31 de octubre de 2009

Regalar canciones /1

Sólo los cantautores pueden regalar sus canciones sin más. Cuando un simple escuchante quiere regalarlas tiene que dar motivos, decir porqués, tratar de convencer con argumentos de por qué le gusta esa canción de ese o esa cantante. El tono de la voz del cantante, la letra, la guitarra, la armonía de la composición.... yo qué sé, cosas así.

Pues yo me niego a dar argumentos. Pienso regalarte una canción para cada día de la semana porque sí. Simplemente porque me gusta. Porque en este difícil comienzo de curso esta música me ha dado las fuerzas para seguir adelante y para evadirme en los momentos en los que debía hacerlo. Ahora que ya ha pasado lo más complicado, las comparto contigo, porque quizás tú también las necesites.

CANCIÓN 1: In the Colors, Ben Harper

28 de octubre de 2009

Décimo

Se cumplen hoy diez años de aquella mañana fría de principios de curso en que la profesora de lengua, casi con lágrimas en los ojos, nos anunciaba la muerte del poeta. Yo no la entendía entonces. ¿Por qué estaba tan triste? Nos pidió que redactaramos una breve biografía del poeta y que eligiéramos un poema suyo que nos gustara.

Por entonces, que no lo conocía, elegí uno de Marinero en tierra. Diez años después, y siendo una apasionada de la obra albertiana, entiendo la tristeza de mi profesora de lengua y en mi homenaje particular elijo un poema de mi libro favorito: Sobre los ángeles.

EL ÁNGEL BUENO

Vino el que yo quería
el que yo llamaba.
No aquel que barre cielos sin defensas.
luceros sin cabañas,
lunas sin patria,
nieves.
Nieves de esas caídas de una mano,
un nombre,
un sueño,
una frente.
No aquel que a sus cabellos
ató la muerte.
El que yo quería.
Sin arañar los aires,
sin herir hojas ni mover cristales.
Aquel que a sus cabellos
ató el silencio.
Para sin lastimarme,
cavar una ribera de luz dulce en mi pecho
y hacerme el alma navegable.

25 de octubre de 2009

El rey de los elfos (Erlköning)



El rey de los Elfos

Van cabalgando en altas horas
entre la lluvia y el misterio,
y como el niño está miedoso
lo arrima el padre contra el pecho.

-¿Qué tienes, hijo, que así tiemblas?
-Al rey de los silfos contemplo
con cetro real y manto undívago.
-Solo son nieblas por el cielo.

-Vente conmigo, niño hermoso,
a mi palacio azul de ensueño;
Con trajes de oro y pedrería
en los pensiles jugaremos.

¿No sientes, padre, cuál me llama
con dulces voces en secreto?
Deja el temor. Lo que tú escuchas
son hojas secas en el suelo.

¿Por qué demoras? De mis hijas
tendrás los mimos y los besos,
y con sus cantos y sus danzas
te arrullarán entre tu lecho.

Del rey las hijas no contemplas
en la penumbra, a lo lejos?
-No llores más... Son lentos sauces
que se columpian en el viento.

-Si tú no vienes, a la fuerza
te tomaré porque te quiero.
-Me ahoga, padre, entre sus brazos
el rey de los silfos, violento...

Aguija entonces el caballo
y asiendo aún más al pequeñuelo
llega a su hogar... Cuando se apea
halla, oh dolor, que el niño ha muerto...




A mí también me llama el rey de los elfos; espero saber protegerme. Gracias por este lied, Diego, es maravilloso.

19 de octubre de 2009

Sin techo

La melancolía es un sentimiento que nos ha inundado a todos alguna vez en la vida. Hay quienes son capaces de ponerle música y encajar su experiencia en unos versos.

Desde Galicia, esta melancolía callejera:

18 de octubre de 2009

Salinger y la educación

Quería leerme El guardián entre el centeno, pero no estaba en la biblioteca, así que tomé prestado lo único que había de Salinger en ese momento, Nueve cuentos. El año pasado ya leí uno de los cuentos de esa antología, pero no me gustó demasiado, quizá no lo entendí bien. Esta vez me he saltado aquel que no me gustó el año pasado y estoy leyendo mis particulares ocho cuentos. Hay uno de ellos que me ha gustado especialmente, se titula "Teddy" y es una revelación en sí mismo. Me ha descubierto a un escritor que no conocía. Me ha enseñado a pensar y me ha dado mucha materia para reflexionar. Te dejo a ti con unas líneas de este cuento complejo y denso. Para filosofar:


16 de octubre de 2009

Celebraciones

A veces me sorprende el hecho de que, a pesar de mi mala cabeza y el caos que me rodea, consigo llevar una vida sin demasiados incidentes. Aquí estoy. He recordado qué línea de metro me lleva hasta casa, hoy no he olvidado las llaves y sé de sobra que hoy cumple años Andrés. Pero la celebración hoy es doble. Y el segundo aniversario es el que he olvidado.

Recibí, algún día de la semana pasada, un e-mail de la redacción del blog Cienoliletras, la maravillosa herramienta de comunicación que algunos profesores y alumnos del IES El Olivo (en Parla) llevan haciendo desde hace un año. En ese e-mail se pedía a los colaboradores y visitantes del blog que escribieran una pequeña felicitación para conmemorar el primer aniversario del blog. Y yo, sumida en mi sempiterno caos, me olvidé de hacerlo. Así que hago llegar ahora desde aquí mi particular homenaje.

Palabras, palabras.

Palabras que vienen
montadas en el triciclo
del hijo de Miguel Hernández.
Palabras cargadas de vida
adolescente: un poema,
una imagen y la ilusión
de verse retratado en ellas.
Palabras que son un homenaje,
una historia de hace siglos
que es también tu historia.
Palabras de cero y uno,
el código binario
de este lugar de encuentro.
Palabras, palabras.

Palabras que lo son porque
tú y yo las leemos,
porque antes fueron pensadas,
porque siempre las esperamos.
Palabras, palabras,
palabras de vida
en un rincón del universo
donde Serrat y el rap se dan la mano
y nosotros somos espectadores
de ese milagro.



Muchas felicidades y que cumpláis muchos años más.

13 de octubre de 2009

sol de otoño

Estación de tren a las 4 de la tarde.
Octubre. Otoño.
Y un sol radiante que intenta entrar a mi piel a través de los huecos del jersey calado.
Estreno corte de pelo, sonrisa y semana.
Aún así, ya estoy cansada.
Sin embargo este sol de otoño me da la vida. Cierro los ojos y dejo que el jazz de Marta me inunde, junto con el sol, en un banco metálico de una estación de tren de Madrid.
Ahora cierro los ojos de nuevo. Esta vez ante la luna. Sigo escuchando música, esta vez no es jazz. Un "últimamente" firme de Serrano, de esos de cuando uno está perdido y reconoce que en las esquinas de la vida la sobrevida acecha.



Ahora, a dormir.

9 de octubre de 2009

Por los viejos tiempos de la improvisación

Creo que sólo Marta va a entender esta entrada.

8 de octubre de 2009

Volver a Sabines

O volver a la poesía como punto de encuentro con uno mismo.
Sabines me reencuentra con muchas partes de mí y dice, a los nuevos, muchas cosas que yo todavía callo.


He aquí que tú estás sola y que yo estoy solo.
Haces cosas diariamente y piensas
y yo pienso y recuerdo y estoy solo.
A la misma hora nos recordamos algo
y nos sufrimos. Como una droga mía y tuya
somos, y una locura celular nos recorre
y una sangre rebelde y sin cansancio.
Se me va a hacer llagas este cuerpo solo,
se me caerá la carne trozo a trozo.
Esto es lejía y muerte.
El corrosivo estar, el malestar
muriendo es nuestra muerte.

Yo no sé dónde estás. Yo ya he olvidado
quién eres, dónde estás, cómo te llamas.
Yo soy sólo una parte, sólo un brazo,
una mitad apenas, sólo un brazo.
Te recuerdo en mi boca y en mis manos.
Con mi lengua y mis ojos y mis manos
te sé, sabes a amor, a dulce amor, a carne,
a siembra, a flor, hueles a amor, y a mí.
En mis labios te sé, te reconozco,
y giras y eres y miras incansable
y toda tu me suenas
dentro del corazón como mi sangre.
Te digo que estoy solo y que me faltas.
Nos faltamos, amor, y nos morimos
y nada haremos ya sino morirnos.
Esto lo sé, amor, esto sabemos.
Hoy y mañana, así, y cuando estemos
en estos brazos simples y cansados,
me faltarás, amor, nos faltaremos.

7 de octubre de 2009

Yo escribo, tú lees, él lee

El que escribe y publica sus textos en internet, siente una curiosidad enorme por saber quiénes lo leen. Se tienen certezas, a veces, y otras veces acecha la duda de si aquella persona a la que le pasaste la dirección del blog hace meses sigue leyéndote, o mejor, si algún día llegó a leerte.

Yo quiero saber quién eres tú, quién es el que escribe en google "falsirego" esperando que el buscador le lleve hasta mí. Es una magia extraña esta del emisor y el receptor de mensajes en un canal tan efímero como este blog mío. Ya lo dije el otro día: debe ser que ya se me había olvidado lo que es sentirse leída. Porque renace de nuevo la ilusión de lanzarme a mirar en la barra de visitas quiénes han sido los que han dedicado un pedazo de su tiempo para leer estas palabras que, si no fuera por esta herramienta, se habría llevado el viento.

6 de octubre de 2009

Enganchada

¿Qué nos pasa a los seres humanos que necesitamos engancharnos a algo? A algunos les da por atentar contra su salud y engancharse al tabaco; a otros, por la comida basura. Una vez tuve una profesora que nos confesó que, en una época de su vida, se enganchó al caldo de pollo, y que por eso nunca había probado ningún tipo de droga (aparte del tabaco), porque tenía miedo de acabar metiéndose de todo en cualquier parte.

Hay otros que se enganchan, como parásitos, a otra persona. A sus hijos, a sus padres, a sus parejas, a sus amores platónicos, al sueño que tuvieron hace dos semanas, al programa de televisión que les muestra la basura y la infelicidad de las vidas ajenas...

Mis alumnos están enganchados a juegos de videoconsola, a series dirigidas a adolescentes, al messenger, al tuenti,... Es curioso, ninguno ha confesado estar enganchado a la música o a la lectura. Y yo estoy segura de que leen y de que escuchan música.

Yo he estado estos meses atrás desenganchada del blog, y ahora me he reenganchado. En ese tiempo estuve enganchada al FB (desde la distancia no se ve tan interesante) y a mis ensoñaciones. Ahora, sigo con mis ensoñaciones y he acabado enganchándome a una serie de televisión de esas que sólo pueden verse ya por internet. Decía otro profesor que tuve que las personas consumimos ficciones. Buscamos Algo que perdimos hace mucho tiempo y que sólo podemos saciar con el juego, y que cada uno entienda el juego a su manera. Huizinga dijo en uno de sus famosos ensayos que el ser humano actual debería definirse como homo ludens.

En fin... sin juegos, sin estar enganchados a algo que sacie nuestros apetitos más primitivos, ¿qué sería de nosotros?

5 de octubre de 2009

Cambiar de aires



Oficialmente (lo dice la RAE), cambiar de aires es 'cambiar de residencia'. Entre tú y yo, cambiar de aires puede ser muchas otras cosas. Cambia de aires el que se escapa un fin de semana a la sierra para descansar de toda la semana. Cambia de aires el que, harto del lujo de su vida, decide entrar de voluntario en cualquier asociación que requiera de sus servicios. Cambia de aires el que estructura su mente de otra manera. Yo hoy comienzo un cambio de aires incorporando a mi organización mental un nuevo idioma. Tras meses de dudas, incentivos internos y externos, un estupendo viaje y un pequeño cambio de mentalidad gracias al desfase cultural de hace unos meses, he decidido apuntarme a estudiar alemán. Un cambio de aires.

Desconectar de la vida de aquí. Descubrir la versatilidad de los músculos fonadores. Aprender que uno es capaz de hacer lo que se proponga, incluido pronunciar tres consonantes juntas al inicio de palabra. Y lo más importante, tener la certeza de que en una vida hay cientos de vidas.

Hoy he aprendido algo esencial (y no han sido los números en alemán): todos somos capaces de todo. Si he podido pronunciar zwei, podré sacar adelante a mis chicos de apoyo de segundo. Aunque ello requiera tiempo. No hemos nacido aprendidos.

4 de octubre de 2009

Para viajeros (in)constantes. También para los que hacen el viaje definitivo.

Todos saben que las aves migratorias
siempre encuentran el camino de regreso


3 de octubre de 2009

Cajas. Tesoros.

Cuando era pequeña no leí La isla del tesoro. En realidad no leí de pequeña nada de la literatura de aventuras escrita para niños y adolescentes en los siglos XIX y XX. Cuando uno no consume esa literatura de pequeño, luego le cuesta hacerlo de mayor. Tiene algo así como unas carencias literarias básicas que intenta suplir con las lecturas de adulto, aunque el resultado no es el mismo. De pequeña no leí nada de Verne y muy poco de los hermanos Grimm o de Charles Dickens. Lo que yo hacía de pequeña era ir a la biblioteca y beberme los libros de la colección del Barco de Vapor, de los que hoy en día recuerdo bien poco.

El caso es que a pesar de esa carencia literaria, siempre me han fascinado los tesoros. Supongo que a cualquier niño le fascinan los tesoros. De pequeña siempre escondía cajitas con monedas, cromos o juguetes y me olvidaba de ellas hasta que, meses después, aparecían en cualquier cajón o armario, o incluso bajo los cojines de un sofá. ¡Era fantástico descubrir esos mini-tesoros escondidos en cualquier parte de la casa!

Conforme fue pasando el tiempo y me hice mayor, cambié mi afición de esconder las cosas por la de guardarlas. Fue, creo, en la adolescencia cuando descubrí las cajas. En cuanto veía una caja de un material diferente o un diseño un poco fuera de lo común me apropiaba de ella y la llenaba de cualquier cosa: pinturas, postales, fotos, recortes de prensa, números de teléfono, bolígrafos, velas... lo que fuera. No importaba el contenido, siempre fue más importante el contenedor. Así hasta hoy, que mantengo esta afición, aunque le dedico menos tiempo y esfuerzo que antes.

Hoy me ha dado por abrir una de esas cajas. Si digo la verdad, a veces tengo miedo de abrirlas, siento algo así como lo que debió de sentir Pandora cuando de su famosa caja salió aquella cantidad de cosas prohibidas. A mí el miedo me entra antes. No sé qué voy a encontrar. A veces no sé si estoy preparada para encontrar. Hoy ha ocurrido algo así. Una fuerza tiraba de mí para abrirla; otra, para que no lo hiciera. Pero al final la he abierto.

Varias postales de Alemania y de Santander. Un estuche con un bolígrafo. Una carta de un antiguo novio. Y las fotocopias de algo parecido a un poemario. Recuerdo perfectamente la primera vez que las vi. Las tenía mi madre por alguna parte y yo me apropié de ellas. Entonces, no me fijé en los versos, ni siquiera me interesó averiguar quién las había escrito. Nunca hasta hoy había sentido curiosidad por esas fotocopias viejas de un libro antiguo. Me he puesto a intentar organizarlas, porque estaban muy desordenadas, muchas de las hojas repetidas y sin título ni autor por ninguna parte. Mi madre ha visto el jaleo que había organizado tratando de aclarar un poco el mini caos de esas páginas y ha recordado cuando hizo las fotocopias, aunque ni ella siquiera ha sido capaz de traer a la memoria al autor de los versos. Tras unos minutos de reorganización de las páginas, he descubierto, entristecida, que no estaban todas, que había páginas sueltas y que las fotocopias del libro en cuestión comenzaban en la página 106. Y estas son las palabras:

A Franco uno muy especial le está limpiando las botas
todavía, con la venia y la bula del Sumo Pontífice...
Aquí arriba, en este continente, los yankis levantaron
más alto que de costumbre su viejo slogan inglés Gold's
country
. Pero ya sabemos quién es este Dios: una divinidad
antiséptica y esterilizada que no se propaga...
una especie de malaria muerta...
Todos los espías, todos los traficantes de pólvora y todos
los canallas del mundo llevaban a Dios en el bolsillo.
Todos tenían su Dios... ¡Todos!
El escarnio y la ignominia...
el crimen...
la cobardía y la injusticia.
¡Las babas y la Sombra!
¡Sólo los republicanos españoles no teníamos Dios!


Estas palabras me han llevado a internet y en seguida he podido comprobar que es León Felipe el autor del libro. Mi madre lo ha confirmado echando la cabeza hacia atrás, recordando. Yo, entonces, he pensado en qué le llevaría a mi madre a fotocopiar este libro. Por qué lo hizo. Por qué no soy yo capaz ahora de olvidarme de estas páginas amarillentas y tirarlas a la basura como algunos de los papelotes que estaban en esta misma caja.

León Felipe. El poeta prometeico del que nos habló Antonio Sánchez Zamarreño en una de las primeras clases de literatura a las que asistí en la universidad. De forma extraña, entre mi madre y yo se crea un vínculo literario hermoso. Y yo, que había olvidado todo de estos últimos años, recuerdo una vez más la imagen del hacha de León Felipe de la que tantas veces nos habló Zamarreño.

“A los caballeros del Hacha, a los cruzados del rencor y del polvo… A todos los españoles del mundo”. L.F.

* * * * * *

León Felipe

¿Por qué habéis dicho todos
que en España hay dos bandos,
si aquí no hay más que polvo?

En España no hay bandos,
en esta tierra no hay bandos,
en esta tierra maldita no hay bandos.
No hay más que un hacha amarilla
que ha afilado el rencor.

Un hacha que cae siempre,
siempre,
siempre,
implacable y sin descanso
sobre cualquier humilde ligazón:
sobre dos plegarias que se funden,
sobre dos herramientas que se enlazan,
sobre dos manos que se estrechan.

La consigna es el corte,
el corte,
el corte,
el corte hasta llegar al polvo,
hasta llegar al átomo.
[...]
Aquí no hay más que átomos,
átomos que se muerden.
[…]
Vuelan sobre tus torres y tus campos
todos los gavilanes enemigos
y tu hijo blande el hacha
sobre su propio hermano.
Tu enemigo es tu sangre
y el barro de tu choza.
[...]
Y el hacha cae ciega,
incansable y vengativa
sobre todo lo que se congrega
y se prolonga:
sobre la gavilla
y el manojo,
sobre la espiga
y el racimo,
sobre la flor
y la raíz, sobre el grano
y la simiente,
y sobre el polvo mismo
del grano y la simiente.

Aquí el hacha es la ley
y la unidad el átomo,
el átomo amarillo y rencoroso.
Y el hacha es la que triunfa.

* * *


Las cajas, los tesoros, la literatura... En el fondo, no soy tan diferente de aquella niña que solía guardar monedas para encontrarlas más tarde.

2 de octubre de 2009

Visitas inesperadas

Desde Chile.
Desde Salamanca.
Desde California.

Ayer recibí más de cincuenta visitas. Tal cantidad de visitas hizo que me sonrojase. Hacía tanto que no le dedicaba tiempo al blog, que no recordaba la alegría de mirar en la barra de la derecha todas las visitas recibidas.


Las mejores visitas, igual que los mejores regalos, son las que no te esperas. Llaman a la puerta y se enciende solo el calor de un hogar, aunque sea un hogar escrito con un código binario que sólo los muy inteligentes han logrado descifrar.

1 de octubre de 2009

¿Qué pasa en el mundo?


No es una pregunta retórica. Me pregunto qué pasa en el mundo porque llevo unos días en los que yo paso por el mundo, pero el mundo no pasa por mí. Eso significa que no sé qué está ocurriendo en el mundo. O quizás sería más acertado decir que no sé qué es lo que dicen los medios de comunicación que ocurre en el mundo. Porque la mayoría de las veces, las cosas realmente importantes, las que nos producen el desconsuelo mayor, no se ven, no se nos muestran.

Ahora vivo un "momento Ego" que me tiene absorbida de la vida en sociedad. Esta mañana he oído algo de un terremoto pero no sabía de qué se trataba. Tras la vuelta a casa he comprobado que al menos 529 personas han muerto en Sumatra. Yo paso por el mundo, pero el mundo no pasa por mí. Y esto del terremoto es solo un ejemplo. Hay temporadas en las que uno se convierte en un ovillo de lana y sus sentidos relacionados con la socialización quedan en el cabo interno del rollo. Y aquí por socialización me refiero a interacción e integración con y en el mundo.

¡Qué pena estas temporadas de sequía social universal! ¡Qué rabia por esa llamada que no acabo de hacer, ese e-mail que he dejado de escribir y por ese par de horas que no dedico a intentar descifrar qué es lo que pasa en el mundo! Porque aunque en nuestras veinticuatro horas de soledades y colectividades no ocurra nada realmente interesante, sigue habiendo vida ahí fuera. Al mundo le sigue creciendo el pelo.

30 de septiembre de 2009

Las SS: Sabina en Salamanca

Pues sí, despierto del letargo por Salamanca y por Sabina.

Hace unos meses empecé a elaborar una serie en este blog sobre citas de Sabina. La intención era leer finalmente Joaquín Sabina. Concierto privado, escrito por un amigo. El libro lo tengo ya (desde hace tiempo). Me falta el autógrafo y que me vuelva a entrar el "momento Sabina". Se me hace grande el libro sin la pizca de mitomanía que ello requiere. Necesito dos tardes enteras, la discografía completa a mano y estar lo suficientamente atenta como para no dejar escapar ni una sola frase. Cuando tenga en mi mente esas palabras, seguro que vuelven las citas a este blog.

Sea como sea, resulta que me entero por varias fuentes, una de ellas anónima -aunque no tanto-, de que Sabina toca el 20 N en Salamanca. Y claro, me entran unas ganas tremendas de comprar la entrada, de tener de nuevo mi "momento Sabina" y de estar allí ese día. Por muchas razones: sería mi primera vez con Sabina, lo cual tiene su encanto; sería mi vuelta a la piedra castellana; sería el reencuentro con amigos... Pero, lamentablemente, no siempre querer es poder y es posible que no pueda estar allí escuchando a Sabina en noviembre. Así que, adelantaré la visita a octubre, llevaré hechos los deberes y disfrutaré de Sabina en una habitación que tiene dentro un bosque y una amiga. Si lo deseamos con todas nuestras fuerzas, seguro que sentimos que esas canciones siguen siendo solo nuestras.

Mío siempre será este boulevard de los sueños rotos. Y los sueños, sueños son.

20 de septiembre de 2009

La lluvia cae en soledad



de Celtas Cortos

Estos días me ha dado por escuchar de nuevo a los Celtas Cortos. Han estado en Parla en las fiestas y me he acordado de cuando los descubrí, cuando los escuchaba casi a diario y sus letras me hacían pensar. Hace mucho tiempo que no se escriben canciones en español sobre las que pensar. O para ser más exactos, hace mucho que no se da a las canciones para pensar la repercusión que deberían tener. La alegría de la vida o el amor son los temas más recurrentes en la música española actual que se escucha en la radio y en cualquier parte. Letras con poco contenido para reflexionar, letras que te dejan indiferente, letras para bailar, para tararear. Celtas Cortos, Revolver, Ismael Serrano, Tontxu, Pedro Guerra... canciones para pensar. Porque la música, igual que la buena literatura, no es sólo un regalo para los oídos, sino un impulso para el alma.

18 de septiembre de 2009

Las bibliotecas y el otoño

Creo que no hay mejor estación del año en la que acercarse a una biblioteca que en otoño. Uno entra en ellas mecido por el susurro de las ramas y las hojas de los árboles, esos últimos resquicios del verano que se bambolean igual que nuestros pensamientos. Uno también entra buscando el refugio del hogar, el hogar ficticio de los libros en el que encontrarse tan a gusto siempre.

Hoy he inaugurado la temporada de otoño de bibliotecas. Ha sido en Parla. Un camino lento de reflexión sobre muchas cosas, la lectura entre ellas. He entrado en la biblioteca, he saludado a la bibliotecaria y he ido derecha a las estanterías donde están las novelas. El primer impulso es siempre el mismo: agarrar el tomo de Manuel Rivas, Los libros arden mal, que tantas veces he tomado prestado y he traído a casa, y tantas veces ha sido devuelto sin leer. Tras el resoplido de resignación por la imposibilidad de leer más de seiscientas páginas en estos días de comienzos, me he lanzado a la búsqueda y captura de antologías de cuentos -¡hay que ser prácticos y pensar en los trayectos en tren y metro!-. Al final, he venido cargada con cinco libros -el máximo establecido-; dos de ellos sobre animación a la lectura. Los otros tres: Cuentos madrileños, La oveja negra y demás fábulas, de Monterroso y Tesoros y otras magias, de Cunqueiro.

He cogido un bus para volver a casa. Me gusta sentir el agua de la lluvia sobre los cristales de los vehículos mientras yo estoy dentro. Y aún más me gusta sentir la calidez de las páginas de un libro mientras fuera llueve y la gente se resguarda bajo paraguas, impermeables y marquesinas. Pensar en la lluvia de fuera y el calor de dentro me ha hecho pensar -una vez más- en la alegría de una vida gallega, con sus verdes y sus azules fuera y sus naranjas y rojos dentro, al calor de un buen libro, de un café de pota y de la imaginación cuando echa a volar.

17 de septiembre de 2009

La pérdida

Estamos llenos de pérdida, rodeados de ella por todas partes. Siempre perdemos algo. A veces, cosas sin importancia, el tercer boli negro de la semana, el tren a Salamanca. Lo que duele es cuando lo que pierdes es algo que te ha conformado como lo que eres. Cuando de lo que has perdido sólo te va a quedar el recuerdo feliz de los días de la infancia y adolescencia. Entonces hay que recurrir a la memoria, a las anécdotas y batallitas. Hay que convertirse de repente en un viejo de veinte años, como aquel en que se convirtieron los Celtas Cortos en "La senda del tiempo". Pero de eso vivimos, de presente y pasado a partes iguales. Eso somos. La pérdida nos constituye como seres materialistas. Si no necesitásemos de lo otro, de los otros, del Otro, no percibiríamos la pérdida. Pero está ahí. Es un hueco que se hace en el presente y queda anclado al pasado.

Vivimos con la certeza de la pérdida, pero aún así somos capaces de vivir felices. Eso es lo más fascinante del ser humano.


Voy a echarte de menos.