4 de enero de 2010
Ain't no cure for love
Resignémonos. No hay cura para el amor.
Etiquetas:
Ain't no cure for love,
amor,
Leonard Cohen,
música
3 de enero de 2010
Desamor
Para una amiga que sufre por amor,
para que se desenamore.
Ahora, como nunca (o como siempre, no sé cómo decirlo), es tiempo de amores y desamores. Hace varias noches sufrí, con el sufrimiento de una amiga, un desamor. Creo que nadie merece sufrir por amor. Y aún así, nos empeñamos en hacerlo. Mi amiga, que por fin había dejado de hacerlo, a la que por fin le llegaba el tiempo dulce, sintió, de golpe, otra vez la bala dura del amor. Y todos sufrimos por ella.
Para ella, para que se desenamore, van estos versos de Manolo Chinato, un poeta extremeño de garra.
Juguete de Amor
Anoche pasé frío y me desenamoré un poco.
Anoche pasé frío y fui poeta.
Anoche, mientras mi carne se helaba
y mi alma en mi cuerpo se escondía,
vi como mi amor para ti
era un juguete pasado ya de moda que ya nada valía.
Cualquier amanecer echarán
al viejo juguete de mi amor a un carro de basura,
y alejándose en la amarga soledad
oirá al carretero dar palos a su mula
que todo se lo da por un poco de paja
y, a veces, pochas uvas.
Y estaré allí donde ya nada vale nada
hasta que algún día una dulce gitanilla,
con mocos y pecas en la cara,
limpie con su manga grasienta
la suciedad que la sociedad pegó a mi alma;
y volveré a ser un juguete reluciente de amor y de alegría.
¡Que importa que me engañes si luego me sonríes!
¡Qué importa ser poeta o ser basura!
Anoche pasé frío en el cuerpo y en el alma...
Anoche pasé frío y quedó mi libertad de amor helada.
Manolo Chinato.
Una vez utilicé el primer verso de este poema. Una vez le dije a alguien: "Anoche pasé frío y me desenamoré un poco". Desenamorarse es duro y decirlo lo es aún más. También es duro cuando llega el sentimiento del desamor y no somos capaces de verbalizarlo; pero es aún peor cuando empleamos las palabras de otros para expresar sentimientos propios. 'A veces', me dijo ayer Marta, 'la literatura es peligrosa para decir lo que sentimos; disfrazar de poesía un sentimiento triste, es de cobardes'. ¡Y qué razón tenía!. Después de eso, recordé el día en que yo pronuncié este verso, y hoy, algunos años después, me doy cuenta de que no era desamor lo que sentía, sino otra cosa que ni siquiera se le parecía, y que ni el mejor de los poetas sabría expresar con sus palabras.
Sólo para ella, que hoy sufre de verdad por amor, va este poema. Y recojo de nuevo ese primer verso, para alimentar después (y en soledad) los futuros desamores verdaderos.
Etiquetas:
amor,
desamor,
Extrechinato y tú,
Manolo Chinato,
poesía
2 de enero de 2010
Fetichismos
Dice la RAE que un fetichismo es "Idolatría. Veneración excesiva".
Hace años que Marta y yo pensamos escribir un artículo sobre los fetichismos de las personas. Pensamos que los humanos somos tan especiales que creamos fetiches de la nada. La mayoría de las veces, absurdos. Mientras estudiábamos, siempre pensamos en elaborar un estudio serio sobre el fetichismo de los apuntes que muchos de nuestros compañeros de clase generaban a lo largo de los cuatrimestres.
Pasaron los años de la universidad y pasó nuestra idea de elaborar ese informe.
Sin embargo, ahora soy yo la que sufre de idolatría incontrolada. Venero en exceso a una máquina. Sí. Lo admito. La culpa la tengo yo pero también esta sociedad del consumismo y del materialismo. Venero a una máquina porque es blanca y casi perfecta, porque no se contagia con virus, porque trabaja rápida y eficazmente. No sé por qué más cosas. Quizás también porque está unida por un hilo finísimo pero resistente a personas importantes para mí. Quizás porque simboliza un poco de mi independencia (económica). No sé muy bien por qué, pero la venero.
Por eso, hoy celebro su iniciación a la vida en sociedad (un bautismo diría F.). Una entrada en el blog carente de sensibilidad añonuevera, carente de calor humano, repleta de un fetichismo tantas veces criticado.
Pero es que quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra.
Hace años que Marta y yo pensamos escribir un artículo sobre los fetichismos de las personas. Pensamos que los humanos somos tan especiales que creamos fetiches de la nada. La mayoría de las veces, absurdos. Mientras estudiábamos, siempre pensamos en elaborar un estudio serio sobre el fetichismo de los apuntes que muchos de nuestros compañeros de clase generaban a lo largo de los cuatrimestres.
Pasaron los años de la universidad y pasó nuestra idea de elaborar ese informe.
Sin embargo, ahora soy yo la que sufre de idolatría incontrolada. Venero en exceso a una máquina. Sí. Lo admito. La culpa la tengo yo pero también esta sociedad del consumismo y del materialismo. Venero a una máquina porque es blanca y casi perfecta, porque no se contagia con virus, porque trabaja rápida y eficazmente. No sé por qué más cosas. Quizás también porque está unida por un hilo finísimo pero resistente a personas importantes para mí. Quizás porque simboliza un poco de mi independencia (económica). No sé muy bien por qué, pero la venero.
Por eso, hoy celebro su iniciación a la vida en sociedad (un bautismo diría F.). Una entrada en el blog carente de sensibilidad añonuevera, carente de calor humano, repleta de un fetichismo tantas veces criticado.
Pero es que quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra.
24 de diciembre de 2009
Te deseo unas felices fiestas
Aunque haga tiempo que no escribo para ti, no me he olvidado de ti.
Te deseo una noche entrañable y agradable rodeado de todo aquello que te hace feliz. Ojalá sea así.
Te deseo una noche entrañable y agradable rodeado de todo aquello que te hace feliz. Ojalá sea así.
13 de diciembre de 2009
Recuerdos olfativos
La memoria nos juega siempre malas pasadas. Evocamos recuerdos, de memoria, que son la mayoría de las veces engañosos. Tenemos memoria de sensaciones que creemos que sentimos en un momento, pero que en realidad hemos fantaseado tiempo después. Recuerdas el sabor de una comida deliciosa que no lo era tanto, recuerdas la intensidad de un amor que a veces no fue ni siquiera amor...
De todos los recuerdos, los más fieles son los recuerdos auditivos y los olfativos. Sobre todo estos últimos. Es difícil evocarlos. Hay algo similar a ellos que se puede intentar reproducir sin mucho éxito. Se piensa en un olor concreto y a veces puede sentirse de nuevo, pero con matices diferentes, con carencias. Lo milagroso, sin embargo, es cuando revolotea en el ambiente un olor exactamente igual a otro que percibiste en el pasado. Entonces, el olor y todo lo que conllevaba ese olor se aparecen en tu presente y te transportan a lugares y épocas remotos. Hubo un olor, el olor de un perfume, que asocié a un mes. Podía ser cualquier otra época del año, podía estar lejos del depositario del perfume y, sin embargo, yo sentía que estaba viviendo en ese mes lejano. Las mismas sensaciones se manifestaban en contacto con ese aroma. Era algo increíble.
Estos días me está ocurriendo algo curioso, parecido a mi historia con el olor de aquel mes. Quizás es que hacía tiempo que no prestaba atención a mi glándula olfativa (si es que esa glándula existe); pero lo cierto es que vuelve a haber un olor evocador del pasado. En estos últimos días, cada tren al que subo huele a los trenes de Hamburgo en los que me subí hace casi un año.
Es extraño. En esta época del año alguien esperaría reencontrarme con el olor invernal del humo de chimeneas y el asar de castañas y, sin embargo, yo evoco un olor a trenes germanos... ¿Por qué será? ¿Es que la memoria olfativa también nos juega malas pasadas? Ahora, en cada tren, siento estar haciendo un viaje mucho más largo, más civilizado. Y espero que mi recuerdo auditivo también me regale las palabras mágicas: "Nächster Bahnhof: Dammtor".
De todos los recuerdos, los más fieles son los recuerdos auditivos y los olfativos. Sobre todo estos últimos. Es difícil evocarlos. Hay algo similar a ellos que se puede intentar reproducir sin mucho éxito. Se piensa en un olor concreto y a veces puede sentirse de nuevo, pero con matices diferentes, con carencias. Lo milagroso, sin embargo, es cuando revolotea en el ambiente un olor exactamente igual a otro que percibiste en el pasado. Entonces, el olor y todo lo que conllevaba ese olor se aparecen en tu presente y te transportan a lugares y épocas remotos. Hubo un olor, el olor de un perfume, que asocié a un mes. Podía ser cualquier otra época del año, podía estar lejos del depositario del perfume y, sin embargo, yo sentía que estaba viviendo en ese mes lejano. Las mismas sensaciones se manifestaban en contacto con ese aroma. Era algo increíble.
Estos días me está ocurriendo algo curioso, parecido a mi historia con el olor de aquel mes. Quizás es que hacía tiempo que no prestaba atención a mi glándula olfativa (si es que esa glándula existe); pero lo cierto es que vuelve a haber un olor evocador del pasado. En estos últimos días, cada tren al que subo huele a los trenes de Hamburgo en los que me subí hace casi un año.
Es extraño. En esta época del año alguien esperaría reencontrarme con el olor invernal del humo de chimeneas y el asar de castañas y, sin embargo, yo evoco un olor a trenes germanos... ¿Por qué será? ¿Es que la memoria olfativa también nos juega malas pasadas? Ahora, en cada tren, siento estar haciendo un viaje mucho más largo, más civilizado. Y espero que mi recuerdo auditivo también me regale las palabras mágicas: "Nächster Bahnhof: Dammtor".
12 de diciembre de 2009
Regalar canciones /8
Cuando uno no tiene tiempo pero quiere comunicarse, lo mejor es seguir regalando canciones. Esta es una canción para los días raros. Haces el esfuerzo de intentar entender qué dice la letra, pero al final inventas tú el significado de unas palabras ajenas a tu lengua. Escuchas una y otra vez, lees y relees la letra, buscas traducciones y nada tiene sentido.
Para los días en los que todo tiene tanto sentido que todo se hace imposible de entender.
Para los días en los que todo tiene tanto sentido que todo se hace imposible de entender.
Etiquetas:
canciones,
James Blunt,
música,
regalar canciones
8 de diciembre de 2009
La ceguera
Max Estrella, en una noche madrileña, desciende junto con su amigo Latino a los infiernos de la ciudad que son los infiernos de la realidad. La ceguera le sirve, paradójicamente, de guía para comprender la realidad por la que se mueve. La ceguera de Max Estrella le ilumina e ilumina toda una etapa literaria en la que lo real sólo se entiende a través de lo grotesco, de la deformación.

La ceguera de Max ofrece la visión más objetiva de la realidad. Lamentablemente, nuestras cegueras actuales, que no son cegueras reales, que no deforman la realidad porque todavía no han conseguido verla, solo sirven para seguir dando tumbos sin comprender la verdad de lo que nos rodea. Ahora que es tiempo de luces en las calles, estamos carentes de iluminados. No hay Tiresias ya; no hay profetas que nos indiquen hacia donde vamos en esta sociedad de decadencia y esperpento. Estamos como hace veinte siglos, estamos como al principio del siglo veinte. Con la diferencia esencial de que otras cegueras nos han inundado, y ahora sí que no vemos nada.

La ceguera de Max ofrece la visión más objetiva de la realidad. Lamentablemente, nuestras cegueras actuales, que no son cegueras reales, que no deforman la realidad porque todavía no han conseguido verla, solo sirven para seguir dando tumbos sin comprender la verdad de lo que nos rodea. Ahora que es tiempo de luces en las calles, estamos carentes de iluminados. No hay Tiresias ya; no hay profetas que nos indiquen hacia donde vamos en esta sociedad de decadencia y esperpento. Estamos como hace veinte siglos, estamos como al principio del siglo veinte. Con la diferencia esencial de que otras cegueras nos han inundado, y ahora sí que no vemos nada.
Etiquetas:
ceguera,
decadencia,
esperpento,
Max Estrella,
pesimismo,
sociedad,
Tiresias
3 de diciembre de 2009
Los clásicos/4 Cuando el teatro se convierte en poesía
He tardado en reflexionarlo. He tardado en procesarlo. Pero no me he olvidado de él. Es Lorca, y llegó con toda su fuerza a erizarme la piel.
Bodas de Sangre, Acto Tercero; Cuadro Primero.
Federico García Lorca
Bosque. Es de noche. Grandes troncos húmedos. Ambiente oscuro. Se oyen dos violines. Salen tres leñadores.
Leñador 1: ¿Y los han encontrado?
Leñador 2: No. Pero los buscan por todas partes.
Leñador 3: Ya darán con ellos.
Leñador 2: ¡Chisss!
Leñador 3: ¿Qué?
Leñador 2: Parece que se acercan por todos los caminos a la vez.
Leñador 1: Cuando salga la luna los verán.
Leñador 2: Debían dejarlos.
Leñador 1: El mundo es grande. Todos pueden vivir de él.
Leñador 3: Pero los matarán.
Leñador 2: Hay que seguir la inclinación: han hecho bien en huir.
Leñador 1: Se estaban engañando uno a otro y al fin la sangre pudo más.
Leñador 3: ¡La sangre!
Leñador 1: Hay que seguir el camino de la sangre.
Leñador 2: Pero sangre que ve la luz se la bebe la tierra.
Leñador 1: ¿Y qué? Vale más ser muerto desangrado que vivo con ella podrida.
Leñador 3: Callar.
Leñador 1: ¿Qué? ¿Oyes algo?
Leñador 3: Oigo los grillos, las ranas, el acecho de la noche.
Leñador 1: Pero el caballo no se siente.
Leñador 3: No
Leñador 1: Ahora la estará queriendo.
Leñador 2: El cuerpo de ella era para él y el cuerpo de él para ella.
Leñador 3: Los buscan y los matarán.
Leñador 1: Pero ya habrán mezclado sus sangres y serán como dos cántaros vacíos, como dos arroyos secos.
Leñador 2: Hay muchas nubes y será fácil que la luna no salga.
Leñador 3: El novio los encontrará con luna o sin luna. Yo lo vi salir. Como una estrella furiosa. La cara color ceniza. Expresaba el sino de su casta.
Leñador 1: Su casta de muertos en mitad de la calle.
Leñador 2: ¡Eso es!
Leñador 3: ¿Crees que ellos lograrán romper el cerco?
Leñador 2: Es difícil. Hay cuchillos y escopetas a diez leguas a la redonda.
Leñador 3: Él lleva buen caballo.
Leñador 2: Pero lleva una mujer.
Leñador 1: Ya estamos cerca.
Leñador 2: Un árbol de cuarenta ramas. Lo cortaremos pronto.
Leñador 3: Ahora sale la luna. Vamos a darnos prisa.
(Por la izquierda surge una claridad)
Leñador 1:
¡Ay luna que sales!
Luna de las hojas grandes.
Leñador 2:
¡Llena de jazmines de sangre!
Leñador 1:
¡Ay luna sola!
¡Luna de las verdes hojas!
Leñador 2:
Plata en la cara de la novia.
Leñador 3:
¡Ay luna mala!
Deja para el amor la oscura rama.
Leñador 1:
¡Ay triste luna!
¡Deja para el amor la rama oscura!
(Salen. Por la claridad de la izquierda aparece la Luna. La Luna es un leñador joven, con la cara blanca. La escena adquiere un vivo resplandor azul.)
Bodas de Sangre, Acto Tercero; Cuadro Primero.
Federico García Lorca
Etiquetas:
Bodas de sangre,
clásicos,
García Lorca,
poesía,
teatro
Un anaquiño máis de galego, para combatir a crise
Entre la fiebre alemana y el retorno de la pasión gallega, creo que vuelvo a ser la de antes una vez más. Malo será...
30 de noviembre de 2009
29 de noviembre de 2009
O mellor oficio do mundo
Di o meu amigo F. que o mellor oficio do mundo é un que coñeceu onte. El di que quere ser contacontos; que qué boa profesión esa de contarlle historias á xente, de escoitar historias e transmitilas.
Todo esto vén porque onte fumos ver contar historias a un contador profesional, a un destes dos que exercen o mellor oficio do mundo: Celso Fernández Sanmartín.
Dentro do ciclo de Cuentos que organizou a Comunidade de Madrid, estaban as súas actuacións por diversas bibliotecas madrileñas. Nós, onte, tivemos a oportunidade de velo pola tarde na BNE e disfrutamos como nenos das súas historias, e máis que delas, disfrutamos da súa maneira de contalas: co cariño e a paixón propias de a xente que parece que so vive para iso. Despois da función falamos con el, e ademáis de bo contador de historias é moi bo escoitador de persoas. Da gusto con xente coma el.
Déixote cun video que atopei en youtube co conto dunha emigrante galega. Disfrútao:
Entrada traducida ao castelán:
Dice mi amigo F. que el mejor oficio del mundo es el que conoció ayer. Dice que quiere ser cuentacuentos; que qué buena profesión esa de contarle historias a la gente, de escuchar historias y trasmitirlas.
Todo esto viene porque ayer fuimos a ver contar historias a un contador profesional, a uno de estos de los que ejercen el mejor oficio del mundo: Celso Fernández Sanmartín.
Dentro del ciclo de Cuentos que organizo la Comunidad de Madrid, se encontraban sus actuaciones por diversas bibliotecas madrileñas. Nosotros, ayer, tuvimos la oportunidad de verlo por la tarde en la BNE y disfrutamos como niños de sus historias, pero sobre todo, disfrutamos de su manera de contarlas: con el cariño y la pasión propias de la gente que parece que solo vive para eso. Después de la función fuimos a hablar con él, y además de buen contador de historias es muy buen escucuchador de personas. Da gusto con gente así.
Todo esto vén porque onte fumos ver contar historias a un contador profesional, a un destes dos que exercen o mellor oficio do mundo: Celso Fernández Sanmartín.
Dentro do ciclo de Cuentos que organizou a Comunidade de Madrid, estaban as súas actuacións por diversas bibliotecas madrileñas. Nós, onte, tivemos a oportunidade de velo pola tarde na BNE e disfrutamos como nenos das súas historias, e máis que delas, disfrutamos da súa maneira de contalas: co cariño e a paixón propias de a xente que parece que so vive para iso. Despois da función falamos con el, e ademáis de bo contador de historias é moi bo escoitador de persoas. Da gusto con xente coma el.
Déixote cun video que atopei en youtube co conto dunha emigrante galega. Disfrútao:
Entrada traducida ao castelán:
Dice mi amigo F. que el mejor oficio del mundo es el que conoció ayer. Dice que quiere ser cuentacuentos; que qué buena profesión esa de contarle historias a la gente, de escuchar historias y trasmitirlas.
Todo esto viene porque ayer fuimos a ver contar historias a un contador profesional, a uno de estos de los que ejercen el mejor oficio del mundo: Celso Fernández Sanmartín.
Dentro del ciclo de Cuentos que organizo la Comunidad de Madrid, se encontraban sus actuaciones por diversas bibliotecas madrileñas. Nosotros, ayer, tuvimos la oportunidad de verlo por la tarde en la BNE y disfrutamos como niños de sus historias, pero sobre todo, disfrutamos de su manera de contarlas: con el cariño y la pasión propias de la gente que parece que solo vive para eso. Después de la función fuimos a hablar con él, y además de buen contador de historias es muy buen escucuchador de personas. Da gusto con gente así.
Etiquetas:
"Madrid de Cuento",
BNE,
Celso Fernández,
contar cuentos,
cuentos,
historias
25 de noviembre de 2009
Waiting for news
24 de noviembre de 2009
Den Lille Havfrue

(La pequeña señora del mar)
Había vivido siempre con los pies en la tierra. Ni un rastro de magia o superchería se asomaba ante sus ojos o sus cabellos rizados. Al iniciar su viaje, un viaje de idas y cuyo retorno se le antojaba lejano pero era real, comenzó a creer en hadas, leprechauns, duendes, mouros, tesoros y tierras encantadas. Comenzó a encontrar hadas convertidas en viejas a la vuelta de cada esquina. Comenzó a escuchar duendes bajo las camas de recintos que parecían castillos. Sintió cerca la presencia de Rapunzel; y en su vida de dioses desterrados, de ideologías caídas, comenzó a brotar la sombra irracional de los seres iluminados. Se sintió más feliz en el mundo de la magia donde todo era posible. Se sintió tan bien, que a veces olvidaba lo que era la vida.
En su andadura por las tierras de la literatura fantástica de ogros, animales parlantes y fantasmas habladores, llegó a creer en la existencia de sirenas. La historia de una sirena salmantina le llenó de gozo, asombro y duda. Pidió explicaciones. Y con el corazón lleno de teorías científicas que pudieran probar la existencia de alguno de todos aquellos seres míticos, comenzó de nuevo a descreer supercherías. La magia que había sido tan real en su vida, dejaba de serlo cuando lo era realmente.
Ahora, vuelve a tener los pies en la tiera. De vez en cuando lee historias de Cunqueiro sobre tesouros, meigas y mouros. También lee a Wilde, que esconde en su Retrato, la magia diabólica de los alter egos.
Para posar de nuevo su breve vida en la realidad, sólo tuvo que entrar a una clase de secundaria y esperar que le robaran, definitivamente, la inocencia. Habría deseado permanecer siempre como una pequeña señora del mar.
23 de noviembre de 2009
Celebraciones '2
¿Es verdad que te gusta verte hundida
en el mar de la música; dejarte
llevar por esas alas, abismarte
en esa luz tan honda y escondida?
Música tuya, Blas de Otero.
A Miwe, al que nunca llamo, pero del que me acuerdo. Y a Enrique, verdadero sagitario. A los dos, por músicos.
Me encanta celebrar cualquier cosa. Estoy deseando que haya algún acontecimiento para celebrarlo. Cada uno celebra cada cosa de una manera diferente. A mí hubo un año que me dio por celebrar el cumpleaños de un amigo escribiendo poemas. Otras veces celebro llorando o riendo. Es común también que las personas celebremos los acontecimientos brindando (¡qué alegría da la palabra mágica "chinchín"!) o comiendo. Sí, en esta cultura somos muy propensos a celebrar comiendo. En otros tiempos, en otras culturas, las celebraciones se llevan a cabo ayunando. Otra forma curiosa de celebrar.
A mí, entre acontecimientos diversos, se me pasó ayer celebrar el Día de la Música contigo. Fue un despiste. Pensando en cómo subsanarlo, se me ha ocurrido que la mejor forma de celebrar este día (aunque venga con unas horas de retraso) es con música. Estaba claro, ¿no? Dándole vueltas al regalo de este post-día de fiesta, he creído que lo más conveniente es unir celebraciones y, aprovechando que la cosa va de músicos, festejar este día escuchando la música de dos compositores que también hoy celebran.
Manuel de Falla, de estar vivo, celebraría hoy su cumpleaños. La mejor forma que tengo de celebrar un cumpleaños así es escuchando una pieza como ésta de "El amor brujo". A Falla y Albéniz no podía cansarme de escucharlos de pequeña las mañanas de domingo, mientras mis padres hacían las tareas de la casa o leían el periódico. Entonces, creo que empecé a apreciar la música. Aunque no fue hasta la aparición de Enrique, que empecé a disfrutarla y a veces incluso a amarla. Manuel de Falla está entre uno de los recuerdos más bellos de los domingos soleados de mis primaveras pueriles.
También celebra hoy su cumpleaños, y éste sí que está vivo, Ludovico Einaudi, pianista italiano que me dio a conocer Miwe, a quien le dedico estas palabras de hoy. Einaudi es el reposo de los días fríos y poco amables, es una tabla en el naufragio de los días cotidianos. Verdaderamente agradable cuando lo de fuera no acompaña.
Creo que estas dos piezas son para ti que hoy has caído aquí por casualidad, pero sobre todo son para Enrique y para Miwe, que alguna vez hicieron que me hundiera en el mar de la música. Para ellos, auténticos náufragos del vilín y del oboe. Amantes de la música por encima de todo. Amantes, también, de la poesía. A Enrique, destinatario de muchas celebraciones, que en un día 24, cumplirá 23.
Etiquetas:
día de la música,
infancia,
Ludovico Enaudi,
Manuel de Falla,
música,
regalar canciones
21 de noviembre de 2009
Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos...
Hay veces que la poesía se supera a sí misma. Eso ocurre en contadas ocsaiones y cada uno de nosotros lo percibimos de forma diferente. Cada poema es un mundo, es nuestro mundo, y cuando lo hacemos nuestro le damos el valor relativo a nuestras necesidades estéticas del momento.
He leído "Walking Around" decenas de veces y nunca ha dejado de ser un poema más. Ayer lo escuché con otra voz y se ha convertido en El Poema. La poesía se ha superado a sí misma. No sé cómo ni por qué, pero de repente los versos se alzan con la fuerza de un viento que levanta el alma.
Cuando la poesía no puede ser otra cosa más útil ni más inútil que la poesía:
WALKING AROUND
Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
navegando en un agua de origen y ceniza.
El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.
Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.
Sin embargo sería delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío.
No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.
No quiero para mí tantas desgracias.
No quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos,
aterido, muriéndome de pena.
Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.
Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas.
Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos
colgando de las puertas de las casas que odio,
hay dentaduras olvidadas en una cafetera,
hay espejos
que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,
hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.
Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos, toallas y camisas que lloran
lentas lágrimas sucias.
Pablo Neruda
He leído "Walking Around" decenas de veces y nunca ha dejado de ser un poema más. Ayer lo escuché con otra voz y se ha convertido en El Poema. La poesía se ha superado a sí misma. No sé cómo ni por qué, pero de repente los versos se alzan con la fuerza de un viento que levanta el alma.
Cuando la poesía no puede ser otra cosa más útil ni más inútil que la poesía:
WALKING AROUND
Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
navegando en un agua de origen y ceniza.
El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.
Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.
Sin embargo sería delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío.
No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.
No quiero para mí tantas desgracias.
No quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos,
aterido, muriéndome de pena.
Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.
Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas.
Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos
colgando de las puertas de las casas que odio,
hay dentaduras olvidadas en una cafetera,
hay espejos
que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,
hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.
Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos, toallas y camisas que lloran
lentas lágrimas sucias.
Pablo Neruda
Etiquetas:
Ismael Serrano,
Pablo Neruda,
poesía,
poetas,
Walking around
20 de noviembre de 2009
Tacañería
Lo admito: estoy hecha una tacaña. Tacaña de palabras. Siempre hace falta que me den un toque de atención para darme cuenta. Andrés se pasa el día diciéndome que el blog no solo se puede alimentar de poemillas, vídeos y enlaces. Que hable. Que diga algo. Pero Andrés no es el único que me pega el toque. Ayer, de nuevo: "¿Qué pasa? -risilla picarona-. Hace mucho que no escribes en el blog...". Pues sí. Pero es que tengo tantas cosas en la cabeza, que acabo haciéndome tacaña a la fuerza, y sé que eso no vale como excusa.
No puedo prometer nada. Porque si prometo que escribiré, seguiré dando la tabarra con el alemán. Porque, por si no te habías dado cuenta, ahora estoy en momento alemán. A ratos le doy a Goethe, o a Shlink. Ahora estoy con Brecht, por aquello de fusionar aficiones: teatro y alemán en un solo pack. Pero estoy convencida de que los aires gallegos volverán, más tarde o más temprano, a instalarse de nuevo en algún rincón de estas páginas. No te preocupes. Sigo siendo la de siempre. Si no doy la tabarra con el alemán, la daré con el gallego.
Mañana te regalo un poema.
No puedo prometer nada. Porque si prometo que escribiré, seguiré dando la tabarra con el alemán. Porque, por si no te habías dado cuenta, ahora estoy en momento alemán. A ratos le doy a Goethe, o a Shlink. Ahora estoy con Brecht, por aquello de fusionar aficiones: teatro y alemán en un solo pack. Pero estoy convencida de que los aires gallegos volverán, más tarde o más temprano, a instalarse de nuevo en algún rincón de estas páginas. No te preocupes. Sigo siendo la de siempre. Si no doy la tabarra con el alemán, la daré con el gallego.
Mañana te regalo un poema.
14 de noviembre de 2009
Alegría /2
Yo soy el pajarero,
Siempre alegre, ¡ole, upa!
Como pajarero soy conocido por
viejos y jóvenes en todo el país.
Cazo con reclamo y sé tocar la flauta.
Puedo estar alegre y contento,
porque todos los pájaros son míos.
Yo soy el pajarero,
Siempre alegre, ¡ole, upa!
Como pajarero soy conocido
Por los viejos y los jóvenes
en todo este país.
¡Me gustaría tener una red
para las muchachas;
las cazaría por docenas!
Luego las metería en la jaula
y todas ellas serían mías.
Si todas las muchachas fueran mías,
las cambiaría por azúcar:
y a la que yo más quisiera
le daría enseguida el azúcar.
Y si ella me besara con delicadeza,
sería mi mujer y yo su marido.
Dormiría a mi lado y la acunaría
como si fuese una niña.
12 de noviembre de 2009
Citas /1
A lo largo de mi vida, he hecho muchas veces cosas que era incapaz de decidirme a hacer y he dejado de hacer otras que había decidido firmemente. Hay algo en mí, sea lo que sea, que actúa.
Bernhard Schlink, El lector
¿Te reconoces en estas palabras?
Bernhard Schlink, El lector
¿Te reconoces en estas palabras?
Etiquetas:
Bernhard Schlink,
cita,
El lector,
leer,
libros
11 de noviembre de 2009
Porque sí
He vuelto a la lectura con ferviente pasión. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto leyendo. Vuelvo a emplear los ratos del tren para leer. Y cuando uno lee en el tren, ya es capaz de leer en cualquier parte.
De los libros me gustan las palabras sueltas, las personalidades de los protagonistas, un acontecimiento perdido, una frase dicha en el momento (párrafo) adecuado. Igual que me pasa con la poesía, cuando pasa un tiempo tras haber leído una novela, empiezo a olvidar los datos concretos e incluso los porqués. Ya no sé por qué me gustó tanto el libro que leí el año pasado en noviembre. Simplemente tengo impresa en el recuerdo la sensación de placer que sentí cuando lo leí. Me gustó mucho en ese momento y guardo un buen recuerdo de entonces. ¿Por qué ponerse a pensar, a dar motivos y razones? Como decía hace poco tiempo, a propósito de las canciones, hay lecturas que recomendamos porque sí. A nosotros nos llegan por nuestra circunstancia y nos marcan por algún motivo. ¿A quién no le ha pasado el hecho de intentar varias veces leer un libro y ser incapaz de hacerlo y que, de repente, por arte de magia, sea posible leerlo en un tiempo récord?
Creo que ahí reside la belleza suprema de la literatura. Nosotros no elegimos lo que leemos, lo que leemos nos elige a nosotros.
De los libros me gustan las palabras sueltas, las personalidades de los protagonistas, un acontecimiento perdido, una frase dicha en el momento (párrafo) adecuado. Igual que me pasa con la poesía, cuando pasa un tiempo tras haber leído una novela, empiezo a olvidar los datos concretos e incluso los porqués. Ya no sé por qué me gustó tanto el libro que leí el año pasado en noviembre. Simplemente tengo impresa en el recuerdo la sensación de placer que sentí cuando lo leí. Me gustó mucho en ese momento y guardo un buen recuerdo de entonces. ¿Por qué ponerse a pensar, a dar motivos y razones? Como decía hace poco tiempo, a propósito de las canciones, hay lecturas que recomendamos porque sí. A nosotros nos llegan por nuestra circunstancia y nos marcan por algún motivo. ¿A quién no le ha pasado el hecho de intentar varias veces leer un libro y ser incapaz de hacerlo y que, de repente, por arte de magia, sea posible leerlo en un tiempo récord?
Creo que ahí reside la belleza suprema de la literatura. Nosotros no elegimos lo que leemos, lo que leemos nos elige a nosotros.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

