24 de diciembre de 2009

Te deseo unas felices fiestas

Aunque haga tiempo que no escribo para ti, no me he olvidado de ti.

Te deseo una noche entrañable y agradable rodeado de todo aquello que te hace feliz. Ojalá sea así.

13 de diciembre de 2009

Recuerdos olfativos

La memoria nos juega siempre malas pasadas. Evocamos recuerdos, de memoria, que son la mayoría de las veces engañosos. Tenemos memoria de sensaciones que creemos que sentimos en un momento, pero que en realidad hemos fantaseado tiempo después. Recuerdas el sabor de una comida deliciosa que no lo era tanto, recuerdas la intensidad de un amor que a veces no fue ni siquiera amor...

De todos los recuerdos, los más fieles son los recuerdos auditivos y los olfativos. Sobre todo estos últimos. Es difícil evocarlos. Hay algo similar a ellos que se puede intentar reproducir sin mucho éxito. Se piensa en un olor concreto y a veces puede sentirse de nuevo, pero con matices diferentes, con carencias. Lo milagroso, sin embargo, es cuando revolotea en el ambiente un olor exactamente igual a otro que percibiste en el pasado. Entonces, el olor y todo lo que conllevaba ese olor se aparecen en tu presente y te transportan a lugares y épocas remotos. Hubo un olor, el olor de un perfume, que asocié a un mes. Podía ser cualquier otra época del año, podía estar lejos del depositario del perfume y, sin embargo, yo sentía que estaba viviendo en ese mes lejano. Las mismas sensaciones se manifestaban en contacto con ese aroma. Era algo increíble.

Estos días me está ocurriendo algo curioso, parecido a mi historia con el olor de aquel mes. Quizás es que hacía tiempo que no prestaba atención a mi glándula olfativa (si es que esa glándula existe); pero lo cierto es que vuelve a haber un olor evocador del pasado. En estos últimos días, cada tren al que subo huele a los trenes de Hamburgo en los que me subí hace casi un año.

Es extraño. En esta época del año alguien esperaría reencontrarme con el olor invernal del humo de chimeneas y el asar de castañas y, sin embargo, yo evoco un olor a trenes germanos... ¿Por qué será? ¿Es que la memoria olfativa también nos juega malas pasadas? Ahora, en cada tren, siento estar haciendo un viaje mucho más largo, más civilizado. Y espero que mi recuerdo auditivo también me regale las palabras mágicas: "Nächster Bahnhof: Dammtor".

12 de diciembre de 2009

Regalar canciones /8

Cuando uno no tiene tiempo pero quiere comunicarse, lo mejor es seguir regalando canciones. Esta es una canción para los días raros. Haces el esfuerzo de intentar entender qué dice la letra, pero al final inventas tú el significado de unas palabras ajenas a tu lengua. Escuchas una y otra vez, lees y relees la letra, buscas traducciones y nada tiene sentido.

Para los días en los que todo tiene tanto sentido que todo se hace imposible de entender.

8 de diciembre de 2009

La ceguera

Max Estrella, en una noche madrileña, desciende junto con su amigo Latino a los infiernos de la ciudad que son los infiernos de la realidad. La ceguera le sirve, paradójicamente, de guía para comprender la realidad por la que se mueve. La ceguera de Max Estrella le ilumina e ilumina toda una etapa literaria en la que lo real sólo se entiende a través de lo grotesco, de la deformación.



La ceguera de Max ofrece la visión más objetiva de la realidad. Lamentablemente, nuestras cegueras actuales, que no son cegueras reales, que no deforman la realidad porque todavía no han conseguido verla, solo sirven para seguir dando tumbos sin comprender la verdad de lo que nos rodea. Ahora que es tiempo de luces en las calles, estamos carentes de iluminados. No hay Tiresias ya; no hay profetas que nos indiquen hacia donde vamos en esta sociedad de decadencia y esperpento. Estamos como hace veinte siglos, estamos como al principio del siglo veinte. Con la diferencia esencial de que otras cegueras nos han inundado, y ahora sí que no vemos nada.

3 de diciembre de 2009

Los clásicos/4 Cuando el teatro se convierte en poesía

He tardado en reflexionarlo. He tardado en procesarlo. Pero no me he olvidado de él. Es Lorca, y llegó con toda su fuerza a erizarme la piel.


Bosque. Es de noche. Grandes troncos húmedos. Ambiente oscuro. Se oyen dos violines. Salen tres leñadores.

Leñador 1: ¿Y los han encontrado?
Leñador 2: No. Pero los buscan por todas partes.
Leñador 3: Ya darán con ellos.
Leñador 2: ¡Chisss!
Leñador 3: ¿Qué?
Leñador 2: Parece que se acercan por todos los caminos a la vez.
Leñador 1: Cuando salga la luna los verán.
Leñador 2: Debían dejarlos.
Leñador 1: El mundo es grande. Todos pueden vivir de él.
Leñador 3: Pero los matarán.
Leñador 2: Hay que seguir la inclinación: han hecho bien en huir.
Leñador 1: Se estaban engañando uno a otro y al fin la sangre pudo más.
Leñador 3: ¡La sangre!
Leñador 1: Hay que seguir el camino de la sangre.
Leñador 2: Pero sangre que ve la luz se la bebe la tierra.
Leñador 1: ¿Y qué? Vale más ser muerto desangrado que vivo con ella podrida.
Leñador 3: Callar.
Leñador 1: ¿Qué? ¿Oyes algo?
Leñador 3: Oigo los grillos, las ranas, el acecho de la noche.
Leñador 1: Pero el caballo no se siente.
Leñador 3: No
Leñador 1: Ahora la estará queriendo.
Leñador 2: El cuerpo de ella era para él y el cuerpo de él para ella.
Leñador 3: Los buscan y los matarán.
Leñador 1: Pero ya habrán mezclado sus sangres y serán como dos cántaros vacíos, como dos arroyos secos.
Leñador 2: Hay muchas nubes y será fácil que la luna no salga.
Leñador 3: El novio los encontrará con luna o sin luna. Yo lo vi salir. Como una estrella furiosa. La cara color ceniza. Expresaba el sino de su casta.
Leñador 1: Su casta de muertos en mitad de la calle.
Leñador 2: ¡Eso es!
Leñador 3: ¿Crees que ellos lograrán romper el cerco?
Leñador 2: Es difícil. Hay cuchillos y escopetas a diez leguas a la redonda.
Leñador 3: Él lleva buen caballo.
Leñador 2: Pero lleva una mujer.
Leñador 1: Ya estamos cerca.
Leñador 2: Un árbol de cuarenta ramas. Lo cortaremos pronto.
Leñador 3: Ahora sale la luna. Vamos a darnos prisa.

(Por la izquierda surge una claridad)

Leñador 1:

¡Ay luna que sales!
Luna de las hojas grandes.

Leñador 2:

¡Llena de jazmines de sangre!

Leñador 1:

¡Ay luna sola!
¡Luna de las verdes hojas!

Leñador 2:

Plata en la cara de la novia.

Leñador 3:

¡Ay luna mala!
Deja para el amor la oscura rama.

Leñador 1:

¡Ay triste luna!
¡Deja para el amor la rama oscura!

(Salen. Por la claridad de la izquierda aparece la Luna. La Luna es un leñador joven, con la cara blanca. La escena adquiere un vivo resplandor azul.)


Bodas de Sangre, Acto Tercero; Cuadro Primero.
Federico García Lorca

Un anaquiño máis de galego, para combatir a crise



Entre la fiebre alemana y el retorno de la pasión gallega, creo que vuelvo a ser la de antes una vez más. Malo será...

30 de noviembre de 2009

15000 gracias




Este blog ha alcanzado hoy las 15000 visitas.

Gracias por hacerlo posible.

"Mil" por fin en youtube


Mientras tú hablas,
yo no tengo frío.




de Manuel Rivas.

29 de noviembre de 2009

O mellor oficio do mundo

Di o meu amigo F. que o mellor oficio do mundo é un que coñeceu onte. El di que quere ser contacontos; que qué boa profesión esa de contarlle historias á xente, de escoitar historias e transmitilas.

Todo esto vén porque onte fumos ver contar historias a un contador profesional, a un destes dos que exercen o mellor oficio do mundo: Celso Fernández Sanmartín.

Dentro do ciclo de Cuentos que organizou a Comunidade de Madrid, estaban as súas actuacións por diversas bibliotecas madrileñas. Nós, onte, tivemos a oportunidade de velo pola tarde na BNE e disfrutamos como nenos das súas historias, e máis que delas, disfrutamos da súa maneira de contalas: co cariño e a paixón propias de a xente que parece que so vive para iso. Despois da función falamos con el, e ademáis de bo contador de historias é moi bo escoitador de persoas. Da gusto con xente coma el.

Déixote cun video que atopei en youtube co conto dunha emigrante galega. Disfrútao:



Entrada traducida ao castelán:


Dice mi amigo F. que el mejor oficio del mundo es el que conoció ayer. Dice que quiere ser cuentacuentos; que qué buena profesión esa de contarle historias a la gente, de escuchar historias y trasmitirlas.

Todo esto viene porque ayer fuimos a ver contar historias a un contador profesional, a uno de estos de los que ejercen el mejor oficio del mundo: Celso Fernández Sanmartín.

Dentro del ciclo de Cuentos que organizo la Comunidad de Madrid, se encontraban sus actuaciones por diversas bibliotecas madrileñas. Nosotros, ayer, tuvimos la oportunidad de verlo por la tarde en la BNE y disfrutamos como niños de sus historias, pero sobre todo, disfrutamos de su manera de contarlas: con el cariño y la pasión propias de la gente que parece que solo vive para eso. Después de la función fuimos a hablar con él, y además de buen contador de historias es muy buen escucuchador de personas. Da gusto con gente así.

25 de noviembre de 2009

Waiting for news



Parece que el tiempo no termina de pasar cuando esperas, ansioso, los resultados o las respuestas de algo.

24 de noviembre de 2009

Den Lille Havfrue


(La pequeña señora del mar)

Había vivido siempre con los pies en la tierra. Ni un rastro de magia o superchería se asomaba ante sus ojos o sus cabellos rizados. Al iniciar su viaje, un viaje de idas y cuyo retorno se le antojaba lejano pero era real, comenzó a creer en hadas, leprechauns, duendes, mouros, tesoros y tierras encantadas. Comenzó a encontrar hadas convertidas en viejas a la vuelta de cada esquina. Comenzó a escuchar duendes bajo las camas de recintos que parecían castillos. Sintió cerca la presencia de Rapunzel; y en su vida de dioses desterrados, de ideologías caídas, comenzó a brotar la sombra irracional de los seres iluminados. Se sintió más feliz en el mundo de la magia donde todo era posible. Se sintió tan bien, que a veces olvidaba lo que era la vida.

En su andadura por las tierras de la literatura fantástica de ogros, animales parlantes y fantasmas habladores, llegó a creer en la existencia de sirenas. La historia de una sirena salmantina le llenó de gozo, asombro y duda. Pidió explicaciones. Y con el corazón lleno de teorías científicas que pudieran probar la existencia de alguno de todos aquellos seres míticos, comenzó de nuevo a descreer supercherías. La magia que había sido tan real en su vida, dejaba de serlo cuando lo era realmente.

Ahora, vuelve a tener los pies en la tiera. De vez en cuando lee historias de Cunqueiro sobre tesouros, meigas y mouros. También lee a Wilde, que esconde en su Retrato, la magia diabólica de los alter egos.

Para posar de nuevo su breve vida en la realidad, sólo tuvo que entrar a una clase de secundaria y esperar que le robaran, definitivamente, la inocencia. Habría deseado permanecer siempre como una pequeña señora del mar.

23 de noviembre de 2009

Celebraciones '2


¿Es verdad que te gusta verte hundida
en el mar de la música; dejarte
llevar por esas alas, abismarte
en esa luz tan honda y escondida?
Música tuya, Blas de Otero.


A Miwe, al que nunca llamo, pero del que me acuerdo. Y a Enrique, verdadero sagitario. A los dos, por músicos.


Me encanta celebrar cualquier cosa. Estoy deseando que haya algún acontecimiento para celebrarlo. Cada uno celebra cada cosa de una manera diferente. A mí hubo un año que me dio por celebrar el cumpleaños de un amigo escribiendo poemas. Otras veces celebro llorando o riendo. Es común también que las personas celebremos los acontecimientos brindando (¡qué alegría da la palabra mágica "chinchín"!) o comiendo. Sí, en esta cultura somos muy propensos a celebrar comiendo. En otros tiempos, en otras culturas, las celebraciones se llevan a cabo ayunando. Otra forma curiosa de celebrar.

A mí, entre acontecimientos diversos, se me pasó ayer celebrar el Día de la Música contigo. Fue un despiste. Pensando en cómo subsanarlo, se me ha ocurrido que la mejor forma de celebrar este día (aunque venga con unas horas de retraso) es con música. Estaba claro, ¿no? Dándole vueltas al regalo de este post-día de fiesta, he creído que lo más conveniente es unir celebraciones y, aprovechando que la cosa va de músicos, festejar este día escuchando la música de dos compositores que también hoy celebran.



Manuel de Falla, de estar vivo, celebraría hoy su cumpleaños. La mejor forma que tengo de celebrar un cumpleaños así es escuchando una pieza como ésta de "El amor brujo". A Falla y Albéniz no podía cansarme de escucharlos de pequeña las mañanas de domingo, mientras mis padres hacían las tareas de la casa o leían el periódico. Entonces, creo que empecé a apreciar la música. Aunque no fue hasta la aparición de Enrique, que empecé a disfrutarla y a veces incluso a amarla. Manuel de Falla está entre uno de los recuerdos más bellos de los domingos soleados de mis primaveras pueriles.

También celebra hoy su cumpleaños, y éste sí que está vivo, Ludovico Einaudi, pianista italiano que me dio a conocer Miwe, a quien le dedico estas palabras de hoy. Einaudi es el reposo de los días fríos y poco amables, es una tabla en el naufragio de los días cotidianos. Verdaderamente agradable cuando lo de fuera no acompaña.



Creo que estas dos piezas son para ti que hoy has caído aquí por casualidad, pero sobre todo son para Enrique y para Miwe, que alguna vez hicieron que me hundiera en el mar de la música. Para ellos, auténticos náufragos del vilín y del oboe. Amantes de la música por encima de todo. Amantes, también, de la poesía. A Enrique, destinatario de muchas celebraciones, que en un día 24, cumplirá 23.

21 de noviembre de 2009

Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos...

Hay veces que la poesía se supera a sí misma. Eso ocurre en contadas ocsaiones y cada uno de nosotros lo percibimos de forma diferente. Cada poema es un mundo, es nuestro mundo, y cuando lo hacemos nuestro le damos el valor relativo a nuestras necesidades estéticas del momento.

He leído "Walking Around" decenas de veces y nunca ha dejado de ser un poema más. Ayer lo escuché con otra voz y se ha convertido en El Poema. La poesía se ha superado a sí misma. No sé cómo ni por qué, pero de repente los versos se alzan con la fuerza de un viento que levanta el alma.

Cuando la poesía no puede ser otra cosa más útil ni más inútil que la poesía:



WALKING AROUND

Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
navegando en un agua de origen y ceniza.

El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.

Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.

Sin embargo sería delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío.

No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.

No quiero para mí tantas desgracias.
No quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos,
aterido, muriéndome de pena.

Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.

Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas.

Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos
colgando de las puertas de las casas que odio,
hay dentaduras olvidadas en una cafetera,
hay espejos
que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,
hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.

Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos, toallas y camisas que lloran
lentas lágrimas sucias.

Pablo Neruda

20 de noviembre de 2009

Tacañería

Lo admito: estoy hecha una tacaña. Tacaña de palabras. Siempre hace falta que me den un toque de atención para darme cuenta. Andrés se pasa el día diciéndome que el blog no solo se puede alimentar de poemillas, vídeos y enlaces. Que hable. Que diga algo. Pero Andrés no es el único que me pega el toque. Ayer, de nuevo: "¿Qué pasa? -risilla picarona-. Hace mucho que no escribes en el blog...". Pues sí. Pero es que tengo tantas cosas en la cabeza, que acabo haciéndome tacaña a la fuerza, y sé que eso no vale como excusa.

No puedo prometer nada. Porque si prometo que escribiré, seguiré dando la tabarra con el alemán. Porque, por si no te habías dado cuenta, ahora estoy en momento alemán. A ratos le doy a Goethe, o a Shlink. Ahora estoy con Brecht, por aquello de fusionar aficiones: teatro y alemán en un solo pack. Pero estoy convencida de que los aires gallegos volverán, más tarde o más temprano, a instalarse de nuevo en algún rincón de estas páginas. No te preocupes. Sigo siendo la de siempre. Si no doy la tabarra con el alemán, la daré con el gallego.

Mañana te regalo un poema.

14 de noviembre de 2009

Alegría /2




Yo soy el pajarero,
Siempre alegre, ¡ole, upa!
Como pajarero soy conocido por
viejos y jóvenes en todo el país.
Cazo con reclamo y sé tocar la flauta.
Puedo estar alegre y contento,
porque todos los pájaros son míos.
Yo soy el pajarero,
Siempre alegre, ¡ole, upa!
Como pajarero soy conocido
Por los viejos y los jóvenes
en todo este país.
¡Me gustaría tener una red
para las muchachas;
las cazaría por docenas!
Luego las metería en la jaula
y todas ellas serían mías.
Si todas las muchachas fueran mías,
las cambiaría por azúcar:
y a la que yo más quisiera
le daría enseguida el azúcar.
Y si ella me besara con delicadeza,
sería mi mujer y yo su marido.
Dormiría a mi lado y la acunaría
como si fuese una niña.

12 de noviembre de 2009

Citas /1

A lo largo de mi vida, he hecho muchas veces cosas que era incapaz de decidirme a hacer y he dejado de hacer otras que había decidido firmemente. Hay algo en mí, sea lo que sea, que actúa.

Bernhard Schlink, El lector


¿Te reconoces en estas palabras?

11 de noviembre de 2009

Porque sí

He vuelto a la lectura con ferviente pasión. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto leyendo. Vuelvo a emplear los ratos del tren para leer. Y cuando uno lee en el tren, ya es capaz de leer en cualquier parte.

De los libros me gustan las palabras sueltas, las personalidades de los protagonistas, un acontecimiento perdido, una frase dicha en el momento (párrafo) adecuado. Igual que me pasa con la poesía, cuando pasa un tiempo tras haber leído una novela, empiezo a olvidar los datos concretos e incluso los porqués. Ya no sé por qué me gustó tanto el libro que leí el año pasado en noviembre. Simplemente tengo impresa en el recuerdo la sensación de placer que sentí cuando lo leí. Me gustó mucho en ese momento y guardo un buen recuerdo de entonces. ¿Por qué ponerse a pensar, a dar motivos y razones? Como decía hace poco tiempo, a propósito de las canciones, hay lecturas que recomendamos porque sí. A nosotros nos llegan por nuestra circunstancia y nos marcan por algún motivo. ¿A quién no le ha pasado el hecho de intentar varias veces leer un libro y ser incapaz de hacerlo y que, de repente, por arte de magia, sea posible leerlo en un tiempo récord?

Creo que ahí reside la belleza suprema de la literatura. Nosotros no elegimos lo que leemos, lo que leemos nos elige a nosotros.

10 de noviembre de 2009

Exhibicionismo poético

Quien escribe poesía exhibe un trozo de su vida y de su alma. El poeta es un fingidor, por supuesto, pero aun en toda la vida inventada que rezuman sus versos, también existe algo de certero, un ápice de su vida o la de los otros que intenta escupir para dejar su alma un poco más libre.

Como casi cualquier adolescente, durante mi adolescencia escribí poesía. Entonces rompía lo que escribía o sólo se lo dejaba leer a mi círculo más restringido. Han pasado los años y todavía ahora siento pudor ante la palabra escrita por mí. En verdad que no es mi vida lo que expongo en mis versos, o ciertamente sean trozos de otras vidas y de la mía misma que quedan latentes en el inconsciente y salen a la luz un día de lluvia.

Hoy, que no llueve, que no siento la necesidad de escribir poesía, he tenido la curiosidad de leer algo ya escrito. Y tras el preámbulo anterior, que para nada sirve, te muestro algo de lo que fingí hace tiempo. Cuando -y esto sí es verdad- terminaba, al menos, el amor puro a la poesía:

El último día que nos amamos
nacieron cuatro mil trescientos veintiún niños.
La cuenta atrás fue perfecta,
los bebés, o sus padres, intuyeron el final
de nuestra historia
y nos regalaron el colofón de sus cifras.
El último día que nos amamos
no llovía ni hacía frío
no había estaciones
no estalló una nueva guerra
-aunque murieron bastantes-.
Fue un día cualquiera:
el reloj marcó las dos y diez,
pero ni siquiera esa sonrisa cómplice
me hizo creer el todo.

Nos amamos, sí, porque aún nos amábamos.
Y lo hicimos tan intensamente
que se deshicieron los nudos
y nos desamamos sin lluvia, trenes o batallas.
Sin darnos cuenta de que
un tú y un yo no hacen un nosotros.
Nos desamamos con una felicidad de amantes satisfechos,
con las mismas chinchetas y fotos de siempre,
con el reloj de las cuatro menos veinte
tan triste, tan solo
como tu cuerpo y mi cuerpo
el último día que nos amamos.

9 de noviembre de 2009

9 de noviembre: día de fiesta (en el mundo)

Da la casualidad de que trabajo en Madrid y de que en Madrid hoy es un día de fiesta. En la capital, no en la comunidad. Eso significa que hoy no trabajo, que estoy ociosa y que pienso en otros nueves de noviembre. Concretamente pienso en cómo debió de ser el nueve de noviembre de hace veinte años. Les he preguntado a mis padres. Dicen que parece que fue ayer. Yo no recuerdo nada, claro. Alguna imagen perdida de un señor con una mancha en la cabeza; miles de personas apoyadas en una pared llena de pintadas en un idioma desconocido para mí (supongo que entonces, todos los idiomas me eran desconocidos; ¿sabría yo acaso qué era un idioma? Ni siquiera podía intuir yo que existiesen tantos idiomas y que yo acabaría, finalmente, estudiando aquel con el que se escribían las pintadas sobre el muro),... Eso es todo lo que recuerdo del nueve de noviembre de hace veinte años. O ni siquiera. Eso es el recuerdo que he creado en mi mente de aquel día perdido en la memoria de tantos y tan recordado por otros.



Hoy celebro una festividad religiosa en Madrid: la Almudena. Y ni siquiera sé quién fue esa Almudena. No tengo ni idea de qué hizo, de por qué es la patrona de Madrid, de por qué seguimos descansando los días que el gobierno y la tradición consideran "días santos". Para mí hoy es un día de fiesta por otro motivo. Un día de fiesta en el que trato de imaginar qué sintieron todos aquellos alemanes, checos y austriacos cuando finalmente pudieron pasar de su mundo, al mundo real. Porque creo que el mundo real era el de la RFA y que en la RDA sólo algunos trataron de vivir en un sueño de democracia que era de todo menos democrático. No sé. Miro hacia atrás con los ojos de ahora. Miro hacia atrás después de haber leído muchas historias y después de haber escuchado a muchas personas narrar su vida de esos días. Nunca seré objetiva con respecto a este tema porque la opinión pública nos ha vendido siempre la caída del muro como la liberación de un país. Y así lo siento yo. Pero claro, yo sólo tenía tres años entonces. Yo no entendía nada de la vida, y sólo ahora voy comprendiendo algunas cosas. Aún así, sólo tengo la imaginación para tratar de sentir lo que ellos sintieron; sólo parto de mi moral para juzgar lo que ocurrió entonces.



Con los recuerdos, los vídeos, las historias, las imágenes, las canciones y mis veintitrés años, siento que hoy es un día de fiesta. Me emociona pensarlo. Es un día de homenajes. Siento que Berlín merece más el día de fiesta, que esta Almudena que me es más extraña que la historia reciente alemana.

6 de noviembre de 2009

Regalar canciones /7

CANCIÓN 7: Heart and Shoulder, Heather Nova.