10 de febrero de 2014

Volver

Volver.
Volver.
Volver.

Varias entradas con la palabra "volver" en el título, no es la primera. Esta vez me ha vuelto a picar el gusanillo de la escritura. Escribo porque me he visto a mí misma esta tarde, todavía en el colegio, antes de bajar a comer. Me he visto hace diez años. Quizás más alta, más delgada y con los ojos más claros, pero era un poco yo también. Hay veces que tenemos que removernos por dentro a través de los otros para reencontrar un poco de la esencia que habíamos creído perdida. ¡El blog era una parte tan mía! Igual que lo son mis ganas de decir. Es posible que creyera que se había terminado el interés en lo que tenía que decir. A lo mejor lo que se había terminado era eso del exhibicionismo de lo escrito.

Y no sé muy bien qué es lo que ha renacido de repente. No sé si ha sido esa yo mía de hace diez o doce años que me ha sonreído hoy en el colegio antes de comer. Me he reconciliado con mis ganas de escribir, con el exhibicionismo escritor, con cómo estoy haciendo las cosas. Y aún no sé si las hago bien o no. Me he reconciliado conmigo misma al ofrecerme la posibilidad de volver a leerme.

Si volviera atrás diez o doce años, creo que no vendría a verme y sonreírme un día en el colegio antes de bajar a comer. Tampoco creo que nadie hubiera venido del futuro a decirme que escribiera. Quizás lo habría necesitado. Pero es que el tiempo cambia mucho a las personas. Y para eso estamos, también para cambiar algunas cosas.

25 de abril de 2013

Mis poemas de abril (XXII)


Háblame de la lluvia

Las gotas de lluvia son de una fragilidad infinita;
surcan senderos de lágrimas en las ventanas,
peinan los pétalos de las flores rojas,
inundan los mares.

Si pruebas a mirar al cielo
te besan los ojos;
corretean sensuales por tu cuello,
salpican de sueños tus pestañas.

Las gotas de lluvia son como las notas de un adagio;
pedalean tus calles y tus puentes,
empapan tus estancias de tristes alegrías,
deshabitan de recuerdos el olvido.

Los días de lluvia son de una belleza admirable;
pero al final, no sé por qué,
nos vuelve a entrar el miedo
y abrimos el paraguas.

(En Háblame de la lluvia, por María Monjas Carro)

Abril revolucionario, 25.


Reivindicación de Abril del 74, en la Revolución de los Claveles


Grândola, vila morena
Terra da fraternidade
O povo é quem mais ordena
Dentro de ti, ó cidade
Dentro de ti, ó cidade
O povo é quem mais ordena
Terra da fraternidade
Grândola, vila morena
Em cada esquina um amigo
Em cada rosto igualdade
Grândola, vila morena
Terra da fraternidade
Terra da fraternidade
Grândola, vila morena
Em cada rosto igualdade
O povo é quem mais ordena
À sombra duma azinheira
Que já não sabia a idade
Jurei ter por companheira
Grândola a tua vontade
Grândola a tua vontade
Jurei ter por companheira
À sombra duma azinheira
Que já não sabia a idade

(Traducción, aquí)

24 de abril de 2013

Mis poemas de abril (XXI)


ESCRIBIR

Si me quitan la palabra escribiré con el silencio.
Si me quitan la luz escribiré en tinieblas.
Si pierdo la memoria me inventaré otro olvido.
Si detienen el sol, las nubes, los planetas,
me pondré a girar.
Si acallan la música cantaré sin voz.
Si queman el papel, si se secan las tintas,
si estallan las pantallas de los ordenadores,
si derriban las tapias, escribiré en mi aliento.
Si apagan el fuego que me ilumina
escribiré en el humo.
Y cuando el humo no exista
escribiré en las miradas que nazcan sin mis ojos.
Si me quitan la vida escribiré con la muerte.

(En Poemas para los demás, de Ángel Guinda)

23 de abril de 2013

23 de abril, día del libro (Mis poemas de abril, XX)


El día del libro, como cualquier otro día que queramos destacar y celebrar son todos los días. Pero el 23 de abril marca un antes y un después en el transcurso del año. Cuando niña, ansiaba con todas mis fuerzas que llegara el día señalado porque en el colegio o el instituto se hacía una fiesta: cuentacuentos,
lecturas de historias, libros, poemas, a veces, incluso, me regalaron un clavel, el mercadillo de libros antiguos, el sol aún un poco débil de abril acariciando los cristales de las ventanas y en nuestros rostros la alegría de la fiesta. Todo 23 de abril me hago una ofrenda, el regalo de la buena compañía, el regalo de un libro... Aún hoy no sé qué me depara este día, pero prometo celebrarlo bien.

De momento, para seguir con la tradición que he iniciado para este hermoso mes de abril, incluyo aquí un poema. Hoy no me valía ningún escritor que no fuera Cervantes o Shakespeare. De Shakespeare me enamoraron sus sonetos inteligentes que manaban de la mezcla de las pasiones y la ironía, pero he preferido no colocar un texto en inglés, sino más bien ofrecer mi personal homenaje a Cervantes con una piecita minúscula de la novela que hoy se celebra por excelencia, su Quijote. Para ello, rescato un soneto suelto que se encuentra en la primera parte.


Disfrútalo y vive bien. Hoy y todos los demás días del libro.


   Yo sé que muero, y no soy creído;
es más cierto el morir, como es más cierto
verme a tus pies, ¡oh bella ingrata!, muerto
antes que de adorarte arrepentido.

   Podré yo verme en la región de olvido, 5
de vida y gloria y de favor desierto,
y allí verse podrá en mi pecho abierto
cómo tu hermoso rostro está esculpido.

   Que esta reliquia guardo para el duro
trance que me amenaza mi porfía, 10
que en tu mismo rigor se fortalece.

   ¡Ay de aquel que navega, el cielo oscuro,
por mar no usado y peligrosa vía,
adonde norte o puerto no se ofrece.


22 de abril de 2013

Mis poemas de abril (XIX)


TERNURA


Quizás no sea ternura la palabra precisa 
para este cierto modo compartido 
de quedar en silencio ante lo bello exacto, 
o de hablar yo muy poco y ser tú la belleza 
misma, su emblema, aunque tan próxima y latiendo. 
Y es también un destino unánime que vuelvan 
a idéntico silencio -cuando llegue la hora 
de la tregua indecible- mi palabra y tu zarpa.


(De María Victoria Atencia, en De la llama en que arde)

21 de abril de 2013

Mis poemas de abril (XVIII)


      AUSENCIA

Se va de ti mi cuerpo gota a gota.
Se va mi cara en un óleo sordo;
se van mis manos en azogue suelto;
se van mis pies en dos tiempos de polvo.

¡Se te va todo, se nos va todo!

Se va mi voz, que te hacía campana 
cerrada a cuanto no somos nosotros.
Se van mis gestos que se devanaban,
en lanzaderas, debajo tus ojos.
Y se te va la mirada que entrega,
cuando te mira, el enebro y el olmo.


Me voy de ti con tus mismos alientos:
como humedad de tu cuerpo evaporo.
Me voy de ti con vigilia y con sueño,
y en tu recuerdo más fiel ya me borro.
Y en tu memoria me vuelvo como esos
que no nacieron ni en llanos ni en sotos.

Sangre sería y me fuese en las palmas
de tu labor, y en tu boca de mosto.
Tu entraña fuese, y sería quemada
en marchas tuyas que nunca más oigo,
¡y en tu pasión que retumba en la noche
como demencia de mares solos!

¡Se nos va todo, se nos va todo!

(De Gabriela Mistral, en Tala)

20 de abril de 2013

Mis poemas de abril (XVII)


Temporada de lluvias II

Cuando llegó la lluvia
y con ella tu nombre
           en el temblor de un charco
quise todo mi tiempo
bajo los aguaceros.

(En Las cosas que se dicen en voz baja, de Daniel Rodríguez Moya)

No se escapa Abril


Parece que se escapa, que ya estamos a día veinte y se me han ido algunos días de poemas. No significa que no haya habido poesía. La ha habido, y también teatro. 

El fin de semana pasado recibía la recomendación de Emilio de ver ¡Ay, Carmela! El jueves, en cuanto tuve la ocasión, fui al teatro Reina Victoria para disfrutar de un espectáculo que creo que sigue siendo necesario. La propia Carmela, al final de la representación, nos dice a todos que los vivos, si tenemos el estómago lleno y el traje puesto, ya nos olvidamos de todo lo demás. Carmela como referente de mujer republicana sensible al dolor y la tragedia de la guerra. Un texto que me removió mucho por dentro, porque en mi tardía adolescencia comencé a interesarme mucho por el periodo de la República y la Guerra Civil. Leí con furor a los poetas de la generación del 27, me creí los ideales de la República y los hice míos, pero luego... no sé qué pasó. Quizás el tiempo y me hizo perder la perspectiva sobre el propio Tiempo, así con mayúsculas. Y me fui olvidando poco a poco de lo que es la historia, de dónde venimos, de cuál es el origen de lo que nos ha pasado en los últimos cincuenta años, nada más que el dolor, el enfrentamiento, la falta de humanidad.

Hace diez años me estremecía al mirar una bandera morada, amarilla y roja. Esa emoción la volví a sentir, así de nítida, de nuevo, el jueves. Carmela, parando su actuación de la "Banderita" y comenzando a cantar "El ejército del Ebro". Algunos de los espectadores comenzamos a bisbisear la letra, otros levantaban el puño, nos emocionamos por lo que perdimos, por lo que ahora vivimos y no nos merecemos, pero, ¿nos pertenece?

Abril es primavera, es sol, es verde, es poesía, es teatro, es República, son libros, es Cervantes, es Shakespeare, es revolución, es Portugal, son claveles, es un puente que tiendo hacia Ávila, es rabia, es alegría, es "Celtas Cortos" con su canción más famosa, es el primer día de picnic en el Retiro, es el primer helado de la temporada. Abril no puede escaparse. Que nadie nos lo robe.

17 de abril de 2013

Mis poemas de abril (XVI)


Poema del día decimosexto


Claudia en la Biblioteca
                                                               Para Rafael Espejo
Rebuscas en los libros
con un extraño afán de jardinera.
Delicada y ansiosa, de perfil me pareces
distinta cuando curvas las rodillas
y se tensan tus muslos
debajo del vaquero. Muerte lenta 


contemplar, sin tocado,
el pequeño tatuaje en tu cintura.
Será mejor sufrir que describir los pechos:
¿quién se atreve a cruzar los toboganes
que unen la palabra con su tema?

Así que huyo
y finjo distracción.
Si volvieras la vista a quien te escribe
desaparecerías, y es demasiado pronto.
Sigue leyendo, Claudia.
Haces bien en amarte.


(Andrés Neuman, en El Tobogán)

16 de abril de 2013

La primavera, el sol...


Cuando de repente sale el primer rayo de sol claro de la primavera, la vida toda se revoluciona. No es solo que la ropa se aligera, no es que sonríamos más, es que todos estamos más ligeros, la vida toda es pura ligereza.

A mí la primavera me gusta por lo que tiene de poesía. Todo en primavera me lleva a la poesía. Las luces son más brillantes, es como si quisieran atravesar los cuerpos, como arañazos de calor que entraran de repente. Hasta que todo se apacigua otra vez, la primavera solo es revolución. Los niños y adolescentes revolotean, y florecen árboles, amores y otras alergias diversas. Florecen también algunas penas, las de siempre, las eternas.

La primavera es un poema al que le sobran algunos versos, por lo que tiene esta estación de desbordante. En primavera leemos más, salimos más, besamos más, queremos más, es como si el tiempo se reprodujera infinitamente, en una voluta sin fin. En primavera escucho más música y querría leer todos los libros del mundo, no solo las novelas, no solo los poemarios, sino también un estudio aislado sobre la conjunción disyuntiva en Aleixandre.

Cuando la primavera se apacigua, todo vuelve como a la normalidad. Mientras dura la revolución del polen, seamos todavía más felices.

Mis poemas de abril (XV)


TRISTEZA O PÁJARO


Esa tristeza pájaro carnívoro;
la tarde se presta a la soledad destructora;
en vano el río canta en los dedos o peina,
peina cabellos, peces, algún pecho gastado.

Esa tristeza de papel más bien basto;
una caña sostiene un molinillo cansado;
el color rosa se pone amarillo,
lo mismo que los ojos sin pestañas.

El brazo es largo como el futuro de un niño;
mas para qué crecer si el río canta
la tristeza de llegar a un agua más fuerte,
que no puede comprender lo que no es tiranía.

Llegar a la orilla como un brazo de arena,
como niño que ha crecido de pronto
sintiendo sobre el hombro de repente algún pájaro.
Llegar como unos labios salobres que se llagan.

Pájaro que picotea pedacitos de sangre,
sal marina o rosada para el pájaro amarillo,
para ese brazo largo de cera fina y dulce
que se estira en el agua salada al deshacerse.


(La destrucción o el amor, Vicente Aleixandre)

14 de abril de 2013

Para la libertad... los valores de la II República Española.



... porque aún tengo la vida



II

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.


Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,  
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.


Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.


Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.


Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.


MIGUEL HERNÁNDEZ, El hombre acecha, (1938-39)

Mis poemas de abril (XIV)


—Te amo... ¿por qué me odias?
—Te odio... ¿por qué me amas?
Secreto es éste el más triste

y misterioso del alma.

Mas ello es verdad... ¡Verdad
dura y atormentadora!
—Me odias, porque te amo;
te amo, porque me odias.


(En En las orillas del Sar, de Rosalía de Castro)                        

13 de abril de 2013

Mis poemas de abril (XIII)






Dejo este amor aquí...

Dejo este amor aquí
para que el viento
lo deshaga y lo lleve
a caminar la tierra.

No quiero
su daga sobre mi pecho,
ni su lenta
ceñidura de espinas en la frente
de mis sueños.

Que lo mire mis ojos
vuelto nube,
aire de abril,
sombra de golondrina
en los espejos frágiles
del mar...
Trémula lluvia
repetida sin fin sobre los árboles.

Tal vez un día, tú,
que no supiste
retener en las manos
su júbilo perfecto,
conocerás su rostro en un perfume,
o en la súbita muerte de una rosa.


(En Secreta isla, de Meira Delmar)

12 de abril de 2013

Mis poemas de abril (XII)


REVOLUCIÓN

Siempre habrá nieve altanera
que vista el monte de armiño
y agua humilde que trabaje
en la presa del molino.


Y siempre habrá un sol también
—un sol verdugo y amigo—
que trueque en llanto la nieve
y en nube el agua del río.

(En Versos y oraciones de caminante, de León Felipe)

11 de abril de 2013

Mis poemas de abril (XI)



Jisei

el agua se cristaliza
las luciérnagas se apagan
nada existe

(Haiku de Fakuda Chiyo-Ni)

10 de abril de 2013

"Tenemos el deber de vivir la vida"


Nos educan mal empezando por introducir en nosotros en la infancia, inmediatamente sembrando dogmas que es lo contrario de la libertad de pensamiento. 
Estamos viviendo en la barbarie.
La mala educación y el desprecio a los de abajo ha crecido, porque los de arriba se han ensoberbecido. 
Tenemos el deber de vivir la vida, es decir, tenemos el deber de ser nosotros mismos lo más que podamos en compañía de los demás. Porque solos somos muy poca cosa.


Se ha ido José Luis Sampedro, un ser humano excepcional, una mente lúcida hasta el final, alguien de quien aprender a vivir, a ser. Alguien cuyas palabras deben empaparnos, calarnos hasta lo más profundo y acompañarnos en nuestra vida. Una gran pérdida.


Mis poemas de abril (X)



Me dijo bajito: "Amor mío, mírame en los ojos...

Me dijo bajito: "Amor mío, mírame en los ojos.
"Le reñí, agria, y le dije: "Vete." Pero no se fue.
Se vino a mí y me cogía las manos... Yo le dije: "Déjame."
Pero no se fue.

Puso su mejilla en mi oído. Me aparté un poco,
me quedé mirándolo, y le dije: "¿No te da vergüenza?"
Y no se movió. Sus labios rozaron mi mejilla. Me estremecí,
y le dije: "¿Cómo te atreves, di?" Pero no le dio vergüenza.

Me prendió una flor en el pelo. Yo le dije: "¡Es en vano!"
Pero no cedía. Me quitó la guirnalda de mi cuello, y se fue.
Y lloro y lloro, y le pregunto a mi corazón:
"¿Por qué?, ¿por qué no vuelve?"

9 de abril de 2013

Mis poemas de abril (IX)



PRECIOSA Y EL AIRE

A Dámaso Alonso

Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene
por un anfibio sendero
de cristales y laureles.
El silencio sin estrellas,
huyendo del sonsonete,
cae donde el mar bate y canta
su noche llena de peces.
En los picos de la sierra
los carabineros duermen
guardando las blancas torres donde viven los ingleses.
Y los gitanos del agua
levantan por distraerse,
glorietas de caracolas
y ramas de pino verde.

          
*

Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene.
Al verla se ha levantado
el viento que nunca duerme.
San Cristobalón desnudo,
lleno de lenguas celestes,
mira la niña tocando
una dulce gaita ausente.
Niña, deja que levante
tu vestido para verte.
Abre en mis dedos antiguos
la rosa azul de tu vientre.

*

Preciosa tira el pandero
y corre sin detenerse.
El viento-hombrón la persigue
con una espada caliente.
Frunce su rumor el mar.
Los olivos palidecen.
Cantan las flautas de umbría
y el liso gong de la nieve.
¡Preciosa, corre, Preciosa,
que te coge el viento verde!
¡Preciosa, corre, Preciosa!
¡Míralo por dónde viene!
Sátiro de estrellas bajas
con sus lenguas relucientes.

*

Preciosa, llena de miedo,
entra en la casa que tiene,
más arriba de los pinos,
el cónsul de los ingleses.
Asustados por los gritos
tres carabineros vienen,
sus negras capas ceñidas
y los gorros en las sienes.
El inglés da a la gitana
un vaso de tibia leche,
y una copa de ginebra
que Preciosa no se bebe.
Y mientras cuenta, llorando,
su aventura a aquella gente,
en las tejas de pizarra
el viento, furioso, muerde.

(En Romancero Gitano, Federico García Lorca)