Ha sido la primera nueva persona en mi vida, en este curso, a la que he considerado mi amiga.
Podría hacer aquí una lista de cualidades que tiene, pero, ¿para qué? Si lo que importa de los amigos es lo bien que te hacen sentir, lo que les quieres, cómo el tiempo pasa sin darse cuenta entre cafés, charlas o incluso trabajos.
Sé que nos debemos tiempo fuera de las cuatro paredes de la cafetería de Profesorado, pero hoy en día, ¿a quién no se lo debemos? Así que a veces ya ni siquiera eso importa. A mí me importa su insistencia para que escuchara "Teardrop", de Massive Attack. Y ahora, que por fin lo he hecho, no puedo cerrar los ojos sin acordarme de él y dedicarle las últimas palabras del día que, irremediablemente, y por motivos de programación del blog se publicarán mañana. Así que, las últimas palabras escritas de hoy, las primeras leídas de mañana, para ti, C.
30 de marzo de 2011
29 de marzo de 2011
Parla, Numancia y la Joven Compañía de Teatro
Este fin de semana, recibí la invitación de un miembro de la Joven Compañía de Teatro de Parla para asistir a la representación de Numancia, de Cervantes, cuya puesta en escena están preparando ahora y que presentarán la primera semana de abril en la Casa de la Juventud de Parla.
Para empezar, no sabía que se había creado una compañía de Teatro en Parla. Hace más de dos años, un grupo de jóvenes de Parla Pinto y Leganés participó en un proyecto arriesgado y precioso al mismo tiempo: acercar el teatro de Lope a los adolescentes. El resultado fue la representación de una versión de Mar Zubieta del texto Fuenteovejuna. El montaje y la puesta en escena tuvieron tanto éxito que el grupo siguió representando en varios festivales de teatro, ganó algún premio y viajó incluso a Estados Unidos hasta donde llevó la genial obra de Lope de Vega. El éxito de ese grupo no era un éxito fortuito, sino el resultado de mucho esfuerzo, de días de ensayo, de pasión por el teatro, de trabajo en grupo y del talento de actores como David Chamero, Alberto Granados o Blanca Agudo, entre otros. En aquella ocasión, salí del teatro contenta, reconociendo el trabajo bien hecho y deseando que esa representación no quedara en algo anecdótico, sino que el grupo siguiera trabajando y montando obras. Y parece ser que el grupo se ha convertido en la Joven Compañía de Teatro de Parla. Así que los parleños y los aficionados al teatro estamos de enhorabuena. Sin duda.
Ahora, ese grupo de jóvenes vuelve a la carga. Esta vez, como decía antes, con un texto de otro grande de la literatura española, Cervantes. La versión del texto -Numancia- vuelve a ser a cargo de Mar Zubieta y la dirección es de José Luis Arellano. Entre los miembros de la compañía está también Chamero y muchos de los que participaron en Fuenteovejuna. No tengo mucha información al respecto, pero supongo que los chicos habrán seguido ensayando y entrenándose en verso, canto -en esta obra cantan en directo-, acrobacia, lucha escénica, etc. De nuevo la banda sonora corre a cargo de los propios actores, en escena. Todo un espectáculo.
De momento, y como no fui al pre-estreno, tengo que abrir bocado con el vídeo que grabaron para el blog PARLA TV-WEB. Aquí te lo dejo también a ti, un adelanto. Y espero verte en el auditorio, disfrutando:
El teatro da la vida. Y los jóvenes, en el teatro, hacen el teatro algo cercano, accesible, fácil de digerir.
Una puesta en escena como esta solo produce ganas de consumir más y más teatro. Que la Joven Compañía de Teatro de Parla tenga una larga vida. Y que nosotros los veamos actuar tan bien como hasta ahora.
Para empezar, no sabía que se había creado una compañía de Teatro en Parla. Hace más de dos años, un grupo de jóvenes de Parla Pinto y Leganés participó en un proyecto arriesgado y precioso al mismo tiempo: acercar el teatro de Lope a los adolescentes. El resultado fue la representación de una versión de Mar Zubieta del texto Fuenteovejuna. El montaje y la puesta en escena tuvieron tanto éxito que el grupo siguió representando en varios festivales de teatro, ganó algún premio y viajó incluso a Estados Unidos hasta donde llevó la genial obra de Lope de Vega. El éxito de ese grupo no era un éxito fortuito, sino el resultado de mucho esfuerzo, de días de ensayo, de pasión por el teatro, de trabajo en grupo y del talento de actores como David Chamero, Alberto Granados o Blanca Agudo, entre otros. En aquella ocasión, salí del teatro contenta, reconociendo el trabajo bien hecho y deseando que esa representación no quedara en algo anecdótico, sino que el grupo siguiera trabajando y montando obras. Y parece ser que el grupo se ha convertido en la Joven Compañía de Teatro de Parla. Así que los parleños y los aficionados al teatro estamos de enhorabuena. Sin duda.
Ahora, ese grupo de jóvenes vuelve a la carga. Esta vez, como decía antes, con un texto de otro grande de la literatura española, Cervantes. La versión del texto -Numancia- vuelve a ser a cargo de Mar Zubieta y la dirección es de José Luis Arellano. Entre los miembros de la compañía está también Chamero y muchos de los que participaron en Fuenteovejuna. No tengo mucha información al respecto, pero supongo que los chicos habrán seguido ensayando y entrenándose en verso, canto -en esta obra cantan en directo-, acrobacia, lucha escénica, etc. De nuevo la banda sonora corre a cargo de los propios actores, en escena. Todo un espectáculo.
De momento, y como no fui al pre-estreno, tengo que abrir bocado con el vídeo que grabaron para el blog PARLA TV-WEB. Aquí te lo dejo también a ti, un adelanto. Y espero verte en el auditorio, disfrutando:
NUMANCIA pre-estreno from JUAN DE LA CRUZ on Vimeo.
El teatro da la vida. Y los jóvenes, en el teatro, hacen el teatro algo cercano, accesible, fácil de digerir.
Una puesta en escena como esta solo produce ganas de consumir más y más teatro. Que la Joven Compañía de Teatro de Parla tenga una larga vida. Y que nosotros los veamos actuar tan bien como hasta ahora.
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28 de marzo de 2011
Falsas necesidades

El ser humano crea necesidades donde no las hay. Hablo, sobre todo, de las necesidades materiales. Porque el ser humano, y ahora me refiero al ser humano occidental de clase media o media-alta, podría perfectamente sobrevivir con menos de un cuarto de lo que tiene.
Pero, ¿a qué estoy dispuesta a renunciar, yo, como veinteañera universitaria y europea de clase media? ¿Y tú, a qué estás dispuesto a renunciar?
27 de marzo de 2011
Salvados por la música
Mi amigo Manuel dice que el Carnaval es catarsis. Uno en carnaval deja de ser él mismo y se convierte por unas horas en alguien diferente. La máscara tiene el poder de transformarnos por dentro y por fuera. Como el teatro, añadiría Emilio.
Creo que el poder catártico del carnaval y del teatro yo lo vivo también en el rock. Que nos den una sala llena de gente, rock and roll a todo volumen y las letras de las canciones bien aprendiditas para gritarlas y desahogarnos en el grito.
La forma más natural de salvarse a través de la música.
Creo que el poder catártico del carnaval y del teatro yo lo vivo también en el rock. Que nos den una sala llena de gente, rock and roll a todo volumen y las letras de las canciones bien aprendiditas para gritarlas y desahogarnos en el grito.
La forma más natural de salvarse a través de la música.
25 de marzo de 2011
Malos tiempos
Hay épocas en las que parece que se tuercen muchas cosas. A nuestro alrededor todo se balancea, justo cuando mejor estábamos. Para los malos tiempos quiero que sepáis que no estáis solos. A veces mirar al horizonte en compañía despeja muchas incertidumbres.
Te invito a que mires conmigo al infinito.
Te invito a que mires conmigo al infinito.
21 de marzo de 2011
Marzo es el mes de la poesía
A pesar de que este marzo es un marzo triste.
Si me pidiesen que eligiera mi verso favorito en español, dudaría mucho hasta convencerme de que es un verso de Bécquer:
poesía eres tú
Siempre he renegado de Bécquer, no sé si por romántico o por poeta manido; pero Bécquer es irrechazable: forma parte del ideario cultural y poético de todo español. Bécquer está detrás de todo, o antes de todo. Primero Bécquer y después el resto. Me gusta el verso poesía eres tú porque lo engloba todo. Nunca entendí por qué Bécquer preguntaba tan insistentemente qué es poesía, porque no hay una respuesta a esa pregunta, o sí. Poesía lo es todo. Poesía eres tú. Porque en esa palabra mínima, en ese tú becqueriano está englobado el mundo entero: lo que nos emociona y lo que nos fastidia. Tú es todo aquello que veo con mis ojos y no soy yo. En la dialéctica que creo a diario con el mundo, tú está dentro y fuera de mí al mismo tiempo, es todo lo que está, lo que siento, lo que me transmiten el cielo, el mar o el desastre de Fukushima. Todo lo que no soy yo, es tú. Y eso es poesía.

Marzo es el mes de la poesía porque marzo está cargado de tús.
La primavera que se asoma entre mis cortinas.
La luna grande y redonda que Fran dice que vio en la carretera cuando condujo hacia Salamanca.
La columna de ayer de Elvira Lindo.
Los poemas que hoy leeremos celebrando el día mundial de la Poesía.
La espuma del mar en Lekeitio.
Y la lista interminable de lo que yo entiendo por poesía y que tú compartirás o no conmigo.
Feliz mes de la poesía. Feliz vida con la poesía.
Si me pidiesen que eligiera mi verso favorito en español, dudaría mucho hasta convencerme de que es un verso de Bécquer:
poesía eres tú
Siempre he renegado de Bécquer, no sé si por romántico o por poeta manido; pero Bécquer es irrechazable: forma parte del ideario cultural y poético de todo español. Bécquer está detrás de todo, o antes de todo. Primero Bécquer y después el resto. Me gusta el verso poesía eres tú porque lo engloba todo. Nunca entendí por qué Bécquer preguntaba tan insistentemente qué es poesía, porque no hay una respuesta a esa pregunta, o sí. Poesía lo es todo. Poesía eres tú. Porque en esa palabra mínima, en ese tú becqueriano está englobado el mundo entero: lo que nos emociona y lo que nos fastidia. Tú es todo aquello que veo con mis ojos y no soy yo. En la dialéctica que creo a diario con el mundo, tú está dentro y fuera de mí al mismo tiempo, es todo lo que está, lo que siento, lo que me transmiten el cielo, el mar o el desastre de Fukushima. Todo lo que no soy yo, es tú. Y eso es poesía.

Marzo es el mes de la poesía porque marzo está cargado de tús.
La primavera que se asoma entre mis cortinas.
La luna grande y redonda que Fran dice que vio en la carretera cuando condujo hacia Salamanca.
La columna de ayer de Elvira Lindo.
Los poemas que hoy leeremos celebrando el día mundial de la Poesía.
La espuma del mar en Lekeitio.
Y la lista interminable de lo que yo entiendo por poesía y que tú compartirás o no conmigo.
Feliz mes de la poesía. Feliz vida con la poesía.
20 de marzo de 2011
11 de marzo
Este año, el 11 de marzo a las 8 de la mañana estaba perdiendo un tren a Bilbao. En el trayecto en cercanías desde casa hasta Chamartín, no dejé de pensar en el 11 de marzo de siete años atrás. Me habría gustado haber escrito algo aquel día, una pequeña conmemoración, un recuerdo a J.L., un homenaje, un no-sé-qué, porque, ¿también hay que celebrar las cosas tristes? Quizás debamos no olvidar, mantener abierto el recuerdo para aquellos que se fueron. En mi habitación sigue estando la piña que nos dieron en el funeral de J.L. como recuerdo. Pero no hubo entrada el 11 de marzo.
Unas horas después de las 8 de la mañana, montada en otro tren que me llevaba a Vitoria, me enteré del desastre de Japón: el terremoto de 8.9. Y la noticia quedó como un murmullo que salía de la boca de los empleados del tren. Vitoria estaba cerca y a mí me importaba llegar a mi destino, poner los pies en tierras vascas y ver a mis amigos. Aiala me esperaba en el andén. Pisé Vitoria y me olvidé de las hostilidades del tren y de Japón; me sentí en casa.
Lo que pasó después, las risas, los amigos, la alegría, el mar, las fotografías, los cielos "sargorripean", los eskerrik asko y ongi etorri, el funicular, la Arboleda, el carnaval, el poteo, las alubias,... Todo eso me colocó en un mundo paralelo hasta donde sólo llegaban ecos del desastre nuclear de Fukushima. El 11 de marzo que estaba cargado con el recuerdo de J.L. empezaba a llenarse de otros recuerdos más tremendos y algunas felicidades breves e intensas: las de quien se siente en casa estando fuera, las de la amistad.
El fin de semana pasado nos cambió un poco a todos. El mundo es distinto desde que ha ocurrido el terremoto de Japón. Toda Europa, todo el mundo está en estado de alarma. El mundo tal y como lo conocí hace siete años cambió un 11 de marzo. Mi mundo de ahora, nuestro mundo, ha vuelto a dar un giro de 180 grados también un 11 de marzo. Mientras tanto, yo también, a nivel personal, experimento cambios, porque tengo una cámara de fotos nueva que me hace ver el mundo con otros ojos, porque Nahikari y su realidad de Portu me han hecho ver la realidad desde diversas perspectivas; porque M. me ha escrito y me ha dicho que se alegró de verme aquellas dos horas; porque Manuel confía en mí y creo que sabe que puede hacerlo; porque Elvira me llamó para que comiéramos juntas; porque Carmen tiene un tarro de mermelada de mandarina para mí; porque Mario y yo estudiamos sintaxis juntos o porque mi ordenador reinstalado vuelve a funcionar tan bien como siempre. Mi mundo de ahora ha vuelto a dar un vuelco, el 11 de marzo un terremoto apenas perceptible nos cambió a todos un poco por dentro. Nuestras certezas con respecto a la sociedad a la que pertenecemos cambiaron un poco.
Pero solo los vuelcos nos hacen avanzar, aunque como en Japón ahora lo hagan encerrados en casa, con lágrimas de impotencia en los ojos.
Unas horas después de las 8 de la mañana, montada en otro tren que me llevaba a Vitoria, me enteré del desastre de Japón: el terremoto de 8.9. Y la noticia quedó como un murmullo que salía de la boca de los empleados del tren. Vitoria estaba cerca y a mí me importaba llegar a mi destino, poner los pies en tierras vascas y ver a mis amigos. Aiala me esperaba en el andén. Pisé Vitoria y me olvidé de las hostilidades del tren y de Japón; me sentí en casa.
Lo que pasó después, las risas, los amigos, la alegría, el mar, las fotografías, los cielos "sargorripean", los eskerrik asko y ongi etorri, el funicular, la Arboleda, el carnaval, el poteo, las alubias,... Todo eso me colocó en un mundo paralelo hasta donde sólo llegaban ecos del desastre nuclear de Fukushima. El 11 de marzo que estaba cargado con el recuerdo de J.L. empezaba a llenarse de otros recuerdos más tremendos y algunas felicidades breves e intensas: las de quien se siente en casa estando fuera, las de la amistad.
El fin de semana pasado nos cambió un poco a todos. El mundo es distinto desde que ha ocurrido el terremoto de Japón. Toda Europa, todo el mundo está en estado de alarma. El mundo tal y como lo conocí hace siete años cambió un 11 de marzo. Mi mundo de ahora, nuestro mundo, ha vuelto a dar un giro de 180 grados también un 11 de marzo. Mientras tanto, yo también, a nivel personal, experimento cambios, porque tengo una cámara de fotos nueva que me hace ver el mundo con otros ojos, porque Nahikari y su realidad de Portu me han hecho ver la realidad desde diversas perspectivas; porque M. me ha escrito y me ha dicho que se alegró de verme aquellas dos horas; porque Manuel confía en mí y creo que sabe que puede hacerlo; porque Elvira me llamó para que comiéramos juntas; porque Carmen tiene un tarro de mermelada de mandarina para mí; porque Mario y yo estudiamos sintaxis juntos o porque mi ordenador reinstalado vuelve a funcionar tan bien como siempre. Mi mundo de ahora ha vuelto a dar un vuelco, el 11 de marzo un terremoto apenas perceptible nos cambió a todos un poco por dentro. Nuestras certezas con respecto a la sociedad a la que pertenecemos cambiaron un poco.
Pero solo los vuelcos nos hacen avanzar, aunque como en Japón ahora lo hagan encerrados en casa, con lágrimas de impotencia en los ojos.
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8 de marzo de 2011
8 de marzo
Hace unos años, Cruz Roja lanzó una campaña de sensibilización e igualdad de género que me gustó mucho: una sencilla frase sobre un fondo en morado: "Aquí trabaja una mujer". Desde entonces, asimilo el 8 de marzo con esos cartelitos, de los cuales tuve un ejemplar en mi mesa de estudio durante mucho tiempo. No sé si la esencia de este día es hacer visible que el trabajo no es cuestión de sexo. No sé si la esencia es pronunciarnos como mujeres frente a los varones. Creo más bien que el 8 de marzo debe convertirse en un día en el que todos entendamos que una igualdad real debe ser posible entre mujeres y varones. Aunque, como siempre, eso debe ser algo que tengamos en mente no solo el 8, sino el resto de días del año. Hoy también quiero celebrar contigo que es 25 de noviembre y por qué no, hoy también es 21 de septiembre. Hoy es todos los días con etiquetas.
Y aquí trabaja una mujer, siempre.
Y aquí trabaja una mujer, siempre.
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6 de marzo de 2011
Machismo en internet
Supuestamente, internet es la herramienta más democratizadora de todos los tiempos. Internet es de todos y para todos -salvo excepciones deshonrosas como la de China y algún otro país- e internet nos globaliza, nos acerca, hace posible el encuentro entre culturas, generaciones, ideologías...
Sin embargo, internet también ha sido definido cientos de veces como "un arma de doble filo". Y es que en internet, como en la mayoría de las sociedades occidentales últimamente, existe la norma básica y fundamental del "todo vale". Y dentro del "todo vale" hay un altísimo porcentaje de machismo. Desde anuncios indiscriminados en los que aparecen mujeres desnudas de las que se pondera ante todo el tamaño de sus "atributos" hasta juegos como el que me he encontrado esta tarde en una página de series:

Lo que nuestras mentes tecnologizadas han aprendido a ver como "normal", no tiene ni pizca de normalidad. Estos anuncios son insultantes, abusivos y tienen un grado de machismo intolerable. Ahora que nos acercamos al 8 de marzo y festejamos todos la liberación de la mujer y la igualdad de esta con respecto al varón no solo en el ámbito profesional, sino en todos los ámbitos de la vida, es justo y muy necesario que alcemos nuestra voz para denunciar estos casos.
No quiero aquí hacer un discurso anti Ley Sinde porque no quiero pronunciarme aquí sobre ese asunto, pero me pregunto por qué no se atacan estos casos de machismo en internet igual que se ataca la "piratería". A veces tengo la sensación de que nos preocupamos por asuntos un poco superficiales y damos de lado a lo realmente importante: la integridad de todos los seres humanos. ¿Terminamos antes con las descargas ilegales o con el machismo en internet?, ¿qué es más importante para crear una sociedad igualitaria y tolerante? Creo que este es un pensamiento sobre el que reflexionar con conciencia.
Sin embargo, internet también ha sido definido cientos de veces como "un arma de doble filo". Y es que en internet, como en la mayoría de las sociedades occidentales últimamente, existe la norma básica y fundamental del "todo vale". Y dentro del "todo vale" hay un altísimo porcentaje de machismo. Desde anuncios indiscriminados en los que aparecen mujeres desnudas de las que se pondera ante todo el tamaño de sus "atributos" hasta juegos como el que me he encontrado esta tarde en una página de series:

Lo que nuestras mentes tecnologizadas han aprendido a ver como "normal", no tiene ni pizca de normalidad. Estos anuncios son insultantes, abusivos y tienen un grado de machismo intolerable. Ahora que nos acercamos al 8 de marzo y festejamos todos la liberación de la mujer y la igualdad de esta con respecto al varón no solo en el ámbito profesional, sino en todos los ámbitos de la vida, es justo y muy necesario que alcemos nuestra voz para denunciar estos casos.
No quiero aquí hacer un discurso anti Ley Sinde porque no quiero pronunciarme aquí sobre ese asunto, pero me pregunto por qué no se atacan estos casos de machismo en internet igual que se ataca la "piratería". A veces tengo la sensación de que nos preocupamos por asuntos un poco superficiales y damos de lado a lo realmente importante: la integridad de todos los seres humanos. ¿Terminamos antes con las descargas ilegales o con el machismo en internet?, ¿qué es más importante para crear una sociedad igualitaria y tolerante? Creo que este es un pensamiento sobre el que reflexionar con conciencia.
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5 de marzo de 2011
El choque con la realidad
A veces vivimos en una realidad paralela. Es posible que cada ser humano constituya su propia realidad: una realidad irrepetible aunque compartible. Vivir en la realidad colectiva nos mantiene con los pies en la tierra, aunque muchas veces nos produce dolor de cabeza y por eso escapamos a nuestro rincón de realidad que nos llena de gozo. Sin embargo, nuestra realidad está falseada.
¿Qué es la realidad? ¿Qué es para ti lo real y qué lo "ficticio"? ¿Vives en la realidad colectiva o en tu propia realidad? ¿Cómo saber de qué realidad formamos parte? Cuando otras realidades nos golpean la cara somos conscientes de la relatividad en la que nos movemos, pero no hacemos nada -ni podemos- por cambiar eso.
A veces hay que dejar que la gente que nos rodea se asome a nuestras realidades y asomarnos nosotros también a las suyas. El choque con las realidades ajenas nos pone los pies en la tierra, nos decepciona, nos humaniza, nos acerca -o nos distancia más aún-, nos facilita la vida, nos fastidia, nos hace solidarios, nos cabrea, nos relaja, nos amuerma... La realidad del otro siempre debe producirnos algo. Y cuando no lo hace, hay que plantearse empezar de nuevo.
Esta tarde me ha gustado asomarme al pedacito de realidad que Yann Tiersen nos quiere mostrar con su música:
¿Qué es la realidad? ¿Qué es para ti lo real y qué lo "ficticio"? ¿Vives en la realidad colectiva o en tu propia realidad? ¿Cómo saber de qué realidad formamos parte? Cuando otras realidades nos golpean la cara somos conscientes de la relatividad en la que nos movemos, pero no hacemos nada -ni podemos- por cambiar eso.
A veces hay que dejar que la gente que nos rodea se asome a nuestras realidades y asomarnos nosotros también a las suyas. El choque con las realidades ajenas nos pone los pies en la tierra, nos decepciona, nos humaniza, nos acerca -o nos distancia más aún-, nos facilita la vida, nos fastidia, nos hace solidarios, nos cabrea, nos relaja, nos amuerma... La realidad del otro siempre debe producirnos algo. Y cuando no lo hace, hay que plantearse empezar de nuevo.
Esta tarde me ha gustado asomarme al pedacito de realidad que Yann Tiersen nos quiere mostrar con su música:
3 de marzo de 2011
Lo estoy dejando... de nuevo
Desengancharse de nuestras adicciones puede ser más fácil si lo hacemos juntos.
Javier Fernández Panadero nos ayuda a hacerlo un poco desde su web. Si te interesa la propuesta, lee detenidamente la entrada de su blog donde nos invita a participar en ella un año más. Y ya que entras, date un paseo, porque tiene un blog extraordinario.
Suerte a todos.
Javier Fernández Panadero nos ayuda a hacerlo un poco desde su web. Si te interesa la propuesta, lee detenidamente la entrada de su blog donde nos invita a participar en ella un año más. Y ya que entras, date un paseo, porque tiene un blog extraordinario.
Suerte a todos.
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2 de marzo de 2011
Mujeres pintoras. 7/ Sonia Delaunay
Estos días de atrás descubría la pintura de Robert Delaunay y su apellido me golpeaba la memoria. Alguna mujer pintora, de las de la colección aquella que elaboré hace unos años, llevaba ese apellido. Seguí revisando imágenes, el rincón de los recuerdos e internet -la fuente inagotable de la sabiduría contemporánea-, y apareció la esposa de Robert Delaunay, pintora cuyas obras me gustan aún más que las de él.
Su pintura se enmarca en el género del "cubismo órfico" y ahora que estoy leyendo la poesía cubista de Gertrude Stein empiezo a entender mejor no solo el estilo personal de cada uno de los artistas del periodo, sino el sentimiento colectivo de una generación que rompió con todo y lo hizo tan radicalmente, que aún nosotros seguimos intentando pegar los trozos y tratar de dar sentido a sus formas.
Su pintura se enmarca en el género del "cubismo órfico" y ahora que estoy leyendo la poesía cubista de Gertrude Stein empiezo a entender mejor no solo el estilo personal de cada uno de los artistas del periodo, sino el sentimiento colectivo de una generación que rompió con todo y lo hizo tan radicalmente, que aún nosotros seguimos intentando pegar los trozos y tratar de dar sentido a sus formas.
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1 de marzo de 2011
Robert Delaunay
El arte está en todas partes.
Internet nos permite sentir el arte aquí y ahora. Cualquier tipo de arte. Y hay piezas que nos nublan el sentido y se nos quedan grabadas durante días.
Eso me ha pasado con esta pintura de Robert Delaunay. Se llama "Mujer portuguesa", y con ella sigo con ese dulce sentimiento de saudade que me llena estos días.

* Más sobre Delaunay, en inglés, aquí.
Internet nos permite sentir el arte aquí y ahora. Cualquier tipo de arte. Y hay piezas que nos nublan el sentido y se nos quedan grabadas durante días.
Eso me ha pasado con esta pintura de Robert Delaunay. Se llama "Mujer portuguesa", y con ella sigo con ese dulce sentimiento de saudade que me llena estos días.

* Más sobre Delaunay, en inglés, aquí.
28 de febrero de 2011
Saudade
Pienso en Portugal como ese gran desconocido.
En la era de los vuelos baratos, se ha creado entre los jóvenes españoles la sanísima costumbre de viajar. Y es raro el amigo que no conozca ya media Europa, incluidos los países escandinavos y hasta Rusia, hasta hace unos pocos años destinos inconcebibles para la mente peninsular. Muchos de ellos, también han cruzado ya el charco. Mis amigos y yo, que rondamos la década de nuestros veinte, somos unos privilegiados, conocedores de ciudades que a nuestros padres les costó la boda conocer o que ni siquiera han llegado a imaginar. Sin embargo, parece que hemos dado la espalda a Portugal. Españoles que han viajado a Canadá antes de darse un paseo por Lisboa. Me sorprende. Y me entristece.
Porque Portugal es luz. Para mí también fue un descubrimiento tardío y muy parcial. Sin embargo, fue el gran descubrimiento europeo. Portugal es nuestro vecino más cercano, con el que más parcelas compartimos, y tengo la sensación de que en lugar de crearnos fascinación, solo nos produce lástima o compasión ("los pobres europeos"). Una compasión tan solo comparable a la que nos produce Grecia. Pero a Grecia vamos ansiando encontrar nuestras raíces, la esencia de nuestra filosofía mediterránea, de nuestro estilo de vida, las bases de la inteligencia de nuestra civilización. A Portugal vamos -o íbamos, discúlpame el anacronismo- a comprar toallas. Las comparaciones son odiosas, pero aunque esté generalizando, creo que esa es la imagen que tenemos de Portugal. Y eso que Portugal es luz y poesía. Es música, es mar, es Pessoa, es Saramago -cultura-, es color, es calidez, es fado, es dulzura. Compartimos historia y la raíz de nuestro idioma, pero le damos la espalda. ¿Por qué?
Quiero aquí reivindicar una mayor presencia en nuestras vidas del país vecino. Portugal no es para hacer turismo y volver con la memoria de la cámara repleta de fotografías. Portugal, como cualquier destino que elijamos, por supuesto, es para pasearla, para escucharla, para sentirla y que su magia nos inunde. La fuerza de Portugal nos llena y, cuando estamos lejos de ella, hasta los que no somos portugueses sentimos saudade.
En la era de los vuelos baratos, se ha creado entre los jóvenes españoles la sanísima costumbre de viajar. Y es raro el amigo que no conozca ya media Europa, incluidos los países escandinavos y hasta Rusia, hasta hace unos pocos años destinos inconcebibles para la mente peninsular. Muchos de ellos, también han cruzado ya el charco. Mis amigos y yo, que rondamos la década de nuestros veinte, somos unos privilegiados, conocedores de ciudades que a nuestros padres les costó la boda conocer o que ni siquiera han llegado a imaginar. Sin embargo, parece que hemos dado la espalda a Portugal. Españoles que han viajado a Canadá antes de darse un paseo por Lisboa. Me sorprende. Y me entristece.
Porque Portugal es luz. Para mí también fue un descubrimiento tardío y muy parcial. Sin embargo, fue el gran descubrimiento europeo. Portugal es nuestro vecino más cercano, con el que más parcelas compartimos, y tengo la sensación de que en lugar de crearnos fascinación, solo nos produce lástima o compasión ("los pobres europeos"). Una compasión tan solo comparable a la que nos produce Grecia. Pero a Grecia vamos ansiando encontrar nuestras raíces, la esencia de nuestra filosofía mediterránea, de nuestro estilo de vida, las bases de la inteligencia de nuestra civilización. A Portugal vamos -o íbamos, discúlpame el anacronismo- a comprar toallas. Las comparaciones son odiosas, pero aunque esté generalizando, creo que esa es la imagen que tenemos de Portugal. Y eso que Portugal es luz y poesía. Es música, es mar, es Pessoa, es Saramago -cultura-, es color, es calidez, es fado, es dulzura. Compartimos historia y la raíz de nuestro idioma, pero le damos la espalda. ¿Por qué?
Quiero aquí reivindicar una mayor presencia en nuestras vidas del país vecino. Portugal no es para hacer turismo y volver con la memoria de la cámara repleta de fotografías. Portugal, como cualquier destino que elijamos, por supuesto, es para pasearla, para escucharla, para sentirla y que su magia nos inunde. La fuerza de Portugal nos llena y, cuando estamos lejos de ella, hasta los que no somos portugueses sentimos saudade.
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26 de febrero de 2011
Impaciencia
"Eres muy impaciente, P., debes aprender a esperar, a tomarte tu tiempo".
Si no es esa exactamente, algo así me han dicho en los últimos días varias personas. Siempre había pensado que era una persona bastante paciente en general, al menos así me contemplaba yo a mí misma, pero parece ser que proyecto otra imagen diferente. Eso me ha hecho pensar en mi amiga C., a la que le preocupan mucho "los componentes de su ser", las perspectivas y los puntos de vista desde los que se define y desde los que la gente que la rodeamos la entendemos, la apreciamos y la queremos.
Es cierto que la propia identidad es un concepto difícil de entender, asimilar, explicar. Mientras yo nunca me habría definido como alguien impaciente, ahora me encuentro con que es la idea que tienen algunos amigos de mí. Soy impaciente. Me cuesta esperar. Formo parte inherente de la sociedad de las prisas y he entrado en la dinámica de la impaciencia. Si me paro a pensarlo más, puedo confirmar esto que dicen de mí mis amigos. Parece que hay veces que vivo más en el futuro que en el presente. Y eso es un tipo de impaciencia. Me muevo por impulsos, decisiones precipitadas, impresiones. Es posible que también eso sea una forma de impaciencia.
Si lo pienso más en profundidad, me doy cuenta de que no sé ser de otra forma. Y me pregunto si la paciencia se aprende o es algo genético. En seguida me respondo que no, que la paciencia es una virtud adquirida. Pero, ¿cómo se adquiere la paciencia? He pensado en prescindir de todos los medios tecnológicos que nos ofrecen las cosas "aquí y ahora". También se me ha ocurrido hacer un diario en el que anotar las cosas que quiero -no solo las materiales, por supuesto- e ir disfrutando día a día del proceso que me lleva a alcanzarlas. Esa es una forma de darle valor al presente sin obsesionarse con los resultados, las metas. Tengo la sensación de que la impaciencia es un vicio que nos roba muchos momentos. Es una ladrona de tiempos que solo a nosotros nos pertenecen.

También pienso que la impaciencia va un poco ligada al sistema capitalista: en un mundo en el que prácticamente todo se puede comprar, ¿por qué esperar más? En los países más empobrecidos seguro que no existe esa ansia por alcanzar las cosas, ese sentimiento de no sentirse "realizado" hasta no obtener los resultados...
Creo que mi impaciencia es una especie de impaciencia cósmica. No tiene que ver con mi capacidad de tolerancia, aguante, resistencia. Es una impaciencia fundada en la base de que la espera es agotadora. Pero, ¿no es eso el mundo, la vida, lo que conocemos en las culturas occidentales -influidas por siglos de religión-? Una gran espera -¿qué esperamos, a quién?- en la que se ponderan más los fines que los medios.
Si no es esa exactamente, algo así me han dicho en los últimos días varias personas. Siempre había pensado que era una persona bastante paciente en general, al menos así me contemplaba yo a mí misma, pero parece ser que proyecto otra imagen diferente. Eso me ha hecho pensar en mi amiga C., a la que le preocupan mucho "los componentes de su ser", las perspectivas y los puntos de vista desde los que se define y desde los que la gente que la rodeamos la entendemos, la apreciamos y la queremos.
Es cierto que la propia identidad es un concepto difícil de entender, asimilar, explicar. Mientras yo nunca me habría definido como alguien impaciente, ahora me encuentro con que es la idea que tienen algunos amigos de mí. Soy impaciente. Me cuesta esperar. Formo parte inherente de la sociedad de las prisas y he entrado en la dinámica de la impaciencia. Si me paro a pensarlo más, puedo confirmar esto que dicen de mí mis amigos. Parece que hay veces que vivo más en el futuro que en el presente. Y eso es un tipo de impaciencia. Me muevo por impulsos, decisiones precipitadas, impresiones. Es posible que también eso sea una forma de impaciencia.
Si lo pienso más en profundidad, me doy cuenta de que no sé ser de otra forma. Y me pregunto si la paciencia se aprende o es algo genético. En seguida me respondo que no, que la paciencia es una virtud adquirida. Pero, ¿cómo se adquiere la paciencia? He pensado en prescindir de todos los medios tecnológicos que nos ofrecen las cosas "aquí y ahora". También se me ha ocurrido hacer un diario en el que anotar las cosas que quiero -no solo las materiales, por supuesto- e ir disfrutando día a día del proceso que me lleva a alcanzarlas. Esa es una forma de darle valor al presente sin obsesionarse con los resultados, las metas. Tengo la sensación de que la impaciencia es un vicio que nos roba muchos momentos. Es una ladrona de tiempos que solo a nosotros nos pertenecen.

También pienso que la impaciencia va un poco ligada al sistema capitalista: en un mundo en el que prácticamente todo se puede comprar, ¿por qué esperar más? En los países más empobrecidos seguro que no existe esa ansia por alcanzar las cosas, ese sentimiento de no sentirse "realizado" hasta no obtener los resultados...
Creo que mi impaciencia es una especie de impaciencia cósmica. No tiene que ver con mi capacidad de tolerancia, aguante, resistencia. Es una impaciencia fundada en la base de que la espera es agotadora. Pero, ¿no es eso el mundo, la vida, lo que conocemos en las culturas occidentales -influidas por siglos de religión-? Una gran espera -¿qué esperamos, a quién?- en la que se ponderan más los fines que los medios.
22 de febrero de 2011
21 de febrero de 2011
Patri y El Olivo
Cuando pienso en el instituto "El Olivo", el lugar donde estudié la educación secundaria y bachillerato, se me vienen a la cabeza muchos recuerdos, imágenes y figuras. Tengo recuerdos muy gratos de aquella época y voy creando también las imágenes de "El Olivo" del presente. Hoy, cuando pienso en "El Olivo", se me viene a la cabeza Patricia, una de las profesoras de Lengua. La incombustible y alegre Patricia. Patricia es una de las pocas profesoras de secundaria que nunca se queja por las clases, los grupos duros o la tutoría. Habla de sus alumnos y sus palabras irradian amor. Habla de su trabajo, y se le iluminan los ojos. Habla de la literatura y uno se da cuenta de que realmente le apasiona lo que hace. Y tiene cuarenta y un muchachos en su grupo de bachillerato y cuando les pide que escriban algo, sabe que se sobrecargará con pilas de ejercicios que leer y corregir, pero a Patricia eso le da igual, y le pone pasión a lo que hace. Y creo que por eso lo hace tan bien.
Hablo aquí de Patricia, o Patri, o Pat, o incluso "la profe de lengua", porque nos encontramos el viernes escuchando poesía. Los brazos siempre abiertos al abrazo, y en sus palabras: sus chicos de teatro, Lola, el blog, la adaptación de Valle-Inclán, el recuerdo de los compañeros que yo también conozco: Rocío, Paco, Carmen,... y todos los profesores que este año están de prácticas en El Olivo. La incombustible Patricia levanta el ánimo hasta al más alicaído. A veces creo que mucha de la chispa que tiene El Olivo la tiene gracias a ella. Sé que si lee esto se sonrojará y comenzará a enumerar uno a uno a todos los alumnos, profesores y otros miembros del centro que le dan esa vida especial al instituto y dirá que todos hacen que sea lo que es. Porque Patricia además es muy humilde.
Me gusta pensar que hay gente en educación, y en otras facetas de la vida, que le ponen esa alegría al trabajo, que le ponen sonrisa a la vida y facilitan un poco el día a día. Me gusta pensar que en Patricia no hay solo una tocaya o una colega, sino un hombro, la sonrisa en el momento adecuado, el blog brillante de un instituto que se ha cargado de una fama que no se merecía y que está resurgiendo gracias a la labor de gente tan increíble como mi tocaya y otros tantos en los que ahora también pienso, y que tú tan bien conoces.
Te regalo un poquito del blog de El Olivo, la carta que rescataron para nosotros el día de San Valentín. Un encuentro precioso con Miguel Hernández y el amor puro. Un encuentro con el compromiso literario y cultural del instituto donde tantas cosas yo aprendí:
Hablo aquí de Patricia, o Patri, o Pat, o incluso "la profe de lengua", porque nos encontramos el viernes escuchando poesía. Los brazos siempre abiertos al abrazo, y en sus palabras: sus chicos de teatro, Lola, el blog, la adaptación de Valle-Inclán, el recuerdo de los compañeros que yo también conozco: Rocío, Paco, Carmen,... y todos los profesores que este año están de prácticas en El Olivo. La incombustible Patricia levanta el ánimo hasta al más alicaído. A veces creo que mucha de la chispa que tiene El Olivo la tiene gracias a ella. Sé que si lee esto se sonrojará y comenzará a enumerar uno a uno a todos los alumnos, profesores y otros miembros del centro que le dan esa vida especial al instituto y dirá que todos hacen que sea lo que es. Porque Patricia además es muy humilde.
Me gusta pensar que hay gente en educación, y en otras facetas de la vida, que le ponen esa alegría al trabajo, que le ponen sonrisa a la vida y facilitan un poco el día a día. Me gusta pensar que en Patricia no hay solo una tocaya o una colega, sino un hombro, la sonrisa en el momento adecuado, el blog brillante de un instituto que se ha cargado de una fama que no se merecía y que está resurgiendo gracias a la labor de gente tan increíble como mi tocaya y otros tantos en los que ahora también pienso, y que tú tan bien conoces.
Te regalo un poquito del blog de El Olivo, la carta que rescataron para nosotros el día de San Valentín. Un encuentro precioso con Miguel Hernández y el amor puro. Un encuentro con el compromiso literario y cultural del instituto donde tantas cosas yo aprendí:
Revista Cienoliletras (pincha en el enlace y déjate llevar)
20 de febrero de 2011
19 de febrero de 2011
¿Facebook o un blog?
Llevo unos días intentando convencer a un amigo para que abra un blog. Recuerdo la semana que Elvira comenzó a escribir el suyo. Solía publicar más de una entrada el mismo día, estaba pletórica, alegre, con ganas de registrarlo y contarlo todo. Yo no quería desanimarla, por supuesto, pero como "bloguera veterana" sabía que su apasionamiento y su fervor no le durarían eternamente. Porque un blog es como un trabajo autoimpuesto. Un trabajo para nosotros y con nosotros, un regalo para el resto. Y todo trabajo lleva implícitas unas vacaciones. Aún así, yo animo a todo el mundo a que escriba un blog. Es un trabajo catártico, es un trabajo de autoconocimiento y de conocimiento del mundo. Pero a mi amigo Pablo, al que estoy intentando convencer de que escriba uno, le parece un trabajo duro. Me dice Pablo que un blog lleva mucho tiempo, y que bastante tiempo le quita ya Facebook.
Dichoso Facebook.
Hace unos meses conseguí "desengancharme" del todo. Poco a poco fui dejando de entrar, dejé de decirle a la gente que podía comunicarse conmigo a través de él, dejé las fotografías, dejé de publicar en el muro. Lo dejé del todo. Lo había cerrado. Pero la vuelta a la "vida social" universitaria, me ha devuelto a las redes sociales. Y me doy cuenta de que Pablo tiene razón. El Facebook me roba mucho tiempo. Tiempo precioso que le podría dedicar a este blog, que es más personal, que es una criatura a la que he ido alimentando durante casi tres años y que me ha dado más alegrías que Facebook. Porque en Falsirego soy anónima. Porque en Falsirego me permito la biografía y la ficción, la poesía, la actualidad, el amor y el desengaño, el desahogo, la catarsis, las metáforas que solo tú y yo entendemos. Y nadie está "obligado" a leer mis pensamientos. Ahora que estoy leyendo a Herzog, de Bellow, siento que los que escribimos un blog somos en cierto modo como ese personaje beloviano. Hacemos anotaciones mentales y garabateamos papeles, pensamos escribirle al mundo. Herzog escribe cartas. Yo escribo entradas. Pero en el fondo es lo mismo. Y no todo el mundo lo lee. Parece que Facebook sí lo lee todo el mundo. Facebook nos expone y nos impone. El blog nos libera.
Quizás elimine mi cuenta de Facebook. O quizás no. Me he atado a él y no sé si podré desatarme. Aunque de cosas peores nos desenganchamos a diario.
El blog es nuestra válvula de escape. Lo decía Elvira cuando comenzó con esa cosita tan bonita que se llama "El Cascanueces". Y algo de eso también debe conocer C., que acaba de abrir hace nada otra preciosidad: Isabella y la maceta de albahaca, una referencia preciosa a un cuento medieval. El género que a mí tanto me gusta.
¿Por qué escribimos? ¿Por qué nos exhibimos? ¿Por qué Facebook? ¿Por qué un blog? A veces siento que mi propia vida me arrastra a escribir en Falsirego. Que tiene más sentido mi escritura desde aquí. Y tú me lees en silencio, y no recurres al "me gusta" facilón de Facebook. Me escribes un comentario, o no. Y puede que tu huella quede en la trastienda de mi blog. Espero que la mía también quede un poquito dentro de ti.
Si Pablo encuentra esa magia, pronto os presentaré el blog de otro amigo. O también es posible que la magia él la encuentre en los versos de un cantautor y en la luna que anoche se escondía entre las nubes.
Dichoso Facebook.
Hace unos meses conseguí "desengancharme" del todo. Poco a poco fui dejando de entrar, dejé de decirle a la gente que podía comunicarse conmigo a través de él, dejé las fotografías, dejé de publicar en el muro. Lo dejé del todo. Lo había cerrado. Pero la vuelta a la "vida social" universitaria, me ha devuelto a las redes sociales. Y me doy cuenta de que Pablo tiene razón. El Facebook me roba mucho tiempo. Tiempo precioso que le podría dedicar a este blog, que es más personal, que es una criatura a la que he ido alimentando durante casi tres años y que me ha dado más alegrías que Facebook. Porque en Falsirego soy anónima. Porque en Falsirego me permito la biografía y la ficción, la poesía, la actualidad, el amor y el desengaño, el desahogo, la catarsis, las metáforas que solo tú y yo entendemos. Y nadie está "obligado" a leer mis pensamientos. Ahora que estoy leyendo a Herzog, de Bellow, siento que los que escribimos un blog somos en cierto modo como ese personaje beloviano. Hacemos anotaciones mentales y garabateamos papeles, pensamos escribirle al mundo. Herzog escribe cartas. Yo escribo entradas. Pero en el fondo es lo mismo. Y no todo el mundo lo lee. Parece que Facebook sí lo lee todo el mundo. Facebook nos expone y nos impone. El blog nos libera.
Quizás elimine mi cuenta de Facebook. O quizás no. Me he atado a él y no sé si podré desatarme. Aunque de cosas peores nos desenganchamos a diario.
El blog es nuestra válvula de escape. Lo decía Elvira cuando comenzó con esa cosita tan bonita que se llama "El Cascanueces". Y algo de eso también debe conocer C., que acaba de abrir hace nada otra preciosidad: Isabella y la maceta de albahaca, una referencia preciosa a un cuento medieval. El género que a mí tanto me gusta.
¿Por qué escribimos? ¿Por qué nos exhibimos? ¿Por qué Facebook? ¿Por qué un blog? A veces siento que mi propia vida me arrastra a escribir en Falsirego. Que tiene más sentido mi escritura desde aquí. Y tú me lees en silencio, y no recurres al "me gusta" facilón de Facebook. Me escribes un comentario, o no. Y puede que tu huella quede en la trastienda de mi blog. Espero que la mía también quede un poquito dentro de ti.
Si Pablo encuentra esa magia, pronto os presentaré el blog de otro amigo. O también es posible que la magia él la encuentre en los versos de un cantautor y en la luna que anoche se escondía entre las nubes.
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16 de febrero de 2011
Impulsos
Es posible que los impulsos se produzcan, sobre todo, en momentos determinados de la vida de cada uno: la llamada no esperada (o desesperada), la declaración más inoportuna, la compra más arriesgada o el beso mejor robado suceden por impulsos.
Pero nunca nadie dijo que los impulsos dieran buenos resultados.
Se han terminado los exámenes y parece que el cerebro empieza a funcionar mejor, comienza a respirar, puede tomar decisiones.
Siempre he pensado que en periodos de exámenes, los trenes que llevan a la facultad van sobrecargados de inteligencia que brota a borbotones. Uno cree que su cerebro está paralizado, pero en época de exámenes es cuando se piensa con más claridad. O eso creo ahora que ya han pasado esos días. Millones de neuronas flotan entre los vagones. Miles de ojos circulan ávidos entre apuntes y las manos se apresuran a subrayar, a calcular, a teclear.
Pero terminan los exámenes y el cerebro se paraliza de golpe. Y la vida de rutina se transforma en vida impulsiva. Las decisiones se toman sin apenas uno darse cuenta. Un momento se piensa en algo, al momento siguiente se hace y dos minutos después ya hay arrepentimiento. A veces son útiles los impulsos. A veces se consigue con ellos lo que uno llevaba tiempo planteándose hacer. Pero hay impulsos que lo cambian todo. Impulsos propios causan daños ajenos. Pero posiblemente no seríamos quienes somos si no nos moviéramos por impulsos.
Esta vez el impulso fue el erróneo. El daño se hizo. Pero quedan muchos días para arreglar el entuerto. Espero que me den ese tiempo. Quizás tenga que esperar a los exámenes de junio. Es posible que para entonces un segundo impulso arregle el primero.
Pero nunca nadie dijo que los impulsos dieran buenos resultados.
Se han terminado los exámenes y parece que el cerebro empieza a funcionar mejor, comienza a respirar, puede tomar decisiones.
Siempre he pensado que en periodos de exámenes, los trenes que llevan a la facultad van sobrecargados de inteligencia que brota a borbotones. Uno cree que su cerebro está paralizado, pero en época de exámenes es cuando se piensa con más claridad. O eso creo ahora que ya han pasado esos días. Millones de neuronas flotan entre los vagones. Miles de ojos circulan ávidos entre apuntes y las manos se apresuran a subrayar, a calcular, a teclear.
Pero terminan los exámenes y el cerebro se paraliza de golpe. Y la vida de rutina se transforma en vida impulsiva. Las decisiones se toman sin apenas uno darse cuenta. Un momento se piensa en algo, al momento siguiente se hace y dos minutos después ya hay arrepentimiento. A veces son útiles los impulsos. A veces se consigue con ellos lo que uno llevaba tiempo planteándose hacer. Pero hay impulsos que lo cambian todo. Impulsos propios causan daños ajenos. Pero posiblemente no seríamos quienes somos si no nos moviéramos por impulsos.
Esta vez el impulso fue el erróneo. El daño se hizo. Pero quedan muchos días para arreglar el entuerto. Espero que me den ese tiempo. Quizás tenga que esperar a los exámenes de junio. Es posible que para entonces un segundo impulso arregle el primero.
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