un alivio que querré desaliviar en unos meses cuando llegue la nostalgia del aprendizaje formal.

Para mí, que vivo los finales de ciclo o etapas de una forma tan sensitiva, me parece que este año no podría terminar de una forma más redonda. Final de Londres, final de un cuarto de siglo, final de los estudios. Y más allá, al fondo, la incertidumbre. ¡Quién les hubiera dicho a los veinteañeros de hace un siglo que tras el primer cuarto seguiría la incertidumbre! ¿Qué será lo que nos espera al final de este camino particular? Desde luego otros muchos más. No hay fin. Que no, que hay solo una pequeña señal de stop, un repostaje, un cargarnos de energía para continuar viviendo. Y aprendiendo.


2 de mayo de 2012

Universos infinitos


O espirales.

Nerea Oreja, antigua compañera de residencia y filóloga excepcional, me pedía al principio de curso una foto de lo que me sugería la canción "Universos infinitos" de Love of Lesbian, el grupo español, para llevar a cabo un proyecto que supongo que le salió hermoso e interesantísimo. En aquel momento no se me ocurrió pensar en las espirales, o en los círculos concéntricos, como ahora, especialmente después de haber estado últimamente en la Tate modern y haber visto una obra de arte que es piedra y círculos (muy gallega para mis gusto):


El caso es que, ya sean patos flotando unidos en un lago de Hyde Park -la foto original que le envié a Nerea-, círculos concéntricos o espirales, he reflexionado mucho últimamente sobre la idea de los universos infinitos. Los que me conocéis o leéis con relativa frecuencia sabréis que mi tesis sobre la vida es que es agua y que es espiral. La idea de la espiralidad de la vida es clara: todo en la vida se sucede y resucede constantemente en un bucle de repeticiones vitales que a veces nos sorprende. Quizás porque la vida se componga solo de cuatro elementos principales que se reproducen sucesivamente con formas diferentes, pero dando resultados similares. Esto me lleva a Daniel, mi brillantísimo alumno Daniel. Daniel ha sufrido una pérdida, una pérdida que me ha recordado la de Pablo de hace dos años. En un colegio minúsculo, donde todos sabíamos de todos, la muerte del padre de Pablo fue casi un acontecimiento familiar, un llanto uniforme y unísono de profesores y alumnos. Hoy, sin embargo, Daniel ha faltado a clase porque está en el funeral de su madre. La vida sigue. ¿Quién llora en el colegio por él o por ella? Mejor aún, ¿quién sabe lo que ha ocurrido? Tres o cuatro personas, o eso o hay un silencio generalizado, una especie de mirar para otro lado ante la pena. Es cierto que él mismo ha decidido no hacer pública la pena, y por eso el lunes, tras un fin de semana de luto, estaba en clase como si nada. Simplemente llamó a otro de los compañeros para pedirle ayuda extra en la preparación de un trabajo de clase, lo demás, la vida, la muerte, todo quedó reducido a un continuo y profundo estudio intensivo de las matemáticas y los idiomas, ¿para no pensar en la muerte?

La vida es un universo infinito, una espiral que se repite y da vueltas concéntricas constantemente trayéndonos las mismas realidades disfrazadas con otras máscaras, de otros colores. 

Eso pensaba cuando me tatuaba una espiral en el cuello, cuando hacía fotos a los patos, cuando le miraba a Daniel a los ojos tras saber que ya no tenía una madre. O que le tendrá para siempre.

24 de enero de 2012

Martes

Mi odio hacia los martes es directamente proporcional a mi amor por los lunes. Nadie lo entiende. No pretendo que nadie lo entienda. Los gustos son así, aleatorios y caprichosos. Me gustan los lunes. Los lunes al sol, los lunes de octubre, los lunes que arden como el petróleo. Me gustan todos los lunes de la literatura, los lunes de la luna, los lunes que son redondos porque son el comienzo del mundo.

Los martes, sin embargo, son barreras de horas impenetrables. Se atragantan en el comienzo de la semana, se enredan entre las ideas y los buenos pensamientos del lunes. Son antesala de la felicidad, sí, la felicidad que es los miércoles, pero también son tedio.

Hoy estoy dispuesta a no soportar el tedio, sino a combatirlo. Y qué mejor manera de hacerlo que disfrutando con esta llovizna cálida de hoy, trabajo -mucho trabajo- y por fin Neuman, para el que he estado esperando un poco más de una semana. Es hora de Hacerse el muerto.