Una entrada de una sola línea. Por si no había quedado claro.
Me encanta Londres.
29 de octubre de 2011
28 de octubre de 2011
27 de octubre de 2011
Norwegian Wood
Que es como decir Tokyo Blues, de Murakami.
Lo leí hace ya casi un mes, pero la melodía resuena en mi cabeza y me tropiezo con ella en rincones insospechados. Como con la trama. Es apasionante la manera en que algunas novelas te atrapan y no te sueltan. Te agarran fuerte de la mano y te van guiando por un trocito de la senda de tu vida. Tokyo Blues no me suelta de la mano en Londres. Sus personajes, marcados todos por la muerte y el suicido, se parecen tanto a mí y a la gente que me rodea, que tengo miedo de que alguno de nosotros nos convirtamos en ellos. Los llamo personajes porque siempre olvido el nombre de los seres que habitan los libros, pero todos tienen un rostro, y todo tiene su música, su luz y sus paisajes. Todos tienen entidad aunque los personajes hayan perdido sus nombres.
La melodía que abraza a todas las personas que aparecen en el libro -y perdónenme los críticos literarios por llamarlas personas, pero los siento tan de carne y hueso y tengo tan claro que me los cruzo a diario en el metro, que no puedo evitarlo- es de los Beatles. Siempre me han gustado los Beatles y siempre los he escuchado muy poco. Porque mi hermano, que es el maestro musical de mi infancia y adolescencia, nunca los escuchaba. Ahora vivo en el país de los Beatles y sigo sin escucharlos. Y tuve que descubrir Norwegian Wood de la mano de un escritor japonés. Me alegro de haberlo hecho en Londres. Aquí tiene más sentido. Aún así, los Beatles quedan borrosos, como la marca de agua de una fotografía, en el panorama inmenso que está siendo Londres. Hasta ayer.
Covent Garden y un cantante callejero. Eran las siete de la tarde y la ciudad estaba fría y oscura. Ahí estaba él, en mi mente lo llamé Matt. Tocaba la guitarra y cantaba, y a veces se atrevía con la armónica. El frío era intenso, pero la música me atrapó, como la historia de Tokyo Blues. Y escuché y escuché hasta que sonó Norwegian Wood y se me quedó enganchada en el rincón secreto donde se guardan las melodías que reaparecen horas, días o meses después. Esta mañana, cuando he salido a mirar cómo las hojas de los árboles ya han caído o se han teñido de rojo, como mi pelo, de repente ha salido a pasear también la melodía. Y durante horas la he tarareado sin saber qué tarareaba, dudando entre varios de los grupos y cantantes que ando descubriendo últimamente -¿Tracy Chapman?, ¿Neil Young?, ¿Counting Crows?-. Ha sido ahora, hace apenas media hora, cuando al escuchar las notas de la guitarra que Daniel ha comprado para amenizar -más aún- la vida en West House, cuando he pensado en ese personaje maravilloso de Murakami que toca Norwegian Woods. Y entonces todo ha vuelto a tener sentido: la melodía, los paisajes de esta mañana, las personas que pueblan Tokyo Blues, la vida en Londres, los Beatles, el otoño. La vida es una espiral. No dejaré nunca de pensarlo.
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23 de octubre de 2011
100
Lo que escribo hoy aquí es importante. Primero, porque me planto delante de la pantalla, cojo aire y escribo. Llevaba muchos días sin estar a solas conmigo misma. La vida de los últimos meses ha sido muy ajetreada y cuando por fin llegaron las vacaciones, las compartí. Así que podría decir que no he tenido apenas tiempo para pararme y pensar, para pararme y escuchar. Escuchar lo que la gente me dice, lo que la música me dice y lo que yo misma me digo. Ahora llega ese tiempo, las verdaderas vacaciones.
Por eso hoy es importante. Porque he recargado las pilas del hueco interno que llamo "hogar". Espero que dure con buenos niveles hasta navidad. Hoy estoy recargada del cariño de la familia. Y cansada. Llega ahora el tiempo del descanso, de la soledad y de la ciudad. La ciudad que uno se aprende cuando está solo. La ciudad que mira con ojos limpios como la lente de la cámara que usa para retratarla. A partir de mañana recorreré esta ciudad, que empieza a resultarme familiar, sola. Es todo un reto para mi nivel pésimo de orientación. Pero lo espero con ganas.
Hoy también es importante porque me volvieron las ganas de escribir gracias a la lectura del blog de un amigo. Leyéndolo a él me han venido recuerdos de cuando escribía en el blog a diario, de cuando siempre tenía algo que decir. Ahora pienso que o he relativizado mi necesidad de expresarme, o me he vuelto más celosa de mi intimidad expresiva. El caso es que escribo menos. Lo sabes, tú que abres alguna que otra vez esta página buscando una actualización y ves que todo sigue como siempre. Ahora me tomo mi tiempo. Todos necesitamos nuestro tiempo para todo. Escribir también requiere de unos momentos. Así que, gracias, Y., vuelvo a escribir porque te he leído antes.
Otro de los motivos por los que lo que hoy escribo es importante es que esta es la entrada número 100 de este año. La verdad es que nunca he sido supersticiosa de las cifras en el blog y si te soy sincera, me hace más ilusión el 99 que el 100. El 99 me suena más infinito, me parece más espiral que el 100, que no deja de ser un mero círculo que lo contiene todo. Pero bueno, dejémonos de sinestesias raras, el 100 siempre es una cifra para celebrar. Y hoy es el día 100 de escritura en este año 11 al que le quedan menos de tres meses de vida. Y se nos fue.
Hoy han nacido y han muerto muchas personas. Ha muerto un motociclista famoso, pero también habrán muerto los familiares de mucha gente a la que no conozco y seguro que me caería bien. Eta dijo adiós a las armas hace tres días y Andrés, que es seis días mayor que cuando vino y ha caminado y cambiado tanto en este tiempo, me ha dicho adiós en una estación de trenes londinense. Y no he sentido pena. Milagros de la tecnología moderna. He vuelto a mirarle a los ojos esta tarde, y eso que estaba a cientos de kilómetros de distancia.
La vida sigue y se cumplen 100 días de escritura y nacen siete días de semi-soledad, de charla interior, de ciudad, de amigos de la distancia, de retomar conciencia de quién, cómo y por qué soy. Y me apetece. Y me apetecía escribirlo. Porque Y. me ha empujado, con su blog, a retomar el mío. Y el 99 o el 100 siempre son dignos de celebración.
9 de octubre de 2011
Estar fuera
Cuando uno está dentro, no se da cuenta de todo lo suyo. No aprecia igual el sabor de las patatas fritas en aceite de oliva, ni el del jamón, encuentra los abrazos y muestras de cariño como algo común, empieza a leer novelas y poesía en otros idiomas, por no decir que le cambia el idioma a su colección de música. Porque lo que está dentro siempre estará ahí.
Pero cuando uno está fuera, aprecia lo suyo con un sentimiento diferente. Uno se vuelve defensor de lo suyo a costa de todo: el idioma, la comida, el clima, el paisaje, la música, el cine... Yo esta semana he descubierto a Penélope Cruz y me he sentido orgullosa de tener a Almodóvar, he cocinado tortilla de patatas y he empezado a escuchar con un poquito de nostalgia esto:
Estar fuera está muy bien. Pero también está bien echar de menos lo propio.
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5 de octubre de 2011
Diccionarios
En esta casa los diccionarios están tan presentes en nuestro día a día, que incluso se han convertido en nuestros topes de puertas favoritos.
3 de octubre de 2011
Inglés, ¿idioma universal?
Cuando uno sale fuera de casa, y creo que no exageraría mucho si dijera que al dar la vuelta a la esquina, necesita los idiomas. O al menos una sensibilidad especial para comunicarse. Mi madre, sin ir más lejos, que trabaja a un paso de casa, necesita el lenguaje universal de los gestos y las sonrisas y siempre consigue comunicarse. Es cierto que los extranjeros con los que trata mi madre son inmigrantes. Ellos le piden una fotocopia, un sobre, ayuda para rellenar las solicitudes del colegio de los hijos, y lo hacen con respeto, con paciencia y con una sonrisa. Y ella, que también es del tipo respetuoso, paciente y sonriente, consigue entenderse siempre con ellos. Aunque acaben de llegar de sus países de origen y no sean capaces de balbucir siquiera un "buenos días".
Aquí, en Londres, me topo con la barrera idiomática a diario. A pesar de los años estudiando el idioma, todavía ayer aprendí a diferenciar "ciruela" de "ciruela pasa" en dos palabras que ya conocía pero que siempre asocié a realidades diferentes. Pero el problema de Londres, o mejor dicho -y seré más honesta y más justa-, el problema con el inglés, es que es un idioma que se sabe el centro del universo, el soberano absoluto, la lingua franca universal. El estilo anglosajón no es, en general, del tipo respetuoso, paciente y sonriente. Suele ser alguna de estas tres, pero no siempre las tres van en el mismo bloque. Por lo que nos encontramos, los no nativos, con la lucha diaria del idioma, soportando el desprecio de algunos cuando a la tercera vez que nos repiten algo que aprendimos con la pronunciación española, seguimos sin entender ni papa. Aquí falta mucha paciencia, diría yo.
Sin embargo, las cosas del idioma no son tan horribles en Londres. Estamos rodeados de inglés por todas partes, pero también de español. Cuando los españoles hablamos entre nosotros, ya tenemos la jerga propia que incluye palabras en inglés. Es divertido, aunque yo soy más de las de: "por favor, háblame en inglés, que estamos en Inglaterra". Luego también está el hecho de que mi casa, una especie de pequeña Naciones Unidas, es una torre de Babel, el paraíso de todo filólogo. Una casa que me ha devuelto el interés por el francés y me lo ha despertado por el italiano. También esta casa me ha recordado lo difícil que es el alemán y lo extendido que está el español por el mundo, aunque la gente no sea capaz más que de chapurrearlo un poco y a duras penas. Y en esos momentos de intercambio lingüístico, de dudas idiomáticas, de lucha contra el francés que aprendí hace años o el italiano que empiezo a articular, siempre aparece el inglés como vehículo salvador, siempre está ahí de apoyo, de guía, de modelo. Y aunque los hablantes nativos de inglés se alcen victoriosos ante la soberanía de su lengua, yo respiro aliviada y agradecida por disponer de ese recurso. Me alegra saberme poseedora de tres idiomas y de seguir en mi camino lento hacia el multilingüismo, y alzarme victoriosa ante la soberanía del conocimiento, que no es dominar la lengua mundial, sino estar abierto a la comunicación y poder abrir el cajón genético donde están el respeto, la paciencia y las sonrisas que mis padres me enseñaron a usar siempre. Y esos, esos sí que conforman una lengua universal.
19 de septiembre de 2011
Ser normal
"Lo que nos hace personas normales es saber que no somos normales"
Murakami, Tokio Blues.
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5 de septiembre de 2011
Carta a los no docentes
Lo que enlazo a continuación es el link al blog de un/a profesor/a que se dirige a los no docentes para informar un poco más acerca de lo que está aconteciendo en la Comunidad de Madrid con respecto a las políticas en educación.
Incluyo, además, un vídeo muy interesante que circula por internet en el que se explican, a grandes rasgos, los resultados a los que estamos llegando con la política de recortes y no inversión en educación.
Creo que nadie debe quedar impasible ante los acontecimientos de las últimas semanas. La base de todo es la educación. Sin educación no hay formación. Sin formación seguirá sin haber trabajo. Sin trabajo no hay dinero. Si nos quieren negar un derecho fundamental, debemos estar preparados para combatirles.
Por una educación de calidad para todos, sin discriminación, sin favoritismos, con los ojos puestos siempre en el alumno.
Carta a los no docentes (link)
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Septiembre
Septiembre lo revoluciona todo. Septiembre arrasa siempre con las certezas del verano, apaga poco a poco el sol y refresca las mentes con promesas renovadas de cambio.
Septiembre de 2011 es, un poco como lo son todos, un septiembre triste. Triste porque nos llegan noticias de recortes en educación, de falta de recursos económicos para lo que algunos consideramos lo primordial. Septiembre, el mes de la vuelta al cole, se convierte este año en un pequeño infierno para miles de personas que pierden su trabajo, sus esperanzas y para quienes esta vez no hay vuelta al cole. Los institutos y colegios se han dado la vuelta.
Septiembre de 2011 es un septiembre de aniversario también. Un septiembre que nos recuerda que el tiempo pasa y las heridas poco a poco se curan, aunque queden abiertas. Pero quizás sea mejor no mirar atrás a la catástrofe, sino mirar hacia delante y construir futuro juntos. Algo que, desgraciadamente, encuentro difícil, tan llenos de resentimientos como estamos.
Septiembre, un mes para repensarnos, como enero. Un mes para dejar volar la imaginación y pedir deseos acerca de aquello que queremos para el nuevo curso. Septiembre, mes de retos, comienza la carrera de fondo. Un breve vistazo al verano, un guiño de ojos. Dejar que la puerta se cierre y seguir caminando el camino dulce del otoño.
28 de agosto de 2011
Deshacer maletas
Cuando uno viaja para quedarse, hay un momento crucial que debe superar, el de deshacer las maletas. Cuando alguien comienza a hacer su habitación suya y llena con su ropa los armarios, y pone fotos de su gente cerca de sí, comienza a preocuparse por si hará frío en invierno y necesitará una manta o no, entonces uno se da cuenta de que el viaje ha terminado y empieza el momento de echar raíces en el nuevo lugar. Da igual si será para uno o dos meses o durará para siempre, pero el momento de deshacer las maletas aparece y llena de miedos al que las deshace. Creo que son unos miedos comunes y básicos: el miedo a saber si se llegará a integrar bien en el nuevo espacio, el miedo a la soledad, el miedo al fracaso, el miedo, a veces, al idioma. Los miedos siempre son irracionales, por eso aparecen de vez en cuando sin que nosotros queramos que estén ahí.
Estos días de viaje y maletas vaciadas, no he parado de pensar en las generaciones de españoles emigrantes a cualquier parte de Sudamérica y Europa, desde el comienzo de la Guerra Civil hasta el final del franquismo. Más que en los expatriados o exiliados, pienso en los desarraigados, en aquellos que buscaron fuera de las fronteras lo que España no pudo, quiso o supo darles. Pienso en esas generaciones de personas mucho menos preparadas académicamente (aunque sí mental y moralmente) que viajaban con una sola maleta en la que llevaban un par de camisetas, un vestido o un pantalón de pana y poco más. Conocían tan solo su lengua, pero tenían ganas de salir adelante y triunfar. Comparo el sueño americano con el sueño español y me avergüenza un poco el hecho de que todos aquellos españoles tuvieran que haberse ido de España para cumplir el sueño español. Es cierto que muchos regresaron e hicieron su vida en su tierra, se trajeron la riqueza de los países que los acogieron y vivieron después, o viven ahora, mejor que los que se quedaron. Pero tuvieron que escapar porque el país no satisfacía sus necesidades de vivienda digna, trabajo y comida. ¿Ocurre ahora lo mismo? ¿Se está convirtiendo el sueño español en el sueño europeo/americano o internacional? ¿Por qué permite el país que sus jóvenes echen a volar?
Las últimas reflexiones quizás producen más temores que el deshacer maletas y sentirse fuera de casa por unos meses. Porque al fin y al cabo, los tiempos han cambiado, y ahora podemos vernos las caras aunque estemos a miles de kilómetros de distancia, tú puedes saber de mí sin esperar que el cartero aparezca con una carta, porque esta es mi carta, pero, ¿se preocupa el país por todas las cartas que los nuevos emigrantes les enviamos a nuestras familias y amigos? No, porque no las ven. Ahora el país se va vaciando poco a poco, y llega el tiempo de que todos los movimientos sociales les hagan ver a los que tienen el poder, que el poder real, el de la juventud, se les escapa poco a poco de las manos.
Algunas de estas reflexiones se han ido gestando después de ver esto. (Pincha encima del enlace para acceder al vídeo)
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25 de agosto de 2011
POETAS (6)
Kirmen Uribe.
Leí a Kirmen Uribe esta primavera, cuando me dio la 'fiebre vasca'. Me quedé enganchada a su literatura igual que una mosca se enreda en una tela de araña y no puede escapar. Empecé a interesarme, entonces, por la literatura en euskera. Y por la música en esa lengua. Me maravilla escuchar sonidos que componen palabras con un significado que permanece tan ajeno a mi realidad lingüística. Es lo que me pasa con la música de Mikel Urdangarín, por ejemplo, o lo que siento al escuchar al sueco Winnerbäck. El placer de los idiomas per se, sin un fin último, que es el de comunicar, sino con el fin intermedio de emocionar con los sonidos.
De Kirmen Uribe he leído pocas cosas, la verdad. Leí su novela, traducida al español, Bilbao-New York-Bilbao, y me enganchó como solo lo habían hecho, muchos años atrás, los cuentos de Manuel Rivas. Al poco, me lancé a la aventura de leer poesía en euskera. Leí a Uribe en euskera, sin entender absolutamente nada y la alegría la recibí al pasar los ojos por la página siguiente y encontrar la traducción al castellano. De su poemario Mientras tanto cógeme la mano, publicado en la colección Visor de Poesía rescato para ti, hoy, dos poemas. Uno que habla sobre la imposibilidad del lenguaje y otro que habla sobre la permanencia. O al menos, así los entiendo yo. En un mundo donde nada permanece y parece que nadie entiende a nadie.Y a partir de este momento, cuando me leas, yo estaré un poquito más lejos, pero seguiré trayendo al blog todo lo que pueda acercarme a ti. Dos poemas en euskera, para mi nuevo mundo en inglés. Nos seguiremos encontrando en el blog.
Ezin da esan Libertatea, ezin da esan Berdintasuna,
ezin da esan Anaitasuna, ezin esan.
Ez zuhaitz ez erreka ez bihotz.
Ahaztu egin da antzinako legea.
Uholak eraman du hitzen eta gauzen arteko zubia.
Ezin zaio esan tiranoak erabaki irizten dionari heriotza.
Ezin da esan norbait falta dugunean,
oroitzapen txikienak odolusten gaituenean.
Inperfektua da hizkuntza, higatu egin dira zeinuak
errotarri zaharrak bezala, ibiliaren ibiliz. Horregatik,
ezin da esan Maitasuna, ezin da esan Edertasuna,
ezin da esan Elkartasuna, ezin esan.
Ez zuhaitz ez erreka ez bihotz.
Ahaztu egin da antzinako legea.
Alabaina «ene maitea» zure ahotik entzutean
aitor dut zirrara eragiten didala,
dela egia, dela gezurra.
* * * * * * * * * * * * * *
NO SE PUEDE DECIR
No se puede decir Libertad, no se puede decir Igualdad,
no se puede decir Fraternidad, no se puede.
Ni árbol ni río ni corazón.
Las leyes antiguas han sido olvidadas.
Un aguacero se ha llevado los puentes entre las palabras y las cosas.
No se puede llamar muerte a lo que el tirano considera una decisión.
No se puede confesar que alguien nos falta,
cuando el recuerdo más nimio nos desangra.
La lengua es imperfecta, los signos se han desgastado
como las viejas muelas de molino, de tanto girar. Por eso,
no se puede decir Amor, no se puede decir Belleza,
no se puede decir Solidaridad, no se puede.
Ni árbol ni río ni corazón.
Las leyes antiguas han sido olvidadas.
Sin embargo, confieso que siento un escalofrío
cuando oigo de tu boca "mi amor",
sea cierto o sea mentira.
EZ DA EGIA
Ez da egia. Ez naiz aldatu.
Nire ametsetan
hogei urte duzu beti.
* * * * * * * * * * *
NO ES VERDAD
No es verdad. No he cambiado.
En mis sueños
siempre tienes veinte años.
13 de agosto de 2011
Licor café
Está claro, si me preguntaran a qué bebida sabe Galicia, no lo dudaría, sería un primer plato con vino Albariño o Riveiro y un postre con licor café. El sabor de Galicia, el sabor a comida, quiero decir, es más difícil de establecer. Tendría que echar mano al recuerdo y ofrecer mi sabor de Galicia, que oscilaría entre el pulpo y los cachelos.
Para mí, Galicia tiene un sabor, un olor, un color, una melodía y un rostro. No dejo de preguntarme una y otra vez, en esas ocasiones en las que me acecha la morriña cíclica, por qué Galicia y no, por ejemplo, Cataluña, Asturias o Andalucía. Galicia nació dentro de mí cuando yo salía a la vida y lo hizo muy inesperadamente, sin raíces antepasadas, sin una calle o un pazo propios en los que vivir. Llegó con la literatura, con los cuentos de Manuel Rivas y de Carlos Núñez y poco a poco fue tomando la forma de una espiral chiquitina o los caminos truculentos que anduvimos hace ya un par de agostos.
Cuando me preguntan que de dónde me viene este apasionamiento, nunca sé qué responder. Me gusta ver las sonrisas de los gallegos cuando les hablo en gallego y les afirmo rotundamente que no, que no tengo familia allí, que mi familia es de la rama extremeña, no gallega y que no, nunca he vivido más de un mes seguido en sus tierras. A veces me invento una historia hermosa sobre mi abuelo materno y su segundo apellido, pero pocas veces me toman en serio. Me gusta ir allí y cerrar los ojos en sus bosques o frente a su mar u océano. Solo dejarme mecer por el bienestar que me traen sus texturas y sus gentes.
Por el licor café, por su mar y por sus bosques, por su piedra, por su sol y sus nubes, por su aroma, por su gente... Solo por eso o quizás por todo eso, Galicia siempre vale la pena. Vayas cuando vayas. Porque Galicia es atemporal.
12 de agosto de 2011
Música para cocinar
No puedo negar que me gusta la música. Me atrevería a decir que me gusta casi toda la música. Pero alguna más que otra, por supuesto. Esta es la cuarta serie de músicas que posteo en el blog. La primera fue "Música para viajar", la segunda, "Música para regalar", luego vino "Música para estudiar" y ahora "Música para cocinar". Cada momento del día, cada actividad requieren un espíritu diferente, un ánimo distinto, un acercarse desde otro ángulo, un cambio de perspectiva. Para estos días en que me he vuelto una cocinera insospechada, la comida me sale mejor no sólo si le pongo cariño, sino también cuando encuentro la música apropiada.
Para el gazpacho de ayer, Fito y los Fitipaldis.
¡Que aproveche!
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11 de agosto de 2011
La sabiduría del cuento popular
"El gallito Lozano" es el cuento que mi abuelo le contó a todos sus nietos. Yo se lo oí alguna vez, cuando era muy pequeña y él ya no tenía la memoría de antes o el humor para contarlo. Sin embargo, recuerdo con cariño el ritmo del estribillo igual que la canción que cada Nochebuena nos cantaba y que siempre me arrancaba una lágrima de nostalgia.
Cuando Marta y yo decidimos poner en marcha este blog lo hicimos con la función básica de contar cuentos y de encontrarnos en ellos, de estrechar lazos con nosotras mismas y con otras culturas. Esas ficciones de un principio se fueron transformando, igual que el blog, en historias, anécdotas, pensamientos, música, poesía o lo que surgía. Y hoy, tras haber visto un documental de la serie Imprescindibles, de la 2 de TVE, he vuelto a pensar en la importancia del relato. Sobre todo del cuento popular, de la sabiduría que trae consigo y el brillo que le lleva a los ojos de quien lo recibe.
La cultura audiovisual parece que está matando poco a poco la cultura tradicional del cuento popular. La televisión, el cine e internet están dejando de lado la oralidad de las noches de invierno al calor del hogar y la de las noches de verano a la fresca, en la puerta de las casas. Los padres les leen cuentos a sus niños o ellos mismos los leen en los libros del colegio, pero cada vez hay menos contadores anónimos, individuales. Cada vez hay menos personas como los abuelos de antes, que se rodeaban de sus nietos las tardes frías de los sábados y los domingos para contarles el cuento del gallito Lozano.
El documental de la 2 recoge un pellizco de esa cultura popular tan enraizada en los pueblos de todo el mundo y que parece que se va desvaneciendo poco a poco. Este documental rescata cuentos en todos los idiomas, rescata las versiones de los cuentos europeos a la moda española y trae un poquito del brillo que mis primos, mi hermano y yo teníamos en los ojos cuando el abuelo nos contaba la historia del gallito Lozano, que iba a la boda de su hermano tan contento y tan galano.
No te lo pierdas, si quieres verlo, pincha aquí.
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10 de agosto de 2011
Impresiones de verano /1
Agosto caluroso. Sábado. Barcelona, barrio de Sants.
Una escritora de blog, recién aterrizada en España tras sus vacaciones asiáticas, y aún con la sensación extraña de encontrarse en tierra de nadie, se despide de sus compañeras de aventura y empieza a vivir la pequeña aventura de un sábado cualquiera en los alrededores de la estación de tren de Sants.
Un largo paseo por la rambla de Badal. Todos los establecimientos están cerrados excepto las fruterías. No hay sol, solo un calor apagado por las nubes que lo cubren todo. La certeza del fin de las vacaciones está presente, aunque aún hay agosto para rato. Y en el calor de ese agosto, el anhelo de una bebida refrescante está también presente.
Parada de repostaje en una cafetería grande, en la esquina de la rambla de Badal. La escritora de blogs escoge una mesa donde poder observar mientras la observan. Y se abre ante ella la gama de personajes míticos de cualquier novela de ciudad: esos antihéroes que durante años pasaron inadvertidos y ahora parece que pueblan todos los rincones: los grotescos y los refinados. Y de repente, nuestra escritora empieza a pensar en la labor de escribir, en ese dejarse entrever a través de cada palabra, en ese ocultarse constante detrás de cada punto y coma o de cada pausa. Los personajes que pueblan la cafetería, todos etiquetados bajo la categoría de raros, la observan igual que ella los observa a ellos. La diferencia es que ella está en silencio y los espiados, que se vuelven espías, solo pueden acertar algún rasgo de ella por su lenguaje no verbal, la ropa que viste, la elección de la bebida, la mesa que ha escogido. Ella, sin embargo, los observa de dos en dos. Se fija en la interacción de las tres parejas más cercanas a su mesa. Un matrimonio agotado cuya mujer lee la prensa mientras el hombre devora con ansiedad una tarta de frutas a la vez que escucha algo en los auriculares. No hay conversación, pero interactúan en silencio. Otra pareja, los cuarentones feos, no se sabe bien si son solo amigos. Él está ilusionado mostrándole en su ordenador portátil vídeos de su juventud, infancia y adolescencia: la mili, su boda, su familia, su abuela, una señora encantadora que se emocionó muchísimo cuando se casó, su hermana, la Montse, que había cambiado mucho desde entonces. La mujer mira con una sonrisa real los vídeos, los comenta y, de vez en cuando, lanza miradas de reojo hacia la mesa de la cronista, que anotaba mentalmente y tras el billete de su tren detalles rápidos del escenario que tiene ante sus ojos. Los últimos son otra pareja, jóvenes, no más de treinta años cada uno de ellos. Entran rápido en la cafetería, piden de comer, se sientan a la mesa y se entregan a la comida como si se entregaran al amor la última noche de sus vidas. No hablan, no se miran, no se sonríen, simplemente comen, comen con un hambre que no se ha visto antes.
El té con limón y hielo de nuestra escritora se termina. También termina un poco aquí la reflexión. Ella está convencida de que alguno de estos personajes la observaba para escribir, a su vez, algo sobre ella. Otro personaje extraño y solitario en las calles abandonadas de la ciudad efervescente. La escritora de blogs sale de la cafetería pensando en la pobreza que ha visto en Camboya y en el hambre de estos catalanes. Intenta ponerlos a un mismo nivel pero no es capaz. Se refugia en la calle intransitada. Entra en una frutería y pide una manzana y una naranja en inglés. El vendedor, indio, la atiende extrañado, aunque no debe de sorprenderle ya nada, en un barrio como Sants. Le desea buena tarde y se despide de ella en catalán: adeu. Ella sonríe, sale a la calle y piensa en lo que escribirá y lo que no escribirá en su blog sobre esa tarde. Fabula acerca de lo que inventará, de lo que exagerará y de lo que ocultará. Se concentra en lo que quiere mantener tal cual ha sucedido. Pero al final se da cuenta de que todo lo que pasa por el tamiz del escritor se convierte en una tremenda y absoluta mentira. Pero eso solo lo sabe ella ahora. Quienes la lean tendrán que decidir qué tomar y qué rechazar.
17 de julio de 2011
Vacaciones
En verano también se trabaja. He estado desconectada del blog porque he estado trabajando estos primeros quince días de julio. Pero el trabajo que he desempeñado es algo que me encanta: desconexión del mundo, un colegio enorme lleno de niños, ganas de enseñar, de divertirme, de pasar buenos ratos y conocer gente encantadora. Un campamento de idiomas.
Vuelvo del trabajo como si volviera de unas vacaciones y poco a poco voy entrando en la rutina de las vacaciones reales... En unos pocos días haré un gran viaje que me tendrá también bastante desconectada del mundo que conozco. Por eso he decidido cerrar oficialmente este blog por vacaciones.
Espero poder colgar fotos de mi viaje.
Y deseo que pases unas felices vacaciones.
Vuelvo del trabajo como si volviera de unas vacaciones y poco a poco voy entrando en la rutina de las vacaciones reales... En unos pocos días haré un gran viaje que me tendrá también bastante desconectada del mundo que conozco. Por eso he decidido cerrar oficialmente este blog por vacaciones.
Espero poder colgar fotos de mi viaje.
Y deseo que pases unas felices vacaciones.
27 de junio de 2011
Ella y él (XIII)
Le costó olvidarla diez libros de crítica literaria, cuatro cubatas en una noche turbia y desoladora, un viaje a la montaña con amigos, dos pachangas de baloncesto, no sé muy bien cuántas noches, un par de lágrimas y tres fotografías quemadas.
Ya se sentía a salvo cuando la vio pasearse por su calle, con la falda de flores, las zapatillas de esparto y la melena flotando al viento. Volvió de nuevo a la terapia. Esta vez comenzó con Kafka.
26 de junio de 2011
Morriña cíclica. Galicia latente.
Ni T. S. Eliot ni Shakespeare pueden con la morriña.
Es un golpe de añoranza. Llega inesperadamente, pero siempre de forma cíclica. Galicia está siempre latente, en estado de reposo. Y el verano, la certeza del mar o una canción la activan en la conciencia.
La morriña -mi morriña- es cíclica. Reaparece cada cierto tiempo y me tiene ausente durante días. Y ni Scott Fitzgerald ni Auster pueden con ella.
Denme una gaita que llora, un vaso de vino Albariño, un documental sobre Cunqueiro y la suavidad del gallego. Es más que probable que me olvide de Hemingway, de Londres, de Camboya y de los americanitos impasibles.
25 de junio de 2011
¿Quiénes somos?
¿Somos quienes somos o como queremos que los demas crean que somos?
Esta pregunta lleva atormentándome años. La hipocresía y la falsedad son un mal común y extendido. Creo que estos dos defectos se han desarrollado en la base de una educación insuficiente o mala y bajo los modelos de muchos de los personajes públicos que nos representan: no solo los políticos, sino los miembros de la Casa Real o incluso Belén Esteban, quien -lamentablemente- muchos españoles consideran el modelo más alto del ciudadano español. Aunque muchos de los que leemos esto -afortunadamente- la consideraremos como modelo absoluto de la chabacanería y el mal gusto. Y espero que no se me ofenda quien lea esto, que sé que hay muchos seguidores de esa chica que irían con ella hasta el fin del mundo. Pero lo que es cierto es cierto y no se pueden negar los hechos.
Pero mi preocupación fundamenteal es la que da título a esta entrada: "¿quiénes somos en realidad?". ¿Cómo nos definimos? Una vez, en un curso de tutoría y orientación la profesora que explicaba hizo un experimento con todos los que asistíamos a la clase. Nos pidió que escribiéramos en un trozo de papel quiénes éramos. No dijo nada más. Y ahí empezamos a definirnos cada uno. Unos por lo que eran, otros por cómo eran, los más por de dónde eran, algunos por lo que les gustaba. Listas y listas de palabras. Pero nadie dio respuesta a "¿quién soy yo?". ¿Yo soy mi nombre? ¿Yo soy mis estudios y mi trabajo? ¿Yo soy las cualidades, virtudes y defectos que albergo? ¿Yo soy mis amigos y mi familia o la relación que tengo con ellos? ¿Yo soy la música que escucho, el partido político al que voto, la ropa que me pongo, los restaurantes y bares que frecuento? ¿Yo soy los viajes que he hecho, los hombres que he besado, los animales que he cuidado? ¿Acaso soy los libros y poemas que he leído, los alumnos a los que he enseñado, los profesores y alumnos de los que he aprendido? ¿Yo soy los baches del camino? ¿Yo soy el "padrenuestro" que aprendí a rezar en la infancia o el "padrenuestro" que empecé a olvidar en la adolescencia?
Es imposible definirse a uno mismo, porque estamos llenos de matices imperceptibles pero que sí crean una diferencia de lo que fui hace una semana y lo que soy ahora, o de lo que eres tú y lo que soy yo ahora, en este momento, en esta mañana de verano.
A mí me gusta mucho afirmar sentencias tales como "somos agua", "somos viaje", "somos pasado", "somos olvido". Y no creo que sean afirmaciones erróneas. Simplemente no somos solo eso. Somos eso y más y eso nos hace interesantes.
Lo que me pregunto además es por qué si somos tan complejos complicamos aún más nuestra esencia ocultando cosas de nosotros mismos y disfrazándonos de otras cosas para que los demás crean que somos de otra forma. Me da rabia. Yo lo hago. Asumo esa parte de mí misma. Siempre he dicho que era buena adaptación al medio. Pero no sé si realmente se trata de adaptación al medio o de tratar de ser alguien que no soy. A veces, cuando hacemos eso, fracasamos y volvemos a nuestra esencia. Otras veces, esa prueba que hicimos de ser de tal o tal manera tiene éxito y acabamos siendo como alguna vez fingimos o inventamos ser. Eso también nos hace, también nos define. Pero me da miedo que la influencia de lo de fuera haga que nos comportemos de diferente manera según con quién tratemos. Me da miedo que no seamos genuinos desde el principio hasta el final. Pero quizá la clave del éxito en sociedad reside precisamente en eso: en ser camaleónico, en mantener lo esencial y hacer variaciones leves. Adaptación al medio.
Pero al final, seguimos sin saber muy bien quiénes somos.
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