6 de octubre de 2009

Enganchada

¿Qué nos pasa a los seres humanos que necesitamos engancharnos a algo? A algunos les da por atentar contra su salud y engancharse al tabaco; a otros, por la comida basura. Una vez tuve una profesora que nos confesó que, en una época de su vida, se enganchó al caldo de pollo, y que por eso nunca había probado ningún tipo de droga (aparte del tabaco), porque tenía miedo de acabar metiéndose de todo en cualquier parte.

Hay otros que se enganchan, como parásitos, a otra persona. A sus hijos, a sus padres, a sus parejas, a sus amores platónicos, al sueño que tuvieron hace dos semanas, al programa de televisión que les muestra la basura y la infelicidad de las vidas ajenas...

Mis alumnos están enganchados a juegos de videoconsola, a series dirigidas a adolescentes, al messenger, al tuenti,... Es curioso, ninguno ha confesado estar enganchado a la música o a la lectura. Y yo estoy segura de que leen y de que escuchan música.

Yo he estado estos meses atrás desenganchada del blog, y ahora me he reenganchado. En ese tiempo estuve enganchada al FB (desde la distancia no se ve tan interesante) y a mis ensoñaciones. Ahora, sigo con mis ensoñaciones y he acabado enganchándome a una serie de televisión de esas que sólo pueden verse ya por internet. Decía otro profesor que tuve que las personas consumimos ficciones. Buscamos Algo que perdimos hace mucho tiempo y que sólo podemos saciar con el juego, y que cada uno entienda el juego a su manera. Huizinga dijo en uno de sus famosos ensayos que el ser humano actual debería definirse como homo ludens.

En fin... sin juegos, sin estar enganchados a algo que sacie nuestros apetitos más primitivos, ¿qué sería de nosotros?

5 de octubre de 2009

Cambiar de aires



Oficialmente (lo dice la RAE), cambiar de aires es 'cambiar de residencia'. Entre tú y yo, cambiar de aires puede ser muchas otras cosas. Cambia de aires el que se escapa un fin de semana a la sierra para descansar de toda la semana. Cambia de aires el que, harto del lujo de su vida, decide entrar de voluntario en cualquier asociación que requiera de sus servicios. Cambia de aires el que estructura su mente de otra manera. Yo hoy comienzo un cambio de aires incorporando a mi organización mental un nuevo idioma. Tras meses de dudas, incentivos internos y externos, un estupendo viaje y un pequeño cambio de mentalidad gracias al desfase cultural de hace unos meses, he decidido apuntarme a estudiar alemán. Un cambio de aires.

Desconectar de la vida de aquí. Descubrir la versatilidad de los músculos fonadores. Aprender que uno es capaz de hacer lo que se proponga, incluido pronunciar tres consonantes juntas al inicio de palabra. Y lo más importante, tener la certeza de que en una vida hay cientos de vidas.

Hoy he aprendido algo esencial (y no han sido los números en alemán): todos somos capaces de todo. Si he podido pronunciar zwei, podré sacar adelante a mis chicos de apoyo de segundo. Aunque ello requiera tiempo. No hemos nacido aprendidos.

4 de octubre de 2009

Para viajeros (in)constantes. También para los que hacen el viaje definitivo.

Todos saben que las aves migratorias
siempre encuentran el camino de regreso


3 de octubre de 2009

Cajas. Tesoros.

Cuando era pequeña no leí La isla del tesoro. En realidad no leí de pequeña nada de la literatura de aventuras escrita para niños y adolescentes en los siglos XIX y XX. Cuando uno no consume esa literatura de pequeño, luego le cuesta hacerlo de mayor. Tiene algo así como unas carencias literarias básicas que intenta suplir con las lecturas de adulto, aunque el resultado no es el mismo. De pequeña no leí nada de Verne y muy poco de los hermanos Grimm o de Charles Dickens. Lo que yo hacía de pequeña era ir a la biblioteca y beberme los libros de la colección del Barco de Vapor, de los que hoy en día recuerdo bien poco.

El caso es que a pesar de esa carencia literaria, siempre me han fascinado los tesoros. Supongo que a cualquier niño le fascinan los tesoros. De pequeña siempre escondía cajitas con monedas, cromos o juguetes y me olvidaba de ellas hasta que, meses después, aparecían en cualquier cajón o armario, o incluso bajo los cojines de un sofá. ¡Era fantástico descubrir esos mini-tesoros escondidos en cualquier parte de la casa!

Conforme fue pasando el tiempo y me hice mayor, cambié mi afición de esconder las cosas por la de guardarlas. Fue, creo, en la adolescencia cuando descubrí las cajas. En cuanto veía una caja de un material diferente o un diseño un poco fuera de lo común me apropiaba de ella y la llenaba de cualquier cosa: pinturas, postales, fotos, recortes de prensa, números de teléfono, bolígrafos, velas... lo que fuera. No importaba el contenido, siempre fue más importante el contenedor. Así hasta hoy, que mantengo esta afición, aunque le dedico menos tiempo y esfuerzo que antes.

Hoy me ha dado por abrir una de esas cajas. Si digo la verdad, a veces tengo miedo de abrirlas, siento algo así como lo que debió de sentir Pandora cuando de su famosa caja salió aquella cantidad de cosas prohibidas. A mí el miedo me entra antes. No sé qué voy a encontrar. A veces no sé si estoy preparada para encontrar. Hoy ha ocurrido algo así. Una fuerza tiraba de mí para abrirla; otra, para que no lo hiciera. Pero al final la he abierto.

Varias postales de Alemania y de Santander. Un estuche con un bolígrafo. Una carta de un antiguo novio. Y las fotocopias de algo parecido a un poemario. Recuerdo perfectamente la primera vez que las vi. Las tenía mi madre por alguna parte y yo me apropié de ellas. Entonces, no me fijé en los versos, ni siquiera me interesó averiguar quién las había escrito. Nunca hasta hoy había sentido curiosidad por esas fotocopias viejas de un libro antiguo. Me he puesto a intentar organizarlas, porque estaban muy desordenadas, muchas de las hojas repetidas y sin título ni autor por ninguna parte. Mi madre ha visto el jaleo que había organizado tratando de aclarar un poco el mini caos de esas páginas y ha recordado cuando hizo las fotocopias, aunque ni ella siquiera ha sido capaz de traer a la memoria al autor de los versos. Tras unos minutos de reorganización de las páginas, he descubierto, entristecida, que no estaban todas, que había páginas sueltas y que las fotocopias del libro en cuestión comenzaban en la página 106. Y estas son las palabras:

A Franco uno muy especial le está limpiando las botas
todavía, con la venia y la bula del Sumo Pontífice...
Aquí arriba, en este continente, los yankis levantaron
más alto que de costumbre su viejo slogan inglés Gold's
country
. Pero ya sabemos quién es este Dios: una divinidad
antiséptica y esterilizada que no se propaga...
una especie de malaria muerta...
Todos los espías, todos los traficantes de pólvora y todos
los canallas del mundo llevaban a Dios en el bolsillo.
Todos tenían su Dios... ¡Todos!
El escarnio y la ignominia...
el crimen...
la cobardía y la injusticia.
¡Las babas y la Sombra!
¡Sólo los republicanos españoles no teníamos Dios!


Estas palabras me han llevado a internet y en seguida he podido comprobar que es León Felipe el autor del libro. Mi madre lo ha confirmado echando la cabeza hacia atrás, recordando. Yo, entonces, he pensado en qué le llevaría a mi madre a fotocopiar este libro. Por qué lo hizo. Por qué no soy yo capaz ahora de olvidarme de estas páginas amarillentas y tirarlas a la basura como algunos de los papelotes que estaban en esta misma caja.

León Felipe. El poeta prometeico del que nos habló Antonio Sánchez Zamarreño en una de las primeras clases de literatura a las que asistí en la universidad. De forma extraña, entre mi madre y yo se crea un vínculo literario hermoso. Y yo, que había olvidado todo de estos últimos años, recuerdo una vez más la imagen del hacha de León Felipe de la que tantas veces nos habló Zamarreño.

“A los caballeros del Hacha, a los cruzados del rencor y del polvo… A todos los españoles del mundo”. L.F.

* * * * * *

León Felipe

¿Por qué habéis dicho todos
que en España hay dos bandos,
si aquí no hay más que polvo?

En España no hay bandos,
en esta tierra no hay bandos,
en esta tierra maldita no hay bandos.
No hay más que un hacha amarilla
que ha afilado el rencor.

Un hacha que cae siempre,
siempre,
siempre,
implacable y sin descanso
sobre cualquier humilde ligazón:
sobre dos plegarias que se funden,
sobre dos herramientas que se enlazan,
sobre dos manos que se estrechan.

La consigna es el corte,
el corte,
el corte,
el corte hasta llegar al polvo,
hasta llegar al átomo.
[...]
Aquí no hay más que átomos,
átomos que se muerden.
[…]
Vuelan sobre tus torres y tus campos
todos los gavilanes enemigos
y tu hijo blande el hacha
sobre su propio hermano.
Tu enemigo es tu sangre
y el barro de tu choza.
[...]
Y el hacha cae ciega,
incansable y vengativa
sobre todo lo que se congrega
y se prolonga:
sobre la gavilla
y el manojo,
sobre la espiga
y el racimo,
sobre la flor
y la raíz, sobre el grano
y la simiente,
y sobre el polvo mismo
del grano y la simiente.

Aquí el hacha es la ley
y la unidad el átomo,
el átomo amarillo y rencoroso.
Y el hacha es la que triunfa.

* * *


Las cajas, los tesoros, la literatura... En el fondo, no soy tan diferente de aquella niña que solía guardar monedas para encontrarlas más tarde.

2 de octubre de 2009

Visitas inesperadas

Desde Chile.
Desde Salamanca.
Desde California.

Ayer recibí más de cincuenta visitas. Tal cantidad de visitas hizo que me sonrojase. Hacía tanto que no le dedicaba tiempo al blog, que no recordaba la alegría de mirar en la barra de la derecha todas las visitas recibidas.


Las mejores visitas, igual que los mejores regalos, son las que no te esperas. Llaman a la puerta y se enciende solo el calor de un hogar, aunque sea un hogar escrito con un código binario que sólo los muy inteligentes han logrado descifrar.

1 de octubre de 2009

¿Qué pasa en el mundo?


No es una pregunta retórica. Me pregunto qué pasa en el mundo porque llevo unos días en los que yo paso por el mundo, pero el mundo no pasa por mí. Eso significa que no sé qué está ocurriendo en el mundo. O quizás sería más acertado decir que no sé qué es lo que dicen los medios de comunicación que ocurre en el mundo. Porque la mayoría de las veces, las cosas realmente importantes, las que nos producen el desconsuelo mayor, no se ven, no se nos muestran.

Ahora vivo un "momento Ego" que me tiene absorbida de la vida en sociedad. Esta mañana he oído algo de un terremoto pero no sabía de qué se trataba. Tras la vuelta a casa he comprobado que al menos 529 personas han muerto en Sumatra. Yo paso por el mundo, pero el mundo no pasa por mí. Y esto del terremoto es solo un ejemplo. Hay temporadas en las que uno se convierte en un ovillo de lana y sus sentidos relacionados con la socialización quedan en el cabo interno del rollo. Y aquí por socialización me refiero a interacción e integración con y en el mundo.

¡Qué pena estas temporadas de sequía social universal! ¡Qué rabia por esa llamada que no acabo de hacer, ese e-mail que he dejado de escribir y por ese par de horas que no dedico a intentar descifrar qué es lo que pasa en el mundo! Porque aunque en nuestras veinticuatro horas de soledades y colectividades no ocurra nada realmente interesante, sigue habiendo vida ahí fuera. Al mundo le sigue creciendo el pelo.

30 de septiembre de 2009

Las SS: Sabina en Salamanca

Pues sí, despierto del letargo por Salamanca y por Sabina.

Hace unos meses empecé a elaborar una serie en este blog sobre citas de Sabina. La intención era leer finalmente Joaquín Sabina. Concierto privado, escrito por un amigo. El libro lo tengo ya (desde hace tiempo). Me falta el autógrafo y que me vuelva a entrar el "momento Sabina". Se me hace grande el libro sin la pizca de mitomanía que ello requiere. Necesito dos tardes enteras, la discografía completa a mano y estar lo suficientamente atenta como para no dejar escapar ni una sola frase. Cuando tenga en mi mente esas palabras, seguro que vuelven las citas a este blog.

Sea como sea, resulta que me entero por varias fuentes, una de ellas anónima -aunque no tanto-, de que Sabina toca el 20 N en Salamanca. Y claro, me entran unas ganas tremendas de comprar la entrada, de tener de nuevo mi "momento Sabina" y de estar allí ese día. Por muchas razones: sería mi primera vez con Sabina, lo cual tiene su encanto; sería mi vuelta a la piedra castellana; sería el reencuentro con amigos... Pero, lamentablemente, no siempre querer es poder y es posible que no pueda estar allí escuchando a Sabina en noviembre. Así que, adelantaré la visita a octubre, llevaré hechos los deberes y disfrutaré de Sabina en una habitación que tiene dentro un bosque y una amiga. Si lo deseamos con todas nuestras fuerzas, seguro que sentimos que esas canciones siguen siendo solo nuestras.

Mío siempre será este boulevard de los sueños rotos. Y los sueños, sueños son.

20 de septiembre de 2009

La lluvia cae en soledad



de Celtas Cortos

Estos días me ha dado por escuchar de nuevo a los Celtas Cortos. Han estado en Parla en las fiestas y me he acordado de cuando los descubrí, cuando los escuchaba casi a diario y sus letras me hacían pensar. Hace mucho tiempo que no se escriben canciones en español sobre las que pensar. O para ser más exactos, hace mucho que no se da a las canciones para pensar la repercusión que deberían tener. La alegría de la vida o el amor son los temas más recurrentes en la música española actual que se escucha en la radio y en cualquier parte. Letras con poco contenido para reflexionar, letras que te dejan indiferente, letras para bailar, para tararear. Celtas Cortos, Revolver, Ismael Serrano, Tontxu, Pedro Guerra... canciones para pensar. Porque la música, igual que la buena literatura, no es sólo un regalo para los oídos, sino un impulso para el alma.

18 de septiembre de 2009

Las bibliotecas y el otoño

Creo que no hay mejor estación del año en la que acercarse a una biblioteca que en otoño. Uno entra en ellas mecido por el susurro de las ramas y las hojas de los árboles, esos últimos resquicios del verano que se bambolean igual que nuestros pensamientos. Uno también entra buscando el refugio del hogar, el hogar ficticio de los libros en el que encontrarse tan a gusto siempre.

Hoy he inaugurado la temporada de otoño de bibliotecas. Ha sido en Parla. Un camino lento de reflexión sobre muchas cosas, la lectura entre ellas. He entrado en la biblioteca, he saludado a la bibliotecaria y he ido derecha a las estanterías donde están las novelas. El primer impulso es siempre el mismo: agarrar el tomo de Manuel Rivas, Los libros arden mal, que tantas veces he tomado prestado y he traído a casa, y tantas veces ha sido devuelto sin leer. Tras el resoplido de resignación por la imposibilidad de leer más de seiscientas páginas en estos días de comienzos, me he lanzado a la búsqueda y captura de antologías de cuentos -¡hay que ser prácticos y pensar en los trayectos en tren y metro!-. Al final, he venido cargada con cinco libros -el máximo establecido-; dos de ellos sobre animación a la lectura. Los otros tres: Cuentos madrileños, La oveja negra y demás fábulas, de Monterroso y Tesoros y otras magias, de Cunqueiro.

He cogido un bus para volver a casa. Me gusta sentir el agua de la lluvia sobre los cristales de los vehículos mientras yo estoy dentro. Y aún más me gusta sentir la calidez de las páginas de un libro mientras fuera llueve y la gente se resguarda bajo paraguas, impermeables y marquesinas. Pensar en la lluvia de fuera y el calor de dentro me ha hecho pensar -una vez más- en la alegría de una vida gallega, con sus verdes y sus azules fuera y sus naranjas y rojos dentro, al calor de un buen libro, de un café de pota y de la imaginación cuando echa a volar.

17 de septiembre de 2009

La pérdida

Estamos llenos de pérdida, rodeados de ella por todas partes. Siempre perdemos algo. A veces, cosas sin importancia, el tercer boli negro de la semana, el tren a Salamanca. Lo que duele es cuando lo que pierdes es algo que te ha conformado como lo que eres. Cuando de lo que has perdido sólo te va a quedar el recuerdo feliz de los días de la infancia y adolescencia. Entonces hay que recurrir a la memoria, a las anécdotas y batallitas. Hay que convertirse de repente en un viejo de veinte años, como aquel en que se convirtieron los Celtas Cortos en "La senda del tiempo". Pero de eso vivimos, de presente y pasado a partes iguales. Eso somos. La pérdida nos constituye como seres materialistas. Si no necesitásemos de lo otro, de los otros, del Otro, no percibiríamos la pérdida. Pero está ahí. Es un hueco que se hace en el presente y queda anclado al pasado.

Vivimos con la certeza de la pérdida, pero aún así somos capaces de vivir felices. Eso es lo más fascinante del ser humano.


Voy a echarte de menos.

13 de septiembre de 2009

Historias mínimas en imágenes /2




Disimulaba, con languidez pretendida, que aquello no le interesaba nada. En realidad, le interesaba tanto que pensaba en la manera de robarles la idea sin que ellos se dieran cuenta.

11 de septiembre de 2009

Ideas

Gracias al idioma, sobrevivimos. Porque somos palabra, quién lo duda. El lenguaje es una bolsa de ideas, una metafísica que no tiene reglas, una propuesta que cada día es distinta.

Mario Benedetti, Vivir adrede.


¿Qué son las ideas?, ¿qué son las palabras?, ¿qué es el lenguaje? Relaciones. Igual que la amistad, igual que la fraternidad, la guerra o el teatro. Gracias al idioma, sobrevivimos, dice Benedetti. Lo que no dice es que por culpa del idioma también a veces estamos a punto de morir.

10 de septiembre de 2009

Cuando yo dirija una película

Está claro que no lo haré. Lo de dirigir películas no es algo que se me haya pasado nunca por la cabeza, ni siquiera me apetece. Pero, como probablemente le ocurre a mucha gente, a veces me siento en alguna parte y dejo que la vida pase como si fuese una película. Me ocurre sobre todo en el tren. Los trayectos de ida, en los que aún no pienso en el destino, se emborronan de caras desconocidas que llenan los vagones, una tenue luz del sol atraviesa la ventana y acaricia los ojos soñolientos. A mi lado, un chico guapísimo que parece salido de cualquier serie norteamericana de esas que arrasan tanto ahora. El olor es una mezcla de perfunes, jabones y ropa recién planchada. También me llega algo de aroma a café -es lo bueno de la vida real en oposición al cine, uno es más sensible a todo; incluso a los ojos verdes del chico que está sentado a mi lado-. Y también como en el cine una banda sonora inunda mis oídos. Es lo último que me descargué y puse en el mp3. Cuando las guitarras suenan fuertes, cuando la voz se hace más ronca y más profunda, se abren las puertas del vagón y entran veinticinco personas más de golpe. Más música, más sol, más ojos verdes, el aroma que emana el pelo reluciente de una pequeña de unos cinco años. Cuando yo dirija una película, existirá esta escena. Es la escena de la catarsis, de la música muy alta; de la chica que piensa en que se pasa la vida a unos pocos kilómetros, en la cama de un hospital donde alguien a quien quiere no tiene casi fuerzas para respirar y le inunda un calor repentino. El tren está abarrotado. El tren huele a gente y suena a Matt Nathanson. Esos ojos verdes no la miran a ella. Y ella piensa en el deber diario, en abandonar cualquier estudio absurdo y acompañar a quien quiere. Pero la realidad pesa más que todo eso. Se para el tren. La chica ha llegado a su destino y la canción ha terminado. La vida sigue aunque en una pequeña habitación de hospital alguien esté diciendo adiós.



love,
I'm aching to believe
give me something real enough
give me somewhere to fall from

'cause in the dark
I can't find my feet
built my world on promises
colorless and cold

I'm short of breath, I'm sure
gone, let it wash away the best I had
gone, and when I disappear
don't expect me back, don't expect me back

lost, sweetest things get lost
in the static far away
painted pictures of you
I fold
don't want to be holy then
don't want to be sold again
the way I was with you

I'm short of breath, I'm sure
gone let it wash away the best I had
gone and when I disappear
don't expect me back, don't expect me back

I'm short of breath, I'm sure
gone, let it wash away
the best I had
gone, and when I disappear
don't expect me back
don't expect me back

at its worse the heart is sober
at its worse the heart is cold, cold, cold

I'm short of breath, I'm sure
gone, let it wash away all the best I had
gone, and when I disappear
don't expect me, don't expect me back

gone, let it wash away
the best I had
gone, and when I disappear
don't expect me back
don't expect me back
don't expect me back

9 de septiembre de 2009

Historias mínimas en imágenes /1

Sabía que su mirada la delataría, pero no podía dejar pasar la oportunidad de regodearse en su desgracia.


Imagen de Federico Milano.

8 de septiembre de 2009

Rock de martes

Como ya dije en la entrada anterior, ayer comencé a trabajar. No me ha entrado el síndrome postvacacional (¡yuhuu!), todavía tampoco me ha dado el síndrome del quemado y, como veis, he retomado con fuerza el blog. Eso sí, llevo desde mediados de agosto con el síndrome de "Quiero que llueva o refresque. En Madrid me muero de calor", que suena a grupo de Facebook. Ante eso no se puede hacer nada. Tampoco puedo hacer nada ante el cansancio que provoca la falta de costumbre de madrugar (tanto) y tirarse seis horas seguidas ejerciendo la profesión (al menos los previos, como dirían en el fútbol).

Por eso hoy tengo que agarrarme al rock estatal de los martes. Para seguir despierta y, por qué no, para que a mí la luna me sepa a mucho.

La luna me sabe a poco,

de Marea.

7 de septiembre de 2009

Temporada 2009-2010

Hoy ya es oficial. Comienzo una nueva temporada, ¿una nueva etapa de nuestras vidas? Sí. Cuando he puesto el pie por primera vez en el colegio que me enseñará tantas cosas durante este curso, ha sido como recibir de golpe un chorro de luz de alguna parte. Ya es oficial, comienzo a trabajar como profesora. Me han enseñado las instalaciones del que será durante unos meses mi segundo hogar. Ha sido extraño, pero me he sentido satisfecha. He pensado en los kilómetros que anduve en Galicia, esos que supusieron un reto para mí, y los he colocado en paralelo con los kilómetros que recorreré este nuevo año. Kilómetros de trenes y metro, kilómetros de aprendizaje, empatía, paciencia, socialización. Kilómetros de vida que se abre ante nosotros y nos llega a las entradas de un colegio como un chorro de luz.

Queda oficialmente inaugurada la temporada 2009-2010 de este blog. Un blog que intentará seguir la línea de lo que ha sido hasta ahora, pero que estará lleno, esta temporada, de más vida. Al menos de más vidas, todas las que conformen lo que seré, lo que aprenderé.

Para empezar, música de créditos iniciales.


Por Yann Tiersen.

22 de agosto de 2009

Música y mensajes

Siempre me ha encantado escribir. Ayer hablaba con una amiga que me dijo que se arrepentía de no haber escrito más en lo que lleva de vida, porque ahora le cuesta rememorar el pasado sintiéndolo como entonces. Si escribimos desde la perspectiva del presente y leemos esos mensajes algún tiempo después, tendremos la oportunidad de desmentir nuestros sentimientos, ya sean presentes o pasados, y además, seremos capaces de revivir algunos acontecimientos con mayor lujo de detalles. Esta amiga mía me dijo también que para eso está el arte. La literatura, el cine, la fotografía, la pintura o la escultura son sólo un modo bello de dejar mensajes del presente para el futuro. Será por eso que aún me cuesta entender ese arte contemporáneo de las performances, jam sessions o improvisaciones. De todas éstas, las que no quedan grabadas en ningún lugar alcanzan el nivel de magia, tan solo rememorable con una eficiente área del cerebro ocupada a la memoria (¿era el hipocampo? ya no me acuerdo).

Estos días en los que, después de haber caminado mucho, estoy escribiendo poco, necesito los mensajes de otros para organizar un poco el semi-caos que uno trae tras un largo viaje. Y esos mensajes me vienen a través de la música. Parece que sólo a través de la música soy capaz de entenderme, de entender el mundo y de comunicarme. Parece como si no me apeteciese mucho contar mis experiencias, sino más bien soltar algunas citas de canciones, regalar los compases de alguna melodía y esperar que seas tú el que descifre (a tu manera) el arte que quizás se compuso cientos de años atrás y que a mí hoy me mueve el alma más que nunca. Quizá la composición que mejor describa nuestro estado de ánimo de hoy no esté aún ni siquiera inventada. Pues bien, es el tiempo de los artistas.

17 de agosto de 2009

Eterno viajero


Soy eterno viajero de sueños e ilusiones,
soy eterno viajero de amores...


16 de agosto de 2009

A través de la ventana

Para Carmen, que me enseñó a Chagall. Para Marta, que me lo trajo a la memoria en esta ventana de París hace unos días.



A través de la ventana es como después del camino.

2 de agosto de 2009

Aprender (5)/ Comienza el Camino

Comienza la reflexión.

Aprender.

Aprenderse.

Caminar. Mirando siempre hacia adelante en un mirarse hacia adentro.

Un paso que lleva al siguiente. El cansancio y la necesidad de seguir.

El fin del Camino. Compostela. Regocijo del encuentro y tristeza por abandonar el camino.

Aunque yo estoy convencida de que el camino continúa. Seguimos caminando. No hay camino.