30 de abril de 2012

La música de R.

No escuchaba a Silvio Rodríguez desde hace años. Pero Ismael Serrano, con su "Vine del Norte", me lo ha traído de nuevo. También M., con su postal de Chagall, que es pura Carmen, aunque ninguno de los tres lo sepan, ni Chagall, ni M. ni Carmen. Por cierto, el otro día daba una clase sobre arte español de la primera mitad del siglo XX y uno de mis alumnos se llamaba Chagall. Fue hermoso pedirle que interpretara una imagen de Picasso: el horror de la guerra y el alivio de su paloma en labios de otro artista, o el reflejo nominal de otro artista.



Este fin de semana he agarrado un catarro de los que te atan a la cama. Pero no me he permitido atarme a la cama porque el deber me llama. Mis alumnos me reclaman estos días más que nunca porque necesitan practicar su español para los exámenes de verano. Están todos aprobadísimos en el oral, pero la perfección inglesa les hace seguir esforzándose y repasando, quieren ser los mejores. Y eso les honra, les da un valor especial.

Uno de mis alumnos con ese valor especial es R. Es mitad inglés, mitad chileno y cuando habla de su tierra materna, la que le da esa sangre revolucionaria -contenida- que le caracteriza, siempre se le escapan palabras chilenas, reflejo absoluto de una madre que adivino sabia y bella a partes iguales. Además de hablar de su mamá o de la polerita, con la belleza del diminutivo hispanoamericano que él aún no sabe que es más de uso femenino -¡divina sociolingüística y divinas reglas con excepción!-, habla de los pacos y del pisco. Yo, que creí haber dejado olvidados todos mis americanismos en el rincón de la memoria donde quedará para siempre el aula P9 del palacio de Anaya y el profesor José Antonio Bartol, revivo con R. la maravilla del acento suave del fin del mundo. Exactamente igual que cuando Mario me habla en su argentino anglosajonado sobre las fotografías en modo "Inception" que captamos cerca de Preciados cuando estuve en España. 



El acento de R. es lo que yo llamo la música de R., porque con su fonética y su semántica he vuelto a Serrano cantándole a la bella capital chilena, he recordado a Nahikari y nuestras conversaciones-canciones serranistas, reescucho a Silvio Rodríguez que siempre será el maestro. Y pienso en la revolución: en la revolución de las palabras, en la de la música, en la de la juventud, en la de los días de lluvia, en la de la fiebre que se me ha agarrado y me mantiene espabilada. Espabilada en esa realidad febril que es como la de la duermevela, como la de la música y el recuerdo.

28 de abril de 2012

Espera


A veces la espera cansa, oprime, nos desvela. También la espera, como el propio nombre dice, contiene dosis de positividad, de cambio y evolución. Dicen los viejos dichos que "quien espera, desespera", pero yo no estoy del todo de acuerdo con ese refrán. Quien espera, aprende, está atenta a otras realidades, vive con los ojos más abiertos, más expectantes, hace fotos que dicen más acerca de la persona misma, contempla a los demás de otra manera, ve la belleza en todo, porque está en el camino hasta el encuentro.

Mientras espero, Londres me regala visitas, flores, soles, lluvias, nubes, arcoiris, tardes de risas, tardes de pub en buena compañía, momentos de lectura y de reflexión, sonrisas, llantos. En la espera está la vida. Después de la espera, sigue estando la vida. 


Que la espera no te impida vivir.







26 de abril de 2012

Inspiración

Ayer llegué al blog de Víctor Balcells, vi esto y me gustó mucho. Espero que también a ti te guste. Ahora que he cerrado mi cuenta de Facebook durante unos días, quizás semanas -¿para siempre?-, mi forma de compartir lo que veo y me gusta es por aquí. Sé que aquí llega mucha menos gente que la que tenía acceso a mi cuenta de Facebook, pero también sé que probablemente los que hayan llegado hasta aquí se acerquen a leer a Víctor.

Es una entrada sencilla. Pero inspiracional. Una cama, Keats, los aviones y los árboles. ¿Quién le pide más a la poesía?

Los bancos, como los blogs, lugares donde asomarse a la inspiración

25 de abril de 2012

En-cuent[r]os (4), 4 años encontrándonos



Si me hubieran preguntado hace cuatro años qué estaría haciendo cuatro años después, ni por asomo se me habría ocurrido pensar que estaría pensando en la misma persona, emocionándome con los mismos claveles y hablando en otro idioma. 

Joven madrileño haciéndose conocedor del mundo
Estoy en el laboratorio de idiomas del colegio donde trabajo, vigilando que los chicos preparen sus orales de francés. Nos sonreímos. Ellos quizás no sepan que yo soy la lectora de español y que en ese idioma le escribo al mundo, al pequeño mundo creado y recreado en este rincón de la web durante cuatro años. Aquí nadie dice ni mú en portugués, ¡ese gran olvidado! No se recuerdan revoluciones pacíficas y, por supuesto, nadie celebra el aniversario de este rincón. Ese es solo un lujo -un en-cuent[r]o, de los nuestros- que sólo reservo para ti. Aquí la única revolución que funciona es la del conocimiento. Lo digo porque los chavales estudian agobiadísimos para sus exámenes, en estos días. Un conocimiento que es parcial, claro. Hoy me estreno como profesora de historia de España en inglés; el gran reto. En mi mano está hacerles también a ellos conocedores de nuestro pasado y que el conocimiento se globalice un poco, que no quede anclado a lo estrictamente anglosajón.

Así que aquí estoy, cuatro años más tarde, encontrándome con mi pasado, con el pasado de mi país y con el futuro del mundo: internet y estos alumnos que se van haciendo conocedores, espero que también de revoluciones no violentas, de claveles voladores. Casi cuarenta años después. 

Anciano inglés divisando el futuro
Creo que eso es lo que el mundo vuelve a necesitar, más primaveras árabes, más 15Ms, más claveles, más cuentos, más historias que nos ilusionen, el cambio que todos esperamos.

El año que viene cumpliremos cinco años. Estoy segura de que aquí seguiremos, tú quizás vengas a leerme por primera vez, otros serán los de siempre, pero estaremos, sin duda, encontrándonos, en lo esencial y en lo que cambia, en la verdad, en la esperanza, en la libertad... en las palabras.

Gracias por hacer posible las cuarenta y ocho mil y pico visitas. 
Gracias por hacerme crecer.
Gracias, simplemente, por seguir ahí.




23 de abril de 2012

En-cuent[r]os (3)


El verdadero encuentro, el real, es el de los libros. 
Feliz vida de los libros.

23 de abril

21 de abril de 2012

En-cuent[r]os (2)






Abre o cierra las puertas que quedaron entreabiertas, pero procura no mantenerlas mucho tiempo así.

20 de abril de 2012

No estudies
No te alimentes
No salgas al campo -que queda poco-
No eduques a tus hijos en valores positivos
No enfermes
No busques trabajo
No vayas al cine
No leas
No aprendas de los errores del pasado
No seas elegante
No viajes
No te ilusiones
No seas un visionario
No seas utópico
No creas en un futuro mejor

Estas son las consignas del gobierno de españa. 

Y así, poco a poco, españa se vuelve chiquita, chiquita, chiquita... hasta que desaparezca devorada por un águila bicéfala o una bandada de gaviotas asesinas.

19 de abril de 2012

Saramago, el escritor


Saramago ya era Premio Nobel cuando una ministra de cultura lo confundió con una pintora. Por entonces yo todavía estaba en el instituto y uno de sus libros daba vueltas por casa, La caverna. Nuestra profesora de filosofía nos lo recomendaría años después. Yo leí solo dos páginas de aquel libro y lo devolví a la estantería. Pensé que era difícil, o aburrido, o pesado. No me acuerdo ya. La caverna permanece intocado y en cierto modo, también un poco indómito. Algún día me acercaré a él con otros ojos.

Hace un año y diez meses que Saramago murió. Luto peninsular. De Saramago me habían hablado mucho Yolanda y Víctor. Yolanda desde la perspectiva literaria y Víctor desde la perspectiva social del autor. Fue Víctor quien me había relatado aquella utopía saramaguiana de crear una nación ibérica, uniendo a los hermanos durante tantos años indiferentes el uno del otro. Hace diez meses, aún no había leído nada de Saramago. Fue el luto peninsular y la insistencia de Yolanda los que me hicieron que entrara despacito en él, como quien entra en un templo budista: con respeto y sin saber muy bien qué se va a encontrar. Empecé en septiembre con su Ensayo sobre la ceguera y seguí poco a poco con el fascinante viaje de un animal que va a acabar convirtiéndose en emblema republicano o antimonárquico, el elefante. Durante la Semana Santa le hinqué el diente al Evangelio según Jesucristo, muy apropiado para el momento, y ahora leo a ratos una novelita deliciosa que se llama Caín. Creo que me he enganchado a Saramago. Y no estoy segura de si es su prosa, su estilo, o simplemente lo que dice lo que me tiene envuelta en una especie de adicción sana. Leo a Saramago lentamente, pero con constancia. Lentamente, como lo leo todo. Con constancia, porque no quiero abandonarlo, su compañía me enseña quien soy. ¡Vaya visionario de la humanidad!

Ahora, muchos años después de aquella garrafal confusión de la ministra de cultura, siento indignación. Porque no conociera al Premio Nobel, que había sido nombrado escasas semanas antes de que le preguntaran por él. Porque no reconociera el nombre de tal brillante escritor, ella, ministra de cultura. Indignación, sobre todo, porque casi quince años después, la cultura, la literatura, el teatro, el cine, las artes en general, parece que siguen siendo ajenas a esos que ostentan el poder. O quizás solo sea esa cultura, la que nos hace pensar, la que desterraron hace años de nuestro país los que nos querían analfabetos, incultos, devoradores de basura. Los que quisieron devolvérnosla ahora están en la sombra. Y los que tienen el poder, ahora sólo se ocupan de sus bolsillos. A los demás nos acabarán matando de hambre, de hambre física y de hambre cultural.


En-cuent[r]os (1)

Hay encuentros que duran menos de veinticuatro horas, y que recordarás toda tu vida.

18 de abril de 2012

Los amantes

Dice Manuel que “los amantes hablan más”. No sé cuál es el concepto de amante, a qué personas debe aplicarse. ¿Es amante el que ama también sin saberlo? ¿Es amante el que ama en silencio, a la espera? ¿Es amante el que sabe que el amor tiene que ser recíproco y sabe que ese amor lo es, pero simplemente está lleno de miedos?

Los amantes hablan más. Hablan más a la vida. Se hablan más a sí mismos. Se autodirigen el discurso del amor, que es una forma de decir que habla por sí solo con miradas y caricias. Dice Manuel que los amantes hablan más. Y yo creo que los amantes respetan más el silencio. Los amantes hablan menos, pero dicen más. Lo dicen todo en dos palabras. Lo dicen todo en una línea, aunque se empeñen en expresarse en un entramado inagotable de frases que parecen bonitas pero que no significan nada. Los amantes lo dicen todo con su cuerpo que sonríe -tomo la expresión de Clara; acertadísima, preciosa-, con sus ojos que fingen la siesta o el llanto, con sus lecturas, con su caminar. Los amantes lo dicen todo. Pero hablan menos.

14 de abril de 2012

Catorce de abril


Hoy no quiero poner banderas, sino el sentido común de la belleza, del blanco. Y esperaré hasta que un sistema más puro nos traiga más fe en las personas, en la política y, a fin de cuentas, en la vida.

27 de marzo de 2012

Reinterpretar(se)

A veces, cambiar la perspectiva con que miramos y con la que nos miramos hace que reinterpretemos la realidad de otra forma.

Eso me ha pasado últimamente con muchas pequeñas realidades: desde la amistad que surge con pretensiones de múltiple, de caleidoscopio, según palabras literales de mi amiga M., hasta el propio Parla.

Hoy me he reinterpretado a mí misma paseando por las calles de Parla en donde una cabra subida en un taburete me ha recordado la cultura a la que pertenezco, este país de charanga y pandereta o de organillo y cabra, como se quiera entender. Me he reinterpretado a mí y a la que fui alguna vez tras hablar con Alberto, a quien he encontrado azarosamente en la biblioteca. Me ha dicho que la madre de uno de nuestros amigos en común no pudo sobrevivir al cáncer. Hacía años que no sabía nada de ninguno de ellos y al recibir la noticia he recibido también el peso de una culpa enorme, mayor que el elefante de Saramago que es quien me acompaña estos días. Me han temblado las piernas, ha sido un temblor inexistente, pero me ha hecho reinterpretarme. A mí misma. En Parla. Con las personas a quienes consideré durante años mis amigos y de quienes no he sabido nada en otros tantos. De hecho, Alberto, con ironía se ha despedido de mí "hasta el año que viene". Estoy segura de que volveremos a coincidir en la biblioteca. Él nutriéndose de filosofía. Yo de ficción trampera, de la que hace escapar a otros espacios para acumular más interpretaciones del mundo.

He reinterpretado mi amistad con M. y con C. también. Y he sufrido, más adelante, la tiranía de otra persona que se hace llamar mi amiga pero que entiende la amistad como una competición, un tesoro que se esconde y no se comparte. Tras las conversaciones con M. sobre la amistad caleidoscópica, que tiene múltiples caras y todas conforman un paisaje brillante y hermoso, me cuesta entender que esta otra persona no quiera que yo sea amiga de sus amigos. Así que, así estoy, en la tesitura de las amistades que evolucionan, las que se comparten y las egoístas, las que no entienden de no límites y se estancan en compartimentos sin abrirse a algo que para mí tiene la pretensión del todo.

He reinterpretado también Inglaterra en mi despedida de ella por estas semanas. La reinterpretación comenzó con la salida del sol y con la visita a Cambridge. La ciudad-universidad se me presentó a los ojos como un edificio único, me trajo recuerdos leves de Salamanca y me hizo recobrar la pasión por el agua (ese río navegado en la compañía de mis amigos y del jóven y escultural Dylan), por la piedra y por las letras. En mi visita anterior fue tan solo un pellizco fugaz y gris, algo que deja una marquita minúscula pero que se borra al día siguiente. Del segundo Cambridge guardo la alegría del sol, de C., M., F. y D. Guardo los ojos azules de Dylan intensificados al hablar de su novia alemana, por la que mudó su residencia en los meses pasados. ¡Ay, el amor!

En estos días, con C. cerca, con el viaje y la itinerancia como punto central de las conversaciones con ella y con M., he reinterpretado el concepto de viaje, que ya mi amigo E. me había presentado como metáfora de la vida,  ¿o acaso hablábamos del tren? Mi viaje a España comenzó el sábado cuando perdíamos un tren rumbo a Cambridge y finalizó ayer, cuando deshice las maletas y dormí en el colchón de mi adolescencia. Por en medio ha habido el viaje de un elefante y una visita gloriosa a la National Gallery con C., donde ella ha vuelto a emocionarse frente al matrimonio Arnolfini y yo creo que he sabido entender por qué me atrae tantísimo esta pintura de Zurbarán:


En esa reinterpretación de las relaciones, de las realidades, de nuestra idea de arte, de lo que para nosotros han significado algunos conceptos que ahora cambian, nosotros mismos nos reinterpretamos, nos entendemos de una forma diferente y entendemos el porqué de algunas actitudes que salen de nosotros o llegan hacia nosotros. Otras veces, la vida quedará anclada a la idea de misterio, lo que no sabemos ahora y quizás lleguemos a intuir en algún momento, o lo que quedará irremediablemente en la nebulosa de lo que siempre será incomprensible.

22 de marzo de 2012

Mufti day is my favourite day


Mufti day es el día en el que los uniformes se quedan guardados en los armarios y cada uno va al colegio vestido con la ropa que quiera. Tal cual. Me encanta la idea del uniforme, pero creo que disfruto aún más con el día de indumentaria "libre". Los rebeldes incluso vienen a clase con algo así parecido a un pijama. Uno de los alumnos más pequeños, incluso, ha venido disfrazado de cocodrilo. Supongo que era por una apuesta. El profesor de italiano, casi maestro yogi, ha aparecido en chándal. ¡Oh, escándalo! 

En Mufti day, quizás también porque la primavera ya está aquí y el sol ya ha empezado a asomarse con más intensidad por Londres, los alumnos y los profesores parecen más alegres. Hay más sonrisas, hay más ruido, no sabía yo que la algarabía de la primavera residía en los vaqueros y las zapatillas. Algunos despistados han venido con el traje de todos los días, eso sí, en seguida han guardado las corbatas en las mochilas, creo que es lo que más les ata.

El fenómeno del Mufti day requiere un análisis más profundo. ¿Por qué un día al trimestre se nos da la libertad de elegir nuestro vestuario? ¿Es un premio? ¿Es como un día de fiesta? ¿Qué piensa el que se planta un chándal? ¿Y el que permanece con la ropa de todos los días, tan serio, tan inglés? Un colegio inglés en Mufti day es como cualquier instituto español en el día a día. Quizás más fashion. Los chicos, adolescentes que llevan la sobrehormonación y la chulería de serie, se han pavoneado delante de ellos mismos, mostrando lo que para unos eran sus galas más cool, para otros lo más cómodo, que para un día que les dejan ir de por libres, no se van a poner exquisitos. El caso es que vestidos "de diario", con el alboroto primaveril y "muftiero" no los reconocía por los pasillos. Parecía que habían perdido un punto de su distinción de clase alta y nacionalidad inglesa. Ellos tampoco nos reconocían a nosotros, los trajes o faldas se han quedado hoy en casa, y los vaqueros y las Converse han paseado alegremente por las moquetas impecables del centro. Y me he sentido extrañada, una vez te acostumbras al hábito del uniforme, ser libre da miedo. 

Y lo que más miedo da es tener este sentimiento, pensar así. Nos acostumbramos a las ataduras y la libertad nos da vértigo. Tanto como mirar a ese estudiante de dieciocho años que hoy sí enseña los brazos y pensar en la belleza adolescente, en lo efímero que es lo bello, o en la transformación de lo bello, o en la transformación de la recepción de la belleza, o en que la vida siempre es más alegre si nos rodeamos de lo bello. Leo a Huizinga durante estos días y una de sus tesis es que siempre hay juego y que la vida no existe sin juego. Yo creo que la vida no existe sin belleza. Y que la libertad nos hace infinitamente más bellos: por dentro y por fuera.


Ideas. Libertades. valter hugo mãe

las ideas, amigo mío, son menores en nuestros días. no importan. las libertades también hacen eso, una no im­portancia de lo que se piensa, porque parece que ya ni es necesario pensar.
la máquina de hacer españoles, valter hugo mãe

19 de marzo de 2012

Serie "Amor", de Manuel Casal


Una cosa que Manuel Casal hace muy bien en su blog son las series temáticas. 

Actualmente, escribe a la vez dos: una sobre amor y otra sobre elegancia. Condensa en una sola línea el conocimiento entero y, una vez las leo, se me quedan enganchadas en el recuerdo. Recientemente ha escrito el número 23 de su serie "Amor" y yo me he tomado la libertad de hacer una captura de pantalla de su blog y pegarla aquí tal cual, para que veas cómo son esas entradas y para que veas, también, el tipo de fotos que suelen acompañar sus textos.

Feliz amor para todos. No te olvides de amar. No te olvides de amarte.

18 de marzo de 2012

La crisis de la cultura no ha llegado a Inglaterra

Ayer pude volver a comprobarlo. The Old Vic Theatre lleno a rebosar. Estreno de La duquesa de Malfi del escritor inglés John Webster, contemporáneo de Shakespeare. Lo más asombroso es que las dos primeras filas del patio de butacas estaban llenas de jóvenes, de mi edad o menores que yo. ¿Por qué? Porque aquí en Londres existe una cosa que es el amor por la cultura y el desarrollo y extensión de la misma, que hace que los jóvenes menores de 26 años recibamos una ayudita económica para no perdernos ningún acto cultural, incluido el teatro. En el Teatro Nacional, una vez hecho el carné joven (que es gratuito), puedes comprar entradas por 6 libras. Increíble.

Pero también hay cultura no gratuita o barata: los teatros se llenan todos los días para ver musicales, el espectáculo teatral y musical por excelencia en Londres. Todos los días de la semana hay colas en las puertas de los mayores centros culturales. Los museos están siempre abarrotados por personas de todas las edades, y sorprendentemente, en todos los conciertos de música clásica siempre se podrán encontrar niños de entre tres y seis años sentaditos como indios, mirando embobados la oscilación del arco de un violín o los movimientos espasmódicos del pianista que parece que se sale de sí mismo para interpretar esa sonata de Brahms.

Me atrevería a decir que uno puede respirar arte y cultura en las calles de Londres. Que Londres no solo está lleno de turistas visitadores de torres del puente, norias gigantescas o relojes empotrados a edificios dieciochescos. A Londres la gente también viene para entrar en las galerías de arte más prestigiosas, a los museos más inteligentes y a los conciertos más inesperados. 

Hay algo en lo que los ingleses no dejarán nunca de gastarse el dinero: alcohol y cultura. Porque la crisis de la cultura, afortunadamente, no ha llegado a Inglaterra. Y me atrevería a decir que nunca llegará. Tampoco llegará la ley seca, porque los ingleses se socializan con una pinta o dos de por medio.

Esta reflexión me recuerda a las siguientes palabras de Lorca, que se han extendido últimamente por las redes sociales, porque el sentimiento que tenía el poeta granadino hace más de ochenta años, es un sentimiento que no ha caducado, que sigue presente en los corazones, almas y mentes de muchos españoles de hoy en día. Reproduzco de nuevo un fragmento de ese discurso que hace muchos año dio Lorca y que hoy muchos recordamos:

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

No sé de qué hay hambre hoy en España. Dudo mucho que haya hambre de cultura, porque nunca se nos ha enseñado a echarla de menos, nunca se nos ha enseñado a ansiar la lectura de un libro o esperar con pasión la llegada de Da Vinci a nuestros museos. Y, si os digo la verdad, en tiempos de crisis, el arte, la belleza, pueden salvarnos de la desolación más absoluta. Dice Eduard Punset, y termino con él esta entrada, "La felicidad es la ausencia del miedo, de la misma manera que la belleza es la ausencia del dolor". Mi amigo Guy dice que entonces no sabría entender la Pietà, de Miguel Ángel. Lo importante es que pensemos sobre ello, que cada uno llegue a sus propias conclusiones.

17 de marzo de 2012

13 de marzo de 2012

Herbas de namorar

Este blog naceu bilingüe. Neste blog un podía ler cousas escritas tanto en castelán como en galego, pero quizáis porque deixou de ser un blog de dúas escritoras, eu torneime castelá. Sen embargo, ás veces boto de menos o compoñente galego e inspiracional co que o blog naceu. Para honralo, hoxe escribo estas breves liñas en galego. O resto é un conto doutra época, doutro lugar.


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Hace cuatro años fui a San André de Teixido, adonde van los muertos que no fueron de vivos. Recuerdo perfectamente aquel verano: Santiago de Compostela era nuestro punto base y de allí tomábamos las carreteras gallegas para intentar verlo todo. Eran tiempos muy felices. Los recuerdo con un cariño inmenso, todos juntos, en el coche, V. siempre recomendándonos sitios a los que ir, María do Carme y María Elena, dos jóvenes ancianas gallegas poderosas, contándonos anécdotas de sus nietos y sobrinos, de otros tiempos.

El día que fuimos a San André de Teixido, en Cedeira, la naturaleza me sobrecogió. El día era soleado, yo llevaba una camiseta granate (lo recuerdo por las fotos) y en todas las fotos se me ve pletórica. Todo verde, el mar inmenso y los árboles llenos de papeles blancos, alguna superstición folklórica. V. me había contado que en el pueblo vendían apósitos de cera que se compraban para los males que cada uno tuviera: había brazos, piernas, pechos, todo hecho de cera, para pedirle al santo salud. Extraña tradición, pero bonita en cierto modo.

A lo largo de uno de los caminos, una gitana morena, bellísima, ya mayor, con toda la sabiduría que dan los años y el mar, vendía herba de namorar. Podría haberla arrancado del prado, pero sabía que si ella me la daba, sería de fiar. No la compré para mí, fue mi regalo para M. Sabía que si la tenía ella, conseguiría a G. Estaba convencida. Y aunque se la regalé con una sonrisa pícara en los labios, haciendo que creyera que todo era broma, las dos nos creímos los poderes mágicos que la hierba de esa tierra le traerían. No hubo conjuros ni hechizos. O quizás sí. Nunca le pregunté a M. qué había hecho finalmente con ella. Sin embargo funcionó. 

Uno crece y poco a poco va perdiendo la ilusión y la fe en la magia, las hadas y los duendes. Pero siempre hay un pequeño hueco para ellos, siempre quedan, en el rincón de las fotos, de los recuerdos de regaliz y las visitas de los domingos a los abuelos; en el rincón de las barbies con los pies quemados y el pelo rapado (porque los Reyes nunca trajeron al deseado Ken). A veces, dicen, solo basta con desear algo con muchas fuerzas para que ocurra, sin hechizos y conjuros. Yo espero la visita de los duendes. Y mientras tanto, pienso en los acantilados y cruceiros de Cedeira, el lugar mágico donde todo parecía alcanzable, donde nada malo podría ocurrir.

12 de marzo de 2012

Feeling happy

Y la felicidad llegó. Llegó en forma de estatua, en Picadilly Circus, una estatua que sólo fui capaz de ver cuando había abierto los ojos lo suficiente como para ser consciente de lo que la vida nos regala en cada esquina de cada ciudad, por minúscula que sea.

Esto fue hace ya un mes, o más, no recuerdo. Coincidió con las vacaciones y con la soledad. Paradójicamente la felicidad, o la reflexión real de lo que es la felicidad, y por tanto, de cómo conseguirla, llegó cuando más sola me encontraba. La casa vacía, algunos museos cerrados. Pero los libros y la mente abiertos, y los amigos al otro lado del teléfono.

F., su hermano y yo decidimos pasear por Green Park la semana pasada por la tarde, con E. Ese día me habían invitado a cenar pero lo rechacé porque ya había quedado para hablar de feminismo y ver una película con B. Lo hicimos y se cumplió mi profecía de que los lunes siempre son el mejor día. Pero la semana no dejaría de regalarme momentos, como le gusta decir a M. Precisamente fue ella quien apareció el martes, y con ella llegó el espiritismo, las ganas de seguir aprendiendo poquito a poco de los demás, esa necesidad -que a veces olvido que tengo- de nutrirme con conocimiento para hacerme más persona y entender mejor a las demás personas.

El jueves, con el fin de las clases y celebrando el día de la mujer, salí con M. a pasear por Londres. Terminamos en la "Poetry Society", donde habíamos decidido llevar a cabo una misión secreta de encuentros con el pasado, todo muy espiritista, muy a su estilo. El café estaba delicioso, la música de fondo, que llegaba desde el sótano del local, nos inspiró para hablar sobre Mendelsohn. Hablamos también de Gallardón* y sus ideas peregrinas acerca de la "violencia estructural", criticamos a Aguirre y su conservadurismo. Intentamos cambiar el mundo, sabiendo que no lo lograríamos, pero convencidas de que el diálogo puede transformar algunas realidades.

El viernes, con M. apareció P en nuestras vidas. Bueno, en la mía, porque ella ya lo conocía. P me regaló cuatro correos electrónicos, su forma de entender el mundo y un día precioso en Brighton, donde los tres probamos el "delicioso fish and chips" inglés. Ese día, nuestras teorías sobre la felicidad confluyeron en una misma. Hablamos sobre la energía positiva que las personas desprendemos y P nos enseñó que esa energía positiva hay que trabajarla, hay que ser conscientes de nuestro potencial para ampliarlo. El día terminó en una estación de trenes de Londres, a las cuatro de la mañana, y pareció que había durado toda una vida. De ese día se fraguó una amistad y la certeza de un encuentro berlinés.

El sábado estudiamos y tomamos sidra inglesa. M. un gin and tonic, su favorito. Tras la revelación de que americanos, ingleses y españoles somos diametralmente opuestos, alcanzamos también el acuerdo de que la personalidad siempre está por encima de la nacionalidad porque a veces, uno tiene miedo de generalizar. El acuerdo fue que la gente vive con miedo, que el miedo los hace cobardes y que esa cobardía les impide ser felices. Triste descubrimiento. Pero día feliz.

Ayer llegó el apoteosis de la felicidad. M. se tenía que ir pronto, pero el recuerdo de su visita estuvo flotando mientras F., E. y yo paseábamos por la bellísima Londres. La Londres apasionante y diferente que E. nos regala cada domingo. Los domingos se han convertido ya en el día en que visitamos los lugares ocultos, lo más in, lo más cool. Recordé a Manuel y a Yolanda en mi visita por Marylebone porque es un barrio moderno, elegante, vibrante, lleno de vida, color y buen gusto. Acabamos almorzando en un lugar delicioso, la Natural Kitchen, y recorriendo a pie el barrio de librería en librería, terminando en la Royal Academy of Music, un edificio majestuoso del siglo XIX donde incluso huele a música. K., al que habíamos ido a ver practicar con el violín, nos llevó después a una cafetería/pub monísimo donde había libros por todas partes y el suelo del baño estaba alicatado con piezas de Scrabble, según F., el baño de mis sueños.

En un momento dado del día de ayer, pensé en esta entrada que escribo ahora. Pensé que la titularía feeling happy, porque estar happy, por estar dicho en otro idioma, suena menos intenso que estar feliz. Lo relaciono con un sentimiento de una intensidad mayor a estar contento o alegre, pero quizás sin las implicaciones de estar o ser feliz. Quizás lo traduzca a partir de ahora como dichosa. La Londres del último día trae la dicha; la dicha del sol, la dicha de la amistad que es verdadera, la dicha del darse cuenta de que siempre hay espacio para estar bien y que, en palabras de P siempre existe la certeza de que nosotros mismos tenemos el poder de hacernos sentir bien.

Y mientras dura la dicha, seguiré reclamando y criticando todas esas cosas que quieren enturbiarnos el placer de estar vivos. Y seguiré buscando a esas personas que me hacen dichosa. Porque, y lo digo una vez más, nosotros somos cómplices de nosotros mismos en esa búsqueda y saber que podemos lograrlo, nos hace invencibles.

Esta mañana se ha colado un gorrión en mi casa. 

Pero eso lo contaré en otra entrada...

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Discúlpeseme el lapsus. Atribuí a Garzón las ideas de Gallardón.

6 de marzo de 2012

Vacaciones, twitter y sexismo lingüístico

Se pasaron las vacaciones y yo me creé una cuenta en Twitter. Mi cuenta en Twitter me ha tenido completamente out del blog, pero absolutamente in de las noticias de España. La verdad es que en los meses anteriores estaba empezando a sentirme completamente alejada de lo que durante hace algo más de 24 años había sido mi vida real, la de ciudadana española.

Vuelvo a la realidad con más radicalismo que nunca. ¿Más feminista? Quizás, no lo sé. En realidad nunca, en ningún ámbito de mi vida anterior a Londres, había sentido la necesidad de defender los derechos de las personas, por el hecho de ser personas. O... no sé muy bien cómo expresarlo. Creo que nunca he "necesitado" expresar mis ideas feministas porque me he movido en ámbitos muy igualitarios. Hace poco leí en un blog feminista que una vez que se pone uno el 'chip del feminismo', encuentra machismo en todas partes. Quizás también sea eso lo que me pasa ahora, que no paro de ver actitudes sexistas en todas partes.

El caso es que aquí estoy, recién terminada mi última clase con un alumno especial al que no le enseño español propiamente dicho. Vemos vídeos del programa "Redes para la ciencia" y los comentamos. En español. Punset habla de que "la felicidad está en la antesala de la felicidad" y su interlocutor habla de un experimento con ratas a las que se les estimula el núcleo Accumbens, que controla la dopamina, una hormona que regula, entre otras cosas, las emociones, y tras el estímulo, dicha rata no tiene necesidad de conseguir el placer por otros medios (alimento, sexo, sueño). Interesantísimo. Aquí estoy, pensando en la dopamina y que la felicidad está en la antesala de la felicidad, y de repente escucho a mi colega italiana que sigue dando su clase. Capisco algo de lo que habla: el papel de la mujer en los gobiernos, la relevancia de la visibilidad de la mujer en los gobiernos y otros ámbitos públicos. Es su forma de homenajear el 8M. Y su forma de oponerse a lo que sucedió ayer en el colegio. Asamblea. 8 de la mañana. Uno de los profesores más populares del centro da una conferencia a los chavales bajo el título: "How to treat a woman". Exito rotundo generalizado. Críticas feroces desde los puestos más liberales/feministas del centro. ¿Pero qué es eso de hablar de cómo tratar a una mujer? Somos seres humanos. A mí me gustaría que me tratasen como un ser humano y rechazar lugares comunes como: respétalas y recuérdales los bonitas que están. Señores, ¿estamos locos? El respeto es universal. No quiero ser respetada por mujer, sino por persona. Y hasta que eso no nos entre en la cabeza a todos, no vamos a avanzar hacia la igualdad total entre los sexos.

Esto de la igualdad entre los sexos es algo que se logra mediante la educación. Mercedes Bengoechea afirma que esa educación debe darse, sobre todo, en las escuelas de periodismo, núcleos de formación de los profesionales que distribuirán noticias en el futuro. Las noticias, la actualidad, igual que cualquier otro ámbito verbalizado, se dan a través del lenguaje, y si no se educa en lenguaje no sexista, el cambio será lento. Por eso existen los manuales de lenguaje no sexista. Y por eso es triste ver cómo la propia Real Academia de la Lengua Española se opone a estos manuales e incluso cómo alguno de sus miembros tilda de "feminazis" a las voces críticas que se levantaron en contra del texto que la Academia publicó en respuesta a los manuales de lenguaje no sexista.

Así que aquí estoy, tras mi clase sobre dopaminas y felicidad regulada por hormonas; escuchando a F. hablar de las donas con poder, reflexionando sobre la importancia de la educación para erradicar cualquier tipo de discriminación y dominación; e indignada, sobre todo indignada porque se tache de radical al que busca la igualdad. Indignada porque parece que la búsqueda de la igualdad es una cosa de unos pocos, de unos locos idealistas. Pero feliz porque he descubierto que Twitter puede ser una herramienta increíble para extender nuestros mensajes.

Se acabaron las vacaciones, pero la vida siempre está en plena ebullición.


16 de febrero de 2012

Enganchada

No he cumplido el punto 10 de mi decálago de esta semana blanca. 

He estado enganchada a Londres, Javier Marías, la música, Scrabble, los vídeo blogs de YellowMellow, Dolly Parton... en definitiva, a la vida. Y por eso he dejado un pelín de lado el blog. El blog también es vida, pero cuando Cambridge, Bath y los amigos se ponen por delante haciéndote la vida más feliz, uno se engancha a ello.

Digo a mis amigos de por aquí que mi yo real ha venido de visita esta semana. Es cierto, esta semana me siento más yo que nunca. He retomado contacto con mi idioma, mi literatura y el humor que a mí me gusta. Me he olvidado de la ironía y el sarcasmo ingleses, me he olvidado de los huevos que desaparecen y he visto o veré a varios amigos madrileños que han venido de visita o que están en el país. La casa semi vacía y la pasión por los viajes o ir de pubbing con amigos me han devuelto a la yo de siempre. La yo de siempre, mentalmente rápida, apasionada por la filosofía de Marías, enganchada a las maravillas de internet y a la música country ha venido de visita esta semana. Voy a pedir que se quede para siempre, y si no, intentaré retenerla de alguna manera.

Mientras tanto, la yo de siempre y la yo de ahora seguiremos escuchando música de la Parton en Spotify y riéndonos de nosotras mismas, la actividad más sana que alguien alguna vez inventó.

11 de febrero de 2012

"10. Escribir en el blog"


Esta mañana he escrito un decálogo de lo que haré esta semana que se me presenta por delante: tenemos vacaciones de invierno en el colegio, la semana blanca inglesa. El último punto es "escribir en el blog". He añadido ese punto porque me siento muy escritora en los últimos días y porque estoy fascinada con el blog de Isabel Núñez, a la que leía a veces desde el blog de Manuel, pero que ya he añadido a mi propia lista de blogs favoritos.

Me gusta el estilo que tiene su blog, y de tanto leerla, quiero contagiar un poco mi blog con su manera de escribir. Últimamente me he sentido muy atraída por la brillantez de diferentes mujeres que me están haciendo cambiar la perspectiva pesimista de la vida con la que las mujeres-florero de mi entorno me estaban cubriendo. He vuelto a pensar en mi mantra de principio de año: "pasa de todo lo que no te conviene o gusta". Pero F. ha vuelto a coger nuestra comida sin pedir permiso, y eso me pone nerviosa y desequilibra mi estabilidad casera de las últimas semanas.

A parte de F. y los huevos de menos, la semana se presenta feliz y tranquila, con algunos viajes y visitas a varios museos. Es curioso el hecho de vivir en Londres y no saber nada de esta ciudad. Tengo la sensación de que siempre paseo por las mismas calles y visito los mismos museos. Es como mi obsesión con escuchar a Tracy. Tengo obsesión por algunos lugares de Londres igual que por pisar la National Gallery solo para ver la Venus de Velázquez. Isabel Núñez ha estado la última semana aquí, y a través de su blog he descubierto maravillas londinenses que nunca me había planteado, así que mi lista de lugares para visitar se va abriendo, como mis horizontes filosóficos y vitales. Creo que ayuda el hecho de que se inauguren las vacaciones y que haga un espléndido sol. Un sol de estos londinenses que a mí me gusta tanto.

Ayer le dije adiós a Fr., a B., a Daniel y a David. M. se va en media hora a Francia y compartiré esta gran casa con la ladrona de huevos y con L. durante una semana. Para no acabar hecha una furia al final de cada día he escrito mi decálogo de la semana blanca: una lista de normas de convivencia conmigo misma y con mi entorno. Seguiré leyendo a Isabel Núñez y a Javier Marías, con quien estoy ahora. Luego quiero volver a las feministas, que me están aportando esa nueva perspectiva que había estado esperando meses atrás.

Seguiré escribiendo e-mails para M. y L. Y mientras el tiempo y los viajes me lo permitan, seguiré con el blog y la indignación por el caso Garzón y los otros casos que traen a muchos de mis amigos españoles de cabeza. España se desmorona y en Londres nieva. Yo me aislo de los pesimismos encerrándome en algún nuevo proyecto, los libros y los museos. Sé que es una actitud escapista y huidiza, pero también es autoprotectora. No puedo evitar los pequeños fracasos caseros, las desilusiones, pero sí puedo cerrarle los ojos a la actualidad de ese país al sur de Europa que es mi país.

Feliz semana blanca
espero que no sea en blanco.

9 de febrero de 2012

El día que conocí a Karen...


E. me había hablado de ella, yo la imaginaba toda una jefa, seria, elegante y, en mi mente llena de prejuicios, por jefa, también la imaginé mala. De una maldad sutil, como la de la mayoría de los jefes, esa falsedad rancia, que crece como un gusano en las manzanas a propósito de la parálisis, de la inmovilidad que a veces acarrean algunos puestos de poder.

Karen no es rancia, no es inmóvil, no abusa de su poder y no es mala. Karen es una señora que debe estar a punto de jubilarse y que, cuando lo haga, todos lamentarán. Karen es profesional, seria, generosa, agradecida, elegante, directa, sincera y afectuosa. Karen es la profesional que a mí me gustaría ser en unos años: habla de cualquier tema y nunca mete la pata. Su experiencia viajera y profesional le ha abierto la mente hasta unos límites insospechados, unos límites tales que hacen que trabaje con una sonrisa siempre dispuesta, un gran sentido del humor y un interés constante por todo lo que hace, toda la gente que la rodea y todos los momentos. Nunca se le escapa nada.

Karen es inteligente. Con una inteligencia brillante pero no deslumbrante. Irradia elegancia y dan ganas de permanecer a su lado, para aprender, para contagiarse de su elegancia y sus ganas de hacer bien las cosas. Trabaja en el departamento de música y quizás el estar rodeada de artistas le haya aportado una sensibilidad especial que no había visto en un profesional desde que volví de Salamanca, ese lugar lleno de hombres y mujeres elegantes e inteligentes.

El día que conocí a Karen, pero de verdad, cuando hablé con ella y ella habló conmigo, cuando se interesó por mi trayectoria, por mi país, por mi educación, por lo que quiero hacer con mi vida. Ese día, recuperé la esperanza en los Seres Humanos con mayúscula, en el placer por la vida, en el trabajo bien hecho y en el conocimiento per se. Me di cuenta de que siempre hay lucecitas que nos guían hacia el camino que queremos tomar y que no están tan lejos como nosotros habíamos imaginado.

8 de febrero de 2012

San Valentín


¿Qué invento es ese de San Valentín?

Debe ser algo muy importante, porque algunas de mis compañeras le dedican sus clases, sus esfuerzos y su aliento para inflar globos rojos y decorar así sus despachos. 

Hablan de anillos de cristal de Swarovski, de corbatas de Burberry de 85 libras, de cajas de bombones, viajes románticos y mil cosas más.

¿Es San Valentín la máscara del amor? 

Una semana antes de la celebración del día en cuestión, las preguntas sobre cómo pasar el día se repiten, los bombones se reparten y los despachos se vuelven rojos, del color de una pasión rancia y comercializada.

7 de febrero de 2012

Conocimiento y felicidad

Vano es el conocimiento que no sirve para aliviar un dolor humano.
Epicuro

6 de febrero de 2012

Ser feliz

Ayer le oí decir a un filósofo que la vida es ese espacio de tiempo que ocurre entre dos nadas y que por tanto, tenemos que dar lo mejor de nosotros mismos, tenemos que ser epicúreos y disfrutar de los placeres de la vida de forma prudente y racional. Vamos, que nos queramos y busquemos nuestra felicidad. Que seamos egoístas y utilitaristas porque buscando la felicidad común, la compartida, lograremos la propia.

Me adhiero a ese pensamiento y me autoproclamo epicúrea. Hasta que me dure, que los que me conocéis sabéis que soy un poco chaquetera de filosofías.

Aquí una lista de consejos, como "El decálogo de Manuel", del que hablaba hace unos días, para ser felices. 

5 de febrero de 2012

"Hay que globalizar la libertad"

Te invito a 30 minutos de paseo filosófico, de la mano de uno de los grandes pensadores españoles de los últimos tiempos, Emilio Lledó.

Pincha aquí para acceder a la conversación con el profesor Lledó.

3 de febrero de 2012

Bloomsbury


Antes de mi viaje a Asia, mi amigo M. me sugirió la idea de fotografiar las alcantarillas de los países por los que pasara, con mi pie presente, supongo que para dejar constancia de que yo había estado ahí. Lo de la alcantarilla no lo entendí bien, pero luego me explicó que normalmente las alcantarillas llevan grabado el nombre de la ciudad a la que pertenecen y que esa sería una forma cool de retratar mi viaje. La idea me hizo gracia, pero no pasó de ahí, una anécdota simpática. Preferí fotografiar los cielos y los horizontes antes que lo terrenal, tan cercano a lo inmundo.

No había vuelto a pensar en las alcantarillas hasta la semana pasada. Fue justo hace una semana, el viernes. Había ido con E. a ver tocar al cuarteto de cuerda al que pertenece K. Salí del edificio fascinada. Por la música. Y también por el entorno: pleno Bloomsbury. Para un turista común quizás Bloomsbury pase un poco desapercibido, pero para alguien fascinado por la literatura inglesa -o escrita en la Inglaterra- de los años 20 del siglo XX, Bloomsbury es más que eso. Bloomsbury es Virginia Woolf. Pero Bloomsbury también es el Museo Británico, la Biblioteca Nacional de Gran Bretaña, Russel Square, el color blanco de las fachadas, una arquitectura impecable... Y para mí, en particular, el café que me tomé con M. cuando las fuerzas desfallecían, la primera vez que estaba en Londres. Ese mismo día compartimos una canción que se convirtió en el himno de nuestra amistad.

Para mí Londres es Bloomsbury, más que Victoria, los cielos grises, la lluvia, el Big Ben, los autobuses o las cabinas de teléfono rojas y la gran noria que se impone majestuosa a las orillas del Támesis. No diré que Bloomsbury es más Londres que el Támesis. Eso no. Pero Bloomsbury es muy representativo de lo que significa Londres, de lo que escribí en mi vocabulario mental acerca de esta ciudad que se va convirtiendo poco a poco en algo más familiar, aunque yo siga siendo una turista más en ella.

No se me olvidan las alcantarillas, lector; hablé de ellas al principio y sigo con ellas. Las alcantarillas de Bloomsbury son piezas de arte más, como lo son cada uno de sus árboles que parecen pintados en lugar de plantados. Las alcantarillas de Bloomsbury son grecas del suelo, son símbolos que decoran las calles haciendo bello lo que esperaríamos sucio o simplemente mundano. Las calles de Bloomsbury se convierten en improvisados tablones de geometría, o geoglifos en miniatura en mitad de la urbe.

Bloomsbury es todo eso. O simplemente eso.


2 de febrero de 2012

La poesía es un arma cargada de...

... vida.
... furia.
... futuro.
... paz.

1 de febrero de 2012

Ropa y poder

En mi colegio a los hombres se les obliga a llevar chaqueta y corbata.

Algunas de las mujeres que trabajan en mi colegio llevan vaqueros y zapatillas.

31 de enero de 2012

Odio


"Hay momentos en los que me repugna tener cara, nariz y labios, porque él también los tiene".

Herzog, Saul Bellow

Vergüenza

¿La vergüenza tiene algo que decir? La vergüenza, en su silencio, habla por sí misma. Y yo hablo de la vergüenza que nace cuando uno se da cuenta de lo que ha hecho mal.

Me gustaría que la vergüenza trajera palabras de disculpa. Pero así están las cosas: la vergüenza se esconde tras la coraza y solo trae un silencio sucio y lleno de culpa.

30 de enero de 2012

"Sé elegante, especialmente en las situaciones adversas"


No sé cómo se llaman las listas de consejos de buen funcionamiento del alma que contienen más de diez puntos. Dice la RAE que, aunque no sean diez, son decálogos. Así que me referiré a esta lista de veinticuatro "normas o consejos" a la que voy a mencionar aquí, como el decálogo de Manuel.

Pues bien, el punto 16 del decálogo de Manuel dice eso: "Sé elegante, especialmente en las situaciones adversas". Creo que Manuel se está especializando, poco a poco, en elegancia y belleza. La estética, en general, la de fuera y la de dentro, ha sido un tema recurrentísimo en la extensa historia de su blog, desde aquel famoso tratado sobre la mierda, hasta sus últimas entradas, muy centradas en el feminismo y la mala enseñanza del término. 
Cuando leí el decálogo de Manuel la semana pasada, hice dos copias: pegué una en mi despacho, a la vista de los alumnos más curiosos y de mí misma, y dejé la otra cerca de mi sitio de trabajo en casa, un papel sobre una pila de libros que me recuerda que soy un ser humano y que tengo valor en mí misma por mi humanidad. 

¿Por qué digo esto? Porque en los últimos días, leyendo las entradas de Manuel sobre el feminismo y considerando el tema con alumnos, compañeros de trabajo y amigos, he empezado a sentir que el mundo malinterpreta el concepto y no solo eso, sino que le da la espalda a la idea de feminismo confundiéndolo con lo que algunos han dado en llamar "hembrismo". Profundizando un poco más sobre la idea con mi amiga B., compañera del colegio, profesional indiscutible, mujer de garra y homosexual, he empezado a replantearme el valor que se nos da a las mujeres en el colegio. He añadido la etiqueta de homosexual para definir a B. porque creo que no sólo es algo con lo que ella misma se define, sino que es fundamental para entender algunos de los comportamientos que su sola presencia despierta. Ella misma me ha confesado que su abierta homosexualidad ha empezado a no serlo tanto desde que trabaja en el colegio. Parece ser que aquí pierde valor su profesionalidad, su destreza y su fuerte personalidad en cuanto se menciona la orientación sexual. Porque a las lesbianas se les atribuyen cualidades tradicionalmente atribuidas a los hombres, entonces es normal que una lesbiana sea tan profesional como un hombre, tan diestra como un hombre y con una personalidad tan bien desarrollada como un hombre. Pamplinas. Yo a eso lo llamo sexismo y homofobia.

El asunto es que antes de hablar más largo y tendido con ella sobre este tema, no me había parado a pensar en él. Sí que es cierto que desde el principio llevo observando como a mis homólogas francesas se les trata como puros objetos de una belleza indiscutible para algunos, muy discutible para mí. La belleza no es solo un rostro bonito, la belleza tiene sus raíces en el cerebro. Cada vez lo tengo más claro. El caso es que siempre he tratado de disociar los conceptos asistente de conversación y cara bonita. Me he mantenido siempre al margen del piropo fácil y he querido que me traten por lo que soy, no por cómo soy -por fuera, entiéndase-. Y he observado con total indignación como decenas de veces se nos ha dado la espalda a otras compañeras y a mí por no tener piernas esculturales, la sonrisa siempre dispuesta y un comentario gracioso y carente de sustancia que decir. 

Lo que al principio me parecia una falta total de respeto hacia nuestras personas y un derroche de mal gusto y machismo por parte de ellas y de quienes han estado dispuestos a recordarles lo guapísimas y divertidísimas que son, se ha convertido en los últimos días en la certeza de que las mujeres competentes con las que me rodeo son tratadas con indiferencia. Por el mero hecho de pertenecer al grupo "asistente de conversación" se me ignora. Se me ignora porque parece que el único valor positivo que sirve en el grupo es la cara bonita, la minifalda y el escote que enseña el sujetador. Repugnante, sí señor. Pero asisto a este espectáculo a diario. Y me siento estúpida por no haber sido plenamente consciente de ello hasta hace prácticamente una semana. Ahora lo veo todo más claro. Y estoy más indignada.

En los últimos tiempos he asistido a un proceso de devaluación de mi persona que no había experimentado nunca. Es cierto que no todo el mundo en el colegio es así, simplemente mi departamento, la gente con la que tengo que pasar más tiempo. Es cierto que mi posición es difícil porque no soy hablante nativa, porque no tengo la rapidez y el ingenio en inglés que tengo en español. Es cierto que muchas veces me callo porque temo actuar precipitadamente en una cultura que tanto y tan poco se parece a la cultura en la que me he críado. Pero también es cierto que tengo la sensación de que se está desaprovechando mucho de lo que yo puedo aportar al colegio. Valor humano desperdiciado por un jefe que, a estas alturas de la película, ya no sé si es sexista, se siente amenazado, es simplemente ignorante de la situación o está despistado. Tras la última falta de interés por su parte he decidido empezar a jugar sucio, hacer la guerra por mi cuenta, moverme libremente por el colegio, asociarme con los buenos

He acuñado para mí misma el concepto "Women power" y he decidido dar yo la espalda a los hombres y a estas mujeres objeto que viven aquí conmigo. Hasta que el decálogo de Manuel se me ha aparecido frente a mí, cuando los ojos estaban a punto de llorar por la rabia y la angustia de quien se siente menospreciada. He llegado al punto 16, Sé elegante, especialmente en las situaciones adversas. Lo he releído, me he quedado colgada de la idea, la he paladeado durante un rato. Me he repensado. He repensado a mi jefe y mi idea de darle la espalda y hacer la guerra por mi cuenta. El mandamiento 16 se me ha quedado atascado. No he pensado en trajes de seda, zapatos de tacón y peinado de peluquería. He pensado en la elegancia que mis padres me inculcaron, la del respeto, la de la buena educación, la que hace quedar siempre por encima, a pesar de haberse sentido diez minutos atrás como un insectito pisoteado. Y he decidido ser elegante. Porque esta es una situación adversa. Pero ya lo veo todo claro, ya estoy al tanto de ello, ya se me cayó la venda de la indiferencia. Ahora, seguiré por el punto 23.

"Construye aquello que no existe, como la vida, el amor...". La igualdad y el sentido común.


28 de enero de 2012

Pasión


La que atravesaba la pantalla cuando vi el documental sobre los hallazgos arqueológicos encontrados en las Midlands inglesas. Pasión al mirar las piezas. Pasión al hablar de ellas y mostrárselas a la cámara. Pasión por el trabajo de uno.

Pasión. La que invadió la sala de conciertos donde K. y su cuarteto de cuerda interpretaban una pieza de Haydn y otra de Mendelssohn. La que salía a raudales del magnífico cello. La del violín primero y el segundo. La de los niños sentados en la primera fila de la sala, público inigualable.

Pasión. Con la que yo misma miraba, con ojos de quien se siente renacer, un ejemplar del siglo XVII de la Biblia traducida al inglés del rey James. O uno de los manuscritos de los Canterbury Tales. Y con la que la mente anotaba palabras nuevas de religiones nunca antes oídas para buscar después la información en casa.
Pasión. La de B. cuando habla de sus nuevos proyectos en género. Del documental que va a proyectar en el colegio sobre feminismo, para que todos aprendamos.

Pasión. La de las lágrimas de L. cuando hablaba del amor de su vida, ese que cree que se le escapa de las manos. Pasión la que empleaba para describirlo, sin falla, con las palabras más hermosas, la gramática más perfecta. Porque había pasión en el discurso.

Pasión. Esa con la que F. canta, lanzando su voz al viento, sintiéndose libre, plena, feliz. Esa con la que nuestros oídos la escuchan, sintiéndonos libres, plenos, felices.

La pasión no se describe, se siente cómo brota de las personas, es un arranque de eso: libertad, plenitud y felicidad. Cuando uno es apasionado es pleno, porque sabe qué quiere y por qué lo quiere. La pasión se asoma raramente por los lugares de trabajo o los hogares. La pasión no se huele o se ve de un vistazo rápido. Creo que uno tiene que entrenarse para apreciar la pasión en los demás, ser sensible a la sensibilidad ajena. Es maravilloso saber que la pasión existe, anhelarla y experimentarla, hablar de ella, descubrirla en unos ojos, en un discurso, en el abrazo entusiasta del que se sabe pleno.

Pongámosle pasión a nuestras vidas. Vivamos con pasión. Como la que debió de emplear Mendelssohn cuando compuso esto:


Como la que inundó ayer la sala de conciertos. Y ahora inunda el rinconcito desde el que escribo estas líneas.

Adicciones

El café.
La Venus de Velázquez.
Insultar a Esperanza Aguirre cada mañana al leer las noticias. Por el desahogo.
Dos mandarinas al día.
Tracy.
El sol de Londres.
Los soles de Turner.
El cielo rosa de las cinco.
El regaliz negro.
Planear cosas que nunca sucederán.
Los violoncelos.
Los abrazos.
Facebook.
Scrabble.
Dormir.
Hablar contigo.
Escribir a L.
La belleza.
Las bibliotecas.
Acumular libros.
Dormir los cinco minutos más de cortesía.
Hablar sobre las limitaciones del lenguaje.
Escuchar "I am a rock", de Simon y Garfunkel cuando conduzco.
La risa.
Su risa.
Comparar el italiano y el español a cada traducción literal pronunciada por F.
Mirar la postal de San Sebastián antes de dormir.
El queso.
Crear reglas propias para romperlas al día siguiente.
Acumular citas en libretas, trozos de papel suelto o el móvil.
Galicia.
Ismael Serrano y "Recuerdo".
Pensar: "¡Qué pena no haber traído la cámara! Ahora podría fotografiar esto!
Fotografiar lo bello.
...
...
...

¿Y las tuyas?

26 de enero de 2012

Chocolate y una guitarra


La dieta que quiere matar los excesos de las Navidades y el queso diario del primer cuatrimestre, también me está matando el ánimo. No lo sabía, pero los cuerpos se resienten sin azúcar y sin pan. Y el cerebro también, trayendo una nubecilla de pesimismo y tristeza inesperados. He anulado el teatro de la tarde y he saboreado una chocolatina que quedaba bien guardada en un rincón de mi habitación. El color ha vuelto a mi rostro. Después F., con toda su dulzura italiana que sabe esconder muy bien pero que brilla cuando la deja escapar, ha agarrado su guitarra y ha cantado para mí. Yo estaba tendiendo la ropa y se me caía una lagrimilla a causa de esta nostalgia boba de la comida. Y ella ha bajado su guitarra, se ha sentado en el suelo y ha empezado a cantar y a tocar.

No es que de repente haya recuperado la fuerza. De repente, me he visto a mí misma siete años atrás, en Salamanca, en la residencia. F. podría ser M., C. o L. Da lo mismo, en los momentos bajos, quien te hace bien tiene una sola cara, unos mismos ojos. La sangre ha vuelto a circular con azúcar, se me acumulará un poquito de grasa por algún rincón del cuerpo y quizás la reacción cutánea haga también su aparición en un par de días. Escucharé la canción que F. ha tocado para mí durante semanas. Escucharé todas las canciones de esta cantante durante semanas. La escucharé tanto que quizás se me olvide la voz de Tracy Chapman. 

Y dentro de dos meses, o tres, o cuatro, cuando la nostalgia vuelva a apoderarse de los cuerpos, recordaré que la combinación chocolate-guitarra trae de nuevo ese brillo, la alegría de la vida.

24 de enero de 2012

Martes

Mi odio hacia los martes es directamente proporcional a mi amor por los lunes. Nadie lo entiende. No pretendo que nadie lo entienda. Los gustos son así, aleatorios y caprichosos. Me gustan los lunes. Los lunes al sol, los lunes de octubre, los lunes que arden como el petróleo. Me gustan todos los lunes de la literatura, los lunes de la luna, los lunes que son redondos porque son el comienzo del mundo.

Los martes, sin embargo, son barreras de horas impenetrables. Se atragantan en el comienzo de la semana, se enredan entre las ideas y los buenos pensamientos del lunes. Son antesala de la felicidad, sí, la felicidad que es los miércoles, pero también son tedio.

Hoy estoy dispuesta a no soportar el tedio, sino a combatirlo. Y qué mejor manera de hacerlo que disfrutando con esta llovizna cálida de hoy, trabajo -mucho trabajo- y por fin Neuman, para el que he estado esperando un poco más de una semana. Es hora de Hacerse el muerto.


23 de enero de 2012

Concentrarse para salir de la realidad

Grofus from Dominic Reynolds on Vimeo.


Un compañero de trabajo acaba de dar un concierto de más de media hora de lo que acabas de ver. Es percusión electrónica. 

R., el percusionista, estaba concentrado, inmerso en su mundo personal de música. Tan concentrado que sus brazos llevaban ritmos diferentes, ejercicio físico y mental que no lograré conseguir hacer en la vida. Demasiada concentración. Una concentración que nos ha transportado a los otros fuera de la realidad. 

Dice mi amiga L. que existe una línea que divide la vida de la no-vida y que, a veces, se puede traspasar. Será porque yo aún no la he pasado ni deseo pasarla nunca, pero no creo en esa diferenciación, en esa vida. Sí creo en que la realidad está formada por realidades. Que la realidad de la música, de un espacio oscuro donde sólo se ven unos brazos golpeando una batería y música que te trasporta a otra dimensión, que eso sí existe. Creo en la realidad fuera de la realidad porque he estado en ella hoy mismo, durante algo más de treinta minutos. Jorge Volpi habla de que todo lo que vemos, sentimos, o hay a nuestro alrededor es pura ficción, es nuestra inventiva, producto de la mente. No hay realidad para él, entonces, sólo ficción. Pero, ¿es que nuestra vida es una ficción formada por ficciones paralelas? Posiblemente. Los argumentos que se entrelazan, las escenas que se repiten, las personas que amamos simplemente porque las hemos creado como nosotros queremos que sean.

Sea como sea, en la realidad, la ficción, la realidad paralela o la ficción paralela, la música siempre consigue llevarnos a otros rincones. A los rincones ocultos de la novela que escribimos a diario, a los rincones perdidos. Simplemente hay que concentrarse para salir del aquí y ahora abriendo muy bien los oídos y la mente.

Vive la vida.


Arriesga. Di la verdad. Sal con la persona que menos te conviene. Di no. Gasta todo tu dinero. Trata de conocer a cualquiera persona. Sé cualquier persona. Di te quiero. Canta en voz alta. Riete de los chistes malos. Llora. Discúlpate. Dile a alguien lo mucho que te importa. Dile a un estúpido lo que piensas de él. Riete hasta que el estómago te duela. Vive la vida. No te arrepientas de nada.

(Traducción muy libre hecha por mí misma).

22 de enero de 2012

Egoísmo


Me encantaría saber dónde reside el egoísmo, en qué parte del cerebro. Y si está cerca o lejos de la generosidad y de la gratuidad. Me gustaría saber si el espacio que la naturaleza le ha asignado a uno y a otro es el mismo. Porque tengo la sensación de que los cerebros están evolucionando haciéndole ganar espacio al egoísmo, matando todo resquicio de generosidad. 

Me encantaría saber si los primeros homo sapiens eran más egoístas o más generosos, si la civilización y la cultura nos han despojado de egoísmo o nos han recubierto de él. No sé si es el siglo XXI, la educación, la cultura de masas o el todo vale, pero observo con tristeza cómo las sociedades van acercándose cada vez más a lo que yo llamaría asociedades, espacios mentales o reales -ya no lo tengo muy claro- hechos por personas pero no para el resto de las personas, sino simplemente buscando el bien propio.

Me encantaría saber si se puede luchar contra el egoísmo de forma eficaz. Si la generosidad se aprende y si se puede enseñar. Me encantaría rodearme de personas que no fueran egoístas, que no pensaran sólo en ellos mismos y que pensaran en los demás con cariño, buscando su bien, el bien común; no como meros objetos de simple conversación.
Estamos rodeadeados de las personas más egoístas que existen en el mundo. Pero afortunadamente, también aparecen luces maravillosas dándolo todo de sí mismos para los demás, sin nada a cambio. Debe ser que la vida funciona así, siempre mayor porcentaje de lo malo que de lo bueno, para apreciar más lo bueno, para quererlo más, para retenerlo con nosotros en un ejercicio que intuyo también es de egoísmo.

21 de enero de 2012

Soundtrack for London, Tracy

Lo reconozco, me engancho a las cosas con rapidez y total naturalidad. Lo que empieza siendo un placer fugaz y repentino lo convierto en una rutina adictiva.

El queso. El café. Scrabble. O facebook. También tu sonrisa. La palabra “sí”. Sacar la cámara cada vez que el cielo está rosa: en Londres a las 5, en España a las 6. Su nombre. “Recuerdo”, de Ismael Serrano. O el primer poema del poemario “Four Quartets” de T. S. Eliot. Los abrazos españoles. El blog de un buen amigo. Tracy.

Con Tracy todo empezó de forma muy inocente: un par de canciones en una voz hermosa, un tanto híbrida entre hombre y mujer, una voz cálida y algo reseca a la vez. Una canción y atada a ella de por vida. O al menos cuatro meses atada a ella. Siempre tiene una palabra para cualquier situación, siempre hay una melodía que te empuja a la reflexión, o te hace moverte por fuera para sacudirte por dentro. Cada semana una canción diferente es mi favorita. Esta semana tiene que ver con la lluvia y va muy a tono con el clima, con el de fuera y el de dentro. Y tiene que ver con tener esperanza, con, como dice mi amigo Manuel, no cerrarle la puerta a la vida, sino dejar que la lluvia limpie todo lo feo y sucio. La canción dice “Give me hope”, pero no creo que nadie nos tenga que dar la esperanza, simplemente debe estar ahí. Siempre presente. Como el amor a la vida. Como el amor a Tracy, al café y a Scrabble.

19 de enero de 2012

Fotografía, blog y el color blanco


Cuando era pequeña solía jugar con mi madre a algo que me encantaba: relacionar colores con nombres propios. He seguido haciéndolo hasta la actualidad y a veces me descubro poniéndole color a los nombres de mis alumnos cuando escribo las listas de evaluación.

Igual que a los nombres, también les he asignado color, a veces, a los días de la semana, los meses u otros conceptos invisibles. Enero siempre ha sido blanco. Y no precisamente porque haya visto nevar mucho en enero. Simplemente el color blanco es un color simple, tan simple como una e seguida de una n seguida de una e y así sucesivamente. Porque los colores los asocio a la combinación de las letras que forman la palabra que designa el mes. Ah, ¡la mente!

Este enero, además, está siendo metafóricamente blanco. No solo tengo el blog abandonado, tengo mi cámara abandonada, guardada en su funda, dejando pasar los espectaculares cielos de este enero londinense. Cuando volvía a casa del colegio, admiraba los azules, amarillos y rosas que se difuminaban lentamente tras las ramas desnudas de los árboles que marcan el camino a casa. He estado a punto de correr a casa, sacar la cámara y disparar. Pero el blanco de este enero me ha vuelto a paralizar.

No sé si tiene que ver el periodo de re-adaptación a Londres, al idioma, a mis amigos, a las circunstancias que se mantienen y no recordaba y a las que recordaba y van cambiando poco a poco. El hecho es que me siento un poco vacía de cosas que contar. Quizás me he ido despojando de esa necesidad de contar que tenía hace meses o años. Quizás, también, otros soportes como facebook hayan sustituido el placer que antes sentía por escribir.

No escribo en el blog, no fotografío, estoy un poco anestesiada por este frío extraño de Londres. Leo, eso sí. Y disfruto enseñando, hablando de las cosas que creo que sé, descubriendo nuevas palabras en inglés y retomando el placer por escribir e-mails. Porque igual que Moses Herzog, el protagonista de la novela que estoy releyendo, siempre tengo algún pensamiento que anotar en cualquier trozo de papel que aparezca en los bolsillos, en el recuadro pequeño de un e-mail o en el hueco de facebook que me dejas para responder a los tuyos.