Se me pasaron la infancia y la adolescencia sin Julio Verne. Ahora, echo de menos no haber hecho fantásticos viajes imaginarios alrededor del mundo y hacia las profundidades marinas. Lo añoro ahora que la no ficción intenta poner en mi imaginación una ciudad lejana, en la costa este estadounidense.
Sé, gracias a Google maps y a la televisión qué estados se sitúan en esa parte del mapa; y gracias a unas alumnas simpatiquísimas de Nueva Jersey, que la costa este es la más "guay". Allí están las colonias fundacionales; ahí están Nueva York, Nueva Jersey o Massachussets. Ahí está el progreso. En la costa este también está Diego.
Diego, compuesto a tercios: un tercio gallego, un tercio asturiano, un tercio universal. La universalidad le lleva a Providence y le impide las despedidas. ¡Tanta gente en tan pocos años! Diego se va. Se lleva su seseo, su impecable español mexicano apenas incorrupto por los años salmantinos, se lleva los lieder de Schubert, todos sus títulos académicos. Se va, pero no dice adiós. Admiro su valentía. No decir adiós es saberse universal. Habrá retornos y por eso no hay adioses, ¿para qué? El adiós suena a finales eternos, a hilos que se cortan irremediablemente. Prefiero leer las noticias que me escribe a distancias que ni siquiera puedo alcanzar a comprender. Kilómetros, diferencias horarias no son nada, porque no ha habido adiós. No le vi marcharse, así que no se ha ido. Diego sigue cerca, a unos pocos golpes de teclado. Un pestañeo y se viene hasta donde estoy, y me ofrece tortillas de maíz con queso, unos apuntes endiabladamente ilegibles y su corazón inerme que parece que sólo se hizo para amar.
En la distancia, como tantos otros años, como tantos otros amigos. A veces creo que las buenas amistades no sólo se nutren de visitas, sino también de distancias. El dolor de sentirse acompañado aun cuando las manos no acarician las manos, los hombros no están hechos para recibir las lágrimas.
Diego, me duele que estés lejos y la distancia de cuando estabas cerca. Pero los kilómetros son salvables. Hay un viento débil del camino que me recuerda que estás -donde sea-, y eso permite que esta amistad avance. A pesar de que hayas abandonado la literatura por la lengua. A pesar de las lágrimas. A pesar de todo.
21 de agosto de 2010
20 de agosto de 2010
Citas /5
"El pasado late en mi interior como un segundo corazón"
John Banville, El mar
¿Verdaderamente puede llegar a resonar tanto dentro de nosotros el pasado? Ese segundo corazón del que habla Banville, me hace pensar en una segunda realidad: la del pasado. ¿Significa eso que somos lo que fuimos y lo que vamos construyendo, de manera separada? Pero, ¿no éramos la suma de todo ello?
13 de agosto de 2010
POETAS (5)/ Un haiku para Manuel
Así debería ser la vida, tan sencilla como un haiku.
La mayoría de las veces es así de compleja:
La mayoría de las veces es así de compleja:
Cielo claro.
Por el camino por el que vine
vuelvo.
Gitoku
12 de agosto de 2010
POETAS (4)
(4) ALBERTO CARPIO
Sevilla, 1983
Otro tiempo, I
Another time has other lives to live
Auden
Lisboa prometía poemas de Pessoa,
encantos de otro tiempo, niebla y sueños,
Lisboa prometía.
Pero qué haremos en el mundo ahora
que es tan real Lisboa
que están sucias sus calles,
ahora que ya es tan real Lisboa
que Pessoa es un trozo de metal.
No hay más, es todo,
la llanura infinita nos atrapa.
El destello en la noche
sólo era eso, tanto como eso.
Lisboa estará siempre muy lejos de Lisboa.
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11 de agosto de 2010
POETAS (3)
No tienen especialmente que ver con ella, sino con el universo amante entero, pero se los dedico a C., porque hoy cumple años. Felicidades. Nos vemos en P.L.
(3) AMALIA BAUTISTA
Madrid, 1962La torre
Hagamos una torre de minutos,
apilemos los ratos que hemos podido vernos,
hablarnos, sonreírnos, hacernos el amor, acariciarnos
hasta el fondo del alma.
Vamos a amontonar con cuidado infinito,
para que no se caigan,
esos segundos de alegría limpia
que nos dieron la paz y las lágrimas dulces.
Construyamos un frágil rascacielos
que centellee al sol y resista las lluvias.
La torre alcanzará las nubes.
Pero nunca alzaremos a su lado otra torre
con todos los minutos que no estuvimos juntos,
con los días perdidos más allá de los mares
y las noches pasadas abrazando otros cuerpos.
Sería insoportable contemplar esa torre.
Daría varias veces la vuelta al universo.
Duda
Pasado el tiempo,
los amantes perfectos se preguntan
si ellos hacían el amor
o si el amor los hizo.
Y los deshizo.
10 de agosto de 2010
POETAS (2)
(2) JUAN ANTONIO GONZÁLEZ IGLESIAS
Salamanca, 1964
You light up my life
Aristóteles dice: un cuerpo bello
debe ser percibido en su totalidad.
Así te vi llegar esta mañana.
Venías de correr una hora en bici
por la orilla del río. Te duchaste.
Estuvimos nadando juntos. Varios
largos en la piscina transparente.
Nos amamos después, enamorados
de ser distintos y de ser iguales.
Por la tarde estudiabas o leías.
Te vi algunos instantes. Pero ahora
que duermes a mi lado respirando
desnudo en el calor de junio, a oscuras,
creo que el filósofo no se refiere
sólo a la epifanía en el espacio,
al golpe único de la materia,
sino también al cuerpo hecho de tiempo,
a la suma sencilla de momentos
que queda para siempre en el registro
general de los días de este mundo.
Aristóteles dice: un cuerpo bello
debe ser percibido en su totalidad.
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9 de agosto de 2010
POETAS (1)
Parece que el verano está hecho irremediablemente para beber cerveza y para la lectura. Quizás deba rectificar por los abstemios. Lo que desde luego es imperdonable es un verano sin libros.
En estas tardes agostadas por el calor, sólo el aire acondicionado, la bebida y la lectura refrescan. Con el frescor desbordante de estos poetas que rescato de la memoria y de las estanterías quiero conjurar la asfixia real y la figurada. Quiero dar un respiro. Y que el sosiego llegue hasta a los más apocalípticos.
En estas tardes agostadas por el calor, sólo el aire acondicionado, la bebida y la lectura refrescan. Con el frescor desbordante de estos poetas que rescato de la memoria y de las estanterías quiero conjurar la asfixia real y la figurada. Quiero dar un respiro. Y que el sosiego llegue hasta a los más apocalípticos.
(1) MARÍA ÁNGELES PÉREZ LÓPEZ
Valladolid, 1967.
Besémonos, cordero, flor de lana,
hagamos, deshagamos la madeja
que va de ombligo a ombligo hasta el comienzo
redondo y empapado de mi vientre,
juguemos a tocarnos como niños.
Prometo no gritar si me embadurnas
la cara y los pezones con el barro
que excretas y alimentas y enrojeces.
No diré que te temo si te escucho
llamarme con voz ronca e imposible
en lengua parecida al esperanto,
no estaré sorprendida de belleza
si te veo tan hermoso cada vez,
haré como si no te conociese,
descubrámonos juntos, iniciemos
el viaje por la noche y sus contornos.
Podemos dibujar sobre la espalda
el mapa del deseo en signos chinos,
que sea la saliva nuestra tinta
para atraer de nuevo a las mareas.
Soñemos sueños de cartografía
orgánica y corpórea en el deshielo.
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8 de agosto de 2010
Citas /4
"Cada hombre contiene varios hombres en su interior, y la mayoría de nosotros saltamos de uno a otro sin saber jamás quiénes somos"
Paul Auster, Brooklyn Follies
... yo a eso le llamaba doble personalidad, "gaussismo" e incluso bipolaridad. Me encanta la definición de Auster: ser uno y ser muchos.
Paul Auster, Brooklyn Follies
... yo a eso le llamaba doble personalidad, "gaussismo" e incluso bipolaridad. Me encanta la definición de Auster: ser uno y ser muchos.
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7 de agosto de 2010
¿Cuándo nace la conciencia ecológica?
Me gusta pensar a menudo en la educación. En cómo somos educados y en cómo educamos, con nuestro modelo, a los pequeños y a los mayores que nos rodean. También pienso en si es posible reeducar a las personas, desechar las conductas negativas aprendidas en la infancia y reemplazarlas por hábitos más saludables. A veces llego a dudar que eso sea posible. Creo que lo que aprendemos en nuestra primera infancia se imprime en nuestro carácter y éste varia poco, puesto que termina de desarrollarse muy tempranamente. No somos más que la suma de nuestras cualidades y las circunstancias en las que éstas se fueron forjando. Y los estudios más recientes afirman que desde que somos fetos comenzamos a forjar nuestro carácter y siendo relativamente pequeños terminamos de desarrollarlo casi del todo. Cuando se trata de aspectos relacionados con la naturaleza y con la conciencia ecológica creo que es aún más difícil cambiar concepciones. Tengo la sensación de que la ecología y la sensibilización medioambiental se consideran una moda y no una necesidad. Aunque es cierto que se van apreciando cambios poco a poco. A medida que se va incluyendo la educación ambiental en los planes de estudio, se va creando una cierta conciencia ecológica.
En relación con esto, hay algo que aprendí en la infancia. Debía tener cinco o seis años y no recuerdo si me lo enseñaron en el colegio o fueron mis padres o alguno de los talleres de sensibilización a los que me llevaban a veces. El caso es que me dijeron que era muy peligroso tirar a la basura las anillas de plástico que enlazan las latas de bebida tal y como están una vez que les sacas el contenido. Había que recortar con tijeras todos los aritos de plástico y evitar huecos para impedir que las focas u otros animales pudieran quedar enganchadas dentro de ellos. Así me lo enseñaron y así he hecho desde entonces. Siempre. Y fue muy sencillo. Tan sencillo como cuando me dijeron que las pilas de botón tardaban en desintegrarse miles de años y que una sola podría contaminar toneladas de agua marina. Desde entonces, como los contenedores de pilas son muy escasos, acumulo en casa este tipo de pilas hasta que, por fin, las llevo a reciclar. Hay muchas acciones muy sencillas que se pueden llevar a cabo para no contaminar. Está en nuestra mano. Y en nuestra mano está que la conciencia ecológica nazca cada vez más temprano y a la vez pueda adquirirse a edades más avanzadas. La mejor forma de educar es ser modelo.
En relación con esto, hay algo que aprendí en la infancia. Debía tener cinco o seis años y no recuerdo si me lo enseñaron en el colegio o fueron mis padres o alguno de los talleres de sensibilización a los que me llevaban a veces. El caso es que me dijeron que era muy peligroso tirar a la basura las anillas de plástico que enlazan las latas de bebida tal y como están una vez que les sacas el contenido. Había que recortar con tijeras todos los aritos de plástico y evitar huecos para impedir que las focas u otros animales pudieran quedar enganchadas dentro de ellos. Así me lo enseñaron y así he hecho desde entonces. Siempre. Y fue muy sencillo. Tan sencillo como cuando me dijeron que las pilas de botón tardaban en desintegrarse miles de años y que una sola podría contaminar toneladas de agua marina. Desde entonces, como los contenedores de pilas son muy escasos, acumulo en casa este tipo de pilas hasta que, por fin, las llevo a reciclar. Hay muchas acciones muy sencillas que se pueden llevar a cabo para no contaminar. Está en nuestra mano. Y en nuestra mano está que la conciencia ecológica nazca cada vez más temprano y a la vez pueda adquirirse a edades más avanzadas. La mejor forma de educar es ser modelo.
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4 de agosto de 2010
Música de verano
No todos los veranos fueron igual. Hubo veranos de la infancia con las vaquillas del Gran Prix, piscinas hasta casi las 10 de la noche, cereales de chocolate, una coca-cola con tus padres en la terracita del barrio, las lluvias de estrellas del 12 de agosto en Cullera, las lluvias de estrellas del 12 de agosto en Ponte Ledesma, los campamentos en los que enamorarse y desenamorarse del mismo chico en menos de quince días, las bambas de mil colores, los veranos con cursos, los veranos con libros de lectura fresquitos, de los de Barco de Vapor; los veranos sin bicicletas, los veranos sin pueblos, los veranos con cumpleaños y sin amigos, porque todos estaban en el pueblo, aquéllos con abuelos, con novios, con amigos, enamorándome de pelirrojos, veranos salados por el agua del mar. Cuando los veranos eran verano.
Cada uno de aquellos veranos, al igual que éste y los que vendrán, tuvo una canción mítica. Cada una comparte una historia que sucedió o no. Ya no me acuerdo. Estamos en verano.
Allá por 1995...
Las zapatillas eran amarillas, a juego con la falda de flores que me regalaron para mi cumpleaños. Siempre la quería llevar, ¡era tan fresquita! Los veranos eran la mejor época del año: la piscina, la playa, mi cumpleaños, el calor... ¡y Juan Luis Guerra! Aquel verano, o alguno de los aledaños, en todas las piscinas del sur de Madrid los altavoces cantaban la bilirrubina. Recuerdo perfectamente ese verano porque alguien le grabó a mi padre una cassette con la "Bachata Rosa" de Guerra. Los viajes en coche, aunque no entendiera ninguna de sus letras, eran alegres, felices, siempre pensando en cuánto quedaría para llegar a la playa, a qué piscina nos llevarían ese domingo nuestros padres. A Antonio, un amigo de la infancia, le picó una abeja en la orilla de una piscina. Iba corriendo a tirarse en estilo bomba y... parada en seco. Gritito. Uff. Dolor procedente de la planta del pie. Enfermería. Antonio tuvo que estar una o dos horas sin bañarse (¡¡Dios mío, qué suplicio!!) y los demás nos compadecíamos de él y tratábamos de que lo pasara lo mejor posible jugando con él al "chúpate dos". Generosidad infantil.
Se acabó el verano y se acabó Juan Luis Guerra. El fin del verano siempre venía anunciado por El Corte Inglés y sus cortycoles. El fin del verano traía una especie de abulia generalizada en los chicos de mi edad. Las tardes previas a la vuelta al cole eran más largas que las anteriores, la casa olía al plástico del forro de los libros. Ya no había más Juan Luis Guerra. Y la bilirrubina quedó para las bodas, y los veranos nostálgicos.
Cada uno de aquellos veranos, al igual que éste y los que vendrán, tuvo una canción mítica. Cada una comparte una historia que sucedió o no. Ya no me acuerdo. Estamos en verano.
Allá por 1995...
Las zapatillas eran amarillas, a juego con la falda de flores que me regalaron para mi cumpleaños. Siempre la quería llevar, ¡era tan fresquita! Los veranos eran la mejor época del año: la piscina, la playa, mi cumpleaños, el calor... ¡y Juan Luis Guerra! Aquel verano, o alguno de los aledaños, en todas las piscinas del sur de Madrid los altavoces cantaban la bilirrubina. Recuerdo perfectamente ese verano porque alguien le grabó a mi padre una cassette con la "Bachata Rosa" de Guerra. Los viajes en coche, aunque no entendiera ninguna de sus letras, eran alegres, felices, siempre pensando en cuánto quedaría para llegar a la playa, a qué piscina nos llevarían ese domingo nuestros padres. A Antonio, un amigo de la infancia, le picó una abeja en la orilla de una piscina. Iba corriendo a tirarse en estilo bomba y... parada en seco. Gritito. Uff. Dolor procedente de la planta del pie. Enfermería. Antonio tuvo que estar una o dos horas sin bañarse (¡¡Dios mío, qué suplicio!!) y los demás nos compadecíamos de él y tratábamos de que lo pasara lo mejor posible jugando con él al "chúpate dos". Generosidad infantil.
Se acabó el verano y se acabó Juan Luis Guerra. El fin del verano siempre venía anunciado por El Corte Inglés y sus cortycoles. El fin del verano traía una especie de abulia generalizada en los chicos de mi edad. Las tardes previas a la vuelta al cole eran más largas que las anteriores, la casa olía al plástico del forro de los libros. Ya no había más Juan Luis Guerra. Y la bilirrubina quedó para las bodas, y los veranos nostálgicos.
No hay catástrofes en verano
Mi memoria siempre falla, a pesar de la cortedad de mi vida. Falla. Invento recuerdos y los creo vividos. Nunca recuerdo el nombre de un poeta leído en la oscuridad de una tarde de otoño. Me queda la impresión que sus versos dejaron en mí, pero tampoco recuerdo el poema. Hay uno en concreto, de María Ángeles Pérez López que recitó en alguna ocasión y me estremeció. Hablaba de un hombre y una mujer amándose a pesar de las noticias en la televisión, noticias de guerra, del desastre. Recuerdo vagamente ese poema; no sé de qué catástrofe hablaba ni si los personajes se amaban de verdad o se evadían de sus vidas con el roce de los cuerpos.
Hoy he recordado esos versos porque parece que el verano es como esos amantes que se abandonan al sexo a pesar de las catástrofes. El verano es un paréntesis, como el sexo. En verano no hay sufrimiento. Haití desolado no existe porque no nos lo enseñan en agosto. Pakistán está arrasado; las lluvias han tirado abajo un país de por sí mutilado. Dicen que lo han perdido todo, que sólo han salvado sus vidas. Y pensamos que sus vidas son como las nuestras, con nuestras catástrofes particulares. Se nos ha secado el corazón igual que lo hace la piel al sol que lo recubre. Decenas de países están en guerra y nosotros seguimos amándonos, es ley de vida, sobrevive el más fuerte. Fuerte por nacer en el norte. Es el azar. Y el azar ha querido que no haya catástrofes en nuestro verano burbuja. Tan solo el olvido.
Hoy he recordado esos versos porque parece que el verano es como esos amantes que se abandonan al sexo a pesar de las catástrofes. El verano es un paréntesis, como el sexo. En verano no hay sufrimiento. Haití desolado no existe porque no nos lo enseñan en agosto. Pakistán está arrasado; las lluvias han tirado abajo un país de por sí mutilado. Dicen que lo han perdido todo, que sólo han salvado sus vidas. Y pensamos que sus vidas son como las nuestras, con nuestras catástrofes particulares. Se nos ha secado el corazón igual que lo hace la piel al sol que lo recubre. Decenas de países están en guerra y nosotros seguimos amándonos, es ley de vida, sobrevive el más fuerte. Fuerte por nacer en el norte. Es el azar. Y el azar ha querido que no haya catástrofes en nuestro verano burbuja. Tan solo el olvido.
2 de agosto de 2010
(Pervivencia de) los clásicos /7
MAX.-Los ultraístas son unos farsantes. El esperpentismo lo ha inventado Goya. Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato.
DON LATINO.- ¡Estás completamente curda!
MAX.-Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada.
DON LATINO.-¡Miau! ¡Te estás contagiando!
MAX.-España es una deformación grotesca de la civilización europea.
DON LATINO.-¡Pudiera! Yo me inhibo.
MAX.-Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas.
DON LATINO.-Conforme. Pero a mí me divierte mirarme en los espejos de la calle del Gato.
MAX.-Y a mí. La deformación deja de serlo cuando está sujeta a una matemática perfecta. Mi estética actual es transformar con matemática de espejo cóncavo las normas clásicas.
DON LATINO.- ¿Y dónde está el espejo?
MAX.- En el fondo del vaso
DON LATINO.- ¡Eres genial! ¡Me quito el cráneo!
MAX.-Latino, deformemos la expresión en el mismo espejo que nos deforma las caras y toda la vida miserable de España.
Ramón del Valle-Inclán, Luces de Bohemia.
DON LATINO.- ¡Estás completamente curda!
MAX.-Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada.
DON LATINO.-¡Miau! ¡Te estás contagiando!
MAX.-España es una deformación grotesca de la civilización europea.
DON LATINO.-¡Pudiera! Yo me inhibo.
MAX.-Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas.
DON LATINO.-Conforme. Pero a mí me divierte mirarme en los espejos de la calle del Gato.
MAX.-Y a mí. La deformación deja de serlo cuando está sujeta a una matemática perfecta. Mi estética actual es transformar con matemática de espejo cóncavo las normas clásicas.
DON LATINO.- ¿Y dónde está el espejo?
MAX.- En el fondo del vaso
DON LATINO.- ¡Eres genial! ¡Me quito el cráneo!
MAX.-Latino, deformemos la expresión en el mismo espejo que nos deforma las caras y toda la vida miserable de España.
Ramón del Valle-Inclán, Luces de Bohemia.
30 de julio de 2010
Citas /3
"En la facultad tenemos cientos de clases en las que nos enseñan a combatir la muerte. Y ni una sola sobre cómo vivir".
Anatomía de Grey.
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29 de julio de 2010
Desconectar
¿Qué hace alguien cuando no puede disfrutar de las vacaciones alejado de su vida rutinaria? ¿Cómo puede desconectar alguien en vacaciones si permanece en su ciudad, sigue viendo a las mismas personas, pasea por las mismas calles, se agota de calor? ¿Por qué los que nos quedamos, no hacemos como si no estuviéramos? Apagar teléfonos, despasear las calles de siempre, vaciarse un poco de la vida diaria para poder rellenarse en septiembre de sangre limpia y fuerzas nuevas.
No me gusta el verano.
Y Madrid en verano es odiosa. Quizás por eso no me guste. Porque sí me gusta el verano en Santiago o en Bilbao, y seguro que me encantaría el verano en Noruega. Aunque llueva allí con frecuencia.
¿Qué hacer cuando uno está atrapado entre las mismas paredes del año y escucha las mismas voces, y mantiene las mismas -o casi- conversaciones del año cuando el verano no forma parte del año?
Desconectar.
No me gusta el verano.
Y Madrid en verano es odiosa. Quizás por eso no me guste. Porque sí me gusta el verano en Santiago o en Bilbao, y seguro que me encantaría el verano en Noruega. Aunque llueva allí con frecuencia.
¿Qué hacer cuando uno está atrapado entre las mismas paredes del año y escucha las mismas voces, y mantiene las mismas -o casi- conversaciones del año cuando el verano no forma parte del año?
Desconectar.
26 de julio de 2010
Adormilados
Ocurre, a veces, que las personas entramos en un sueño plácido que nos mantiene adormilados. Lo sabemos. Es imposible que no lo sepamos, porque nuestras constantes vitales cambian. La mayoría de las veces se nota porque andamos apáticos, enfadados, con sueño físico real que hace que nos durmamos por las esquinas más de lo normal. Quizá sea que nos encontramos bajos de ánimo, con la presión arterial o el azúcar por los suelos. O es posible que sea sólo psicológico: un agotamiento extraño que hace que no nos demos cuenta de las cosas. Darnos cuenta de que estamos adormilados es, al menos, un buen síntoma. Puede que eso vaya estrechamente ligado al cambio.
Cuando ayer, por fin, me serví una larga taza de café americano, fui consciente del adormilamiento veraniego en el que estaba sumida. Algo natural, común en algunas épocas del año. Cuando hoy el cuerpo me ha pedido el café de las cinco de la tarde después de meses sin café casero, me he dado cuenta de que estoy espabilándome de nuevo. Cambios importantes se vislumbran a mi alrededor. No quiero estar anestesiada cuando llegue el momento de afrontarlos.
Cuando ayer, por fin, me serví una larga taza de café americano, fui consciente del adormilamiento veraniego en el que estaba sumida. Algo natural, común en algunas épocas del año. Cuando hoy el cuerpo me ha pedido el café de las cinco de la tarde después de meses sin café casero, me he dado cuenta de que estoy espabilándome de nuevo. Cambios importantes se vislumbran a mi alrededor. No quiero estar anestesiada cuando llegue el momento de afrontarlos.
12 de julio de 2010
La copa del mundo se viene a España
Siempre he demostrado mi pasión por Rafa Nadal, mi deportista favorito español. Su juego limpio, su saber hacer y saber estar en la pista, su elegancia, su nobleza y su humanidad son factores que hacen que lo considere uno de los mejores.Ayer me di cuenta de que los chicos de la selección son todos ellos como un Rafa Nadal de veintitantas cabezas. Mantuvieron la calma y el juego limpio a pesar de los holandeses batalleros; demostraron cómo se juega al fútbol; recordaron a los amigos que se han ido... Fueron una piña. Y eso se notó. De repente, me di cuenta de que los deportes de equipo también tienen mérito. Y que la alegría es compartida porque todos nos sentimos un poquito parte del equipo.
La furia roja se extiende por España. Espero que muchos aprendan de su juego limpio y su humanidad.
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11 de julio de 2010
Fútbol
Si España gana esta noche...
...seguirá habiendo crisis, paro y olas de calor.
Quizás refugiarse en el fútbol es como refugiarse en dios para desviar nuestras preocupaciones. Es como quien se engancha a Lost, a Faulkner o a Shakespeare. Refugiarse en el fútbol es refugiarse en una ficción, una fantasía, una ilusión. Es como quien se refugia en la utopía de la izquierda o de la derecha.
El fútbol, como todo lo que forma parte de la vida, no es más que una sucesión de ficciones e ilusiones cumplidas o frustradas. Por eso, creo que hay que vivirlas con plena conciencia de lo que nos traemos entre manos. Gane o pierda esta noche la selección, nuestra vida no va a cambiar ni un ápice.
...seguirá habiendo crisis, paro y olas de calor.
Quizás refugiarse en el fútbol es como refugiarse en dios para desviar nuestras preocupaciones. Es como quien se engancha a Lost, a Faulkner o a Shakespeare. Refugiarse en el fútbol es refugiarse en una ficción, una fantasía, una ilusión. Es como quien se refugia en la utopía de la izquierda o de la derecha.
El fútbol, como todo lo que forma parte de la vida, no es más que una sucesión de ficciones e ilusiones cumplidas o frustradas. Por eso, creo que hay que vivirlas con plena conciencia de lo que nos traemos entre manos. Gane o pierda esta noche la selección, nuestra vida no va a cambiar ni un ápice.
5 de julio de 2010
Mensajes en una botella /3
Para C.
Le prometió que iría con ella a conocer sus islas.
Le prometió sonrisas en su tierra.
Le prometió una amistad hermosa a través de un poema en cuyos versos aparecían las palabras 'rojo', 'azul' y 'verde'.
Con el tiempo, se dio cuenta de que hay promesas que se cumplen y otras que no. La promesa de la amistad se cumple en cada visita, cada recuerdo de Chagall y cada reproducción de un cuadro del Museo del Prado o del Thyssen.
En cuanto al tiempo de las islas... aún está por llegar.
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30 de junio de 2010
Mensaje en una botella /2
Ella, a veces, empleaba su tiempo en escribir poemas. Una vez escribió un verso célebre que él no pudo resistirse a tatuar en el brazo derecho. Quedaron unidos por ese verso, incluso cuando ambos ya habían huido para siempre y las manos estaban cerradas.
fuxe que doen as mans baleiras
Con el tiempo, las huidas dejaron de serlo y las manos comenzaron a abrirse poco a poco. Pero el tiempo ya había erosionado bastante. Era tarde para abrir el cuaderno de los poemas.
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28 de junio de 2010
Mensajes en una botella /1
El joven se descubrió a sí mismo escribiendo -seguro que aquello le salía del inconsciente- una larga lista de pros y contras. Las listas no habían sido nunca su fuerte, y el tren seguía el traqueteo mientras las filas bajaban por las descompensadas columnas de lo positivo y lo negativo.
La lista de pros finalizaba así: "Sus pupilas dilatadas cuando me miraba a los ojos".
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22 de junio de 2010
La bajona
Siempre me ha hecho gracia escuchar a mis amigos sevillanos hablar de 'la bajona' cuando se encontraban bajos de ánimo, con ese sentimiento que los ingleses llamaban spleen y al que, coloquialmente, nosotros le llamamos el bajón.
Hoy estoy de bajón. Con un bajón de esos que viene acompañado de dolor de cabeza, cansancio y lágrimas. También algo de rabia acumulada que sale hoy toda junta. Parece que es un sentimiento que estos días comparto con varias personas. ¿Todos los fines son así?
El caso es que mi colega y amigo Javi, de La Ciencia para todos, siempre que me ve, dice que tiendo a escribir desde la nostalgia, que mis posts tienden a la tristeza. Eso hace que asocie el "buenrollismo" a él. He aprendido de él a tomarme los bajones con otra filosofía, que sonreírle a la adversidad es mejor que regodearse en ella. Así que para animarme y animar a Manuel (CasaL), cuelgo esta tarde un poco de marcha.
Evitemos pensar en nuestros "días de gloria" hoy que parece que todo anda al revés:
P.D.: ¡Qué guapo está Bruce en este vídeo! Claro, es de sus gloriosos días de "Glory Days"
Hoy estoy de bajón. Con un bajón de esos que viene acompañado de dolor de cabeza, cansancio y lágrimas. También algo de rabia acumulada que sale hoy toda junta. Parece que es un sentimiento que estos días comparto con varias personas. ¿Todos los fines son así?
El caso es que mi colega y amigo Javi, de La Ciencia para todos, siempre que me ve, dice que tiendo a escribir desde la nostalgia, que mis posts tienden a la tristeza. Eso hace que asocie el "buenrollismo" a él. He aprendido de él a tomarme los bajones con otra filosofía, que sonreírle a la adversidad es mejor que regodearse en ella. Así que para animarme y animar a Manuel (CasaL), cuelgo esta tarde un poco de marcha.
Evitemos pensar en nuestros "días de gloria" hoy que parece que todo anda al revés:
P.D.: ¡Qué guapo está Bruce en este vídeo! Claro, es de sus gloriosos días de "Glory Days"
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21 de junio de 2010
Ciudad de cristal
No sé por qué extraña razón hay libros que se nos privan desde dentro de nosotros mismos. Me explico. Hace exactamente dos años y medio, recibí como regalo el libro Ciudad de cristal, primero de la trilogía de Nueva York, del escritor Paul Auster. Por caprichos neuronales, cerebrales, sentimentales o ve tú a saber, los primeros intentos de acercamiento a esta novela fueron frustrados. No conseguía pasar de la segunda o tercera páginas.
Hay un sentimiento, que seguro que tú habrás sentido alguna vez, que es algo así como el remordimiento al no ser capaz de leer un libro que te han regalado. Además, cuando los intentos de lectura no son satisfactorios, piensas con rabia que el 'regalante' no te conoce nada y te enfadas mentalmente por ese motivo.
Yo creo que si el regalo te lo hace alguien que te quiere, acertará seguro, de alguna u otra manera. Y estoy convencida de que en algún momento siempre estarás preparado para leer cualquier libro. Bueno, siempre que el libro merezca la pena.
Y todo esto lo digo porque este fin de semana, tras una semana de lectura científica (¿Cómo le explico esto a un extraterrestre?) de la que os hablaré en breve, me apetecía desempolvar algo de lo antiguo que tengo aguardando a ser leído. Cogí este libro de Auster porque es finito y pretendía acabarlo en el fin de semana. El resultado del experimento de meter la mano en el baúl de los recuerdos literarios ha sido impresionante. Empecé a leerla como reto personal y la he terminado con pena. Y hacía mucho tiempo que no sentía esa nostalgia al terminar de leer algo realmente delicioso. Me consuela saber que de la trilogía tengo aún pendientes dos tercios más.
Ciudad de cristal es un experimento en sí misma. Es un juego de identidades y personajes, de nombres que se repiten. Es un juego quijotesco que no deja de mencionar la obra cervantina como una mera anécdota, pero que no es más que una autorreferencia maravillosa. Leer Ciudad de cristal es pasear por Nueva York con Cervantes de un brazo y Milton de otro. Es sentirse encerrado en un habitáculo oscuro y al mismo tiempo llenarse de la luz del cielo neoyorquino. Es toparse cara a cara con la soledad y, supongo que según los estados de ánimo, desear desesperadamente salir de ella.
Esto me habla de lo imprevisible que es la mente humana. Esa que un día no soporta algo y al día siguiente lo adora con locura. Siempre se ha dicho que del amor al odio va un paso. Y supongo que igual ocurre con el camino a la inversa. No hay que desechar lo que un día desechamos, sino estar abiertos al cambio. Eduard Punset (que también me tiene enganchada últimamente) siempre habla de que el ser humano es muy poco susceptible al cambio. Y que los animales o incluso la materia, cambian de estado sin perturbarse por ello. Habrá que practicar un poco y aprender del agua, que de los glaciares es capaz de volver a la atmósfera.
Hay un sentimiento, que seguro que tú habrás sentido alguna vez, que es algo así como el remordimiento al no ser capaz de leer un libro que te han regalado. Además, cuando los intentos de lectura no son satisfactorios, piensas con rabia que el 'regalante' no te conoce nada y te enfadas mentalmente por ese motivo.
Yo creo que si el regalo te lo hace alguien que te quiere, acertará seguro, de alguna u otra manera. Y estoy convencida de que en algún momento siempre estarás preparado para leer cualquier libro. Bueno, siempre que el libro merezca la pena.
Y todo esto lo digo porque este fin de semana, tras una semana de lectura científica (¿Cómo le explico esto a un extraterrestre?) de la que os hablaré en breve, me apetecía desempolvar algo de lo antiguo que tengo aguardando a ser leído. Cogí este libro de Auster porque es finito y pretendía acabarlo en el fin de semana. El resultado del experimento de meter la mano en el baúl de los recuerdos literarios ha sido impresionante. Empecé a leerla como reto personal y la he terminado con pena. Y hacía mucho tiempo que no sentía esa nostalgia al terminar de leer algo realmente delicioso. Me consuela saber que de la trilogía tengo aún pendientes dos tercios más.
Ciudad de cristal es un experimento en sí misma. Es un juego de identidades y personajes, de nombres que se repiten. Es un juego quijotesco que no deja de mencionar la obra cervantina como una mera anécdota, pero que no es más que una autorreferencia maravillosa. Leer Ciudad de cristal es pasear por Nueva York con Cervantes de un brazo y Milton de otro. Es sentirse encerrado en un habitáculo oscuro y al mismo tiempo llenarse de la luz del cielo neoyorquino. Es toparse cara a cara con la soledad y, supongo que según los estados de ánimo, desear desesperadamente salir de ella.
Esto me habla de lo imprevisible que es la mente humana. Esa que un día no soporta algo y al día siguiente lo adora con locura. Siempre se ha dicho que del amor al odio va un paso. Y supongo que igual ocurre con el camino a la inversa. No hay que desechar lo que un día desechamos, sino estar abiertos al cambio. Eduard Punset (que también me tiene enganchada últimamente) siempre habla de que el ser humano es muy poco susceptible al cambio. Y que los animales o incluso la materia, cambian de estado sin perturbarse por ello. Habrá que practicar un poco y aprender del agua, que de los glaciares es capaz de volver a la atmósfera.
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18 de junio de 2010
Adiós, José
"Hay quien se pasa la vida entera leyendo sin conseguir nunca ir más allá de la lectura, se quedan pegados a la página, no entienden que las palabras son sólo piedras puestas atravesando la corriente de un río, si están allí es para que podamos llegar a la otra margen, la otra margen es lo que importa"
José Saramago

Saramago, que pasó la vida atravesando la corriente del río, llega hoy a la otra margen.
Requiescat in pace
José Saramago

Saramago, que pasó la vida atravesando la corriente del río, llega hoy a la otra margen.
Requiescat in pace
17 de junio de 2010
Finale
Finale es el término empleado en las composiciones musicales para hacer referencia a la pieza final de la misma.
Como toda buena obra musical que se precie, las obras que acometemos las personas tienen sus particulares finales. Hay algunos alegres, cargados de flautas dulces y percusión y otros finales lentos, tristes, llenos de pianos en tonos bajos. El compositor de cada obra es quien supongo (porque tampoco soy una experta en estos temas), resume la esencia de la obra compuesta en unos minutos que nos dejan el sabor dulce o amargo y que nos harán recordar para siempre una melodía. Al igual que el compositor, nosotros debemos componer el finale de nuestras pequeñas obras y hacerlo para que nos dejen un sabor dulce o amargo cuando las evoquemos en el futuro.
Yo ya estoy empezando a dar por finalizado este curso 2009-2010 que estrené con créditos iniciales de película. La impresión general de estos meses es positiva, de aprendizaje, de caer en la cuenta de lo incompletos que estamos. La vida, al igual que las composiciones musicales, es imperfecta. Creo que la esencia está en encontrar los instrumentos adecuados para que en la alegría o en la nostalgia nos sintamos bien dentro de ella. Para sentirme bien en mi vida yo necesito un violonchelo. Un violonchelo es la naturaleza de la madera, la resonancia (el eco de las montañas) de su caja, la sensualidad de las formas, el cariño de quien se deja querer y abrazar, la nostalgia de sus notas y la precisión en su elaboración. Y con mi violonchelo a la espalda, caminaré hasta encontrar, primero mi grupo de cámara y, finalmente la orquesta de nuestras vidas.
Feliz fin de concierto.
Como toda buena obra musical que se precie, las obras que acometemos las personas tienen sus particulares finales. Hay algunos alegres, cargados de flautas dulces y percusión y otros finales lentos, tristes, llenos de pianos en tonos bajos. El compositor de cada obra es quien supongo (porque tampoco soy una experta en estos temas), resume la esencia de la obra compuesta en unos minutos que nos dejan el sabor dulce o amargo y que nos harán recordar para siempre una melodía. Al igual que el compositor, nosotros debemos componer el finale de nuestras pequeñas obras y hacerlo para que nos dejen un sabor dulce o amargo cuando las evoquemos en el futuro.
Yo ya estoy empezando a dar por finalizado este curso 2009-2010 que estrené con créditos iniciales de película. La impresión general de estos meses es positiva, de aprendizaje, de caer en la cuenta de lo incompletos que estamos. La vida, al igual que las composiciones musicales, es imperfecta. Creo que la esencia está en encontrar los instrumentos adecuados para que en la alegría o en la nostalgia nos sintamos bien dentro de ella. Para sentirme bien en mi vida yo necesito un violonchelo. Un violonchelo es la naturaleza de la madera, la resonancia (el eco de las montañas) de su caja, la sensualidad de las formas, el cariño de quien se deja querer y abrazar, la nostalgia de sus notas y la precisión en su elaboración. Y con mi violonchelo a la espalda, caminaré hasta encontrar, primero mi grupo de cámara y, finalmente la orquesta de nuestras vidas.
Feliz fin de concierto.
16 de junio de 2010
¿Hasta cuando el 36 en los calendarios?
No soy muy dada a hacer alardes de mi republicanismo. Quienes me conocen bien saben cuál es mi orientación política y no he dudado en hacerla saber muchas veces. Aunque, con los años y la crisis, la exaltación de la primera juventud, se ha ido convirtiendo en un posicionamiento más tranquilo. Con ciertas personas, para evitar conflictos, prefiero mantener el tema de la política al margen; y el círculo de personas de las que me rodeo ahora más también hace que me reserve algunas de mis opiniones.
Pero esta es mi casa. Y uno en su casa, tiene total libertad para expresar lo que opina y lo que siente:
A veces, desde un pensamiento abstracto y metafórico pienso, sobre todo cuando tengo en mente a Lorca (uno de tantos), en la riqueza de los suelos de este país. No entiendo mucho de agricultura, pero me da por pensar en la fertilidad que albergan tantos solares repletos de la genialidad, la vida y el brío republicanos. ¡Si al menos de esos suelos nacieran árboles del sentido común! Eso nos daría la voz de alarma para encontrar a tantas personas (y ahora sólo pienso en seres humanos, no en carnés de ningún partido político) víctimas del 36 y sus consecuencias. Julio de 1936 debería borrarse del calendario, igual que se borraron de la tierra tantos inocentes que murieron por ideales absurdos, que al fin y al cabo es lo que son todos los ideales si no se plantean desde la humanidad, la tolerancia y el sentido común.
Borrar el 36 del calendario. Y si permanece en él, que permanezcan todos los que desaparecieron desde entonces. Pero para ello, que exista el apoyo de las instituciones, que crezca un sentimiento colectivo de búsqueda del pasado, de reparación del dolor. Aunque llegue con retraso.
Una de las cosas que más me gustaron de Hamburgo fue la catedral de San Nicolás. En realidad, las ruinas de la catedral de San Nicolás. Una alemana me dijo: "No se ha reconstruido. Es un símbolo de la guerra, del desastre. Que cada mañana todos los hamburgueses sean conscientes del dolor de la mutilación". Un país mutilado y mutilador conserva una catedral mutilada. Y muchas otras ciudades alemanas mantienen restos de la masacre y piden perdón continuamente por ella. Eso les hizo crecer. Eso les hizo poder avanzar y enfrentarse al futuro con los ojos de quien ve de frente la muerte y es consciente de que la ha producido. Eso no es más que memoria histórica.
Yo echo de menos ese pedir perdón de este país. ¿A quién? se preguntarán algunos. Pues perdón a todos los españoles. Porque todos han sido y somos víctimas del horror. Creo que si un país que pide perdón al mundo es capaz de crecer tanto, también avanzará el que se pida perdón a sí mismo. Por arrancarse de cuajo la vida, la libertad, la genialidad, la inteligencia, la educación, la palabra...
Pero esta es mi casa. Y uno en su casa, tiene total libertad para expresar lo que opina y lo que siente:
A veces, desde un pensamiento abstracto y metafórico pienso, sobre todo cuando tengo en mente a Lorca (uno de tantos), en la riqueza de los suelos de este país. No entiendo mucho de agricultura, pero me da por pensar en la fertilidad que albergan tantos solares repletos de la genialidad, la vida y el brío republicanos. ¡Si al menos de esos suelos nacieran árboles del sentido común! Eso nos daría la voz de alarma para encontrar a tantas personas (y ahora sólo pienso en seres humanos, no en carnés de ningún partido político) víctimas del 36 y sus consecuencias. Julio de 1936 debería borrarse del calendario, igual que se borraron de la tierra tantos inocentes que murieron por ideales absurdos, que al fin y al cabo es lo que son todos los ideales si no se plantean desde la humanidad, la tolerancia y el sentido común.
Borrar el 36 del calendario. Y si permanece en él, que permanezcan todos los que desaparecieron desde entonces. Pero para ello, que exista el apoyo de las instituciones, que crezca un sentimiento colectivo de búsqueda del pasado, de reparación del dolor. Aunque llegue con retraso.
Una de las cosas que más me gustaron de Hamburgo fue la catedral de San Nicolás. En realidad, las ruinas de la catedral de San Nicolás. Una alemana me dijo: "No se ha reconstruido. Es un símbolo de la guerra, del desastre. Que cada mañana todos los hamburgueses sean conscientes del dolor de la mutilación". Un país mutilado y mutilador conserva una catedral mutilada. Y muchas otras ciudades alemanas mantienen restos de la masacre y piden perdón continuamente por ella. Eso les hizo crecer. Eso les hizo poder avanzar y enfrentarse al futuro con los ojos de quien ve de frente la muerte y es consciente de que la ha producido. Eso no es más que memoria histórica.
Yo echo de menos ese pedir perdón de este país. ¿A quién? se preguntarán algunos. Pues perdón a todos los españoles. Porque todos han sido y somos víctimas del horror. Creo que si un país que pide perdón al mundo es capaz de crecer tanto, también avanzará el que se pida perdón a sí mismo. Por arrancarse de cuajo la vida, la libertad, la genialidad, la inteligencia, la educación, la palabra...
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11 de junio de 2010
10 de junio de 2010
Compañeras
El año pasado fue mi año de prácticas para convertirme en profesora. A pesar del mismo y de este año trabajando ya en un colegio, creo que me queda mucho de improvisación y mucho trabajo para sacar adelante. Me alegro. Espero seguir improvisando hasta que me jubile, porque si no, la magia de la enseñanza perdería un poco la chispa de la imprevisibilidad que a mí me gusta tanto.
Esta tarde me he reencontrado con dos de las profesoras del instituto donde hice las prácticas. Hemos quedado para preparar una sorpresa a otro profesor. Aunque el año pasado fueron algo así como unas maestras para mí, hoy he sentido que éramos las tres compañeras de oficio. El interés, la motivación, la sensibilidad hacia los seres humanos (a veces individuos, a secas) con los que tratamos a diario, o el cariño y la dedicación que le ponemos a nuestro trabajo, me dan una pista de lo que es formar parte de un gremio.
Hay otros profesores. Hay miles. Pero de los miles de profesores que hay, sé que a lo largo de mi vida laboral me toparé con pocos compañeros que verdaderamente lo sean. Los compañeros, etimológicamente, son los que comparten. Con C. y con R. yo comparto un modo de vivir la enseñanza que no todo el mundo posee. No creo que el nuestro sea el mejor, sino simplemente el que a mí me vale para vivir humanamente.
Ojalá en todos los ámbitos de la vida fuera tan fácil encontrar compañeros auténticos como lo son C. y R.
Esta tarde me he reencontrado con dos de las profesoras del instituto donde hice las prácticas. Hemos quedado para preparar una sorpresa a otro profesor. Aunque el año pasado fueron algo así como unas maestras para mí, hoy he sentido que éramos las tres compañeras de oficio. El interés, la motivación, la sensibilidad hacia los seres humanos (a veces individuos, a secas) con los que tratamos a diario, o el cariño y la dedicación que le ponemos a nuestro trabajo, me dan una pista de lo que es formar parte de un gremio.
Hay otros profesores. Hay miles. Pero de los miles de profesores que hay, sé que a lo largo de mi vida laboral me toparé con pocos compañeros que verdaderamente lo sean. Los compañeros, etimológicamente, son los que comparten. Con C. y con R. yo comparto un modo de vivir la enseñanza que no todo el mundo posee. No creo que el nuestro sea el mejor, sino simplemente el que a mí me vale para vivir humanamente.
Ojalá en todos los ámbitos de la vida fuera tan fácil encontrar compañeros auténticos como lo son C. y R.
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7 de junio de 2010
La muerte /Are you there?
Hoy ha muerto el padre de Pablo, un alumno. El jueves sufrió un infarto y estuvo más de una hora en parada. Durante el fin de semana ha estado postrado en una camilla de hospital recibiendo la visita de su familia. En un momento del fin de semana abrió los ojos porque le habían reducido la cantidad de sedantes, pero estaba hinchado: los riñones no le funcionaban.
Esta mañana, antes de que nos avisaran de que había muerto, he hablado con Pablo. Le he mirado a los ojos, y luego, rápidamente los he rehuido, no me atrevía a ayudarle a llevar el peso del dolor. Le he preguntado: "¿Qué tal está papá?". ¡Qué estúpida me siento ahora que pienso en la pregunta que le he hecho!. Tampoco sé siquiera por qué lo he hecho. No sé si ha sido mi conciencia, que me ha pedido a gritos que tratara de acompañarle en el dolor. No sé si ha sido la mera curiosidad. No sé si ha sido por no dejarle solo del todo en este día que se le estará haciendo largo como ningún otro de su vida. Todos sabíamos que se moriría. Creo que todos lo sabíamos excepto Pablo, que ha acudido a clase, ha hecho exámenes y ha sonreído a las bromas de los compañeros.
A las 12 de la mañana me han dado la noticia. Luego he tenido que irme y no sé si al final le han trasmitido la noticia en el cole o su madre ha esperado a que llegara a casa.
13 años, o quizás 14. 14 años con padre, y de ahora en adelante toda una vida sin él. ¿Cómo se vive cuando a uno le falta un padre? ¿Uno cambia radicalmente cuando a los 14 años pierde el referente masculino? ¿Cuál es la diferencia entre decir "soy huérfano" y no decirlo?
La muerte le ha llegado a Pablo con 14 años. Ha mirado a la muerte a los ojos. Y yo no he sido capaz de mirarle a él. La vida no le ha mirado a los ojos, y la muerte sí. Cuando la muerte llega inesperadamente, ¿los fantasmas de los muertos están ahí para cerrarnos los ojos y dejar que los descansemos? ¿Los fantasmas de los muertos nos traspasan el cuerpo y nos acompañan hasta que estamos listos para volver a afrontar la vida y mirarla a los ojos? A mí, esta mañana, el potencial fantasma del padre de Pablo no me ha dejado que lo mirara a los ojos. ¿Por qué? Ahora siento que quizás, antes de encontrar de frente la muerte, Pablo y yo debíamos habernos mirado a los ojos, haber mirado de frente a la vida.
5 de junio de 2010
Der Ring des Nibelungen
Para continuar con mis estudios de las últimas semanas sobre mitología nórdica y leyendas escandinavas, no hay mejor descanso del guerrero y toma de aire que la música de Wagner con su cabalgata de Valquirias.
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29 de mayo de 2010
Pensar en você
Hace tiempo pensaba en un "você". Ya traje a este blog la canción de Daniela Mercury; una canción que por la dulzura del portugués, el desgarro de la voz de la cantante y la letra intensa, siempre me gustó. Me gustó tanto, que entró a formar parte de mi carpeta de canciones favoritas.
Las carpetas de canciones favoritas son peligrosas. Hay veces que las canciones no dejan de escucharse durante días y adquieren esa categoría suprema de favorita. Entonces, llega el momento crítico de añadirlas a la carpeta consabida. Pero... ¡cuidado! Esas canciones las cargan los recuerdos. O se cargan de recuerdos. Y eso significa que la carpeta de nuestras canciones no acaba siendo más que la carpeta de los recuerdos. Menos mal que los recuerdos cambian con el tiempo, se van transformando, van adquiriendo otros colores, otros olores y comienzan a llamarse con otros nombres.
Eso del cambio del nombre es lo que le ha pasado a este você de la canción. Ha perdido la esencia de sí mismo para transformarse en otra cosa. Sigue en la carpeta de las canciones favoritas, pero tiene otro nombre, o hay otro nombre que lucha por convertirse en ella. O ni siquiera se me pasa por la cabeza identificarla con nadie. Porque hay veces que necesitamos llenar la carpeta de los "vocês" y otras que, simplemente, dejamos que el tiempo los moldee. De cualquier manera, para você va hoy este tú.
Las carpetas de canciones favoritas son peligrosas. Hay veces que las canciones no dejan de escucharse durante días y adquieren esa categoría suprema de favorita. Entonces, llega el momento crítico de añadirlas a la carpeta consabida. Pero... ¡cuidado! Esas canciones las cargan los recuerdos. O se cargan de recuerdos. Y eso significa que la carpeta de nuestras canciones no acaba siendo más que la carpeta de los recuerdos. Menos mal que los recuerdos cambian con el tiempo, se van transformando, van adquiriendo otros colores, otros olores y comienzan a llamarse con otros nombres.
Eso del cambio del nombre es lo que le ha pasado a este você de la canción. Ha perdido la esencia de sí mismo para transformarse en otra cosa. Sigue en la carpeta de las canciones favoritas, pero tiene otro nombre, o hay otro nombre que lucha por convertirse en ella. O ni siquiera se me pasa por la cabeza identificarla con nadie. Porque hay veces que necesitamos llenar la carpeta de los "vocês" y otras que, simplemente, dejamos que el tiempo los moldee. De cualquier manera, para você va hoy este tú.
27 de mayo de 2010
Los libros y los árboles
Dice Manuel Rivas en Los libros arden mal:
Lo que me recuerda al cartel de Noemí Villamuza que este año ha sido el encargado de presentar el Día Mundial del Libro Infantil y Juvenil y que te presenté aquí hace algunos días.
También me recuerda a ese sueño de verano: la tarde cargada de moscas y calor refrescada bajo los brazos robustos de un olivo.
Los libros son prolongaciones reales de los árboles, prolongaciones metafóricas del ser humano.
"Sabía que los libros tenían que ver con los árboles. Que había una relación. Que en cierta forma se podría decir, y a medida que caminaba hacia las hogueras avanzaba en precisión, podríamos decir, sí, que los libros procedían de la naturaleza. Incluso no sería incorrecto decir, ni decir una exageración, que los libros eran un injerto. Ésa era una manera de hablar en metáfora."
Lo que me recuerda al cartel de Noemí Villamuza que este año ha sido el encargado de presentar el Día Mundial del Libro Infantil y Juvenil y que te presenté aquí hace algunos días.
También me recuerda a ese sueño de verano: la tarde cargada de moscas y calor refrescada bajo los brazos robustos de un olivo.
Los libros son prolongaciones reales de los árboles, prolongaciones metafóricas del ser humano.
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26 de mayo de 2010
Good bye Lenin!
Era primavera y por entonces ni se me pasaba por la cabeza un viaje a Alemania. Menos aún aprender alemán. Aunque sí empezaba a despuntar en mí un interés por Europa, por la historia reciente europea. Un interés que perdí enseguida, y poco a poco voy retomando ahora que las aguas universitarias se han calmado del todo.
Era la primavera de 2004. Seis años después vuelvo a escuchar la banda sonora como si ayer mismo hubiera visto la película por primera vez. Recuerdo que entonces aún visitaba a menudo el videoclub de mi barrio. Ahora que el alquiler de películas se ha convertido en la descarga de películas, la tienda se ha adaptado a los tiempos modernos y se ha convertido en un locutorio. Echo de menos las visitas al videoclub. Ahora parece sacrílego pagar por ver una película, pudiendo pedirla al señor de la mula que la trae en unos pocos minutos.
El hecho es que los acontecimientos han ocurrido rapidísimo en los últimos años. No reconozco nada de lo de entonces, aunque todo sea, a simple vista, igual. Yo no soy la misma, ni los libros que ocupan las estanterías de mi habitación. También el color es diferente, la lámpara de la mesa, la decoración, las fotos. De mi ropa de entonces quedarán unos vestigios casi inservibles que conservo porque soy nostálgica. Si tuviera la posibilidad de contraponer a la Patricia que veía Good bye Lenin! con diecisiete años y a mí misma, a la Patricia de ahora, creo que le daría algunos consejos. Me comportaría como la hermana mayor que nunca he tenido, para decirle cosas que quizás a los hermanos mayores nunca se les ocurre decir.
Me siento ahora, seis años después, como el personaje de la madre en la película. He sufrido un golpe, he despertado y lo encuentro todo diferente. Todo eso sin golpes, sin cambios aparentemente bruscos en la vida diaria; pero con una crisis que asola el país, con una población envejecida, sólo rejuvenecida gracias a las migraciones (riqueza humana dentro de un país viejo). Con más experiencia, pero casi las mismas inseguridades. Con incertidumbres, también como entonces, con las tardes de miércoles llenas de alemán y sin la urgencia del estudio. Con la misma melodía: la banda sonora de una película con la que empecé a comprender un poco lo que había sido Europa. Una Europa que tan solo quince años antes había sufrido una revolución. Cayó el muro y parece que cayeron las barreras. Aún quedan barreras por tirar. Y ésas no se ven a simple vista.
Era la primavera de 2004. Seis años después vuelvo a escuchar la banda sonora como si ayer mismo hubiera visto la película por primera vez. Recuerdo que entonces aún visitaba a menudo el videoclub de mi barrio. Ahora que el alquiler de películas se ha convertido en la descarga de películas, la tienda se ha adaptado a los tiempos modernos y se ha convertido en un locutorio. Echo de menos las visitas al videoclub. Ahora parece sacrílego pagar por ver una película, pudiendo pedirla al señor de la mula que la trae en unos pocos minutos.
El hecho es que los acontecimientos han ocurrido rapidísimo en los últimos años. No reconozco nada de lo de entonces, aunque todo sea, a simple vista, igual. Yo no soy la misma, ni los libros que ocupan las estanterías de mi habitación. También el color es diferente, la lámpara de la mesa, la decoración, las fotos. De mi ropa de entonces quedarán unos vestigios casi inservibles que conservo porque soy nostálgica. Si tuviera la posibilidad de contraponer a la Patricia que veía Good bye Lenin! con diecisiete años y a mí misma, a la Patricia de ahora, creo que le daría algunos consejos. Me comportaría como la hermana mayor que nunca he tenido, para decirle cosas que quizás a los hermanos mayores nunca se les ocurre decir.
Me siento ahora, seis años después, como el personaje de la madre en la película. He sufrido un golpe, he despertado y lo encuentro todo diferente. Todo eso sin golpes, sin cambios aparentemente bruscos en la vida diaria; pero con una crisis que asola el país, con una población envejecida, sólo rejuvenecida gracias a las migraciones (riqueza humana dentro de un país viejo). Con más experiencia, pero casi las mismas inseguridades. Con incertidumbres, también como entonces, con las tardes de miércoles llenas de alemán y sin la urgencia del estudio. Con la misma melodía: la banda sonora de una película con la que empecé a comprender un poco lo que había sido Europa. Una Europa que tan solo quince años antes había sufrido una revolución. Cayó el muro y parece que cayeron las barreras. Aún quedan barreras por tirar. Y ésas no se ven a simple vista.
25 de mayo de 2010
Réagánta
El domingo en uno de esos tiempos muertos de la tarde, miré hacia arriba en mi estantería de libros. Allí estaba, La Regenta, ese novelón que se me había atragantado durante tantos años y que cuando por fin decidí leerlo por mí misma, acabó por convertirse en una de mis lecturas favoritas. He de agradecerle mucho a Clara que me gustara tanto, ya que juntas interpretamos largos pasajes de la obra y buscábamos el componente erótico en cada página. Recuerdo, divertida, cómo Clara insistía en la escena de los churros con chocolate. A mí me había pasado inadvertida.
Volviendo a lo que estaba. Domingo aburrido de trabajo. Los ojos que se pierden en lo alto de la estantería buscando algo y ahí se aparece La Regenta. Con curiosidad decido buscar en Spotify la palabra "regenta" por si encuentro algún tributo a Ana Ozores entre las cientos de miles de pistas musicales que alberga el programa en cuestión. Y nada, no hay regentas musicadas, pero aparece Réagánta.
Cierro los ojos y me dejo mecer por una flauta que me evoca robles irlandeses, bosques magníficos en medio de la nada. Allí donde los seres más fantásticos salen de sus escondites y se mezclan con la vida real, con una pantalla de ordenador, los trabajos de unos chicos de secundaria, un paseo por Vetusta, y contigo, que dos días más tarde abres esta página esperando encontrar nosémuybienelqué y te encuentras con la magia.
Volviendo a lo que estaba. Domingo aburrido de trabajo. Los ojos que se pierden en lo alto de la estantería buscando algo y ahí se aparece La Regenta. Con curiosidad decido buscar en Spotify la palabra "regenta" por si encuentro algún tributo a Ana Ozores entre las cientos de miles de pistas musicales que alberga el programa en cuestión. Y nada, no hay regentas musicadas, pero aparece Réagánta.
Cierro los ojos y me dejo mecer por una flauta que me evoca robles irlandeses, bosques magníficos en medio de la nada. Allí donde los seres más fantásticos salen de sus escondites y se mezclan con la vida real, con una pantalla de ordenador, los trabajos de unos chicos de secundaria, un paseo por Vetusta, y contigo, que dos días más tarde abres esta página esperando encontrar nosémuybienelqué y te encuentras con la magia.
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24 de mayo de 2010
Elegi
El título de este post no es una palabra española mal acentuada. Se trata de una canción sueca. Elegi significa 'elegía', como podrás imaginar.
Traigo aquí esta canción simplemente porque me gusta cómo suena. Hay idiomas que posiblemente no aprendamos nunca, pero hay sonidos que merecen ser recordados siempre. Como los de los últimos versos de esta canción de Lars Winnerbäck.
Traigo aquí esta canción simplemente porque me gusta cómo suena. Hay idiomas que posiblemente no aprendamos nunca, pero hay sonidos que merecen ser recordados siempre. Como los de los últimos versos de esta canción de Lars Winnerbäck.
En elegi för alla vägar som vi inte vandrat än
för en tid som bara går och aldrig kommer igen
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23 de mayo de 2010
Wikipedia y los enlaces infinitos
Hace apenas una década, o un par de años más, habríamos creído impensable ser conocedores, en tan sólo unos pocos minutos, de todo aquello que nos produjera curiosidad.
Existen los milagros. El hombre hace milagros. Wikipedia es uno de esos milagros producto del ser humano. Sé que hay que andar con mil ojos cuando estamos navegando por la red, ya que la cantidad de información imprecisa o falsa es muy grande. Tan grande como la cantidad de información fiable que podemos encontrar. Aunque bien es cierto que cada vez más, el grado de precisión y fiabilidad de la gran fuente que es Wikipedia, está más asegurado.
Por eso, yo hoy he conocido, gracias a Wikipedia, la leyenda de Gilgamés, cuya epopeya publica ahora Alianza Editorial. Y de la referencia de Gilgamés, he pasado a la de la escritura cuneiforme, que ha avivado mis recuerdos de conversaciones lingüísticas en un piso de estudiantes, frente a la escultura al maestro Salinas, en Salamanca. Y he recordado los alfabetos acadio y copto, que me han llevado a Aitor, estudiante de Filología Clásica que me enseñó a cantar el "Zorionak Zuri", que me ha hecho relacionar la idea con las lenguas prerromanas y de entre ellas rescatar el celtíbero, origen de nuestra actual "vega". Y así hasta el infinito, con sinapsis de nuestros recuerdos y conocimientos, y con enlaces virtuales: pinchando en hipervínculos como si estuviéramos lanzando dados en el juego de la oca. Alimentando conocimientos propios con los adquiridos en cada uno de los clicks de ratón.
Con un panorama del conocimiento como hay ahora, con todas las posibilidades de hoy en día, ¿crees que Sócrates repetiría, no sin antes pensárselo unos segundos, su famosa cita del "sólo sé que no sé nada"?
Existen los milagros. El hombre hace milagros. Wikipedia es uno de esos milagros producto del ser humano. Sé que hay que andar con mil ojos cuando estamos navegando por la red, ya que la cantidad de información imprecisa o falsa es muy grande. Tan grande como la cantidad de información fiable que podemos encontrar. Aunque bien es cierto que cada vez más, el grado de precisión y fiabilidad de la gran fuente que es Wikipedia, está más asegurado.
Por eso, yo hoy he conocido, gracias a Wikipedia, la leyenda de Gilgamés, cuya epopeya publica ahora Alianza Editorial. Y de la referencia de Gilgamés, he pasado a la de la escritura cuneiforme, que ha avivado mis recuerdos de conversaciones lingüísticas en un piso de estudiantes, frente a la escultura al maestro Salinas, en Salamanca. Y he recordado los alfabetos acadio y copto, que me han llevado a Aitor, estudiante de Filología Clásica que me enseñó a cantar el "Zorionak Zuri", que me ha hecho relacionar la idea con las lenguas prerromanas y de entre ellas rescatar el celtíbero, origen de nuestra actual "vega". Y así hasta el infinito, con sinapsis de nuestros recuerdos y conocimientos, y con enlaces virtuales: pinchando en hipervínculos como si estuviéramos lanzando dados en el juego de la oca. Alimentando conocimientos propios con los adquiridos en cada uno de los clicks de ratón.
Con un panorama del conocimiento como hay ahora, con todas las posibilidades de hoy en día, ¿crees que Sócrates repetiría, no sin antes pensárselo unos segundos, su famosa cita del "sólo sé que no sé nada"?
18 de mayo de 2010
Poetas nuevos. Nueva poesía
Realmente siempre habrá poesía.
Algunas veces me ha dado por dudar de este axioma. No sé muy bien por qué he llegado a dudar que no siempre habrá poesía, pero lo he dudado. Quizás ha sido mi vida, que no siempre me ha devuelto las sonrisas con poesía. Porque tampoco yo he sabido a veces lo que era la poesía. No la he visto cuando me envolvía y la he buscado fuera de los cuerpos, como si sólo en papel pudiera escribirse.
Hoy he encontrado la poesía en una coca cola. En realidad ha sido en dos coca colas. En Salamanca. En el Alcaraván. El Alcaraván en la cafetería de los amigos y de los enamorados. El Alcaraván es el mejor sitio de Salamanca donde tomarse un té americano, porque las dosis de canela son allí las más grandes. La poesía ha brotado de los dedos y las coca colas. El poeta se llama Víctor Balcells y lo escuché recitar una o dos veces en Salamanca. Entonces no me apasionó, pero ahora leo casi todo lo que cuelga (con bastante asiduidad) en su blog y hay cosas que verdaderamente me enganchan. Como su historia de las coca colas que se encuentran en el suelo del Alcaraván.

Es increíble cómo puede haber personas que, jugando con las palabras, que "como las putas, se parecen todas un poco", logren traer a las tardes de mayo algo diferente a la monotonía de las palabras, que aunque se parecen todas un poco, son siempre diferentes. Como el río de Heráclito. Como el alcaraván, cuyo vuelo siempre es distinto pero un poco parecido al anterior. Como el amor, si es que existe, como se plantea Balcells, que nunca es el mismo aunque proceda de los mismos labios. La poesía siempre se reinventa. Y es lo más bello de su esencia. Que siempre, cuando menos la queremos, nos sorprende en lugares tan insólitos como una coca cola.
Algunas veces me ha dado por dudar de este axioma. No sé muy bien por qué he llegado a dudar que no siempre habrá poesía, pero lo he dudado. Quizás ha sido mi vida, que no siempre me ha devuelto las sonrisas con poesía. Porque tampoco yo he sabido a veces lo que era la poesía. No la he visto cuando me envolvía y la he buscado fuera de los cuerpos, como si sólo en papel pudiera escribirse.
Hoy he encontrado la poesía en una coca cola. En realidad ha sido en dos coca colas. En Salamanca. En el Alcaraván. El Alcaraván en la cafetería de los amigos y de los enamorados. El Alcaraván es el mejor sitio de Salamanca donde tomarse un té americano, porque las dosis de canela son allí las más grandes. La poesía ha brotado de los dedos y las coca colas. El poeta se llama Víctor Balcells y lo escuché recitar una o dos veces en Salamanca. Entonces no me apasionó, pero ahora leo casi todo lo que cuelga (con bastante asiduidad) en su blog y hay cosas que verdaderamente me enganchan. Como su historia de las coca colas que se encuentran en el suelo del Alcaraván.

Es increíble cómo puede haber personas que, jugando con las palabras, que "como las putas, se parecen todas un poco", logren traer a las tardes de mayo algo diferente a la monotonía de las palabras, que aunque se parecen todas un poco, son siempre diferentes. Como el río de Heráclito. Como el alcaraván, cuyo vuelo siempre es distinto pero un poco parecido al anterior. Como el amor, si es que existe, como se plantea Balcells, que nunca es el mismo aunque proceda de los mismos labios. La poesía siempre se reinventa. Y es lo más bello de su esencia. Que siempre, cuando menos la queremos, nos sorprende en lugares tan insólitos como una coca cola.
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17 de mayo de 2010
Celebra-la lingua
A este blog ya casi se le ha olvidado hablar en gallego. Como los gallegos más gallegos, piensa que el respeto a los no gallego hablantes se demuestra no hablando en gallego. A veces dudo que eso sea verdaderamente así.
Lo cierto es que aunque a este blog se le haya olvidado hablar gallego, a la que lo escribe no se le ha olvidado. Celebra la lengua todos los días (incluso en Friburgo celebra el gallego, habla gallego porque en todas partes del mundo hay alguien que lo habla). Hoy, más que nunca, aunque lo haga en castellano para ti, lector, celebro el gallego. De la forma que sé: con el recuerdo, el sueño y la camiseta que me regaló Víctor hace años: "Goza coa túa lingua". Siempre he disfrutado con la lengua gallega. Y sigo haciéndolo. Sobre todo, cuando el pasado entra por los huecos de las persianas y dice "Bos días". Mi pasado, a veces, habla gallego. Como el e-mail de felicitación recibido esta mañana.
Non me esquecín.
Hoxe, no blog, toca un anaco de galego.
FELIZ DÍA DAS LETRAS GALEGAS.
Lo cierto es que aunque a este blog se le haya olvidado hablar gallego, a la que lo escribe no se le ha olvidado. Celebra la lengua todos los días (incluso en Friburgo celebra el gallego, habla gallego porque en todas partes del mundo hay alguien que lo habla). Hoy, más que nunca, aunque lo haga en castellano para ti, lector, celebro el gallego. De la forma que sé: con el recuerdo, el sueño y la camiseta que me regaló Víctor hace años: "Goza coa túa lingua". Siempre he disfrutado con la lengua gallega. Y sigo haciéndolo. Sobre todo, cuando el pasado entra por los huecos de las persianas y dice "Bos días". Mi pasado, a veces, habla gallego. Como el e-mail de felicitación recibido esta mañana.
Non me esquecín.
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16 de mayo de 2010
Celebrar Madrid
Más allá de Sanisidros, chulapos y cocidos, este fin de semana he celebrado Madrid.
Hay mil maneras de celebrar Madrid alternativamente, sin el bocadillo de calamares, la plaza Mayor, la verbena de la Paloma y los nardos apoyados en la cadera.
Madrid se celebra también asomándose a los balcones de las casas. Perdiéndose en sus calles y descubriendo pequeñas Barcelonas o Lisboas en barrios castizos. Buscando enloquecidamente la librería abierta en el ecuador de mayo. Escuchando un jazz imaginario. O lanzando un grito de protesta por la destitución del que consideramos el juez de la memoria. Viendo sin ver a algunos amigos. Madrid se celebra también celebrando la victoria culé. Hablando en inglés, catalán, alemán. Madrid se celebra en Según Emma, El rincón del champi, Malabar y La Fugitiva. Madrid no solo se celebra en la Gran Vía, también en Santa Isabel. Madrid se celebra hablando de noruegos y gallegos. Con el corazón abierto a cambios radicales. Madrid se celebra mirando a los ojos, abriendo las manos y soñando el próximo curso, mientras hacemos planes de verano y despedimos este año escolar que se nos difumina entre redacciones, tinta roja y carcajadas ante el error creativo.
Este fin de semana he celebrado mi Madrid. Y te muestro un pequeño fragmento de este Madrid que es mío y te comparto. El fragmento del Madrid de las ventanas. El Madrid que Julio Llamazares se ha inventado:
Hay mil maneras de celebrar Madrid alternativamente, sin el bocadillo de calamares, la plaza Mayor, la verbena de la Paloma y los nardos apoyados en la cadera.
Madrid se celebra también asomándose a los balcones de las casas. Perdiéndose en sus calles y descubriendo pequeñas Barcelonas o Lisboas en barrios castizos. Buscando enloquecidamente la librería abierta en el ecuador de mayo. Escuchando un jazz imaginario. O lanzando un grito de protesta por la destitución del que consideramos el juez de la memoria. Viendo sin ver a algunos amigos. Madrid se celebra también celebrando la victoria culé. Hablando en inglés, catalán, alemán. Madrid se celebra en Según Emma, El rincón del champi, Malabar y La Fugitiva. Madrid no solo se celebra en la Gran Vía, también en Santa Isabel. Madrid se celebra hablando de noruegos y gallegos. Con el corazón abierto a cambios radicales. Madrid se celebra mirando a los ojos, abriendo las manos y soñando el próximo curso, mientras hacemos planes de verano y despedimos este año escolar que se nos difumina entre redacciones, tinta roja y carcajadas ante el error creativo.
Este fin de semana he celebrado mi Madrid. Y te muestro un pequeño fragmento de este Madrid que es mío y te comparto. El fragmento del Madrid de las ventanas. El Madrid que Julio Llamazares se ha inventado:
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12 de mayo de 2010
Clásicos musicales
STAIRWAY TO HEAVEN
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11 de mayo de 2010
"You and me babe, how about it?"
Romeo and Juliet
And I dreamed your dream for you and now your dream is real.
Dire Straits, "Romeo and Juliet"
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10 de mayo de 2010
Nunca más demiurgo
Vuelvo otra vez a pensar en los poetas.
Vuelvo otra vez a pensar en mí como escribiente.
Recuerdo aquella época en la que los dedos ansiaban el descanso del día sobre las teclas del ordenador que aguardaba la poesía. La poesía que nacía de los viajes en tren, del día a día, de una lectura, una canción, una sonrisa, el eterno desamor... Y me lamento, hoy, de haber caído en la indiferencia de quien un día creyó hacer algo con sus palabras y hoy sólo las mira con nostalgia.
Recorro el blog de arriba abajo. Busco. Husmeo. Trato de encontrarme hoy entre los versos de antaño, entre los comentarios, la falsirego de los comienzos. No me reconozco. No me reconozco ahora. Yo soy la falsirego de entonces: con la vida teatralizada por la universidad, el estudio nocturno y los cafés vespertinos; una suerte de nerviosismo acechando el día a día en Salamanca, o en Madrid, o quién sabe, quizás el día a día de la hora en tren a la facultad. Yo me hice de Ismael Serrano, Sabina, Sabines, Salamanca, Santander, Santiago... siempre hubo eses en esa vida mía que inventaba, tratando de moldearme. Quise ser demiurgo. Demiurgo porque siempre amé esa palabra. Me la enseñó Yolanda; creo. Y yo siempre la escribía en mis exámenes. Me propuse incluirla en todos ellos. Porque entonces, demiurgo definía.
Hoy recorro mi vida de arriba abajo. Como si de un blog se tratase. Porque en blog he vivido mi vida de los últimos años. Porque en blog estoy dejando de vivirla para ti ahora. Y tengo la sensación de que nunca más seré demiurgo. Y eso, por supuesto, me humaniza.
Los que siempre me leyeron se han cansado de esperar palabras sueltas, absurdas, sin sentido. Falsirego quedó atrás y hoy sólo es un vestigio.
Como tantas otras veces, tendré esperanza en el renacer de falsirego, de la Palabra, de la Poesía, de nuestro vínculo, lector, de cada día. Como "falso yo" (Falsirego) te invito a que continúes cerca de mí, a que nos sigamos amando en silencio a través del arte. Pero con un amor real. El amor que nace de la Belleza y sólo con ella muere. Ahora que ha muerto el demiurgo, que viva la poesía. Que viva la vida.
Vuelvo otra vez a pensar en mí como escribiente.
Recuerdo aquella época en la que los dedos ansiaban el descanso del día sobre las teclas del ordenador que aguardaba la poesía. La poesía que nacía de los viajes en tren, del día a día, de una lectura, una canción, una sonrisa, el eterno desamor... Y me lamento, hoy, de haber caído en la indiferencia de quien un día creyó hacer algo con sus palabras y hoy sólo las mira con nostalgia.
Recorro el blog de arriba abajo. Busco. Husmeo. Trato de encontrarme hoy entre los versos de antaño, entre los comentarios, la falsirego de los comienzos. No me reconozco. No me reconozco ahora. Yo soy la falsirego de entonces: con la vida teatralizada por la universidad, el estudio nocturno y los cafés vespertinos; una suerte de nerviosismo acechando el día a día en Salamanca, o en Madrid, o quién sabe, quizás el día a día de la hora en tren a la facultad. Yo me hice de Ismael Serrano, Sabina, Sabines, Salamanca, Santander, Santiago... siempre hubo eses en esa vida mía que inventaba, tratando de moldearme. Quise ser demiurgo. Demiurgo porque siempre amé esa palabra. Me la enseñó Yolanda; creo. Y yo siempre la escribía en mis exámenes. Me propuse incluirla en todos ellos. Porque entonces, demiurgo definía.
Hoy recorro mi vida de arriba abajo. Como si de un blog se tratase. Porque en blog he vivido mi vida de los últimos años. Porque en blog estoy dejando de vivirla para ti ahora. Y tengo la sensación de que nunca más seré demiurgo. Y eso, por supuesto, me humaniza.
Los que siempre me leyeron se han cansado de esperar palabras sueltas, absurdas, sin sentido. Falsirego quedó atrás y hoy sólo es un vestigio.
Como tantas otras veces, tendré esperanza en el renacer de falsirego, de la Palabra, de la Poesía, de nuestro vínculo, lector, de cada día. Como "falso yo" (Falsirego) te invito a que continúes cerca de mí, a que nos sigamos amando en silencio a través del arte. Pero con un amor real. El amor que nace de la Belleza y sólo con ella muere. Ahora que ha muerto el demiurgo, que viva la poesía. Que viva la vida.
9 de mayo de 2010
Algunos consejos para la vida
Este vídeo lo he visto decenas de veces. Algunos de sus consejos los he seguido, otros todavía no. Y están aquellos que posiblemente nunca seguiré. Para eso están los consejos: para seguirlos o no. Siempre hay que escuchar a aquellas personas que nos quieren y nos dicen lo que a ellos les hubiera gustado escuchar cuando estuvieron en nuestra situación. Escuchar, pero no seguir ciegamente. Para eso está nuestra libertad.
Sé libre para aconsejar. Sé libre para aceptar los consejos de aquellas personas que te quieren. Sé libre para pedir que te aconsejen.
Sé libre para aconsejar. Sé libre para aceptar los consejos de aquellas personas que te quieren. Sé libre para pedir que te aconsejen.
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5 de mayo de 2010
26 de abril de 2010
Superarse
Esta historia sobre el circo habla de cómo superarse. Cuando somos Will y tenemos a un director de circo como el de esta historia, somos capaces de no mirar atrás y de levantarnos del suelo una y otra vez. De salir a flote.
El cortometraje está cargado de simbología: la mariposa, el circo, la mutilación, el pasado, la fuerza, la vida del niño,...
Aplica en tu vida las ganas de superación que por fin le entran a Will.
EL CIRCO DE LA MARIPOSA (BUTTERFLY CIRCUS)
El cortometraje está cargado de simbología: la mariposa, el circo, la mutilación, el pasado, la fuerza, la vida del niño,...
Aplica en tu vida las ganas de superación que por fin le entran a Will.
EL CIRCO DE LA MARIPOSA (BUTTERFLY CIRCUS)
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25 de abril de 2010
2 años de blog /listas 2
Este blog nació hace dos años bajo un baño cálido de claveles y libros de aromas imprecisos.
Nació en Salamanca, pero ha crecido en diversos lugares: Madrid, Hamburgo, Ávila, Edimburgo,...
Nació de dos madres y ahora es sólo una quien cuida sus pasos, aunque la otra siempre está atenta a su desarrollo.
Nació queriendo que dos lenguas fueran solo una, y se han empleado varios idiomas en su evolución, no sólo español y gallego; también inglés, francés, portugués y alemán.
Nació contando cuentos y aún pervive en él ese espíritu de la narración de hechos insólitos o comunes.
Nació bajo el amparo de un padrino que lo ha visitado a menudo y que ha hecho que creciera sano y con fuerza ofreciéndole su modelo. (Graciñas, Francisco.)
Ha visto cómo sus creadoras terminaban sus estudios universitarios y estudiaban cursos diversos. Ha vivido la revolución de acompañar en la elaboración de tesinas y ha acompañado en las aulas.
Este blog ha leído comentarios de amigos de siempre, de nuevos amigos, de amigos de antes y de enemigos.
Este blog ha leído mucha poesía y ha recomendado mucha música.
Con este blog he pensado, he fotografiado el mundo, he reflexionado, me he confesado.
Hemos amado mucho con y desde este blog.
Hemos recibido visitas inesperadas y hemos deseado con todas nuestras fuerzas que aquellos que más necesitábamos, vinieran a vernos. Siempre ha habido incondicionales. Gracias.
Hemos viajado a todos los lugares desde los que nos has leído, y hemos sentido gratitud al recibir visitas reiteradas desde lugares impensables.
Gracias, lector, lectores, por hacer posible el segundo año de vida de este blog que es un rincón en el que encontrar, encontrarse y refugiarse.
Nació en Salamanca, pero ha crecido en diversos lugares: Madrid, Hamburgo, Ávila, Edimburgo,...
Nació de dos madres y ahora es sólo una quien cuida sus pasos, aunque la otra siempre está atenta a su desarrollo.
Nació queriendo que dos lenguas fueran solo una, y se han empleado varios idiomas en su evolución, no sólo español y gallego; también inglés, francés, portugués y alemán.
Nació contando cuentos y aún pervive en él ese espíritu de la narración de hechos insólitos o comunes.
Nació bajo el amparo de un padrino que lo ha visitado a menudo y que ha hecho que creciera sano y con fuerza ofreciéndole su modelo. (Graciñas, Francisco.)
Ha visto cómo sus creadoras terminaban sus estudios universitarios y estudiaban cursos diversos. Ha vivido la revolución de acompañar en la elaboración de tesinas y ha acompañado en las aulas.
Este blog ha leído comentarios de amigos de siempre, de nuevos amigos, de amigos de antes y de enemigos.
Este blog ha leído mucha poesía y ha recomendado mucha música.
Con este blog he pensado, he fotografiado el mundo, he reflexionado, me he confesado.
Hemos amado mucho con y desde este blog.
Hemos recibido visitas inesperadas y hemos deseado con todas nuestras fuerzas que aquellos que más necesitábamos, vinieran a vernos. Siempre ha habido incondicionales. Gracias.
Hemos viajado a todos los lugares desde los que nos has leído, y hemos sentido gratitud al recibir visitas reiteradas desde lugares impensables.
Gracias, lector, lectores, por hacer posible el segundo año de vida de este blog que es un rincón en el que encontrar, encontrarse y refugiarse.
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23 de abril de 2010
Deo Gracias /listas 1
Estrictamente, gracias a dios. Y mantengo la expresión porque es un homenaje.
Pues lo dicho, dando gracias. O, también, alegre por:
1. Celebrar el 23 de abril un año más.
2. Que el 23 de abril llegue con resaca de amistad, tras tarde de compras, cervezas, lecturas, Madrid aéreo y un bar cool, in,... de lo más moderno.
3. Que el 23 de abril recibo los poemas "más ñoños" de Neruda con una dedicatoria que me hace llorar.
4. Escuchar un cuentacuentos del que, inesperadamente, surgen las palabras "Galicia", "Santa Compaña", "Costa da Morte". Palabras mágicas siempre.
5. Escuchar la dulce voz de Marta.
6. Estrenar camiseta morada.
7. Tener en el armario más ropa por estrenar.
8. Escuchar la torpe voz en español de Paul.
9. Hacer un breve viaje en bus. Un largo viaje en metro.
10. Tomar coca-colas escuchando los poemas de Sheila. Después llegan los cafés.
11. Saber que cuando lo necesita, M. llama.
12. Que al entrar al colegio mis compañeras de departamento me hayan felicitado, que me hayan recordado que Shakespeare y Cervantes comparten sus carreras en este día y que "you never walk alone"
¡¡Qué bien!! Un día del Libro redondo. Aún queda noche por delante.
Pues lo dicho, dando gracias. O, también, alegre por:
1. Celebrar el 23 de abril un año más.
2. Que el 23 de abril llegue con resaca de amistad, tras tarde de compras, cervezas, lecturas, Madrid aéreo y un bar cool, in,... de lo más moderno.
3. Que el 23 de abril recibo los poemas "más ñoños" de Neruda con una dedicatoria que me hace llorar.
4. Escuchar un cuentacuentos del que, inesperadamente, surgen las palabras "Galicia", "Santa Compaña", "Costa da Morte". Palabras mágicas siempre.
5. Escuchar la dulce voz de Marta.
6. Estrenar camiseta morada.
7. Tener en el armario más ropa por estrenar.
8. Escuchar la torpe voz en español de Paul.
9. Hacer un breve viaje en bus. Un largo viaje en metro.
10. Tomar coca-colas escuchando los poemas de Sheila. Después llegan los cafés.
11. Saber que cuando lo necesita, M. llama.
12. Que al entrar al colegio mis compañeras de departamento me hayan felicitado, que me hayan recordado que Shakespeare y Cervantes comparten sus carreras en este día y que "you never walk alone"
¡¡Qué bien!! Un día del Libro redondo. Aún queda noche por delante.
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21 de abril de 2010
20 de abril de 2010
16 de abril de 2010
¿Casual o premonitorio?
Esta mañana me he despertado con ganas de Quevedo. Y a lo largo del día... aparece Quevedo inédito, desde Évora.Habrá que esperar un tiempo a que la noticia repose, porque de momento este 'hallazgo' casual me resulta un tanto extraño. Quevedo inédito, de repente, tan fácil...
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Los clásicos /6
(...)
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrán sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.
Francisco de Quevedo
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrán sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.
Francisco de Quevedo
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15 de abril de 2010
14 de abril de 2010
10 de abril de 2010
Todo cambia
Últimamente leo y escucho mucho a Eduard Punset. Me encanta su tesis acerca del cambio, de la capacidad que tienen las personas (y todo en la naturaleza) de cambiar de opinión. Sin llegar a ser contradictorios, me gustan las personas que saben cambiar su forma de pensar y no tienen miedo a decirlo abiertamente. Punset siempre cuenta una anécdota que le ocurrió con su nieta y unos hielos un día de verano. Tomando una bebida que llevaba hielo, la niña se dio cuenta de que el hielo había "desaparecido" misteriosamente. Punset le explicó a su nieta cómo la materia cambia de estado. Y bromeaba con la idea de que si incluso la materia cambia de estado, por qué las personas no eran capaces de cambiar y reconocer sus cambios.
A mis alumnos les digo que deben evitar que les encasillen por lo que fueron antes. Que tienen todo el presente y el futuro para atreverse a cambiar lo que no les gustaba de ellos. Que no pasa nada por cambiar, que el cambio es natural.
También lo decía Mercedes Sosa con las palabras del poeta Julio Numhauser.
Todo cambia
Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo
Cambia el clima con los años
Cambia el pastor su rebaño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño
Cambia el mas fino brillante
De mano en mano su brillo
Cambia el nido el pajarillo
Cambia el sentir un amante
Cambia el rumbo el caminante
Aúnque esto le cause daño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño
Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Cambia el sol en su carrera
Cuando la noche subsiste
Cambia la planta y se viste
De verde en la primavera
Cambia el pelaje la fiera
Cambia el cabello el anciano
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño
Pero no cambia mi amor
Por más lejos que me encuentre
Ni el recuerdo ni el dolor
De mi pueblo y de mi gente
Lo que cambió ayer
Tendrá que cambiar mañana
Así como cambio yo
En esta tierra lejana
Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Pero no cambia mi amor...
En la última entrada hablaba del vaciado. De vaciarse. A veces necesitamos vaciarnos para que los cambios que llevamos a cabo se aprecien más por nosotros mismos y por quienes nos rodean. A veces siento nostalgia por lo que fuimos antes, pero siempre es positivo evolucionar. Nosotros, que somos producto de la evolución, lo somos también del cambio.
A mis alumnos les digo que deben evitar que les encasillen por lo que fueron antes. Que tienen todo el presente y el futuro para atreverse a cambiar lo que no les gustaba de ellos. Que no pasa nada por cambiar, que el cambio es natural.
También lo decía Mercedes Sosa con las palabras del poeta Julio Numhauser.
Todo cambia
Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo
Cambia el clima con los años
Cambia el pastor su rebaño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño
Cambia el mas fino brillante
De mano en mano su brillo
Cambia el nido el pajarillo
Cambia el sentir un amante
Cambia el rumbo el caminante
Aúnque esto le cause daño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño
Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Cambia el sol en su carrera
Cuando la noche subsiste
Cambia la planta y se viste
De verde en la primavera
Cambia el pelaje la fiera
Cambia el cabello el anciano
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño
Pero no cambia mi amor
Por más lejos que me encuentre
Ni el recuerdo ni el dolor
De mi pueblo y de mi gente
Lo que cambió ayer
Tendrá que cambiar mañana
Así como cambio yo
En esta tierra lejana
Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Pero no cambia mi amor...
En la última entrada hablaba del vaciado. De vaciarse. A veces necesitamos vaciarnos para que los cambios que llevamos a cabo se aprecien más por nosotros mismos y por quienes nos rodean. A veces siento nostalgia por lo que fuimos antes, pero siempre es positivo evolucionar. Nosotros, que somos producto de la evolución, lo somos también del cambio.
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8 de abril de 2010
Vaciarse
¿Has pensado alguna vez en la capacidad que tiene el ser humano para vaciarse?
Es como la papelera de reciclaje del ordenador, aunque no tan sencillo como presionar un botón y esperar que suene ese ruidito tan característico de papel arrugándose.
Nos vaciamos cuando de repente, después de mucho tiempo "cargando" con una molestia, una culpa, un asunto espinoso,... lo solucionamos. Nos liberamos.
Nos vaciamos también en los exámenes. Soltamos todo lo que llevamos dentro y si la materia no nos interesaba mucho, nos olvidamos del asunto hasta -quizás- la eternidad.
Nos vaciamos en el llanto.
Nos vaciamos cuando leemos. Hay que dejar espacio dentro de nosotros para recibir lo que nos está entrando. Por eso, vaciamos para ampliar nuestra capacidad de absorción. Si uno no vacía antes y se pone a leer a Kant, Spinoza o Aristóteles, seguro que le es muy difícil enterarse del tema.
Nos vaciamos al hablar con nuestros amigos. A la vez nos llenamos con sus palabras.
Nos vaciamos al desnudarnos. Queda solo el cuerpo, sin artificios. Prescindir de artificios es, en cierto modo, vaciarse.
Nos vaciamos en los viajes. Igual que con la lectura, uno antes de viajar debe lanzar hacia fuera lo superfluo para captar todo lo necesario: una brisa en un mirador, la roca húmeda de una ciudad del norte, el olor a salitre, la arena blanca y blanda de playas soleadas,...
Nos vaciamos al olvidar.
Porque nos vaciamos es preciso que el ser humano se llene de las mismas cosas de forma cíclica. Si acaso perdió algo de lo obtenido en uno de los vaciados de papelera, debe recuperarlo de alguna forma. Creo que para la mayoría, la ilusión y la esperanza es lo que más se recarga. ¿O realmente es reciclaje?

Si no fuéramos capaces de vaciarnos paulatinamente, algo iría mal dentro de nosotros. La sobrecarga de material impediría el buen funcionamiento de nuestros mecanismos internos, retrasaría mucho nuestros actos. Pero, ¿hasta dónde es prudente vaciarse? ¿Debemos despojarnos de todo lo superfluo o a veces es necesario mantener algo de ello dentro de nosotros? Y, lo más inquietante, ¿ese vaciado es consciente o inconsciente?
Es como la papelera de reciclaje del ordenador, aunque no tan sencillo como presionar un botón y esperar que suene ese ruidito tan característico de papel arrugándose.
Nos vaciamos cuando de repente, después de mucho tiempo "cargando" con una molestia, una culpa, un asunto espinoso,... lo solucionamos. Nos liberamos.
Nos vaciamos también en los exámenes. Soltamos todo lo que llevamos dentro y si la materia no nos interesaba mucho, nos olvidamos del asunto hasta -quizás- la eternidad.
Nos vaciamos en el llanto.
Nos vaciamos cuando leemos. Hay que dejar espacio dentro de nosotros para recibir lo que nos está entrando. Por eso, vaciamos para ampliar nuestra capacidad de absorción. Si uno no vacía antes y se pone a leer a Kant, Spinoza o Aristóteles, seguro que le es muy difícil enterarse del tema.
Nos vaciamos al hablar con nuestros amigos. A la vez nos llenamos con sus palabras.
Nos vaciamos al desnudarnos. Queda solo el cuerpo, sin artificios. Prescindir de artificios es, en cierto modo, vaciarse.
Nos vaciamos en los viajes. Igual que con la lectura, uno antes de viajar debe lanzar hacia fuera lo superfluo para captar todo lo necesario: una brisa en un mirador, la roca húmeda de una ciudad del norte, el olor a salitre, la arena blanca y blanda de playas soleadas,...
Nos vaciamos al olvidar.
Porque nos vaciamos es preciso que el ser humano se llene de las mismas cosas de forma cíclica. Si acaso perdió algo de lo obtenido en uno de los vaciados de papelera, debe recuperarlo de alguna forma. Creo que para la mayoría, la ilusión y la esperanza es lo que más se recarga. ¿O realmente es reciclaje?

Si no fuéramos capaces de vaciarnos paulatinamente, algo iría mal dentro de nosotros. La sobrecarga de material impediría el buen funcionamiento de nuestros mecanismos internos, retrasaría mucho nuestros actos. Pero, ¿hasta dónde es prudente vaciarse? ¿Debemos despojarnos de todo lo superfluo o a veces es necesario mantener algo de ello dentro de nosotros? Y, lo más inquietante, ¿ese vaciado es consciente o inconsciente?
5 de abril de 2010
Cuentos medievales
En la universidad me enseñaron a no desdeñar la Edad Media y su arte. Me enseñaron a no simplificar la mente medieval y a disfrutar de su literatura, historia y artes múltiples.
A pesar de todo, simplificamos la Edad Media. La simplificamos porque metemos en un saco que puede estudiarse en un año, un periodo de diez siglos. ¡Diez! Nada menos. Necesitaríamos otros diez siglos para comprender la mente medieval. Aún nos quedan cinco.
Este fin de semana he estado en una ciudad medieval. Un cuento. A Ávila he ido muchas veces, pero nunca me he detenido a mirarla con ojos ingenuos de niño pequeño. Le pregunto a mi amiga: "¿Y tú de pequeña no te sentías un poco princesa viviendo dentro de unas murallas?". La pregunta es ingenua. Igual que lo que conocemos (los poco conocedores) de la Edad Media.
Entre las murallas, o más bien yendo hacia las murallas, descubrí una melodía preciosa interpretada por Carlos Núñez (¡cómo no!) y Jordi Savall (siempre que descubro algo de Savall, lo guardo en mi baúl de los tesoros). Una flauta dulce y una viola de gamba son las culpables de que el viaje de vuelta no lo hiciera en tren, sino en camino medieval, con capa, capucha, a caballo. Soñando con los finisterrae europeos.

Una vez de vuelta en la ciudad, sin mamotretos, sin plumas y tinteros; con las teclas blancas y la pantalla brillante antirreflejos del ordenador, me encuentro con un precioso cuento medieval. El de Ponthus y Sidoine, escrito en el siglo XIV por un bretón para entretenimiento de la corte. La historia acerca dos finisterrae a través de grabados y versos breves que narran los avatares del príncipe Ponthus, hijo de un rey suevo de Galicia que debe vengar la muerte de su padre asesinado en combate. Ponthus consigue huir en barco y llega a las costas de Bretaña, región donde adquiere renombre pero que también le acarrea contratiempos. Un miembro de su séquito lo traiciona y éste tiene que escapar al bosque de Brocéliande, emulando a los caballeros del ciclo artúrico. Allí adquirirá fama de caballero justiciero. Lucha contra los sarracenos que asolan Bretaña e Inglaterra y los vence. Se enamora de Sidoine, la hija del rey de Bretaña y, tras matar a su esposo, se casa con ella. Vuelve a Galicia a reconquistar y pacificar su reino. Entonces, con el reino en paz y casado con su bella enamorada, retorna a Bretaña y, junto con su esposa, vuelve a Galicia a través del Camino de Santiago.
Así de simple. Así de complejo. Con la narración de ciclo artúrico de fondo, el bosque de Brocéliande, los finisterrae europeos, la idea del exilio, el desarraigo, la vuelta al hogar, el Camino de Santiago, la religiosidad, la lucha contra el invasor. El cuento contiene todos los ingredientes del relato medieval. La banda sonora la ponen Carlos Núñez y Jordi Savall. A los personajes dibújalos tú en la imaginación, desde una muralla, desde un tren, o desde tu propio exilio.
A pesar de todo, simplificamos la Edad Media. La simplificamos porque metemos en un saco que puede estudiarse en un año, un periodo de diez siglos. ¡Diez! Nada menos. Necesitaríamos otros diez siglos para comprender la mente medieval. Aún nos quedan cinco.
Este fin de semana he estado en una ciudad medieval. Un cuento. A Ávila he ido muchas veces, pero nunca me he detenido a mirarla con ojos ingenuos de niño pequeño. Le pregunto a mi amiga: "¿Y tú de pequeña no te sentías un poco princesa viviendo dentro de unas murallas?". La pregunta es ingenua. Igual que lo que conocemos (los poco conocedores) de la Edad Media.
Entre las murallas, o más bien yendo hacia las murallas, descubrí una melodía preciosa interpretada por Carlos Núñez (¡cómo no!) y Jordi Savall (siempre que descubro algo de Savall, lo guardo en mi baúl de los tesoros). Una flauta dulce y una viola de gamba son las culpables de que el viaje de vuelta no lo hiciera en tren, sino en camino medieval, con capa, capucha, a caballo. Soñando con los finisterrae europeos.

Una vez de vuelta en la ciudad, sin mamotretos, sin plumas y tinteros; con las teclas blancas y la pantalla brillante antirreflejos del ordenador, me encuentro con un precioso cuento medieval. El de Ponthus y Sidoine, escrito en el siglo XIV por un bretón para entretenimiento de la corte. La historia acerca dos finisterrae a través de grabados y versos breves que narran los avatares del príncipe Ponthus, hijo de un rey suevo de Galicia que debe vengar la muerte de su padre asesinado en combate. Ponthus consigue huir en barco y llega a las costas de Bretaña, región donde adquiere renombre pero que también le acarrea contratiempos. Un miembro de su séquito lo traiciona y éste tiene que escapar al bosque de Brocéliande, emulando a los caballeros del ciclo artúrico. Allí adquirirá fama de caballero justiciero. Lucha contra los sarracenos que asolan Bretaña e Inglaterra y los vence. Se enamora de Sidoine, la hija del rey de Bretaña y, tras matar a su esposo, se casa con ella. Vuelve a Galicia a reconquistar y pacificar su reino. Entonces, con el reino en paz y casado con su bella enamorada, retorna a Bretaña y, junto con su esposa, vuelve a Galicia a través del Camino de Santiago.
Así de simple. Así de complejo. Con la narración de ciclo artúrico de fondo, el bosque de Brocéliande, los finisterrae europeos, la idea del exilio, el desarraigo, la vuelta al hogar, el Camino de Santiago, la religiosidad, la lucha contra el invasor. El cuento contiene todos los ingredientes del relato medieval. La banda sonora la ponen Carlos Núñez y Jordi Savall. A los personajes dibújalos tú en la imaginación, desde una muralla, desde un tren, o desde tu propio exilio.
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31 de marzo de 2010
Mujeres pintoras. 6
NOEMÍ VILLAMUZA
A Noemí Villamuza la descubrí en una tacita de té. Con capa y capucha rojas.


Abril de 2008: mi viaje por los senderos de la ilustración y la pintura femeninas. Coincidiendo con MAVE 2008 (La Mujer en las Artes Visuales y Escénicas) me dediqué durante semanas a buscar imágenes hechas por mujeres. Fue sorprendente la cantidad de arte hecho por mujeres que queda relegado a un segundo plano. Hay ilustradoras y pintoras geniales dando lo mejor de sí mismas y que nos pasan completamente desapercibidas. Al menos eso fue lo que sentí al descubrir que no conocía a casi ninguna de ellas. Decepción al principio. Alegría por el descubrimiento.
Ahora vuelve Villamuza con pasos firmes al panorama nacional de la ilustración. Es la autora del cartel de este año dedicado al Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil(2 de abril): Un árbol cuyas hojas son libros que acechan la curiosidad de un pequeño subido en sus ramas. Precioso. Y el fondo rojo. Mucha pasión. Porque, ¿qué es la lectura sino pasión descontrolada? Y más en las mentes inquietas y juguetonas de los más pequeños.
La ilustración también es un arte. Pone color y límites a las ideas. Pero también ofrece nuevas alas a la creatividad y la imaginación. Noemí Villamuza es una artista. Espero que siga manteniendo su arte durante muchos años más.
Si quieres saber un poco más de ella, pincha aquí.
A Noemí Villamuza la descubrí en una tacita de té. Con capa y capucha rojas.


Abril de 2008: mi viaje por los senderos de la ilustración y la pintura femeninas. Coincidiendo con MAVE 2008 (La Mujer en las Artes Visuales y Escénicas) me dediqué durante semanas a buscar imágenes hechas por mujeres. Fue sorprendente la cantidad de arte hecho por mujeres que queda relegado a un segundo plano. Hay ilustradoras y pintoras geniales dando lo mejor de sí mismas y que nos pasan completamente desapercibidas. Al menos eso fue lo que sentí al descubrir que no conocía a casi ninguna de ellas. Decepción al principio. Alegría por el descubrimiento.
Ahora vuelve Villamuza con pasos firmes al panorama nacional de la ilustración. Es la autora del cartel de este año dedicado al Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil(2 de abril): Un árbol cuyas hojas son libros que acechan la curiosidad de un pequeño subido en sus ramas. Precioso. Y el fondo rojo. Mucha pasión. Porque, ¿qué es la lectura sino pasión descontrolada? Y más en las mentes inquietas y juguetonas de los más pequeños.
La ilustración también es un arte. Pone color y límites a las ideas. Pero también ofrece nuevas alas a la creatividad y la imaginación. Noemí Villamuza es una artista. Espero que siga manteniendo su arte durante muchos años más.
Si quieres saber un poco más de ella, pincha aquí.
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30 de marzo de 2010
Volver a Galicia
Cuando uno no abandona del todo un lugar donde ha estado y ha vivido cosas maravillosas, retorna a él continuamente.
Uno no sólo vuelve a un lugar, sino a un momento, a una persona, a un aroma, a una asignatura, a un poema, a un poeta, a una canción, a un instrumento, a una ideología, a un color (o a tres), a un sabor, a una calle, a una lluvia concreta, a una piedra, a una luz, a un lenguaje poético o científico, a una lengua, a Caballerizas, a una cita, a una muralla, a un café, a la hoja de un roble, a un vino, a un mes de abril concreto, a una bahía, a un colegio, a un bar, a un disfraz.
Uno vuelve, incluso, a aquellos lugares y a aquellas personas que nunca le pertenecieron. Eso hace aún más hermosos los retornos. Porque siempre hay en ellos una pizca de incertidumbre, de misterio, de esperanza y de inquietud.
Estos días estoy de vuelta de muchos lugares y personas. Nunca Jamás es mi destino más cercano.
Uno no sólo vuelve a un lugar, sino a un momento, a una persona, a un aroma, a una asignatura, a un poema, a un poeta, a una canción, a un instrumento, a una ideología, a un color (o a tres), a un sabor, a una calle, a una lluvia concreta, a una piedra, a una luz, a un lenguaje poético o científico, a una lengua, a Caballerizas, a una cita, a una muralla, a un café, a la hoja de un roble, a un vino, a un mes de abril concreto, a una bahía, a un colegio, a un bar, a un disfraz.
Uno vuelve, incluso, a aquellos lugares y a aquellas personas que nunca le pertenecieron. Eso hace aún más hermosos los retornos. Porque siempre hay en ellos una pizca de incertidumbre, de misterio, de esperanza y de inquietud.
Estos días estoy de vuelta de muchos lugares y personas. Nunca Jamás es mi destino más cercano.
24 de marzo de 2010
Cantar
Podría haber estado esta tarde en un homenaje a Miguel Hernández en la USAL al que me invitó un amigo. Pero era difícil ir allí. Esta tarde he estado cantando.
Cantar es divertido y alegra muchas veces las tristezas y las nostalgias pasadas, presentes y futuras. El domingo, cuando volvíamos en coche, cantamos Ella baila sola, Ismael Serrano y Marea. Y eso hizo que nos hiciéramos un poquito más amigas. Creo que cantar juntas nos unió aún más.
Hoy he cantado en público. En alemán. Ha sido muy divertido esperar que llegara el público, observar con tristeza que era escaso y alegrarnos igualmente porque lo pasaríamos fenomenal nosotros solos. Y verdaderamente ha sido una experiencia divertida. Uno expulsa lo que lleva dentro cuando canta. Deberíamos cantar más a menudo. En la ducha, mientras tendemos la ropa, cuando cocinamos, dando las clases, cuando conducimos o viajamos, antes de dormir, al despertar.
Cantando, uno también puede homenajear a Miguel Hernández a su manera.
Cantar es divertido y alegra muchas veces las tristezas y las nostalgias pasadas, presentes y futuras. El domingo, cuando volvíamos en coche, cantamos Ella baila sola, Ismael Serrano y Marea. Y eso hizo que nos hiciéramos un poquito más amigas. Creo que cantar juntas nos unió aún más.
Hoy he cantado en público. En alemán. Ha sido muy divertido esperar que llegara el público, observar con tristeza que era escaso y alegrarnos igualmente porque lo pasaríamos fenomenal nosotros solos. Y verdaderamente ha sido una experiencia divertida. Uno expulsa lo que lleva dentro cuando canta. Deberíamos cantar más a menudo. En la ducha, mientras tendemos la ropa, cuando cocinamos, dando las clases, cuando conducimos o viajamos, antes de dormir, al despertar.
Cantando, uno también puede homenajear a Miguel Hernández a su manera.
21 de marzo de 2010
Poesía-Pessoa
21 de marzo, día Internacional de la Poesía. Y como vengo de Lisboa, ¿qué mejor que Pessoa?
El viento, el viento alto
El viento, alto en su elemento
me hace más solo -no me estoy
lamentando, él se tiene que lamentar.
Es un sonido abstracto, insondable
venido del elusivo fin del mundo.
Profundo es su significado.
Me habla el todo inexistente en él,
cómo la virtud no es un escudo, y
cómo la mejor es estar en silencio.
(27.12.33)
Versión de Rafael Díaz Borbón
Foto de Flickr
El viento, el viento alto
El viento, alto en su elemento
me hace más solo -no me estoy
lamentando, él se tiene que lamentar.
Es un sonido abstracto, insondable
venido del elusivo fin del mundo.
Profundo es su significado.
Me habla el todo inexistente en él,
cómo la virtud no es un escudo, y
cómo la mejor es estar en silencio.
(27.12.33)
Versión de Rafael Díaz Borbón
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17 de marzo de 2010
Alegría verde, bocaditos de nata
La alegría se pinta de colores. Alegría verde es mi alegría de hoy.
Me han felicitado, con beso en la mejilla, tres personas. Una persona me ha felicitado con ciber-beso y ha sabido tan cálido como el facial. Alegría la que he sentido al recibir un café en vaso de plástico en el peor momento de la mañana. Una amiga. Sin verdes, sin besos, sin mejillas. Me ha recordado que todos los días se celebra.
Alegría en verde y alegría tricolor la de un amigo anónimo. La alegría llega siempre a pesar del bolígrafo rojo. La alegría llega cuando los amigos te recuerdan que hay que tener ganas de vivir y acompañar esas ganas con alegría, paz, autonomía, humanidad y literatura. Claro. Siempre la literatura salva. Siempre el verde calma las almas de los vencidos, los hace resurgir del rojo pilot de las tardes de marzo.
Alegría dulce materializada en pasteles de nata. Mmm... nata. Verde. Nata. Amigos. Café caliente en la mañana fría de bolígrafo rojo.
La alegría se pinta de colores y se paladea dulce. Siempre dulce como la nata.
Me han felicitado, con beso en la mejilla, tres personas. Una persona me ha felicitado con ciber-beso y ha sabido tan cálido como el facial. Alegría la que he sentido al recibir un café en vaso de plástico en el peor momento de la mañana. Una amiga. Sin verdes, sin besos, sin mejillas. Me ha recordado que todos los días se celebra.
Alegría en verde y alegría tricolor la de un amigo anónimo. La alegría llega siempre a pesar del bolígrafo rojo. La alegría llega cuando los amigos te recuerdan que hay que tener ganas de vivir y acompañar esas ganas con alegría, paz, autonomía, humanidad y literatura. Claro. Siempre la literatura salva. Siempre el verde calma las almas de los vencidos, los hace resurgir del rojo pilot de las tardes de marzo.
Alegría dulce materializada en pasteles de nata. Mmm... nata. Verde. Nata. Amigos. Café caliente en la mañana fría de bolígrafo rojo.
La alegría se pinta de colores y se paladea dulce. Siempre dulce como la nata.
16 de marzo de 2010
Y hablar de mí como en un diario
Si pudiera, recurriría a los versos de algún escritor afamado (no famoso) para expresar cómo me siento esta noche fría y cálida (a la vez) del mes de marzo. Algunos versos que hablaran de la vida de uno, de cuándo uno se pone en el centro del universo, se mira el ombligo y no es capaz de ver más allá. Así me siento hoy, pero me miro tanto el ombligo que no soy capaz siquiera de recurrir a los versos de algún afamado escritor.
Los lectores habituales de este blog saben que no suelo hablar de mí de forma tan explícita. Que en los momentos de saturación, opto por abandonarlos y recuperar el aliento y la palabra días después. Ésta es una de las raras veces en las que me enfrento, ordenador en mano, a ti como si de un juez se tratase.
Esta noche es víspera de fiesta. Escucho el disco de The Chieftains que me acaba de regalar mi hermano para celebrar que mañana es St. Patrick, patrón de Irlanda, santo que conmemora a los Patricios y Patricias. Es curiosa mi pasión legendaria por un país al que sólo he visitado una vez. Quizás esa pasión legendaria no sea sólo una pasión dedicada a los irlandeses, sino a todas las naciones celtas. Quizás el celtismo lo llevo en las venas por la vía gallega, por el nombre, por los casi imperceptibles reflejos rojizos que mi pelo muestra al sol, por mi rotunda palidez, por mi nostalgia perenne o simplemente porque un día leí un relato celta y quedé embriagada por la cultura como uno queda embriagado tras una pinta de cerveza negra y un "Oh Danny boy" o un "The River" en un pub irlandés. El pub irlandés de los sueños de post-adolescencia. Esta noche es víspera de fiesta y un vestido nuevo de verde intenso espera que mañana celebre el celtismo en el silencio de un colegio madrileño, ante adolescentes madrileños que los fines de semana no escuchan flautas o gaitas, sino música electrónica; y se dejan embriagar por grados de alcohol procedente más de Rusia que de la cebada.
Esta noche es noche de resaca de trabajo. Es una noche en la que el cansancio ahuyenta al sueño. El cansancio es milenario. Parece que lleve siendo parte de mí desde siempre. Son los ecos de Dios, que últimamente me llegan de todas partes y me producen una mezcla entre pesadez y reflexión. Una reflexión que cansa. Porque se repite y porque no me abandona. De hecho, mañana celebro algo que tiene más que ver con dios que con el ateísmo. Y lo sé. Y lo celebro. Aunque la celebración sea pagana se hace en nombre de un saint.
Trabajo, adolescentes madrileños, verde esperanza, flautas y gaitas, un edredón polar que calienta el alma de las tardes largas en las que uno se acompaña del bolígrafo rojo, paciencia y buena voluntad. Me gustaría que hubiera un poeta que dijera lo que yo digo ahora.
Y en la cercana distancia del jueves, otros ecos. Ecos de fado. Portugal acecha, como el hombre, como la poesía de Hernández. Salamanca en jueves y Lisboa en viernes. Los alcanzo con la punta de los dedos, y sin embargo siguen lejos. Impenetrables. Están a más de un año y medio de distancia. Y llegan ahora. Porque ahora es el momento de Portugal. Ahora que The Chieftains dejan llorar su gaita, ahora que los teléfonos llaman sin llamadas y el rojo es el color de tinta favorito. Portugal. Lisboa. Mis amigas.
Felices 17 y 19 de marzo, porque creyentes o no, nos dan motivo de alegría. Alegría verde. Alegría del descanso. Fin de semana de fado y cerveza. De vestidos verdes y tranvías.
Espero volver reconfortada.
Los lectores habituales de este blog saben que no suelo hablar de mí de forma tan explícita. Que en los momentos de saturación, opto por abandonarlos y recuperar el aliento y la palabra días después. Ésta es una de las raras veces en las que me enfrento, ordenador en mano, a ti como si de un juez se tratase.
Esta noche es víspera de fiesta. Escucho el disco de The Chieftains que me acaba de regalar mi hermano para celebrar que mañana es St. Patrick, patrón de Irlanda, santo que conmemora a los Patricios y Patricias. Es curiosa mi pasión legendaria por un país al que sólo he visitado una vez. Quizás esa pasión legendaria no sea sólo una pasión dedicada a los irlandeses, sino a todas las naciones celtas. Quizás el celtismo lo llevo en las venas por la vía gallega, por el nombre, por los casi imperceptibles reflejos rojizos que mi pelo muestra al sol, por mi rotunda palidez, por mi nostalgia perenne o simplemente porque un día leí un relato celta y quedé embriagada por la cultura como uno queda embriagado tras una pinta de cerveza negra y un "Oh Danny boy" o un "The River" en un pub irlandés. El pub irlandés de los sueños de post-adolescencia. Esta noche es víspera de fiesta y un vestido nuevo de verde intenso espera que mañana celebre el celtismo en el silencio de un colegio madrileño, ante adolescentes madrileños que los fines de semana no escuchan flautas o gaitas, sino música electrónica; y se dejan embriagar por grados de alcohol procedente más de Rusia que de la cebada.
Esta noche es noche de resaca de trabajo. Es una noche en la que el cansancio ahuyenta al sueño. El cansancio es milenario. Parece que lleve siendo parte de mí desde siempre. Son los ecos de Dios, que últimamente me llegan de todas partes y me producen una mezcla entre pesadez y reflexión. Una reflexión que cansa. Porque se repite y porque no me abandona. De hecho, mañana celebro algo que tiene más que ver con dios que con el ateísmo. Y lo sé. Y lo celebro. Aunque la celebración sea pagana se hace en nombre de un saint.
Trabajo, adolescentes madrileños, verde esperanza, flautas y gaitas, un edredón polar que calienta el alma de las tardes largas en las que uno se acompaña del bolígrafo rojo, paciencia y buena voluntad. Me gustaría que hubiera un poeta que dijera lo que yo digo ahora.
Y en la cercana distancia del jueves, otros ecos. Ecos de fado. Portugal acecha, como el hombre, como la poesía de Hernández. Salamanca en jueves y Lisboa en viernes. Los alcanzo con la punta de los dedos, y sin embargo siguen lejos. Impenetrables. Están a más de un año y medio de distancia. Y llegan ahora. Porque ahora es el momento de Portugal. Ahora que The Chieftains dejan llorar su gaita, ahora que los teléfonos llaman sin llamadas y el rojo es el color de tinta favorito. Portugal. Lisboa. Mis amigas.
Felices 17 y 19 de marzo, porque creyentes o no, nos dan motivo de alegría. Alegría verde. Alegría del descanso. Fin de semana de fado y cerveza. De vestidos verdes y tranvías.
Espero volver reconfortada.
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10 de marzo de 2010
Me ronda la cabeza Hernández
Estoy preparando exámenes para esta evaluación. Mis chicos de primero de apoyo son muy inteligentes. Estoy orgullosa de ellos, porque siempre he confiado en que podrían hacerlo muy bien y me lo están demostrando. Les he enseñado unas poquitas figuras literarias y quiero que sepan reconocerlas, para que aprendan a apreciar la buena poesía y no se pierdan cuando escuchen que "algo es una metáfora de algo".
Para la hipérbole no he podido evitar echar mano de Hernández en su impresionante "Elegía a Ramón Sijé". No puedo leerla sin sentir un escalofrío extraño recorriendo mi espalda. Y aún así la leo y la releo y me regocijo en la tristeza que me transmite.
Me ronda la cabeza Hernández estos días. Me ronda porque está en todas partes, porque celebra centenario, porque sigo escuchando a Serrat cantarle como cuando era niña y deseaba que llegaran las mañanas de domingo en las que la casa recibía la poesía en voces ajenas. Me ronda porque la poesía hermosa siempre ronda.
Ayer, ayudando a traducir sus poemas al francés y al kikongo* (desde el francés, claro), me sentí feliz por poder entender unos versos inmortales. Sentí placer por el puro placer de la poesía que se siente y se entiende.
Me siento feliz cuando me ronda la cabeza la poesía.
*Una curiosidad. En kikongo, "amor" se dice "bolinga".
Para la hipérbole no he podido evitar echar mano de Hernández en su impresionante "Elegía a Ramón Sijé". No puedo leerla sin sentir un escalofrío extraño recorriendo mi espalda. Y aún así la leo y la releo y me regocijo en la tristeza que me transmite.
Me ronda la cabeza Hernández estos días. Me ronda porque está en todas partes, porque celebra centenario, porque sigo escuchando a Serrat cantarle como cuando era niña y deseaba que llegaran las mañanas de domingo en las que la casa recibía la poesía en voces ajenas. Me ronda porque la poesía hermosa siempre ronda.
Ayer, ayudando a traducir sus poemas al francés y al kikongo* (desde el francés, claro), me sentí feliz por poder entender unos versos inmortales. Sentí placer por el puro placer de la poesía que se siente y se entiende.
Me siento feliz cuando me ronda la cabeza la poesía.
*Una curiosidad. En kikongo, "amor" se dice "bolinga".
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8 de marzo de 2010
femme, mujer, muller, mulher, woman, Frau
Un nombre asignado a nosotras en cada una de las lenguas del mundo.
Lo que significa que existimos, que estamos representadas y categorizadas en el mundo, en oposición al varón o -y sería aún mucho mejor- al lado del varón.
Y eso es lo que más me gusta de este día. Que varones y mujeres lo celebramos juntos y sin oponernos. A ver si se acaban de verdad las luchas de género y por fin podemos caminar juntos sobre el mismo suelo y bajo el mismo cielo.
Feliz día.
Lo que significa que existimos, que estamos representadas y categorizadas en el mundo, en oposición al varón o -y sería aún mucho mejor- al lado del varón.
Y eso es lo que más me gusta de este día. Que varones y mujeres lo celebramos juntos y sin oponernos. A ver si se acaban de verdad las luchas de género y por fin podemos caminar juntos sobre el mismo suelo y bajo el mismo cielo.
Feliz día.
1 de marzo de 2010
Halt durch, auch wenn du allein bist!
Für ein gut Freund.
Die Toten Hosen, "Steh auf, wenn du am Boden bist"
Die Toten Hosen, "Steh auf, wenn du am Boden bist"
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