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24 de enero de 2012

Martes

Mi odio hacia los martes es directamente proporcional a mi amor por los lunes. Nadie lo entiende. No pretendo que nadie lo entienda. Los gustos son así, aleatorios y caprichosos. Me gustan los lunes. Los lunes al sol, los lunes de octubre, los lunes que arden como el petróleo. Me gustan todos los lunes de la literatura, los lunes de la luna, los lunes que son redondos porque son el comienzo del mundo.

Los martes, sin embargo, son barreras de horas impenetrables. Se atragantan en el comienzo de la semana, se enredan entre las ideas y los buenos pensamientos del lunes. Son antesala de la felicidad, sí, la felicidad que es los miércoles, pero también son tedio.

Hoy estoy dispuesta a no soportar el tedio, sino a combatirlo. Y qué mejor manera de hacerlo que disfrutando con esta llovizna cálida de hoy, trabajo -mucho trabajo- y por fin Neuman, para el que he estado esperando un poco más de una semana. Es hora de Hacerse el muerto.


12 de noviembre de 2008

El tedio y esas casualidades de la vida (o los misterios de la mano de dios)

Tedio es lo que se siente cuando existe un fuerte rechazo de algo.

Y las casualidades de la vida son aquellas combinaciones de circunstancias que no se pueden prever ni evitar (RAE: 2001).

Lo hermoso es cuando huyendo del tedio, uno se topa con un mensaje, no se sabe si divino o fruto azaroso de estas combinaciones de las que hablábamos antes. El mensaje es el siguiente, y está sacado del último y maravilloso disco de Celtas Cortos, 40 de abril:

Hay esperanza para lo imposible
Callan las bocas que sienten temor
Por todos lados la idea corre, vuela
Vamos a hacer un tremendo apagón
Vamos a apagar toda la basura en la televisión
Vamos a cortar las alambradas entre seres humanos
Vamos a apagar las ciberchorradas, al cibermamón
Vamos a cortar: con un solo dedo, pon el on en off

(De "On-Off")

[escúchala aquí]

Y el apagón ocurre de verdad. Al menos a mí me ha ocurrido esta tarde. En el tren. Cifuentes, el cantante de los Celtas Cortos ha pronunciado la palabra apagón y en ese momento exacto el tren ha quedado a oscuras. Casualidades de la vida, o la mano de un dios -supongo que celta, por aquello de trasmitir el mensaje a través de estos pucelanos- que ata hilos desde alguna parte, que hace que despertemos, que evitemos ese horrible tedio que nos produce el cibermamón. El dios de nuestra conciencia.