El fin de año no es una despedida. Tampoco es una bienvenida. Es una ligera pausa en la que la noche del día 31 se convierte en una fiesta, un motivo de celebración. Es un fin de acto: una escena nueva para representar. Aunque muchos de mis amigos dicen que el año -casi como ellos lo conocen- avanza por cursos académicos, yo sigo haciendo mis listas en estas fechas. Pienso en todo lo que me han traído los doce meses que ya agonizan, pienso en las personas que han ido de la mano conmigo en este camino, pienso en dos trozos de curso académico diferentes que corresponden al mismo año, pienso en los viajes que he hecho -los interiores y los exteriores-, pienso en las pequeñas peleas, en los reencuentros, en la gente que aparece y desaparece, en las marcas que el año nos hace sobre el cuerpo. Y me doy cuenta de que, aunque me niegue a aceptarlo, hay gente imprescindible y gente que no lo es tanto. Me doy cuenta de que hay sufrimiento real y sufrimiento relativo. Me doy cuenta de muchas cosas y solo lo hago en diciembre, nunca en junio, cuando acaba el curso académico. Diciembre es el mes más alegre de todos, frío, prefacio de muchas cosas y también despedida de muchas otras. Como casi todos los finales, está cargado de sorpresas, de vuelcos de corazón, y yo siempre lo lleno de mucha felicidad. Que mi felicidad del mes de diciembre sea nuestra felicidad de 2011: redonda, completa, plena, pura. Pero una felicidad que pueda compartir contigo, que me acompañas de la mano, que apareces y desapareces, que peleas o te reencuentras conmigo. Contigo, con quien viajo, a quien beso, a quien abrazo, con quien canto, con quien comparto. Felicidad.
Y, por supuesto, mucha vida.
31 de diciembre de 2010
24 de diciembre de 2010
"Vida de paz"
No es que no me apetezca escribir.
No es que sea vaga.
No es que no tenga tiempo.
Es que Manuel Casal resume, como nadie, el deseo de vivir una "vida de paz", consciente, a diario, y no solo hoy por ser 24. Así que te remito a su blog, para que leas una felicitación hermosa y también tú sientas de verdad ese espíritu que llaman navideño y que debería extenderse a todos los meses del año.
Pincha aquí para leer Vida de Paz
No es que sea vaga.
No es que no tenga tiempo.
Es que Manuel Casal resume, como nadie, el deseo de vivir una "vida de paz", consciente, a diario, y no solo hoy por ser 24. Así que te remito a su blog, para que leas una felicitación hermosa y también tú sientas de verdad ese espíritu que llaman navideño y que debería extenderse a todos los meses del año.
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20 de diciembre de 2010
Con Sabina, caminar hacia adelante
Letras de Sabina para aceptar la realidad. Y la voz de Ana Belén para mecerse en un sueño dulce.
Este diciembre está siendo más diciembre que nunca, y en un "buen diciembre" no podía faltar Sabina:
Este diciembre está siendo más diciembre que nunca, y en un "buen diciembre" no podía faltar Sabina:
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16 de diciembre de 2010
La muerte
Vivimos codo con codo con la muerte. Pero la muerte no nos sacude hasta que no nos llega diez días antes del día de Navidad y se lleva a una persona de 25 años llena de vitalidad.
Me he enterado hace nada de que un compañero de facultad de Salamanca ha fallecido a causa de una enfermedad terminal. Esa misma enfermedad le atravesó a otro compañero de facultad hace unos años y él sí la superó. Pero la vida es así de inoportuna. En un día feliz te arranca la sonrisa de un compañero, y de repente sientes que has perdido un poquito de lo que él te aportó. Es un sentimiento extraño cuando pierdes a un compañero. Es la segunda vez en mi corta vida que me ocurre esto y creo que cada vez duele más.
Estará en mi recuerdo siempre e intentaré vivir con tanta alegría como la que él desprendía.
Me he enterado hace nada de que un compañero de facultad de Salamanca ha fallecido a causa de una enfermedad terminal. Esa misma enfermedad le atravesó a otro compañero de facultad hace unos años y él sí la superó. Pero la vida es así de inoportuna. En un día feliz te arranca la sonrisa de un compañero, y de repente sientes que has perdido un poquito de lo que él te aportó. Es un sentimiento extraño cuando pierdes a un compañero. Es la segunda vez en mi corta vida que me ocurre esto y creo que cada vez duele más.
Estará en mi recuerdo siempre e intentaré vivir con tanta alegría como la que él desprendía.
13 de diciembre de 2010
Sobrepeso o cómo soltar lastre
El estado ideal es el estado minimalista.
Pero vivimos un barroquismo tardío donde lo minimalista no está de moda. A pesar de la crisis, apetece la sobrecarga. Ya no nos especializamos en nada, somos multifunción o multitarea. Cada vez cargamos con culpas mayores que no son nuestra culpa y no sabemos muy bien quién, pero hay alguien que hace que nos culpabilicemos por ciertas cosas que suceden. Vamos cargando nuestras espaldas con recuerdos amargos o dulces de aquellas personas que fuimos y nos gustaría seguir siendo, cuando lo natural es la evolución. Y literalmente, la obesidad y el sobrepeso se están convirtiendo en enfermedades crónicas del mundo ultradesarrollado. Acumulamos kilos igual que los niños de hoy acumulan juguetes en un rincón. Igual que las casas se llenan de pastillas de turrón en noviembre; pastillas que acabarán en febrero en la basura. Estamos aumentando el estrés en nuestros cuerpos: no hay descanso y parece que no nos preocupa.
Ha llegado el momento de soltar lastre. De ir quitándonos de todo lo que tenemos encima y no nos deja avanzar. Se aproxima un año nuevo y hay que entrar en él ligeros, como un bebé que nace y tiene todo por aprender. Tiremos a la basura todo lo que no nos sirve para nada. Digamos adiós a lo que nos impide seguir avanzando. Llega un año nuevo, y con cada año nuevo que se aproxima, aparece un diciembre de reflexión. Que este diciembre sirva para hacer listas. Pero esta vez hagamos la lista de lo que no queremos.
Pero vivimos un barroquismo tardío donde lo minimalista no está de moda. A pesar de la crisis, apetece la sobrecarga. Ya no nos especializamos en nada, somos multifunción o multitarea. Cada vez cargamos con culpas mayores que no son nuestra culpa y no sabemos muy bien quién, pero hay alguien que hace que nos culpabilicemos por ciertas cosas que suceden. Vamos cargando nuestras espaldas con recuerdos amargos o dulces de aquellas personas que fuimos y nos gustaría seguir siendo, cuando lo natural es la evolución. Y literalmente, la obesidad y el sobrepeso se están convirtiendo en enfermedades crónicas del mundo ultradesarrollado. Acumulamos kilos igual que los niños de hoy acumulan juguetes en un rincón. Igual que las casas se llenan de pastillas de turrón en noviembre; pastillas que acabarán en febrero en la basura. Estamos aumentando el estrés en nuestros cuerpos: no hay descanso y parece que no nos preocupa.
Ha llegado el momento de soltar lastre. De ir quitándonos de todo lo que tenemos encima y no nos deja avanzar. Se aproxima un año nuevo y hay que entrar en él ligeros, como un bebé que nace y tiene todo por aprender. Tiremos a la basura todo lo que no nos sirve para nada. Digamos adiós a lo que nos impide seguir avanzando. Llega un año nuevo, y con cada año nuevo que se aproxima, aparece un diciembre de reflexión. Que este diciembre sirva para hacer listas. Pero esta vez hagamos la lista de lo que no queremos.
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10 de diciembre de 2010
Un poco de música celta para estos días raros
A veces uno quiere decir muchas cosas, pero nada de lo que dice tiene sentido. Por eso, para días raros de muchas palabras y poco contenido, música. El silencio que precede a la música es mejor que la mejor literatura:
6 de diciembre de 2010
5 de diciembre de 2010
La belleza produce llanto
Una vez lloré en un concierto de Mozart. A veces lloro con los lieder de Schubert. Mucha de la música celta que escucho también hace que se me humedezcan los ojos. Recuerdo una gaita en Ortigueira. Y el arte en general. El adjetivo perfecto en el lugar adecuado; una pincelada de un tono un poco más ocre que nos deja enganchados a todo el cuadro; un personaje inmortal cuyo autor mata en un relato corto.
Hablan de que producir arte es un don. Pero también hay algo de gracia especial en quien se emociona con él. Están los que padecen el síndrome de Stendhal, que pueden incluso marearse o vomitar por el sentimiento de plenitud que les provoca la belleza.
Me alegro mucho de que la belleza no pase por mí y me deje indiferente. Porque la belleza produce mutaciones en nosotros. No somos los mismos tras haber pisado Florencia, Salamanca o la playa de las catedrales. No somos los mismos después de descubrir la poesía de Garcilaso o de Quevedo, la melodía de una cítara o el rostro de la persona que nos ha enamorado. Ojalá todo el mundo pueda experimentar este sentimiento: dejarse vencer por lo bello y ser feliz ahí dentro.
Hablan de que producir arte es un don. Pero también hay algo de gracia especial en quien se emociona con él. Están los que padecen el síndrome de Stendhal, que pueden incluso marearse o vomitar por el sentimiento de plenitud que les provoca la belleza.
Me alegro mucho de que la belleza no pase por mí y me deje indiferente. Porque la belleza produce mutaciones en nosotros. No somos los mismos tras haber pisado Florencia, Salamanca o la playa de las catedrales. No somos los mismos después de descubrir la poesía de Garcilaso o de Quevedo, la melodía de una cítara o el rostro de la persona que nos ha enamorado. Ojalá todo el mundo pueda experimentar este sentimiento: dejarse vencer por lo bello y ser feliz ahí dentro.
2 de diciembre de 2010
Las prisas
He estado fuera unos días y se me ha olvidado que Madrid es una ciudad de prisas. O quizás es la sociedad madrileña la apresurada. He pasado días de agobios continuos en los que me hacía falta pararme y disfrutar un poco de lo que tengo alrededor. Necesitaba cambiar de aires; desconectar. He estado en una ciudad y con una compañía que me han facilitado la tarea. También el clima frío de nieve espesa me ha ayudado a cambiar un poquito por dentro. A veces el lugar sí influye para cambiarnos el ánimo. Al volver, veo que todo sigue igual: mis compañeros son los mismos, los trabajos y libros que aguardan a ser terminados o leídos tampoco cambian, mi ambiente es el de siempre. Pero siento que hay algo distinto. Me relaciono sin prisas y miro la montaña de libros con apetito. He vuelto a recordar a los amigos de siempre y ellos también me han recordado a mí. Ahora vuelvo a escribir largos e-mails y aquí estoy, también dedicándole unos minutos a este rinconcito que había abandonado un poco.
Las prisas de Madrid me estaban haciendo un agujero dentro que me impedía ver las cosas de fuera. Y aunque sé que volver a la rutina es solo cuestión de días, me encantaría permanecer en este estado de calma dulce post-viaje para siempre. Un amigo dice que en el principio estaba el viaje: que el viaje es el origen de todo. Yo cada vez pienso más en su idea e intento ponerle nombre de ciudad. De momento, miro con asombro a la viajera que en un tren de corto recorrido y en un viaje de veinte minutos, saca su ordenador del maletín y comienza a aporrear sus teclas a la vez que lee un libro sobre prehistoria, o me asombro cuando veo a un niño de primaria haciendo sus deberes también en el tren. ¿Por qué las prisas? Si no hay nada como llegar a casa y, con toda la calma del mundo, sentarse en la mesa de estudio y dejar que sean nuestros dedos los que trabajen por nosotros.
Las prisas de Madrid me estaban haciendo un agujero dentro que me impedía ver las cosas de fuera. Y aunque sé que volver a la rutina es solo cuestión de días, me encantaría permanecer en este estado de calma dulce post-viaje para siempre. Un amigo dice que en el principio estaba el viaje: que el viaje es el origen de todo. Yo cada vez pienso más en su idea e intento ponerle nombre de ciudad. De momento, miro con asombro a la viajera que en un tren de corto recorrido y en un viaje de veinte minutos, saca su ordenador del maletín y comienza a aporrear sus teclas a la vez que lee un libro sobre prehistoria, o me asombro cuando veo a un niño de primaria haciendo sus deberes también en el tren. ¿Por qué las prisas? Si no hay nada como llegar a casa y, con toda la calma del mundo, sentarse en la mesa de estudio y dejar que sean nuestros dedos los que trabajen por nosotros.
26 de noviembre de 2010
Inmunizados contra el dolor
El dolor es una gripe pasajera más. Estamos familiarizados con él. El dolor, en todos los idiomas, de todos los colores y bajo todas las ideologías nos llega a través de las ondas y de la pantalla. Pero es un dolor que no duele. Cada día hay un atentado terrorista en el mundo. No es en el mundo que nosotros conocemos, hablo de Rabat, o de Tanzania, hablo de México. Cada día mueren cientos de personas de forma brutal. Y muchos de nosotros somos conscientes de ello. Pero no hay dolor para afrontarlos. Estamos inmunizados contra ese dolor terrible que causan las guerras y los déspotas. Estamos familiarizados con la muerte que nos llega desde miles de kilómetros. Por eso, ayer, mientras en España se repetía desde todos los medios que era el Día Mundial contra la Violencia contra las Mujeres, en el resto del mundo, no pasaba de ser un 25 de noviembre más: sin lazos, sin minutos de silencio, sin celebraciones. En todo el mundo, la primera causa de mortalidad de las mujeres por encima del cáncer o de las enfermedades cardiovasculares, es la violencia de género. Pero nosotros, el mundo en general, estamos tan familiarizados con ella, creemos que es tan nuestra que le dedicamos sólo un día al año o un mes en alguna cadena de televisión.
Hay que concienciarse de que el dolor existe. Por supuesto, no vayamos llorando por las esquinas pensando en la cantidad de personas que están siendo víctimas de un ataque violento, pero agradezcamos, desde nuestra posición privilegiada, que nosotros no sufrimos. Reivindiquemos que se haga visible el dolor. Porque el dolor existe, aunque a nosotros nunca nos haya dolido nada. Recapacitemos al menos un minuto al día sobre esto. Cuando uno se da cuenta de ello, creo que vive una vida que es más vida.
Hay que concienciarse de que el dolor existe. Por supuesto, no vayamos llorando por las esquinas pensando en la cantidad de personas que están siendo víctimas de un ataque violento, pero agradezcamos, desde nuestra posición privilegiada, que nosotros no sufrimos. Reivindiquemos que se haga visible el dolor. Porque el dolor existe, aunque a nosotros nunca nos haya dolido nada. Recapacitemos al menos un minuto al día sobre esto. Cuando uno se da cuenta de ello, creo que vive una vida que es más vida.
24 de noviembre de 2010
Decisiones
Madurar, hacerse mayor. Estos dos procesos significan una mayor implicación en la toma de decisiones. No nos damos cuenta, pero decidir es algo que hacemos a diario y en casi cualquier circunstancia. Nos pasamos la vida desechando unas variables y aceptando otras y las cosas, afortunadamente, no parece que nos vayan tan mal. Hay decisiones intrascendentes a primera vista pero que pueden abrirnos un sinfín de posibilidades. Otras, sin embargo, las tomamos con precaución, porque son difíciles, porque dudamos y tenemos miedo a las consecuencias. Pero no por eso dejamos de decidir continuamente. Lo primero que hacemos nada más despertarnos por la mañana es tomar la decisión de levantarnos o de zanganear unos minutitos más, aprovechando el calor de la manta. Y desde ese momento, empezamos a escribir la historia de nuestro día.
Ayer tomé una decisión casi intrascendente pero muy importante para mí. Y desde que lo hice, todo me favorece, la vida parece que se abre a mi paso y me ayuda a seguir adelante, sin mirar atrás, sin tiempo para poder arrepentirme de una decisión que, de momento, no es más que positiva. Espero que en unos meses, los resultados sigan siendo tan buenos y yo mantenga esta actitud positiva de miércoles por la tarde con lecturas chaucerianas.
Ayer tomé una decisión casi intrascendente pero muy importante para mí. Y desde que lo hice, todo me favorece, la vida parece que se abre a mi paso y me ayuda a seguir adelante, sin mirar atrás, sin tiempo para poder arrepentirme de una decisión que, de momento, no es más que positiva. Espero que en unos meses, los resultados sigan siendo tan buenos y yo mantenga esta actitud positiva de miércoles por la tarde con lecturas chaucerianas.
20 de noviembre de 2010
"Las ecuaciones se me dan mejor que la felicidad"
Ayer vi a Elvira en la biblioteca. Me hizo ilusión encontrarla. Hacía un par de días que me había encontrado a Jorge y le había preguntado por ella. Ahí va, con su Magisterio a distancia, sus congresos de traducción y las clases en un colegio de secundaria. En los reencuentros breves uno intenta condensar la información para compartir lo máximo posible en el tiempo que los horarios de la rutina nos permiten. Así que en quince minutos tratamos de ponernos al día de nuestras vidas. Me habló de sus clases de inglés y de sus pequeños de primero de la ESO. Se emocionaba al hablar de uno de ellos, alumno con autismo que está muy interesado en los idiomas. Este niño aprende holandés por su cuenta y trata de traducir sus ideas a otros idiomas. Elvira me contaba que un día, de repente, le preguntó: "Profe, ¿y yo cómo puedo ser feliz?". Unos días más tarde, volvió al tema: "Las ecuaciones se me dan mejor que la felicidad". Emotivo y dramático al mismo tiempo. Parece que es una condición intrínseca de la infancia la felicidad. ¿Por qué un niño de doce años plantea en voz alta la pregunta que nosotros nos hacemos interiormente cada noche? ¿Las personas que padecen autismo son infelices?
Mi compañera Jasha, checa, dice que en su idioma hay un refrán que dice algo así: "La felicidad es como una mosca dorada. Nunca la ves, y no existe. Pero puede que un día la veas, entonces sí existe".
Espero que este niño y todos los niños del mundo encuentren alguna vez la mosca dorada. Todo el mundo tiene derecho a verla alguna vez en su vida.
(20 de noviembre. Día internacional de la Infancia)
Mi compañera Jasha, checa, dice que en su idioma hay un refrán que dice algo así: "La felicidad es como una mosca dorada. Nunca la ves, y no existe. Pero puede que un día la veas, entonces sí existe".
Espero que este niño y todos los niños del mundo encuentren alguna vez la mosca dorada. Todo el mundo tiene derecho a verla alguna vez en su vida.
(20 de noviembre. Día internacional de la Infancia)
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18 de noviembre de 2010
Cuando el sueño puede más contigo que todas las cosas interesantes que tienes que hacer...
... es hora de descansar.
Eso también es vida.
Eso también es vida.
Fluir de conocimiento. Todo permanece
¿Qué pasaría si el conocimiento se estancara y solo dispusieran de él unos cuantos privilegiados?
Eso ya pasaba hace siglos y parece que las sociedades evolucionaban más lentamente. La imprenta y otros medios de comunicación facilitaron ese flujo de sabiduría universal del que disfrutamos hoy en día. Sin anacronismos. Sin embargo, a veces da la sensación de que falta información, de que se nos cuentan las cosas a medias o mal; se disfraza la realidad con demagogia e hipocresía y nos llega en fragmentos que se nos presentan reales y no lo son. Me da miedo pensar en el modo en el que se nos manipula desde no sé muy bien qué asientos. Recibimos toneladas de información, sí. Pero, ¿es relevante? ¿Cómo aprender a gestionar todo lo que recibimos sin que la anti-realidad nos absorba y pensemos que somos conscientes de lo que pasa en el mundo cuando -de hecho- no lo somos?
Sé que en mis palabras de arriba mezclo indiscriminadamente información con conocimiento, pero lo hago porque considero que la información proporciona sabiduría y ésta libertad. ¿Somos realmente libres o por encima de nosotros hay un narrador que modifica nuestros pensamientos a su antojo? Si tal cosa ocurre, habrá que cargar contra ese narrador, que intuyo que es el sistema -sí, así de abstracto- y plantarle cara para evitar caer atrapados en una tela de araña en la que parece que a nuestro alrededor nada ocurre, nada cambia: todo permanece.
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17 de noviembre de 2010
16 de noviembre de 2010
Ciudades
Si hiciéramos una lista de las diez ciudades preferidas por cualquier persona -al menos del mundo Occidental desde nuestro punto de vista: Europa, Australia, EEUU-, habría en primer lugar una ciudad que es la Ciudad. Con mayúsculas. Por antonomasia. Querida, deseada, soñada, imaginada, llorada, alabada, vista y revista en tantísimas ocasiones a través de la pantalla grande y de la chica, cantada, abrazada, homenajeada tantas veces, leída, recorrida a través de la literatura de Auster o de Martín-Gaite, poblada de personajes insólitos. La ciudad para la que todos los adjetivos que se nos puedan imaginar se quedan cortos es una ciudad a cuyos habitantes quiero hoy homenajear. Porque en la cocina de mi blog hay un pajarito que me dice que últimamente recibo muchas visitas desde allí. Para ellos y para cualquiera que alguna vez la haya soñado. Aquí está: New York. Con la añoranza sana de aquel que no conoce algo pero aún así lo desea desde bien dentro.
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15 de noviembre de 2010
Amables colegas:
El lenguaje no es sexista. Los sexistas somos los hablantes. Posiblemente ya hubieras caído en ello hace tiempo, pero es importante plasmarlo por escrito -verba volant scripta manent- para ver la repercusión que tiene esto. El lenguaje es una herramienta potentísima que utilizamos como queremos. La mayoría de las veces la usamos simplemente para comunicarnos, pero en esos usos prácticos, la cargamos de elementos que nos permiten, a la vez que nos comunicamos, manejar a nuestro interlocutor. Hasta ahí todo claro.
El idioma, el lenguaje, la palabra se ha utilizado per saecula saeculorum como fuente de autoridad. Sobre todo desde los púlpitos. Y siempre se le dio mayor importancia a la palabra escrita -infalibilidad de las Escrituras- que a la palabra oral en ciertos ámbitos. Pero llegaron la radio y la televisión y la oralidad recuperó su valor, su estatus. Siempre he creído que oralmente uno comunica y que por escrito adoctrina. No sé, no sé... Ese no era el tema de la entrada de hoy. El caso es que a través de la oralidad, a través del uso real del idioma, a través de su manejo como herramienta eficaz de comunicación es por donde se empiezan a colar el sexismo o la intolerancia.
Esto es un "coñazo" y lo otro "cojonudo", "tu puta madre", "¡qué zorra la tía esa!", ese chaval es un "machote" y algunas expresiones más demuestran que el lenguaje es sexista. Pero ojo, que el discurso de izquierdas no nos lleve a engaño y empecemos a creer que decir "los alumnos", a secas, es sexismo del lenguaje. Eso forma parte de nuestra gramática universal. En español siempre se ha formado así el plural: masculino + femenino = masculino plural. Pero eso no quiere decir que el lenguaje sea sexista. Simplemente que seguimos el patrón latino de la formación del plural. Pero además hay que tener cuidado con los singulares no marcados genéricamente (esto es, los que no terminan en -a u -o, que en español son los morfemas flexivos que marcan género), para que no caigamos en la creación absurda de palabras que no tienen mucho sentido, como "miembra" o "policío". Igual que los adjetivos "amable", "alegre" o "feliz" no hacen concordancia de género, porque directamente no tienen marca para este valor gramatical, los sustantivos anteriores no tienen que hacerla.
Pero vivimos en la era de lo políticamente correcto y dirigirse públicamente a una audiencia mixta como "estimados oyentes" es síntoma de machismo lingüístico y ahora se recurre en la oralidad al "estimados y estimadas" y en el lenguaje escrito a cosas como "estimados/as" o incluso "estimad@s". Para evitar las barras y las arrobas y mantener la corrección política, tengo una profesora que cuando envía e-mails a sus compañeros de departamento, en los que se encuentran varones y mujeres, opta por la selección de vocabulario no marcada genéricamente. Así, con un "amables colegas" nadie se ofende, y todos y todas tan contentos y contentas.
El idioma, el lenguaje, la palabra se ha utilizado per saecula saeculorum como fuente de autoridad. Sobre todo desde los púlpitos. Y siempre se le dio mayor importancia a la palabra escrita -infalibilidad de las Escrituras- que a la palabra oral en ciertos ámbitos. Pero llegaron la radio y la televisión y la oralidad recuperó su valor, su estatus. Siempre he creído que oralmente uno comunica y que por escrito adoctrina. No sé, no sé... Ese no era el tema de la entrada de hoy. El caso es que a través de la oralidad, a través del uso real del idioma, a través de su manejo como herramienta eficaz de comunicación es por donde se empiezan a colar el sexismo o la intolerancia.
Esto es un "coñazo" y lo otro "cojonudo", "tu puta madre", "¡qué zorra la tía esa!", ese chaval es un "machote" y algunas expresiones más demuestran que el lenguaje es sexista. Pero ojo, que el discurso de izquierdas no nos lleve a engaño y empecemos a creer que decir "los alumnos", a secas, es sexismo del lenguaje. Eso forma parte de nuestra gramática universal. En español siempre se ha formado así el plural: masculino + femenino = masculino plural. Pero eso no quiere decir que el lenguaje sea sexista. Simplemente que seguimos el patrón latino de la formación del plural. Pero además hay que tener cuidado con los singulares no marcados genéricamente (esto es, los que no terminan en -a u -o, que en español son los morfemas flexivos que marcan género), para que no caigamos en la creación absurda de palabras que no tienen mucho sentido, como "miembra" o "policío". Igual que los adjetivos "amable", "alegre" o "feliz" no hacen concordancia de género, porque directamente no tienen marca para este valor gramatical, los sustantivos anteriores no tienen que hacerla.
Pero vivimos en la era de lo políticamente correcto y dirigirse públicamente a una audiencia mixta como "estimados oyentes" es síntoma de machismo lingüístico y ahora se recurre en la oralidad al "estimados y estimadas" y en el lenguaje escrito a cosas como "estimados/as" o incluso "estimad@s". Para evitar las barras y las arrobas y mantener la corrección política, tengo una profesora que cuando envía e-mails a sus compañeros de departamento, en los que se encuentran varones y mujeres, opta por la selección de vocabulario no marcada genéricamente. Así, con un "amables colegas" nadie se ofende, y todos y todas tan contentos y contentas.
14 de noviembre de 2010
La mandolina del compositor Vivaldi
Se me hace difícil entender una mañana de domingo sin varias cosas: tostadas calientes con mermelada de frambuesa, un café grande, la limpieza apresurada de la capa de polvo que se ha reposado tras días de trabajo en la mesa de estudio, el artículo de Elvira Lindo en El País, la resolución del crucigrama del mismo periódico, un vistazo por la ventana para sentir caer las gotitas de lluvia y -siempre, siempre- una pieza de música clásica que me recuerde los domingos de la infancia en los que la casa se llenaba del Amor Brujo de Falla.
Hoy la mandolina de Vivaldi, para mantener las costumbres de las mañanas de domingo. En el fondo, el domingo no es tan mal día como lo pintan:
Hoy la mandolina de Vivaldi, para mantener las costumbres de las mañanas de domingo. En el fondo, el domingo no es tan mal día como lo pintan:
12 de noviembre de 2010
Respira hondo
Para días que duran más de 24 horas
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respirar hondo
9 de noviembre de 2010
La caída de los mitos, el renacer de realidades
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