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3 de mayo de 2009

Tarde de domingo



Hay personas que odian las tardes de domingo porque son el preludio de la vuelta al trabajo. A mí me encantan las tardes de domingo. Son el mejor momento para amueblarse la cabeza, ordenar la mesa, imprimir los apuntes de la semana, regar las plantas, asomarse a la ventana y proyectarse al mañana.

Las tardes de domingo me encantan. Son, por excelencia, las tardes del café bien acompañado, las tardes de la lectura sosegada, y también las del estrés previo a la semana (me falta esto, no he terminado aquello). Son las mejores tardes para disfrutar del buen tenis de Nadal y del periodismo eficaz de El País Semanal.

Hay personas que borrarían de sus calendarios las tardes de domingo, para pasar directamente del paraíso finisemanal al infierno de los lunes. Pero como a mí los lunes me encantan, no encuentro tarde más optimista que la de los domingos.

Esta tarde, además del triunfo tenístico de Rafa, te recomiendo la entrevista que Juan Cruz le hace a Ángel Gabilondo en el dominical de El País. Y después el reportaje sobre los niños perdidos de la Guerra Civil española, que me ha recordado a Laila Ripoll cuando el año pasado me narraba cómo los verdaderos niños perdidos de la guerra se acercaban a ella, al finalizar la función, para contarle sus experiencias. No pude ver en el teatro Los niños perdidos, pero he leído el artículo, y me he hecho una idea.

Y para el preludio de este lunes que acecha en el costado, aquí te dejo uno de Bach, que llena el alma de buenos sentimientos.

17 de abril de 2009

"Pues parece que hoy no llueve" o la recurrente conversación de ascensor llega a los blogs

El debate bloguero está de moda últimamente: Juan Cruz, mi padrino bloguero Náufrago y otros andan estos días hablando sobre sus blogs, de por qué escriben, de por qué leen los blogs de los demás, de por qué se abandona un blog... El debate nace con un post y crea en mi cabecita inquieta un montón de comentarios sugerentes.

El caso es que a veces pienso que si no tenemos cuidado, nuestro blog puede convertirse en la recurrente conversación de ascensor. Como la de esta mañana cuando subía con un vecino, que por evitar el silencio que se crea entre el bajo y su piso ha dicho: Pues parece que hoy no llueve. No, no llueve, he pensado, y aunque lloviera también sería tema de conversación. Uff.

Pues con un blog hay que intentar no caer en la conversación típica de la climatología. Parece que me inunda, de repente, una epidemia de escasez "creativa". Yo que publicaba fácilmente un comentario diario, me encuentro ahora forzada a escribir algo cada día. Sin embargo, no tengo tiempo para hacerlo. Ya me han amenazado con demandarme si desisto, pero es que no hay recursos. Por más que me estrujo el cerebro para decir algo nuevo, no sale nada. Así que recurro a los poetas. Pero ya ni siquiera me apetece compartir a mis poetas. Nos encontramos en esta tesitura: dos blogs abiertos, las musas me han dejao de lao, poco tiempo y pocas ganas de compartir mis poetas. ¿Qué hago? Necesito que me des un aliciente, lector. Quiero que me demuestres que es realmente importante que yo escriba a diario. Entonces, me sujetaré las pestañas con pinzas, le robaré tiempo hasta a mi sueño (y eso que es sagrado) y a mi poco ocio e intentaré seguir cada día. Si no, bajo el ritmo, que no puedo...