Más allá de Sanisidros, chulapos y cocidos, este fin de semana he celebrado Madrid.
Hay mil maneras de celebrar Madrid alternativamente, sin el bocadillo de calamares, la plaza Mayor, la verbena de la Paloma y los nardos apoyados en la cadera.
Madrid se celebra también asomándose a los balcones de las casas. Perdiéndose en sus calles y descubriendo pequeñas Barcelonas o Lisboas en barrios castizos. Buscando enloquecidamente la librería abierta en el ecuador de mayo. Escuchando un jazz imaginario. O lanzando un grito de protesta por la destitución del que consideramos el juez de la memoria. Viendo sin ver a algunos amigos. Madrid se celebra también celebrando la victoria culé. Hablando en inglés, catalán, alemán. Madrid se celebra en Según Emma, El rincón del champi, Malabar y La Fugitiva. Madrid no solo se celebra en la Gran Vía, también en Santa Isabel. Madrid se celebra hablando de noruegos y gallegos. Con el corazón abierto a cambios radicales. Madrid se celebra mirando a los ojos, abriendo las manos y soñando el próximo curso, mientras hacemos planes de verano y despedimos este año escolar que se nos difumina entre redacciones, tinta roja y carcajadas ante el error creativo.
Este fin de semana he celebrado mi Madrid. Y te muestro un pequeño fragmento de este Madrid que es mío y te comparto. El fragmento del Madrid de las ventanas. El Madrid que Julio Llamazares se ha inventado:
16 de mayo de 2010
12 de mayo de 2010
Clásicos musicales
STAIRWAY TO HEAVEN
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Stairway to Heaven
11 de mayo de 2010
"You and me babe, how about it?"
Romeo and Juliet
And I dreamed your dream for you and now your dream is real.
Dire Straits, "Romeo and Juliet"
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Romeo y Julieta
10 de mayo de 2010
Nunca más demiurgo
Vuelvo otra vez a pensar en los poetas.
Vuelvo otra vez a pensar en mí como escribiente.
Recuerdo aquella época en la que los dedos ansiaban el descanso del día sobre las teclas del ordenador que aguardaba la poesía. La poesía que nacía de los viajes en tren, del día a día, de una lectura, una canción, una sonrisa, el eterno desamor... Y me lamento, hoy, de haber caído en la indiferencia de quien un día creyó hacer algo con sus palabras y hoy sólo las mira con nostalgia.
Recorro el blog de arriba abajo. Busco. Husmeo. Trato de encontrarme hoy entre los versos de antaño, entre los comentarios, la falsirego de los comienzos. No me reconozco. No me reconozco ahora. Yo soy la falsirego de entonces: con la vida teatralizada por la universidad, el estudio nocturno y los cafés vespertinos; una suerte de nerviosismo acechando el día a día en Salamanca, o en Madrid, o quién sabe, quizás el día a día de la hora en tren a la facultad. Yo me hice de Ismael Serrano, Sabina, Sabines, Salamanca, Santander, Santiago... siempre hubo eses en esa vida mía que inventaba, tratando de moldearme. Quise ser demiurgo. Demiurgo porque siempre amé esa palabra. Me la enseñó Yolanda; creo. Y yo siempre la escribía en mis exámenes. Me propuse incluirla en todos ellos. Porque entonces, demiurgo definía.
Hoy recorro mi vida de arriba abajo. Como si de un blog se tratase. Porque en blog he vivido mi vida de los últimos años. Porque en blog estoy dejando de vivirla para ti ahora. Y tengo la sensación de que nunca más seré demiurgo. Y eso, por supuesto, me humaniza.
Los que siempre me leyeron se han cansado de esperar palabras sueltas, absurdas, sin sentido. Falsirego quedó atrás y hoy sólo es un vestigio.
Como tantas otras veces, tendré esperanza en el renacer de falsirego, de la Palabra, de la Poesía, de nuestro vínculo, lector, de cada día. Como "falso yo" (Falsirego) te invito a que continúes cerca de mí, a que nos sigamos amando en silencio a través del arte. Pero con un amor real. El amor que nace de la Belleza y sólo con ella muere. Ahora que ha muerto el demiurgo, que viva la poesía. Que viva la vida.
Vuelvo otra vez a pensar en mí como escribiente.
Recuerdo aquella época en la que los dedos ansiaban el descanso del día sobre las teclas del ordenador que aguardaba la poesía. La poesía que nacía de los viajes en tren, del día a día, de una lectura, una canción, una sonrisa, el eterno desamor... Y me lamento, hoy, de haber caído en la indiferencia de quien un día creyó hacer algo con sus palabras y hoy sólo las mira con nostalgia.
Recorro el blog de arriba abajo. Busco. Husmeo. Trato de encontrarme hoy entre los versos de antaño, entre los comentarios, la falsirego de los comienzos. No me reconozco. No me reconozco ahora. Yo soy la falsirego de entonces: con la vida teatralizada por la universidad, el estudio nocturno y los cafés vespertinos; una suerte de nerviosismo acechando el día a día en Salamanca, o en Madrid, o quién sabe, quizás el día a día de la hora en tren a la facultad. Yo me hice de Ismael Serrano, Sabina, Sabines, Salamanca, Santander, Santiago... siempre hubo eses en esa vida mía que inventaba, tratando de moldearme. Quise ser demiurgo. Demiurgo porque siempre amé esa palabra. Me la enseñó Yolanda; creo. Y yo siempre la escribía en mis exámenes. Me propuse incluirla en todos ellos. Porque entonces, demiurgo definía.
Hoy recorro mi vida de arriba abajo. Como si de un blog se tratase. Porque en blog he vivido mi vida de los últimos años. Porque en blog estoy dejando de vivirla para ti ahora. Y tengo la sensación de que nunca más seré demiurgo. Y eso, por supuesto, me humaniza.
Los que siempre me leyeron se han cansado de esperar palabras sueltas, absurdas, sin sentido. Falsirego quedó atrás y hoy sólo es un vestigio.
Como tantas otras veces, tendré esperanza en el renacer de falsirego, de la Palabra, de la Poesía, de nuestro vínculo, lector, de cada día. Como "falso yo" (Falsirego) te invito a que continúes cerca de mí, a que nos sigamos amando en silencio a través del arte. Pero con un amor real. El amor que nace de la Belleza y sólo con ella muere. Ahora que ha muerto el demiurgo, que viva la poesía. Que viva la vida.
9 de mayo de 2010
Algunos consejos para la vida
Este vídeo lo he visto decenas de veces. Algunos de sus consejos los he seguido, otros todavía no. Y están aquellos que posiblemente nunca seguiré. Para eso están los consejos: para seguirlos o no. Siempre hay que escuchar a aquellas personas que nos quieren y nos dicen lo que a ellos les hubiera gustado escuchar cuando estuvieron en nuestra situación. Escuchar, pero no seguir ciegamente. Para eso está nuestra libertad.
Sé libre para aconsejar. Sé libre para aceptar los consejos de aquellas personas que te quieren. Sé libre para pedir que te aconsejen.
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5 de mayo de 2010
26 de abril de 2010
Superarse
Esta historia sobre el circo habla de cómo superarse. Cuando somos Will y tenemos a un director de circo como el de esta historia, somos capaces de no mirar atrás y de levantarnos del suelo una y otra vez. De salir a flote.
El cortometraje está cargado de simbología: la mariposa, el circo, la mutilación, el pasado, la fuerza, la vida del niño,...
Aplica en tu vida las ganas de superación que por fin le entran a Will.
EL CIRCO DE LA MARIPOSA (BUTTERFLY CIRCUS)
El cortometraje está cargado de simbología: la mariposa, el circo, la mutilación, el pasado, la fuerza, la vida del niño,...
Aplica en tu vida las ganas de superación que por fin le entran a Will.
EL CIRCO DE LA MARIPOSA (BUTTERFLY CIRCUS)
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25 de abril de 2010
2 años de blog /listas 2
Este blog nació hace dos años bajo un baño cálido de claveles y libros de aromas imprecisos.
Nació en Salamanca, pero ha crecido en diversos lugares: Madrid, Hamburgo, Ávila, Edimburgo,...
Nació de dos madres y ahora es sólo una quien cuida sus pasos, aunque la otra siempre está atenta a su desarrollo.
Nació queriendo que dos lenguas fueran solo una, y se han empleado varios idiomas en su evolución, no sólo español y gallego; también inglés, francés, portugués y alemán.
Nació contando cuentos y aún pervive en él ese espíritu de la narración de hechos insólitos o comunes.
Nació bajo el amparo de un padrino que lo ha visitado a menudo y que ha hecho que creciera sano y con fuerza ofreciéndole su modelo. (Graciñas, Francisco.)
Ha visto cómo sus creadoras terminaban sus estudios universitarios y estudiaban cursos diversos. Ha vivido la revolución de acompañar en la elaboración de tesinas y ha acompañado en las aulas.
Este blog ha leído comentarios de amigos de siempre, de nuevos amigos, de amigos de antes y de enemigos.
Este blog ha leído mucha poesía y ha recomendado mucha música.
Con este blog he pensado, he fotografiado el mundo, he reflexionado, me he confesado.
Hemos amado mucho con y desde este blog.
Hemos recibido visitas inesperadas y hemos deseado con todas nuestras fuerzas que aquellos que más necesitábamos, vinieran a vernos. Siempre ha habido incondicionales. Gracias.
Hemos viajado a todos los lugares desde los que nos has leído, y hemos sentido gratitud al recibir visitas reiteradas desde lugares impensables.
Gracias, lector, lectores, por hacer posible el segundo año de vida de este blog que es un rincón en el que encontrar, encontrarse y refugiarse.
Nació en Salamanca, pero ha crecido en diversos lugares: Madrid, Hamburgo, Ávila, Edimburgo,...
Nació de dos madres y ahora es sólo una quien cuida sus pasos, aunque la otra siempre está atenta a su desarrollo.
Nació queriendo que dos lenguas fueran solo una, y se han empleado varios idiomas en su evolución, no sólo español y gallego; también inglés, francés, portugués y alemán.
Nació contando cuentos y aún pervive en él ese espíritu de la narración de hechos insólitos o comunes.
Nació bajo el amparo de un padrino que lo ha visitado a menudo y que ha hecho que creciera sano y con fuerza ofreciéndole su modelo. (Graciñas, Francisco.)
Ha visto cómo sus creadoras terminaban sus estudios universitarios y estudiaban cursos diversos. Ha vivido la revolución de acompañar en la elaboración de tesinas y ha acompañado en las aulas.
Este blog ha leído comentarios de amigos de siempre, de nuevos amigos, de amigos de antes y de enemigos.
Este blog ha leído mucha poesía y ha recomendado mucha música.
Con este blog he pensado, he fotografiado el mundo, he reflexionado, me he confesado.
Hemos amado mucho con y desde este blog.
Hemos recibido visitas inesperadas y hemos deseado con todas nuestras fuerzas que aquellos que más necesitábamos, vinieran a vernos. Siempre ha habido incondicionales. Gracias.
Hemos viajado a todos los lugares desde los que nos has leído, y hemos sentido gratitud al recibir visitas reiteradas desde lugares impensables.
Gracias, lector, lectores, por hacer posible el segundo año de vida de este blog que es un rincón en el que encontrar, encontrarse y refugiarse.
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23 de abril de 2010
Deo Gracias /listas 1
Estrictamente, gracias a dios. Y mantengo la expresión porque es un homenaje.
Pues lo dicho, dando gracias. O, también, alegre por:
1. Celebrar el 23 de abril un año más.
2. Que el 23 de abril llegue con resaca de amistad, tras tarde de compras, cervezas, lecturas, Madrid aéreo y un bar cool, in,... de lo más moderno.
3. Que el 23 de abril recibo los poemas "más ñoños" de Neruda con una dedicatoria que me hace llorar.
4. Escuchar un cuentacuentos del que, inesperadamente, surgen las palabras "Galicia", "Santa Compaña", "Costa da Morte". Palabras mágicas siempre.
5. Escuchar la dulce voz de Marta.
6. Estrenar camiseta morada.
7. Tener en el armario más ropa por estrenar.
8. Escuchar la torpe voz en español de Paul.
9. Hacer un breve viaje en bus. Un largo viaje en metro.
10. Tomar coca-colas escuchando los poemas de Sheila. Después llegan los cafés.
11. Saber que cuando lo necesita, M. llama.
12. Que al entrar al colegio mis compañeras de departamento me hayan felicitado, que me hayan recordado que Shakespeare y Cervantes comparten sus carreras en este día y que "you never walk alone"
¡¡Qué bien!! Un día del Libro redondo. Aún queda noche por delante.
Pues lo dicho, dando gracias. O, también, alegre por:
1. Celebrar el 23 de abril un año más.
2. Que el 23 de abril llegue con resaca de amistad, tras tarde de compras, cervezas, lecturas, Madrid aéreo y un bar cool, in,... de lo más moderno.
3. Que el 23 de abril recibo los poemas "más ñoños" de Neruda con una dedicatoria que me hace llorar.
4. Escuchar un cuentacuentos del que, inesperadamente, surgen las palabras "Galicia", "Santa Compaña", "Costa da Morte". Palabras mágicas siempre.
5. Escuchar la dulce voz de Marta.
6. Estrenar camiseta morada.
7. Tener en el armario más ropa por estrenar.
8. Escuchar la torpe voz en español de Paul.
9. Hacer un breve viaje en bus. Un largo viaje en metro.
10. Tomar coca-colas escuchando los poemas de Sheila. Después llegan los cafés.
11. Saber que cuando lo necesita, M. llama.
12. Que al entrar al colegio mis compañeras de departamento me hayan felicitado, que me hayan recordado que Shakespeare y Cervantes comparten sus carreras en este día y que "you never walk alone"
¡¡Qué bien!! Un día del Libro redondo. Aún queda noche por delante.
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21 de abril de 2010
20 de abril de 2010
16 de abril de 2010
¿Casual o premonitorio?
Esta mañana me he despertado con ganas de Quevedo. Y a lo largo del día... aparece Quevedo inédito, desde Évora.Habrá que esperar un tiempo a que la noticia repose, porque de momento este 'hallazgo' casual me resulta un tanto extraño. Quevedo inédito, de repente, tan fácil...
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Los clásicos /6
(...)
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrán sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.
Francisco de Quevedo
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrán sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.
Francisco de Quevedo
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15 de abril de 2010
14 de abril de 2010
10 de abril de 2010
Todo cambia
Últimamente leo y escucho mucho a Eduard Punset. Me encanta su tesis acerca del cambio, de la capacidad que tienen las personas (y todo en la naturaleza) de cambiar de opinión. Sin llegar a ser contradictorios, me gustan las personas que saben cambiar su forma de pensar y no tienen miedo a decirlo abiertamente. Punset siempre cuenta una anécdota que le ocurrió con su nieta y unos hielos un día de verano. Tomando una bebida que llevaba hielo, la niña se dio cuenta de que el hielo había "desaparecido" misteriosamente. Punset le explicó a su nieta cómo la materia cambia de estado. Y bromeaba con la idea de que si incluso la materia cambia de estado, por qué las personas no eran capaces de cambiar y reconocer sus cambios.
A mis alumnos les digo que deben evitar que les encasillen por lo que fueron antes. Que tienen todo el presente y el futuro para atreverse a cambiar lo que no les gustaba de ellos. Que no pasa nada por cambiar, que el cambio es natural.
También lo decía Mercedes Sosa con las palabras del poeta Julio Numhauser.
Todo cambia
Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo
Cambia el clima con los años
Cambia el pastor su rebaño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño
Cambia el mas fino brillante
De mano en mano su brillo
Cambia el nido el pajarillo
Cambia el sentir un amante
Cambia el rumbo el caminante
Aúnque esto le cause daño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño
Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Cambia el sol en su carrera
Cuando la noche subsiste
Cambia la planta y se viste
De verde en la primavera
Cambia el pelaje la fiera
Cambia el cabello el anciano
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño
Pero no cambia mi amor
Por más lejos que me encuentre
Ni el recuerdo ni el dolor
De mi pueblo y de mi gente
Lo que cambió ayer
Tendrá que cambiar mañana
Así como cambio yo
En esta tierra lejana
Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Pero no cambia mi amor...
En la última entrada hablaba del vaciado. De vaciarse. A veces necesitamos vaciarnos para que los cambios que llevamos a cabo se aprecien más por nosotros mismos y por quienes nos rodean. A veces siento nostalgia por lo que fuimos antes, pero siempre es positivo evolucionar. Nosotros, que somos producto de la evolución, lo somos también del cambio.
A mis alumnos les digo que deben evitar que les encasillen por lo que fueron antes. Que tienen todo el presente y el futuro para atreverse a cambiar lo que no les gustaba de ellos. Que no pasa nada por cambiar, que el cambio es natural.
También lo decía Mercedes Sosa con las palabras del poeta Julio Numhauser.
Todo cambia
Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo
Cambia el clima con los años
Cambia el pastor su rebaño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño
Cambia el mas fino brillante
De mano en mano su brillo
Cambia el nido el pajarillo
Cambia el sentir un amante
Cambia el rumbo el caminante
Aúnque esto le cause daño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño
Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Cambia el sol en su carrera
Cuando la noche subsiste
Cambia la planta y se viste
De verde en la primavera
Cambia el pelaje la fiera
Cambia el cabello el anciano
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño
Pero no cambia mi amor
Por más lejos que me encuentre
Ni el recuerdo ni el dolor
De mi pueblo y de mi gente
Lo que cambió ayer
Tendrá que cambiar mañana
Así como cambio yo
En esta tierra lejana
Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Pero no cambia mi amor...
En la última entrada hablaba del vaciado. De vaciarse. A veces necesitamos vaciarnos para que los cambios que llevamos a cabo se aprecien más por nosotros mismos y por quienes nos rodean. A veces siento nostalgia por lo que fuimos antes, pero siempre es positivo evolucionar. Nosotros, que somos producto de la evolución, lo somos también del cambio.
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8 de abril de 2010
Vaciarse
¿Has pensado alguna vez en la capacidad que tiene el ser humano para vaciarse?
Es como la papelera de reciclaje del ordenador, aunque no tan sencillo como presionar un botón y esperar que suene ese ruidito tan característico de papel arrugándose.
Nos vaciamos cuando de repente, después de mucho tiempo "cargando" con una molestia, una culpa, un asunto espinoso,... lo solucionamos. Nos liberamos.
Nos vaciamos también en los exámenes. Soltamos todo lo que llevamos dentro y si la materia no nos interesaba mucho, nos olvidamos del asunto hasta -quizás- la eternidad.
Nos vaciamos en el llanto.
Nos vaciamos cuando leemos. Hay que dejar espacio dentro de nosotros para recibir lo que nos está entrando. Por eso, vaciamos para ampliar nuestra capacidad de absorción. Si uno no vacía antes y se pone a leer a Kant, Spinoza o Aristóteles, seguro que le es muy difícil enterarse del tema.
Nos vaciamos al hablar con nuestros amigos. A la vez nos llenamos con sus palabras.
Nos vaciamos al desnudarnos. Queda solo el cuerpo, sin artificios. Prescindir de artificios es, en cierto modo, vaciarse.
Nos vaciamos en los viajes. Igual que con la lectura, uno antes de viajar debe lanzar hacia fuera lo superfluo para captar todo lo necesario: una brisa en un mirador, la roca húmeda de una ciudad del norte, el olor a salitre, la arena blanca y blanda de playas soleadas,...
Nos vaciamos al olvidar.
Porque nos vaciamos es preciso que el ser humano se llene de las mismas cosas de forma cíclica. Si acaso perdió algo de lo obtenido en uno de los vaciados de papelera, debe recuperarlo de alguna forma. Creo que para la mayoría, la ilusión y la esperanza es lo que más se recarga. ¿O realmente es reciclaje?

Si no fuéramos capaces de vaciarnos paulatinamente, algo iría mal dentro de nosotros. La sobrecarga de material impediría el buen funcionamiento de nuestros mecanismos internos, retrasaría mucho nuestros actos. Pero, ¿hasta dónde es prudente vaciarse? ¿Debemos despojarnos de todo lo superfluo o a veces es necesario mantener algo de ello dentro de nosotros? Y, lo más inquietante, ¿ese vaciado es consciente o inconsciente?
Es como la papelera de reciclaje del ordenador, aunque no tan sencillo como presionar un botón y esperar que suene ese ruidito tan característico de papel arrugándose.
Nos vaciamos cuando de repente, después de mucho tiempo "cargando" con una molestia, una culpa, un asunto espinoso,... lo solucionamos. Nos liberamos.
Nos vaciamos también en los exámenes. Soltamos todo lo que llevamos dentro y si la materia no nos interesaba mucho, nos olvidamos del asunto hasta -quizás- la eternidad.
Nos vaciamos en el llanto.
Nos vaciamos cuando leemos. Hay que dejar espacio dentro de nosotros para recibir lo que nos está entrando. Por eso, vaciamos para ampliar nuestra capacidad de absorción. Si uno no vacía antes y se pone a leer a Kant, Spinoza o Aristóteles, seguro que le es muy difícil enterarse del tema.
Nos vaciamos al hablar con nuestros amigos. A la vez nos llenamos con sus palabras.
Nos vaciamos al desnudarnos. Queda solo el cuerpo, sin artificios. Prescindir de artificios es, en cierto modo, vaciarse.
Nos vaciamos en los viajes. Igual que con la lectura, uno antes de viajar debe lanzar hacia fuera lo superfluo para captar todo lo necesario: una brisa en un mirador, la roca húmeda de una ciudad del norte, el olor a salitre, la arena blanca y blanda de playas soleadas,...
Nos vaciamos al olvidar.
Porque nos vaciamos es preciso que el ser humano se llene de las mismas cosas de forma cíclica. Si acaso perdió algo de lo obtenido en uno de los vaciados de papelera, debe recuperarlo de alguna forma. Creo que para la mayoría, la ilusión y la esperanza es lo que más se recarga. ¿O realmente es reciclaje?

Si no fuéramos capaces de vaciarnos paulatinamente, algo iría mal dentro de nosotros. La sobrecarga de material impediría el buen funcionamiento de nuestros mecanismos internos, retrasaría mucho nuestros actos. Pero, ¿hasta dónde es prudente vaciarse? ¿Debemos despojarnos de todo lo superfluo o a veces es necesario mantener algo de ello dentro de nosotros? Y, lo más inquietante, ¿ese vaciado es consciente o inconsciente?
5 de abril de 2010
Cuentos medievales
En la universidad me enseñaron a no desdeñar la Edad Media y su arte. Me enseñaron a no simplificar la mente medieval y a disfrutar de su literatura, historia y artes múltiples.
A pesar de todo, simplificamos la Edad Media. La simplificamos porque metemos en un saco que puede estudiarse en un año, un periodo de diez siglos. ¡Diez! Nada menos. Necesitaríamos otros diez siglos para comprender la mente medieval. Aún nos quedan cinco.
Este fin de semana he estado en una ciudad medieval. Un cuento. A Ávila he ido muchas veces, pero nunca me he detenido a mirarla con ojos ingenuos de niño pequeño. Le pregunto a mi amiga: "¿Y tú de pequeña no te sentías un poco princesa viviendo dentro de unas murallas?". La pregunta es ingenua. Igual que lo que conocemos (los poco conocedores) de la Edad Media.
Entre las murallas, o más bien yendo hacia las murallas, descubrí una melodía preciosa interpretada por Carlos Núñez (¡cómo no!) y Jordi Savall (siempre que descubro algo de Savall, lo guardo en mi baúl de los tesoros). Una flauta dulce y una viola de gamba son las culpables de que el viaje de vuelta no lo hiciera en tren, sino en camino medieval, con capa, capucha, a caballo. Soñando con los finisterrae europeos.

Una vez de vuelta en la ciudad, sin mamotretos, sin plumas y tinteros; con las teclas blancas y la pantalla brillante antirreflejos del ordenador, me encuentro con un precioso cuento medieval. El de Ponthus y Sidoine, escrito en el siglo XIV por un bretón para entretenimiento de la corte. La historia acerca dos finisterrae a través de grabados y versos breves que narran los avatares del príncipe Ponthus, hijo de un rey suevo de Galicia que debe vengar la muerte de su padre asesinado en combate. Ponthus consigue huir en barco y llega a las costas de Bretaña, región donde adquiere renombre pero que también le acarrea contratiempos. Un miembro de su séquito lo traiciona y éste tiene que escapar al bosque de Brocéliande, emulando a los caballeros del ciclo artúrico. Allí adquirirá fama de caballero justiciero. Lucha contra los sarracenos que asolan Bretaña e Inglaterra y los vence. Se enamora de Sidoine, la hija del rey de Bretaña y, tras matar a su esposo, se casa con ella. Vuelve a Galicia a reconquistar y pacificar su reino. Entonces, con el reino en paz y casado con su bella enamorada, retorna a Bretaña y, junto con su esposa, vuelve a Galicia a través del Camino de Santiago.
Así de simple. Así de complejo. Con la narración de ciclo artúrico de fondo, el bosque de Brocéliande, los finisterrae europeos, la idea del exilio, el desarraigo, la vuelta al hogar, el Camino de Santiago, la religiosidad, la lucha contra el invasor. El cuento contiene todos los ingredientes del relato medieval. La banda sonora la ponen Carlos Núñez y Jordi Savall. A los personajes dibújalos tú en la imaginación, desde una muralla, desde un tren, o desde tu propio exilio.
A pesar de todo, simplificamos la Edad Media. La simplificamos porque metemos en un saco que puede estudiarse en un año, un periodo de diez siglos. ¡Diez! Nada menos. Necesitaríamos otros diez siglos para comprender la mente medieval. Aún nos quedan cinco.
Este fin de semana he estado en una ciudad medieval. Un cuento. A Ávila he ido muchas veces, pero nunca me he detenido a mirarla con ojos ingenuos de niño pequeño. Le pregunto a mi amiga: "¿Y tú de pequeña no te sentías un poco princesa viviendo dentro de unas murallas?". La pregunta es ingenua. Igual que lo que conocemos (los poco conocedores) de la Edad Media.
Entre las murallas, o más bien yendo hacia las murallas, descubrí una melodía preciosa interpretada por Carlos Núñez (¡cómo no!) y Jordi Savall (siempre que descubro algo de Savall, lo guardo en mi baúl de los tesoros). Una flauta dulce y una viola de gamba son las culpables de que el viaje de vuelta no lo hiciera en tren, sino en camino medieval, con capa, capucha, a caballo. Soñando con los finisterrae europeos.

Una vez de vuelta en la ciudad, sin mamotretos, sin plumas y tinteros; con las teclas blancas y la pantalla brillante antirreflejos del ordenador, me encuentro con un precioso cuento medieval. El de Ponthus y Sidoine, escrito en el siglo XIV por un bretón para entretenimiento de la corte. La historia acerca dos finisterrae a través de grabados y versos breves que narran los avatares del príncipe Ponthus, hijo de un rey suevo de Galicia que debe vengar la muerte de su padre asesinado en combate. Ponthus consigue huir en barco y llega a las costas de Bretaña, región donde adquiere renombre pero que también le acarrea contratiempos. Un miembro de su séquito lo traiciona y éste tiene que escapar al bosque de Brocéliande, emulando a los caballeros del ciclo artúrico. Allí adquirirá fama de caballero justiciero. Lucha contra los sarracenos que asolan Bretaña e Inglaterra y los vence. Se enamora de Sidoine, la hija del rey de Bretaña y, tras matar a su esposo, se casa con ella. Vuelve a Galicia a reconquistar y pacificar su reino. Entonces, con el reino en paz y casado con su bella enamorada, retorna a Bretaña y, junto con su esposa, vuelve a Galicia a través del Camino de Santiago.
Así de simple. Así de complejo. Con la narración de ciclo artúrico de fondo, el bosque de Brocéliande, los finisterrae europeos, la idea del exilio, el desarraigo, la vuelta al hogar, el Camino de Santiago, la religiosidad, la lucha contra el invasor. El cuento contiene todos los ingredientes del relato medieval. La banda sonora la ponen Carlos Núñez y Jordi Savall. A los personajes dibújalos tú en la imaginación, desde una muralla, desde un tren, o desde tu propio exilio.
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31 de marzo de 2010
Mujeres pintoras. 6
NOEMÍ VILLAMUZA
A Noemí Villamuza la descubrí en una tacita de té. Con capa y capucha rojas.


Abril de 2008: mi viaje por los senderos de la ilustración y la pintura femeninas. Coincidiendo con MAVE 2008 (La Mujer en las Artes Visuales y Escénicas) me dediqué durante semanas a buscar imágenes hechas por mujeres. Fue sorprendente la cantidad de arte hecho por mujeres que queda relegado a un segundo plano. Hay ilustradoras y pintoras geniales dando lo mejor de sí mismas y que nos pasan completamente desapercibidas. Al menos eso fue lo que sentí al descubrir que no conocía a casi ninguna de ellas. Decepción al principio. Alegría por el descubrimiento.
Ahora vuelve Villamuza con pasos firmes al panorama nacional de la ilustración. Es la autora del cartel de este año dedicado al Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil(2 de abril): Un árbol cuyas hojas son libros que acechan la curiosidad de un pequeño subido en sus ramas. Precioso. Y el fondo rojo. Mucha pasión. Porque, ¿qué es la lectura sino pasión descontrolada? Y más en las mentes inquietas y juguetonas de los más pequeños.
La ilustración también es un arte. Pone color y límites a las ideas. Pero también ofrece nuevas alas a la creatividad y la imaginación. Noemí Villamuza es una artista. Espero que siga manteniendo su arte durante muchos años más.
Si quieres saber un poco más de ella, pincha aquí.
A Noemí Villamuza la descubrí en una tacita de té. Con capa y capucha rojas.


Abril de 2008: mi viaje por los senderos de la ilustración y la pintura femeninas. Coincidiendo con MAVE 2008 (La Mujer en las Artes Visuales y Escénicas) me dediqué durante semanas a buscar imágenes hechas por mujeres. Fue sorprendente la cantidad de arte hecho por mujeres que queda relegado a un segundo plano. Hay ilustradoras y pintoras geniales dando lo mejor de sí mismas y que nos pasan completamente desapercibidas. Al menos eso fue lo que sentí al descubrir que no conocía a casi ninguna de ellas. Decepción al principio. Alegría por el descubrimiento.
Ahora vuelve Villamuza con pasos firmes al panorama nacional de la ilustración. Es la autora del cartel de este año dedicado al Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil(2 de abril): Un árbol cuyas hojas son libros que acechan la curiosidad de un pequeño subido en sus ramas. Precioso. Y el fondo rojo. Mucha pasión. Porque, ¿qué es la lectura sino pasión descontrolada? Y más en las mentes inquietas y juguetonas de los más pequeños.
La ilustración también es un arte. Pone color y límites a las ideas. Pero también ofrece nuevas alas a la creatividad y la imaginación. Noemí Villamuza es una artista. Espero que siga manteniendo su arte durante muchos años más.
Si quieres saber un poco más de ella, pincha aquí.
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30 de marzo de 2010
Volver a Galicia
Cuando uno no abandona del todo un lugar donde ha estado y ha vivido cosas maravillosas, retorna a él continuamente.
Uno no sólo vuelve a un lugar, sino a un momento, a una persona, a un aroma, a una asignatura, a un poema, a un poeta, a una canción, a un instrumento, a una ideología, a un color (o a tres), a un sabor, a una calle, a una lluvia concreta, a una piedra, a una luz, a un lenguaje poético o científico, a una lengua, a Caballerizas, a una cita, a una muralla, a un café, a la hoja de un roble, a un vino, a un mes de abril concreto, a una bahía, a un colegio, a un bar, a un disfraz.
Uno vuelve, incluso, a aquellos lugares y a aquellas personas que nunca le pertenecieron. Eso hace aún más hermosos los retornos. Porque siempre hay en ellos una pizca de incertidumbre, de misterio, de esperanza y de inquietud.
Estos días estoy de vuelta de muchos lugares y personas. Nunca Jamás es mi destino más cercano.
Uno no sólo vuelve a un lugar, sino a un momento, a una persona, a un aroma, a una asignatura, a un poema, a un poeta, a una canción, a un instrumento, a una ideología, a un color (o a tres), a un sabor, a una calle, a una lluvia concreta, a una piedra, a una luz, a un lenguaje poético o científico, a una lengua, a Caballerizas, a una cita, a una muralla, a un café, a la hoja de un roble, a un vino, a un mes de abril concreto, a una bahía, a un colegio, a un bar, a un disfraz.
Uno vuelve, incluso, a aquellos lugares y a aquellas personas que nunca le pertenecieron. Eso hace aún más hermosos los retornos. Porque siempre hay en ellos una pizca de incertidumbre, de misterio, de esperanza y de inquietud.
Estos días estoy de vuelta de muchos lugares y personas. Nunca Jamás es mi destino más cercano.
24 de marzo de 2010
Cantar
Podría haber estado esta tarde en un homenaje a Miguel Hernández en la USAL al que me invitó un amigo. Pero era difícil ir allí. Esta tarde he estado cantando.
Cantar es divertido y alegra muchas veces las tristezas y las nostalgias pasadas, presentes y futuras. El domingo, cuando volvíamos en coche, cantamos Ella baila sola, Ismael Serrano y Marea. Y eso hizo que nos hiciéramos un poquito más amigas. Creo que cantar juntas nos unió aún más.
Hoy he cantado en público. En alemán. Ha sido muy divertido esperar que llegara el público, observar con tristeza que era escaso y alegrarnos igualmente porque lo pasaríamos fenomenal nosotros solos. Y verdaderamente ha sido una experiencia divertida. Uno expulsa lo que lleva dentro cuando canta. Deberíamos cantar más a menudo. En la ducha, mientras tendemos la ropa, cuando cocinamos, dando las clases, cuando conducimos o viajamos, antes de dormir, al despertar.
Cantando, uno también puede homenajear a Miguel Hernández a su manera.
Cantar es divertido y alegra muchas veces las tristezas y las nostalgias pasadas, presentes y futuras. El domingo, cuando volvíamos en coche, cantamos Ella baila sola, Ismael Serrano y Marea. Y eso hizo que nos hiciéramos un poquito más amigas. Creo que cantar juntas nos unió aún más.
Hoy he cantado en público. En alemán. Ha sido muy divertido esperar que llegara el público, observar con tristeza que era escaso y alegrarnos igualmente porque lo pasaríamos fenomenal nosotros solos. Y verdaderamente ha sido una experiencia divertida. Uno expulsa lo que lleva dentro cuando canta. Deberíamos cantar más a menudo. En la ducha, mientras tendemos la ropa, cuando cocinamos, dando las clases, cuando conducimos o viajamos, antes de dormir, al despertar.
Cantando, uno también puede homenajear a Miguel Hernández a su manera.
21 de marzo de 2010
Poesía-Pessoa
21 de marzo, día Internacional de la Poesía. Y como vengo de Lisboa, ¿qué mejor que Pessoa?
El viento, el viento alto
El viento, alto en su elemento
me hace más solo -no me estoy
lamentando, él se tiene que lamentar.
Es un sonido abstracto, insondable
venido del elusivo fin del mundo.
Profundo es su significado.
Me habla el todo inexistente en él,
cómo la virtud no es un escudo, y
cómo la mejor es estar en silencio.
(27.12.33)
Versión de Rafael Díaz Borbón
Foto de Flickr
El viento, el viento alto
El viento, alto en su elemento
me hace más solo -no me estoy
lamentando, él se tiene que lamentar.
Es un sonido abstracto, insondable
venido del elusivo fin del mundo.
Profundo es su significado.
Me habla el todo inexistente en él,
cómo la virtud no es un escudo, y
cómo la mejor es estar en silencio.
(27.12.33)
Versión de Rafael Díaz Borbón
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17 de marzo de 2010
Alegría verde, bocaditos de nata
La alegría se pinta de colores. Alegría verde es mi alegría de hoy.
Me han felicitado, con beso en la mejilla, tres personas. Una persona me ha felicitado con ciber-beso y ha sabido tan cálido como el facial. Alegría la que he sentido al recibir un café en vaso de plástico en el peor momento de la mañana. Una amiga. Sin verdes, sin besos, sin mejillas. Me ha recordado que todos los días se celebra.
Alegría en verde y alegría tricolor la de un amigo anónimo. La alegría llega siempre a pesar del bolígrafo rojo. La alegría llega cuando los amigos te recuerdan que hay que tener ganas de vivir y acompañar esas ganas con alegría, paz, autonomía, humanidad y literatura. Claro. Siempre la literatura salva. Siempre el verde calma las almas de los vencidos, los hace resurgir del rojo pilot de las tardes de marzo.
Alegría dulce materializada en pasteles de nata. Mmm... nata. Verde. Nata. Amigos. Café caliente en la mañana fría de bolígrafo rojo.
La alegría se pinta de colores y se paladea dulce. Siempre dulce como la nata.
Me han felicitado, con beso en la mejilla, tres personas. Una persona me ha felicitado con ciber-beso y ha sabido tan cálido como el facial. Alegría la que he sentido al recibir un café en vaso de plástico en el peor momento de la mañana. Una amiga. Sin verdes, sin besos, sin mejillas. Me ha recordado que todos los días se celebra.
Alegría en verde y alegría tricolor la de un amigo anónimo. La alegría llega siempre a pesar del bolígrafo rojo. La alegría llega cuando los amigos te recuerdan que hay que tener ganas de vivir y acompañar esas ganas con alegría, paz, autonomía, humanidad y literatura. Claro. Siempre la literatura salva. Siempre el verde calma las almas de los vencidos, los hace resurgir del rojo pilot de las tardes de marzo.
Alegría dulce materializada en pasteles de nata. Mmm... nata. Verde. Nata. Amigos. Café caliente en la mañana fría de bolígrafo rojo.
La alegría se pinta de colores y se paladea dulce. Siempre dulce como la nata.
16 de marzo de 2010
Y hablar de mí como en un diario
Si pudiera, recurriría a los versos de algún escritor afamado (no famoso) para expresar cómo me siento esta noche fría y cálida (a la vez) del mes de marzo. Algunos versos que hablaran de la vida de uno, de cuándo uno se pone en el centro del universo, se mira el ombligo y no es capaz de ver más allá. Así me siento hoy, pero me miro tanto el ombligo que no soy capaz siquiera de recurrir a los versos de algún afamado escritor.
Los lectores habituales de este blog saben que no suelo hablar de mí de forma tan explícita. Que en los momentos de saturación, opto por abandonarlos y recuperar el aliento y la palabra días después. Ésta es una de las raras veces en las que me enfrento, ordenador en mano, a ti como si de un juez se tratase.
Esta noche es víspera de fiesta. Escucho el disco de The Chieftains que me acaba de regalar mi hermano para celebrar que mañana es St. Patrick, patrón de Irlanda, santo que conmemora a los Patricios y Patricias. Es curiosa mi pasión legendaria por un país al que sólo he visitado una vez. Quizás esa pasión legendaria no sea sólo una pasión dedicada a los irlandeses, sino a todas las naciones celtas. Quizás el celtismo lo llevo en las venas por la vía gallega, por el nombre, por los casi imperceptibles reflejos rojizos que mi pelo muestra al sol, por mi rotunda palidez, por mi nostalgia perenne o simplemente porque un día leí un relato celta y quedé embriagada por la cultura como uno queda embriagado tras una pinta de cerveza negra y un "Oh Danny boy" o un "The River" en un pub irlandés. El pub irlandés de los sueños de post-adolescencia. Esta noche es víspera de fiesta y un vestido nuevo de verde intenso espera que mañana celebre el celtismo en el silencio de un colegio madrileño, ante adolescentes madrileños que los fines de semana no escuchan flautas o gaitas, sino música electrónica; y se dejan embriagar por grados de alcohol procedente más de Rusia que de la cebada.
Esta noche es noche de resaca de trabajo. Es una noche en la que el cansancio ahuyenta al sueño. El cansancio es milenario. Parece que lleve siendo parte de mí desde siempre. Son los ecos de Dios, que últimamente me llegan de todas partes y me producen una mezcla entre pesadez y reflexión. Una reflexión que cansa. Porque se repite y porque no me abandona. De hecho, mañana celebro algo que tiene más que ver con dios que con el ateísmo. Y lo sé. Y lo celebro. Aunque la celebración sea pagana se hace en nombre de un saint.
Trabajo, adolescentes madrileños, verde esperanza, flautas y gaitas, un edredón polar que calienta el alma de las tardes largas en las que uno se acompaña del bolígrafo rojo, paciencia y buena voluntad. Me gustaría que hubiera un poeta que dijera lo que yo digo ahora.
Y en la cercana distancia del jueves, otros ecos. Ecos de fado. Portugal acecha, como el hombre, como la poesía de Hernández. Salamanca en jueves y Lisboa en viernes. Los alcanzo con la punta de los dedos, y sin embargo siguen lejos. Impenetrables. Están a más de un año y medio de distancia. Y llegan ahora. Porque ahora es el momento de Portugal. Ahora que The Chieftains dejan llorar su gaita, ahora que los teléfonos llaman sin llamadas y el rojo es el color de tinta favorito. Portugal. Lisboa. Mis amigas.
Felices 17 y 19 de marzo, porque creyentes o no, nos dan motivo de alegría. Alegría verde. Alegría del descanso. Fin de semana de fado y cerveza. De vestidos verdes y tranvías.
Espero volver reconfortada.
Los lectores habituales de este blog saben que no suelo hablar de mí de forma tan explícita. Que en los momentos de saturación, opto por abandonarlos y recuperar el aliento y la palabra días después. Ésta es una de las raras veces en las que me enfrento, ordenador en mano, a ti como si de un juez se tratase.
Esta noche es víspera de fiesta. Escucho el disco de The Chieftains que me acaba de regalar mi hermano para celebrar que mañana es St. Patrick, patrón de Irlanda, santo que conmemora a los Patricios y Patricias. Es curiosa mi pasión legendaria por un país al que sólo he visitado una vez. Quizás esa pasión legendaria no sea sólo una pasión dedicada a los irlandeses, sino a todas las naciones celtas. Quizás el celtismo lo llevo en las venas por la vía gallega, por el nombre, por los casi imperceptibles reflejos rojizos que mi pelo muestra al sol, por mi rotunda palidez, por mi nostalgia perenne o simplemente porque un día leí un relato celta y quedé embriagada por la cultura como uno queda embriagado tras una pinta de cerveza negra y un "Oh Danny boy" o un "The River" en un pub irlandés. El pub irlandés de los sueños de post-adolescencia. Esta noche es víspera de fiesta y un vestido nuevo de verde intenso espera que mañana celebre el celtismo en el silencio de un colegio madrileño, ante adolescentes madrileños que los fines de semana no escuchan flautas o gaitas, sino música electrónica; y se dejan embriagar por grados de alcohol procedente más de Rusia que de la cebada.
Esta noche es noche de resaca de trabajo. Es una noche en la que el cansancio ahuyenta al sueño. El cansancio es milenario. Parece que lleve siendo parte de mí desde siempre. Son los ecos de Dios, que últimamente me llegan de todas partes y me producen una mezcla entre pesadez y reflexión. Una reflexión que cansa. Porque se repite y porque no me abandona. De hecho, mañana celebro algo que tiene más que ver con dios que con el ateísmo. Y lo sé. Y lo celebro. Aunque la celebración sea pagana se hace en nombre de un saint.
Trabajo, adolescentes madrileños, verde esperanza, flautas y gaitas, un edredón polar que calienta el alma de las tardes largas en las que uno se acompaña del bolígrafo rojo, paciencia y buena voluntad. Me gustaría que hubiera un poeta que dijera lo que yo digo ahora.
Y en la cercana distancia del jueves, otros ecos. Ecos de fado. Portugal acecha, como el hombre, como la poesía de Hernández. Salamanca en jueves y Lisboa en viernes. Los alcanzo con la punta de los dedos, y sin embargo siguen lejos. Impenetrables. Están a más de un año y medio de distancia. Y llegan ahora. Porque ahora es el momento de Portugal. Ahora que The Chieftains dejan llorar su gaita, ahora que los teléfonos llaman sin llamadas y el rojo es el color de tinta favorito. Portugal. Lisboa. Mis amigas.
Felices 17 y 19 de marzo, porque creyentes o no, nos dan motivo de alegría. Alegría verde. Alegría del descanso. Fin de semana de fado y cerveza. De vestidos verdes y tranvías.
Espero volver reconfortada.
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10 de marzo de 2010
Me ronda la cabeza Hernández
Estoy preparando exámenes para esta evaluación. Mis chicos de primero de apoyo son muy inteligentes. Estoy orgullosa de ellos, porque siempre he confiado en que podrían hacerlo muy bien y me lo están demostrando. Les he enseñado unas poquitas figuras literarias y quiero que sepan reconocerlas, para que aprendan a apreciar la buena poesía y no se pierdan cuando escuchen que "algo es una metáfora de algo".
Para la hipérbole no he podido evitar echar mano de Hernández en su impresionante "Elegía a Ramón Sijé". No puedo leerla sin sentir un escalofrío extraño recorriendo mi espalda. Y aún así la leo y la releo y me regocijo en la tristeza que me transmite.
Me ronda la cabeza Hernández estos días. Me ronda porque está en todas partes, porque celebra centenario, porque sigo escuchando a Serrat cantarle como cuando era niña y deseaba que llegaran las mañanas de domingo en las que la casa recibía la poesía en voces ajenas. Me ronda porque la poesía hermosa siempre ronda.
Ayer, ayudando a traducir sus poemas al francés y al kikongo* (desde el francés, claro), me sentí feliz por poder entender unos versos inmortales. Sentí placer por el puro placer de la poesía que se siente y se entiende.
Me siento feliz cuando me ronda la cabeza la poesía.
*Una curiosidad. En kikongo, "amor" se dice "bolinga".
Para la hipérbole no he podido evitar echar mano de Hernández en su impresionante "Elegía a Ramón Sijé". No puedo leerla sin sentir un escalofrío extraño recorriendo mi espalda. Y aún así la leo y la releo y me regocijo en la tristeza que me transmite.
Me ronda la cabeza Hernández estos días. Me ronda porque está en todas partes, porque celebra centenario, porque sigo escuchando a Serrat cantarle como cuando era niña y deseaba que llegaran las mañanas de domingo en las que la casa recibía la poesía en voces ajenas. Me ronda porque la poesía hermosa siempre ronda.
Ayer, ayudando a traducir sus poemas al francés y al kikongo* (desde el francés, claro), me sentí feliz por poder entender unos versos inmortales. Sentí placer por el puro placer de la poesía que se siente y se entiende.
Me siento feliz cuando me ronda la cabeza la poesía.
*Una curiosidad. En kikongo, "amor" se dice "bolinga".
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8 de marzo de 2010
femme, mujer, muller, mulher, woman, Frau
Un nombre asignado a nosotras en cada una de las lenguas del mundo.
Lo que significa que existimos, que estamos representadas y categorizadas en el mundo, en oposición al varón o -y sería aún mucho mejor- al lado del varón.
Y eso es lo que más me gusta de este día. Que varones y mujeres lo celebramos juntos y sin oponernos. A ver si se acaban de verdad las luchas de género y por fin podemos caminar juntos sobre el mismo suelo y bajo el mismo cielo.
Feliz día.
Lo que significa que existimos, que estamos representadas y categorizadas en el mundo, en oposición al varón o -y sería aún mucho mejor- al lado del varón.
Y eso es lo que más me gusta de este día. Que varones y mujeres lo celebramos juntos y sin oponernos. A ver si se acaban de verdad las luchas de género y por fin podemos caminar juntos sobre el mismo suelo y bajo el mismo cielo.
Feliz día.
1 de marzo de 2010
Halt durch, auch wenn du allein bist!
Für ein gut Freund.
Die Toten Hosen, "Steh auf, wenn du am Boden bist"
Die Toten Hosen, "Steh auf, wenn du am Boden bist"
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24 de febrero de 2010
23 de febrero de 2010
Mujeres escritoras /1
CONCHA MÉNDEZ (1898-1986), de la Generación del 27
Ni me entiendo ni me entienden...
Ni me entiendo ni me entienden;
ni me sirve alma ni sangre;
lo que veo con mis ojos
no lo quiero para nadie.
Todo es extraño a mí misma,
hasta la luz, hasta el aire,
porque ni acierto a mirarla;
ni sé cómo respirarle.
Y si miro hacia la sombra
donde la luz se deshace,
temo también deshacerme
y entre la sombra quedarme
confundida para siempre
en ese misterio grande.
Ni me entiendo ni me entienden...
Ni me entiendo ni me entienden;
ni me sirve alma ni sangre;
lo que veo con mis ojos
no lo quiero para nadie.
Todo es extraño a mí misma,
hasta la luz, hasta el aire,
porque ni acierto a mirarla;
ni sé cómo respirarle.
Y si miro hacia la sombra
donde la luz se deshace,
temo también deshacerme
y entre la sombra quedarme
confundida para siempre
en ese misterio grande.
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22 de febrero de 2010
21 de febrero de 2010
Personajes reales* /8
* Aunque los personajes presentados en esta serie son reales, he distorsionado o cambiado sus nombres para proteger su identidad.
ELVIRA
No debe tener aún los cincuenta años. Es profesora de matemáticas y está retirada porque tiene, desde hace unos diez años, una enfermedad degenerativa de los músculos que le impide vivir con normalidad.
Ha decidido, ahora que está retirada a la fuerza, dedicarse a hacer encaje de bolillos, estudiar matemáticas, aprender euskera y leer, leer, leer. Siempre está leyendo. Dice que lo del encaje de bolillos es por ejercitar un poco los músculos de la mano, por liberarse un poco de la actividad intelectual que realiza a diario durante tantas horas.
A veces quedamos para hablar. Es una especie de guía para mí. Me dijo, cuando le conté que había decidido estudiar filología hispánica, que esa era una carrera de maripuris. A ella le gustaba mucho más mi opción anterior, la de ambientóloga. Pero le encantó la idea de que fuera a estudiar fuera de Madrid, y por eso acabó apoyando mi decisión. Ahora me ayuda en la tarea de enseñar. Me cuenta anécdotas de sus años de jefa de estudios. Noto que es una mujer de armas tomar. Y no es para menos. Los dolores que le causa la enfermedad son insoportables, pero ella sigue adelante. Siempre está riendo. Nunca sé cuándo está mal y cuándo está bien de veras. A veces, pienso si es posible que esté bien estando así. Toma medicamentos muy fuertes y hay días que debe permanecerlos completos en la cama. Sale a la calle con su mini motocicleta adaptada y sonríe. Me encuentro con ella por la calle y me invita a que vaya a visitarla a casa.
Aprecio mucho a Elvira y creo que es la mujer más valiente que he conocido nunca. Luego me doy cuenta de que no, de que como ella hay muchas otras y me siento orgullosa de tenerla como amiga. Es un ejemplo de vitalidad. Me inunda su esperanza. Pensar en ella es pensar en la superación, darse cuenta de que hay que aprovechar la vida venga como venga, aunque nos postre durante días a una cama. Hay que seguir aprendiendo. Hay que seguir viviendo.
ELVIRA
No debe tener aún los cincuenta años. Es profesora de matemáticas y está retirada porque tiene, desde hace unos diez años, una enfermedad degenerativa de los músculos que le impide vivir con normalidad.
Ha decidido, ahora que está retirada a la fuerza, dedicarse a hacer encaje de bolillos, estudiar matemáticas, aprender euskera y leer, leer, leer. Siempre está leyendo. Dice que lo del encaje de bolillos es por ejercitar un poco los músculos de la mano, por liberarse un poco de la actividad intelectual que realiza a diario durante tantas horas.
A veces quedamos para hablar. Es una especie de guía para mí. Me dijo, cuando le conté que había decidido estudiar filología hispánica, que esa era una carrera de maripuris. A ella le gustaba mucho más mi opción anterior, la de ambientóloga. Pero le encantó la idea de que fuera a estudiar fuera de Madrid, y por eso acabó apoyando mi decisión. Ahora me ayuda en la tarea de enseñar. Me cuenta anécdotas de sus años de jefa de estudios. Noto que es una mujer de armas tomar. Y no es para menos. Los dolores que le causa la enfermedad son insoportables, pero ella sigue adelante. Siempre está riendo. Nunca sé cuándo está mal y cuándo está bien de veras. A veces, pienso si es posible que esté bien estando así. Toma medicamentos muy fuertes y hay días que debe permanecerlos completos en la cama. Sale a la calle con su mini motocicleta adaptada y sonríe. Me encuentro con ella por la calle y me invita a que vaya a visitarla a casa.
Aprecio mucho a Elvira y creo que es la mujer más valiente que he conocido nunca. Luego me doy cuenta de que no, de que como ella hay muchas otras y me siento orgullosa de tenerla como amiga. Es un ejemplo de vitalidad. Me inunda su esperanza. Pensar en ella es pensar en la superación, darse cuenta de que hay que aprovechar la vida venga como venga, aunque nos postre durante días a una cama. Hay que seguir aprendiendo. Hay que seguir viviendo.
20 de febrero de 2010
Esperar
En un mundo de prisas continuas, del aquí y ahora, donde todo tiene que ser dicho y hecho, dejemos un hueco para la espera.
Quien espera, desespera, dice el refranero español. Yo creo que esa afirmación no se cumple en todos los casos. Quien espera tiene esperanza, piensa que lo que viene puede ser mejor. Creo que si evitamos la obsesión de la espera, ésta puede ser un momento bonito. Inflexión entre lo de ayer y ahora y lo que llegará.
Espero que el segundo detrás de este segundo en el que escribo me traiga lucidez y paciencia para seguir esperando.
Quien espera, desespera, dice el refranero español. Yo creo que esa afirmación no se cumple en todos los casos. Quien espera tiene esperanza, piensa que lo que viene puede ser mejor. Creo que si evitamos la obsesión de la espera, ésta puede ser un momento bonito. Inflexión entre lo de ayer y ahora y lo que llegará.
Espero que el segundo detrás de este segundo en el que escribo me traiga lucidez y paciencia para seguir esperando.
19 de febrero de 2010
Personajes reales* /7
* Aunque los personajes presentados en esta serie son reales, he distorsionado o cambiado sus nombres para proteger su identidad.
JAMAL
Alumno de primero de la ESO. Repetidor. Calculo que tendrá quince años, aunque no estoy muy segura. El desfase edad-curso es evidente.
Jamal es educado. Escucha atentamente y toma notas. Asiente, mira de frente y a veces responde acertadamente. Eso me da esperanzas.
Es hijo de padres marroquíes, él nació en Marruecos, pero vive en España desde que es un bebé. Está completamente -también aparentemente- occidentalizado, aunque la huella del Islam o de una educación machista está convirtiéndolo en un ser odioso. Al ser yo su tutora debo escucharle, aconsejarle, ayudarle. Siempre que tiene problemas, acude a mí. Lo de la semana pasada ya colmó mi paciencia. Falsificación de documentos públicos del centro educativo y amenazas de muerte a un compañero. Hasta ahí, nada del otro mundo dentro del ámbito de la enseñanza secundaria, donde este tipo de cosas no son el pan de cada día, pero sí ocurren de vez en cuando.
Mis compañeros y yo empezamos a tirar del hilo y descubrimos que también le hace la vida imposible a otro estudiante del centro. Alumno mío, también, que finalmente me cuenta, casi con lágrimas en los ojos, que no está tranquilo saliendo a la calle los viernes por la tarde. Tiene miedo a que Jamal lo vea y que sus amigos le peguen una paliza. Esto lo confiesa un alumno que una semana atrás se ha enfrentado cara a cara conmigo y no se achanta ante nadie. Me preocupo.
Seguimos tirando del hilo. Sale a relucir una historia de amor. Al menos hay una chica por medio. Nos enteramos de que amenazaba porque la chica que le gusta estaba saliendo con el otro chico y no puede permitir que eso ocurra. La chica en cuestión deja al primer amenazado y le pide salir a Jamal, él no acepta. No quiere ahora historias de chicas, porque debe centrarse en los estudios. Nadie entiende nada. Sólo la chica. A ella le gusta sentirse el centro de esta disputa que más parece de gallos que de seres racionales. Cuando ella, Sara, se entera de que Jamal será castigado, acude preocupada a hablar conmigo. Por favor, quitadle el castigo. No. Por favor, tiene muchos problemas en casa y otro castigo más puede traer consecuencias desastrosas. Lo siento, Sara, debió pensarlo antes de hacerlo. Las amenazas a miembros de la comunidad educativa son seriamente penadas. El asunto es grave: se trata de abuso escolar. Ella implora su perdón. Sigo tirando del hilo. Me entero, de forma velada, que Jamal siempre hace eso: siempre amenaza a todos los chicos que se acercan a Sara. Les dice que no se aproximen a ella si no quieren recibir una paliza. Sara sólo vive ya para Jamal. Me confiesa que le quiere y por eso acepta el hecho de que se comporte así. Le pido, por favor, que piense en la espiral en la que está entrando. Le advierto de que el comportamiento de Jamal roza los límites del maltrato. A ella le da igual. Le quiere y no quiere perderle como amigo, no puede desengancharse. También tiene quince años.
Tengo que terminar a la fuerza la conversación. Me supera. No entiendo qué pasa. No entiendo la actitud de Jamal; pero tengo miedo por Sara. Quiere a un maltratador. Le gusta que pegue por ella, le hace sentirse bien. Y él continúa afirmando que prefiere estar solo ahora, que ya lo pasó mal cuando estuvieron saliendo juntos y que no quiere repetir la experiencia. Tengo miedo porque la rechaza pero no la deja libre. Le he hablado a Sara sobre la libertad. Le digo que ella no es libre, que no es feliz, que rompa con esa relación ya. Ella agacha la cabeza, murmura un débil "Sí, ya...". Me mira a los ojos, desafiante, y repite: "No puedo, profe, no puedo, es que yo... yo le quiero".
Fin de la conversación.
JAMAL
Alumno de primero de la ESO. Repetidor. Calculo que tendrá quince años, aunque no estoy muy segura. El desfase edad-curso es evidente.
Jamal es educado. Escucha atentamente y toma notas. Asiente, mira de frente y a veces responde acertadamente. Eso me da esperanzas.
Es hijo de padres marroquíes, él nació en Marruecos, pero vive en España desde que es un bebé. Está completamente -también aparentemente- occidentalizado, aunque la huella del Islam o de una educación machista está convirtiéndolo en un ser odioso. Al ser yo su tutora debo escucharle, aconsejarle, ayudarle. Siempre que tiene problemas, acude a mí. Lo de la semana pasada ya colmó mi paciencia. Falsificación de documentos públicos del centro educativo y amenazas de muerte a un compañero. Hasta ahí, nada del otro mundo dentro del ámbito de la enseñanza secundaria, donde este tipo de cosas no son el pan de cada día, pero sí ocurren de vez en cuando.
Mis compañeros y yo empezamos a tirar del hilo y descubrimos que también le hace la vida imposible a otro estudiante del centro. Alumno mío, también, que finalmente me cuenta, casi con lágrimas en los ojos, que no está tranquilo saliendo a la calle los viernes por la tarde. Tiene miedo a que Jamal lo vea y que sus amigos le peguen una paliza. Esto lo confiesa un alumno que una semana atrás se ha enfrentado cara a cara conmigo y no se achanta ante nadie. Me preocupo.
Seguimos tirando del hilo. Sale a relucir una historia de amor. Al menos hay una chica por medio. Nos enteramos de que amenazaba porque la chica que le gusta estaba saliendo con el otro chico y no puede permitir que eso ocurra. La chica en cuestión deja al primer amenazado y le pide salir a Jamal, él no acepta. No quiere ahora historias de chicas, porque debe centrarse en los estudios. Nadie entiende nada. Sólo la chica. A ella le gusta sentirse el centro de esta disputa que más parece de gallos que de seres racionales. Cuando ella, Sara, se entera de que Jamal será castigado, acude preocupada a hablar conmigo. Por favor, quitadle el castigo. No. Por favor, tiene muchos problemas en casa y otro castigo más puede traer consecuencias desastrosas. Lo siento, Sara, debió pensarlo antes de hacerlo. Las amenazas a miembros de la comunidad educativa son seriamente penadas. El asunto es grave: se trata de abuso escolar. Ella implora su perdón. Sigo tirando del hilo. Me entero, de forma velada, que Jamal siempre hace eso: siempre amenaza a todos los chicos que se acercan a Sara. Les dice que no se aproximen a ella si no quieren recibir una paliza. Sara sólo vive ya para Jamal. Me confiesa que le quiere y por eso acepta el hecho de que se comporte así. Le pido, por favor, que piense en la espiral en la que está entrando. Le advierto de que el comportamiento de Jamal roza los límites del maltrato. A ella le da igual. Le quiere y no quiere perderle como amigo, no puede desengancharse. También tiene quince años.
Tengo que terminar a la fuerza la conversación. Me supera. No entiendo qué pasa. No entiendo la actitud de Jamal; pero tengo miedo por Sara. Quiere a un maltratador. Le gusta que pegue por ella, le hace sentirse bien. Y él continúa afirmando que prefiere estar solo ahora, que ya lo pasó mal cuando estuvieron saliendo juntos y que no quiere repetir la experiencia. Tengo miedo porque la rechaza pero no la deja libre. Le he hablado a Sara sobre la libertad. Le digo que ella no es libre, que no es feliz, que rompa con esa relación ya. Ella agacha la cabeza, murmura un débil "Sí, ya...". Me mira a los ojos, desafiante, y repite: "No puedo, profe, no puedo, es que yo... yo le quiero".
Fin de la conversación.
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18 de febrero de 2010
Encuentro
EL ENCUENTRO
Este encuentro no pertenece a los creyentes ni a los ateos, a ninguna religión o creencia en particular.
Este encuentro se produce simplemente entre humanos, entre personas que creemos en el
bien.
Por esto, hombres y mujeres de distintas razas y creencias estamos leyendo estas palabras al mismo tiempo, lo que ya es un motivo de alegría.
Pero hoy no vamos a centrarnos en lo que nos separa, sino en lo que nos une.
Quizás algunos piensen que nos parecemos poco, que hay pocas semejanzas. Muchas o pocas son tan importantes que puede que sean suficientes para empezar un camino juntos.
Imaginemos algo: ¿Qué pasaría si se encontraran Jesús de Nazareth y Mahoma?, ¿o si se encontraran con Buda?, ¿qué harían?, ¿discutirían?...
Yo creo que no, creo que se mirarían, se sonreirían, y charlarían amigablemente. Me imagino que, al mirarse, se reconocerían mutuamente como seres que trabajan para el Bien, hermanados por una labor común.
¿Qué se hubieran dicho Gandhi y Teresa de Calcuta?, ¿cómo os imagináis un encuentro entre ellos? Podría haber sido bastante parecido, son personas que ayudaron a sus semejantes con sus pensamientos, oraciones y con sus propias manos.
En aquellos lugares donde se sufre, ¿no colaboran religiosos de distintas confesiones entre ellos?, ¿no colaboran creyentes con no creyentes?, ¿no son todos gente de buena voluntad tratando de ayudar a los demás?
Muchos de los leéis esto tenéis unas creencias religiosas concretas, y otros muchos no. Pero hay algo muy importante que nos une a todos, y es la Buena Voluntad.
Esta fe que tenemos en el Bien, en la búsqueda de nuestro bien y del bien del otro. Esta fe en que hay un Bien dentro de cada ser humano, que hay un Bien dentro de las cosas es probablemente uno de los pilares fundamentales de todas las religiones y de las convicciones morales de tantas buenas personas no religiosas.
¿No nos hace este Bien en nosotros, esta intención de hacernos el Bien unos a otros, no nos hace Hermanos?
¿Seguimos a los fundadores de las religiones, a nuestros maestros, a las buenas personas que admiramos cuando olvidamos esto?
Aunque pudiera ser atrevido por mi parte, si quisiéramos resumir cuál es el propósito de nuestras religiones, yo diría que es uno doble: El desarrollo de ese Principio del Bien que hay en nosotros, y la expresión de esa Bondad hacia nuestros semejantes y al mundo en que vivimos.
Dos únicos puntos en común no parecen muchos... pero, ¿no son importantes?, ¿no son... lo más importante?... ¿no definen nuestro modo de vida?
Más aún, este mejorarse uno mismo y hacer el Bien a los demás, ¿no son compartidos por tantísimas personas que no están en ningún credo en particular?, ¿no son así nuestros vecinos, nuestros amigos, los que nos sonríen en el mercado?... ¿no somos la mayoría?
Y aún más... también aquellos que no creyendo en que hay un Bien dentro de las personas, ni en que la humanidad progrese... aquellos que sin esperar nada más... ni una mejor vida más allá, ni más acá... aquellos que algunas veces caen en la desesperación... aquellos que incluso con esta visión del mundo... toman partido, escogen un lado y también eligen hacer el bien que pueden... Aquellos que quizá demostrando más fe en el Bien o más valor que los demás, incluso en contra del mundo que ven, son incapaces de ignorar ese buen sentimiento dentro de sí mismos. Aquellos... son parte de esa misma hermandad.
El objetivo de este Encuentro es que recordemos esta Hermandad entre nosotros, que no nos centremos tanto en las cosas que nos separan, porque... estamos unidos en lo fundamental.
No queremos decir que no haya diferencias, ni que haya que evitarlas pero, igual que convivimos con personas que ejercen otras profesiones, con otras ideas políticas o con otros gustos; igual que hemos encontrado una base común de convivencia con ellos mientras seguimos nuestro propio camino; nosotros que somos creyentes y no creyentes, pero gente de bien, debemos ser los primeros en buscar esa base común para que, cuando enfrentemos problemas y sufrimientos comunes, podamos reunirnos todos hermanados por nuestra buena voluntad y trabajar juntos para encontrar el camino.
No olvidemos nunca esta Hermandad formada por todas las personas que, de una manera u otra, hacemos el bien en el mundo. Trabajemos juntos... estamos todos en el mismo barco.
Texto de Javier Fernández Panadero.
17 de febrero de 2010
Personajes reales* /6
* Aunque los personajes presentados en esta serie son reales, he distorsionado o cambiado sus nombres para proteger su identidad.
ALEXANDER
La bondad viene desde Bulgaria y está personificada en él.
No es ni rubio del todo ni tiene los ojos azules. Tampoco sé si todos los búlgaros responden a ese canon, pero siempre los imaginé así.
Procede de una ciudad con nombre de reina y que evoca sabiduría, la que él parece ignorar, pero que conoce bien. Porque Alexander es un sabio. A su manera. Suspende un examen tras otro (aunque parece que ahora la cosa va mejorando) porque no domina el español y según él, en España, los profesores son muy exigentes. Lo cierto es que se esfuerza y creo que su esfuerzo va a merecer mucho la pena. Sabe analizar sintácticamente a la perfección la oración: "Quiero que Alexander venga hoy a clase", y eso que es una subordinada, y ésas, profe, son más difíciles. Alexander es un sabio porque sabe de la vida. Ha vivido con muchas carencias y aprecia lo que tiene aquí. Los fines de semana va a entrenar al rugby, con su cuerpo robusto de chico del este. Siempre está con gente, aunque su mundo interior es tan grande que parece que no le hace falta nadie. Tampoco echa de menos no salir con amigos búlgaros o con españoles. No tiene tiempo. Es que entrena mucho, profe.
Juega al rugby y estudia lengua, su talón de Aquiles. Pero es que su profe es muy exigente, como todos los profes españoles. Me alegra no tener que ser yo su profe de lengua, porque no podría suspender a alguien tan trabajador y esforzado.
De Alexander me gusta su forma tierna y respetuosa de disculparse cuando sabe que ha hecho algo mal. Cabeza gacha, mirada hacia el suelo, media sonrisa y un "Lo siento, profe" con su erre de frenillo tan inconfundible y ese acento duro de la gente de su tierra.
También me conmueve. Un día, un compañero había olvidado su lápiz de dibujo en casa y gritó en medio de la clase que no lo tenía allí. Alexander levantó la cabeza, se levantó del sitio y agarró su lápiz amarillo de dibujo (el que cuidaba desde principio de curso) entre las dos manos. Lo rompió por la mitad y le dio la parte que tenía punta a su compañero. Él se quedó con la parte más pequeña del lápiz y se acercó a la papelera, para sacar punta a su mitad. Dos semanas después, Alexander dibujaba con menos de tres centímetros de lápiz, mientras que su compañero, al que le prestó el lápiz amarillo, volvía a perder u olvidar el material de clase.
Tras esta historia, solo me quedan sonrisas para Alexander. Solo me quedan palmadas en la espalda, ánimos y enhorabuenas. Porque la semana pasada, por fin, aprobó su primer examen de inglés.
ALEXANDER
La bondad viene desde Bulgaria y está personificada en él.
No es ni rubio del todo ni tiene los ojos azules. Tampoco sé si todos los búlgaros responden a ese canon, pero siempre los imaginé así.
Procede de una ciudad con nombre de reina y que evoca sabiduría, la que él parece ignorar, pero que conoce bien. Porque Alexander es un sabio. A su manera. Suspende un examen tras otro (aunque parece que ahora la cosa va mejorando) porque no domina el español y según él, en España, los profesores son muy exigentes. Lo cierto es que se esfuerza y creo que su esfuerzo va a merecer mucho la pena. Sabe analizar sintácticamente a la perfección la oración: "Quiero que Alexander venga hoy a clase", y eso que es una subordinada, y ésas, profe, son más difíciles. Alexander es un sabio porque sabe de la vida. Ha vivido con muchas carencias y aprecia lo que tiene aquí. Los fines de semana va a entrenar al rugby, con su cuerpo robusto de chico del este. Siempre está con gente, aunque su mundo interior es tan grande que parece que no le hace falta nadie. Tampoco echa de menos no salir con amigos búlgaros o con españoles. No tiene tiempo. Es que entrena mucho, profe.
Juega al rugby y estudia lengua, su talón de Aquiles. Pero es que su profe es muy exigente, como todos los profes españoles. Me alegra no tener que ser yo su profe de lengua, porque no podría suspender a alguien tan trabajador y esforzado.
De Alexander me gusta su forma tierna y respetuosa de disculparse cuando sabe que ha hecho algo mal. Cabeza gacha, mirada hacia el suelo, media sonrisa y un "Lo siento, profe" con su erre de frenillo tan inconfundible y ese acento duro de la gente de su tierra.
También me conmueve. Un día, un compañero había olvidado su lápiz de dibujo en casa y gritó en medio de la clase que no lo tenía allí. Alexander levantó la cabeza, se levantó del sitio y agarró su lápiz amarillo de dibujo (el que cuidaba desde principio de curso) entre las dos manos. Lo rompió por la mitad y le dio la parte que tenía punta a su compañero. Él se quedó con la parte más pequeña del lápiz y se acercó a la papelera, para sacar punta a su mitad. Dos semanas después, Alexander dibujaba con menos de tres centímetros de lápiz, mientras que su compañero, al que le prestó el lápiz amarillo, volvía a perder u olvidar el material de clase.
Tras esta historia, solo me quedan sonrisas para Alexander. Solo me quedan palmadas en la espalda, ánimos y enhorabuenas. Porque la semana pasada, por fin, aprobó su primer examen de inglés.
15 de febrero de 2010
A los Goya, en gallego
Me emocioné al ver que el premio al mejor actor se lo llevó Luis Tosar, mi actor favorito. Pero me gustó aún más ver que el gallego también tuvo cabida en la gala. Noraboa.
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Personajes reales /5
LOS ENAMORADOS
Ayer los vi mirarse a los ojos como si nunca se hubieran dado cuenta de que son órganos preciosos, brillantes y enigmáticos.
Se pasean por la calle de la mano. Los hay de todas las edades, razas, ideologías o sexo. Ayer muchos llevaban rosas rojas y cajas con forma de corazón.
También hay los enamorados que no precisan de nada para saber que se tienen. Esos enamorados son los que a mí más me emocionan. Esos que olvidan lo que significa el 14 y que no necesitan regalos para sentirse regalados.
Existen. Son personajes reales. Tú y yo los vemos a diario, se suben al tren, y aunque vayan solos, están enamorados. Comparten en verano un trozo de toalla en la playa. Se miran a los ojos aunque entre ellos exista la distancia física. Se casan y conviven durante años. Tienen hijos y mantienen el amor.
Existen. Son personajes reales. Hay pocos; pero los hay.
Ayer los vi mirarse a los ojos como si nunca se hubieran dado cuenta de que son órganos preciosos, brillantes y enigmáticos.
Se pasean por la calle de la mano. Los hay de todas las edades, razas, ideologías o sexo. Ayer muchos llevaban rosas rojas y cajas con forma de corazón.
También hay los enamorados que no precisan de nada para saber que se tienen. Esos enamorados son los que a mí más me emocionan. Esos que olvidan lo que significa el 14 y que no necesitan regalos para sentirse regalados.
Existen. Son personajes reales. Tú y yo los vemos a diario, se suben al tren, y aunque vayan solos, están enamorados. Comparten en verano un trozo de toalla en la playa. Se miran a los ojos aunque entre ellos exista la distancia física. Se casan y conviven durante años. Tienen hijos y mantienen el amor.
Existen. Son personajes reales. Hay pocos; pero los hay.
14 de febrero de 2010
San Valentín /y 3
Todas estas entradas están programadas.
Intuyo que ahora estaré tomando café con C. Esta semana fue su cumple y nos vemos de nuevo después de un mes. Una vez le escribí un poema sobre su pelo, sus pies y sus pasiones. Ella me llenó la habitación de mariposas. Odio hablar con ella de política, siempre discutimos. Tras la discusión, siempre hay una carcajada que es como un chorro de agua que nos limpia los pecados políticos. Y volvemos a ser tan amigas.
Creo que en eso consiste el amor, no en las cajas de bombones de hoy y los anillos de diamantes.
Intuyo que ahora estaré tomando café con C. Esta semana fue su cumple y nos vemos de nuevo después de un mes. Una vez le escribí un poema sobre su pelo, sus pies y sus pasiones. Ella me llenó la habitación de mariposas. Odio hablar con ella de política, siempre discutimos. Tras la discusión, siempre hay una carcajada que es como un chorro de agua que nos limpia los pecados políticos. Y volvemos a ser tan amigas.
Creo que en eso consiste el amor, no en las cajas de bombones de hoy y los anillos de diamantes.
San Valentín /2
A veces, hay que dejar morir algunos sentimientos. Otras veces, hay que alentar que resurjan.
El amor es uno de esos sentimientos que no hay que matar nunca. Aunque en ocasiones duela.
El amor es uno de esos sentimientos que no hay que matar nunca. Aunque en ocasiones duela.
San Valentín /1
Ayer, hablando con una amiga, me dijo que cuando estaba saliendo con su último novio, siempre hacía cosas que le hicieran feliz. Y que verle feliz le hacía a ella estar feliz. Cuando dejó de sentirse así, sintió que dejaba de haber amor y la relación acabó. Desde la más profunda honestidad.
Creo que el amor consiste en eso, no en los ramos de rosas de hoy.
Creo que el amor consiste en eso, no en los ramos de rosas de hoy.
13 de febrero de 2010
The Simpsons, Libro de Notas y Pequeño Libro de Notas
Éstas son las tres últimas novedades que he añadido a mi lista de "Lo que más leo/veo".
La última de ellas es una recomendación de F., que siempre que encuentra cositas interesantes, le busca la aplicación pedagógica y me las enseña para que las use. Le he echado un vistazo rápido y me ha gustado mucho. El Pequeño Libro de Notas (Pequeño LdN) es un recuerdo a los suplementos finisemanales que durante tantas generaciones hicieron las delicias de los más pequeños. Recuerdo cómo yo misma corría al periódico, los domingos, a buscar El Pequeño País, que devoraba en menos de una hora, leyéndolo todo de arriba abajo. Los infantes de hoy en día ya no hacen estas cosas. Creo que con la idea de retomar la pasión por la lectura de los sábados y domingos en los pequeños futuros grandes lectores, los creadores del Pequeño LdN han elaborado esta página web maravillosa. Hay cuentos y tebeos que se van desarrollando semanalmente. Historias de detectives o animales fascinantes acompañarán a los pequeños (y grandes) de la casa durante toda la semana. Nace hoy.
Libro de Notas es, por su parte, una página web autodefinida como "Diario de los mejores contenidos de la red en español". Supongo que llevará más tiempo en activo, pero yo la he descubierto a través de su versión para peques. No he tenido mucho tiempo para echarle un vistazo, pero es algo así como un gran periódico en el que encontrarlo todo. Hay artículos de opinión organizados por columnas de publicación semanal o mensual y los colaboradores son realmente buenos.
En cuanto a esta página de los Simpsons, es del creador (eso he entendido) del Pequeño LdN. Es un blog dedicado a los fieles amantes de la mítica serie de dibujos norteamericana. No hay información sobre el mundo Simpson que no esté registrada en él: curiosidades, extras, capítulos especiales, cameos,... está absolutamente todo.
Éstas son tres de las agradabilísimas sorpresas que la red nos guarda a todos y que descubrimos enlazando (que siempre me ha recordado a jugar a la oca). Deseo una larguísima vida al Pequeño LdN, recién nacido hoy. Y que las otras dos páginas se mantengan con tanta afluencia y la misma calidad por muchos años.
La última de ellas es una recomendación de F., que siempre que encuentra cositas interesantes, le busca la aplicación pedagógica y me las enseña para que las use. Le he echado un vistazo rápido y me ha gustado mucho. El Pequeño Libro de Notas (Pequeño LdN) es un recuerdo a los suplementos finisemanales que durante tantas generaciones hicieron las delicias de los más pequeños. Recuerdo cómo yo misma corría al periódico, los domingos, a buscar El Pequeño País, que devoraba en menos de una hora, leyéndolo todo de arriba abajo. Los infantes de hoy en día ya no hacen estas cosas. Creo que con la idea de retomar la pasión por la lectura de los sábados y domingos en los pequeños futuros grandes lectores, los creadores del Pequeño LdN han elaborado esta página web maravillosa. Hay cuentos y tebeos que se van desarrollando semanalmente. Historias de detectives o animales fascinantes acompañarán a los pequeños (y grandes) de la casa durante toda la semana. Nace hoy.
Libro de Notas es, por su parte, una página web autodefinida como "Diario de los mejores contenidos de la red en español". Supongo que llevará más tiempo en activo, pero yo la he descubierto a través de su versión para peques. No he tenido mucho tiempo para echarle un vistazo, pero es algo así como un gran periódico en el que encontrarlo todo. Hay artículos de opinión organizados por columnas de publicación semanal o mensual y los colaboradores son realmente buenos.
En cuanto a esta página de los Simpsons, es del creador (eso he entendido) del Pequeño LdN. Es un blog dedicado a los fieles amantes de la mítica serie de dibujos norteamericana. No hay información sobre el mundo Simpson que no esté registrada en él: curiosidades, extras, capítulos especiales, cameos,... está absolutamente todo.
Éstas son tres de las agradabilísimas sorpresas que la red nos guarda a todos y que descubrimos enlazando (que siempre me ha recordado a jugar a la oca). Deseo una larguísima vida al Pequeño LdN, recién nacido hoy. Y que las otras dos páginas se mantengan con tanta afluencia y la misma calidad por muchos años.
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Personajes reales*/ 4
* Aunque los personajes presentados en esta serie son reales, he distorsionado o cambiado sus nombres para proteger su identidad.
MANUELA
Tendrá ahora alguno más de cincuenta años. Tiene tres hijos y es profesora de educación infantil y de primaria. Una maestra de las de siempre. Cada jueves compartimos alumnos. Me gusta ver cómo se agarra a la tiza con fuerza y escribe y escribe en el trozo de pizarra que nos han dejado usar.
Es cristianísima. De las de misa todos los domingos. Pero también de las que no pisan su casa porque siempre hay algo más importante en las casas de los demás. Hace aproximadamente un mes fue a casa de Elizabet (inmigrante nigeriana en paro y con dos niñas pequeñas), de donde la sacó recordándole que las desgracias no duran siempre e insistiendo en que volviera a las clases. Ese día, Elizabet vino a clase y la bendijo durante la hora y media que duró.
Es curioso cómo nos reunimos en un espacio tan reducido personas tan diferentes. Hay un respeto enorme de los musulmanes hacia ella y de ella hacia los musulmanes, aunque siempre surge la batalla de qué religión es mejor. Odio esas peleas absurdas. Yo siempre estoy en medio y me tomo estas discusiones como investigación antropológica, me mantengo "neutral" y me río (por dentro) de que un dios -que a veces es tres en uno, con perdón-, cause tal confusión, tal algarabía (nunca mejor dicho, por cierto) y a veces tan poca tolerancia.
Cuando acaban las clases, Manuela y yo comentamos el caso de algún asistente a las clases. Es llamativo el caso de Kalil, de Mali, testigo de Jehová, al que Manuela trata de sacar de la prédica callejera, llevándole por el buen camino de la misa dominical. Luego, me dice en privado: "Si te digo la verdad, prefiero que sea musulmán a que sea testigo". Como si hubiera religiones mejores o peores.
Cada uno busca el sentido de la vida donde puede o quiere. Los hindúes en una vaca, los cristianos en una cruz. Para los no creyentes está la perdición eterna. A veces creo que es mejor estar perdido sin dios, que perdido en un mar de dioses. Para esto último sólo fueron buenos los griegos y los romanos.
Hoy Manuela dormirá tranquila porque se ha encontrado a Cristo en el rostro de los otros. Bendita ella. Yo también voy a dormir tranquila, porque cada vez mi certeza es mayor.
MANUELA
Tendrá ahora alguno más de cincuenta años. Tiene tres hijos y es profesora de educación infantil y de primaria. Una maestra de las de siempre. Cada jueves compartimos alumnos. Me gusta ver cómo se agarra a la tiza con fuerza y escribe y escribe en el trozo de pizarra que nos han dejado usar.
Es cristianísima. De las de misa todos los domingos. Pero también de las que no pisan su casa porque siempre hay algo más importante en las casas de los demás. Hace aproximadamente un mes fue a casa de Elizabet (inmigrante nigeriana en paro y con dos niñas pequeñas), de donde la sacó recordándole que las desgracias no duran siempre e insistiendo en que volviera a las clases. Ese día, Elizabet vino a clase y la bendijo durante la hora y media que duró.
Es curioso cómo nos reunimos en un espacio tan reducido personas tan diferentes. Hay un respeto enorme de los musulmanes hacia ella y de ella hacia los musulmanes, aunque siempre surge la batalla de qué religión es mejor. Odio esas peleas absurdas. Yo siempre estoy en medio y me tomo estas discusiones como investigación antropológica, me mantengo "neutral" y me río (por dentro) de que un dios -que a veces es tres en uno, con perdón-, cause tal confusión, tal algarabía (nunca mejor dicho, por cierto) y a veces tan poca tolerancia.
Cuando acaban las clases, Manuela y yo comentamos el caso de algún asistente a las clases. Es llamativo el caso de Kalil, de Mali, testigo de Jehová, al que Manuela trata de sacar de la prédica callejera, llevándole por el buen camino de la misa dominical. Luego, me dice en privado: "Si te digo la verdad, prefiero que sea musulmán a que sea testigo". Como si hubiera religiones mejores o peores.
Cada uno busca el sentido de la vida donde puede o quiere. Los hindúes en una vaca, los cristianos en una cruz. Para los no creyentes está la perdición eterna. A veces creo que es mejor estar perdido sin dios, que perdido en un mar de dioses. Para esto último sólo fueron buenos los griegos y los romanos.
Hoy Manuela dormirá tranquila porque se ha encontrado a Cristo en el rostro de los otros. Bendita ella. Yo también voy a dormir tranquila, porque cada vez mi certeza es mayor.
12 de febrero de 2010
La imagen del yo o la otredad

Habla Manuel estos días de la doble imagen del yo, de la que mostramos en público, a través del rostro y los actos que acometemos diariamente, y la del yo interior, ese que sólo nosotros conocemos. Me pregunto si eso de la doble imagen del yo tiene que ver o no con la otredad. ¿Soy uno interno y otro externo? ¿El yo es el mismo pero lo que varía es su representación (ante uno mismo, ante el resto)? ¿Cuántas falsiregos hay en esta falsirego concreta? ¿Cuántas Patricias hay en ésta que os escribe? ¿Quién somos (perdona la inconcordancia, pero me sale mejor decirlo así)? ¿O nos definimos por lo que hacemos? ¿Cómo descubrir la verdadera esencia del yo, si verdaderamente somos uno y varios al mismo tiempo?
No quiero mantener mi mente muy ocupada para poder pensar en esto. Mi otro yo me dice que me olvide, que haga otras cosas. Uff. ¿A qué yo le hago caso?
11 de febrero de 2010
Días redondos
Hay días redondos como lunas.
Días que dan la vuelta y que, aunque terminen antes del fin del día, se han llenado más que otras veces.
Día redondo que comenzaba con blog y termina con blog.
Y en el medio una gran decepción (es mi primer año, supongo que aprenderé a no decepcionarme por la actitud de mis alumnos, aunque yo sea su tutoría), comida deliciosa, mejor compañía, poesía, mujeres, libros, callejones madrileños, San Cristóbal, un tí con tilde en la i que duele como una puñalada trapera, Mahoma, dos cuentos del Magreb, una pizca de teatro y una nueva decepción. La de saber que, a veces, no hay comunicación posible, aunque nos esforcemos.
Sueño en los ojos
en este día redondo como una luna.
A pesar de las decepciones, a pesar de la doble imagen de nuestro yo, a pesar de la filología "desfilologizada", siempre queda la vida, que acude como una certeza a salvarnos.
A O'Keeffe la pongo porque es una de las mujeres de este día redondo. Redondo como el origen de la vida.
Días que dan la vuelta y que, aunque terminen antes del fin del día, se han llenado más que otras veces.
Día redondo que comenzaba con blog y termina con blog.
Y en el medio una gran decepción (es mi primer año, supongo que aprenderé a no decepcionarme por la actitud de mis alumnos, aunque yo sea su tutoría), comida deliciosa, mejor compañía, poesía, mujeres, libros, callejones madrileños, San Cristóbal, un tí con tilde en la i que duele como una puñalada trapera, Mahoma, dos cuentos del Magreb, una pizca de teatro y una nueva decepción. La de saber que, a veces, no hay comunicación posible, aunque nos esforcemos.
Sueño en los ojos
en este día redondo como una luna.
A pesar de las decepciones, a pesar de la doble imagen de nuestro yo, a pesar de la filología "desfilologizada", siempre queda la vida, que acude como una certeza a salvarnos.
A O'Keeffe la pongo porque es una de las mujeres de este día redondo. Redondo como el origen de la vida.
Personajes reales* /3
* Aunque los personajes presentados en esta serie son reales, he distorsionado o cambiado sus nombres para proteger su identidad.
FATIMA
Mujer. Marroquí. Independiente.
Conocí a Fatima hace aproximadamente seis veranos. La ayudé en un trabajo con su español. Ella se dedicaba a recoger historias de compatriotas -en árabe- y traducirlas al español. Después utilizaría esos informes para conocer la situación en la que llegaban a España muchos inmigrantes que seguían viviendo precariamente en torres eléctricas cerca de invernaderos gaditanos, recibiendo radiactividad, sol y ninguna compasión.
Fatima sonreía siempre. Me consideraba su amiga. Se había enfrentado a muchos hombres de su barrio porque en verano vestía faldas que dejaban ver sus piernas y había dejado de usar el velo hacía muchos años. Me encantaba Fatima. Siempre que la veía me decía que estaba invitada a tomar un té en su casa. Que seguro que nunca había tomado un té como el que ella preparaba. Seguro. Pero nunca llegué a tomar té con ella. Le perdí la pista un año después de conocerla y no volví a saber de ella.
Me encantaba Fatima porque era una persona valiente, luchadora y trabajadora. Tiró todas las barreras posibles: las de la raza, las del idioma, las del sexo. Era -y supongo que seguirá siendo- una mujer libre que dedicaba sus esfuerzos para lograr la libertad de los pueblos y de las personas. Lloraba contando alguna historia y se lamentaba por no poder hacer nada frente a las injusticias que había oído y transcrito tantas veces. Historias que yo leí y le ayudé a redactar. Historias que también a mí me hicieron derramar lágrimas. Cuando los gobiernos se embarcaban en guerras preventivas sin intuir siquiera la crisis de años después.
Todo sigue igual ahora. Las mismas carencias y los mismos horrores con otros nombres. Afortunadamente, también sigue habiendo mujeres y hombres libres que creen de verdad en la libertad de las personas y luchan por que se alcance de verdad.
FATIMA
Mujer. Marroquí. Independiente.
Conocí a Fatima hace aproximadamente seis veranos. La ayudé en un trabajo con su español. Ella se dedicaba a recoger historias de compatriotas -en árabe- y traducirlas al español. Después utilizaría esos informes para conocer la situación en la que llegaban a España muchos inmigrantes que seguían viviendo precariamente en torres eléctricas cerca de invernaderos gaditanos, recibiendo radiactividad, sol y ninguna compasión.
Fatima sonreía siempre. Me consideraba su amiga. Se había enfrentado a muchos hombres de su barrio porque en verano vestía faldas que dejaban ver sus piernas y había dejado de usar el velo hacía muchos años. Me encantaba Fatima. Siempre que la veía me decía que estaba invitada a tomar un té en su casa. Que seguro que nunca había tomado un té como el que ella preparaba. Seguro. Pero nunca llegué a tomar té con ella. Le perdí la pista un año después de conocerla y no volví a saber de ella.
Me encantaba Fatima porque era una persona valiente, luchadora y trabajadora. Tiró todas las barreras posibles: las de la raza, las del idioma, las del sexo. Era -y supongo que seguirá siendo- una mujer libre que dedicaba sus esfuerzos para lograr la libertad de los pueblos y de las personas. Lloraba contando alguna historia y se lamentaba por no poder hacer nada frente a las injusticias que había oído y transcrito tantas veces. Historias que yo leí y le ayudé a redactar. Historias que también a mí me hicieron derramar lágrimas. Cuando los gobiernos se embarcaban en guerras preventivas sin intuir siquiera la crisis de años después.
Todo sigue igual ahora. Las mismas carencias y los mismos horrores con otros nombres. Afortunadamente, también sigue habiendo mujeres y hombres libres que creen de verdad en la libertad de las personas y luchan por que se alcance de verdad.
9 de febrero de 2010
Personajes reales* /2
* Aunque los personajes presentados en esta serie son reales, he distorsionado o cambiado sus nombres para proteger su identidad.
MARÍA
María tiene quince años. Llegó a España hace tres. Con doce años se fue de la casa materna y comenzó a convivir con un hombre más de diez años mayor que ella. Decía que era su novio. Desde entonces, su vida ha sido un tambalearse continuo de casa en casa, siempre lejos de su madre. Siempre muy cerca -demasiado- de gente mucho mayor que ella.
Hace unos días se destapó la caja de los horrores. Su secreto no estaba tan bien guardado y nos enteramos todos. Los adultos que queremos ayudarla hemos sufrido por ella. Ella no lo entiende y se ríe. No entiende de qué nos escandalizamos, si ella no hace nada malo. Si ella consiente. Nosotros sufrimos, ella no entiende nada. Ella se divierte y ellos no son tan mayores, veinte, treinta años, son jóvenes.
Tenemos miedo al futuro que le espera a María y nos horroriza el pasado y el presente que ha vivido. Ella siempre tiene sueño. No atiende y está de mal humor. Cree que todos los adultos estamos contra ella y no la dejamos vivir en paz. ¡¿Qué sabrá ella lo que es la paz?!
Me pregunto si ser profesora es ser también trabajadora social y psicóloga. Me pregunto si ser profesora es actuar también como amiga, dar consejos y decirle a María (y a otras) lo que deben o no deben hacer. Aunque yo no sea su madre. Aunque ella sea más mayor que yo por las circunstancias de su vida. También me pregunto por qué hay tanto hijo de puta suelto aprovechándose de un rostro bonito que aún no ha aprendido a decir no.
MARÍA
María tiene quince años. Llegó a España hace tres. Con doce años se fue de la casa materna y comenzó a convivir con un hombre más de diez años mayor que ella. Decía que era su novio. Desde entonces, su vida ha sido un tambalearse continuo de casa en casa, siempre lejos de su madre. Siempre muy cerca -demasiado- de gente mucho mayor que ella.
Hace unos días se destapó la caja de los horrores. Su secreto no estaba tan bien guardado y nos enteramos todos. Los adultos que queremos ayudarla hemos sufrido por ella. Ella no lo entiende y se ríe. No entiende de qué nos escandalizamos, si ella no hace nada malo. Si ella consiente. Nosotros sufrimos, ella no entiende nada. Ella se divierte y ellos no son tan mayores, veinte, treinta años, son jóvenes.
Tenemos miedo al futuro que le espera a María y nos horroriza el pasado y el presente que ha vivido. Ella siempre tiene sueño. No atiende y está de mal humor. Cree que todos los adultos estamos contra ella y no la dejamos vivir en paz. ¡¿Qué sabrá ella lo que es la paz?!
Me pregunto si ser profesora es ser también trabajadora social y psicóloga. Me pregunto si ser profesora es actuar también como amiga, dar consejos y decirle a María (y a otras) lo que deben o no deben hacer. Aunque yo no sea su madre. Aunque ella sea más mayor que yo por las circunstancias de su vida. También me pregunto por qué hay tanto hijo de puta suelto aprovechándose de un rostro bonito que aún no ha aprendido a decir no.
7 de febrero de 2010
Personajes reales* /1
* Aunque los personajes presentados en esta serie son reales, he distorsionado o cambiado sus nombres para proteger su identidad.
MUSTAFA
Mustafa es joven. Mustafa es musulmán y vive en una ciudad del sur de Madrid. Acude las tardes de los martes y los jueves a clases de español. A mí me encanta Mustafa. Siempre sonríe y se sonroja cuando articula una frase perfecta en español y le felicitamos por ello. Tamborilea con los dedos sobre la mesa; anota vocabulario en los márgenes de su bloc de notas y pregunta en árabe a sus compañeros qué significa tal o cual palabra.
A Mustafa le brillan los ojos cuando habla de Marruecos y de sus tradiciones musulmanas. Lleva dos años sin probar el cuscus y se le hace la boca agua cuando nos explica las diferentes recetas de cuscus que conoce. Nos invita con los ojos a adentrarnos en su cultura y nosotras no podemos rechazarle nada.
A veces tengo la sensación de que, igual que el resto, Mustafa acude a clases para defender su cultura y despojar los prejuicios que tenemos hacia los musulmanes. Aprender español es la excusa. Creo que Mustafa, igual que el resto, viene para sentirse escuchado por españoles, para sentirse uno más entre todos, para compartir, para conocer gente, para no sentirse tan solo. Quizás yo también esté en clase para sentirme menos sola, para sentirme escuchada por gente de otras partes del mundo, para sentirme una más entre todos, para compartir, para conocer gente. Enseñar español es la excusa. Cuando pienso esto, me doy cuenta de que en el fondo nos parecemos. Aunque al final de las clases, Mustafa acuda a mí y me implore, con los ojos llenos de una súplica que no entiendo, que crea en algo, que tenga una religión, que por favor crea.
¡En el fondo somos tan diferentes! Le hablo de mi amiga Marina, de cómo nos entendemos sin entendernos. Pero no comprende. Su nivel de español no es suficiente. Y su concepción de la religión es muy diferente. Su tabla de salvación es el Islam. La mía, los martes y los jueves por la tarde, son ellos. El Bien para mí está en obrar siguiendo las normas de mi propia moral. Se lo digo y niega con la cabeza. Me tiende un folleto que se llama: "La concepción de la mujer en el Islam" y me pide que lo lea. "Está bien, lo leeré. Pero no me voy a convertir", le digo. Él me dice: "Claro, tú eres libre de ser lo que quieras ser. Pero por favor, cree en algo".
Somos diferentes. Tan diferentes como Marina y yo.
En el fondo nos parecemos.
MUSTAFA
Mustafa es joven. Mustafa es musulmán y vive en una ciudad del sur de Madrid. Acude las tardes de los martes y los jueves a clases de español. A mí me encanta Mustafa. Siempre sonríe y se sonroja cuando articula una frase perfecta en español y le felicitamos por ello. Tamborilea con los dedos sobre la mesa; anota vocabulario en los márgenes de su bloc de notas y pregunta en árabe a sus compañeros qué significa tal o cual palabra.
A Mustafa le brillan los ojos cuando habla de Marruecos y de sus tradiciones musulmanas. Lleva dos años sin probar el cuscus y se le hace la boca agua cuando nos explica las diferentes recetas de cuscus que conoce. Nos invita con los ojos a adentrarnos en su cultura y nosotras no podemos rechazarle nada.
A veces tengo la sensación de que, igual que el resto, Mustafa acude a clases para defender su cultura y despojar los prejuicios que tenemos hacia los musulmanes. Aprender español es la excusa. Creo que Mustafa, igual que el resto, viene para sentirse escuchado por españoles, para sentirse uno más entre todos, para compartir, para conocer gente, para no sentirse tan solo. Quizás yo también esté en clase para sentirme menos sola, para sentirme escuchada por gente de otras partes del mundo, para sentirme una más entre todos, para compartir, para conocer gente. Enseñar español es la excusa. Cuando pienso esto, me doy cuenta de que en el fondo nos parecemos. Aunque al final de las clases, Mustafa acuda a mí y me implore, con los ojos llenos de una súplica que no entiendo, que crea en algo, que tenga una religión, que por favor crea.
¡En el fondo somos tan diferentes! Le hablo de mi amiga Marina, de cómo nos entendemos sin entendernos. Pero no comprende. Su nivel de español no es suficiente. Y su concepción de la religión es muy diferente. Su tabla de salvación es el Islam. La mía, los martes y los jueves por la tarde, son ellos. El Bien para mí está en obrar siguiendo las normas de mi propia moral. Se lo digo y niega con la cabeza. Me tiende un folleto que se llama: "La concepción de la mujer en el Islam" y me pide que lo lea. "Está bien, lo leeré. Pero no me voy a convertir", le digo. Él me dice: "Claro, tú eres libre de ser lo que quieras ser. Pero por favor, cree en algo".
Somos diferentes. Tan diferentes como Marina y yo.
En el fondo nos parecemos.
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Dentro
"Estás dentro do meu texto, pero non dentro da miña vida"
/Estíbaliz Espinosa
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4 de febrero de 2010
30 de enero de 2010
Estudiar
Este año en el que he pasado al otro lado siento una ausencia de algo. Desde los cinco años he ido diariamente a clase para aprender lo que gente sabia y cualificada tenía que enseñarme. Los últimos años en los que recibí clases, me di cuenta de que esto no siempre es así. No siempre son sabios y personas cualificadas los que enseñan, sino simplemente personas que pasaban por allí y se les dio bien un examen de acceso. Pero no quiero criticar ahora los sistemas de selección del profesorado. Porque yo también he entrado en esa dinámica y la he aceptado.
Ahora que soy yo la que enseña, siento el vacío de la que aprende. He dicho muchas veces aquí, que aprendo a diario de los estudiantes, que el simple hecho de trabajar con personas es una fuente riquísima de adquisición de valores y conocimientos. Pero yo me refiero a aprender asistiendo a clase, a aprender de forma consciente, a aprender con libros de texto. Tengo necesidad de seguir aprendiendo. Es algo que me pide el cuerpo. Ahora me arrepiento de no haberme matriculado en Filología Inglesa para terminar mis estudios y prolongar un año más el dulce placer del estudio. Un placer que sólo disfruto de verdad cuando alguien "por encima de mí" está pendiente de mis pasos, de si aprendo o no. Porque, pensarás (y con razón) que si quiero, puedo estudiar por mi cuenta. Puedo hacerme con un manual de, pongamos, sociolingüística, y puedo continuar estudiando; o de historia de la lengua inglesa, o de literatura de cualquier lengua. Sí, claro. Yo puedo seguir estudiando por mi cuenta, pero no es igual. Recuerdo con total claridad, por ejemplo, las clases de literatura medieval en Salamanca. Escuchar, embobada, las controversias que surgieron a propósito de la autoría de la Celestina, o leer durante horas versiones distintas de un mismo romance medieval. Recuerdo estudiar el teatro norteamericano del siglo XX a base de "Cabras", "Deseos bajo los olmos", o "Buenas Noches, Madre" y qué decir de la evolución de la lengua española, esa yod indomable que tanto me costó aprender. De esos momentos de estudio me queda el recuerdo.
Supongo que por todo esto decidí estudiar un idioma nuevo este año. Voy dando mis primeros pasos con el alemán con la supervisión de un profesor que examina mis conocimientos y guía mi estudio de alguna manera. El año pasado escuché decenas de veces un audiocurso de alemán del que aprendí una sola expresión. Este año, de ese curso en audio entiendo ya la mitad. Avanzo. Creo que ese es el mejor sentimiento que alguien que estudia puede tener: el de avanzar. Aunque echo de menos las diez asignaturas por cuatrimestre, voy llenándome con las cuatro horas semanales de alemán. Y siento un placer indescriptible cuando, escuchando una canción, puedo entender uno de los versos.
A veces siento que las aves ya no cantan más, pero me doy cuenta de que sí lo hacen. Las aves siempre cantan. Hay que estar atentos para saber escucharlas.
Ahora que soy yo la que enseña, siento el vacío de la que aprende. He dicho muchas veces aquí, que aprendo a diario de los estudiantes, que el simple hecho de trabajar con personas es una fuente riquísima de adquisición de valores y conocimientos. Pero yo me refiero a aprender asistiendo a clase, a aprender de forma consciente, a aprender con libros de texto. Tengo necesidad de seguir aprendiendo. Es algo que me pide el cuerpo. Ahora me arrepiento de no haberme matriculado en Filología Inglesa para terminar mis estudios y prolongar un año más el dulce placer del estudio. Un placer que sólo disfruto de verdad cuando alguien "por encima de mí" está pendiente de mis pasos, de si aprendo o no. Porque, pensarás (y con razón) que si quiero, puedo estudiar por mi cuenta. Puedo hacerme con un manual de, pongamos, sociolingüística, y puedo continuar estudiando; o de historia de la lengua inglesa, o de literatura de cualquier lengua. Sí, claro. Yo puedo seguir estudiando por mi cuenta, pero no es igual. Recuerdo con total claridad, por ejemplo, las clases de literatura medieval en Salamanca. Escuchar, embobada, las controversias que surgieron a propósito de la autoría de la Celestina, o leer durante horas versiones distintas de un mismo romance medieval. Recuerdo estudiar el teatro norteamericano del siglo XX a base de "Cabras", "Deseos bajo los olmos", o "Buenas Noches, Madre" y qué decir de la evolución de la lengua española, esa yod indomable que tanto me costó aprender. De esos momentos de estudio me queda el recuerdo.
Supongo que por todo esto decidí estudiar un idioma nuevo este año. Voy dando mis primeros pasos con el alemán con la supervisión de un profesor que examina mis conocimientos y guía mi estudio de alguna manera. El año pasado escuché decenas de veces un audiocurso de alemán del que aprendí una sola expresión. Este año, de ese curso en audio entiendo ya la mitad. Avanzo. Creo que ese es el mejor sentimiento que alguien que estudia puede tener: el de avanzar. Aunque echo de menos las diez asignaturas por cuatrimestre, voy llenándome con las cuatro horas semanales de alemán. Y siento un placer indescriptible cuando, escuchando una canción, puedo entender uno de los versos.
Und die Vögel singen nicht mehr
(Y las aves ya no cantan más)
A veces siento que las aves ya no cantan más, pero me doy cuenta de que sí lo hacen. Las aves siempre cantan. Hay que estar atentos para saber escucharlas.
26 de enero de 2010
25 de enero de 2010
La sonrisa de Belavar
Hace unos días, recomendaba mi amigo Manuel en su blog el tener siempre a mano la foto de alguien sonriendo, que eso nos hace ver que hay otra manera de vivir, y es verdad. Mejor que las fotos es el propio rostro del amigo que te sonríe. Y más cuando esa persona tiene que sobrevivir como puede porque sus condiciones son siempre desfavorables.
Ayer por la noche encontré a Belavar en la calle. Sonreía. Llevaba un carro de un supermercado lleno de chatarra, estaba trabajando. Sonreía. Se alegró por verme y me dijo que siempre trabajaba hasta tarde, cuando en las calles sólo están la policía, los camiones de la basura y él mismo. Volvió a sonreír. Y me acordaba de su sonrisa en clase, cuando a sus sesenta años no le importa compartir lápices y cuadernos con jóvenes de veinte; cuando su edad, su religión y su condición no le impiden recibir clases de una mujer la mitad de joven que él y con las mismas esperanzas: las de un futuro mejor. Él recoge lo que a nosotros nos sobra, y sonríe. También sonríe cuando aprende una palabra nueva y todos los días nos da las gracias por enseñarle español.
Esa sonrisa, como la de Edyta, Hanane, Plamen, Jamal, Dris, Omar, Samir o Bouzid, me habla de que hay otra manera de vivir. Me habla de esperanzas por lograr vivir con honradez a pesar del desarraigo, la pobreza o el hambre. Me habla de humanidad. De una humanidad que no se agota a pesar del sufrimiento de vivir fuera de casa y sufrir el rechazo de algunos. Una humanidad que se va haciendo tan grande que ni siquiera puede entrar en los corazones de quienes lo recibimos, empequeñecidos ya y acostumbrados casi únicamente a las malas caras, al egoísmo; a la tacañería de sensibilidades y humanidad.
Ayer por la noche encontré a Belavar en la calle. Sonreía. Llevaba un carro de un supermercado lleno de chatarra, estaba trabajando. Sonreía. Se alegró por verme y me dijo que siempre trabajaba hasta tarde, cuando en las calles sólo están la policía, los camiones de la basura y él mismo. Volvió a sonreír. Y me acordaba de su sonrisa en clase, cuando a sus sesenta años no le importa compartir lápices y cuadernos con jóvenes de veinte; cuando su edad, su religión y su condición no le impiden recibir clases de una mujer la mitad de joven que él y con las mismas esperanzas: las de un futuro mejor. Él recoge lo que a nosotros nos sobra, y sonríe. También sonríe cuando aprende una palabra nueva y todos los días nos da las gracias por enseñarle español.
Esa sonrisa, como la de Edyta, Hanane, Plamen, Jamal, Dris, Omar, Samir o Bouzid, me habla de que hay otra manera de vivir. Me habla de esperanzas por lograr vivir con honradez a pesar del desarraigo, la pobreza o el hambre. Me habla de humanidad. De una humanidad que no se agota a pesar del sufrimiento de vivir fuera de casa y sufrir el rechazo de algunos. Una humanidad que se va haciendo tan grande que ni siquiera puede entrar en los corazones de quienes lo recibimos, empequeñecidos ya y acostumbrados casi únicamente a las malas caras, al egoísmo; a la tacañería de sensibilidades y humanidad.
19 de enero de 2010
18 de enero de 2010
El sentido de la vida
La vida tiene sentido porque nosotros se lo damos. Y la vida tiene sentido solo algunos días y desde algunas perspectivas. Luis Cernuda dijo "tú justificas mi existencia" y sólo ese tú hacía que su vida mereciera la pena.
A veces, pienso eso y lo aplico al blog. Pienso en cuál es el sentido de mi blog. Ahí está, a veces como el descanso de la rutina, otras veces es una obligación que cumplir, casi una carga. La mayoría del tiempo, sin embargo, es una excusa para crear, para dar vida y encontrar también el sentido de mi vida. Cuando llegan las tristezas, esas que replantean la vida de uno y la vida de los otros (últimamente no dejo de pensar en el desastre de Haití), llegan los parones blogueros. Y solo la lectura de otros blogs hace que renazcan las ganas de crear, de darle piernas a este blog que parece, a veces, que anda solo.
Como en mi propia vida, el sentido de este blog nace de la lectura. La lectura que es placer y vivencia de otras vidas. Una lectura que es una escritura, un sueño, un cuento aún por contar. Voy a seguir leyendo. Voy a seguir leyéndome en cada frase que leo. A lo mejor entiendo el sentido de la vida.
A veces, pienso eso y lo aplico al blog. Pienso en cuál es el sentido de mi blog. Ahí está, a veces como el descanso de la rutina, otras veces es una obligación que cumplir, casi una carga. La mayoría del tiempo, sin embargo, es una excusa para crear, para dar vida y encontrar también el sentido de mi vida. Cuando llegan las tristezas, esas que replantean la vida de uno y la vida de los otros (últimamente no dejo de pensar en el desastre de Haití), llegan los parones blogueros. Y solo la lectura de otros blogs hace que renazcan las ganas de crear, de darle piernas a este blog que parece, a veces, que anda solo.
Como en mi propia vida, el sentido de este blog nace de la lectura. La lectura que es placer y vivencia de otras vidas. Una lectura que es una escritura, un sueño, un cuento aún por contar. Voy a seguir leyendo. Voy a seguir leyéndome en cada frase que leo. A lo mejor entiendo el sentido de la vida.
13 de enero de 2010
La vida en cuento
El último recuerdo nítido que tengo de Iorgeus es un balcón con pimientos y helado de dulce de leche. Bueno, también un árbol de Navidad hecho con botellas de cerveza. Esa fue, creo, la última vez que le vi. Y como siempre que me despido de él, pensé: "¡Qué gusto da ver a este chico!". Desde entonces, sólo una llamada para pedirle un favor, creo que un sms y varios mensajes en FB para quedar. Sin quedar, claro.
Él no lo sabe, y yo tampoco hasta hace muy poco, pero Iorgeus y yo nos parecemos mucho. Quizá nuestra amiga en común nos eligió porque teníamos cualidades similares que comparten todos sus amigos. No lo sé. El caso es que Iorgeus y yo somos parecidos. Parecidos hasta el punto de que también él tiene un blog (otro blog, mejor dicho). Su segundo blog contiene en su título la palabra cuentos, como este. Y es que Iorgeus es un cuentista. Conocía algo de su faceta de escritor, y hoy he tenido la grata oportunidad de ver sus textos escritos. Ahí los tiene, todos apiladitos en un rincón del espacio tecnológico, entre su código binario particular y su sonrisa imperecedera.
Iorgeus vive en el mundo real, pero seguro que tiene la cabeza en otra parte, allí donde están, también, los personajes de sus cuentos. Será por eso que siempre sonríe. Porque siempre tiene un lugar mejor al que ir.
Seguro que ahora que ya tengo la dirección de su blog de cuentos, empiezo a criar, yo también, un esbozo de sonrisa perenne.
Si tienes curiosidad, entra a verlo en Poniendo los cuentos sobre las ies.
Él no lo sabe, y yo tampoco hasta hace muy poco, pero Iorgeus y yo nos parecemos mucho. Quizá nuestra amiga en común nos eligió porque teníamos cualidades similares que comparten todos sus amigos. No lo sé. El caso es que Iorgeus y yo somos parecidos. Parecidos hasta el punto de que también él tiene un blog (otro blog, mejor dicho). Su segundo blog contiene en su título la palabra cuentos, como este. Y es que Iorgeus es un cuentista. Conocía algo de su faceta de escritor, y hoy he tenido la grata oportunidad de ver sus textos escritos. Ahí los tiene, todos apiladitos en un rincón del espacio tecnológico, entre su código binario particular y su sonrisa imperecedera.
Iorgeus vive en el mundo real, pero seguro que tiene la cabeza en otra parte, allí donde están, también, los personajes de sus cuentos. Será por eso que siempre sonríe. Porque siempre tiene un lugar mejor al que ir.
Seguro que ahora que ya tengo la dirección de su blog de cuentos, empiezo a criar, yo también, un esbozo de sonrisa perenne.
Si tienes curiosidad, entra a verlo en Poniendo los cuentos sobre las ies.
11 de enero de 2010
Libros
Es una pena ir a dormir deseando leer y no poder hacerlo porque el sueño mata cualquier amago de lectura, por breve que sea. También es triste no encontrar un hueco mejor para la lectura que ese en el que el sol ya se ha puesto, las persianas comienzan a bajarse y los corazones empiezan a necesitar melodías melancólicas: un jazz de Cullum, un piano de Tiersen,...
Pero lo verdaderamente penoso es acumular futuras lecturas sobre la mesita de noche. Más aún cuando cinco de ellas son enteramente obligadas: gajes del oficio. Cinco libros de literatura juvenil de los que hay que leer para comprobar si ellos lo han leído. Uff. Cuando yo pueda elegir la lista de lecturas, seguro que es más fácil convencerles de que lean. En fin. Es uno de los pequeños inconvenientes de esta elección.
Me salva el hecho de que hay otros libros esperándome en la mesa y algunos más en la librería. No hago más que leer reseñas de libros (no por nada, es que llegan a mis manos y no puedo espantar la curiosidad) y me empieza a subir el regustillo del libro que se aproxima, del libro que se ansía pero que aún es un deseo brumoso. De esos, he desechado ya cientos, porque la memoria no retiene títulos, autores o temas. Otras veces, el ansia con el que se abordan hace que haya decepciones estrepitosas. Pero también hay momentos en los que uno, con su libro entre las manos, se siente la persona más feliz y realizada del mundo. Piensa en sí mismo como un gran cazador de talentos por haber elegido el mejor de los libros posibles para ese momento. Da igual que el libro sea un clásico y el criterio propio no haga más que confirmar los ajenos. La relación de intimidad que se crea con el texto y el lector supera el comentario más ingenioso del mejor de los críticos, supera los siglos de genialidad de una obra y siempre, siempre, supera las expectativas. Estuvieran donde estuvieran, en lo más alto o en los infiernos más negros.
¡Qué triste acumular expectativas y no poder confirmar la genialidad de la obra deseada! Tendré que cambiar mi horario de atención al libro.
Pero lo verdaderamente penoso es acumular futuras lecturas sobre la mesita de noche. Más aún cuando cinco de ellas son enteramente obligadas: gajes del oficio. Cinco libros de literatura juvenil de los que hay que leer para comprobar si ellos lo han leído. Uff. Cuando yo pueda elegir la lista de lecturas, seguro que es más fácil convencerles de que lean. En fin. Es uno de los pequeños inconvenientes de esta elección.
Me salva el hecho de que hay otros libros esperándome en la mesa y algunos más en la librería. No hago más que leer reseñas de libros (no por nada, es que llegan a mis manos y no puedo espantar la curiosidad) y me empieza a subir el regustillo del libro que se aproxima, del libro que se ansía pero que aún es un deseo brumoso. De esos, he desechado ya cientos, porque la memoria no retiene títulos, autores o temas. Otras veces, el ansia con el que se abordan hace que haya decepciones estrepitosas. Pero también hay momentos en los que uno, con su libro entre las manos, se siente la persona más feliz y realizada del mundo. Piensa en sí mismo como un gran cazador de talentos por haber elegido el mejor de los libros posibles para ese momento. Da igual que el libro sea un clásico y el criterio propio no haga más que confirmar los ajenos. La relación de intimidad que se crea con el texto y el lector supera el comentario más ingenioso del mejor de los críticos, supera los siglos de genialidad de una obra y siempre, siempre, supera las expectativas. Estuvieran donde estuvieran, en lo más alto o en los infiernos más negros.
¡Qué triste acumular expectativas y no poder confirmar la genialidad de la obra deseada! Tendré que cambiar mi horario de atención al libro.
10 de enero de 2010
Valores / ¿Lo verdaderamente importante?
Gracias a Los cuentos de la luna he encontrado algunas pequeñas pistas de lo que para otros es lo verdaderamente importante:
Los versos son de Erri de Luca:
"Considero valor cada forma de vida,
la nieve, la fresa, la mosca.
Considero valor el reino mineral, el conjunto de las estrellas.
Considero valor el vino junto a la pasta,
una sonrisa involuntaria, el cansancio de quien no ha ahorrado,
dos ancianos que se aman.
Considero valor lo que mañana no valdrá nada
y lo que hoy ya vale poco.
Considero valor todas las heridas.
Considero valor ahorrar agua,
reparar un par de zapatos,
callar a tiempo,
socorrer a gritos,
pedir permiso antes de sentarse,
sentir gratitud sin recordar bien por qué.
Considero valor saber dónde está el norte en una habitación
y el nombre del viento que seca la ropa.
Considero valor el viaje del vagabundo,
la clausura de la monja,
la paciencia del condenado cualquiera que sea su culpa.
Considero valor el uso del verbo amar
y la hipótesis de que exista un creador.
Muchos de estos valores no los he conocido."
Erri de Luca
(La traducción es mía con la inestimable ayuda de algún traductor virtual, por eso algún verso no queda muy claro. Necesito ayuda con ese "la stanchezza di chi non si e’ risparmiato")
Los versos son de Erri de Luca:
"Considero valor cada forma de vida,
la nieve, la fresa, la mosca.
Considero valor el reino mineral, el conjunto de las estrellas.
Considero valor el vino junto a la pasta,
una sonrisa involuntaria, el cansancio de quien no ha ahorrado,
dos ancianos que se aman.
Considero valor lo que mañana no valdrá nada
y lo que hoy ya vale poco.
Considero valor todas las heridas.
Considero valor ahorrar agua,
reparar un par de zapatos,
callar a tiempo,
socorrer a gritos,
pedir permiso antes de sentarse,
sentir gratitud sin recordar bien por qué.
Considero valor saber dónde está el norte en una habitación
y el nombre del viento que seca la ropa.
Considero valor el viaje del vagabundo,
la clausura de la monja,
la paciencia del condenado cualquiera que sea su culpa.
Considero valor el uso del verbo amar
y la hipótesis de que exista un creador.
Muchos de estos valores no los he conocido."
Erri de Luca
(La traducción es mía con la inestimable ayuda de algún traductor virtual, por eso algún verso no queda muy claro. Necesito ayuda con ese "la stanchezza di chi non si e’ risparmiato")
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Sueños / Lo verdaderamente importante
Anoche soñé que había quedado con una amiga para hacer una ruta de senderismo. Cuando llegaba el día, me presentaba en el lugar indicado y me daba cuenta, de repente, de que con las prisas había olvidado mis zapatillas de andar. Enseguida, en mi sueño se me apareció la solución perfecta: iría al Decathlón y compraría unas zapatillas de trekking baratas. Ya está, Decathlón como la solución a los problemas.
El símbolo que he creado en mi inconsciente es claro: la fatiga diaria provoca que olvidemos lo que es esencial en la vida. Y esto que es tan esencial puede sustituirse, fácilmente, con lo material. Consumismo vs. esencialidad. Me ha dado miedo pensar que estoy convirtiéndome en una persona que antepone los logros materiales a la esencia real de las cosas y la vida. Menos mal que mis sueños me han alertado de esto.
Supongo que a partir de ahora seré más consciente de lo que verdaderamente importa.
Bueno, dímelo tú, ¿qué crees que es lo que verdaderamente importa?
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8 de enero de 2010
El descanso de la lluvia
Para los amantes de la lluvia, como yo, es un regalo climatológico lo de los últimos días: lluvia sin parar, calles mojadas, olor a humedad, nieve, frío... Hacía tiempo que no me sentía físicamente tan a gusto. Sentir el frío y el viento en la cara me despierta, me alerta, me hace sentir que la naturaleza, por mucho que no lo queramos aceptar, está tan por encima de nosotros, que hace lo que quiere y cuando quiere.
Pero hoy es el día del descanso de la lluvia. Un sol que abriga los corazones se ha instalado frente a la terraza de casa. Ha entrado hasta el fondo de casa llenándola de luz e intensidad. Llenándola de energía para los días que llegan: días de vuelta al trabajo (de verdad); días de sonrisas y reencuentros; días de ánimo y fuerzas.
Para los amantes de la lluvia, como yo, también es un regalo este descanso de la lluvia.

Imagen obtenida en Flickr
Pero hoy es el día del descanso de la lluvia. Un sol que abriga los corazones se ha instalado frente a la terraza de casa. Ha entrado hasta el fondo de casa llenándola de luz e intensidad. Llenándola de energía para los días que llegan: días de vuelta al trabajo (de verdad); días de sonrisas y reencuentros; días de ánimo y fuerzas.
Para los amantes de la lluvia, como yo, también es un regalo este descanso de la lluvia.

Imagen obtenida en Flickr
6 de enero de 2010
Mi regalo de Reyes
Hace dieciséis años un grupo de amigos se reunían y cantaban esto:
Hoy te regalo este breve pero intenso viaje musical a uno de los lugares más emblemáticos de Madrid. Siente cómo la energía corre por tus extremidades. Creo que es una muy buena forma de dar por finalizadas estas fiestas.
Hoy te regalo este breve pero intenso viaje musical a uno de los lugares más emblemáticos de Madrid. Siente cómo la energía corre por tus extremidades. Creo que es una muy buena forma de dar por finalizadas estas fiestas.
5 de enero de 2010
Regalar
A diario regalamos cosas sin necesidad de pasar antes por una tienda y sacar la tarjeta de crédito. Hay personas que, de forma innata, te están regalando continuamente con sus sonrisas, su presencia, su compañía, su calor... y otras tantas cosas impagables. Sin embargo, llegan estos días y comienzan a generarse colas en todas las tiendas para comprar, para después regalar. Regalos, que muchas veces son necesarios y se hacen con kilos de cariño y ternura, y otras veces son un simple modo de cumplir con la tradición.
Me encanta recibir regalos. Y creo que cada vez me gusta más hacerlos a mí. Cuando regalo sintiéndolo de verdad, no por un mero compromiso, siento la ilusión y la alegría con la que se reciben las sorpresas y me adelanto a ella. Me entra una risita nerviosa y empiezo a emocionarme pensando en que a los receptores del regalo éste les gustará muchísimo.
Así es como estoy ahora, con la risita nerviosa de las tardes de cabalgata. Espero que mañana por la mañana recibas y hagas muchos regalos. Sobre todo de los impagables.
Me encanta recibir regalos. Y creo que cada vez me gusta más hacerlos a mí. Cuando regalo sintiéndolo de verdad, no por un mero compromiso, siento la ilusión y la alegría con la que se reciben las sorpresas y me adelanto a ella. Me entra una risita nerviosa y empiezo a emocionarme pensando en que a los receptores del regalo éste les gustará muchísimo.
Así es como estoy ahora, con la risita nerviosa de las tardes de cabalgata. Espero que mañana por la mañana recibas y hagas muchos regalos. Sobre todo de los impagables.
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4 de enero de 2010
Regalar canciones /9
A veces, sin buscarlo, sin siquiera esperarlo, uno encuentra joyitas musicales como esta. Aunque tu cielo no esté vacío, seguro que te emocionará la voz profunda de Springsteen. Disfrútala en esta tarde de lluvia post festiva.
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Ain't no cure for love
Resignémonos. No hay cura para el amor.
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3 de enero de 2010
Desamor
Para una amiga que sufre por amor,
para que se desenamore.
Ahora, como nunca (o como siempre, no sé cómo decirlo), es tiempo de amores y desamores. Hace varias noches sufrí, con el sufrimiento de una amiga, un desamor. Creo que nadie merece sufrir por amor. Y aún así, nos empeñamos en hacerlo. Mi amiga, que por fin había dejado de hacerlo, a la que por fin le llegaba el tiempo dulce, sintió, de golpe, otra vez la bala dura del amor. Y todos sufrimos por ella.
Para ella, para que se desenamore, van estos versos de Manolo Chinato, un poeta extremeño de garra.
Juguete de Amor
Anoche pasé frío y me desenamoré un poco.
Anoche pasé frío y fui poeta.
Anoche, mientras mi carne se helaba
y mi alma en mi cuerpo se escondía,
vi como mi amor para ti
era un juguete pasado ya de moda que ya nada valía.
Cualquier amanecer echarán
al viejo juguete de mi amor a un carro de basura,
y alejándose en la amarga soledad
oirá al carretero dar palos a su mula
que todo se lo da por un poco de paja
y, a veces, pochas uvas.
Y estaré allí donde ya nada vale nada
hasta que algún día una dulce gitanilla,
con mocos y pecas en la cara,
limpie con su manga grasienta
la suciedad que la sociedad pegó a mi alma;
y volveré a ser un juguete reluciente de amor y de alegría.
¡Que importa que me engañes si luego me sonríes!
¡Qué importa ser poeta o ser basura!
Anoche pasé frío en el cuerpo y en el alma...
Anoche pasé frío y quedó mi libertad de amor helada.
Manolo Chinato.
Una vez utilicé el primer verso de este poema. Una vez le dije a alguien: "Anoche pasé frío y me desenamoré un poco". Desenamorarse es duro y decirlo lo es aún más. También es duro cuando llega el sentimiento del desamor y no somos capaces de verbalizarlo; pero es aún peor cuando empleamos las palabras de otros para expresar sentimientos propios. 'A veces', me dijo ayer Marta, 'la literatura es peligrosa para decir lo que sentimos; disfrazar de poesía un sentimiento triste, es de cobardes'. ¡Y qué razón tenía!. Después de eso, recordé el día en que yo pronuncié este verso, y hoy, algunos años después, me doy cuenta de que no era desamor lo que sentía, sino otra cosa que ni siquiera se le parecía, y que ni el mejor de los poetas sabría expresar con sus palabras.
Sólo para ella, que hoy sufre de verdad por amor, va este poema. Y recojo de nuevo ese primer verso, para alimentar después (y en soledad) los futuros desamores verdaderos.
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2 de enero de 2010
Fetichismos
Dice la RAE que un fetichismo es "Idolatría. Veneración excesiva".
Hace años que Marta y yo pensamos escribir un artículo sobre los fetichismos de las personas. Pensamos que los humanos somos tan especiales que creamos fetiches de la nada. La mayoría de las veces, absurdos. Mientras estudiábamos, siempre pensamos en elaborar un estudio serio sobre el fetichismo de los apuntes que muchos de nuestros compañeros de clase generaban a lo largo de los cuatrimestres.
Pasaron los años de la universidad y pasó nuestra idea de elaborar ese informe.
Sin embargo, ahora soy yo la que sufre de idolatría incontrolada. Venero en exceso a una máquina. Sí. Lo admito. La culpa la tengo yo pero también esta sociedad del consumismo y del materialismo. Venero a una máquina porque es blanca y casi perfecta, porque no se contagia con virus, porque trabaja rápida y eficazmente. No sé por qué más cosas. Quizás también porque está unida por un hilo finísimo pero resistente a personas importantes para mí. Quizás porque simboliza un poco de mi independencia (económica). No sé muy bien por qué, pero la venero.
Por eso, hoy celebro su iniciación a la vida en sociedad (un bautismo diría F.). Una entrada en el blog carente de sensibilidad añonuevera, carente de calor humano, repleta de un fetichismo tantas veces criticado.
Pero es que quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra.
Hace años que Marta y yo pensamos escribir un artículo sobre los fetichismos de las personas. Pensamos que los humanos somos tan especiales que creamos fetiches de la nada. La mayoría de las veces, absurdos. Mientras estudiábamos, siempre pensamos en elaborar un estudio serio sobre el fetichismo de los apuntes que muchos de nuestros compañeros de clase generaban a lo largo de los cuatrimestres.
Pasaron los años de la universidad y pasó nuestra idea de elaborar ese informe.
Sin embargo, ahora soy yo la que sufre de idolatría incontrolada. Venero en exceso a una máquina. Sí. Lo admito. La culpa la tengo yo pero también esta sociedad del consumismo y del materialismo. Venero a una máquina porque es blanca y casi perfecta, porque no se contagia con virus, porque trabaja rápida y eficazmente. No sé por qué más cosas. Quizás también porque está unida por un hilo finísimo pero resistente a personas importantes para mí. Quizás porque simboliza un poco de mi independencia (económica). No sé muy bien por qué, pero la venero.
Por eso, hoy celebro su iniciación a la vida en sociedad (un bautismo diría F.). Una entrada en el blog carente de sensibilidad añonuevera, carente de calor humano, repleta de un fetichismo tantas veces criticado.
Pero es que quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra.
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