28 de enero de 2012

Adicciones

El café.
La Venus de Velázquez.
Insultar a Esperanza Aguirre cada mañana al leer las noticias. Por el desahogo.
Dos mandarinas al día.
Tracy.
El sol de Londres.
Los soles de Turner.
El cielo rosa de las cinco.
El regaliz negro.
Planear cosas que nunca sucederán.
Los violoncelos.
Los abrazos.
Facebook.
Scrabble.
Dormir.
Hablar contigo.
Escribir a L.
La belleza.
Las bibliotecas.
Acumular libros.
Dormir los cinco minutos más de cortesía.
Hablar sobre las limitaciones del lenguaje.
Escuchar "I am a rock", de Simon y Garfunkel cuando conduzco.
La risa.
Su risa.
Comparar el italiano y el español a cada traducción literal pronunciada por F.
Mirar la postal de San Sebastián antes de dormir.
El queso.
Crear reglas propias para romperlas al día siguiente.
Acumular citas en libretas, trozos de papel suelto o el móvil.
Galicia.
Ismael Serrano y "Recuerdo".
Pensar: "¡Qué pena no haber traído la cámara! Ahora podría fotografiar esto!
Fotografiar lo bello.
...
...
...

¿Y las tuyas?

26 de enero de 2012

Chocolate y una guitarra


La dieta que quiere matar los excesos de las Navidades y el queso diario del primer cuatrimestre, también me está matando el ánimo. No lo sabía, pero los cuerpos se resienten sin azúcar y sin pan. Y el cerebro también, trayendo una nubecilla de pesimismo y tristeza inesperados. He anulado el teatro de la tarde y he saboreado una chocolatina que quedaba bien guardada en un rincón de mi habitación. El color ha vuelto a mi rostro. Después F., con toda su dulzura italiana que sabe esconder muy bien pero que brilla cuando la deja escapar, ha agarrado su guitarra y ha cantado para mí. Yo estaba tendiendo la ropa y se me caía una lagrimilla a causa de esta nostalgia boba de la comida. Y ella ha bajado su guitarra, se ha sentado en el suelo y ha empezado a cantar y a tocar.

No es que de repente haya recuperado la fuerza. De repente, me he visto a mí misma siete años atrás, en Salamanca, en la residencia. F. podría ser M., C. o L. Da lo mismo, en los momentos bajos, quien te hace bien tiene una sola cara, unos mismos ojos. La sangre ha vuelto a circular con azúcar, se me acumulará un poquito de grasa por algún rincón del cuerpo y quizás la reacción cutánea haga también su aparición en un par de días. Escucharé la canción que F. ha tocado para mí durante semanas. Escucharé todas las canciones de esta cantante durante semanas. La escucharé tanto que quizás se me olvide la voz de Tracy Chapman. 

Y dentro de dos meses, o tres, o cuatro, cuando la nostalgia vuelva a apoderarse de los cuerpos, recordaré que la combinación chocolate-guitarra trae de nuevo ese brillo, la alegría de la vida.

24 de enero de 2012

Martes

Mi odio hacia los martes es directamente proporcional a mi amor por los lunes. Nadie lo entiende. No pretendo que nadie lo entienda. Los gustos son así, aleatorios y caprichosos. Me gustan los lunes. Los lunes al sol, los lunes de octubre, los lunes que arden como el petróleo. Me gustan todos los lunes de la literatura, los lunes de la luna, los lunes que son redondos porque son el comienzo del mundo.

Los martes, sin embargo, son barreras de horas impenetrables. Se atragantan en el comienzo de la semana, se enredan entre las ideas y los buenos pensamientos del lunes. Son antesala de la felicidad, sí, la felicidad que es los miércoles, pero también son tedio.

Hoy estoy dispuesta a no soportar el tedio, sino a combatirlo. Y qué mejor manera de hacerlo que disfrutando con esta llovizna cálida de hoy, trabajo -mucho trabajo- y por fin Neuman, para el que he estado esperando un poco más de una semana. Es hora de Hacerse el muerto.


23 de enero de 2012

Concentrarse para salir de la realidad

Grofus from Dominic Reynolds on Vimeo.


Un compañero de trabajo acaba de dar un concierto de más de media hora de lo que acabas de ver. Es percusión electrónica. 

R., el percusionista, estaba concentrado, inmerso en su mundo personal de música. Tan concentrado que sus brazos llevaban ritmos diferentes, ejercicio físico y mental que no lograré conseguir hacer en la vida. Demasiada concentración. Una concentración que nos ha transportado a los otros fuera de la realidad. 

Dice mi amiga L. que existe una línea que divide la vida de la no-vida y que, a veces, se puede traspasar. Será porque yo aún no la he pasado ni deseo pasarla nunca, pero no creo en esa diferenciación, en esa vida. Sí creo en que la realidad está formada por realidades. Que la realidad de la música, de un espacio oscuro donde sólo se ven unos brazos golpeando una batería y música que te trasporta a otra dimensión, que eso sí existe. Creo en la realidad fuera de la realidad porque he estado en ella hoy mismo, durante algo más de treinta minutos. Jorge Volpi habla de que todo lo que vemos, sentimos, o hay a nuestro alrededor es pura ficción, es nuestra inventiva, producto de la mente. No hay realidad para él, entonces, sólo ficción. Pero, ¿es que nuestra vida es una ficción formada por ficciones paralelas? Posiblemente. Los argumentos que se entrelazan, las escenas que se repiten, las personas que amamos simplemente porque las hemos creado como nosotros queremos que sean.

Sea como sea, en la realidad, la ficción, la realidad paralela o la ficción paralela, la música siempre consigue llevarnos a otros rincones. A los rincones ocultos de la novela que escribimos a diario, a los rincones perdidos. Simplemente hay que concentrarse para salir del aquí y ahora abriendo muy bien los oídos y la mente.

Vive la vida.


Arriesga. Di la verdad. Sal con la persona que menos te conviene. Di no. Gasta todo tu dinero. Trata de conocer a cualquiera persona. Sé cualquier persona. Di te quiero. Canta en voz alta. Riete de los chistes malos. Llora. Discúlpate. Dile a alguien lo mucho que te importa. Dile a un estúpido lo que piensas de él. Riete hasta que el estómago te duela. Vive la vida. No te arrepientas de nada.

(Traducción muy libre hecha por mí misma).

22 de enero de 2012

Egoísmo


Me encantaría saber dónde reside el egoísmo, en qué parte del cerebro. Y si está cerca o lejos de la generosidad y de la gratuidad. Me gustaría saber si el espacio que la naturaleza le ha asignado a uno y a otro es el mismo. Porque tengo la sensación de que los cerebros están evolucionando haciéndole ganar espacio al egoísmo, matando todo resquicio de generosidad. 

Me encantaría saber si los primeros homo sapiens eran más egoístas o más generosos, si la civilización y la cultura nos han despojado de egoísmo o nos han recubierto de él. No sé si es el siglo XXI, la educación, la cultura de masas o el todo vale, pero observo con tristeza cómo las sociedades van acercándose cada vez más a lo que yo llamaría asociedades, espacios mentales o reales -ya no lo tengo muy claro- hechos por personas pero no para el resto de las personas, sino simplemente buscando el bien propio.

Me encantaría saber si se puede luchar contra el egoísmo de forma eficaz. Si la generosidad se aprende y si se puede enseñar. Me encantaría rodearme de personas que no fueran egoístas, que no pensaran sólo en ellos mismos y que pensaran en los demás con cariño, buscando su bien, el bien común; no como meros objetos de simple conversación.
Estamos rodeadeados de las personas más egoístas que existen en el mundo. Pero afortunadamente, también aparecen luces maravillosas dándolo todo de sí mismos para los demás, sin nada a cambio. Debe ser que la vida funciona así, siempre mayor porcentaje de lo malo que de lo bueno, para apreciar más lo bueno, para quererlo más, para retenerlo con nosotros en un ejercicio que intuyo también es de egoísmo.

21 de enero de 2012

Soundtrack for London, Tracy

Lo reconozco, me engancho a las cosas con rapidez y total naturalidad. Lo que empieza siendo un placer fugaz y repentino lo convierto en una rutina adictiva.

El queso. El café. Scrabble. O facebook. También tu sonrisa. La palabra “sí”. Sacar la cámara cada vez que el cielo está rosa: en Londres a las 5, en España a las 6. Su nombre. “Recuerdo”, de Ismael Serrano. O el primer poema del poemario “Four Quartets” de T. S. Eliot. Los abrazos españoles. El blog de un buen amigo. Tracy.

Con Tracy todo empezó de forma muy inocente: un par de canciones en una voz hermosa, un tanto híbrida entre hombre y mujer, una voz cálida y algo reseca a la vez. Una canción y atada a ella de por vida. O al menos cuatro meses atada a ella. Siempre tiene una palabra para cualquier situación, siempre hay una melodía que te empuja a la reflexión, o te hace moverte por fuera para sacudirte por dentro. Cada semana una canción diferente es mi favorita. Esta semana tiene que ver con la lluvia y va muy a tono con el clima, con el de fuera y el de dentro. Y tiene que ver con tener esperanza, con, como dice mi amigo Manuel, no cerrarle la puerta a la vida, sino dejar que la lluvia limpie todo lo feo y sucio. La canción dice “Give me hope”, pero no creo que nadie nos tenga que dar la esperanza, simplemente debe estar ahí. Siempre presente. Como el amor a la vida. Como el amor a Tracy, al café y a Scrabble.

19 de enero de 2012

Fotografía, blog y el color blanco


Cuando era pequeña solía jugar con mi madre a algo que me encantaba: relacionar colores con nombres propios. He seguido haciéndolo hasta la actualidad y a veces me descubro poniéndole color a los nombres de mis alumnos cuando escribo las listas de evaluación.

Igual que a los nombres, también les he asignado color, a veces, a los días de la semana, los meses u otros conceptos invisibles. Enero siempre ha sido blanco. Y no precisamente porque haya visto nevar mucho en enero. Simplemente el color blanco es un color simple, tan simple como una e seguida de una n seguida de una e y así sucesivamente. Porque los colores los asocio a la combinación de las letras que forman la palabra que designa el mes. Ah, ¡la mente!

Este enero, además, está siendo metafóricamente blanco. No solo tengo el blog abandonado, tengo mi cámara abandonada, guardada en su funda, dejando pasar los espectaculares cielos de este enero londinense. Cuando volvía a casa del colegio, admiraba los azules, amarillos y rosas que se difuminaban lentamente tras las ramas desnudas de los árboles que marcan el camino a casa. He estado a punto de correr a casa, sacar la cámara y disparar. Pero el blanco de este enero me ha vuelto a paralizar.

No sé si tiene que ver el periodo de re-adaptación a Londres, al idioma, a mis amigos, a las circunstancias que se mantienen y no recordaba y a las que recordaba y van cambiando poco a poco. El hecho es que me siento un poco vacía de cosas que contar. Quizás me he ido despojando de esa necesidad de contar que tenía hace meses o años. Quizás, también, otros soportes como facebook hayan sustituido el placer que antes sentía por escribir.

No escribo en el blog, no fotografío, estoy un poco anestesiada por este frío extraño de Londres. Leo, eso sí. Y disfruto enseñando, hablando de las cosas que creo que sé, descubriendo nuevas palabras en inglés y retomando el placer por escribir e-mails. Porque igual que Moses Herzog, el protagonista de la novela que estoy releyendo, siempre tengo algún pensamiento que anotar en cualquier trozo de papel que aparezca en los bolsillos, en el recuadro pequeño de un e-mail o en el hueco de facebook que me dejas para responder a los tuyos.

25 de diciembre de 2011

El Cant de la Sibil·la

Feliz Navidad.



El Cant de la Sibil·la, más información de este canto litúrgico tradicional mallorquín, aquí.

19 de diciembre de 2011

Humor

¿Qué sería de la vida sin sentido del humor?

18 de diciembre de 2011

Adioses

Decir adiós es irremediable. Tan irremediable como que todo tiene un final. Todo se termina. Acabo de decirle adiós a un amigo al que no he considerado amigo hasta ahora mismo, cuando hemos comido por última vez juntos y hemos escuchado trompetas y música de un compositor mitad griego mitad neozelandés.

Sé que hablo mucho de despedidas en el blog, pero es que lamentablemente estamos hechos de ellas. De despedidas y de encuentros, por supuesto. Con la vida en estado de ebullición constante que tengo, puedo decir que conozco al menos a una persona cada día, o para no exagerar diré definitivamente que conozco a una media de unas tres personas a la semana. De esas tres personas a la semana, al final del mes posiblemente solo recuerde a dos o tres si la vida no me los pone delante a diario, pero aún así, el instante del reconocimiento de una nueva persona en nuestra vida nos enseña muchas cosas. No tantas como el momento en el que decimos adiós.

Hoy le he dicho adiós a H., aunque los dos hemos fingido que volveríamos a vernos pronto. Nueva Zelanda está muy lejos para creer que esos miles de kilómetros que nos separarán en unos días podrán esquivarse fácilmente. Quizás por eso existe la memoria, para encerrar en nosotros trocitos de los demás, de esos que un día fueron una parte relativamente importante de nuestro día a día y que un día dejan de serlo. Dentro de mi memoria guardo fotos -imágenes mentales-, la música de John Psathas y el acento inglés de Nueva Zelanda de H. En eso se convertirá un ser humano con el que he convivido durante tres meses, con el que he aprendido la importancia de la danza y la música, la importancia de los lazos de amistad entre culturas diferentes. Hoy, con este adiós, meteré a H. en una nueva cajita de recuerdos e intentaré seguir engañándome a mí misma haciéndome creer que habrá una próxima vez. Si somos positivos, lograremos muchas más cosas.

25 de noviembre de 2011

Estética

A E. M.

Ayer hablé con mi familia y me contaron que C., una amiga de toda la vida, sigue luchando contra el cáncer. La conozco desde hace años y siempre la he conocido enferma. Enferma pero alegre. Muy gallega ella, muy mujer, muy positiva. Nunca he sabido qué la mantenía a flote durante todos estos años. Ahora sé que está pasando por su peor momento y tengo miedo de volver a España y que no lo haya superado. La vida te abofetea constantemente.

Me acordé de mi amigo E. M. cuando hablamos de C. Sé que no ha pasado por buenos momentos últimamente. Por muchas razones que aquí no vienen a cuento. El otro día, sin ir más lejos, comentando de manera muy fugaz los resultados de las elecciones del domingo, le dije, de pasada, que me había ido a refugiar a los museos para olvidarme de todo. Y ahora que estoy pasando por un periodo en el que la verdad me resulta un elemento fundamental en la vida, lo veo muy claro. Si nos acercamos a la vida con una perspectiva estética, podemos sufrirla o vivirla mejor, más humanamente. Quizás la verdad resida en el arte. Quizás nuestro alivio, nuestro refugio último sea el arte. 

He amanecido triste, pensando en C. y en su fortaleza. También pensando en todas las mujeres que sufren, de forma diferente, la violencia -hoy se celebra el día de la violencia contra las mujeres-. Lo tengo claro, estoy en contra de cualquier tipo de sufrimiento, de cualquier tipo de violencia, dirigida a quien sea. Estoy a favor de mujeres y hombres fuertes como C. o E. M. Estoy a favor del arte y la estética como única medicina contra la melancolía, la nostalgia y los males de dentro. Y a favor del cariño y la compañía para los males de fuera, los físicos.

Hoy, que pensaba en C. y en E. M. y leía el Romancero Gitano, me he encontrado con unos versos que en sí mismos ya hacen que un día como hoy tenga sentido y merezca la pena, cuatro simples líneas, pequeñitas, insignificantes, pero poderosas como todo Lorca, como el arte cuando acude en nuestro rescate cuando más lo necesitamos:

A la mitad del camino
cortó limones redondos,
y los fue tirando al agua
hasta que la puso de oro.

Hoy mis limones son estos versos y el agua es la vida. Ojalá todos encontremos la forma de ponerla de oro.

20 de noviembre de 2011

Manuel Casal y la verdad

Aunque esto suene a grandes palabras y a él mismo le sorprenda -por su humildad hacia sí-, he de decir que mi amigo Manuel Casal, cuyo blog está cargado de belleza, creatividad y muchísima humanidad, es una fuente de inspiración continua para mí.

Dice que está sobrecargado de actividad. Y se le nota en el blog y en los comentarios que hace por las redes social. Yo creo que está lleno de vida. La vida es eso también, mantenerse activo. Pero mantenerse activo con una actitud humana de búsqueda de la verdad, sobre todo. La verdad de uno mismo y de lo que hay alrededor. Aunque eso de verdad sea un concepto muy elevado, la práctica de la verdad es algo al alcance de todos.  Y Manuel vive con la verdad como punto de partida, por eso es tan inspirador.

Ayer publicó unas palabras en su blog que no deben dejar indiferente a nadie, lo más inspirador que he leído en la última semana junto con los sonetos de Shakespeare. Las releo constantemente porque son una fuente de verdad y de sentido común. Son fuente de vida. Creo que privar a la gente de su lectura es el mayor desperdicio, por eso me convierto en vocera de su palabra por un día. Te regalo sus palabras como él las regala a diario en su blog, y te invito a que leas su blog, una pequeña casita, Casa L, a la que hay que entrar con la mirada curiosa y ganas de seguir aprendiendo. Porque uno nunca sale de allí indiferente.

El arte es una puerta de otra vida

Si entras en contacto con el mundo del arte, aprovéchalo. Pocas veces en la vida estarás más cerca del placer intenso y sereno. El arte capta, entre otras cosas, la belleza que hay en las personas y en las cosas. Mira la realidad y el arte con ojos limpios, pero míralos y gózalos.

Todos tenemos algo de belleza. Estoy seguro de eso. Deja que los demás contemplemos tu belleza. Una belleza que no se comparte es como si no existiese.


Y, sobre todo, desarrolla tu creatividad. Inventa. Atrévete. Mira todas las posibilidades. No te contentes con lo que hay, que contentarse es de pobres vitales y hay que ser ricos hasta hartarse de vivir. Sé libre. Quítate de encima los prejuicios que te tienen encorsetado. Déjate llevar por tus impulsos, con cuidado de no molestar a nadie. No te calles nada. Procura soltar lo que te salga de dentro. Experimenta. Huye de lo simple. Siéntete cerca de la gente, de las cosas y de la Naturaleza. No te olvides de que a la realidad le gusta ocultar la belleza, pero que tenemos que descubrirla, vivirla y gozarla. Nunca creas que estás solo. Estás en el mundo y el mundo siempre está por descubrir. Comparte. Pregunta. Ofrécete. Saca de ti todo lo que llevas dentro. Vive intensamente. El arte es la puerta de una vida nueva.

18 de noviembre de 2011

Reflexión post-electoral

Algunos de mis amigos de Londres me lo han notado. Ayer uno de ellos me lo dijo directamente: "Se te nota preocupada, puedo notar la tensión". A F., mi compañera italiana, y a mí la prensa nos golpea cada mañana desde hace varias semanas. Pero estos últimos días a mí se me nota especialmente tensa. "Son las elecciones en España", les explico. Resumo rápidamente cómo están las cosas y cómo estarán a partir del domingo. Aunque aquí nadie es oráculo para adivinar quién ganará, las apuestas están hechas y hay un partido que tiene más papeletas para ganar que el otro, y nunca mejor utilizada la metáfora de las papeletas.

Cada mañana me levanto un poquito más angustiada y cuando hablo de la situación de desempleo, de las revueltas por los problemas en educación, de la falta de buenos políticos y de programas visibles y reales que ayuden a España a convertirse en un país de presente y de futuro; cuando hablo de estas cosas, se me llenan los ojos de lágrimas. "Se te nota preocupada". Las palabras de E. resuenan una y otra vez en mi mente. Es cierto que soy una persona sensible y que expreso abiertamente mis emociones, pero nunca habría podido llegar a imaginar que la situación de mi país me iba a tener con el alma en un puño, con el rostro preocupado y la mirada perdida. Mis amigos españoles me dicen que no vuelva, que me quede aquí. Y creo que es una buena opción, pero yo quiero a mi gente y a mi país como la que más y también quiero volver. Echo de menos muchas cosas. Pero aquí vivo sin incertidumbres. Me siento entre dos tierras, y nunca mejor dicho. Pero esta de ahora no es mi tierra, ni siquiera esto se parece a Inglaterra. Esto es una burbuja inventada por un grupo de personas interesadas en una educación de prestigio para las elites. Esto es un oasis boscoso en medio de la ciudad. Un oasis donde me enseñan a hablar inglés, donde me están dando todas las oportunidades del mundo y donde me sigo haciendo una mujer. Pero a veces sospecho que esto no es la vida tal y como yo la había conocido hasta ahora y como tendré que afrontarla cuando acabe el año.

Quedan tan solo dos días para las elecciones. Mañana no será jornada de reflexión para mí, porque mi voto voló hace ya varios días hasta la mesa electoral de mi colegio de Parla. En mi familia, que el día de elecciones siempre ha sido un motivo de regocijo, de fiesta, de democracia e ilusión, el próximo domingo puede que se plantee como un día triste. El lunes seguirá habiendo paro y puede que el banco europeo tenga que rescatar a España de su deuda. Para mí el domingo será otro día londinense más, con frío, con patos y con paseos. No habrá el vermú de los domingos de elección, no habrá regocijo, fiesta, democracia e ilusión. Estaré lejos de casa y casa estará lejos de mí. El domingo echaré de menos a mi país de charanga y pandereta. Y a las personas que me enseñaron a pensar y a creer en la democracia hablando durante las comidas de la gran diferencia entre el rojo y el azul.

12 de noviembre de 2011

Presente o lo que hace un día diferente.

Otra vez el tren. Esta vez en inglés. En realidad, otra vez el metro.

La línea es la verde, District Line. Ocupamos seis asientos. Enfrente de mí un señor lee Big Woods, de Faulkner. Está concentrado y nervioso al mismo tiempo y posiblemente a causa del barullo que armamos con nuestra conversación se cambia de asiento para seguir leyendo tranquilamente. Nunca antes había visto a alguien leer a Faulkner en el metro. Faulkner me recuerda a M., y no creo que M. lea a menudo en el metro, quizás por eso no asocio al escritor con el medio de transporte. Nosotros, mientras el señor de mirada concentrada lee a Faulkner, vamos a un mercado de alimentos en el centro de Londres. Es el lugar favorito de E. El mismo E. que me enseñó al compositor inglés Adès y con quien he compartido un verso de TS Eliot. E. es un E. diferente al de hace siete años, pero ama la música tanto como él. Ama la música y se entusiasma con Londres igual que se entusiasma con la izquierda política, la comida de Borough Market o la forma en que K. le dice que le quiere. La visita al centro es diferente a las anteriores visitas al centro. En el metro solo escucho inglés, aunque hay alemanes, una italiana y yo. Es un día diferente. Es noviembre pero no hace frío. Por la mañana el sol parecía la luna, posiblemente porque anoche hubo luna llena y al mirar al sol por primera vez una capa espesa de neblina y nubles lo ha convertido en una esfera de color blanco. El recuerdo de la luna de ayer ha pintado de blanco el sol. Es un día diferente porque he vuelto a leer a TS Eliot, porque ahora conozco a un compositor más y porque sé, con una certeza empírica, que en Londres se pueden comer el mejor paté de trufa y el mejor queso del mundo. Es un día diferente porque hemos sobrevivido al 11/11/11. Yo sobreviví a él en Hyde Park igual que Faulkner ha sobrevivido al metro. Es un día diferente porque por fin me he dado cuenta de que pasado y futuro no existen, de que solo existe el presente y hay tres formas de llamarlo según si se trata del presente de hace un segundo, el presente de ahora mismo o el de dentro de un segundo. Me lo ha dicho TS Eliot otra vez, con su poesía genial. No es que Londres, o la comida, o el metro, o E., o hablar en inglés, o el otoño hayan hecho de hoy un día diferente. Lo que hace que hoy sea un día diferente es la certeza de saber que vivimos en un constante presente. Y eso es un regalo.

9 de noviembre de 2011

Madrugar


Londres se parece a Salamanca a las ocho o a las ocho y media de la mañana. Supongo que todas las ciudades, cuando se despiertan, son la misma y van adquiriendo su carácter propio a medida que avanza el día. Creo que si me preguntaran en qué se parecen ambas ciudades sólo podría responder eso, se parecen en sus despertares.

Me he dado cuenta de que Salamanca y Londres tienen despertares similares -además muy parecidos también a los despertares de Parla, Hamburgo o Santiago de Compostela-, porque de repente he decidido madrugar. Siempre me ha gustado madrugar, supongo que esa costumbre la he aprendido en casa, donde a partir de las siete de la mañana la vida empieza a cobrar vida. El caso es que las primeras semanas en Londres no he estado madrugando tanto como a lo que estoy acostumbrada, y no me sentía yo muy yo con el nuevo hábito, aunque tampoco tenía el ánimo listo para madrugar. Hasta que he decidido hacerlo. Al igual que dormir bien, madrugar nos hace un poquito más felices, y no tengo una prueba científica de ello, simplemente experimento empíricamente con mi propio organismo.

Las siete es una buena hora para decirle "buenos días" al día. Un café, una ducha, un desayuno energético en el comedor del colegio... todo esto le da al día una perspectiva nueva. También permite hacer las cosas más relajada, porque las clases no empiezan, en el peor de los casos, hasta las nueve y media. Así que, con el cuerpo más cargado de vida desde antes, uno mira al mundo con los ojos y la mente despejados, toma decisiones menos precipitadas, disfruta de la brisa matutina que recuerda la brisa matutina de todas las ciudades del mundo a las ocho de la mañana y se prepara para agarrar con fuerza un nuevo día que, para el que madruga, tiene más horas que para el que no.

Revivir la experiencia que supone madrugar es otro de los pequeños regalos que me estoy haciendo en este otoño londinense.




Foto tomada del periódigo digital Telegraph.

8 de noviembre de 2011

Todo cambia

Todo cambia.

Creo que esto ya lo he dicho antes, además utilizando las palabras de Mercedes Sosa. Y es verdad, todo cambia. Y lo bonito es darse cuenta de ello, ser conscientes de que dejamos de ser un poco nosotros para convertirnos en unas versiones, posiblemente mejoradas, de nosotros mismos pero del futuro. Nosotros más nosotros que nunca.

Digo que todo cambia porque últimamente me he dado cuenta de que me gustan cosas que antes no me gustaban, que empiezan a dejar de gustarme otras y que las cosas malas que estaban atrás y de las que quedaban aún remanentes, comienzan a perder interés y fuerza, por lo que suelto lastre y vacío la maleta para lo nuevo que viene pegando fuerte. El cambio es siempre un alivio. Ayer me dijo una amiga que consideraba que yo era "refreshing", y posiblemente sea por esa capacidad que tengo de adaptarme al cambio o por lo cambiante que soy yo misma. No sé si ser refreshing debo tomarlo como un cumplido, pero me gustó que me definiera así, porque en cierto modo así es también como yo me siento últimamente.

Ha habido en mi vida pequeños y grandes cambios. Como anécdota diré que ahora, tras años renegando de ellos, me gustan el italiano y los musicales. Vivir para creer.

6 de noviembre de 2011

Somos seres naturales

Cuando decidí aceptar la beca para venir a Londres, imaginé la experiencia londinense como una experiencia urbanita, porque Londres, junto con Nueva York, es la ciudad, por antonomasia. De hecho, posiblemente, en Europa, Londres sea la que más merezca el título que le acabo de otorgar.

Sin embargo, mi experiencia real de Londres es una experiencia muy natural. Natural en varios sentidos. El literal, el que salta a la vista, es ese que tiene que ver con que vivo en un lugar rodeado de naturaleza mire por donde mire. Al asomarme a la ventana de mi cuarto veo árboles y un río. Es un tramo un poco estrecho del Támesis el que me saluda cada mañana, pero es una bonita y brillante masa de agua. Está ahí siempre y me hace feliz porque, como ya escribí aquí alguna vez, yo misma soy pura agua. Así que el río y yo nos mimetizamos el uno en la otra creando una unidad líquida que equilibra la solidez de los árboles y los caminos que también forman parte de este entorno. El río, los caminos y los animales. Nunca en una ciudad me había sentido tan parte del paisaje natural. Soy un elemento más aquí. Siento que combino bien con los zorros, las ardillas, los gansos y las arañas. Y ese sentimiento, estando en Londres, me causa a la vez una mezcla de extrañeza y normalidad difícil de expresar con palabras.

Vivo entre Hammersmith y Barnes, estando el segundo caracterizado por ser una zona acomodada de Londres. Un área que tiene un parque natural y tienditas pequeñas y acogedoras donde comprar ovillos de lana o las mejores calabazas de la zona. Barnes es un barrio-pueblo donde la llegada del otoño se vio reflejada claramente en el color del cielo y de las hojas de los árboles. Y ese momento llegó de la forma más natural, porque la naturaleza y la civilización -si es que se pueden contraponer estos términos de este modo- se fundieron en uno, como el río y yo cada día.


Con respecto al sentido más metafórico de la experiencia natural que está siendo Londres, tengo que decir que las cosas suceden con sencillez y facilidad. Todo es natural. El contacto mismo con la ciudad y el paisaje, las relaciones con la gente, el modo en que me voy volviendo más fluida en inglés y la capacidad de ser equilibrada, sincera y justa con la gente. Todo ocurre como en un proceso natural lento pero afianzado. Es como la coloración -o decoloración- de las hojas y el acortamiento de los días. Todo sucede de forma paulatina pero constante y real; de forma muy natural. Y yo soy tan consciente de ello y he reflexionado tanto acerca del tema, que quería dejar constancia escrita aquí de que somos seres naturales y de que esos trozos de naturaleza real de los que estamos hechos afloran siempre y cuando estamos atentos a nuestro alrededor. Porque, eso sí, nunca podremos ser seres naturales si no abrimos bien los ojos, miramos a los demás y a lo demás con curiosidad y aprendemos que formamos parte de algo mucho más grande e importante. Algo que es visible y tangible, no una simple idea. 

Te voy a pedir un pequeño favor: sorpréndete con la naturaleza, mira con ojos bien grandes lo que está más allá del bloque de pisos donde vives, porque siempre hay algo más. Solo depende de los ojos con los que lo observes.