Ella, a veces, empleaba su tiempo en escribir poemas. Una vez escribió un verso célebre que él no pudo resistirse a tatuar en el brazo derecho. Quedaron unidos por ese verso, incluso cuando ambos ya habían huido para siempre y las manos estaban cerradas.
fuxe que doen as mans baleiras
Con el tiempo, las huidas dejaron de serlo y las manos comenzaron a abrirse poco a poco. Pero el tiempo ya había erosionado bastante. Era tarde para abrir el cuaderno de los poemas.
30 de junio de 2010
Mensaje en una botella /2
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28 de junio de 2010
Mensajes en una botella /1
El joven se descubrió a sí mismo escribiendo -seguro que aquello le salía del inconsciente- una larga lista de pros y contras. Las listas no habían sido nunca su fuerte, y el tren seguía el traqueteo mientras las filas bajaban por las descompensadas columnas de lo positivo y lo negativo.
La lista de pros finalizaba así: "Sus pupilas dilatadas cuando me miraba a los ojos".
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22 de junio de 2010
La bajona
Siempre me ha hecho gracia escuchar a mis amigos sevillanos hablar de 'la bajona' cuando se encontraban bajos de ánimo, con ese sentimiento que los ingleses llamaban spleen y al que, coloquialmente, nosotros le llamamos el bajón.
Hoy estoy de bajón. Con un bajón de esos que viene acompañado de dolor de cabeza, cansancio y lágrimas. También algo de rabia acumulada que sale hoy toda junta. Parece que es un sentimiento que estos días comparto con varias personas. ¿Todos los fines son así?
El caso es que mi colega y amigo Javi, de La Ciencia para todos, siempre que me ve, dice que tiendo a escribir desde la nostalgia, que mis posts tienden a la tristeza. Eso hace que asocie el "buenrollismo" a él. He aprendido de él a tomarme los bajones con otra filosofía, que sonreírle a la adversidad es mejor que regodearse en ella. Así que para animarme y animar a Manuel (CasaL), cuelgo esta tarde un poco de marcha.
Evitemos pensar en nuestros "días de gloria" hoy que parece que todo anda al revés:
P.D.: ¡Qué guapo está Bruce en este vídeo! Claro, es de sus gloriosos días de "Glory Days"
Hoy estoy de bajón. Con un bajón de esos que viene acompañado de dolor de cabeza, cansancio y lágrimas. También algo de rabia acumulada que sale hoy toda junta. Parece que es un sentimiento que estos días comparto con varias personas. ¿Todos los fines son así?
El caso es que mi colega y amigo Javi, de La Ciencia para todos, siempre que me ve, dice que tiendo a escribir desde la nostalgia, que mis posts tienden a la tristeza. Eso hace que asocie el "buenrollismo" a él. He aprendido de él a tomarme los bajones con otra filosofía, que sonreírle a la adversidad es mejor que regodearse en ella. Así que para animarme y animar a Manuel (CasaL), cuelgo esta tarde un poco de marcha.
Evitemos pensar en nuestros "días de gloria" hoy que parece que todo anda al revés:
P.D.: ¡Qué guapo está Bruce en este vídeo! Claro, es de sus gloriosos días de "Glory Days"
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21 de junio de 2010
Ciudad de cristal
No sé por qué extraña razón hay libros que se nos privan desde dentro de nosotros mismos. Me explico. Hace exactamente dos años y medio, recibí como regalo el libro Ciudad de cristal, primero de la trilogía de Nueva York, del escritor Paul Auster. Por caprichos neuronales, cerebrales, sentimentales o ve tú a saber, los primeros intentos de acercamiento a esta novela fueron frustrados. No conseguía pasar de la segunda o tercera páginas.
Hay un sentimiento, que seguro que tú habrás sentido alguna vez, que es algo así como el remordimiento al no ser capaz de leer un libro que te han regalado. Además, cuando los intentos de lectura no son satisfactorios, piensas con rabia que el 'regalante' no te conoce nada y te enfadas mentalmente por ese motivo.
Yo creo que si el regalo te lo hace alguien que te quiere, acertará seguro, de alguna u otra manera. Y estoy convencida de que en algún momento siempre estarás preparado para leer cualquier libro. Bueno, siempre que el libro merezca la pena.
Y todo esto lo digo porque este fin de semana, tras una semana de lectura científica (¿Cómo le explico esto a un extraterrestre?) de la que os hablaré en breve, me apetecía desempolvar algo de lo antiguo que tengo aguardando a ser leído. Cogí este libro de Auster porque es finito y pretendía acabarlo en el fin de semana. El resultado del experimento de meter la mano en el baúl de los recuerdos literarios ha sido impresionante. Empecé a leerla como reto personal y la he terminado con pena. Y hacía mucho tiempo que no sentía esa nostalgia al terminar de leer algo realmente delicioso. Me consuela saber que de la trilogía tengo aún pendientes dos tercios más.
Ciudad de cristal es un experimento en sí misma. Es un juego de identidades y personajes, de nombres que se repiten. Es un juego quijotesco que no deja de mencionar la obra cervantina como una mera anécdota, pero que no es más que una autorreferencia maravillosa. Leer Ciudad de cristal es pasear por Nueva York con Cervantes de un brazo y Milton de otro. Es sentirse encerrado en un habitáculo oscuro y al mismo tiempo llenarse de la luz del cielo neoyorquino. Es toparse cara a cara con la soledad y, supongo que según los estados de ánimo, desear desesperadamente salir de ella.
Esto me habla de lo imprevisible que es la mente humana. Esa que un día no soporta algo y al día siguiente lo adora con locura. Siempre se ha dicho que del amor al odio va un paso. Y supongo que igual ocurre con el camino a la inversa. No hay que desechar lo que un día desechamos, sino estar abiertos al cambio. Eduard Punset (que también me tiene enganchada últimamente) siempre habla de que el ser humano es muy poco susceptible al cambio. Y que los animales o incluso la materia, cambian de estado sin perturbarse por ello. Habrá que practicar un poco y aprender del agua, que de los glaciares es capaz de volver a la atmósfera.
Hay un sentimiento, que seguro que tú habrás sentido alguna vez, que es algo así como el remordimiento al no ser capaz de leer un libro que te han regalado. Además, cuando los intentos de lectura no son satisfactorios, piensas con rabia que el 'regalante' no te conoce nada y te enfadas mentalmente por ese motivo.
Yo creo que si el regalo te lo hace alguien que te quiere, acertará seguro, de alguna u otra manera. Y estoy convencida de que en algún momento siempre estarás preparado para leer cualquier libro. Bueno, siempre que el libro merezca la pena.
Y todo esto lo digo porque este fin de semana, tras una semana de lectura científica (¿Cómo le explico esto a un extraterrestre?) de la que os hablaré en breve, me apetecía desempolvar algo de lo antiguo que tengo aguardando a ser leído. Cogí este libro de Auster porque es finito y pretendía acabarlo en el fin de semana. El resultado del experimento de meter la mano en el baúl de los recuerdos literarios ha sido impresionante. Empecé a leerla como reto personal y la he terminado con pena. Y hacía mucho tiempo que no sentía esa nostalgia al terminar de leer algo realmente delicioso. Me consuela saber que de la trilogía tengo aún pendientes dos tercios más.
Ciudad de cristal es un experimento en sí misma. Es un juego de identidades y personajes, de nombres que se repiten. Es un juego quijotesco que no deja de mencionar la obra cervantina como una mera anécdota, pero que no es más que una autorreferencia maravillosa. Leer Ciudad de cristal es pasear por Nueva York con Cervantes de un brazo y Milton de otro. Es sentirse encerrado en un habitáculo oscuro y al mismo tiempo llenarse de la luz del cielo neoyorquino. Es toparse cara a cara con la soledad y, supongo que según los estados de ánimo, desear desesperadamente salir de ella.
Esto me habla de lo imprevisible que es la mente humana. Esa que un día no soporta algo y al día siguiente lo adora con locura. Siempre se ha dicho que del amor al odio va un paso. Y supongo que igual ocurre con el camino a la inversa. No hay que desechar lo que un día desechamos, sino estar abiertos al cambio. Eduard Punset (que también me tiene enganchada últimamente) siempre habla de que el ser humano es muy poco susceptible al cambio. Y que los animales o incluso la materia, cambian de estado sin perturbarse por ello. Habrá que practicar un poco y aprender del agua, que de los glaciares es capaz de volver a la atmósfera.
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18 de junio de 2010
Adiós, José
"Hay quien se pasa la vida entera leyendo sin conseguir nunca ir más allá de la lectura, se quedan pegados a la página, no entienden que las palabras son sólo piedras puestas atravesando la corriente de un río, si están allí es para que podamos llegar a la otra margen, la otra margen es lo que importa"
José Saramago

Saramago, que pasó la vida atravesando la corriente del río, llega hoy a la otra margen.
Requiescat in pace
José Saramago

Saramago, que pasó la vida atravesando la corriente del río, llega hoy a la otra margen.
Requiescat in pace
17 de junio de 2010
Finale
Finale es el término empleado en las composiciones musicales para hacer referencia a la pieza final de la misma.
Como toda buena obra musical que se precie, las obras que acometemos las personas tienen sus particulares finales. Hay algunos alegres, cargados de flautas dulces y percusión y otros finales lentos, tristes, llenos de pianos en tonos bajos. El compositor de cada obra es quien supongo (porque tampoco soy una experta en estos temas), resume la esencia de la obra compuesta en unos minutos que nos dejan el sabor dulce o amargo y que nos harán recordar para siempre una melodía. Al igual que el compositor, nosotros debemos componer el finale de nuestras pequeñas obras y hacerlo para que nos dejen un sabor dulce o amargo cuando las evoquemos en el futuro.
Yo ya estoy empezando a dar por finalizado este curso 2009-2010 que estrené con créditos iniciales de película. La impresión general de estos meses es positiva, de aprendizaje, de caer en la cuenta de lo incompletos que estamos. La vida, al igual que las composiciones musicales, es imperfecta. Creo que la esencia está en encontrar los instrumentos adecuados para que en la alegría o en la nostalgia nos sintamos bien dentro de ella. Para sentirme bien en mi vida yo necesito un violonchelo. Un violonchelo es la naturaleza de la madera, la resonancia (el eco de las montañas) de su caja, la sensualidad de las formas, el cariño de quien se deja querer y abrazar, la nostalgia de sus notas y la precisión en su elaboración. Y con mi violonchelo a la espalda, caminaré hasta encontrar, primero mi grupo de cámara y, finalmente la orquesta de nuestras vidas.
Feliz fin de concierto.
Como toda buena obra musical que se precie, las obras que acometemos las personas tienen sus particulares finales. Hay algunos alegres, cargados de flautas dulces y percusión y otros finales lentos, tristes, llenos de pianos en tonos bajos. El compositor de cada obra es quien supongo (porque tampoco soy una experta en estos temas), resume la esencia de la obra compuesta en unos minutos que nos dejan el sabor dulce o amargo y que nos harán recordar para siempre una melodía. Al igual que el compositor, nosotros debemos componer el finale de nuestras pequeñas obras y hacerlo para que nos dejen un sabor dulce o amargo cuando las evoquemos en el futuro.
Yo ya estoy empezando a dar por finalizado este curso 2009-2010 que estrené con créditos iniciales de película. La impresión general de estos meses es positiva, de aprendizaje, de caer en la cuenta de lo incompletos que estamos. La vida, al igual que las composiciones musicales, es imperfecta. Creo que la esencia está en encontrar los instrumentos adecuados para que en la alegría o en la nostalgia nos sintamos bien dentro de ella. Para sentirme bien en mi vida yo necesito un violonchelo. Un violonchelo es la naturaleza de la madera, la resonancia (el eco de las montañas) de su caja, la sensualidad de las formas, el cariño de quien se deja querer y abrazar, la nostalgia de sus notas y la precisión en su elaboración. Y con mi violonchelo a la espalda, caminaré hasta encontrar, primero mi grupo de cámara y, finalmente la orquesta de nuestras vidas.
Feliz fin de concierto.
16 de junio de 2010
¿Hasta cuando el 36 en los calendarios?
No soy muy dada a hacer alardes de mi republicanismo. Quienes me conocen bien saben cuál es mi orientación política y no he dudado en hacerla saber muchas veces. Aunque, con los años y la crisis, la exaltación de la primera juventud, se ha ido convirtiendo en un posicionamiento más tranquilo. Con ciertas personas, para evitar conflictos, prefiero mantener el tema de la política al margen; y el círculo de personas de las que me rodeo ahora más también hace que me reserve algunas de mis opiniones.
Pero esta es mi casa. Y uno en su casa, tiene total libertad para expresar lo que opina y lo que siente:
A veces, desde un pensamiento abstracto y metafórico pienso, sobre todo cuando tengo en mente a Lorca (uno de tantos), en la riqueza de los suelos de este país. No entiendo mucho de agricultura, pero me da por pensar en la fertilidad que albergan tantos solares repletos de la genialidad, la vida y el brío republicanos. ¡Si al menos de esos suelos nacieran árboles del sentido común! Eso nos daría la voz de alarma para encontrar a tantas personas (y ahora sólo pienso en seres humanos, no en carnés de ningún partido político) víctimas del 36 y sus consecuencias. Julio de 1936 debería borrarse del calendario, igual que se borraron de la tierra tantos inocentes que murieron por ideales absurdos, que al fin y al cabo es lo que son todos los ideales si no se plantean desde la humanidad, la tolerancia y el sentido común.
Borrar el 36 del calendario. Y si permanece en él, que permanezcan todos los que desaparecieron desde entonces. Pero para ello, que exista el apoyo de las instituciones, que crezca un sentimiento colectivo de búsqueda del pasado, de reparación del dolor. Aunque llegue con retraso.
Una de las cosas que más me gustaron de Hamburgo fue la catedral de San Nicolás. En realidad, las ruinas de la catedral de San Nicolás. Una alemana me dijo: "No se ha reconstruido. Es un símbolo de la guerra, del desastre. Que cada mañana todos los hamburgueses sean conscientes del dolor de la mutilación". Un país mutilado y mutilador conserva una catedral mutilada. Y muchas otras ciudades alemanas mantienen restos de la masacre y piden perdón continuamente por ella. Eso les hizo crecer. Eso les hizo poder avanzar y enfrentarse al futuro con los ojos de quien ve de frente la muerte y es consciente de que la ha producido. Eso no es más que memoria histórica.
Yo echo de menos ese pedir perdón de este país. ¿A quién? se preguntarán algunos. Pues perdón a todos los españoles. Porque todos han sido y somos víctimas del horror. Creo que si un país que pide perdón al mundo es capaz de crecer tanto, también avanzará el que se pida perdón a sí mismo. Por arrancarse de cuajo la vida, la libertad, la genialidad, la inteligencia, la educación, la palabra...
Pero esta es mi casa. Y uno en su casa, tiene total libertad para expresar lo que opina y lo que siente:
A veces, desde un pensamiento abstracto y metafórico pienso, sobre todo cuando tengo en mente a Lorca (uno de tantos), en la riqueza de los suelos de este país. No entiendo mucho de agricultura, pero me da por pensar en la fertilidad que albergan tantos solares repletos de la genialidad, la vida y el brío republicanos. ¡Si al menos de esos suelos nacieran árboles del sentido común! Eso nos daría la voz de alarma para encontrar a tantas personas (y ahora sólo pienso en seres humanos, no en carnés de ningún partido político) víctimas del 36 y sus consecuencias. Julio de 1936 debería borrarse del calendario, igual que se borraron de la tierra tantos inocentes que murieron por ideales absurdos, que al fin y al cabo es lo que son todos los ideales si no se plantean desde la humanidad, la tolerancia y el sentido común.
Borrar el 36 del calendario. Y si permanece en él, que permanezcan todos los que desaparecieron desde entonces. Pero para ello, que exista el apoyo de las instituciones, que crezca un sentimiento colectivo de búsqueda del pasado, de reparación del dolor. Aunque llegue con retraso.
Una de las cosas que más me gustaron de Hamburgo fue la catedral de San Nicolás. En realidad, las ruinas de la catedral de San Nicolás. Una alemana me dijo: "No se ha reconstruido. Es un símbolo de la guerra, del desastre. Que cada mañana todos los hamburgueses sean conscientes del dolor de la mutilación". Un país mutilado y mutilador conserva una catedral mutilada. Y muchas otras ciudades alemanas mantienen restos de la masacre y piden perdón continuamente por ella. Eso les hizo crecer. Eso les hizo poder avanzar y enfrentarse al futuro con los ojos de quien ve de frente la muerte y es consciente de que la ha producido. Eso no es más que memoria histórica.
Yo echo de menos ese pedir perdón de este país. ¿A quién? se preguntarán algunos. Pues perdón a todos los españoles. Porque todos han sido y somos víctimas del horror. Creo que si un país que pide perdón al mundo es capaz de crecer tanto, también avanzará el que se pida perdón a sí mismo. Por arrancarse de cuajo la vida, la libertad, la genialidad, la inteligencia, la educación, la palabra...
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11 de junio de 2010
10 de junio de 2010
Compañeras
El año pasado fue mi año de prácticas para convertirme en profesora. A pesar del mismo y de este año trabajando ya en un colegio, creo que me queda mucho de improvisación y mucho trabajo para sacar adelante. Me alegro. Espero seguir improvisando hasta que me jubile, porque si no, la magia de la enseñanza perdería un poco la chispa de la imprevisibilidad que a mí me gusta tanto.
Esta tarde me he reencontrado con dos de las profesoras del instituto donde hice las prácticas. Hemos quedado para preparar una sorpresa a otro profesor. Aunque el año pasado fueron algo así como unas maestras para mí, hoy he sentido que éramos las tres compañeras de oficio. El interés, la motivación, la sensibilidad hacia los seres humanos (a veces individuos, a secas) con los que tratamos a diario, o el cariño y la dedicación que le ponemos a nuestro trabajo, me dan una pista de lo que es formar parte de un gremio.
Hay otros profesores. Hay miles. Pero de los miles de profesores que hay, sé que a lo largo de mi vida laboral me toparé con pocos compañeros que verdaderamente lo sean. Los compañeros, etimológicamente, son los que comparten. Con C. y con R. yo comparto un modo de vivir la enseñanza que no todo el mundo posee. No creo que el nuestro sea el mejor, sino simplemente el que a mí me vale para vivir humanamente.
Ojalá en todos los ámbitos de la vida fuera tan fácil encontrar compañeros auténticos como lo son C. y R.
Esta tarde me he reencontrado con dos de las profesoras del instituto donde hice las prácticas. Hemos quedado para preparar una sorpresa a otro profesor. Aunque el año pasado fueron algo así como unas maestras para mí, hoy he sentido que éramos las tres compañeras de oficio. El interés, la motivación, la sensibilidad hacia los seres humanos (a veces individuos, a secas) con los que tratamos a diario, o el cariño y la dedicación que le ponemos a nuestro trabajo, me dan una pista de lo que es formar parte de un gremio.
Hay otros profesores. Hay miles. Pero de los miles de profesores que hay, sé que a lo largo de mi vida laboral me toparé con pocos compañeros que verdaderamente lo sean. Los compañeros, etimológicamente, son los que comparten. Con C. y con R. yo comparto un modo de vivir la enseñanza que no todo el mundo posee. No creo que el nuestro sea el mejor, sino simplemente el que a mí me vale para vivir humanamente.
Ojalá en todos los ámbitos de la vida fuera tan fácil encontrar compañeros auténticos como lo son C. y R.
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7 de junio de 2010
La muerte /Are you there?
Hoy ha muerto el padre de Pablo, un alumno. El jueves sufrió un infarto y estuvo más de una hora en parada. Durante el fin de semana ha estado postrado en una camilla de hospital recibiendo la visita de su familia. En un momento del fin de semana abrió los ojos porque le habían reducido la cantidad de sedantes, pero estaba hinchado: los riñones no le funcionaban.
Esta mañana, antes de que nos avisaran de que había muerto, he hablado con Pablo. Le he mirado a los ojos, y luego, rápidamente los he rehuido, no me atrevía a ayudarle a llevar el peso del dolor. Le he preguntado: "¿Qué tal está papá?". ¡Qué estúpida me siento ahora que pienso en la pregunta que le he hecho!. Tampoco sé siquiera por qué lo he hecho. No sé si ha sido mi conciencia, que me ha pedido a gritos que tratara de acompañarle en el dolor. No sé si ha sido la mera curiosidad. No sé si ha sido por no dejarle solo del todo en este día que se le estará haciendo largo como ningún otro de su vida. Todos sabíamos que se moriría. Creo que todos lo sabíamos excepto Pablo, que ha acudido a clase, ha hecho exámenes y ha sonreído a las bromas de los compañeros.
A las 12 de la mañana me han dado la noticia. Luego he tenido que irme y no sé si al final le han trasmitido la noticia en el cole o su madre ha esperado a que llegara a casa.
13 años, o quizás 14. 14 años con padre, y de ahora en adelante toda una vida sin él. ¿Cómo se vive cuando a uno le falta un padre? ¿Uno cambia radicalmente cuando a los 14 años pierde el referente masculino? ¿Cuál es la diferencia entre decir "soy huérfano" y no decirlo?
La muerte le ha llegado a Pablo con 14 años. Ha mirado a la muerte a los ojos. Y yo no he sido capaz de mirarle a él. La vida no le ha mirado a los ojos, y la muerte sí. Cuando la muerte llega inesperadamente, ¿los fantasmas de los muertos están ahí para cerrarnos los ojos y dejar que los descansemos? ¿Los fantasmas de los muertos nos traspasan el cuerpo y nos acompañan hasta que estamos listos para volver a afrontar la vida y mirarla a los ojos? A mí, esta mañana, el potencial fantasma del padre de Pablo no me ha dejado que lo mirara a los ojos. ¿Por qué? Ahora siento que quizás, antes de encontrar de frente la muerte, Pablo y yo debíamos habernos mirado a los ojos, haber mirado de frente a la vida.
5 de junio de 2010
Der Ring des Nibelungen
Para continuar con mis estudios de las últimas semanas sobre mitología nórdica y leyendas escandinavas, no hay mejor descanso del guerrero y toma de aire que la música de Wagner con su cabalgata de Valquirias.
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29 de mayo de 2010
Pensar en você
Hace tiempo pensaba en un "você". Ya traje a este blog la canción de Daniela Mercury; una canción que por la dulzura del portugués, el desgarro de la voz de la cantante y la letra intensa, siempre me gustó. Me gustó tanto, que entró a formar parte de mi carpeta de canciones favoritas.
Las carpetas de canciones favoritas son peligrosas. Hay veces que las canciones no dejan de escucharse durante días y adquieren esa categoría suprema de favorita. Entonces, llega el momento crítico de añadirlas a la carpeta consabida. Pero... ¡cuidado! Esas canciones las cargan los recuerdos. O se cargan de recuerdos. Y eso significa que la carpeta de nuestras canciones no acaba siendo más que la carpeta de los recuerdos. Menos mal que los recuerdos cambian con el tiempo, se van transformando, van adquiriendo otros colores, otros olores y comienzan a llamarse con otros nombres.
Eso del cambio del nombre es lo que le ha pasado a este você de la canción. Ha perdido la esencia de sí mismo para transformarse en otra cosa. Sigue en la carpeta de las canciones favoritas, pero tiene otro nombre, o hay otro nombre que lucha por convertirse en ella. O ni siquiera se me pasa por la cabeza identificarla con nadie. Porque hay veces que necesitamos llenar la carpeta de los "vocês" y otras que, simplemente, dejamos que el tiempo los moldee. De cualquier manera, para você va hoy este tú.
Las carpetas de canciones favoritas son peligrosas. Hay veces que las canciones no dejan de escucharse durante días y adquieren esa categoría suprema de favorita. Entonces, llega el momento crítico de añadirlas a la carpeta consabida. Pero... ¡cuidado! Esas canciones las cargan los recuerdos. O se cargan de recuerdos. Y eso significa que la carpeta de nuestras canciones no acaba siendo más que la carpeta de los recuerdos. Menos mal que los recuerdos cambian con el tiempo, se van transformando, van adquiriendo otros colores, otros olores y comienzan a llamarse con otros nombres.
Eso del cambio del nombre es lo que le ha pasado a este você de la canción. Ha perdido la esencia de sí mismo para transformarse en otra cosa. Sigue en la carpeta de las canciones favoritas, pero tiene otro nombre, o hay otro nombre que lucha por convertirse en ella. O ni siquiera se me pasa por la cabeza identificarla con nadie. Porque hay veces que necesitamos llenar la carpeta de los "vocês" y otras que, simplemente, dejamos que el tiempo los moldee. De cualquier manera, para você va hoy este tú.
27 de mayo de 2010
Los libros y los árboles
Dice Manuel Rivas en Los libros arden mal:
Lo que me recuerda al cartel de Noemí Villamuza que este año ha sido el encargado de presentar el Día Mundial del Libro Infantil y Juvenil y que te presenté aquí hace algunos días.
También me recuerda a ese sueño de verano: la tarde cargada de moscas y calor refrescada bajo los brazos robustos de un olivo.
Los libros son prolongaciones reales de los árboles, prolongaciones metafóricas del ser humano.
"Sabía que los libros tenían que ver con los árboles. Que había una relación. Que en cierta forma se podría decir, y a medida que caminaba hacia las hogueras avanzaba en precisión, podríamos decir, sí, que los libros procedían de la naturaleza. Incluso no sería incorrecto decir, ni decir una exageración, que los libros eran un injerto. Ésa era una manera de hablar en metáfora."
Lo que me recuerda al cartel de Noemí Villamuza que este año ha sido el encargado de presentar el Día Mundial del Libro Infantil y Juvenil y que te presenté aquí hace algunos días.
También me recuerda a ese sueño de verano: la tarde cargada de moscas y calor refrescada bajo los brazos robustos de un olivo.
Los libros son prolongaciones reales de los árboles, prolongaciones metafóricas del ser humano.
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26 de mayo de 2010
Good bye Lenin!
Era primavera y por entonces ni se me pasaba por la cabeza un viaje a Alemania. Menos aún aprender alemán. Aunque sí empezaba a despuntar en mí un interés por Europa, por la historia reciente europea. Un interés que perdí enseguida, y poco a poco voy retomando ahora que las aguas universitarias se han calmado del todo.
Era la primavera de 2004. Seis años después vuelvo a escuchar la banda sonora como si ayer mismo hubiera visto la película por primera vez. Recuerdo que entonces aún visitaba a menudo el videoclub de mi barrio. Ahora que el alquiler de películas se ha convertido en la descarga de películas, la tienda se ha adaptado a los tiempos modernos y se ha convertido en un locutorio. Echo de menos las visitas al videoclub. Ahora parece sacrílego pagar por ver una película, pudiendo pedirla al señor de la mula que la trae en unos pocos minutos.
El hecho es que los acontecimientos han ocurrido rapidísimo en los últimos años. No reconozco nada de lo de entonces, aunque todo sea, a simple vista, igual. Yo no soy la misma, ni los libros que ocupan las estanterías de mi habitación. También el color es diferente, la lámpara de la mesa, la decoración, las fotos. De mi ropa de entonces quedarán unos vestigios casi inservibles que conservo porque soy nostálgica. Si tuviera la posibilidad de contraponer a la Patricia que veía Good bye Lenin! con diecisiete años y a mí misma, a la Patricia de ahora, creo que le daría algunos consejos. Me comportaría como la hermana mayor que nunca he tenido, para decirle cosas que quizás a los hermanos mayores nunca se les ocurre decir.
Me siento ahora, seis años después, como el personaje de la madre en la película. He sufrido un golpe, he despertado y lo encuentro todo diferente. Todo eso sin golpes, sin cambios aparentemente bruscos en la vida diaria; pero con una crisis que asola el país, con una población envejecida, sólo rejuvenecida gracias a las migraciones (riqueza humana dentro de un país viejo). Con más experiencia, pero casi las mismas inseguridades. Con incertidumbres, también como entonces, con las tardes de miércoles llenas de alemán y sin la urgencia del estudio. Con la misma melodía: la banda sonora de una película con la que empecé a comprender un poco lo que había sido Europa. Una Europa que tan solo quince años antes había sufrido una revolución. Cayó el muro y parece que cayeron las barreras. Aún quedan barreras por tirar. Y ésas no se ven a simple vista.
Era la primavera de 2004. Seis años después vuelvo a escuchar la banda sonora como si ayer mismo hubiera visto la película por primera vez. Recuerdo que entonces aún visitaba a menudo el videoclub de mi barrio. Ahora que el alquiler de películas se ha convertido en la descarga de películas, la tienda se ha adaptado a los tiempos modernos y se ha convertido en un locutorio. Echo de menos las visitas al videoclub. Ahora parece sacrílego pagar por ver una película, pudiendo pedirla al señor de la mula que la trae en unos pocos minutos.
El hecho es que los acontecimientos han ocurrido rapidísimo en los últimos años. No reconozco nada de lo de entonces, aunque todo sea, a simple vista, igual. Yo no soy la misma, ni los libros que ocupan las estanterías de mi habitación. También el color es diferente, la lámpara de la mesa, la decoración, las fotos. De mi ropa de entonces quedarán unos vestigios casi inservibles que conservo porque soy nostálgica. Si tuviera la posibilidad de contraponer a la Patricia que veía Good bye Lenin! con diecisiete años y a mí misma, a la Patricia de ahora, creo que le daría algunos consejos. Me comportaría como la hermana mayor que nunca he tenido, para decirle cosas que quizás a los hermanos mayores nunca se les ocurre decir.
Me siento ahora, seis años después, como el personaje de la madre en la película. He sufrido un golpe, he despertado y lo encuentro todo diferente. Todo eso sin golpes, sin cambios aparentemente bruscos en la vida diaria; pero con una crisis que asola el país, con una población envejecida, sólo rejuvenecida gracias a las migraciones (riqueza humana dentro de un país viejo). Con más experiencia, pero casi las mismas inseguridades. Con incertidumbres, también como entonces, con las tardes de miércoles llenas de alemán y sin la urgencia del estudio. Con la misma melodía: la banda sonora de una película con la que empecé a comprender un poco lo que había sido Europa. Una Europa que tan solo quince años antes había sufrido una revolución. Cayó el muro y parece que cayeron las barreras. Aún quedan barreras por tirar. Y ésas no se ven a simple vista.
25 de mayo de 2010
Réagánta
El domingo en uno de esos tiempos muertos de la tarde, miré hacia arriba en mi estantería de libros. Allí estaba, La Regenta, ese novelón que se me había atragantado durante tantos años y que cuando por fin decidí leerlo por mí misma, acabó por convertirse en una de mis lecturas favoritas. He de agradecerle mucho a Clara que me gustara tanto, ya que juntas interpretamos largos pasajes de la obra y buscábamos el componente erótico en cada página. Recuerdo, divertida, cómo Clara insistía en la escena de los churros con chocolate. A mí me había pasado inadvertida.
Volviendo a lo que estaba. Domingo aburrido de trabajo. Los ojos que se pierden en lo alto de la estantería buscando algo y ahí se aparece La Regenta. Con curiosidad decido buscar en Spotify la palabra "regenta" por si encuentro algún tributo a Ana Ozores entre las cientos de miles de pistas musicales que alberga el programa en cuestión. Y nada, no hay regentas musicadas, pero aparece Réagánta.
Cierro los ojos y me dejo mecer por una flauta que me evoca robles irlandeses, bosques magníficos en medio de la nada. Allí donde los seres más fantásticos salen de sus escondites y se mezclan con la vida real, con una pantalla de ordenador, los trabajos de unos chicos de secundaria, un paseo por Vetusta, y contigo, que dos días más tarde abres esta página esperando encontrar nosémuybienelqué y te encuentras con la magia.
Volviendo a lo que estaba. Domingo aburrido de trabajo. Los ojos que se pierden en lo alto de la estantería buscando algo y ahí se aparece La Regenta. Con curiosidad decido buscar en Spotify la palabra "regenta" por si encuentro algún tributo a Ana Ozores entre las cientos de miles de pistas musicales que alberga el programa en cuestión. Y nada, no hay regentas musicadas, pero aparece Réagánta.
Cierro los ojos y me dejo mecer por una flauta que me evoca robles irlandeses, bosques magníficos en medio de la nada. Allí donde los seres más fantásticos salen de sus escondites y se mezclan con la vida real, con una pantalla de ordenador, los trabajos de unos chicos de secundaria, un paseo por Vetusta, y contigo, que dos días más tarde abres esta página esperando encontrar nosémuybienelqué y te encuentras con la magia.
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24 de mayo de 2010
Elegi
El título de este post no es una palabra española mal acentuada. Se trata de una canción sueca. Elegi significa 'elegía', como podrás imaginar.
Traigo aquí esta canción simplemente porque me gusta cómo suena. Hay idiomas que posiblemente no aprendamos nunca, pero hay sonidos que merecen ser recordados siempre. Como los de los últimos versos de esta canción de Lars Winnerbäck.
Traigo aquí esta canción simplemente porque me gusta cómo suena. Hay idiomas que posiblemente no aprendamos nunca, pero hay sonidos que merecen ser recordados siempre. Como los de los últimos versos de esta canción de Lars Winnerbäck.
En elegi för alla vägar som vi inte vandrat än
för en tid som bara går och aldrig kommer igen
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23 de mayo de 2010
Wikipedia y los enlaces infinitos
Hace apenas una década, o un par de años más, habríamos creído impensable ser conocedores, en tan sólo unos pocos minutos, de todo aquello que nos produjera curiosidad.
Existen los milagros. El hombre hace milagros. Wikipedia es uno de esos milagros producto del ser humano. Sé que hay que andar con mil ojos cuando estamos navegando por la red, ya que la cantidad de información imprecisa o falsa es muy grande. Tan grande como la cantidad de información fiable que podemos encontrar. Aunque bien es cierto que cada vez más, el grado de precisión y fiabilidad de la gran fuente que es Wikipedia, está más asegurado.
Por eso, yo hoy he conocido, gracias a Wikipedia, la leyenda de Gilgamés, cuya epopeya publica ahora Alianza Editorial. Y de la referencia de Gilgamés, he pasado a la de la escritura cuneiforme, que ha avivado mis recuerdos de conversaciones lingüísticas en un piso de estudiantes, frente a la escultura al maestro Salinas, en Salamanca. Y he recordado los alfabetos acadio y copto, que me han llevado a Aitor, estudiante de Filología Clásica que me enseñó a cantar el "Zorionak Zuri", que me ha hecho relacionar la idea con las lenguas prerromanas y de entre ellas rescatar el celtíbero, origen de nuestra actual "vega". Y así hasta el infinito, con sinapsis de nuestros recuerdos y conocimientos, y con enlaces virtuales: pinchando en hipervínculos como si estuviéramos lanzando dados en el juego de la oca. Alimentando conocimientos propios con los adquiridos en cada uno de los clicks de ratón.
Con un panorama del conocimiento como hay ahora, con todas las posibilidades de hoy en día, ¿crees que Sócrates repetiría, no sin antes pensárselo unos segundos, su famosa cita del "sólo sé que no sé nada"?
Existen los milagros. El hombre hace milagros. Wikipedia es uno de esos milagros producto del ser humano. Sé que hay que andar con mil ojos cuando estamos navegando por la red, ya que la cantidad de información imprecisa o falsa es muy grande. Tan grande como la cantidad de información fiable que podemos encontrar. Aunque bien es cierto que cada vez más, el grado de precisión y fiabilidad de la gran fuente que es Wikipedia, está más asegurado.
Por eso, yo hoy he conocido, gracias a Wikipedia, la leyenda de Gilgamés, cuya epopeya publica ahora Alianza Editorial. Y de la referencia de Gilgamés, he pasado a la de la escritura cuneiforme, que ha avivado mis recuerdos de conversaciones lingüísticas en un piso de estudiantes, frente a la escultura al maestro Salinas, en Salamanca. Y he recordado los alfabetos acadio y copto, que me han llevado a Aitor, estudiante de Filología Clásica que me enseñó a cantar el "Zorionak Zuri", que me ha hecho relacionar la idea con las lenguas prerromanas y de entre ellas rescatar el celtíbero, origen de nuestra actual "vega". Y así hasta el infinito, con sinapsis de nuestros recuerdos y conocimientos, y con enlaces virtuales: pinchando en hipervínculos como si estuviéramos lanzando dados en el juego de la oca. Alimentando conocimientos propios con los adquiridos en cada uno de los clicks de ratón.
Con un panorama del conocimiento como hay ahora, con todas las posibilidades de hoy en día, ¿crees que Sócrates repetiría, no sin antes pensárselo unos segundos, su famosa cita del "sólo sé que no sé nada"?
18 de mayo de 2010
Poetas nuevos. Nueva poesía
Realmente siempre habrá poesía.
Algunas veces me ha dado por dudar de este axioma. No sé muy bien por qué he llegado a dudar que no siempre habrá poesía, pero lo he dudado. Quizás ha sido mi vida, que no siempre me ha devuelto las sonrisas con poesía. Porque tampoco yo he sabido a veces lo que era la poesía. No la he visto cuando me envolvía y la he buscado fuera de los cuerpos, como si sólo en papel pudiera escribirse.
Hoy he encontrado la poesía en una coca cola. En realidad ha sido en dos coca colas. En Salamanca. En el Alcaraván. El Alcaraván en la cafetería de los amigos y de los enamorados. El Alcaraván es el mejor sitio de Salamanca donde tomarse un té americano, porque las dosis de canela son allí las más grandes. La poesía ha brotado de los dedos y las coca colas. El poeta se llama Víctor Balcells y lo escuché recitar una o dos veces en Salamanca. Entonces no me apasionó, pero ahora leo casi todo lo que cuelga (con bastante asiduidad) en su blog y hay cosas que verdaderamente me enganchan. Como su historia de las coca colas que se encuentran en el suelo del Alcaraván.

Es increíble cómo puede haber personas que, jugando con las palabras, que "como las putas, se parecen todas un poco", logren traer a las tardes de mayo algo diferente a la monotonía de las palabras, que aunque se parecen todas un poco, son siempre diferentes. Como el río de Heráclito. Como el alcaraván, cuyo vuelo siempre es distinto pero un poco parecido al anterior. Como el amor, si es que existe, como se plantea Balcells, que nunca es el mismo aunque proceda de los mismos labios. La poesía siempre se reinventa. Y es lo más bello de su esencia. Que siempre, cuando menos la queremos, nos sorprende en lugares tan insólitos como una coca cola.
Algunas veces me ha dado por dudar de este axioma. No sé muy bien por qué he llegado a dudar que no siempre habrá poesía, pero lo he dudado. Quizás ha sido mi vida, que no siempre me ha devuelto las sonrisas con poesía. Porque tampoco yo he sabido a veces lo que era la poesía. No la he visto cuando me envolvía y la he buscado fuera de los cuerpos, como si sólo en papel pudiera escribirse.
Hoy he encontrado la poesía en una coca cola. En realidad ha sido en dos coca colas. En Salamanca. En el Alcaraván. El Alcaraván en la cafetería de los amigos y de los enamorados. El Alcaraván es el mejor sitio de Salamanca donde tomarse un té americano, porque las dosis de canela son allí las más grandes. La poesía ha brotado de los dedos y las coca colas. El poeta se llama Víctor Balcells y lo escuché recitar una o dos veces en Salamanca. Entonces no me apasionó, pero ahora leo casi todo lo que cuelga (con bastante asiduidad) en su blog y hay cosas que verdaderamente me enganchan. Como su historia de las coca colas que se encuentran en el suelo del Alcaraván.

Es increíble cómo puede haber personas que, jugando con las palabras, que "como las putas, se parecen todas un poco", logren traer a las tardes de mayo algo diferente a la monotonía de las palabras, que aunque se parecen todas un poco, son siempre diferentes. Como el río de Heráclito. Como el alcaraván, cuyo vuelo siempre es distinto pero un poco parecido al anterior. Como el amor, si es que existe, como se plantea Balcells, que nunca es el mismo aunque proceda de los mismos labios. La poesía siempre se reinventa. Y es lo más bello de su esencia. Que siempre, cuando menos la queremos, nos sorprende en lugares tan insólitos como una coca cola.
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17 de mayo de 2010
Celebra-la lingua
A este blog ya casi se le ha olvidado hablar en gallego. Como los gallegos más gallegos, piensa que el respeto a los no gallego hablantes se demuestra no hablando en gallego. A veces dudo que eso sea verdaderamente así.
Lo cierto es que aunque a este blog se le haya olvidado hablar gallego, a la que lo escribe no se le ha olvidado. Celebra la lengua todos los días (incluso en Friburgo celebra el gallego, habla gallego porque en todas partes del mundo hay alguien que lo habla). Hoy, más que nunca, aunque lo haga en castellano para ti, lector, celebro el gallego. De la forma que sé: con el recuerdo, el sueño y la camiseta que me regaló Víctor hace años: "Goza coa túa lingua". Siempre he disfrutado con la lengua gallega. Y sigo haciéndolo. Sobre todo, cuando el pasado entra por los huecos de las persianas y dice "Bos días". Mi pasado, a veces, habla gallego. Como el e-mail de felicitación recibido esta mañana.
Non me esquecín.
Hoxe, no blog, toca un anaco de galego.
FELIZ DÍA DAS LETRAS GALEGAS.
Lo cierto es que aunque a este blog se le haya olvidado hablar gallego, a la que lo escribe no se le ha olvidado. Celebra la lengua todos los días (incluso en Friburgo celebra el gallego, habla gallego porque en todas partes del mundo hay alguien que lo habla). Hoy, más que nunca, aunque lo haga en castellano para ti, lector, celebro el gallego. De la forma que sé: con el recuerdo, el sueño y la camiseta que me regaló Víctor hace años: "Goza coa túa lingua". Siempre he disfrutado con la lengua gallega. Y sigo haciéndolo. Sobre todo, cuando el pasado entra por los huecos de las persianas y dice "Bos días". Mi pasado, a veces, habla gallego. Como el e-mail de felicitación recibido esta mañana.
Non me esquecín.
Hoxe, no blog, toca un anaco de galego.
FELIZ DÍA DAS LETRAS GALEGAS.
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