27 de enero de 2011

Las fotos de N.

Viene de aquí


N. se había ido, pero había dejado olvidado su álbum de fotos del verano anterior. En ese verano aún no se conocían, así que se tomó la libertad de curiosear en el montón de imágenes tomadas desde los lugares más dispares: un rincón irreconocible del campus, la flamante nueva estación de cercanías de Sol o un balcón repleto de geranios donde le habría gustado también aparecer, a su lado.

De repente, se dio cuenta de que no tenían fotos juntos. Fue súbito, un rayito revelador que le hizo reconocer la escasa importancia que N. le dedicaba. N. clasificaba su vida en fotos, y todas las personas que eran importantes en ella aparecían retratadas a su lado en miles de pedazos de papel o píxeles de pantalla de ordenador. Ella, sin embargo, se sentía excluida del mundo fotográfico de N. y comenzó a originar una paranoia en torno a la idea de tener fotos con N. para poder empezar a sentirse parte también de él.

Se olvidó de Norah Jones y del té. Ahora sólo le interesaba el disparo adecuado, el momento feliz en el que sus sonrisas se compaginaran para crear un cuadro impresionista perfecto. Que desde fuera todo pareciera real, un amor puro visto desde la distancia. Al acercarse, el espectador se daría cuenta de las pinceladas que creaban la falsa sensación de unión. La pintura los separaba, lo suyo era artificial.

Miró en la pared de Lorca y no reconoció nada de sí misma ni en el mapa de América del Sur ni en la mirada feliz del poeta granadino. Se miró las manos, las muñecas, los brazos y tampoco reconoció nada de sí misma en ellos. Quizás N. la estaba anulando sin él mismo saberlo, tan ajeno como siempre a su presencia. Recordó una vez más a Góngora, pero le daba pereza pensar, la ignorancia hace más felices a las personas.

Buscó el sillón adecuado y la ventana por la que entraban más rayos de sol. Cerró los ojos frente a los cristales y durmió para olvidar el trozo de vida que se le escapaba entre los tés de N.

23 de enero de 2011

Lenguas indo-europeas

Como sabrás, los lingüistas clasifican las lenguas igual que los botánicos clasifican las flores. Los lingüistas buscan los rasgos característicos de las lenguas e intentan agruparlas por familias y a veces, incluso, tratan de buscarle el antepasado común a ese grupo de lenguas: la madre de la que proceden. El caso de la española es sencillo. Sus hermanas están próximas a ella geográficamente, y se conoce la madre de todas ellas: el latín. Hay otras lenguas, como la inglesa o la alemana, también emparentadas entre sí, de cuya madre no quedan testimonios escritos, por lo que se tiene que reconstruir a base de textos muy antiguos en inglés, en alemán o en holandés (entre otras). Así ocurre con todas las lenguas que se hablan en Europa. Todas están agrupadas en familias que proceden de otra lengua común. A la lengua "abuela" de la mayoría de lenguas europeas y de Asia occidental se le ha llamado protoindoeuropeo y es una reconstrucción ficticia de lo que se hablaría al principio de la historia hablada de Europa.

Sin embargo, ocurre algo muy curioso con tres lenguas europeas: el euskera, el finés y el húngaro (y variedades afines de éstas últimas) no pertenecen a la familia indo-europea. El finés y el húngaro están emparentadas entre sí, pero el euskera campa independiente, solo, a sus anchas, por el amplio campo de las familias lingüísticas. No se conoce con certeza el parentesco del euskera, aunque hay muchas hipótesis sobre su origen, pero sigue siendo el gran misterio de la clasificación lingüística europea.

Así que nos encontramos con que un país como España, tan pequeñito, considerado como el fin del mundo conocido hace no demasiados siglos, es una joya lingüística. No solo por contar con tres lenguas diferentes de la familia latina, sino por haber mantenido, en un rinconcito del Cantábrico, un idioma que es un misterio, un tesoro lingüístico. Lo triste es que haya personas que no sepan esto y que no acepten el uso público de estas lenguas y se dediquen a criticar las medidas del gobierno por dar cabida a todas ellas en el Senado. ¿Es que no se dan cuenta de que si no se lucha por el idioma propio puede terminar perdiéndose? Habrá quien piense que es ridículo el plurilingüismo del Senado, es posible que se considere ridícula a la persona que habla en euskera y a quien hay que traducir al castellano, pero esa persona está luchando por un bien cultural, igual que todos los que salieron a la calle este verano para luchar por el "bien cultural" de la tauromaquia. La diferencia es que las lenguas nos enriquecen, mientras que la tauromaquia... no.

Considerémonos afortunados, como nación, por la riqueza lingüística que parece que no sabemos apreciar. Enorgullezcámonos por nuestro patrimonio cultural inmaterial. Abracemos la comunión de las lenguas y aceptemos, con tolerancia, que nuestro país es un país muy heterogéneo, un mosaico cultural plural. Sin rivalidades. Dejando al margen la política y la economía por un segundo. Centrándonos en lo que, por ser diferente, nos hace ricos.

A veces está bien dejar de racionalizarlo todo, dejar de entenderlo todo y dejarnos llevar por la belleza de las lenguas, nuestra herramienta primera para enfrentar la realidad que nos rodea:

22 de enero de 2011

Un poco de silencio para encontrarse

Empezó a escuchar a Norah Jones, porque N. escuchaba a Norah Jones. También le dio por tomar más té del que normalmente bebía; decía que era porque le relajaba los nervios, pero lo hacía porque se enteró de que a N. le encantaba el té. Aprendió a diferenciar las canciones de Jones, aunque al principio pensaba que todas eran la misma, y encontró los matices, al igual que en los tés: el negro y el rojo eran semejantes, pero no tenían nada que ver.

Dejó de leer a los escritores españoles. Y las traducciones al español de los escritores extranjeros. Entró en la elite de lectores de literatura en versión original. Y en la de espectadores de películas sin doblaje. Comenzó a balbucir palabras en otros idiomas: eran intentos frustrados de alcanzar una especie de babel mental. Se dio cuenta de que esto último era demasiado. Así que decidió pararse un poco y reflexionar. Compró una postal de Federico García Lorca y la colgó en la pared de su despacho, al lado del calendario y del mapa de América del Sur. El brazo de Lorca rozaba levemente la costa chilena. Sonrió ante la posibilidad de un chileno lorquiano o un Lorca chileno. Luego se atrevió a tapar la silueta de Chile para hacer argentino a Lorca. Y allí estaba, en pleno centro de Argentina, que era Córdoba. Pensó: "¿qué más da la Alhambra que la Mezquita? Ahí Lorca está como en casa." Y lo imaginó diciendo "che" y "vos" y volvió a sonreír.

Dejó de pensar por un momento. Le entraron ganas de volver a leer a los escritores españoles. Pensó que empezaría con Góngora y si no se echaba atrás, ya podría con todo.

Volvió a pensar en N.
Después le vinieron a la cabeza unos versos:


"Llegó todo el lugar, y despedido,
casta Venus, que el lecho ha previenido
de las plumas que baten más süaves
en su volante carro blancas aves,
los novios entra en dura no estacada:
que, siendo Amor una deidad alada,
bien previno la hija de la espuma
a batallas de amor campo de plumas."


Paró el reproductor de música, por el que salía la ácida voz de Norah. Pensó que el silencio en enero facilita la digestión cerebral. Y ahí se quedó, contemplando con cara de despiste la silueta de América, en silencio. Esperaba que la fotografía de Lorca le hablara y le revelara el misterio de su propia vida.

9 de enero de 2011

Aprender (6)

"Aprender es algo muy agradable no sólo para los filósofos, sino también para el resto de las personas por igual"

Aristóteles, Poética, IV



(Kandinsky, Composition VII, 1913)

6 de enero de 2011

Imágenes

La vida puede mirarse con muchos ojos. Y está claro que las personas, individualmente, tenemos unos ojos diferentes para cada ocasión y vemos el mundo con una luz distinta en cada momento. Atrapar los instantes y grabarlos en nuestra memoria con la luz que nosotros llevamos dentro en ese segundo es el mejor ejercicio para ir creando nuestro álbum interno de recuerdos. Luego, uno puede comparar sus imágenes del recuerdo con las fotografías que alguien le hizo mientras experimentaba ese trocito de vida. Entonces, las imágenes "reales" y las "imaginadas" se unen y nos enseñan a ver la vida de forma más amplia y más abierta. Eso sí, ¿cómo saber cuál es la imagen real y cuál la imaginada?

1 de enero de 2011

Te quiero

Siempre me he considerado una persona comunicativa, sincera y que, con frecuencia, expresa lo que siente. Sin embargo, me doy cuenta de que pocas veces digo "te quiero". Y no es que no quiera. Es posible que tenga miedo a decirlo. No sé muy bien miedo a qué, ni por qué debería eso ser miedo. Pero digo pocos "te quiero". A mi alrededor tampoco esa es la expresión que más oigo. Y cuando la oigo dicha y redicha, me parece que pierde el sentido. A lo mejor "te quiero" no se dice; simplemente se demuestra.

A lo que quiero llegar con la disertación sobre "decir o no decir" te quiero es a lo profundo del asunto. ¿Cómo queremos? Si es que queremos. ¿Cómo expresamos que queremos a alguien? Si es que queremos. ¿Se entera la persona a la que queremos que la queremos a pesar de no decirle "te quiero"? Yo, que soy una afortunada, me siento muy querida por mi gente (aunque esto suene a clan folklórico) y no sé muy bien explicar en qué se fundamenta ese querer. Soy querida y queriente. Y saber que estás ahí me hace feliz, me hace sentir querida.

Hoy comienza un año que será tan largo como nosotros queramos que sea, con toda la relatividad del tiempo en nuestras manos. Y deseo que en este año haya mucho amor. Porque con amor se combate el mal tiempo: la crisis económica y la de valores, la intolerancia de unos cuantos, la violencia, la muerte, el egoísmo, la soledad, la tormenta interna. Deseo que el amor de 2011 no sea sólo un amor fraternal, sexual o amistoso. Deseo que sea un amor al mundo: un amor que nos haga mejores personas, un amor que nos humanice, un amor que nos haga débiles y vulnerables; pero también fuertes y con las riendas de nuestra libertad. Deseo que haya amor al arte, amor a la vida, amor a uno mismo, amor a cada instante. Solo una vida de amor es una vida feliz. Y solo si nos sentimos queridos, podemos avanzar con los ojos bien abiertos y una sonrisa grande y sincera.



Gracias por quererme.
Yo a ti también te quiero.

31 de diciembre de 2010

Fare thee well, friend

El fin de año no es una despedida. Tampoco es una bienvenida. Es una ligera pausa en la que la noche del día 31 se convierte en una fiesta, un motivo de celebración. Es un fin de acto: una escena nueva para representar. Aunque muchos de mis amigos dicen que el año -casi como ellos lo conocen- avanza por cursos académicos, yo sigo haciendo mis listas en estas fechas. Pienso en todo lo que me han traído los doce meses que ya agonizan, pienso en las personas que han ido de la mano conmigo en este camino, pienso en dos trozos de curso académico diferentes que corresponden al mismo año, pienso en los viajes que he hecho -los interiores y los exteriores-, pienso en las pequeñas peleas, en los reencuentros, en la gente que aparece y desaparece, en las marcas que el año nos hace sobre el cuerpo. Y me doy cuenta de que, aunque me niegue a aceptarlo, hay gente imprescindible y gente que no lo es tanto. Me doy cuenta de que hay sufrimiento real y sufrimiento relativo. Me doy cuenta de muchas cosas y solo lo hago en diciembre, nunca en junio, cuando acaba el curso académico. Diciembre es el mes más alegre de todos, frío, prefacio de muchas cosas y también despedida de muchas otras. Como casi todos los finales, está cargado de sorpresas, de vuelcos de corazón, y yo siempre lo lleno de mucha felicidad. Que mi felicidad del mes de diciembre sea nuestra felicidad de 2011: redonda, completa, plena, pura. Pero una felicidad que pueda compartir contigo, que me acompañas de la mano, que apareces y desapareces, que peleas o te reencuentras conmigo. Contigo, con quien viajo, a quien beso, a quien abrazo, con quien canto, con quien comparto. Felicidad.
Y, por supuesto, mucha vida.

24 de diciembre de 2010

"Vida de paz"

No es que no me apetezca escribir.
No es que sea vaga.
No es que no tenga tiempo.

Es que Manuel Casal resume, como nadie, el deseo de vivir una "vida de paz", consciente, a diario, y no solo hoy por ser 24. Así que te remito a su blog, para que leas una felicitación hermosa y también tú sientas de verdad ese espíritu que llaman navideño y que debería extenderse a todos los meses del año.

Pincha aquí para leer Vida de Paz

20 de diciembre de 2010

Con Sabina, caminar hacia adelante

Letras de Sabina para aceptar la realidad. Y la voz de Ana Belén para mecerse en un sueño dulce.
Este diciembre está siendo más diciembre que nunca, y en un "buen diciembre" no podía faltar Sabina:

16 de diciembre de 2010

La muerte

Vivimos codo con codo con la muerte. Pero la muerte no nos sacude hasta que no nos llega diez días antes del día de Navidad y se lleva a una persona de 25 años llena de vitalidad.

Me he enterado hace nada de que un compañero de facultad de Salamanca ha fallecido a causa de una enfermedad terminal. Esa misma enfermedad le atravesó a otro compañero de facultad hace unos años y él sí la superó. Pero la vida es así de inoportuna. En un día feliz te arranca la sonrisa de un compañero, y de repente sientes que has perdido un poquito de lo que él te aportó. Es un sentimiento extraño cuando pierdes a un compañero. Es la segunda vez en mi corta vida que me ocurre esto y creo que cada vez duele más.

Estará en mi recuerdo siempre e intentaré vivir con tanta alegría como la que él desprendía.

13 de diciembre de 2010

Sobrepeso o cómo soltar lastre

El estado ideal es el estado minimalista.

Pero vivimos un barroquismo tardío donde lo minimalista no está de moda. A pesar de la crisis, apetece la sobrecarga. Ya no nos especializamos en nada, somos multifunción o multitarea. Cada vez cargamos con culpas mayores que no son nuestra culpa y no sabemos muy bien quién, pero hay alguien que hace que nos culpabilicemos por ciertas cosas que suceden. Vamos cargando nuestras espaldas con recuerdos amargos o dulces de aquellas personas que fuimos y nos gustaría seguir siendo, cuando lo natural es la evolución. Y literalmente, la obesidad y el sobrepeso se están convirtiendo en enfermedades crónicas del mundo ultradesarrollado. Acumulamos kilos igual que los niños de hoy acumulan juguetes en un rincón. Igual que las casas se llenan de pastillas de turrón en noviembre; pastillas que acabarán en febrero en la basura. Estamos aumentando el estrés en nuestros cuerpos: no hay descanso y parece que no nos preocupa.

Ha llegado el momento de soltar lastre. De ir quitándonos de todo lo que tenemos encima y no nos deja avanzar. Se aproxima un año nuevo y hay que entrar en él ligeros, como un bebé que nace y tiene todo por aprender. Tiremos a la basura todo lo que no nos sirve para nada. Digamos adiós a lo que nos impide seguir avanzando. Llega un año nuevo, y con cada año nuevo que se aproxima, aparece un diciembre de reflexión. Que este diciembre sirva para hacer listas. Pero esta vez hagamos la lista de lo que no queremos.

10 de diciembre de 2010

Un poco de música celta para estos días raros

A veces uno quiere decir muchas cosas, pero nada de lo que dice tiene sentido. Por eso, para días raros de muchas palabras y poco contenido, música. El silencio que precede a la música es mejor que la mejor literatura:

6 de diciembre de 2010

Renoir



Esto es solo una impresión de una tarde llena de impresionismo. Y los azules.

5 de diciembre de 2010

La belleza produce llanto

Una vez lloré en un concierto de Mozart. A veces lloro con los lieder de Schubert. Mucha de la música celta que escucho también hace que se me humedezcan los ojos. Recuerdo una gaita en Ortigueira. Y el arte en general. El adjetivo perfecto en el lugar adecuado; una pincelada de un tono un poco más ocre que nos deja enganchados a todo el cuadro; un personaje inmortal cuyo autor mata en un relato corto.

Hablan de que producir arte es un don. Pero también hay algo de gracia especial en quien se emociona con él. Están los que padecen el síndrome de Stendhal, que pueden incluso marearse o vomitar por el sentimiento de plenitud que les provoca la belleza.

Me alegro mucho de que la belleza no pase por mí y me deje indiferente. Porque la belleza produce mutaciones en nosotros. No somos los mismos tras haber pisado Florencia, Salamanca o la playa de las catedrales. No somos los mismos después de descubrir la poesía de Garcilaso o de Quevedo, la melodía de una cítara o el rostro de la persona que nos ha enamorado. Ojalá todo el mundo pueda experimentar este sentimiento: dejarse vencer por lo bello y ser feliz ahí dentro.

2 de diciembre de 2010

Las prisas

He estado fuera unos días y se me ha olvidado que Madrid es una ciudad de prisas. O quizás es la sociedad madrileña la apresurada. He pasado días de agobios continuos en los que me hacía falta pararme y disfrutar un poco de lo que tengo alrededor. Necesitaba cambiar de aires; desconectar. He estado en una ciudad y con una compañía que me han facilitado la tarea. También el clima frío de nieve espesa me ha ayudado a cambiar un poquito por dentro. A veces el lugar sí influye para cambiarnos el ánimo. Al volver, veo que todo sigue igual: mis compañeros son los mismos, los trabajos y libros que aguardan a ser terminados o leídos tampoco cambian, mi ambiente es el de siempre. Pero siento que hay algo distinto. Me relaciono sin prisas y miro la montaña de libros con apetito. He vuelto a recordar a los amigos de siempre y ellos también me han recordado a mí. Ahora vuelvo a escribir largos e-mails y aquí estoy, también dedicándole unos minutos a este rinconcito que había abandonado un poco.

Las prisas de Madrid me estaban haciendo un agujero dentro que me impedía ver las cosas de fuera. Y aunque sé que volver a la rutina es solo cuestión de días, me encantaría permanecer en este estado de calma dulce post-viaje para siempre. Un amigo dice que en el principio estaba el viaje: que el viaje es el origen de todo. Yo cada vez pienso más en su idea e intento ponerle nombre de ciudad. De momento, miro con asombro a la viajera que en un tren de corto recorrido y en un viaje de veinte minutos, saca su ordenador del maletín y comienza a aporrear sus teclas a la vez que lee un libro sobre prehistoria, o me asombro cuando veo a un niño de primaria haciendo sus deberes también en el tren. ¿Por qué las prisas? Si no hay nada como llegar a casa y, con toda la calma del mundo, sentarse en la mesa de estudio y dejar que sean nuestros dedos los que trabajen por nosotros.

26 de noviembre de 2010

Inmunizados contra el dolor

El dolor es una gripe pasajera más. Estamos familiarizados con él. El dolor, en todos los idiomas, de todos los colores y bajo todas las ideologías nos llega a través de las ondas y de la pantalla. Pero es un dolor que no duele. Cada día hay un atentado terrorista en el mundo. No es en el mundo que nosotros conocemos, hablo de Rabat, o de Tanzania, hablo de México. Cada día mueren cientos de personas de forma brutal. Y muchos de nosotros somos conscientes de ello. Pero no hay dolor para afrontarlos. Estamos inmunizados contra ese dolor terrible que causan las guerras y los déspotas. Estamos familiarizados con la muerte que nos llega desde miles de kilómetros. Por eso, ayer, mientras en España se repetía desde todos los medios que era el Día Mundial contra la Violencia contra las Mujeres, en el resto del mundo, no pasaba de ser un 25 de noviembre más: sin lazos, sin minutos de silencio, sin celebraciones. En todo el mundo, la primera causa de mortalidad de las mujeres por encima del cáncer o de las enfermedades cardiovasculares, es la violencia de género. Pero nosotros, el mundo en general, estamos tan familiarizados con ella, creemos que es tan nuestra que le dedicamos sólo un día al año o un mes en alguna cadena de televisión.

Hay que concienciarse de que el dolor existe. Por supuesto, no vayamos llorando por las esquinas pensando en la cantidad de personas que están siendo víctimas de un ataque violento, pero agradezcamos, desde nuestra posición privilegiada, que nosotros no sufrimos. Reivindiquemos que se haga visible el dolor. Porque el dolor existe, aunque a nosotros nunca nos haya dolido nada. Recapacitemos al menos un minuto al día sobre esto. Cuando uno se da cuenta de ello, creo que vive una vida que es más vida.

24 de noviembre de 2010

Decisiones

Madurar, hacerse mayor. Estos dos procesos significan una mayor implicación en la toma de decisiones. No nos damos cuenta, pero decidir es algo que hacemos a diario y en casi cualquier circunstancia. Nos pasamos la vida desechando unas variables y aceptando otras y las cosas, afortunadamente, no parece que nos vayan tan mal. Hay decisiones intrascendentes a primera vista pero que pueden abrirnos un sinfín de posibilidades. Otras, sin embargo, las tomamos con precaución, porque son difíciles, porque dudamos y tenemos miedo a las consecuencias. Pero no por eso dejamos de decidir continuamente. Lo primero que hacemos nada más despertarnos por la mañana es tomar la decisión de levantarnos o de zanganear unos minutitos más, aprovechando el calor de la manta. Y desde ese momento, empezamos a escribir la historia de nuestro día.

Ayer tomé una decisión casi intrascendente pero muy importante para mí. Y desde que lo hice, todo me favorece, la vida parece que se abre a mi paso y me ayuda a seguir adelante, sin mirar atrás, sin tiempo para poder arrepentirme de una decisión que, de momento, no es más que positiva. Espero que en unos meses, los resultados sigan siendo tan buenos y yo mantenga esta actitud positiva de miércoles por la tarde con lecturas chaucerianas.

20 de noviembre de 2010

"Las ecuaciones se me dan mejor que la felicidad"

Ayer vi a Elvira en la biblioteca. Me hizo ilusión encontrarla. Hacía un par de días que me había encontrado a Jorge y le había preguntado por ella. Ahí va, con su Magisterio a distancia, sus congresos de traducción y las clases en un colegio de secundaria. En los reencuentros breves uno intenta condensar la información para compartir lo máximo posible en el tiempo que los horarios de la rutina nos permiten. Así que en quince minutos tratamos de ponernos al día de nuestras vidas. Me habló de sus clases de inglés y de sus pequeños de primero de la ESO. Se emocionaba al hablar de uno de ellos, alumno con autismo que está muy interesado en los idiomas. Este niño aprende holandés por su cuenta y trata de traducir sus ideas a otros idiomas. Elvira me contaba que un día, de repente, le preguntó: "Profe, ¿y yo cómo puedo ser feliz?". Unos días más tarde, volvió al tema: "Las ecuaciones se me dan mejor que la felicidad". Emotivo y dramático al mismo tiempo. Parece que es una condición intrínseca de la infancia la felicidad. ¿Por qué un niño de doce años plantea en voz alta la pregunta que nosotros nos hacemos interiormente cada noche? ¿Las personas que padecen autismo son infelices?

Mi compañera Jasha, checa, dice que en su idioma hay un refrán que dice algo así: "La felicidad es como una mosca dorada. Nunca la ves, y no existe. Pero puede que un día la veas, entonces sí existe".

Espero que este niño y todos los niños del mundo encuentren alguna vez la mosca dorada. Todo el mundo tiene derecho a verla alguna vez en su vida.

(20 de noviembre. Día internacional de la Infancia)

18 de noviembre de 2010

Cuando el sueño puede más contigo que todas las cosas interesantes que tienes que hacer...

... es hora de descansar.

Eso también es vida.

Fluir de conocimiento. Todo permanece



¿Qué pasaría si el conocimiento se estancara y solo dispusieran de él unos cuantos privilegiados?
Eso ya pasaba hace siglos y parece que las sociedades evolucionaban más lentamente. La imprenta y otros medios de comunicación facilitaron ese flujo de sabiduría universal del que disfrutamos hoy en día. Sin anacronismos. Sin embargo, a veces da la sensación de que falta información, de que se nos cuentan las cosas a medias o mal; se disfraza la realidad con demagogia e hipocresía y nos llega en fragmentos que se nos presentan reales y no lo son. Me da miedo pensar en el modo en el que se nos manipula desde no sé muy bien qué asientos. Recibimos toneladas de información, sí. Pero, ¿es relevante? ¿Cómo aprender a gestionar todo lo que recibimos sin que la anti-realidad nos absorba y pensemos que somos conscientes de lo que pasa en el mundo cuando -de hecho- no lo somos?

Sé que en mis palabras de arriba mezclo indiscriminadamente información con conocimiento, pero lo hago porque considero que la información proporciona sabiduría y ésta libertad. ¿Somos realmente libres o por encima de nosotros hay un narrador que modifica nuestros pensamientos a su antojo? Si tal cosa ocurre, habrá que cargar contra ese narrador, que intuyo que es el sistema -sí, así de abstracto- y plantarle cara para evitar caer atrapados en una tela de araña en la que parece que a nuestro alrededor nada ocurre, nada cambia: todo permanece.