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25 de abril de 2013

Mis poemas de abril (XXII)


Háblame de la lluvia

Las gotas de lluvia son de una fragilidad infinita;
surcan senderos de lágrimas en las ventanas,
peinan los pétalos de las flores rojas,
inundan los mares.

Si pruebas a mirar al cielo
te besan los ojos;
corretean sensuales por tu cuello,
salpican de sueños tus pestañas.

Las gotas de lluvia son como las notas de un adagio;
pedalean tus calles y tus puentes,
empapan tus estancias de tristes alegrías,
deshabitan de recuerdos el olvido.

Los días de lluvia son de una belleza admirable;
pero al final, no sé por qué,
nos vuelve a entrar el miedo
y abrimos el paraguas.

(En Háblame de la lluvia, por María Monjas Carro)

24 de abril de 2013

Mis poemas de abril (XXI)


ESCRIBIR

Si me quitan la palabra escribiré con el silencio.
Si me quitan la luz escribiré en tinieblas.
Si pierdo la memoria me inventaré otro olvido.
Si detienen el sol, las nubes, los planetas,
me pondré a girar.
Si acallan la música cantaré sin voz.
Si queman el papel, si se secan las tintas,
si estallan las pantallas de los ordenadores,
si derriban las tapias, escribiré en mi aliento.
Si apagan el fuego que me ilumina
escribiré en el humo.
Y cuando el humo no exista
escribiré en las miradas que nazcan sin mis ojos.
Si me quitan la vida escribiré con la muerte.

(En Poemas para los demás, de Ángel Guinda)

22 de abril de 2013

Mis poemas de abril (XIX)


TERNURA


Quizás no sea ternura la palabra precisa 
para este cierto modo compartido 
de quedar en silencio ante lo bello exacto, 
o de hablar yo muy poco y ser tú la belleza 
misma, su emblema, aunque tan próxima y latiendo. 
Y es también un destino unánime que vuelvan 
a idéntico silencio -cuando llegue la hora 
de la tregua indecible- mi palabra y tu zarpa.


(De María Victoria Atencia, en De la llama en que arde)

21 de abril de 2013

Mis poemas de abril (XVIII)


      AUSENCIA

Se va de ti mi cuerpo gota a gota.
Se va mi cara en un óleo sordo;
se van mis manos en azogue suelto;
se van mis pies en dos tiempos de polvo.

¡Se te va todo, se nos va todo!

Se va mi voz, que te hacía campana 
cerrada a cuanto no somos nosotros.
Se van mis gestos que se devanaban,
en lanzaderas, debajo tus ojos.
Y se te va la mirada que entrega,
cuando te mira, el enebro y el olmo.


Me voy de ti con tus mismos alientos:
como humedad de tu cuerpo evaporo.
Me voy de ti con vigilia y con sueño,
y en tu recuerdo más fiel ya me borro.
Y en tu memoria me vuelvo como esos
que no nacieron ni en llanos ni en sotos.

Sangre sería y me fuese en las palmas
de tu labor, y en tu boca de mosto.
Tu entraña fuese, y sería quemada
en marchas tuyas que nunca más oigo,
¡y en tu pasión que retumba en la noche
como demencia de mares solos!

¡Se nos va todo, se nos va todo!

(De Gabriela Mistral, en Tala)

20 de abril de 2013

Mis poemas de abril (XVII)


Temporada de lluvias II

Cuando llegó la lluvia
y con ella tu nombre
           en el temblor de un charco
quise todo mi tiempo
bajo los aguaceros.

(En Las cosas que se dicen en voz baja, de Daniel Rodríguez Moya)

17 de abril de 2013

Mis poemas de abril (XVI)


Poema del día decimosexto


Claudia en la Biblioteca
                                                               Para Rafael Espejo
Rebuscas en los libros
con un extraño afán de jardinera.
Delicada y ansiosa, de perfil me pareces
distinta cuando curvas las rodillas
y se tensan tus muslos
debajo del vaquero. Muerte lenta 


contemplar, sin tocado,
el pequeño tatuaje en tu cintura.
Será mejor sufrir que describir los pechos:
¿quién se atreve a cruzar los toboganes
que unen la palabra con su tema?

Así que huyo
y finjo distracción.
Si volvieras la vista a quien te escribe
desaparecerías, y es demasiado pronto.
Sigue leyendo, Claudia.
Haces bien en amarte.


(Andrés Neuman, en El Tobogán)

16 de abril de 2013

Mis poemas de abril (XV)


TRISTEZA O PÁJARO


Esa tristeza pájaro carnívoro;
la tarde se presta a la soledad destructora;
en vano el río canta en los dedos o peina,
peina cabellos, peces, algún pecho gastado.

Esa tristeza de papel más bien basto;
una caña sostiene un molinillo cansado;
el color rosa se pone amarillo,
lo mismo que los ojos sin pestañas.

El brazo es largo como el futuro de un niño;
mas para qué crecer si el río canta
la tristeza de llegar a un agua más fuerte,
que no puede comprender lo que no es tiranía.

Llegar a la orilla como un brazo de arena,
como niño que ha crecido de pronto
sintiendo sobre el hombro de repente algún pájaro.
Llegar como unos labios salobres que se llagan.

Pájaro que picotea pedacitos de sangre,
sal marina o rosada para el pájaro amarillo,
para ese brazo largo de cera fina y dulce
que se estira en el agua salada al deshacerse.


(La destrucción o el amor, Vicente Aleixandre)

14 de abril de 2013

Mis poemas de abril (XIV)


—Te amo... ¿por qué me odias?
—Te odio... ¿por qué me amas?
Secreto es éste el más triste

y misterioso del alma.

Mas ello es verdad... ¡Verdad
dura y atormentadora!
—Me odias, porque te amo;
te amo, porque me odias.


(En En las orillas del Sar, de Rosalía de Castro)                        

13 de abril de 2013

Mis poemas de abril (XIII)






Dejo este amor aquí...

Dejo este amor aquí
para que el viento
lo deshaga y lo lleve
a caminar la tierra.

No quiero
su daga sobre mi pecho,
ni su lenta
ceñidura de espinas en la frente
de mis sueños.

Que lo mire mis ojos
vuelto nube,
aire de abril,
sombra de golondrina
en los espejos frágiles
del mar...
Trémula lluvia
repetida sin fin sobre los árboles.

Tal vez un día, tú,
que no supiste
retener en las manos
su júbilo perfecto,
conocerás su rostro en un perfume,
o en la súbita muerte de una rosa.


(En Secreta isla, de Meira Delmar)

12 de abril de 2013

Mis poemas de abril (XII)


REVOLUCIÓN

Siempre habrá nieve altanera
que vista el monte de armiño
y agua humilde que trabaje
en la presa del molino.


Y siempre habrá un sol también
—un sol verdugo y amigo—
que trueque en llanto la nieve
y en nube el agua del río.

(En Versos y oraciones de caminante, de León Felipe)

10 de abril de 2013

Mis poemas de abril (X)



Me dijo bajito: "Amor mío, mírame en los ojos...

Me dijo bajito: "Amor mío, mírame en los ojos.
"Le reñí, agria, y le dije: "Vete." Pero no se fue.
Se vino a mí y me cogía las manos... Yo le dije: "Déjame."
Pero no se fue.

Puso su mejilla en mi oído. Me aparté un poco,
me quedé mirándolo, y le dije: "¿No te da vergüenza?"
Y no se movió. Sus labios rozaron mi mejilla. Me estremecí,
y le dije: "¿Cómo te atreves, di?" Pero no le dio vergüenza.

Me prendió una flor en el pelo. Yo le dije: "¡Es en vano!"
Pero no cedía. Me quitó la guirnalda de mi cuello, y se fue.
Y lloro y lloro, y le pregunto a mi corazón:
"¿Por qué?, ¿por qué no vuelve?"

9 de abril de 2013

Mis poemas de abril (IX)



PRECIOSA Y EL AIRE

A Dámaso Alonso

Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene
por un anfibio sendero
de cristales y laureles.
El silencio sin estrellas,
huyendo del sonsonete,
cae donde el mar bate y canta
su noche llena de peces.
En los picos de la sierra
los carabineros duermen
guardando las blancas torres donde viven los ingleses.
Y los gitanos del agua
levantan por distraerse,
glorietas de caracolas
y ramas de pino verde.

          
*

Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene.
Al verla se ha levantado
el viento que nunca duerme.
San Cristobalón desnudo,
lleno de lenguas celestes,
mira la niña tocando
una dulce gaita ausente.
Niña, deja que levante
tu vestido para verte.
Abre en mis dedos antiguos
la rosa azul de tu vientre.

*

Preciosa tira el pandero
y corre sin detenerse.
El viento-hombrón la persigue
con una espada caliente.
Frunce su rumor el mar.
Los olivos palidecen.
Cantan las flautas de umbría
y el liso gong de la nieve.
¡Preciosa, corre, Preciosa,
que te coge el viento verde!
¡Preciosa, corre, Preciosa!
¡Míralo por dónde viene!
Sátiro de estrellas bajas
con sus lenguas relucientes.

*

Preciosa, llena de miedo,
entra en la casa que tiene,
más arriba de los pinos,
el cónsul de los ingleses.
Asustados por los gritos
tres carabineros vienen,
sus negras capas ceñidas
y los gorros en las sienes.
El inglés da a la gitana
un vaso de tibia leche,
y una copa de ginebra
que Preciosa no se bebe.
Y mientras cuenta, llorando,
su aventura a aquella gente,
en las tejas de pizarra
el viento, furioso, muerde.

(En Romancero Gitano, Federico García Lorca)

8 de abril de 2013

Mis poemas de abril (VIII)


Poema del sueño erótico

Ay, Floralba! Soñé que te...¿Dirélo?
Sí, pues que sueño fue: que te gozaba.  

¿Y quién, sino un amante que soñaba,
juntara tanto infierno a tanto cielo?

Mis llamas con tu nieve y con tu hielo,
cual suele opuestas flechas de su aljaba,
mezclaba Amor, y honesto las mezclaba,
como mi adoración en su desvelo.

Y dije: "Quiera Amor, quiera mi suerte,
que nunca duerma yo, si estoy despierto,
y que si duermo, que jamás despierte.

"Más desperté del dulce desconcierto;
y vi que estuve vivo con la muerte,
y vi que con la vida estaba muerto.

(Soneto de Francisco de Quevedo)


7 de abril de 2013

Mis poemas de abril (VII)


Te amo


Te amo por todas las mujeres que no he conocido.
Te amo por todos los tiempos que no he vivido.
Por el olor del mar inmenso y el olor del pan caliente.
Por la nieve que se funde por las primeras flores.
Por los animales puros que el hombre no persigue.
Te amo por amar.
Te amo por todas las mujeres que no amo.

Quién me refleja sino tú misma me veo tan pocosin ti no veo más que una planicie desierta.
Entre antes y ahora
están todas estas muertes que he sorteado sobre paja.
No he podido atravesar el muro de mi espejo.
Tuve que aprender la vida como se olvida
palabra por palabra

Te amo por tu sabiduría que no me pertenece.
Te amo contra todo lo que no es más que ilusión.
Por el corazón inmortal que no poseo
crees ser la duda y no eres sino razón.
Eres el sol que me sube a la cabeza
cuando estoy seguro de mí.


(De Paul Éluard)

6 de abril de 2013

Mis poemas de abril (VI)


Turnedo

Desde aquí, desde mi casa 
veo la playa vacía 
ya lo estaba hace unos días 


ahora está llena de lluvia 
y tú ahí sigues sin paraguas 
sin tu ropa, paseando 
como una tarde de julio 
pero con frío y tronando 
¿se puede saber qué esperas? 
¿que te mire y que te seque? 
¿Que te vea y que me quede tomando la luna? 
juntos, la luna, tú y yo expectantes 
a que pase algún cometa 
o baje un platillo volante 

Y la playa llora y llora 
y desde mi casa grito 
que aunque pienso en abrazarte 
que aunque pienso en ir contigo 
el doctor me recomienda 
que no me quite mi abrigo 
que no esté ya más contigo 
y yo no puedo negarme 
pues el tipo soy yo mismo 
estudié mientras dormías 
y aún repaso las lecciones 
una a una cada día 

Yo no puedo aconsejarte 
ya es muy duro lo que llevo 
dejemos que corra el aire 
y digámonos adiós. 

Aunque siga suspirando 
por algo que no era cierto 
me lo dicen en los bares, 
es algo que llevas dentro 
que no dejas que te quieran, 
sólo quieres que te abracen 
y publicas que no tuve ni valor para quedarme, 
yo rompí todas tus fotos 
tú no dejas de llamarme 
¿Quién no tiene valor para marcharse? 
¿Quién no tiene valor para marcharse? 
¿Quién no tiene el valor para marcharse? 
¿Quién prefiere quedarse y aguantar? 
Marcharse y aguantar.


(En Canciones para el tiempo y la distancia, Iván Ferreiro)

4 de abril de 2013

Mis poemas de abril (IV)


Poema del día cuarto.

La mujer es un bello, implacable animal
que se pinta con nieve el corazón.
Una osezna que hiberna largamente
pero pare a sus crías en el frío,
un animal feroz, sobrepasado
por su propia pasión, temperatura
que derrite la escarcha y los desaires.
Mientras el oso duerme, merodea,
mastica con desgana los recuerdos
y rebaja su tasa metabólica,
ella desgasta el tiempo del glaciar
como hielo que vive su tormenta,
su estallido feliz, cristalográfico
que le devuelve el modo más flexible
y líquido, también nombrado amor
o arroyo que le corre por las patas
y hace bajar al hijo, a los oseznos
hasta el suelo en que habrán de levantarse.
Entonces toma nieve y se calienta
el corazón blanquísimo y ardiendo
en su aterida cueva silenciosa.
A nada temerá, con sus pezuñas
arranca sus criaturas, sus pesares,
baja vida caliente de sus ingles,
de sus huesos inmensos y esponjosos
que se abren con dolor mientras hiberna.
Las lágrimas de esfuerzo y de alegría
pintan de sal su pelo entumecido
y al caer sobre el hielo lo disuelven.
Con el perfecto blanco sobre blanco,
la floración arisca del invierno
reverdece al igual que la mujer.

(En Atavío y puñal, María Ángeles Pérez López)

Otro poema de Mª Ángeles Pérez, ya expuesto como en galería aquí.

3 de abril de 2013

Mis poemas de abril (III)


Poema del día tercero.


Hoy todo lo que escribo es para ti
y no hace falta
que yo ponga tu nombre:
si digo cielo,
rosa,
tierra,
Revolución,
aire, mar, poesía...
es que te estoy nombrando.

(Versos sueltos de cada día, Rafael Alberti)

2 de abril de 2013

Mis poemas de abril (II)


Poema del día segundo

Mil


Tengo algo importante que decir
ahora que venimos de despedirnos
para siempre.
Te quiero.
Clávame las uñas,
pero has de saber que también fui sincero
las otras mil veces.


Ella me acusa de no tener sentimientos
porque hablo y hablo
o no hablo.
Va a comerse todas las uñas,
sus altivas uñas escarlata.
Pero me iré.
Se lo dije y rio indiferente,
pero me iré
o no me iré.
Llegaré a una de esas ciudades,
no tan grandes como una ciudad,
donde se para el tren y ya no hay más tren,
con monjas que se sientan en un barril de cerveza en la estación,
y miles de cuervos que esperan con sorna al Rey
o una cámara de cine.
De esa ciudad sale un autobús
tan viejo
que tiene un conductor que fuma
y que habla con los viajeros,
justo en cada curva,
cuando llueve,

y lo hace cada día desde siempre,
limpia el cristal con la mano,
como si estuviéramos cayendo,
y llueve también dentro.
Y no pasa nada,
pues llegamos cuando escampa,
y sólo gotea en el autobús,
todos mojados menos los paisanos
que se ríen
o no se ríen.
Esta ya no es ciudad ni nada,
pero hay un barco panza arriba
y una playa de arena negra.
Y hay también una cabina de teléfono.

¿Me escuchas? Estoy en una cabina.
Sí, bien.
No, nada.
Llovía en el autobús.
Sólo hay un bar.
Sí, tengo monedas.
¿De verdad? También yo. No, aún no se corta.


Sí, sigo aquí.
No, no estaba pensando.
Escuchaba, eso es todo.
No sé qué decías. Escuchaba.
No, no es un libro.
Son las hojas de la guía.
¿Sabes cuál es el prefijo de Ras-Al-Khaimah?
Marcas el 07, más 971 y luego el 77
y ya puedes hablar con alguien en Ras-Al-Khaimah.
No, no es que no te escuche.
Escucho, sólo quiero escuchartarte.
Pero no me preguntes qué dices.
No puedo hacer dos cosas al mismo tiempo,
entender y pensar en ti.
Qué fácil es hablar con cualquier parte.
No, no cortes por favor.
Si cuelgas,


llamaré a Ras-Al_Khaimah
o a cualquier parte.
Mientras tu hablas, no tengo frío.


Él era fuerte y débil
como un marine yanqui.
Ella, frágil e invencible,
como una guerilleira del Vietcong


(Ningún cisne, Manuel Rivas)

1 de abril de 2013

Mis poemas de abril (I)




Abril es, sin duda, el mes al que más veces se ha relacionado con el amor. Será porque es el mes en el que la primavera se desarrolla en todo su esplendor. El caso es que a mí siempre me ha parecido, tomando las proféticas palabras de Joaquín Sabina, que me lo robaban. Abril para mí siempre ha sido un mes que pasaba como de largo, casi sin que yo me diera cuenta, tomando el protagonismo los meses que lo rodeaban. Este año he decidido no dejar escapar el mes (que lo roben, en palabras de Sabina), así que te propongo un paseo literario diario. Me voy a embarcar en la bella tarea de traerte un poema cada día del mes de abril, para que estos treinta días no se me dejen ir así como así.

Para el mes de la poesía, treinta poemas de temática, rima, verso y época diferentes. Disfrútalos y que tengas un feliz mes.

Poema del día primero.



Diario de un seductor
No es tu sexo lo que en tu sexo busco
sino ensuciar tu alma:
                                  desflorar
con todo el barro de la vida
lo que aún no ha vivido.

(El que no ve, Leopoldo María Panero)

4 de diciembre de 2012

¿Recuerdas...?


Recuerdo que durante bastante tiempo me gustaba empezar los poemas que escribía con esta palabra: recuerdo. Quizás estaba influida por la poesía maravillosa de Alberti, esa que habla de los "tres recuerdos del cielo", uno de mis poemas favoritos. Sin duda. Ese que habla de la edad de la rosa y el arcángel.

Entonces yo recuerdo que, una vez, en el cielo...

Y aparece otra vez el mundo del gallego, Galicia y los acentos del norte. Me llega con un rumor de pasado, de recuerdos, desde el oeste, esta canción estupenda. Y la rabia de haber silenciado mi voz en gallego, la voz que resuena por dentro algunas veces, así, como de pasada. Una voz que se nutre del recuerdo, de cuando, una vez, en el cielo...